17 feb. 2017

Memoria de una muerte anunciada

Pocos momentos hay tan dramáticos como aquellos en que nos damos cuenta que se acaba la vida de forma irremediable. Si ya es doloroso tener la conciencia de que vamos a perder a un ser querido, que una persona que nos ha acompañado en nuestra existencia va a desaparecer definitivamente en su vida y de nuestro lado, el hecho de darnos cuenta de que es nuestra propia existencia la que tiene un final próximo adquiere un mayor grado de dramatismo por encima de cualquier otra consideración, pasando todo lo demás a un lejano lugar en nuestras conciencias.
Te propongo una doble mirada a ese momento en que se adquiere total conciencia de que el final de la vida se acerca de forma inmediata y sin remedio. Un texto de Gabriel García Márquez, narrado en tercera persona y un doloroso adiós a la vida entonado en primera persona, de la ópera Tosca de Giacomo Puccini nos acercan a esta situación. 

En otra ocasión caminaron juntos ambos autores en una colaboración para El Magacín: De Gabriel García Márquez a Giacomo Puccini, ¡Que nadie duerma!





Citar a Gabriel García Márquez es hacer referencia a uno de los más grandes escritores del siglo XX, posiblemente el máximo representante de lo que se llamó El boom de la literatura iberoamericana. De orígenes periodísticos, Gabo, como le llamaban sus conocidos, fue quien dio a conocer en todo el mundo el realismo mágico, creando todo un universo, un territorio grandioso y eterno como es el Macondo de sus Cien años de soledad.
Pocos autores han sido tan reconocidos fuera del ámbito estricto de la literatura como García Márquez, cuyo estilo narrativo, su personalidad y sus ideas de tipo social hicieron de él un personaje desde antes de ser reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1982.
Su infancia junto a sus abuelos determinó su futuro como narrador. Fue Kafka quien le hizo decidirse por la narración ya que, según sus palabras, "contaba las cosas de la misma manera que mi abuela. Cuando leí a los 17 años La metamorfosis, descubrí que iba a ser escritor. Al ver que Gregorio Samsa podía despertarse una mañana convertido en un gigantesco escarabajo, me dije: Yo no sabía que esto era posible hacerlo. Pero si es así, escribir me interesa".
Obras como la citada Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, junto con una extensa colección de relatos distribuidos en varios volúmenes, El amor en los tiempos del cólera o Vivir para contarla, la obra autobiográfica que publicó bajo la indicación "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla", avalan la trayectoria de uno de los titanes de la literatura mundial.
Iniciado en el mundo del periodismo, pasó por diversas publicaciones como El Universal, El Heraldo o El Espectador antes de dedicarse de lleno a la literatura. Ryszard Kapuscinski, conocido historiador, periodista, ensayista y pensador polaco consideraba que "la grandeza de García Márquez estriba en sus reportajes. Sus novelas provienen de sus textos periodísticos. (...) Su gran mérito consiste en demostrar que el gran reportaje es también gran literatura"



Es una de las obras basadas en su estilo periodístico la que traigo a esta entrada del blog. Crónica de una muerte anunciada se publicó en 1981 y narra, con una mezcla de periodismo y literatura un acontecimiento basado, según parece, en hechos reales. El determinismo, la fatalidad y la muerte están presentes en toda la obra. Desde las primeras líneas sabemos que el protagonista va a morir, que el libro será la recreación de las horas que antecedieron a su muerte. Con esta idea, García Márquez nos muestra la trágica historia advirtiéndonos continuamente que los asesinos no quieren matar a Santiago Nasar aunque deben hacerlo; que todo el pueblo lo sabe, desea impedirlo, pero no lo hace, y que la única persona que no conoce qué va a ocurrir es la víctima. El destino y la fatalidad se presentan como un metáfora de la desdicha y la insensatez de la vida.
El hecho de contarlo en tercera persona no ahorra dramatismo ni dureza a la acción. El narrador escruta diversos puntos de vista, se hace impersonal y se aleja del protagonista a la vez que se acerca a él.





Pocos autores han cargado su obra con tantos matices de las emociones como Giacomo Puccini. Sus partituras están cargadas de sensaciones que no dejan indiferentes a los espectadores. Desde ese retrato de la vida de artistas en el París de finales del XIX que es La Bohéme, a la desesperada soledad de Madama Butterfly, la picaresca historia de Gianni Schicchi, la historia de Floria Toca o ese descomunal cuento oriental inacabado sobre La Princesa de hielo Turandot, las partituras de Puccini nos zarandean entre la ternura y el terror, lo bello y lo grotesco, los escasos finales felices y los dramáticos desenlaces.



Pocas óperas tienen un momento y unos lugares más concretos que Tosca. Su argumento se desarrolla entre las guerras napoleónicas y las revoluciones liberales y la acción transcurre entre la mañana del 17 de junio de 1800 en la Iglesia de Sant'Andrea della Valle, el Palacio Farnesio y el amanecer del día siguiente en el Castillo de Sant'Angello.
Puccini se interesó por los detalles para la composición de la obra buscando la autenticidad en la obra. Para el tercer acto, se fue a Roma para estudiar el sonido de la campana de San Pedro desde Sant'Angello, con la idea de realizar la poética descripción de la salida del sol en verano que contrastara con la tragedia que ocurrirá en la obra.




Acto III. Cavaradossi, prisionero en el Castillo de Sant'Angelo y condenado a muerte por el barón Scarpia, escribe una carta de despedida a Tosca, pero tras unas líneas deja caer la pluma y sus recuerdos dan rienda suelta a su dolor. E lucevan le stelle (Y brillaban las estrellas) es una de las arias más apasionadas y trágicas de la historia de la ópera, con un contraste entre sus dos partes. En la primera recita absorto lss palabras que acaba de escribir con una melodía de la orquesta que se apoya en un solo de clarinete. En la segunda, el tenor retoma la melodía, mientras las cuerdas ayudan a aportar el dramatismo.
Dos versiones de este aria romanza nos acompañan. La primera está interpretada por Luciano Pavarotti, quien imprime a la pieza, no sólo su maestría, sino también el sentido de adiós a la vida que Puccini quiso dar a este aria, una de las dos que el tenor tiene en la obra, frente a una que canta la protagonista que da título a la ópera.




El último enlace pertenece a la película de animación L'opera Imaginarie de la que hemos podido disfrutar en este blog algunas piezas. En esta ocasión, el aria acompaña y explica parte del argumento de la obra con la aparición de Tosca, la amante de Cavaradossi y el antagonista, el barón Scarpia.


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2 comentarios:

  1. Desconocía que García Marquez tuviera influencias de Kafka, aunque pensándolo bien no están muy ocultas en su obra.
    Siempre descubro algo nuevo en tus post.
    Un abrazo Miguel.

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    1. Esas influencias le han hecho creer en la posibilidad de crear mundos ficticios dentro del realismo mágico. La tesis doctoral de Vargas Llosa para la Complutense fue "Historia de un deicidio" en el que defiende que Gabo intenta sustituir la realidad para crear un mundo de ficción.

      Gracias por tu comentario, Javier.

      Un abrazo :-)

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