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1812: Obertura, Guerra y Paz

Durante siglos, el ejercicio del poder y la construcción de los grandes imperios venía asociado a la guerra y al sometimiento de los pueblos vencidos. En esos mismos imperios y estados, pocos eran los que podían sentir que tenían una vida justa y desahogada.
La guerra y el sometimiento de los vencidos se convirtió durante una gran parte de la historia de la humanidad en parte consustancial de la existencia humana. El florecimiento de un impero o un estado se basaba en muchas ocasiones en el dominio y conquista de otros vecinos o rivales, la mayoría de las veces por la guerra, ya tuviera esta un cariz económico, religioso o ideológico. Para la población, la guerra se asumía como un mal necesario e inevitable.
Apenas si había voces que discreparan públicamente de semejantes situaciones, salvo algunas que se erigían como fuerza moral arriesgándose a cargar con las consecuencias de su acción.
Las dos grandes guerras que asolaron Europa y el mondo en la primera mitad del pasado siglo fueron la culminación de las luchas de poder que habían comenzado en las centurias anteriores. En el XIX, que comenzó con la Revolución Francesa unos años antes de comenzar el siglo, se asentó la figura de Napoleón Bonaparte, quien se quiso erigir en uno de los grandes militares y estadistas como los antiguos Alejandro Magno, Julio César o Carlomagno que llevara los frutos de la revolución a todo un continente, una vez más por la conquista y el sometimiento de los estados.
Dos obras nos acercan a este tiempo que se desenvuelve entre el conflicto bélico y la concordia, ambas de creadores rusos. Por un lado, nos acercaremos a una colosal novela de Tolstói, una obra en la que el escritor ruso vuelve a mostrar su pacifismo. Junto a ella, nos acompañará una pieza de Tchaikovsky, una obra de encargo que ha pasado a formar parte del repertorio de las grandes orquestas. Juntas forman un conjunto unido por dos visiones distintas y divergentes sobre el intento de Napoleón de conquistar Rusia.
Te propongo reflexionar sobre las guerras y sus consecuencias con dos obras imprescindibles: Guerra y paz de Tolstói y la Obertura 1812 de Tchaikovsky Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
 
Franz Roubaud, Batalla de Borodinó, Museo Panorama de la batalla de Borodinó.
Cuando Lev Nicoláievix Tolstói comenzó a escribir Voiná i mir (Guerra y paz) había transcurrido casi medio siglo de los hechos que se narran en la novela y el escritor tardó siete años más en completarla. La primera parte se publicó por entregas, una práctica habitual en la época, en la revista El heraldo ruso en 1865.
Hasta entonces los libros, que tenían un público eminentemente nacional, exaltaban y ensalzaban las guerras, pero Tolstói introdujo dos grandes novedades en la historia que narraba. Por una parte, incluyó una gran cantidad de personajes, algunos reales, otros ficticios, mostrando el punto de vista de su realidad social y personal, frente a unos libros anteriores que centraban todo el foco de atención en los grandes personajes.
Por otra parte, el escritor decidió mostrar el horror y el dolor que experimentan las personas durante la guerra y después de ella, incluyendo los traumas y secuelas que las guerras dejan en los protagonistas, tanto militares como civiles, y sus familiares y allegados. También protagonismo, además de militares, príncipes y nobles, soldados, siervos y personajes de toda condición social, con los que nos muestra diversos puntos de vista sobre lo que todos ellos experimentan con los conflictos.

Fotografía de Tolstói de 1868 cuando está terminando de escribir Guerra y paz, realizada en un estudio en Moscú.
Escrita en cuatro volúmenes, cada uno de ellos dividido en varias partes con sus capítulos correspondientes, Guerra y paz muestra un vasto mosaico que abarca desde 1805 hasta 1820, aunque se centra de modo especial en los meses alrededor de la batalla de Borodinó.
El primero de los textos que nos acompaña se halla en la segunda parte del volumen tercero y muestra una conversación entre dos de los principales protagonistas de la novela, Pierre Bezújov y el príncipe Andréi Bolinski, aunque en el extracto sólo se muestra el razonamiento de este último.


Basada también en la invasión de Napoleón en Rusia y en la batalla de Borodinó, nos encontramos con una obra maestra de Peter Illych Tchaikovsky, su Obertura 1812
La génesis de esta obra se gestó en 1880 cuando el zar Alejandro II preparaba a su país para celebrar el septuagésimo aniversario de los acontecimientos. Para ello mandó construir la Catedral de Cristo Salvador en Moscú, mientras el director del Conservatorio de la capital rusa, Nikolai Rubinstein, sugirió la composición de una pieza musical que se estrenara en la inauguración de la catedral. La obra se le encargó a Tchaikovsky que la comenzó a componer en octubre de 1880, finalizando la misma en seis semanas.
Se trata de una composición escrita para ser interpretada en el exterior de esta iglesia con un grupo de instrumentos particular, ya que está escrita para orquesta sinfónica, campanas de iglesia y cañones de salvas, aunque estos últimos suelen sustituirse, por razones obvias, por carillones o campanas tubulares y percusión. En algunas versiones, se incorporan también los coros que interpretan las melodías incluidas por el compositor.


La idea original de interpretar la obra en la plaza de la catedral con una banda de viento metal reforzando la orquesta, con las campanas de la iglesia repicando y los cañones de artillería disparando salvas fue desechada debido al asesinato del zar Alejandro II en marzo de 1881.
Así, el 20 de agosto de 1882 se estrenó esta obra con la dirección de Ippolit Altani, catalogada  como el Op. 49 de Tchaikovsky y que tenía el extenso título de El año 1812, obertura festiva para conmemorar la consagración de la catedral de Cristo el Salvador, aunque se la conoce como Obertura 1812. En el estreno se interpretó con una orquestación convencional, sin campanas, artillería ni coros y bajo una carpa, debido a que la catedral aún no estaba finalizada.
Nos acompaña el comienzo de esta Obertura 1812 en la versión instrumental sin coro en el que la orquesta reproduce la melodía de un coro religioso ruso, Dios, protege a su pueblo.


Tolstói se tomó muy en serio creación de su monumental novela. Para ello investigó con detenimiento el contexto en el que se desarrolla la historia leyendo relatos sobre las campañas napoleónicas procedentes de fuentes rusas y europeas y visitó el lugar donde se desarrolló la batalla crucial de la misma, Borodinó, a poco más de cien kilómetros de Moscú.
No sólo buscaba conocer el ámbito en que se desarrollaron los hechos y su exactitud histórica, sino que pretendía mostrar los defectos de las narraciones al uso, en la que los historiadores centraban los acontecimientos en la fuerza e importancia de los grandes personajes, los monarcas, políticos y militares, dejando de lado las historias de las personas que sufren las consecuencias de las decisiones que se toman en esos ámbitos. 
De esta forma, León Tolstói desarrolla en su obra el hecho de que por órdenes de los altos mandatarios cientos de miles o incluso millones de personas han debido de salir de sus hogares y matarse entre sí, pese a conocer todos ellos que matar a un ser humano es un hecho moralmente incorrecto y reprobable que en condiciones normales jamás harían.
Con esta obra, además, Tolstói realiza un cuadro que refleja la sociedad de su tiempo, una sociedad que es a la vez fascinante y decadente.


En el siguiente texto nos acerca a un detalle ocurrido durante la batalla de Borodinó, en la que, según se relata, Napoleón estaba resfriado. El razonamiento que acompaña la narración, de tintes filosóficos, incide en que la responsabilidad de quienes se adentran en una guerra no está sólo en los que incitan a ella, sino en todos los participantes en la misma. El argumento principal que utiliza es que en esa batalla Napoleón no disparó ni mató a nadie, pero fallecieron más de ochenta mil combatientes.


Cuando en 1891 Tchaikovsky viajó a Estados Unidos dirigió su Obertura 1812 en la gala de inauguración del Carnegie Hall en Nueva York. Desde entonces, una obra como esta que no tiene relación alguna con el país americano, suele estar en los festejos con que se suele celebrar la independencia el 4 de julio.
Con el paso del tiempo, una obra que celebraba el fracaso de la invasión napoleónica se ha convertido en un símbolo de la libertad, de la resistencia frente al poder opresor y conquistador.


Pese a todo, Tchaikovsky nunca se quedó satisfecho con esta composición hasta el punto que escribió a su mecenas Nadezhda von Meck que la obra era «fuerte y ruidosa, pero carente de cualquier mérito artístico, porque la escribí sin calidez ni cariño».
En varias ocasiones se ha utilizado en el cine, la última de ellas en V de Vendetta dirigida en 2005 por James McTeigue, en la que se utilizaba como parte de la banda sonora. También aparece en El club de los Poetas Muertos de Peter Weir en la que el profesor Keating -inolvidable papel de Robin Williams- solía silbar melodías de la obertura.
Nos acompaña el Allegro vivace con que finaliza la Obertura 1812 en una interpretación del concierto Voces para la paz celebrado en el Auditorio Nacional de Música el 13 de junio de 2010 bajo la dirección de Miguel Roa.
Comienza con melodías del himno francés, imitación de sonidos de la batalla, un cambio hacia melodías rusas que indican la retirada del ejército napoleónico, un canto coral del pueblo ruso y el apoteósico final con las campanas y cañones.


En nuestros días se muestra una opción difícil y complicada embarcarse en la lectura de una obra de tan descomunal extensión por la falta de tiempo del que disponemos. Sí puede afrontarse leyendo los libros que la componen de forma independiente, pasando a otras lecturas y volviendo en un tiempo prudencial de nuevo a ellos.
Más complicado lo tuvo la esposa de León, Sofía, quien trabajó en sus obras como copista, entre otros motivos, porque era la única persona capaz de entender su casi ilegible letra, quien además de escribir en las hojas y aprovechaba verticalmente los márgenes cuando estas estaban completas. Con los cambios que fue introduciendo y hasta llegar a la versión definitiva, hubo de copiarla nada menos que en veintiuna ocasiones.
La obra, que comenzó llamándose Año 1805, el momento en el que comienza la narración, finaliza quince años después, cuando Tolstói nos relata cómo continúan su vida algunos de los personajes principales, años después de la batalla de Borodinó en 1812, alrededor de la cual se sitúa el momento álgido de la obra. 
Los acontecimientos, en los que mezcla personajes históricos reales con otros ficticios, son narrados con la perspectiva que da el paso de casi medio siglo, lo suficiente para conocer las secuelas que un conflicto deja en quienes lo viven en primera persona o a través de familiares vivos o desaparecidos.
El propio título sugiere esa dualidad entre el caos y la destrucción que provoca la guerra y la tranquilidad, el sosiego, incluso la monotonía y el tedio de la paz. Pero Tolstói no sería él mismo si su obra no fuera también una suerte de tratado filosófico en el que desarrollar sus ideas sobre las guerras y sus horrores y consecuencias, el amor y el matrimonio o el derecho a la propiedad y, de modo particular, cómo los estudiosos transmiten la historia en sus tratados y estudios.
Guerra y paz es una obra que nos sumerge en la Rusia de comienzos del XIX, un tiempo lejano y desaparecido, pero que nos muestra un mosaico colosal, como nadie ha hecho nunca sobre un tiempo y una sociedad.


Tras el cuarto libro, el escritor ruso coloca un epílogo dividido en dos partes. En la primera muestra cómo se desarrolla la vida de los personajes principales en 1820, años después de finalizar la narración allá por 1812. La segunda parte, así como algunos momentos de la primera, es una disertación casi filosófica, en la que Tolstói reitera algunas de las ideas que ha ido desarrollando a lo largo de la obra.
Nos quedamos con el capítulo segundo de esta última parte de la novela en la que vuelve a desarrollar la idea de que el desarrollo de la historia de las sociedades y los pueblos no es cuestión de políticos, zares, reyes o gobernantes, sino que es producto de todas las fuerzas que participan en los hechos de una u otra forma.


Finalizamos esta publicación sobre los acontecimientos que generaron dos obras tan importantes como Guerra y paz y la Obertura 1812 con la audición de esta última en su versión completa. 
El comienzo viene marcado por la melodía religiosa de la Iglesia Ortodoxa Dios proteja a su pueblo que evoca la convocatoria para rezar por la paz que preconizó el Patriarca de la iglesia rusa, sabedor que el ejército de Napoleón era prácticamente invencible.
Le sigue una mezcla basada en la descripción del conflicto y los sentimientos de desesperación y euforia de los participantes, unido a los lejanos sones de La Marsellesa que representa el avance de los franceses. Los ejércitos se encuentran en Borodinó donde los franceses se imponen en una victoria pírrica.
La tercera parte comienza con otra melodía tradicional rusa que refleja el llamamiento del zar Alejandro I para que el pueblo defendiera a la Madre Rusia, aunque el himno francés vuelve a prevalecer.
Los rusos abandonan el camino hacia Moscú dejando la tierra arrasada para dificultar el avance y abastecimiento francés. La prevalencia de la música tradicional rusa que lucha contra la francesa inicia un crescendo que culmina con la victoria local, al tiempo que Moscú está asolada por los incendios. Al entrar en la ciudad arrasada un nuevo himno religioso ortodoxo que representa al famoso General Invierno para el que los franceses no están preparados, decide la confrontación.
Los invasores se retiran sin fuerza, sus atascados cañones con capturados y disparados por los rusos en señal de victoria, mientras de mezclan con el repicar de las campanas de las iglesias.

Nos acompañan dos versiones de esta Obertura 1812. Elige la que prefieras.
La primera, con coros, está interpretada por la Russian Bolshoi Symphony Orchestra, el Yuriov Chapel Choir of Russia dirigidos todos por Tomomi Nishimoto en una grabación que se realizó el 2 de enero de 2004 en el Conservatorio de Moscú.


La siguiente versión es más clásica, sin coro, pero con el acompañamiento de las campanas y las salvas de artillería en el exterior, con la dificultad que supone coordinarlas con la música. Es una grabación histórica que se interpretó en 1990 en una gala que celebraba el ciento cincuenta aniversario del nacimiento de Tchaikovsky con la Orquesta Filarmónica de Leningrado y la dirección de Yuri Temirkanov. Al finalizar en la que aparecen algunos de los intérpretes invitados a la gala de la que esta obra formaba parte del programa: El violinista Itzhak Perlman o la soprano Jessie Norman, entre otros.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  •  Tolstói, León. Guerra y paz, Editorial El Aleph, traducción de Lydia Kúper Fridman, 2010.

El inexorable paso del tiempo

Hay momentos de la vida que se convierten en puntos de inflexión que determinan cómo se configura ésta a partir de esos instantes.
En ocasiones se trata de acontecimientos inesperados e incluso accidentales que nos marcan el devenir, como conocer a una persona que va a ser parte fundamental en nuestra vida, el fallecimiento de personas cercanas a nosotros o el hecho de encontrar un trabajo que colme o no nuestras expectativas.
En otros casos, se trata de situaciones que entran dentro de las decisiones que tomamos o situaciones plenamente asumidas, como tomar la decisión de vivir en pareja, tener hijos, cambiar de trabajo o domicilio o algunas más que entran dentro de las iniciativas que se toman y asumen, tanto de forma individual como de proyecto de vida con nuestra pareja.
Estas situaciones se muestran plenas de cambios que asumimos de forma súbita, natural y consciente, o nos llevan a realizarlos de forma gradual, inconsciente o con rebeldía para adaptarnos a la nueva realidad.
Son momentos que invitan a la reflexión con una mirada crítica al pasado, la adaptación hacia la situación presente y la creación de proyectos y su planificación hacia el futuro, buscando una situación ideal que el tiempo y las circunstancias harán que fluyan de una manera o de otra.
Te invito a unas reflexiones sobre el paso del tiempo y su aprovechamiento y cómo nos afecta en determinadas circunstancias. Nos acompañan Séneca, San Agustín, Mario de Andrade, Ennio Morricone, Mercedes Sosa y Joan Báez. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere!


Vivimos esclavizados por el trabajo, el calendario y el reloj. Nuestros días están ocupados de antemano, nuestras relaciones familiares y personales se resienten de ello y el tiempo libre se minimiza. Entre tanta vorágine, apenas si nos queda tiempo para la reflexión sobre lo que nos ocurre, la dirección en que queremos caminar, los principios en los que nos proponemos basarnos o la realización personal.
¿Qué es el tiempo? ¿Qué sabemos de él?
Nos quedamos con una reflexión extraída de una obra que, aunque tiene un sentido fundamentalmente teológico, también nos acerca al pensamiento de la filosofía.

Philippe de Champagne. Saint Augustin (alrededor de 1645-1650), Los Angeles County Museum of Art
Agustín de Hipona, nacido en el año 354 en Tagaste, en la actual Argelia, centró sus esfuerzos en la búsqueda de la verdad y de la auténtica felicidad tras obtener el cargo de Maestro de Retórica en de Milán en medio de una vida disipada. Allí, tras buscarlas por diversas fuentes -la astrología, el escepticismo o el maniqueísmo-, se encontró con San Ambrosio, quien le dirigió a conciliar la razón de la antigüedad clásica con la fe cristiana. 
A partir de ese momento, Agustín decidió poner en práctica una vida de continencia en el retiro de una comunidad monástica, aunque hubo de adaptarse a adoptar las funciones que la Iglesia le propuso como obispo de la ciudad de Hipona. Con sus escritos, San Agustín se convirtió en la mente más brillante del pensamiento religioso del primer milenio de nuestra era.
Escrita a los cuarenta años, sus Confesiones es un libro dividido en trece partes en el que reflexiona sobre su juventud disoluta y cómo se convirtió al cristianismo, siendo considerada la primera autobiografía escrita, aunque trate tan sólo de la primera parte de su vida, aportando información sobre la evolución de su pensamiento durante este tiempo, convirtiéndose también en un escrito sobre teología y filosofía.
En el Libro Xi, San Agustín reflexiona, a mitad de camino entre los puntos de vista teológico y filosófico sobre el concepto del tiempo.


Tras esta reflexión nos acercamos a una música que no entra en las que habitualmente suelen formar parte de este blog. Es una música que se relaciona con el tiempo pasado presente y futuro por el agradecimiento, por esa mirada a las cosas que nos rodean desde la sencillez y la bondad.
Una relación que se verá más clara más adelante y que sale del fondo del alma y del corazón agradecido.
Se trata de Gracias a la vida, basada en un poema de Violeta Parra que  hizo popular Mercedes Sosa. En esta ocasión, se trata de una versión que cantó junto a Joan Báez en el Anfiteatro romano de Xanten, en Alemania, en un concierto en directo que  se celebró el 5 de junio de 1988.


¿Disponemos de tiempo para lo que deseamos? ¿Es nuestra vida demasiado corta para todo lo que queremos realizar? O quizás, ¿aprovechamos o no el tiempo que tenemos?
Son preguntas que no son actuales, sino que han sido planteadas y enunciadas continuamente desde hace siglos. 


Nacido en Corduba el año 4 antes de nuestra era, Lucio Anneo Séneca fue un filósofo y político procedente de una familia acomodada de la Bética romana, hijo de un prestigioso retórico, que fue educado en esta disciplina además de la filosofía, dentro de la rama del estoicismo. Casualmente, coincide en época, pensamiento y conspiración con la publicación anterior de este blog: Epicteto y su "Manual" de vida.
En efecto, Séneca, como buen hombre de pensamiento y de acción, emprendió una carrera política ejerciendo como abogado, además de ser nombrado cuestor, lo que le generó la envidia del emperador Calígula, quien los desterró a Córcega. A su fallecimiento, fue nombrado preceptor del joven Nerón que, cuando sucedió a Claudio lo elevó al rango de uno de sus consejeros más cercanos. Menos de una década después, en el año 62 se retiró de la vida pública al saberse incapaz de controlar los despóticos actos del emperador. Tres años después, acusado de participar en la conspiración de Pisón (a la que se hizo referencia en la citada publicación anterior), el emperador le ordenó suicidarse, una disposición que el filósofo acató como una forma de liberación de los sufrimientos que tenía y de los que le esperaban.
Autor de diversas obras filosóficas, como sus Consolaciones a varios destinatarios, las Epístolas morales a Lucilio o los Diálogos, así como otras de carácter literario como sus tragedias, nos acompaña una de las pertenecientes al primer grupo.
El tratado De brevitate vitae (De la brevedad de la vida) pertenece a los Diálogos y está dedicado a Paulino -quizás su cuñado-, explica en ella que el espacio que vivimos no es vida, sino tiempo, defendiendo que su duración solo es breve para aquellos que la malgastan en actividades que lo alejan de cuestiones fundamentales. Así, desconocen el valor del tiempo al no controlar el pasado, el presente se les escapa de las manos y tienen pánico hacia el futuro. 
El texto que nos acompaña nos acerca al comienzo de este tratado en el que el filósofo cordobés comienza a desarrollar esta idea.


Este tiempo que vemos que va transcurriendo, que a veces se nos presenta como escaso, también tiene sus etapas que marcan nuestra vida. Hay momentos -circunstancias- en que se producen cambios significativos en nuestra vida que van a determinar nuestra situación y cómo utilicemos y aprovechemos el tiempo.
Hace unos días, después de más de cuarenta años trabajando como maestro, mis antiguos y actuales compañeros del colegio tuvieron el detalle de despedirse de mí al finalizar mi etapa laboral durante una comida, emotiva, como no podía ser menos.
Gracias a todos por todo.
Echar la vista al tiempo pasado y comprobar cuánto he aprendido de cada uno de ellos, de su forma de ser y de aportar a la marcha de la comunidad educativa y los cambios que se han producido a la hora de trabajar durante las últimas décadas; ver en el tiempo presente los cambios pedagógicos y estructurales que se están llevando a cabo del que he formado parte y que, ya comienza a formar parte del pasado. Y pensar que hay un futuro que no tiene tiempo que desaprovechar ni momento que dilapidar.


En esa comida que marcaba el fin de una etapa Tere tuvo el detalle de dedicarme un poema que iba dirigido también a muchos de los presentes y que me parece oportuno compartir en esta publicación del blog.
Mario de Andrade (1893-1952) fue un poeta, musicólogo, ensayista y novelista brasileño, impulsor del Modernismo brasileño.
Apasionado de la música y la literatura, estuvo estudiando piano en el Conservatorio de Sao Paulo con la intención de ser concertista, hasta que un accidente deportivo acabó con la vida de su hermano, lo que le sumió en una depresión que generó un temblor en la mano que le hizo abandonar la carrera de intérprete musical, dedicando sus esfuerzos al estudio de la música folclórica brasileña, alternando con la escritura de poemas y ensayos.
Con el Grupo de los cinco fue uno de los impulsores de la Semana de Arte Moderno celebrada en Sao Paulo en 1922.
Entre sus obras destacan A escrava que nào é Isaura (La esclava que no es Isaura), un manifiesto sobre el modernismo; Macunaíma, su obra más conocida, una novela donde, con los elementos del folclore a través de un antihéroe negro y rústico que representa al pueblo brasileño, genera un diálogo entre los indios del Amazonas y la cultura europea.
Crítico con el gobierno autoritario de Getulio Vargas, Mario de Andrade falleció de un infarto de miocardio el 25 de febrero de 1945 con cincuenta y dos años de edad. Su mayor reconocimiento nacional e internacional se produjo a partir de 1955 cuando se publicaron sus Poesías completas.


Dentro de esta antología encontramos la obra que nos acompaña, Mi alma tiene prisa, un poema que se conoce también con títulos tan dispares como Golosinas, por su alusión a la infancia desde los primeros versos, o El valioso tiempo de los maduros.
En la referida ocasión, Tere Guerra fue acompaña por Pablo Espinosa que interpretó una de las piezas más reconocibles de la música de cine, Gabriel's Oboe de Ennio Morricone para La Misión
En esta ocasión, la interpretación de Pablo fue con saxofón y te propongo escucharla mientras lees los versos de Mario de Andrade
El enlace de audio pertenece a The Mission: Music from the motion picture de Virgin Records Limited, 1986.


Mi alma tiene prisa, un regalo de Teresa y Pablo para compartir con vosotros.


Sí, estoy jubilado.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Agustín de Hipona, San. Confesiones, traducción de Ángel Custodio Vega, P. Ribadeneyra, Editorial Austral, Colección Clásica, Barcelona, 2017.
  • Séneca, Lucio Anneo. De la brevedad de la vida. FV Editions, Ebook.

Epicteto y su "Manual de vida"

Nuestra vida está marcada por el estrés que nos produce nuestro trabajo, un calendario y un horario asfixiantes que no nos dejan tiempo más que para tener prisas y remordimientos o las presiones sociales que aceptamos -o no- y nos imponemos. A este cúmulo de situaciones podemos añadirles una situación a nivel mundial cambiante e inestable, una crisis de valores profunda y, en los últimos años, una regresión en conceptos que nos parecían tan arraigados como el valor del diálogo, la paz o el respeto por los derechos humanos.
Un paralelismo nos puede acercar a la situación que se daba hace dos mil años en el Imperio Romano, en que sus habitantes, ya fueran patricios, gentiles o esclavos, estaban sometidos a este tipo de situaciones e incertitudes. Nos podemos plantear que este paralelismo acaba de diluirse pronto y que apenas se da en la actualidad, pero podemos considerarlo en lo accesorio y accidental y que en lo fundamental encontramos más similitudes que diferencias.
En aquellos momentos se buscaban las respuestas en materias como la filosofía, mientras en nuestro tiempo lo hacemos de diversas maneras. Mientras unos buscan la afirmación en la negación de ideas diferentes a las suyas -véanse la proliferación de haters en las redes sociales-, otros lo hacen en la afirmación por los iguales -desde la búsqueda de noticias y pensamientos similares a los suyos-, mientras que otros se acercan a libros de autoayuda para acercarse al auto conocimiento y otros, por fin, luchan por gestionar su propio crecimiento personal. 
Hace dos mil años, Epicteto, un liberto y filósofo del imperio romano, reflexionó con sus discípulos sobre la relación entre el bien y el mal y nuestro libre albedrío y su dependencia de las cosas externas, unas ideas que se han ido repitiendo hasta nuestros días y que tienen vigencia entre nosotros. Son unas reflexiones que se repiten en multitud de libros de autoayuda y que lo han convertido en un clásico en nuestros días, puesto que sus palabras siguen estando vigentes y siguen hablándonos en nuestros días.
Te propongo acercarte a algunas reflexiones que Epicteto expresó hace dos mil años y que nos sirven hoy en día para nuestro propio conocimiento. Nos acompaña música de Beethoven, Händel y Vaughan Williams. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Aunque no conocemos su verdadero nombre de nacimiento, Epicteto proviene del término griego epiktetos que significa «adquirido» o «comprado». Nacido alrededor del año 55 d. C. en Hierápolis, en la Frigia, actual Turquíasiendo niño llegó a la península Itálica como esclavo donde sirvió a Epafrodito, secretario de Nerón, un personaje con quien no tuvo buena relación, según algunas referencias que dejó en sus discursos recogidos en la obra DiatribasEpicteto era rengo, cojeaba de una pierna y, aunque no se sabe con certeza si era un defecto de nacimiento, hay indicios de que pudo haber sido ocasionada por las continuas amenazas y el maltrato de su amo.
Aún con su condición de esclavo, fue discípulo del filósofo estoico Musonio Rufo, con quien entró en contacto con la filosofía de los estoicos.


En aquel tiempo, la filosofía no era una disciplina, ni una estructura de saberes agrupados en torno a una profesión o a una actividad literaria, sino una forma de entender la vida, en esencia, un arte de vivir. Así, el fin de la filosofía no era alcanzar unos estudios, un título u obtener unos ingresos al enseñarla, sino que era una forma de conseguir un enriquecimiento personal, una forma de ser más razonable, más justo, más honesto y más libre. 
El estoicismo fue fundado por Zenón de Citio a partir de la filosofía de los cínicos. En ambas escuelas se reflexionaba sobre la separación del bien y el mal, el desapego de temas como la riqueza o el éxito social y la ataraxia, la serenidad de espíritu. Estas escuelas fueron las que dominaron el pensamiento en la Roma del primer siglo de nuestra era, aunque eran consideradas un peligro para el pensamiento, hasta el punto que algunos filósofos fueron desterrados por Nerón, mientras, más adelante, Vespasiano y Domiciano expulsaron a todos los filósofos al considerar que sus enseñanzas atentaban contra los principios del imperio.
Nos acompaña el Enquiridión o Manual de vida de Epicteto, una obra que hay que situar en esta reflexión ética del pensamiento, una obra que recoge parte  del pensamiento de Epicteto.
Conocer lo que podemos o no podemos controlar, buscar una vida plena o definir la persona que queremos ser desde la reflexión y la contemplación, entra dentro de estas reflexiones, de las que nos acercamos a la primera de ellas. En estos pensamientos, Epicteto extrae sus ejemplos de la vida cotidiana de su tiempo, pero que podemos trasladar sin esfuerzos a nuestras vivencias. 


Insertado en este pensamiento filosófico, hay obras musicales que nos acercan a sus planteamientos y que nos ayudan a reflexionar mientras las oímos o vamos leyendo.
La primera pieza musical que nos acompaña pertenece a un conjunto de piezas de escritas como música incidental para acompañar una representación teatral.
Beethoven compuso la música para una representación de la tragedia Egmont de Goethe formada por una obertura y nueve piezas más para voces de soprano, narrador y orquesta sinfónica. De ellas es la obertura el número más interpretado, formando parte del repertorio habitual de muchas orquestas.
Compuesta entre 1809 y 1810, este Op. 84 se estrenó en Viena en junio de este año con éxito de público y crítica, narrando la historia del Conde de Egmont, héroe nacional de los Países Bajos y su lucha contra los españoles que finaliza con su encarcelamiento y muerte.
El estilo grandilocuente de Beethoven, la elevación de pensamiento que muestra la orquesta frente a las frases que enuncian los vientos individualmente, nos muestra una música enérgica, oscura para la tiranía con sonidos heroicos de la revolución que finalizarán con los acordes de la victoria moral.
La interpretación corre a cargo de la Radio Filharmonisch Orkest del Concertgebouw de Amsterdam dirigida por Karina Cnellakis en una grabación que se realizó el primero de marzo de 2020.


Igual que su admirado Sócrates, Epicteto no dejó nada escrito, sino que sus enseñanzas han llegado hasta nosotros gracias a sus discípulos, sobre todo gracias a Lucio Flavio Arriano, un joven de familia adinerada que sobre el año 108 viajó desde su Nicomedia natal en Asia Menor hasta la escuela de Epicteto para recibir sus enseñanzas de retórica y filosofía. Arriano de Nicomedia, que llegaría a ser un político influyente y uno de los escritores más brillantes de su época recopiló y publicó obras sobre las enseñanzas del filósofo estoico.
Apenas quedan muestras de estas enseñanzas como son las siguientes:
-Los cuatro libros de Diatribas, un conjunto de discursos del pensador recogidos de viva voz por Arriano durante los mismos, aunque no parece que estén completos, puesto que en el Manual hay textos que no aparecen aquí.
-El Enquiridion o Manual, que presenta un extracto de las ideas recogidas en las Diatribas.
-Veintinueve fragmentos más sobre el pensamiento de Epicteto, recogidos por diversos autores: Stobeo (23 de ellos), Aulo Gelio (2), Arnobio (1) y el emperador Marco Aurelio (3).
Las copias sueltas de Arriano fueron circulando entre amigos y conocidos, por lo que él mismo decidió unirlos en una publicación que él denominó Disertaciones de Epicteto que tuvieron tanto alcance que volvió a reelaborarlas en forma de razonamientos y sentencias más o menos breves, dando forma definitiva a este Enquiridión o Manual de vida.


De esta forma, la naturaleza de este escrito no es un tratado rigurosamente reglado, sino un conjunto de notas que Arriano fue tomando cuando escuchaba a Epicteto«De cualquier cosa que decía, yo tomaba nota de su pensamiento y de la sinceridad de su discurso, palabra por palabra y para mi propio uso».
También refleja que el filósofo no era vanidoso, y que, en sus discursos, «no aspiraba a más, sino a mover los ánimos de los oyentes hacia las cosas mejores».
Nos acompaña a continuación una serie de reflexiones más escuetas, algunas casi aforismos, que aparecen numeradas tal como vienen en el manual.


En ocasiones no somos capaces de apreciar lo que vemos y nos rodea. Una mirada simple y sincera, quizás más detenida de lo habitual nos ayuda a centrarnos en nuestro conocimiento y en valorar lo que nos acompaña.
Es lo que nos ocurre con la música que nos acompaña a continuación y en la que podemos detenernos durante unos minutos. En su ópera JerjesGeorg Friedrick Händel hace que el protagonista se fije en algo de lo más sencillo, un plátano, un árbol bajo cuya sombra se cobija del calor.


La pieza es el primer aria de la ópera, cantada por el propio Jerjes que, en el original, estaba interpretado por una voz de soprano, en aquel tiempo por un castrato. 
En esta ocasión, se trata de una grabación en formato de video clip realizado por Olivier Simonnet con la mezzo soprano romana Cecilia Bartoli acompañada por Il giardino armonico dirigido por su alma mater Giovanni Antonini y recogida en su álbum Sacrificium: El arte de los castrati.


El trato de Epafrodito no hubo de resultar agradable a Epicteto, pues en ocasiones se refiere a amenazas como «puedo encadenarte» o recuerda los malos tratos que reciben sus esclavos con un «recibirá golpes o no tendrá comida».
Indirectamente, Epicteto nombra en sus discursos la libertad, un estado al que aludió en diversas de ocasiones, incluso hablando de los esclavos fugitivos, al preguntarse: «¿Con qué cuentan al huir de sus dueños? ¿Con campos, servidores o vajillas de plata? Con nada, sino con ellos mismos».
Pese a todo, Epafrodito le permitió asistir a las lecciones de Musonio Rufo, un maestro estoico exigente como aparece en las Disertaciones, al mencionar que decía que los jóvenes filósofos se aferraban a la doctrina estoica cuanto más se les desairaba. Al propio Epicteto lo provocaba diciéndole los castigos que iba a infringirle su amo a lo que éste le respondía de una manera muy estoica: «¡Cosas humanas!»
Más adelante, Epafrodito le concedió la libertad y, aunque no se sabe cuándo, en el año 94 ya era libre. Tras una intervención de Musonio Rufo en la política y por haber participado en la conjura de Pisón, fue expulsado en varias ocasiones, la última de ellas por Domiciano junto con otros filósofos estoicos.

Epicteto. World History Encyclopedia. Retrieved from https://www.worldhistory.org/image/3388/epictetus
Tras su exilio, el liberto Epicteto se estableció en Nicópolis, una ciudad del noroeste griego, donde impartió clases de ética y moral a un grupo de alumnos entre los que se encontraba Arriano. Además de tratar en sus reflexiones sobre lo que está bajo nuestro control o fuera de él, razonó sobre dos conceptos básicos: el de la Prohairesis -que se puede traducir como voluntad o libre albedrío-, que nos distingue de los demás seres vivos, y la Dihairesis, una idea que toma de Sócrates y Platón, que es el método que utiliza nuestro libre albedrío para distinguir lo que está bajo nuestro control de lo que está fuera de él. 
En esencia, el pensamiento de Epicteto nos habla de que somos nuestro propio bien y nuestro propio mal, puesto que la facultad de elegir se haya en nuestro propio albedrío. Como consecuencia de su filosofía, no debemos consentir que las cosas externas influyan en nuestras decisiones ni alteren nuestro estado de ánimo, pues al estar fuera de nuestro control, no podemos evitar que ocurran, pero sí podemos permitir o evitar que nos afecten. Si conocemos la naturaleza de las cosas nos encontraremos en condiciones de llevar una vida equilibrada y serena.
El texto que sigue nos habla de las reglas morales que hemos de imponernos a nosotros mismos y la aplicación de los principios morales que deben regir la filosofía.


El último de los pasajes musicales está pleno de equilibrio y serenidad. Se trata de una música que nos puede servir como fondo de meditaciones a estas palabras o como punto de inflexión al que dedicar unos minutos de atención plena.
Se trata de la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis, un desarrollo puro, intenso y emotivo sobre una melodía del compositor inglés del siglos XVI que de Ralph Vaughan Williams compuso a comienzos del pasado siglo.
La interpretación corre a cargo de la Toronto Symphony Orchestra dirigida por Peter Oundjian en una grabación que se realizó en el Koerner Hall de la ciudad canadiense dentro del Toronto Summer Music Festival.


Epicteto vivió solo y pobre mientras impartía sus enseñanzas en Nicópolis, contándose entre sus datos biográficos que, ya anciano, recogió a un niño abandonado a quien le proporcionó una mujer para que lo cuidara. Su escuela fue tan conocida que el emperador Adriano se trasladó hasta ella para visitarlo en los últimos días de su vida. 
Su fallecimiento ocurrió hacia el 135 de nuestra era cuando el antiguo esclavo rondaba los ochenta años de edad.


El nombre del libro que nos acompaña, el Manual de vida o Enquiridión, proviene del término griego Enchiridion que aludía a todo objeto que puede agarrarse con una mano, el puño o un mango. Está formado por la preposición «en» y el adjetivo «chiridion» que procede del sustantivo «chir» (mano), un significado que alude a todo lo que se puede coger en o con la mano, de donde pasó a designar objetos como «puñal».
Más adelante toma la acepción del libro que, pudiéndose llevar en la mano o teniéndolo a mano, trata de lo más sustancial de un asunto, es denso en el sentido que contiene mucha doctrina o materia. Este es el sentido de Enquiridión, como Manual, un libro que tener a mano y que recoge los principios del pensamiento filosófico de Epicteto.
Este Manual de vida comenzó a adquirir más popularidad que las Diatribas a partir del siglo IV, como la versión de San Nilo que pasó a servir de modelo para la vida cristiana, o los Comentarios de Simplicio en el siglo VI.
En 1453 fue traducido al latín por Peretti, mientras que a finales de ese siglo una nueva traducción latina de Anelo Poliziano sirve de base para nuevas traducciones y comentarios del Manual. Incluso el propio Francisco de Quevedo llegó a publicar una versión en verso del Inquiridión como Doctrina de Epicteto puesta en español con consonantes. En nuestro tiempo, las enseñanzas de Epicteto se utilizan, deslavazadas y sueltas, en diversos libros de autoayuda.


El último de los textos que nos acompaña de este Manual de vida de Epicteto nos ofrece unos consejos tan válidos en el tiempo en que fueron explicados oralmente como en la actualidad.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

MusiMáticas y PoeMáticas

A nuestro alrededor descubrimos todo el mundo que nos rodea cuando lo percibimos gracias a nuestros sentidos. El lugar en que vivimos se nos torna cada vez más familiar, las personas que nos rodean las reconocemos gracias a cada uno de esos sentidos: el sonido de su voz, el timbre particular de las mismas, el tacto y el olor inconfundible de las personas más cercanas a nosotros, o los paisajes que nos atraen cuando los contemplamos nos ayudan a conformar nuestro universo.
Pero también reconocemos el mundo con nuestra inteligencia y sus capacidades mentales: el cariño o la aversión que nos produce una persona, el placer que nos produce leer un libro o escuchar música.
Dentro de estas capacidades que mueve nuestra inteligencia, nos encontramos con otras abstracciones que nos ayudan a conformar nuestro mundo: los números y otro conceptos matemáticos como son las magnitudes de las medidas, la geometría que refleja e imita las formas que nos rodean.
Así, nos gusten más o menos, las matemáticas son parte fundamental de nuestra vida, tanto en forma activa (utilizándolas conscientemente en compras, recetas…) o en forma pasiva (al manejar un aparato electrónico al que damos órdenes con nuestros dedos sin saber cómo envían estos las órdenes que se ejecutan…).
Así, uno de los números más conocidos, el número pi, ya sabemos, 3’1415927…, tiene fijado su día internacional el 14 de marzo de cada año, siguiendo su fecha en el calendario 3-14. Ya le dedicamos una entrada en este blog en ¡Feliz día, Número Pi!, donde recogíamos poemas y músicas dedicados a él y a las matemáticas en general.
En esta ocasión, volvemos a celebrar esta efeméride con una publicación dedicada al mismo tema, unir las letras y las músicas con las matemáticas, relacionando estas disciplinas entre sí con generando lo que podríamos denominar las MusiMáticas y las Poemáticas.
Te propongo celebrar el Día del Número Pi y el Día de las Matemáticas, el 14 de marzo, con músicas y textos que unen las matemáticas con la música y la poesía. Nos acompañan obras de Neruda, Pedro Salinas y Oulipo y músicas de Wagner, Bartok y Bach. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere!


El Día del Número Pi se celebró por primera vez en el año 2009 por iniciativa de la Cámara de Representantes de Estados Unidos para recordar y celebrar la importancia que tiene esta constante matemática, la más conocida y utilizada de las que existen. También se ha convertido este día, por extensión en el Día Internacional de las Matemáticas, como una. Forma de llamar la atención hacia esta disciplina tan fundamental en nuestras vidas.

Pablo Neruda publicó sus Odas elementales en 1954 como una suerte de culminación de su Canto General, y que tendría su continuación en Nuevas Odas Elementales (1956), el Tercer libro de Odas (1957) y Navegaciones y regresos (1959).
El libro recopila las odas que el poeta publicó semanalmente en el periódico venezolano El Nacional y fueron escritas cuando el poeta chileno se encontraba en plena madurez poética. Con el nombre que Neruda dio al libro reconoce y señala que son cantos sencillos hacia materias y objetos simples y humildes a los que se muestran sentimientos elevados.


El ámbito de estas odas es variado, encontrando algunas de tema geográfico (como las Oda a las Américas, a Guatemala, a Río de Janeiro o a Leningrado), dedicadas a las plantas (a la alcachofa, a la cebolla, al tomate o a la flor azul), a seres animados (a las aves de Chile, al hombre sencillo, a los poetas populares o a la pareja), a seres inanimados (como el edificio, al libro, al hilo, a los minerales, al pan o al traje), y también a distintas ideas abstractas (Oda a la alegría, a la claridad, al murmullo, a la tristeza o al amor).
Entre estas últimas encontramos la Oda a los números en que Neruda reflexiona poéticamente sobre los números incontablemente contados en nuestras vidas para exaltarlos y desdeñarlos, para quererlos, necesitarlos y repudiarlos.


Otro concepto matemático al que nos acercamos es el de las figuras geométricas, fijándonos fundamentalmente en las elementales: círculos, triángulos, cuadriláteros o cualesquiera de estas figuras básicas.
En este sentido nos acercamos a Richard Wagner y la segunda ópera de su tetralogía El anillo de los Nibelungos, La Walkiria.
En el final de esta ópera Brunilda, una de las hijas de Wotan que defienden el Walhala, la morada de los dioses a donde llevan el alma de los guerreros caídos en a batalla, se enfrenta a su padre que la castiga al destierro desposeyéndola de su condición divina. Quedará dormida sobre una roca y será de quien la encuentre y despierte. Ante esta condena, ella defiende que incumplió la orden de su padre Wotan para cumplir sus deseos, a los que su esposa Fricka le obligó a renunciar, además de que ayudó a Siegmund y Sieglinde al conmoverse ante su amor y no poder negarles la ayuda.


Así logra aplacar su ira y accede a que Brunilda solo sea despertada por un héroe. Entonces besa a su hija en los ojos y la deja sumida en un sueño profundo. Después invoca a Loge, el dios del fuego, para que proteja a su hija con un anillo de fuego mágico que sólo podrá ser atravesado por un héroe que no conozca el miedo y que sea más libre que el propio dios. Con esta escena finaliza la ópera, dando pie a la tercera de las obras de la tetralogía que trata de ese héroe: Sigfrido.
Nos acompaña una versión bilingüe de esta tercera escena y última escena de tercer acto con el que finaliza La Walkiria de Wagner.


El término Pi (π) es la inicial de la palabra griega περιφέρεια que tiene el significado de periferia y fue empleado por primera vez por el matemático inglés William Oughtred, que fue quien también generalizó el uso de la x como incógnita.

Vasily Kandinsky, Composición 8 (1923). Guggenheim Museum, Nueva York
Quizás la obra más conocida y donde más profunda se siente la poesía de Pedro Salinas sea en La voz a ti debida (1933), un poemario que toma su nombre de un verso de su admirado Garcilaso de la Vega y que influyó en los escritores de la postguerra.. 
Se trata de un extenso poema de amor escrito con un lenguaje nítido y sencillo en el que utiliza el habla cotidiana para unir una sensualidad refinada con un conceptualismo pleno de sugerencias.
Inspirado en la relación con Katherine Reding, una estudiante norteamericana a la que impartió clases en Madrid y con la que volvió a relacionarse años después cuando el escritor se exilió en Estados Unidos. Ella se convertirá en la voz, la razón de ser y el largo lamento del poema, además de proporcionar la imagen de una sociedad en la que el prejuicio será mejor y mayor la libertad.
Entre los versos 702 y 739 de La voz a ti debida encontramos estas estrofas que nos acercan, inexorablemente, al mundo de las relaciones matemáticas y la conexión con la vida.


La siguiente relación con las matemáticas nos acerca a la serie de Fibonacci. Esta secuencia o sucesión fue planteada en el siglo XIII por Leonardo de Pisa, conocido con ese sobrenombre, y a cada uno de sus elementos se les conoce como número de Fibonacci. La serie está formada por los dos primeros números naturales 0 y 1 y cada uno de los siguientes es la suma de los dos anteriores. De esta forma los primeros números son:

0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233, …

Aunque la sucesión de Fibonacci fue planteada como la solución a un problema de cría de conejos, tiene multitud de aplicaciones en las ciencias. Una de ellas es la denominada proporción áurea, según la cual, al dividir un número de la serie entre el inmediatamente inferior se obtiene siempre el resultado de 1,618, mientras que si se divide con el inmediatamente mayor, el cociente se aproxima a 0,618.
Una aplicación de esta proporción es la espiral áurea que se crea dibujando arcos circulares que conectan las esquinas diagonales de los cuadrados ajustados a los valores numéricos y adosando cuadrados sucesivos de estos valores.


El pianista y compositor húngaro Béla Bartók creó a comienzos del siglo XX su Escala de Fibonacci al numerar cada nota de la escala cromática con un número y obteniendo la siguiente escala:
Esta Escala de Fibonacci la utilizó en su obra Música para instrumentos de cuerda, percusión y celesta.
La Berliner Philharmoniker bajo las órdenes de Pierre Boulez interpreta una sección de esta obra en una grabación realizada en junio de 2009 en su sede berlinesa.


El siguiente texto no pertenece a un autor, sino a OuLiPo. En Sé verlas al revèS y otros palíndromos apareció una obra de OuLiPo, un acrónimo de Ouvroir de Littérature Potentielle (Taller de Literatura Pontencial), un colectivo de escritores que se fundó en 1960 por iniciativa del literato Raymond Queneau y el matemático François Le Lionnais y al que se unieron entre otros Georges Perec o Italo Calvino.
El manifiesto OuLiPo proponía el uso de  técnicas y recursos literarios estimulantes y creativos, además de la búsqueda de autores, incluso anteriores, que cumplieran estos requisitos y presupuestos liberando a la literatura de estructuras rígidas.
El texto que nos ocupa, no exento de creatividad y sentido del humor, nos acerca a otro concepto matemático, la Cinta de Moëbius a partir de un poema escrito en dos estrofas cuyo significado cambia al escribirlo en la citada cinta. ¿Te animas a comprobarlo?


Sabemos que la música tiene una relación estrecha e indisoluble con las matemáticas. La duración de las notas y la relación entre unas y otras o la vibración de las notas (la nota La, con la que se suele afinar vibra 440 veces por segundo, es decir, 440 hertzios) son conceptos puramente matemáticos.
En un trabajo reciente se ha estudiado la música de Johann Sebastian Bach como una de las que más nos acercan a las matemáticas y, aunque esta disciplina no suele afectarnos de forma emocional, la música de Bach, y toda la música en general, nos toca las emociones de forma intensa hasta el punto de conmovernos. Este trabajo busca comprender como la música bachiana nos transmite este mensaje emotivo gracias a las estructuras matemáticas.


Analizando varios centenares de obras como las corales y tocatas del compositor barroco, los responsables del estudio que apareció en la Physical Review Research encontraban una serie de redes musicales que transmitían información a los oyentes que se relacionaban con la entropía de la información, un concepto introducido por el matemático Claude Shannon en 1948, según el cual, un mensaje puede ser cualquier cosa que transmita información, desde una secuencia de números hasta una pieza musical.
Finalizamos esta publicación que relaciona la música y la poesía con las matemáticas con una de las obras más conocidas de Johann Sebastian Bach, el primer movimiento de su Segundo Concierto de Brandemburgo con la Freiburg Baroque Orchestra con Gottfried von der Goltz al violín, Friedemann Immer a la trompeta, Isabel Crijnen en el registro y Katharina Arken al oboe.

¡Feliz día del Número Pi! ¡Feliz día de las Matemáticas!

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Bibliografía y webgrafía consultadas: