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Dedicatorias con arte

A ti, que lees esta publicación

Cuando disfrutamos una obra de arte nos acercamos a lo que nos dice, a su mensaje, a la forma en que se comunica, en ese estilo que nos atrae y nos llama la atención.
En ocasiones, obras como un poema o una canción han surgido alentadas por una persona amada o un ser admirado. En otras, son las personas cercanas las que colaboran para que el autor exprese en sus obras todo cuanto tiene en su interior, o se inspire en otros autores o en sus obras para nuevas creaciones.
De estas y otras situaciones han surgido, como una muestra de agradecimiento y reconocimiento, las dedicatorias en muchas obras, especialmente en la literatura, el cine o la música. De algunas de ellas trataremos en esta publicación.
Te invito a pasear por algunas dedicatorias que inician algunas obras literarias y musicales. Nos acompañan Cervantes, Beethoven, C. S. Lewis, Shostakóvich y Saint-Exupéry. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


El oficio de escritor participaba en sus inicios de unas connotaciones diferentes a las que ha adquirido en épocas posteriores. En la antigüedad clásica griega y romana, escribir se circunscribía a unos círculos reducidos en los que los autores solían crear obras por encargo de mecenas poderosos en detrimento de aquellas que escribían por iniciativa propia.
Una vez generalizada la edición de libros con la llegada de la imprenta de tipos móviles de Gutenberg, se comenzó a regularizar la publicación de autores con cierta independencia, aunque en muchas ocasiones publicaban bajo el amparo de nobles poderosos que podían facilitar su acceso al reconocimiento del público lector.
Así, muchos libros publicados a partir de los siglos XV o XVI comenzaban con una dedicatoria laudatoria con la idea de que estos personajes protegieran a los autores. Como muestra de este tipo de dedicatorias, nos quedamos con la que Miguel de Cervantes dedica en la novela más universal a don Alonso Diego López de Zúñiga Sotomayor y Guzmán, Duque de Béjar y Marqués de Gibraleón entre otros muchos títulos, un noble que acogió también a autores como Góngora
En el inicio de El Quijote encontramos en primer lugar el texto que indica el pago de la tasa correspondiente para su publicación al que sigue un testimonio que descarta las erratas y que, por mera curiosidad, nos acompaña a continuación.


Tras estos dos pequeños y protocolarios textos aparece otro en el que se autoriza la publicación en nombre del rey Felipe III por un tal Juan de Amézqueta. Una vez finalizados estos escritos encontramos la dedicatoria que es nuestro objetivo y que nos acompaña a continuación.


En el mundo de la música, el inicio a partir de los mismos siglos es similar, con obras que se publican en ediciones para profesionales y aficionados a la música que las adquieren para su utilización. Hasta los tiempos de Beethoven y más adelante, los compositores y músicos en general eran asalariados de los aristócratas que tenían la misma condición que los sirvientes.
Basta recordar que compositores tan fundamentales como los siguientes vivieron durante gran parte de su vida con esta condición. Bach no dejó de ser el cantor de la Iglesia de Santo Tomás de Leipzig, teniendo entre sus obligaciones la composición, ensayos e interpretación de piezas para el repertorio litúrgico durante todos los cultos de la iglesia, además de dar clases de música a los alumnos del coro. Que Haydn estuvo durante la mayor parte de su vida al servicio de los condes Esterházy, trasladándose donde sus señores se desplazaban, vistiendo la librea de sus criados con los que compartía mesa a diario, además de componer e interpretar las obras que se le pedían con rigurosa regularidad. Mozart estuvo, igual que su padre, al servicio del arzobispo Colloredo de Salzburgo hasta que obtuvo la liberación de su compromiso, con la conocida expulsión que fue precedida de una denigrante patada en el trasero, mientras buscaba la libertad para sus composiciones e interpretaciones. Estos y otros autores de sus épocas dedicaron algunas de sus obras a sus patronos. 
Y llegamos a Beethoven, un compositor que estuvo durante una gran parte de su vida bajo el mecenazgo de diversos aristócratas a los que dedicó algunas de sus obras, además de a diversos amigos y conocidos. Podemos afirmar que Beethoven es uno de los compositores que más obras dedicó, aunque la dedicatoria más conocida está relacionada con su Tercera Sinfonía y Napoleón.


En Beethoven, Maynard Solomon realiza una amplia y detallada biografía del compositor de Bonn, un genio libre que transformó la música del clasicismo, viviendo desde el Antiguo Régimen, pasando por las consecuencias de la Revolución Francesa, el imperio de Napoleón, el Congreso de Viena y todos los movimientos sociales, políticos y culturales de las primeras décadas del siglo XIX.
A partir de la dedicatoria de su Tercera Sinfonía a Bonaparte, Solomon reconstruye a partir de testimonios y otras fuentes esta dedicatoria que finalizó con la denominación de esta obra con el nombre con el que la conocemos ahora: Sinfonía Heroica.


La imagen nos muestra la primera página original de esta Tercera Sinfonía de Beethoven con las inscripciones y correcciones indicadas. Más adelante aparecería con la frase italiana Intitulara Bonaparte (Titulada Bonaparte) y la frase en alemán Geschriben auf Bonaparte (Escrito para Bonaparte), indicando a su editor que se retractaba de haber eliminado la dedicatoria inicial y que el título de la sinfonía es realmente Bonaparte, apareciendo en la edición de 1806 con el título italiano de Sinfonia Eroica, composta per festegiare il sovenire di un grande Uomo (Sinfonía herioca, compuesta para celebrar la memoria de un gran hombre).

 
Nos acompaña el tercer movimiento de esta sinfonía. En lugar del Minuetto habitual, Beethoven lo sustituyó por un Scherzo, Allegro vivace, una broma (que es su significado literal), un movimiento ligero y alegre que desafiaba las convenciones de las sinfonías. 
Tras las cuerdas entran el oboe y las flautas para dar paso a la orquesta que contrasta con la marcha fúnebre del segundo movimiento, y donde se puede apreciar que Beethoven utiliza las sorpresas y los cambios de acento para mantener al oyente en una escucha atenta y desenfadada.
El estonio Paavo Järvi dirigió esta interpretación de la Deutsche Kammerphilharmonie de Bremen en el Beethovenfest de Bonn de 2019, un año antes del doscientos cincuenta aniversario del nacimiento del compositor.


Con el paso del tiempo las dedicatorias de los libros pasaron de estar destinadas a los protectores a ampliar el abanico de destinatarios, en la mayoría de las ocasiones quedando reducidas a una frase de agradecimiento.
De todas formas, se trata de un inicio de libro poco llamativo, puesto que cuando el lector va a adentrarse en la aventura de involucrarse en una creación que desconoce o de la que tiene solo referencias, bien de críticas o comentarios, bien por seguir la obra del autor, esa dedicatoria suele pasar desapercibida.
La mayor parte agradecen a personas cercanas el haber facilitado, de una u otra forma la escritura y publicación del libro. Algunas son ingeniosas y muestran la agudeza del autor, como:

Dedico esta edición a mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera.

Camilo José Cela en la edición de 1973 de La familia de Pascual Duarte.

O bien señalan alguna evocación o recuerdo:

A la memoria de Aguedilla, la pobre loca de la calle del sol, que me mandaba moras y claveles.

Juan Ramón Jiménez en Platero y yo.

De todas estas dedicatorias que deambulan entre lo original, lo anecdótico, lo ingenioso y lo sentimental se pueden encontrar publicaciones en la red que sacien la curiosidad de los lectores.


En un libro tan épico como Moby Dick, en el que no se muestra solo la lucha del hombre contra la naturaleza, sino, sobre todo, las obsesiones y la lucha consigo mismo, su autor, Hermann Melville lo dedicaba de manera anodina. En este caso, lo que lo trae a esta publicación no es la dedicatoria en sí, sino el escrito con que el autor (des)animaba a una de sus conocidas para su lectura.

En este tipo de dedicatorias, algunas muestran más de una mera alusión a alguna persona. Es el caso de C.(Clive) S. (Staapes) Lewis, el autor de Las crónicas de Narnia, quien dedica el primero de los volúmenes, El león, la bruja y el armario a su ahijada en estos términos, más que apropiados para una historia juvenil.


En la música es menos práctico y conocido el tema de las dedicatorias por una razón práctica: los libros de canciones, libretos o partituras en general no son adquiridos por un público mayoritario, sino por profesionales de la música o, en el caso de adaptaciones de obras, por aficionados capaces de interpretarlas.
Así, además de una dedicatoria al comienzo de la obra, se suelen utilizar otros medios para que quienes escuchan las obras reconozcan la admiración que tienen por determinado compositor. El más conocido es utilizar un trozo de una composición de ese autor e insertarlo en la propia obra como forma de homenaje.
En este sentido nos acercamos al libro El ruido eterno, subtitulado Escuchar el siglo XX a través de su música del crítico musical de The New Yorker Alex Ross en el que realiza un recorrido por los estilos, modas, innovaciones y músicas enfrentadas del pasado siglo.


Así, Ross nos muestra cómo Dmitri Shostakóvich dedicó su 14ª Sinfonía a Benjamin Britten, un compositor con el que tenía una relación de amistad. En ella, el compositor ruso estampó el nombre del inglés en la portada de su sinfonía, además de utilizar algunas citas de sus obras y su estilo en la sinfonía.
Alex Ross nos detalla la historia acompañada de una extraña y en un principio inquietante anécdota ocurrida el día del estreno de su decimocuarta sinfonía.


La música que nos acompaña es precisamente el extracto de esa Decimocuarta Sinfonía de Dmitri Shostakóvich en el que se emplean los versos ¡Oh, Delvig, Delvig! a los que hace referencia Alex Ross.
La grabación de este fragmento con el poema de Kochelbecker interpretado por el bajo Félix Flores está dirigida por Migran Agadzhanian.


Pero quizás, de todas las dedicatorias de libros la más conocida, emotiva y en consonancia con el contenido de la obra sea la que Antoine de Saint-Exupéry escribió para agradecer a Leon Werth su amistad incondicional. Escritor de origen judío, pacifista y antimilitarista confeso, Werth era una persona servicial y generosa, que prefirió una vida humilde y digna para no renunciar a sus principios. Como queda de manifiesto en la correspondencia entre ambos, Saint-Exupéry lo consideraba -pese a sus diferencias- no sólo el más querido de sus amigos, sino su conciencia, su «moral».


Con la dedicatoria de Le petit prince (El principito) concluye esta publicación en la que ponemos la mirada en una parte de las obras que pasa desapercibida en muchas ocasiones.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Un encuentro entre dos genios: Beethoven y Mozart

¿Quién no ha tenido un modelo al que querer admirar? ¿Quién no ha puesto su mirada, sus intereses y sus objetivos en alguien que le ha servido de inspiración para su trabajo o su vida? 
Podemos pensar en cualquier disciplina desde las artísticas a las científicas, pasando incluso por las deportivas. ¿Quién no tiene en sus inicios un ídolo en la materia en la que destaca? ¿Qué escritor no tiene por modelo y ejemplo a otro escritor e incluso su admirada obra lo ha motivado para dedicarse a la literatura? ¿Y los descubrimientos científicos, o la composición musical e incluso en cualquier disciplina deportiva? ¿Cuántos han admirado a los que iban por delante suyo abriendo camino y a los que, en muchas ocasiones, llegaron a superar?
Aprovechando la celebración del 250 aniversario del nacimiento de Beethoven nos acercamos en esta publicación al momento en que conoció a Mozart en un viaje a Viena que no transcurrió como estaba previsto. #Beethoven250 #Beethoven2020.
Te propongo conocer el encuentro que tuvieron un joven Beethoven que comenzaba a componer y Mozart con algunas de las músicas que unieron a estos compositores. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



El joven Beethoven vive en su Bonn natal las dos primeras décadas de su vida. Su padre Johann, cada vez más entregado a la bebida, se muestra menos capaz de mantener a su familia. En febrero de 1784, con apenas 13 años, Ludwig dirige un escrito al Príncipe Elector Maximiliano Federico para ser nombrado organista adjunto de Neefe, a quien ayudaba y sustituía habitualmente, una solicitud que el gran intendente de la corte, el conde de Salm-Reifferscheidt refrendaba. El regente hizo caso omiso, al pensar que era más rentable para él que las cosas siguieran como estaban y el muchacho le sirviese sin recibir nada a cambio.
Cuando falleció en abril, dos meses después, fue sustituido por el archiduque Maximiliano Francisco de Habsburgo, hijo menor de la fallecida emperatriz de Austria María Teresa, hermano del entonces emperador José II y del futuro Leopoldo II. Es un elector radicalmente distinto a su predecesor que suprimió la tortura en sus dominios, simplificó los procesos judiciales, creó la Universidad de Bonn, así como nuevas leyes que marcaban una nueva senda liberal.
Además era un enamorado de la música. Intérprete aficionado, una pequeña orquesta lo acompañaba en sus desplazamientos, frecuentó en Viena la compañía musical de Mozart y antes de instalarse en Bonn hizo redactar un estado administrativo de los músicos de su capilla. 


Nº 8: Johann Beethoven tiene una voz que se pierde enseguida, está al servicio desde hace tiempo, muy pobre, con una conducta pasable, y casado.

Nº 14: Ludwig Beethoven, un hijo del Beethoven nombrado antes con el número 8, no tiene ninguna asignación, pero ha servido dos años y ha tocado el órgano durante la ausencia del Kapellmeister Luchesi. Tiene buena capacidad, todavía joven, de discreta conducta, y pobre.


En junio de ese mismo año, el Elector quitaba a Johann quince florines de su sueldo, pero nombraba a su hijo segundo organista con ciento cincuenta florines al año.
En el delicioso Libro de Réquiems de Mauricio Wiesenthal podemos encontrar en el capítulo titulado Una carta que no espera respuesta. Beethoven, músico del silencio un relato sobre la infancia del joven Beethoven con algunas referencias a su padre y su formación musical, además de la costumbre de celebrar en casa el cumpleaños de su madre y cómo le llegó la costumbre de componer de noche que tuvo arraigada durante toda su vida.


Estrenada en mayo de 1786, Le nozze di Figaro (Las nupcias o Las bodas de Fígaro) es una de las óperas más representativas de un Mozart que triunfa en Viena y en otras ciudades del imperio. 
Se vuol ballare signor contino (Si quiere bailar, señor condesito) es un aria en la que Fígaro se indigna con su señor, ya que este quiere ejercer de nuevo su ius primae noctis, el feudal derecho de pernada, con su novia Susanna antes de consumar el matrimonio.
La interpretación corresponde a una versión cinematográfica con el barítono Herman Prey como Fígaro con subtítulos en castellano.



Con la llegada del nuevo Príncipe Elector vinieron con él algunos jóvenes de su entorno, entre ellos el conde Ferdinand Von Waldstein-Wartenberg. Waldstein conocía en Viena a Haydn y Mozart y a su llegada de Bonn descubrió la capacidad del joven Beethoven, fue quien insistió en que fuera nombrado organista y lo ayudó sin herir sus sentimientos con algunas ayudas económicas disfrazadas de gratificaciones del Elector. Quizás bajo su influencia es cuando Beethoven comienza a manifestar su talento para desarrollar, improvisar y variar sobre un tema musical.
También fue Waldstein quien convenció a Maximiliano Francisco para que permitiera al joven Ludwig completar su formación musical en Viena, eso sí, mientras continuaba pagándole el sueldo.
Maynard Solomon, uno de los destacados biógrafos del compositor, relata en su interesante y completa obra Beethoven cómo estos meses supusieron un abandono en la composición del joven coincidente con el viaje a Viena que comenzó en abril de 1787 y finalizó precipitadamente con el aviso de la grave enfermedad de la madre del compositor y su fallecimiento al poco de regresar a Bonn. Esta muerte y la de su hermana meses después, el fracaso del viaje tanto musical como económicamente y las nuevas responsabilidades del adolescente como nuevo sustentador de la familia marcan este primer viaje de Beethoven a Viena.




A partir del aria Se vuol ballare signor contino anterior, Beethoven publicó en 1793, a los pocos meses de su regreso a Viena un conjunto de variaciones que dedicó a Eleonore von Breuning, miembro de una familia en la que siempre fue bien acogido y hermana de Stephan del que hemos tratado en Mi vecino se llama Beethoven. Esta dedicatoria sugiere, además de una estrecha amistad, que la obra fue comenzada mientras Beethoven residía en Bonn pese a que fue terminada en Viena. La obra, que iba a ser publicada por Artaria con el número de Opus 1 fue titulada simplemente Zwölf variationen üher die Arie "Se vuol ballare, Signor contino" (Doce variaciones sobre el aria...), reservándose el compositor su primera obra para el trío que la ostenta actualmente. Así, esta obra aparece como WoO 40 dentro de las obras del compositor sin número de catálogo. 
Estas variaciones son de tipo ornamental y presentan aún un estilo clásico y, como es habitual, presenta el tema en primer lugar en esta ocasión en modo stacatto. Las distintas variaciones se van alternando entre arpegios de piano ( variación I), cambios de ritmo (II y III), escalas rápidas con el tema principal diseccionado (IV y V), cambios a tono menor (VI y VII), el uso del piano en solitario (IX) o la interpretación en paralelo de ambos instrumentos (XII), hasta llegar a la coda final que presenta una especial dificultad para el pianista al realizar un trino con la mano derecha mientras interpreta notas melódicas simultáneamente con la izquierda. Si duda, el gusto por las variaciones e improvisaciones que Waldstein había inculcado en el joven compositor había arraigado profundamente en él y lo acompañaría durante toda su vida.
La interpretación es un lujo que corre a cargo del gran Yehudi Menuhin al violín acompañado por Wilhelm Kempff al piano y está recogida en la lista de Youtube de El músico de Bonn por jcalvodiaz. Para los no iniciados, la partitura del violín aparece en la parte superior, mientras los pentagramas del piano figuran en la parte inferior.




No solo es el aviso para el regreso por la enfermedad de su madre, sino las circunstancias por las que pasaba Mozart, que perdía también a su padre durante el mes de mayo, las que hicieron que el encuentro entre ambos no se resolviera de la manera esperada. 
El último ruego de su madre fue, sin duda, que se ocupara de sus hermanos y les salvara de la ruina familiar que se avecinaba con el cada vez más evidente deterioro de su padre, quien llegó a vender los vestidos de su mujer y a quien su hijo hubo de pasar la vergüenza de tener que rescatar más de una vez de las redadas de la policía.
Volviendo al Libro de Réquiems de Wiesenthal, el escritor nos recuerda las circunstancias en que se encontraba Mozart a la sazón, además de insistir en la enorme capacidad de Beethoven para la improvisación y las variaciones sobre cualquier tipo de tema. La añoranza de su tierra también se muestra cruzada con la vuelta a la realidad. 

Esta capacidad de improvisación a la que alude Wiesenthal la desarrollará Beethoven durante toda su vida, incluso en los momentos en que su sordera había llegado al extremo. Aunque en sus primeros años le sirvió como una forma de entrar en el círculo de los virtuosos intérpretes, el compositor no llegó a darle importancia sino como capacidad creativa que le ayudó en la composición. 
Tras los primeros años de frenética vida social y musical, Beethoven prefería dedicar un tiempo a este tipo de actividad en soledad o en la compañía de algunos de sus conocidos, evitando siempre el aplauso, ya que consideraba que el mayor peligro del virtuosismo es la búsqueda del efecto brillante y difícil que haga destacar al intérprete, una suerte de fuego artificial que busque el deslumbramiento de la audiencia frente a la importancia de la obra en sí.
Todo gran músico, sea intérprete o compositor suele ser un buen improvisador. En nuestros días hay algunos de ellos muy destacados como la pianista venezolana Gabriela Montero que suele finalizar sus actuaciones con distintas improvisaciones de obras conocidas o incluso de melodías pedidas al público. En la red se pueden encontrar muchas de ellas.
Como muestra de estas improvisaciones, Gabriela Montero realiza unas variaciones sobre la Ode an die Freude (Oda a la alegría) de la Novena Sinfonía de Beethoven que interpretó en un concierto en Copenhague en 2009.
Quizás nos sirva de referencia para hacernos una idea de la capacidad de Beethoven para este tipo de interpretaciones.




Pero en esta publicación dedicada al encuentro entre Mozart y Beethoven aún no hemos hablado de él, ya que de la estancia en Viena se conocen pocos detalles. No hay testigos directos que hayan narrado lo que sucedió en estos meses que el compositor de Bonn estuvo en la capital austriaca. Mozart murió relativamente pronto -en 1791- y Beethoven no habló de la experiencia salvo alguna referencia que realizó a lo largo de su vida a algunos discípulos y conocidos. Quizá fuera una experiencia decepcionante.
Podemos hacernos una idea de la situación de Beethoven. Indudablemente, conocía la figura de Mozart y había visto y tocado partituras suyas, igual que las de Haydn. En muchas ocasiones lo habrían comparado con él por su precocidad, ya que el salzburgués era en aquellos momentos el ejemplo de niño prodigio que podía vivir de su capacidad interpretativa y compositiva. Por último, el conde Waldstein, que había ideado y propiciado el viaje a Viena, habría insistido en el joven Beethoven para que buscara la referencia de Mozart a quien, con toda seguridad, le habría escrito alguna recomendación para con este joven prometedor.

Boceto de Beethoven ante un piano
En estas circunstancias, el joven Ludwig tendría puestas muchas esperanzas en conocer al gran compositor de Salzburgo, en recibir sus consejos e incluso su beneplácito. Mientras, el consagrado Mozart quien junto a Haydn forma el grupo de los grandes compositores de Viena, que es lo mismo que decir del mundo, estaría acostumbrado a recibir a tantas promesas que uno más no tiene importancia.
Así, en su detallada y meticulosa biografía Ludwig van Beethoven, Jean y Brigitte Massin indagan en cómo sería este encuentro, que parece que llegó a producirse. 
Los Massin ofrecen más detalles sobre el viaje, además de algunos comentarios que dejaron escritos algunos amigos y discípulos de Beethoven. Así, recogen textos de Schlinder, quien le acompañó de forma poco elegante en sus últimos meses de vida; también de Ries, hijo del organista de Bonn que tanto ayudó al compositor en sus primeros años y que luego se convertiría en un gran pianista y discípulo suyo y de uno de sus biógrafos Otto Jahn. Tras estos comentarios, los Massin reflexionan sobre la decepción que pudo suponer en el adolescente Beethoven este encuentro, aunque con el paso del tiempo fuera superada.


Isidor Neugass. Retrato de Beethoven. 1806


Estrenada pocos meses antes de la muerte de Mozart, Die Zauberflöte (La flauta mágica) es una de las obras de Mozart que más éxito tuvo durante su vida. Entroncada en el estilo del Singspiel, la ópera popular cantada en alemán en que se alternan trozos cantados y recitado, contaba con un libreto de Emanuel Schikaneder quien era empresario del Theater an der Wien (el mismo en que Beethoven estrenó Fidelio, su concierto para violín y algunas de sus sinfonías).
Del Acto II de La flauta mágica rescatamos el aria de Papageno Ein Mädchen oder Weibchen (Una muchacha o una mujercita) con el que el pajarero pide desesperado a su carillón una mujer que le acompañe en su solitaria vida.



Han pasado cinco años. Mozart ya ha muerto, la Revolución Francesa ha hecho caer cabezas gobernantes y se respira un aire revolucionario en toda Europa. Waldstein vuelve a proponer un nuevo viaje de Beethoven a Viena después de que el más grandes de los músicos vivos, Haydn pasara por Bonn y se aprestara a dedicar unas horas de su tiempo a la formación del joven alemán. El Príncipe Elector vuelve a guardarle el cargo y le abonará el sueldo con lo que su familia queda bien resguardada.
A finales de 1792 Beethoven emprende el que será su segundo y definitivo viaje a Viena cargado de cartas de presentación para la nobleza de la capital austriaca. Mientras él comienza el viaje, la corte de Bonn también lo hace precipitadamente tras la detención de Luis XVI en Francia. En un libro, Beethoven recoge algunas despedidas de sus amigos. Entre ella, esta del propio Conde Waldstein recogida en la biografía de Massin.



Despedimos este encuentro entre Beethoven y Mozart con una obra que lleva el explícito título de Zwölf variationen über das Thema "Ein Mädchen oder Weibchen" aus der oper Die Zauberflöte von Mozar für Pianoforte una Violoncell von L. van Beethoven, Op. 66. (Doce variaciones sobre...), una obra que fue compuesta en 1796 tras el aumento de la popularidad que las obras de Mozart experimentaron tras su fallecimiento.
De los alrededor de setenta ciclos de variaciones que Beethoven publicó a lo largo de su vida, los primeros se basan en obras de autores conocidos y se inscriben aún en un estilo clásico anterior al que el compositor consolidaría más adelante.
Estas variaciones están configuradas con un virtuosismo y un control poco habitual, con la dificultad añadida de tratarse de una combinación poco habitual de instrumentos del que el autor no podía tener muchas referencias.


Klaus Kammerrichs. "Beethon". Busto de Beethoven a partir del retrato de Stieler. Bonn

Beethoven aprovecha las dos partes del aria de Mozart para crear un tema más largo con un contrastante cambio de compás. Tras la presentación del tema a cargo de los dos instrumentos, el piano varía con gran ornamentación (variación I), seguido de una versión donde el cello es el protagonista con un acompañamiento armónico del piano (II), llegando a repartirse el material para la variación entre los instrumentos (IV). La progresión armónica y el esquema del tema original continúan (VII, VIII y IX) hasta volver a los ritmos previos (X), antes de la interpretación más lírica a cargo del violonchello (XI) y la coda final.
Pese a su antigüedad y poca calidad de imagen y sonido, este enlace sobre 12 variaciones sobre Ein Mädchen oder Weibchen es un lujo ya que pertenece a una grabación en directo para televisión de 1970 con la interpretación de Mstislav Rostropovich al cello y Vesso Devetzi al piano.




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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Las primeras obras de Beethoven

Este año se cumplen los doscientos cincuenta años del nacimiento de uno de los genios de la música, uno de los más grandes compositores de todos los tiempos: Ludwig van Beethoven.
Les guste o no la música clásica, es difícil encontrar a una persona que no haya oído hablar de él. 
Hay tópicos que son un lugar común como su sordera. ¿Cómo una persona sorda es capaz de componer música y cómo puede lograr que ésta nos eleve y nos acerque a tantas ideas sublimes? 
¿Quién no sabe tararear las notas iniciales de su Quinta Sinfonía
¿Hay alguien quizás que no haya oído hablar de la Novena Sinfonía y el Himno de la Alegría
Beethoven es de esos personajes, sean de la disciplina que sean, que forman parte de la cultura colectiva, más allá de lo que supone la cultura occidental.
Hace unos meses dedicamos una publicación de este blog a conocer Las primeras obras de Mozart, que se puede recordar en el enlace.
En este año que se celebra el 250 aniversario del nacimiento de Beethoven te propongo un acercamiento a sus primeras obras, unas composiciones que ya anunciaban todo lo que más adelante lo harán famoso. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 



Los años de formación son fundamentales en cualquier persona. Aquello a lo que dedica su interés, los estudios que realiza, su forma de entender el mundo y la vida o las experiencias de las que ha extraído enseñanzas conforman la personalidad y el estilo de vida que cada uno de nosotros va adoptando.
Beethoven nació en Bonn, nieto de otro Ludwig van Beethoven, un holandés que recaló en la ciudad alemana como músico de la corte del príncipe elector de Colonia
Es curioso que el citado príncipe elector residiera en Bonn en lugar de la ciudad de su sede. El caso es que la lucha entre la nobleza y aristocracia y el poder eclesiástico acabó con una ley en la que el príncipe elector, representante eclesiástico de Colonia, no podía residir durante tres días seguidos en la ciudad, por lo que, siéndolo, decidió establecer su residencia en la cercana Bonn.
Ludwig, el único de los cuatro abuelos no alemán del compositor, tuvo una influencia grande sobre su nieto en los escasos años que convivieron. Johann, el padre de Beethoven, también músico en Bonn, aunque con menos talento que el abuelo, fue poco a poco cayendo en el alcoholismo, mientras su esposa moriría tuberculosa aún joven. En estas circunstancias nació Ludwig van Beethoven en 1770, el mayor de tres hermanos. El recuerdo de su abuelo fue tal que conservó durante toda su vida un pequeño retrato suyo.
El talento que mostró el joven para la música fue encauzado por el padre con modos poco afectuosos que generaron un conflicto en el muchacho entre su pasión por la música y el trato paterno, que fue dulcificado por la madre. 

La primera obra de Beethoven de la que se tiene conocimiento actualmente está dedicada a la Condesa Wolf-Metternich y son las 9 variaciones para piano en do menor sobre una marcha de Ernst Christoph Dressler (WoO 63). Un joven Beethoven, que siendo también un niño prodigio como Mozart, compuso estas variaciones cuando contaba con once años de edad, mientras era discípulo de Christian Gottlieb Neefe, un sajón que ejercía en aquella época organista de la corte en Bonn.
El enlace a estas variaciones pertenece a una interpretación al piano por Ronald Brautigam. El vídeo muestra las partituras y señala cada una de las variaciones.



Cuando Maximiliano Francisco llegó a la corte de Bonn como príncipe elector de Colonia lo hizo con él su amigo y compañero el conde Ferdinand Waldstein, quien ya había ayudado en Viena a Haydn y Mozart. También se ocupó de Beethoven y consiguió que se le asignara alguna cantidad para sus gastos, además de propiciar que el príncipe elector sufragara para completar su formación su primer viaje a la capital del imperio austriaco mientras seguía recibiendo su sueldo.
Alrededor del 10 de abril de 1787 Beethoven se encuentra en Viena. En las tres semanas que permaneció allí se vio con Joseph Haydn y Mozart, aunque hubo de regresar rápida e inesperadamente a Bonn al recibir malas noticias sobre el empeoramiento de la salud de su madre. Tuvo el tiempo justo para verla antes de que falleciera de tisis con cuarenta años dejando a un marido entregado cada vez más al alcohol y dos hijos más, Caspar Karl y Johann que fueron encomendados a Ludwig como hermano mayor y persona responsable de la familia.

Retrato de Beethoven a la edad de 13 años
Mientras permanece en Bonn antes de regresar definitivamente a Viena, Beethoven se conquistó una gran fama como virtuoso, quedando sus composiciones en un plano secundario al limitarse a seguir los géneros y gustos de la época. Son a modo de ejercicios de composición, una búsqueda de un estilo propio y se podrían considerar una forma con la que llegó a conocer los instrumentos, sus estilos y sus timbres. 
Entre estas obras incipientes se encuentran un concierto, varias sonatas, algunas variaciones, tres cuartetos para piano y cuerda, un trío para piano, violín y violonchelo, algunos Lieder, tres arias de concierto y sobre todo dos cantatas para solistas coro y orquesta. En total casi un centenar de obras poco personales, aunque algunos de los temas de las mismas serán utilizados en obras importantes más adelante. 
En el catálogo que realizaron los editores con las obras que fueron publicando de Beethoven, 138 en total, estas composiciones no aparecen con ningún número de Opus. Están recogidas y catalogadas, después de diversos estudios que iniciaron Georg Kinsky y Hans Halm a mediados del siglo pasado, como WoO (Werke ohne Opusxzahl, Obras sin número de Opus). De hecho en 1791, poco antes de abandonar Bonn, Beethoven no aparece como compositor en la lista Musikalische Correspondenz de Bossler de "Músicos de gabinete, capilla y corte del Elector de Colonia."
El musicólogo y productor musical Maynard Solomon en su trabajo biográfico Beethoven dedica un espacio a dos de estas obras: la Kantate auf den Tod Kaiser Joseph II (Cantata para la muerte del Emperador José II) y la Kantate auf die Erhebung Leopolds II (Cantata por el ascenso al trono de Leopoldo II).


Estas cantatas compuestas cuando Beethoven contaba con diecinueve años tienen, como indica Solomon, el especial interés de mostrarnos algunos de los elementos fundamentales en la música posterior del compositor de Bonn: el modo heroico, el pathos o destino, el concepto de muerte y algunos motivos musicales que aparecerán en algunas de sus sinfonías como la Heroica, la Sexta, la Séptima y, especialmente el comienzo de la segunda parte que nos recuerda el final de la Novena Sinfonía. Una de las arias para soprano y coro de la primera cantata, por ejemplo, la volvió a utilizar en el segundo final de su Fidelio.
La Cantata por la muerte de José II comienza con unos acordes introductorios a los que sigue el coro Tot, stöhnt es durch die öde Nacht (¡Muerto! Se oyen gemidos en la solitaria noche).
El vídeo, enlazado desde el canal El músico de Bonn por jcalvodiazestá subtitulado en castellano y corresponde a una grabación de audio con Verónica Verebély (soprano solista), Ulrike Hetzel (contralto solista), Charlotte Margiono (soprano), Clemens Bieber (tenor), William Shimell (bajo) con el Coro y Orquesta de la Ópera Alemana de Berlín preparado por Karl Kamper, todos ellos bajo la dirección de Christian Thielemann.


A comienzos del verano de 1792 Haydn pasa por Bonn hacia Viena tras un triunfal viaje por Inglaterra. Maximiliano Francisco prepara una importante recepción en la que tocará la orquesta de la corte y el joven pianista Beethoven. El conde Waldstein hace que Haydn, el mayor de los compositores vivos, lea la partitura de la primera cantata.
El compositor elogia el talento de Beethoven, pero indica que deberá seguir estudiando y, si decide ir a Viena, él mismo le dedicará algunas horas a su formación. Comienza una relación que tendrá sus altibajos al negarse el maestro a aceptar la música de Beethoven y el discípulo a aceptar ciertas críticas a su obra. 
Esa promesa incierta que fue suficiente para Waldstein, la Revolución francesa que amenazaba a las cortes (Luis XVI iba a ser guillotinado), el haber conseguido Beethoven dejar asegurada económicamente a su familia, hacen que el incipiente compositor abandone Bonn y se dirija, con todos sus sueños, a la grande e imperial ciudad de Viena.

Silueta con unos quince años realizada en Bonn de autor desconocido. 

Cuando Beethoven llega a la ciudad, ésta acaba de perder a una de sus figuras, Mozart; Haydn, más conservador, no puede ocupar su lugar, por lo que Viena necesita y añora un nuevo genio que colme sus ganas. La llegada de Beethoven con las recomendaciones del Conde Waldstein y del príncipe elector de Colonia y a quien el propio Haydn va a enseñar y transmitir todos sus conocimientos le abre muchas puertas.
Las clases con Haydn no son como esperaba dado el carácter de ambos. Ferdinand Ries, amigo y discípulo de Beethoven narra que el primero quiso que bajo el título de sus obras este pusiera "Alumno de Haydn", pero que no quiso hacerlo alegando que había recibido algunas clases, pero no había aprendido nada de él. 
En la rigurosa, completa y lúcida biografía Ludwig van Beethoven de Jean y Brigitte Massim, tras detallar la relación entre discípulo y maestro, nos muestran la opinión que Haydn expresó al propio compositor en palabras del flautista Louis Drouet.



Ninguna de estas cantatas fueron interpretadas en vida del compositor, ni él propuso imprimirlas. En 1884 se descubrieron unas copias de las mismas. Cuando Brahms las vio en mayo de ese año escribió a un amigo: "Aunque la portada no ostentase su nombre, no podría atribuirse a otro autor. ¡Es Beethoven desde el principio hasta el final! El bello y noble pathos, sublime en su sentimiento y su imaginación: la intensidad, quizá violenta en su expresión; más aún, la voz principal y la declamación, y en el primer y último movimientos todas las características que podemos observar en sus obras ulteriores y asociar con ella."

Estatua de Beethoven en su ciudad natal de Bonn
Finalizamos este acercamiento a las primeras obras de Beethoven compuestas en Bonn antes de instalarse de forma definitiva en Viena con un enlace que nos muestra las dos cantatas con los intérpretes que aparecen en la imagen.
El texto, tanto en alemán como en su traducción al inglés se pueden seguir a través de los enlaces que se encuentran en la bibliografía y webgrafía situadas en la parte inferior.
Que tengas un buen año Beethoven 2020.


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Bibliografía y webgrafía consultadas: