3 feb. 2017

A nadie le han importado los inocentes.

Durante mucho tiempo la guerra vino a ser el elemento que ponía fin a las disputas entre naciones o imperios, hasta que otra volvía a cambiar o confirmar todo lo anterior. Así transcurrió durante siglos la historia de la humanidad. Afortunadamente tras la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría comenzó a surgir la idea de que las democracias, la cooperación, la unión de países era definitivamente la forma de relación y construcción entre las distintas culturas.
Aún hoy las desigualdades e injusticias a lo largo de nuestro planeta, algunas guerras en determinados países, el terrorismo de tipo islamista, los brotes de xenofobia y la proliferación de populismos de ambos extremos hacen dudar de que no haya aún brotes belicistas y estas ideas queden en catálogos de buenas intenciones.
Casi desde que Walter Scott inaugurara la novela histórica, el ejército, los militares, las guerras fueron elementos fundamentales en la vida de las sociedades y como tales fueron reflejados en las novelas y otras manifestaciones artísticas. Cuadros, novelas, música y óperas tienen un trasfondo militar que reflejan ese protagonismo. 
En esta entrada te propongo una mirada a personajes y situaciones relacionadas con lo militar con dos puntos de vista muy distintos. Jaroslav Hasek nos presenta una visión corrosiva, demoledora, irónica a través del soldado Schwejk, mientras Donizetti ofrece una visión ingenua e idealizada con una de las piezas más espectaculares y difíciles de cantar de toda la historia de la ópera.


Contemporáneo de KafkaJaroslav Hasek es uno de los escritores checos más reconocidos en la literatura del siglo XX, un creador que influyó en autores como  Bohumil Hrabal y Milan Kundera. Inconformista, bullanguero, charlatán y pendenciero, su gusto por las tabernas, el ruido y el exceso marcaron su vida y su obra. Hijo de un médico fue vendedor de perros, soldado en la I Guerra Mundial y escritor fraudulento, ya que llegó a colaborar en una revista científica inventándose animales de los que describía sus inexistentes características o su genealogía hasta que fue descubierto y despedido.
Amante de tomar el pelo a quienes se le acercaban, su gusto por las bromas ha llegado a fijar una palabra en su idioma, algo así como schwejkear (viene de su personaje) cuyo significado es algo parecido a "charlatenaer con el ánimo de embaucar a alguien"
Con estos mimbres, Hasek publica su novela Las aventuras del valeroso soldado Schwejk una obra delirante en la que refleja su visión sobre el desmembramiento de un Imperio Austrohúngaro, un supraestado más pendiente de su crecimiento burocrático que de los ciudadanos que lo forman, en unos momentos en que el reparto entre las grandes potencias reventó en la que se llamó la Gran Guerra Mundial.
El soldado Schwejk es un charlatán inocente e ingenuo, un antiguo vendedor de perros con pedigrí falsificado que se alista en el ejercito para combatir en la Gran Guerra como si esta fuera una trifulca de taberna entre austriacos, turcos, serbios y rusos. Mientras es arrestado por alta traición, ingresado en un manicomio y se pierde en los paisajes de la Europa central antes de llegar al frente y acabar prisionero en RusiaSchwejk pasa por ser asistente de un pater y un teniente, mientras nadie es capaz de saber si se trata de un traidor, un conspirador o un idiota de los pies a la cabeza. Lo único que consigue es desmantelar en la mente del lector el imperio, el ejército, la administración del estado, las instituciones médicas y cuanto se ponga al alcance de la corrosiva pluma de Hasek.



La novela, cuya última parte fue dictada en el lecho del tuberculoso autor, no fue recibida con ningún entusiasmo por los escritores de su época, pero tuvo un calado enorme en las clases populares que la festejaron como suya, mientras se ponían de parte del protagonista y celebraron cómo derruía los cimientos de las opresivas instituciones. Hasta tal punto fue popular que se ha llevado varias veces al cine y en la televisión checa se llegó a realizar una serie sobre el personaje que tuvo cierta repercusión internacional.


El texto que nos acompaña pertenece a la parte inicial del libro en el capítulo en que Schwejk va a pasar reconocimiento por el tribunal médico donde, tras ser visto por los forenses ingresará en el manicomio, ya que nadie es capaz de apreciar si se trata de un conspirador o un completo idiota.



Junto con Rossini y Bellini, Donizetti representa la época más brillante de la ópera de la primera parte del siglo XIX, la época llamada Belcantista. El belcantismo se caracteriza por una refinada combinación tonal y la belleza del sonido sobre otros elementos. El solista ocupaba un papel protagonista, ya que tenía licencia del compositor para el virtuosismo en los adornos y la improvisación de la melodía.
Autor de obras como L'elisir d'amore, Lucia di Lammermoor (ambas han aparecido por este blog), Lucrecia Borgia o Ana Bolena, su obra La fille du regiment (La hija del regimiento) supuso el triunfo de Gaetano Donizetti en París, la capital de la ópera en aquella época. Además de la visión idealizada e ingenua que se da en la obra de la vida del soldado, su aria Salut à la France, cantada por Marie, la protagonista femenina, se transformó en un segundo himno francés tras La Marsellesa y se convirtió en tradición representar esta obra cada 14 de julio, el aniversario de la toma de la Bastilla.



Pero la pieza más conocida de la ópera es Ah, mes amis, un aria para tenor con acompañamiento de coro en la que se llega a alcanzar el famoso Do de pecho no una, sino nueve veces, lo que hace que sea una de las piezas más exigente y difícil de todo el repertorio, al alcance de pocas voces.
Tonio, enamorado de Marie, solicita su mano no a su padre, sino a los componentes del regimiento que son los que la tienen adoptada. Tras una primera negativa, será al querer enrolarse en el regimiento cuando lo acepten. Con estos razonamientos tan propios de algunas obras de la época, donde lo que predomina es la música, se monta esta pieza tan especial.




El enlace, que no recoge la pieza completa, sino la segunda parte, pertenece a una función del Teatro Real de Madrid con una memorable interpretación del tenor mexicano Javier Camarena que realizó un bis, algo muy infrecuente en este escenario.




Para finalizar, por si te has quedado con ganas de más información, enlazo un vídeo sobre dos de los grandes tenores de los últimos años que han cantado de forma magistral este Ah, mes amis y sus Do de pecho, Luciano Pavarotti y Juan Diego Flórez.




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