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1 ago. 2020

Un encuentro entre dos genios: Beethoven y Mozart

¿Quién no ha tenido un modelo al que querer admirar? ¿Quién no ha puesto su mirada, sus intereses y sus objetivos en alguien que le ha servido de inspiración para su trabajo o su vida? 
Podemos pensar en cualquier disciplina desde las artísticas a las científicas, pasando incluso por las deportivas. ¿Quién no tiene en sus inicios un ídolo en la materia en la que destaca? ¿Qué escritor no tiene por modelo y ejemplo a otro escritor e incluso su admirada obra lo ha motivado para dedicarse a la literatura? ¿Y los descubrimientos científicos, o la composición musical e incluso en cualquier disciplina deportiva? ¿Cuántos han admirado a los que iban por delante suyo abriendo camino y a los que, en muchas ocasiones, llegaron a superar?
Aprovechando la celebración del 250 aniversario del nacimiento de Beethoven nos acercamos en esta publicación al momento en que conoció a Mozart en un viaje a Viena que no transcurrió como estaba previsto. #Beethoven250 #Beethoven2020.
Te propongo conocer el encuentro que tuvieron un joven Beethoven que comenzaba a componer y Mozart con algunas de las músicas que unieron a estos compositores. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



El joven Beethoven vive en su Bonn natal las dos primeras décadas de su vida. Su padre Johann, cada vez más entregado a la bebida, se muestra menos capaz de mantener a su familia. En febrero de 1784, con apenas 13 años, Ludwig dirige un escrito al Príncipe Elector Maximiliano Federico para ser nombrado organista adjunto de Neefe, a quien ayudaba y sustituía habitualmente, una solicitud que el gran intendente de la corte, el conde de Salm-Reifferscheidt refrendaba. El regente hizo caso omiso, al pensar que era más rentable para él que las cosas siguieran como estaban y el muchacho le sirviese sin recibir nada a cambio.
Cuando falleció en abril, dos meses después, fue sustituido por el archiduque Maximiliano Francisco de Habsburgo, hijo menor de la fallecida emperatriz de Austria María Teresa, hermano del entonces emperador José II y del futuro Leopoldo II. Es un elector radicalmente distinto a su predecesor que suprimió la tortura en sus dominios, simplificó los procesos judiciales, creó la Universidad de Bonn, así como nuevas leyes que marcaban una nueva senda liberal.
Además era un enamorado de la música. Intérprete aficionado, una pequeña orquesta lo acompañaba en sus desplazamientos, frecuentó en Viena la compañía musical de Mozart y antes de instalarse en Bonn hizo redactar un estado administrativo de los músicos de su capilla. 


Nº 8: Johann Beethoven tiene una voz que se pierde enseguida, está al servicio desde hace tiempo, muy pobre, con una conducta pasable, y casado.

Nº 14: Ludwig Beethoven, un hijo del Beethoven nombrado antes con el número 8, no tiene ninguna asignación, pero ha servido dos años y ha tocado el órgano durante la ausencia del Kapellmeister Luchesi. Tiene buena capacidad, todavía joven, de discreta conducta, y pobre.


En junio de ese mismo año, el Elector quitaba a Johann quince florines de su sueldo, pero nombraba a su hijo segundo organista con ciento cincuenta florines al año.
En el delicioso Libro de Réquiems de Mauricio Wiesenthal podemos encontrar en el capítulo titulado Una carta que no espera respuesta. Beethoven, músico del silencio un relato sobre la infancia del joven Beethoven con algunas referencias a su padre y su formación musical, además de la costumbre de celebrar en casa el cumpleaños de su madre y cómo le llegó la costumbre de componer de noche que tuvo arraigada durante toda su vida.


Estrenada en mayo de 1786, Le nozze di Figaro (Las nupcias o Las bodas de Fígaro) es una de las óperas más representativas de un Mozart que triunfa en Viena y en otras ciudades del imperio. 
Se vuol ballare signor contino (Si quiere bailar, señor condesito) es un aria en la que Fígaro se indigna con su señor, ya que este quiere ejercer de nuevo su ius primae noctis, el feudal derecho de pernada, con su novia Susanna antes de consumar el matrimonio.
La interpretación corresponde a una versión cinematográfica con el barítono Herman Prey como Fígaro con subtítulos en castellano.



Con la llegada del nuevo Príncipe Elector vinieron con él algunos jóvenes de su entorno, entre ellos el conde Ferdinand Von Waldstein-Wartenberg. Waldstein conocía en Viena a Haydn y Mozart y a su llegada de Bonn descubrió la capacidad del joven Beethoven, fue quien insistió en que fuera nombrado organista y lo ayudó sin herir sus sentimientos con algunas ayudas económicas disfrazadas de gratificaciones del Elector. Quizás bajo su influencia es cuando Beethoven comienza a manifestar su talento para desarrollar, improvisar y variar sobre un tema musical.
También fue Waldstein quien convenció a Maximiliano Francisco para que permitiera al joven Ludwig completar su formación musical en Viena, eso sí, mientras continuaba pagándole el sueldo.
Maynard Solomon, uno de los destacados biógrafos del compositor, relata en su interesante y completa obra Beethoven cómo estos meses supusieron un abandono en la composición del joven coincidente con el viaje a Viena que comenzó en abril de 1787 y finalizó precipitadamente con el aviso de la grave enfermedad de la madre del compositor y su fallecimiento al poco de regresar a Bonn. Esta muerte y la de su hermana meses después, el fracaso del viaje tanto musical como económicamente y las nuevas responsabilidades del adolescente como nuevo sustentador de la familia marcan este primer viaje de Beethoven a Viena.




A partir del aria Se vuol ballare signor contino anterior, Beethoven publicó en 1793, a los pocos meses de su regreso a Viena un conjunto de variaciones que dedicó a Eleonore von Breuning, miembro de una familia en la que siempre fue bien acogido y hermana de Stephan del que hemos tratado en Mi vecino se llama Beethoven. Esta dedicatoria sugiere, además de una estrecha amistad, que la obra fue comenzada mientras Beethoven residía en Bonn pese a que fue terminada en Viena. La obra, que iba a ser publicada por Artaria con el número de Opus 1 fue titulada simplemente Zwölf variationen üher die Arie "Se vuol ballare, Signor contino" (Doce variaciones sobre el aria...), reservándose el compositor su primera obra para el trío que la ostenta actualmente. Así, esta obra aparece como WoO 40 dentro de las obras del compositor sin número de catálogo. 
Estas variaciones son de tipo ornamental y presentan aún un estilo clásico y, como es habitual, presenta el tema en primer lugar en esta ocasión en modo stacatto. Las distintas variaciones se van alternando entre arpegios de piano ( variación I), cambios de ritmo (II y III), escalas rápidas con el tema principal diseccionado (IV y V), cambios a tono menor (VI y VII), el uso del piano en solitario (IX) o la interpretación en paralelo de ambos instrumentos (XII), hasta llegar a la coda final que presenta una especial dificultad para el pianista al realizar un trino con la mano derecha mientras interpreta notas melódicas simultáneamente con la izquierda. Si duda, el gusto por las variaciones e improvisaciones que Waldstein había inculcado en el joven compositor había arraigado profundamente en él y lo acompañaría durante toda su vida.
La interpretación es un lujo que corre a cargo del gran Yehudi Menuhin al violín acompañado por Wilhelm Kempff al piano y está recogida en la lista de Youtube de El músico de Bonn por jcalvodiaz. Para los no iniciados, la partitura del violín aparece en la parte superior, mientras los pentagramas del piano figuran en la parte inferior.




No solo es el aviso para el regreso por la enfermedad de su madre, sino las circunstancias por las que pasaba Mozart, que perdía también a su padre durante el mes de mayo, las que hicieron que el encuentro entre ambos no se resolviera de la manera esperada. 
El último ruego de su madre fue, sin duda, que se ocupara de sus hermanos y les salvara de la ruina familiar que se avecinaba con el cada vez más evidente deterioro de su padre, quien llegó a vender los vestidos de su mujer y a quien su hijo hubo de pasar la vergüenza de tener que rescatar más de una vez de las redadas de la policía.
Volviendo al Libro de Réquiems de Wiesenthal, el escritor nos recuerda las circunstancias en que se encontraba Mozart a la sazón, además de insistir en la enorme capacidad de Beethoven para la improvisación y las variaciones sobre cualquier tipo de tema. La añoranza de su tierra también se muestra cruzada con la vuelta a la realidad. 

Esta capacidad de improvisación a la que alude Wiesenthal la desarrollará Beethoven durante toda su vida, incluso en los momentos en que su sordera había llegado al extremo. Aunque en sus primeros años le sirvió como una forma de entrar en el círculo de los virtuosos intérpretes, el compositor no llegó a darle importancia sino como capacidad creativa que le ayudó en la composición. 
Tras los primeros años de frenética vida social y musical, Beethoven prefería dedicar un tiempo a este tipo de actividad en soledad o en la compañía de algunos de sus conocidos, evitando siempre el aplauso, ya que consideraba que el mayor peligro del virtuosismo es la búsqueda del efecto brillante y difícil que haga destacar al intérprete, una suerte de fuego artificial que busque el deslumbramiento de la audiencia frente a la importancia de la obra en sí.
Todo gran músico, sea intérprete o compositor suele ser un buen improvisador. En nuestros días hay algunos de ellos muy destacados como la pianista venezolana Gabriela Montero que suele finalizar sus actuaciones con distintas improvisaciones de obras conocidas o incluso de melodías pedidas al público. En la red se pueden encontrar muchas de ellas.
Como muestra de estas improvisaciones, Gabriela Montero realiza unas variaciones sobre la Ode an die Freude (Oda a la alegría) de la Novena Sinfonía de Beethoven que interpretó en un concierto en Copenhague en 2009.
Quizás nos sirva de referencia para hacernos una idea de la capacidad de Beethoven para este tipo de interpretaciones.




Pero en esta publicación dedicada al encuentro entre Mozart y Beethoven aún no hemos hablado de él, ya que de la estancia en Viena se conocen pocos detalles. No hay testigos directos que hayan narrado lo que sucedió en estos meses que el compositor de Bonn estuvo en la capital austriaca. Mozart murió relativamente pronto -en 1791- y Beethoven no habló de la experiencia salvo alguna referencia que realizó a lo largo de su vida a algunos discípulos y conocidos. Quizá fuera una experiencia decepcionante.
Podemos hacernos una idea de la situación de Beethoven. Indudablemente, conocía la figura de Mozart y había visto y tocado partituras suyas, igual que las de Haydn. En muchas ocasiones lo habrían comparado con él por su precocidad, ya que el salzburgués era en aquellos momentos el ejemplo de niño prodigio que podía vivir de su capacidad interpretativa y compositiva. Por último, el conde Waldstein, que había ideado y propiciado el viaje a Viena, habría insistido en el joven Beethoven para que buscara la referencia de Mozart a quien, con toda seguridad, le habría escrito alguna recomendación para con este joven prometedor.

Boceto de Beethoven ante un piano
En estas circunstancias, el joven Ludwig tendría puestas muchas esperanzas en conocer al gran compositor de Salzburgo, en recibir sus consejos e incluso su beneplácito. Mientras, el consagrado Mozart quien junto a Haydn forma el grupo de los grandes compositores de Viena, que es lo mismo que decir del mundo, estaría acostumbrado a recibir a tantas promesas que uno más no tiene importancia.
Así, en su detallada y meticulosa biografía Ludwig van Beethoven, Jean y Brigitte Massin indagan en cómo sería este encuentro, que parece que llegó a producirse. 
Los Massin ofrecen más detalles sobre el viaje, además de algunos comentarios que dejaron escritos algunos amigos y discípulos de Beethoven. Así, recogen textos de Schlinder, quien le acompañó de forma poco elegante en sus últimos meses de vida; también de Ries, hijo del organista de Bonn que tanto ayudó al compositor en sus primeros años y que luego se convertiría en un gran pianista y discípulo suyo y de uno de sus biógrafos Otto Jahn. Tras estos comentarios, los Massin reflexionan sobre la decepción que pudo suponer en el adolescente Beethoven este encuentro, aunque con el paso del tiempo fuera superada.


Isidor Neugass. Retrato de Beethoven. 1806


Estrenada pocos meses antes de la muerte de Mozart, Die Zauberflöte (La flauta mágica) es una de las obras de Mozart que más éxito tuvo durante su vida. Entroncada en el estilo del Singspiel, la ópera popular cantada en alemán en que se alternan trozos cantados y recitado, contaba con un libreto de Emanuel Schikaneder quien era empresario del Theater an der Wien (el mismo en que Beethoven estrenó Fidelio, su concierto para violín y algunas de sus sinfonías).
Del Acto II de La flauta mágica rescatamos el aria de Papageno Ein Mädchen oder Weibchen (Una muchacha o una mujercita) con el que el pajarero pide desesperado a su carillón una mujer que le acompañe en su solitaria vida.



Han pasado cinco años. Mozart ya ha muerto, la Revolución Francesa ha hecho caer cabezas gobernantes y se respira un aire revolucionario en toda Europa. Waldstein vuelve a proponer un nuevo viaje de Beethoven a Viena después de que el más grandes de los músicos vivos, Haydn pasara por Bonn y se aprestara a dedicar unas horas de su tiempo a la formación del joven alemán. El Príncipe Elector vuelve a guardarle el cargo y le abonará el sueldo con lo que su familia queda bien resguardada.
A finales de 1792 Beethoven emprende el que será su segundo y definitivo viaje a Viena cargado de cartas de presentación para la nobleza de la capital austriaca. Mientras él comienza el viaje, la corte de Bonn también lo hace precipitadamente tras la detención de Luis XVI en Francia. En un libro, Beethoven recoge algunas despedidas de sus amigos. Entre ella, esta del propio Conde Waldstein recogida en la biografía de Massin.



Despedimos este encuentro entre Beethoven y Mozart con una obra que lleva el explícito título de Zwölf variationen über das Thema "Ein Mädchen oder Weibchen" aus der oper Die Zauberflöte von Mozar für Pianoforte una Violoncell von L. van Beethoven, Op. 66. (Doce variaciones sobre...), una obra que fue compuesta en 1796 tras el aumento de la popularidad que las obras de Mozart experimentaron tras su fallecimiento.
De los alrededor de setenta ciclos de variaciones que Beethoven publicó a lo largo de su vida, los primeros se basan en obras de autores conocidos y se inscriben aún en un estilo clásico anterior al que el compositor consolidaría más adelante.
Estas variaciones están configuradas con un virtuosismo y un control poco habitual, con la dificultad añadida de tratarse de una combinación poco habitual de instrumentos del que el autor no podía tener muchas referencias.


Klaus Kammerrichs. "Beethon". Busto de Beethoven a partir del retrato de Stieler. Bonn

Beethoven aprovecha las dos partes del aria de Mozart para crear un tema más largo con un contrastante cambio de compás. Tras la presentación del tema a cargo de los dos instrumentos, el piano varía con gran ornamentación (variación I), seguido de una versión donde el cello es el protagonista con un acompañamiento armónico del piano (II), llegando a repartirse el material para la variación entre los instrumentos (IV). La progresión armónica y el esquema del tema original continúan (VII, VIII y IX) hasta volver a los ritmos previos (X), antes de la interpretación más lírica a cargo del violonchello (XI) y la coda final.
Pese a su antigüedad y poca calidad de imagen y sonido, este enlace sobre 12 variaciones sobre Ein Mädchen oder Weibchen es un lujo ya que pertenece a una grabación en directo para televisión de 1970 con la interpretación de Mstislav Rostropovich al cello y Vesso Devetzi al piano.




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Bibliografía y webgrafía consultadas:

2 comentarios:

  1. Un encuentro de titanes: Beethoven y Mozart 😍 Uno que admira a otro y ambos se convierten en modelos de muchas generaciones. Un abrazo 🐾

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    1. Exacto, Rosa. Dos grandes creadores, dos generaciones y dos estilos que se encuentran, cada uno desde su posición. Como tantas veces, aunque sin ser los genios que estos han sido, uno que comienza y otro en al cumbre.
      Un fuerte abrazo :-)

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