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La Ópera en el Cine 2

La calidad de una pieza musical puede estar en letargo durante mucho tiempo hasta que adquiere una popularidad proveniente de otro ámbito. Es el caso de la música de ópera que se vuelve viral cuando se utiliza en el cine, la televisión o la publicidad.
En este blog hemos dedicado a tratar de estas apariciones en diversas publicaciones como en La Ópera en el Cine, La Ópera en la publicidad o en Publicidad, Ópera y Música en las que se relacionaban las obras originales con su utilización en estos ámbitos.
Así, piezas que pertenecen a unas obras que son conocidas por un público determinado, los aficionados a la ópera y la música en general, adquieren de pronto una vida en un medio distinto que transforma su popularidad en un fenómeno viral. Este resurgimiento no suele tener nada que ver con el sentido original de la pieza, ni su duración -a la que frecuentemente se la adapta al nuevo formato- o la instrumentación con que fue escrita. Así, si hay que escuchar un aria de Mozart con la voz distorsionada en el estudio o una obertura de Rossini con instrumentos electrónicos, por necesidades del nuevo formato, se acepta sin más.
Y lo curioso es que, en el fondo, no importa mucho. Este trasvase sirve como una suerte de escaparate cultural que logra que un público que nunca conocería la obra llegue a tenerla en consideración, aunque nunca llegue a escucharla en su formato original. En el tránsito, se habrá dado a conocer al autor o a la obra, algún espectador la incorporará sin conocerla a su impronta cultural o desarrollará una curiosidad que le hará acercarse a ella.
De esta forma, el cine sigue llevando la ópera a la gran pantalla, señal de la calidad y la importancia de las obras musicales, aunque no siempre con el mismo sentido que tenía en su contexto. Si tiene algo que decir con el argumento y el desarrollo de la película, será bienvenida; si encaja en el desarrollo de la escena potenciando su fuerza como simple banda sonora, también lo será.
Te invito a acercarte a algunas escenas de películas de cine en que aparece música de ópera. Nos acompañan El padrino III, Hannibal, Mar adentro y Apocalypse now. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Prácticamente conocemos a Pietro Mascagni por la primera ópera que estrenó y poco más, pese a que llegara a estrenar una docena de óperas más.
Tras estudiar un par de años en el conservatorio de Milán, siguiendo, entre otros, la docencia de Ponchielli, Mascagni abandonó los estudios para enrolarse como contrabajista en el teatro y como director en varias compañías ambulantes. Al conocer que el editor musical Sozogno -rival de los afamados editores Ricordi- convocaba un concurso sobre ópera en un acto, compuso en poco tiempo Cavalleria rusticana (algo así como Caballerosidad rural), con la que ganó el concurso, pese a que hubo de compartirlo con dos obras más.
Tras su estreno en el Teatro Constanzi de Roma, en mayo de 1890 se hizo famoso en todo el mundo con esta única obra. Más adelante, siguió componiendo y dirigiendo, aunque ninguna de sus obras llegó a obtener la fuerza dramática, la originalidad y los niveles de popularidad de esta ópera. Pese a su intensa labor como director durante toda su vida, el hecho de haberse dejado ensalzar por el gobierno de Mussolini dificultó su reconocimiento y trabajo más allá de las fronteras italianas.
Se instauraba así el movimiento del Verismo, entroncado con el Naturalismo literario que se desarrollaba desde la narrativa francesa de Zola y otros autores y sustituía a las formas musicales con raíz en la aristocracia y la burguesía propias de la ópera de la primera parte del XIX para acercarse a ese naturalismo enraizado en las clases populares y la violencia de algunos entornos sociales.

La historia de Cavalleria rustica transcurre, como exigía la convocatoria, en un solo acto en una aldea de Sicilia en un domingo de Pascua de la década de 1880. Turiddu, que ama a Lola, regresa a la aldea tras el servicio militar, encontrándola casada con Alfio. Huyendo de su desengaño se refugia en Santuzza, que lo ama apasionadamente y con quien se compromete. Lola, que envidia la suerte de esta, busca recuperar a Turiddu, quien cae en sus redes. Así, Mascagni propone un argumento que presagia el triste final que se desencadenará en una festiva mañana de Pascua.
Varias son las piezas conocidas que se destacan de esta ópera (Regina coeli laetare, Inneggiamo, il Signore noe è morto o Viva il vion spumeggiante!), pero nos quedamos con el Intermezzo, una composición cuya melodía principal ha pasado a tener un carácter casi folclórico dentro de la música italiana.
El Intermezzo se produce en el momento en que Alfio proclama su venganza contra Turiddu, un momento en el que todo el pueblo está en iglesia para la celebración y la plaza está solitaria. Poco a poco, esta pieza fue tomando protagonismos e interpretándose en conciertos sinfónicos independientes de la ópera, alcanzando gran renombre en el repertorio orquestal.
La Orchestre National de France dirigida por Georges Prêtre nos trae este Intermezzo de Cavaleria rusticana de Mascagni en una grabación que se realizó en la Chorégies d'Orange en agosto de 2009.


En varias ocasiones ha sido llevado a la gran o pequeña pantalla este Intermezzo de Mascagni. En los títulos de crédito y el arranque de Toro Salvaje de Martin Scorsese nos muestra a Robert de Niro boxeando con su propia sombra mientras suena esta música. También en la serie Los Soprano, en la que se prodigan las apariciones de música desde Vivaldi a piezas de rock del siglo XX, hay una escena en un restaurante en la que se oye esta misma música que evoca en los protagonistas distintas sensaciones.


¡Cuidado hay spoilers! Si aún no la has visto y deseas hacerlo, salta después del enlace.
Pero la que nos acerca al cine en esta ocasión es The Godfather Part III (1990), la tercera parte de El Padrino de Francis Ford Coppola. Quizás no haya una ópera que encaje mejor en el mundo de los Corleone, las venganzas, el ambiente cultural y la tierra que Cavalleria rusticana. Más cuando el final de la película -y la saga- se centra en esta obra en la que Anthony Corleone, el primogénito tenor de Michael es quien protagoniza el papel de Turiddu con todos los miembros de su familia presentes en el teatro. Aquí Coppola vuelve a mezclar ese tipo de argumentos que tanto prodiga en la saga: escenas paralelas en las que se cruzan las muertes y los ajustes de cuentas. Aquí, la trama para asesinar a Michael fracasa y quien muere es su hija Mary en las escalinatas a la salida de la ópera.
La música de Mascagni adquiere toda la fuerza dramática que Coppola imprime a la saga de los Corleone.


Nacido en la ciudad alemana de Halle, a Georg Friedrich Händel podemos considerarlo como uno de los más prolíficos y reconocidos compositores ingleses, puesto que después de formarse en su país natal y en Italia -en Roma con Arcangelo Corelli y Alessandro y Domenico Scarlatti-, terminó su vida en Inglaterra, después de que, siendo maestro de capilla del príncipe elector de Hannover, este fuera nombrado rey con el título de Georg I de Gran Bretaña, pasando en las islas británicas más de cuarenta años. Allí estrenó alrededor de treinta óperas, además de diversos oratorios, entre ellos su celebérrimo Messiah, llenando con creces el vacío que había dejado la muerte de Henry Purcell.
En 1724 estrenó en el King's Theatre londinense la ópera en tres actos Giulio Cesare in Egitto con libreto en italiano de Nicola Francesco Haym. El libreto, como podemos imaginar, se centra en la estancia de César en Egipto tras vencer a Pompeyo y sus relaciones amorosas con Cleopatra.
En la tercera escena del tercer acto nos encontramos con el sobrecogedor lamento de la reina egipcia Piangèrò la sorte mia (Lloraré mi suerte) cuando cae prisionera de su hermano Ptolomeo y se imagina el final que le espera y en el que las intérpretes pueden mostrar su coloratura y su capacidad para los ornamentos y el fiato.

La soprano francesa Natalie Dessay interpreta el aria Piangèrò la sorte mia con la Orchestre du Concert D'Astree y la dirección de Enmanuelle Haim en una grabación registrada en 2011.


En esta ocasión no recurrimos a una película para traer la pieza anterior, sino a una serie de televisión basada en el cine. En The silence of the lambs (El silencio de los corderos, Jonathan Demme, 1991) se nos presentaba uno de esos personajes que traspasan la pantalla, Hannibal Lecter, a las que siguieron Hannibal (2001) y Dragón Rojo (2002), secuela y precuela respectivamente de la película original, todas ellas protagonizadas por Anthony Hopkins.


El éxito de las películas y el personaje llevaron a la creación de la serie Hannibal, en uno de cuyos capítulos -el séptimo de la primera temporada, concretamente- se interprete este aria Piangèrò la mia sorte a cargo de la actriz y soprano canadiense Emily Klassen.


Desde pequeño Puccini tuvo relación con la música, puesto que su padre le dio clases de órgano desde los cinco años y, tras su fallecimiento, continuó cantando también en coros de iglesia. Más adelante entró en el conservatorio de Milán donde también fue discípulo de Ponchielli, unos años antes de Mascagni.
Su decena de óperas marcaron el cambio de siglo, siendo el último autor de una tradición que surgió en Italia y llegó a su apogeo en el siglo XIX. Obras como Manon Lescaut, La Bohème, Tosca, Madame Butterfly, las que componen Il Trittico (El tríptico) o Turandot continúan representándose en la actualidad y han puesto a Puccini en el lugar que le corresponde en la historia de la música.
Su última ópera, Turandot, quedó inacabada al fallecer el compositor tras una operación relacionada con un tumor en la garganta, por lo que fue terminada por su colaborador Franco Alfano.
Profundo conocedor del alma humana, la música de Puccini está impregnada de una melancolía que recorre todas sus obras. Aún así, la temática de Turandot se aleja de sus obras anteriores, evitando los dramas realistas y centrándose en un cuento oriental cargado de símbolos en el sentido de las leyendas populares.
El personaje del príncipe Calaf es el gran rol de tenor heroico de Puccini, tanto por la intensidad que debe transmitir, en un estado de apasionada fuerza, como por su registro vocal que alcanza los registros más agudos. Así, su segunda aria situada al comienzo del Acto III, Nessun dorma! (¡Que nadie duerma!) se ha consolidado como una de las arias para tenor más conocidas y populares de la historia de la ópera de todos los tiempos.

Pese a que la hemos traído al blog en otras ocasiones, no está mal volver a disfrutar de la interpretación de Nessun dorma! a cargo del grandísimo tenor Luciano Pavarotti en una grabación que recrea una puesta en escena a comienzos del siglo XX.


En su película Mar adentro (2004) sobre la historia de Ramón Sampedro, Alejandro Amenábar utiliza este aria con un sentido de ensoñación y libertad absoluta. Aquí muestra el sueño de quien no puede moverse al estar tetrapléjico, pero que se siente momentáneamente con la capacidad, no sólo de caminar, sino de desplazarse libre y emocionadamente hasta donde su mente le lleva.


La frase que pronuncia cuando se encuentra con Julia (Belén Rueda), «me dijeron que estabas aquí y vine volando» encierra toda la grandeza de esta pieza, en un sentido que nada tiene que ver con el que posee en la obra original de Puccini.


Pocos creadores han buscado con tanto ahínco como Richard Wagner tener un control mayor sobre su producción artística y crear un tipo de obras que abarcara y uniera en una sola todas las demás artes: La música, el teatro, la poesía, el vestuario o los decorados, todo debía confluir en la Gesamtkunstwerk, la obra de arte total.
En la evolución de sus obras se aprecia cómo Wagner va adueñándose y tomando el control de los aspectos creativos, desde la elaboración del guion que él mismo escribe, hasta la música en la que dota a cada personaje, símbolo o elemento de unos temas musicales, leitmotivs, que suponen una concepción de la armonía, la melodía e incluso el contrapunto con el que se delimitan sus emociones o características y que aparecen a lo largo de toda la obra.
De entre toda su producción nos acercamos a la tetralogía más famosa y ambiciosa de la historia de la ópera: El anillo del Nibelungo. Dividida en un prólogo (El oro del Rhin) al que siguen La Walkyria, Sigfrido y El ocaso de los dioses, es la segunda de estas la que nos acompaña para despedir esta publicación sobre la ópera en el cine.
El comienzo del Acto III recoge una de las músicas más reconocibles del compositor alemán, en la que las walkyrias, las nueve hijas de Wotan y Erda, con Brunilda a la cabeza, recogen los cuerpos de los guerreros caídos en combate para acercarlos al Walhala.
Esta Cabalgada de las walkyrias (no cabalgata, que hace referencia a un desfile de carrozas o jinetes por las calles) sugiere un espacio infinito, un mundo cósmico más allá de lo terrenal en el que Wagner incluyó un grupo inusual de diversos tipos de viento metal a base de trompas, tubas y trombones que le imprimen una grandiosidad escalofriante.

Nos acompaña una versión icónica, la correspondiente a la producción de la tetralogía que se representó en el Festival de Bayreuth de 1980 dirigida por Pierre Boulez.


Posiblemente todos los aficionados al cine hayamos pensado en la misma escena con la música de esta Cabaldada de las walkyrias.
Así, cerramos el ciclo con el cineasta que lo abrió, Francis Ford Coppola y su película situada en la guerra de Vietnam, Apocalypse now, inspirada en la novela El corazón de las tinieblas de Josep Conrad, con Marlon Brando, Martin Sheen y Robert Duvall en sus papeles principales.


Tampoco en esta ocasión la música tiene que ver con su sentido original de acercar a los caídos a su paraíso particular, sino que se utiliza con toda su grandiosidad para magnificar lo terrible de un conflicto bélico. Es la horrible fascinación de lo repulsivo.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)
  • Alier, Roger. Guía universal de la Ópera. Ediciones Robinbook, S. L. 2007, Barcelona. Ma non troppo

El sueño del arcoiris

Siguiendo la estela de #OverTheRainbow

¿De dónde surge nuestra inspiración?
¿Cómo le damos forma a las ideas que se nos ocurren? ¿De dónde proviene nuestra inspiración? Nuestras ideas, aquellas que tenemos en nuestra mente y acabamos dándole forma para convertirlas en proyectos que son nuestros, ¿de dónde las hemos sacado? Es interesante que nos planteemos estas cuestiones.
En ocasiones surgen de nosotros mismos, de nuestras necesidades. En otros casos, algo que hemos visto, oído o leído hacen saltar la chispa con lo que tenemos dentro de nosotros y, de alguna forma, viene a dar respuesta a esa inquietud que nos ocupa. Una idea externa nos sirve para configurar nuestros pensamientos, darles forma y adaptarlos a nuestras necesidades. En ocasiones terminan de forma parecida, convirtiéndose en una mera copia que nos sirve para nuestras necesidades. En otros casos, la idea original que encontramos fuera de nosotros acaba convertida en algo diferente y adaptado a lo que nos conviene y deseamos en ese momento.
Te propongo un recorrido por una música que comenzó con un sueño y terminó en una de las canciones de película más conocidas de la historia: Over the Rainbow. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Preparando la adaptación de la novela The wonderful wizard of Oz (El maravilloso mago de Oz) de L. Frank Bum en 1938, Arthur Freed, productor de la Metro Goldwin Mayer contrató a Harold Arlen y Yip Harburg para que compusieran las canciones de la película, el primero como músico y el último como letrista.
Con más de 400 canciones compuestas, Harold Arlen, nombre artístico de Hyman Arluck un neoyorkino de origen judío, dedicó su vida a la música siendo uno de los compositores que abastecían de canciones al mítico Cotton Club de Harlem, algunos musicales de Brodway y posteriormente conocidas películas de Hollywood.
Una vez compuestas las canciones previstas, Harold Arlen echaba de menos una balada que equilibrara los números musicales ya escritos, más rápidos y contundentes. Y aquí comienza la historia de esta entrada.
En la página web dedicada a Arlen, Haroldarlen.com se narra cómo la inspiración le llegó mientras él y su esposa conducían por Sunset Boulevard en Los Ángeles para ver una película en el Teatro Chino Grauman. Arlen anotó la melodía que iba surgiendo en su mente en uno de los papeles que solía tener a mano y se la presentó a Harburg al día siguiente. El letrista veía que le venía excesivamente grande para que una niña de Kansas la cantara y que rechinaría con la simplicidad de las demás canciones. La interpretó ante Ira, el hermano de George Gershwin, para pedir una segunda opinión y convenció a Harburg quien le puso título sobre la marcha, Over the Rainbow y añadió la letra.



Cuando presentaron las canciones para la película a Judy Garland fue la primera que interpretaron y la que más le impresionó. Pero en el estudio no pensaban igual. En principio no querían que la parte en blanco y negro tuviera canción alguna y, además, pensaban que rompía el ritmo de la película, por lo que decidieron eliminarla. Afortunadamente para nosotros, aunque quitándole alguno de los versos finales, quedó en la versión definitiva.



Todo comenzó con un sueño
Hay una coincidencia, por llamarla de alguna forma, en esta canción. Todo viene de un sueño que nos hace retroceder en el tiempo.
El escritor, ensayista y poeta alemán Einrich Heine publicó en 1822 Wilheim Ratcliff, una tragedia o balada dramatizada que recoge, según palabras del autor, "mi periodo poético de tempestad y tormentas." Compuesto en la zona de la avenida Unter den Linden de Berlín, Heine lo escribió en enero del año anterior de una sola vez y mientras lo hacía "era como si escuchara un ruido sobre mi cabeza, como el aleteo de un pájaro."
Este Wilheim Ratcliff está ambientado en el castillo de los McGregor, en el norte de Escocia y, como también refiere Heine, es una de sus obras más olvidadas.
Este drama romántico fue traducido y adaptado para un libreto en italiano por Andrea Maffei para que Pietro Mascagni, el autor de Cavallería Rusticana, lo llevara a los escenarios con italianizando el título a Guglielmo Ratcliff. Fue una tarea compleja y difícil verter los versos del alemán al italiano, con momentos en que Mascagni trabajaba en la obra de forma intermitente. Tanto que el libretista falleció diez años antes del estreno que se produjo en febrero de 1895 en el Teatro Alla Scala de Milán. Dada la expectación que se creó hubo que establecer una oficina de telégrafos en el teatro desde la que se enviaron cerca de 500 telegramas tras el estreno con las crónicas para los periódicos de las principales ciudades europeas y estadounidenses que atestiguaban el éxito extraordinario obtenido en la premier.



Pese a este estreno tan prometedor, es una obra que en la actualidad no encontramos en el repertorio, entre otras razones por la extrema dificultad que tiene para la voz del tenor protagonista; la utilización de un canto complejo que se vuelve continuo, sin piezas independientes; unas intervenciones de la mezzosoprano y el barítono muy exigentes también, y una casi total ausencia de coro junto con un color oscuro en la orquesta. Quizás en un futuro vuelva a formar parte de ese repertorio que rescata y se retroalimenta de grandes obras que han caído en el olvido o son poco representadas.
Pero decíamos que todo viene de un sueño. El intermezzo del tercer acto se conoce como Il sogno di Ratcliff, título que pienso que no necesita traducción. Se trata de una pieza orquestal con una melodía líricamente intensa en forma tripartita ABA en la que, como indica su distribución, el primer tema se retoma en la parte final. 
Over the Rainbow tiene una estructura armónica y unas líneas melódicas que evocan Il sogno di Ratcliff. Su lirismo, así como la longitud de las frases son fácilmente reconocibles entre ambas piezas. Seguro que escuchándola eres capaz de descubrir tres o cuatro similitudes entre ambas piezas. ¿Plagio? ¿Homenaje? ¿Era consciente Arlen de la existencia de esta pieza? Casi con toda seguridad, sí, aunque quizás lo importante sea poder disfrutarla en sus dos vertientes y estilos, como parte de una ópera y como canción.
El siguiente enlace pertenece a una interpretación de la orquesta del conservatorio L. Perosi di Campobasso que se llevó a cabo en 2011 en el Teatro Savoia bajo la dirección de Lorenzo Castriota Skanderbeg.

Que Over the Rainbow es una canción muy conocida en cualquier lugar del mundo da cuenta el hecho de que El mago de Oz es una película que ha tenido una vida prolongada, ya que no ha dejado de verse desde su estreno, y que se han realizado multitud de versiones.
El American Film Institute (AFI's) publicó en 2004 el listado 100 Years... 100 Songs donde aparecen las cien canciones más representativas del cine estadounidense.
Los cinco primeros puestos están ocupados, comenzando por el quinto por White Christmas, interpretada por Bing Crosby (de la película Holiday Inn), el cuarto lugar es para Moon River cantada por Audrey Hepburn (Desayuno con diamantes), Singin' in  the Rain con Gene Kelly (Cantando bajo la lluvia), As Time Goes By por Dooley Wilson (Casablanca), ocupando el primer lugar Over the Rainbow interpetada por Judy Garland (El mago de Oz).



Como curiosidad, la bandera de los colectivos LGBT es un arcoiris como forma de identificación con la cantante y la canción.
Prácticamente la mayoría de grandes intérpretes populares americanos han incluido en sus repertorios Over the Rainbow
Dada la naturaleza de este blog, la última interpretación corresponde a una cantante de ópera. La mezzosoprano Joyce Didonato la canta acompañada al piano en una intervención televisiva en el programa The Andrew Marr Show en 2013.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Cambiar para que nada cambie

Hay ambientes y situaciones que se prolongan en el tiempo y, cuando todo va cambiando con el paso de los años siguen con los mismos condicionantes que en sus orígenes. 
Situaciones como las que cierta nobleza terrateniente prolongan en la Italia de finales del ochocientos y comienzos del novecientos vienen de las relaciones feudales y se alargan en ambientes rurales herméticos. Aparece así el duro contraste entre las grandes posesiones de nobles con títulos, personajes importantes por su riqueza frente a las pasiones y vidas de los habitantes de esos entornos cerrados en los que las relaciones son endogámicas, llegando a generarse conflictos que pasan de unas generaciones a otras.
Te propongo una mirada a la Italia rural de finales del XIX y comienzos del XX en acompañados con textos y músicas de dos autores como Giuseppe di Lampedusa y Pietro Mascagni. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Para comenzar, el texto nos acerca a la obra de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, príncipe del mismo nombre y duque de Palma di Montechiaro. Su obra más conocida e inédita hasta su muerte es Il Gattopardo, una novela conocida por la versión cinematográfica de Luchino Visconti y protagonizada por Burt Lancaster. Narra las vivencias de Don Fabrizio Corbera, príncipe de Salina y su familia entre los años 1860 y 1910 en Sicilia.



Una de las ideas enunciadas en la novela señala la capacidad de los sicilianos para adaptarse a los diferentes gobernantes que la isla ha tenido a lo largo de la historia, a la vez que señala la intención de la aristocracia gobernante de aceptar los cambios más o menos revolucionarios para poder seguir conservando su poder e influencia: "Se vogliamo he tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi" (Si queremos que todo siga tal como está ahora, es necesario que todo cambie). Esta idea, conocida como gatopardismo en ciencias políticas trae la paradoja que indica la voluntad de "cambiar todo para que nada cambie".



Las obras de Pietro Mascagni (1863-1945) pertenecen al verismo, el movimiento que imperaba en la música operística italiana de fines del XIX y principios del XX, continuador natural del Belcantismo.
La ópera verista recoge en sus argumentos sucesos de la vida real, extraídos tanto de obras literarias como del rumor popular y su contenido es altamente dramático, muy a menudo melodramático.
El triunfo de Mascagni en un concurso de ópera permitió que esta obra pasara a la historia por su composición rápida (se terminó en dos meses) y por el hecho de que su autor no volviese a triunfar. Ganar en el concurso significó el estreno de la ópera en Roma en 1890. Su Cavallería Rusticana le dio fama mundial, pero le puso el listón excesivamente alto. 
Se trata de una ópera de un solo acto con intermezzo, donde los fragmentos instrumentales tienen gran valor. El título de la obra alude al código del honor en una comunidad aldeana, algo así como "Caballerosidad campesina".



El momento cumbre es violento, con un duelo fuera del escenario. Los protagonistas expresan en poderosos solos el fiero orgullo que origina la violencia, y unos coros sólidamente construidos realzan la fuerza colectiva.
Regina Coeli es una pieza religiosa para ser cantada en el rito litúrgico, pero que Mascagni lleva al escenario tomando parte protagonista en el primer acto de Cavallería Rusticana, siendo una de las piezas más conocidas de la ópera junto con el coro de inicio y el Intermezzo.
Situémosnos. Día de fiesta en un pueblo de Sicilia. En la procesión de Pascua de Resurrección, todo el pueblo entona un himno de Pascua (Regina Coeli Laetare) en el cual Santuzza y el coro entremezclan sus voces con las plegarias.

La primera versión que te presento pertenece a una representación llevada a cabo en el Gran Teatro del Liceu de Barcelona donde el personaje de Santuzza fue cantado por Ildiko Konmlosi.



La última mirada, a la que se le resta su dramática fuerza escénica, pero en la que se le gana una mejor sonoridad está interpretada en su parte solista por una cantante asidua de este blog, le mezzosoprano Elina Garança.


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El aroma de los naranjos en flor

Hay olores que tenemos asociados a sentimientos, momentos vividos o simplemente a las rutinas de nuestras vidas.
El aroma del café recién hecho, unas tostadas calientes, algunos lugares a los que regresamos después de cierto tiempo o el olor que deja la lluvia o el agua de riego en la tierra seca tienen la propiedad de evocar en nosotros recuerdos o momentos importantes en nuestra vida.
La primavera nos empuja a salir del recogimiento invernal y buscar en nuestras calles, rincones y plazas, ese tranquilo lugar donde poder disfrutar del tiempo, la luz, los aromas y la compañía de quienes nos rodean.
Esta entrada la vamos a dedicar al aroma de los árboles y en particular al de los naranjos, esos árboles que en muchos lugares se han convertido en el acompañante rural que comparte el espacio con las edificaciones de nuestros pueblos y ciudades, especialmente los ligados al Mediterráneo.



El texto viene de la mano de Alphonse Daudet, conocido sobre todo por la creación de uno de esas figuras que se hacen reconocibles por los amantes de los libros como Tartarín de Tarascón, otro personaje inspirado en el Quijote, esta vez del sur francés. 
Daudet nos evoca la presencia de los naranjos, a partir de un recuerdo de unos que vio en Barbicaglia, Córcega. La imagen puede servirnos para cualquier región mediterránea.



Si quieres leer el relato completo, extraído de su delicioso libro Cartas desde mi molíno, puedes hacerlo desde el siguiente enlace: Las naranjas, de Alfonse Daudet.



La ópera más conocida de Pietro Mascagni es Cavalleria rusticana. Se trata de una obra adscrita al movimiento del Verismo italiano emparentado con el Naturalismo que imperaba a finales del siglo XIX en la literatura francesa. Es una ópera en un acto con una trama basada en la venganza que, como indica su título que podría traducirse por Caballerosidad rústica finaliza con una trágica reyerta por motivos sentimentales.
Esta ópera fue utilizada en la tercera parte El Padrino como parte del hilo argumental. 
También puedes recordar la entrada que se dedicó en este blog a esta misma ópera en Regina Coeli... ¡A escena!



Tras la obertura de la ópera, el coro de inicio Gli aranci olezzano (Los naranjos perfuman) nos presenta una típica escena rural en la plaza del pueblo el día de la fiesta mayor. Los coros de mujeres y hombres alternan la melodía que, aún no hace presagiar el desarrollo de la trama posterior.



Dos versiones nos traen esta escena. La primera, con mayor calidad visual, pertenece a una puesta en escena que se llevó a cabo en 2004 por la Orquesta Camerata y el Polyphonia Khorus de Florianápolis en Brasil bajo la dirección musical de Jeferson della Rocca. Su calidad sonora no es buena y, desde mi punto de vista, el tempo y los matices son mejorables. 


La segunda versión por el contrario tiene menos calidad en la imagen, pero su sonoridad es bastante más aceptable, con una mejor toma de sonido y una matización más sugerente, aunque desconozco sus intérpretes.


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Cambiar para que nada cambie

Hay ambientes y situaciones que se prolongan en el tiempo y, cuando todo va cambiando con el paso de los años siguen con los mismos condicionantes que en sus orígenes. 
Situaciones como las que cierta nobleza terrateniente prolongan en la Italia de finales del ochocientos y comienzos del novecientos vienen de las relaciones feudales y se alargan en ambientes rurales herméticos. Aparece así el duro contraste entre las grandes posesiones de nobles con títulos, personajes importantes por su riqueza frente a las pasiones y vidas de los habitantes de esos entornos cerrados en los que las relaciones son endogámicas, llegando a generarse conflictos que pasan de unas generaciones a otras.
Te propongo una mirada a la Italia rural de finales del XIX y comienzos del XX en acompañados con textos y músicas de dos autores como Giuseppe di Lampedusa y Pietro Mascagni. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Para comenzar, el texto nos acerca a la obra de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, príncipe del mismo nombre y duque de Palma di Montechiaro. Su obra más conocida e inédita hasta su muerte es Il Gattopardo, una novela conocida por la versión cinematográfica de Luchino Visconti y protagonizada por Burt Lancaster. Narra las vivencias de Don Fabrizio Corbera, príncipe de Salina y su familia entre los años 1860 y 1910 en Sicilia.

Una de las ideas enunciadas en la novela señala la capacidad de los sicilianos para adaptarse a los diferentes gobernantes que la isla ha tenido a lo largo de la historia, a la vez que señala la intención de la aristocracia gobernante de aceptar los cambios más o menos revolucionarios para poder seguir conservando su poder e influencia: "Se vogliamo he tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi" (Si queremos que todo siga tal como está ahora, es necesario que todo cambie). Esta idea, conocida como gatopardismo en ciencias políticas trae la paradoja que indica la voluntad de "cambiar todo para que nada cambie".





Las obras de Pietro Mascagni (1863-1945) pertenecen al verismo, el movimiento que imperaba en la música operística italiana de fines del XIX y principios del XX, continuador natural del Belcantismo.
La ópera verista recoge en sus argumentos sucesos de la vida real, extraídos tanto de obras literarias como del rumor popular y su contenido es altamente dramático, muy a menudo melodramático.
El triunfo de Mascagni en un concurso de ópera permitió que esta obra pasara a la historia por su composición rápida (se terminó en dos meses) y por el hecho de que su autor no volviese a triunfar. Ganar en el concurso significó el estreno de la ópera en Roma en 1890. Su Cavallería Rusticana le dio fama mundial, pero le puso el listón excesivamente alto. 
Se trata de una ópera de un solo acto con intermezzo, donde los fragmentos instrumentales tienen gran valor. El título de la obra alude al código del honor en una comunidad aldeana, algo así como "Caballerosidad campesina".



El momento cumbre es violento, con un duelo fuera del escenario. Los protagonistas expresan en poderosos solos el fiero orgullo que origina la violencia, y unos coros sólidamente construidos realzan la fuerza colectiva.
Regina Coeli es una pieza religiosa para ser cantada en el rito litúrgico, pero que Mascagni lleva al escenario tomando parte protagonista en el primer acto de Cavallería Rusticana, siendo una de las piezas más conocidas de la ópera junto con el coro de inicio y el Intermezzo.
Situémosnos. Día de fiesta en un pueblo de Sicilia. En la procesión de Pascua de Resurrección, todo el pueblo entona un himno de Pascua (Regina Coeli Laetare) en el cual Santuzza y el coro entremezclan sus voces con las plegarias.









































La primera versión que te presento pertenece a una representación llevada a cabo en el Gran Teatro del Liceu de Barcelona donde el personaje de Santuzza fue cantado por Ildiko Konmlosi.



La última mirada, a la que se le resta su dramática fuerza escénica, pero en la que se le gana una mejor sonoridad está interpretada en su parte solista por una cantante asidua de este blog, le mezzosoprano Elina Garança.


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