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¡No puedo con tanto estrés!

Vivimos rodeados e inmersos en situaciones de estrés. Además de unas grandes dosis de incertidumbre y volatilidad, recordemos el concepto de la modernidad líquida de Zygmunt Bauman, nuestro tiempo y nuestras vidas están marcados por una situación tan moderna y tan actual como el estrés.
Según el diccionario de la R.A.E., el estrés se define como la «tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves».
Así, el estrés surge como un estado de tensión, tanto física como emocional, originado como una reacción a una presión exterior que puede ser negativa o positiva, y que, en su esencia, constituye un estado de defensa que, en las dosis adecuadas, ayuda a nuestro organismo a reaccionar y adaptarse a las situaciones que lo provocan.

Suprimir el estrés de la vida implica deshacerse de un mecanismo de supervivencia. En ese sentido, la clave no es eliminar el estrés, sino aprender a gestionarlo.
Mario Alonso Puig

Con esta idea, tener un nivel de estrés adecuado contribuye a ayudarnos a actuar ante las situaciones, retos y estímulos que la vida diaria nos ofrece, mientras que si este estrés no se puede controlar por ser excesivo puede generar problemas como desgaste mental, irritabilidad, ansiedad o trastornos de tipo psicosomático.
Nuestra forma de vida contribuye a que vivamos encadenados al estrés con los plazos y exigencias que tenemos para realizar nuestros trabajos, la burocratización de muchas tareas, los ciclos y ritmos semanales, los descansos que vuelven a embarcarnos en nuevos y demoledores comienzos de semana cada lunes o sea el día que sea en cada uno de los horarios con los que nos enfrentamos. 
Estas situaciones de estrés forman parte de la forma de vida de nuestro tiempo, pero, ¿no ocurría en épocas anteriores a nosotros? ¿Somos los únicos que los hemos padecido? ¿Se enfrentaron nuestros antepasados al problema del estrés? 
Te propongo conocer a distintos creadores que se enfrentaron a situaciones de estrés en sus vidas y cómo las afrontaron. Nos acompañan los compositores Rossini y Donizetti y los escritores Dostoyevski y Balzac. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Hay ocasiones en que el estrés proviene de dejar lo que tenemos que realizar para el último momento.
Uno de los casos más conocidos de creador que trabajaba bajo los estímulos del estrés es el del compositor Gioacchino Rossini. El Cisne de Pésaro, como se le conocía, tenía fama de ser un genio musical aunque con una dejadez que hacía que en muchas de sus composiciones dejara pasar el tiempo confiando en sus posibilidades y tuviera que terminarlas con las prisas para entregar sus composiciones en el tiempo estipulado.
El caso más conocido es la composición de su ópera El barbero de Sevilla. En Roma recibió el encargo de Francesco Sforza Cesarini, empresario del Teatro di Torre Argentina para componer una ópera, firmándose el contrato el 26 de diciembre de 1815 con la condición de estrenar la obra el 5 de febrero siguiente, aunque al rechazar el compositor el libreto que le ofrecieron se aplazó el estreno quince días, hasta el 20 de ese mes para poder encargar un nuevo texto. El contrato con el libretista, Cesare Sterbini se firmó el 17 de enero a partir de la obra teatral homónima de Beaumarchais
El caso es que el tiempo corría y el compositor no había escrito aún una nota de su obra quince días antes del estreno. Los músicos, los cantantes y decoradores estaban a la espera de la obra para realizar sus ensayos y trabajos. Quizás lo que tenían libretista y compositor más claro era modificar el título El barbero de Sevilla por el de Almaviva o sia l'inutil precauzione (Almaviva o la inútil precaución) para no ofender a los partidarios de Paisiello que triunfaba con su versión del mismo nombre, hoy casi olvidada.
El estreno de El barbero de Sevilla ha pasado a la historia como uno de los grandes fracasos, mientras la segunda función realizada al día siguiente lo ha hecho como uno de los más grandes éxitos en una producción.
El caso es que Rossini, un compositor que apuraba en muchas ocasiones los tiempos, se retiró joven, con apenas treinta y ocho años de edad, pasando los últimos cuarenta años de su vida sin publicar ninguna obra.

Retrato de Rossini en la época en que compuso El barbero de Sevilla (1810-15)

Publicado en 2018 por Andrés Moreno Mengíbar para el Centro de Estudios AndalucesLos García. Una familia para el canto es un riguroso estudio sobre el sevillano Manuel García, uno de los grandes cantantes, compositores y empresarios de la primera parte del siglo XIX y sus descendientes, que marcaron una gran parte de la vida musical de ese siglo y sobre los que trataremos en otra ocasión en este blog.
En este estudio, Moreno Mengíbar nos acerca detalles de la composición de El barbero de Sevilla y la situación de estrés en la que se vio inmerso el compositor de Pésaro a partir de un relato que se publicó en el semanario L'Illlustration Journal Universel a partir de una conversación con el hijo de Manuel García, quien hizo en el estreno de la ópera el papel del Conde de Almaviva.
Pese a toda la prisa por terminar la obra en el plazo estimulado, es necesario e interesante recordar que en aquella época no se componía pensando en legar obras que tuvieran un lugar en la posteridad, sino simplemente en la taquilla, buscando que las obras representadas se mantuvieran en cartelera el mayor tiempo posible. Verdi denominó a este tiempo en que los compositores debían enfrentarse a continuas e interminables composiciones antes de ser dueños de su capacidad para elegir qué y cuándo componer sus «años de galeras».


El tenor peruano Juan Diego Flórez, quizá el mayor especialista rossiniano de la actualidad,nos acompaña con la interpretación de la cavatina del Conde de Almaviva Ecco ridente in cielo en una grabación realizada en el Teatro Alla Scala de Milán en 1999 con la dirección de Riccardo Chailly.


En ocasiones el estrés es asumido por las propias personas como una forma de vida.
Honoré de Balzac llenó con sus obras una gran parte de la literatura de la primera mitad del siglo XIX, tanto de Francia como de toda Europa. Incansable trabajador, su obra se incluyó en La comédie humaine, un ciclo de varias decenas de obras a través de las cuales el escritor consiguió describir la sociedad francesa de su época con personajes que aparecían en distintos libros, cruzándose sus historias como las de cualquiera de los que conforman la sociedad con sus vecinos, amigos y relaciones para, según sus propias palabras «hacerle la competencia al registro civil».
Papá Goriot, Eugenia Grandet, La muchacha de los ojos  de oro, La duquesa de Langeais o Las ilusiones perdidas conforman esta comedia humana, una idea que en nuestra época ha sido utilizada hasta la saciedad por cadenas de televisión que llevan a sus personajes de uno a otro programas buscando en este caso, no realizar un retrato de la sociedad, sino una rentabilidad económica a través de la venta de historias de personajes que adquieren un efímero protagonismo y desaparecen tras no generar la atención del público.

Imagen tomada de la cuenta de Twitter de Mario Alonso Puig

El escritor austriaco Stephen Zweig, otro de los grandes escritores europeos, injustamente olvidado en nuestros días, dedicó parte de su obra da la divulgación de personajes que contribuyeron a conformar la cultura europea o algunos avances de la civilización.
En Balzac, la novela de una vida, Zweig traza un retrato del escritor francés, desde su infancia hasta su fallecimiento, dedicando un amplio relato a describir cómo eran su días de trabajo, unos días convertidos en noches, el momento en que el escritor trabajaba, con una rutina, minuciosidad y estrés que contribuyó a crear tan ingente obra. Su inveterada afición al café, sus rutinas nocturnas, incluso su vestuario son descritos con minuciosidad e intención por Zweig en un relato extenso que se ha reducido por no hacer extensa la publicación.


Louis Boulanger. Balzac con su hábito de monje (1826)


Otro de los casos que nos encontramos al pensar en el estrés es la recepción de encargos y trabajos realizados a última hora y que hay que entregar en una fecha para el que no hay prácticamente tiempo y se nos antojan imposibles.
Si Rossini era rápido trabajando, no lo era menos Gaetano Donizetti. El autor de óperas como Norma, La sonnambula, Lucia di Lammermoor, L'Elisir d'Amore o I Puritani tenía fama de componer a gran velocidad. Nos podemos preguntar, ¿cuánto tiempo se puede tardar en componer una obra tan compleja y de tanta envergadura como una ópera? Pese a que es complicado generalizar, hay compositores que dedicaban varios meses a cada una de sus obras, otros alrededor del año y algunos como Wagner más aún. Una obra como El holandés errante de este último le llevó más de dos años desde que comenzó el primer esbozo hasta que se estrenó en Dresde en 1843.
Si nos acercamos a los detalles que giran alrededor de la composición de L'Elisir d'Amore, podemos imaginarnos el grado de estrés al que se sometió Donizetti cuando recibió el encargo de la ópera que debía estar terminada para estrenarse quince días más tarde, con el agravante de que debía ceñirse a los cantantes que ya estaban contratados para una ópera que le falló al empresario.
En la publicación que realizó el Teatro Maestranza de Sevilla para su montaje de L'Elisir d'Amore en el año 2003, Justo Romero detalla en su artículo El elixir de Isolda los detalles que supusieron la aceptación, composición y estreno una obra que se interpreta con bastante frecuencia en la actualidad.


De L'Elisir d'Amore podemos escuchar el aria Prendi, per me sei libero con que la protagonista Adina libera a Nemorino de su contrato para enrolarse con las tropas del sargento Belcore.
La soprano Inga Lisa Lehr interpreta este aria en una representación que se desarrolló en la temporada 2012/13 en el Theater Hof de Alemania con la Hofer Symphoniker y la dirección musical de Ivo Hentschel


Nuestra última incursión acerca de las situaciones que provocan o propician el estrés nos acerca a la situación en que embarcarse o aceptar un trabajo estresante supone la idea de liberación por parte de se haya inmerso en la situación.
Fiódor Dostoyevski utilizó a lo largo de su vida como escritor el hecho de publicar libros como forma de salir de unos apuros económicos con los que poder mantener su familia y la de su fallecido hermano, algo que habría sido posible gracias a las ventas de sus escritos si no hubiera venido acompañada por una desmedida afición a los juegos de azar, la ruleta en concreto, que le llevó a la ruina en varias ocasiones y que le condenó a ponerse en fuga por distintos países europeos huyendo de sus acreedores.


Así, se le ocurrió escribir un libro que, por una parte le sacara de sus asfixiantes deudas, mientras por otra, le sirviera para hacer desaparecer su afición por el juego de la ruleta como una suerte de exorcismo. Pero la afición por el juego le llevó más allá, realizando una última apuesta con el editor, según la cuál, si entregaba el libro en fecha recibiría los beneficios acordados, mientras que si no lo hacía, perdería los derechos de todas sus obras.
La edición ilustrada de El jugador utiliza como prólogo un texto de Michael Butor de su libro Sobre Literatura en el que detalla cómo fue la estresante creación de El jugador que compaginó con la de Crimen y castigo y las consecuencias que, para su vida sentimental, tuvo esta situación.


No desdeñemos una dosis de estrés en nuestras vidas, pero huyamos de las situaciones que nos puedan acarrear efectos perniciosos.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Libros, música y... ¡un buen café!

Leer y escuchar música requieren de nosotros cierto alejamiento del exterior, un lugar tranquilo donde centrar nuestro pensamiento, soledad e incluso compañía en determinados momentos. El café de una de las sustancias que ayudan a mejorar ese recogimiento que buscamos. Tenerlo cerca y darle un sorbo lenta y sosegadamente facilita que los efectos de la lectura o la música se acrecienten en nuestro interior.
Sin libros ni música, el café facilita una conversación pausada y tranquila con nuestros amigos, siendo uno de los mejores vehículos para determinados momentos del día, ya sea en el desayuno, tras el almuerzo o por la tarde.
Introducido en Europa a lo largo del siglo XVII, su difusión encontró reticencias por parte de la sociedad. En Alemania las Kaffeehaus (Casas de café) fueron rivales de la cerveza autóctona y un lugar frecuentado sólo por hombres, lo que hizo que surgieran los Kaffeekränzschen, clubes exclusivos para las mujeres donde disfrutaban con tranquilidad de la nueva infusión.
Es tan arraigada la costumbre de tomar café que, quienes dejan de tomarlo por razones de salud, han de conformarse y continuar esa costumbre con otros productos.
Te propongo un paseo literario y musical alrededor de uno de los productos más característicos de nuestra cultura, el café. Un acompañante en nuestras vidas, aunque cuestionado desde que se introdujo en la dieta occidental. Nos acompañan textos de distintos autores, la mayoría grandes y buenos consumidores de café como Cortázar, García Márquez o Balzac y una deliciosa música de Bach. Todo para disfrutar sorbo a sorbo de su particular sabor.




En El mercader de café, David Liss presenta un retablo del Amsterdam del siglo XVII, su actividad comercial y bursátil de la mano de Miguel Lienzo, un judío arruinado por la caída del mercado del azúcar y que decide asociarse con Geertruid una osada comerciante que le propone la introducción de una sustancia nueva y sorprendente en la sociedad holandesa: el café.
Liss describe el ambiente de las calles, puerto y sociedad de Amsterdam, los entresijos del comercio y la bolsa de la ciudad, a la vez que crea una trama entre los personajes y desglosa las características y bondades que lograron que el café pudiera asentarse en la sociedad. 
En el texto, Geertruid inicia a Miguel en la afición por el café y la mítica historia de su descubrimiento.


Grande ha sido y es la afición por el café en la cultura europea, llegando a asociarse su consumo con escritores y artistas. Uno de los literatos que más fama y afición tuvieron con el café fue Honoré de Balzac. Según cuentan, dormía por la tarde y se levantaba a la una de la madrugada para escribir mientras tomaba un café tras otro hasta después del medio día, llegando a consumir unas cincuenta tazas de café al día. En Tratado de los excitantes modernos realiza un recorrido por distintas sustancias que se introdujeron en la sociedad de su época y cuyo consumo podría llegar a producir desórdenes en el organismo e incluso provocar la decadencia física y la muerte. Las sustancias tratadas en su ensayo eran el alcohol, el azúcar, el té, el café y el tabaco.


Su afición por el café hace que su obra esté plagada de referencias al mismo, como en este texto de Eugenia Grandet






No sólo por Europa se extendió el consumo del café. Actualmente son los países sudamericanos los mayores productores del mundo. Gabriel García Márquez, otro gran aficionado, deja patente en su obra que el café es omnipresente en la cultura colombiana. Muy conocida es la referencia en Cien años de soledad a la parte en que en Macondo se pierde la memoria e idean como remedio temporal anotar papeles con el nombre de objetos, animales y utilidades.



No sólo nos ofrece referencias al uso y disfrute de la arraigada costumbre de tomar café, sino a los efectos colaterales y sucedáneos que el deterioro de la salud obliga a tomar, como en este texto de El coronel no tiene quien le escriba.

La cultura árabe, probablemente la primera que conociera el uso del café, también lo tiene presente en su obra. El premio Nobel de literatura egipcio Naguib Mahfuz en El callejón de los milagros, esa novela que transcurre en las callejuelas de El Cairo nos ofrece otro sorbo del líquido negro.







Nuestro último sorbo literario viene de otro sudamericano aficionado al café, posiblemente por su paso por París. Julio Cortázar llena libros como Rayuela con un sinnúmero de momentos dedicados a los cafés y al café. Los primeros, los locales por los que los autores y personajes de sus novelas transitan, viven, trasnochan, se encuentran y desencuentran. El segundo, la afición al café, el ritual de su preparación, la costumbre de tomarlo en compañía, la rivalidad entre el café y el mate como buen argentino, una rivalidad que para él no tiene duda, siempre a favor del café. 





Conocemos a Johann Sebastian Bach por su música religiosa, sus cantatas, las Pasiones según los distintos evangelistas, su música para órgano, las variaciones Goldberg y el hecho de ser uno de los compositores que más ha hecho crecer y desarrollar la música desde el barroco, siendo uno de los autores que más han influido en músicos posteriores. Autor prolífico, es uno de los compositores de los que más obras se conservan, tenía la obligación de componer piezas para los oficios religiosos de cada domingo, conservándose catalogadas más de 1100.
Pasó gran parte de su vida como maestro de capilla de la Thomaskirche (Iglesia de Santo Tomás) en Leipzig donde, además, fue director musical de otras varias iglesias de la ciudad.
La espiritualidad de Bach hizo que creara algunas de las mejores y más profundas obras religiosas y que su figura quede en la historia de la música como el compositor más importante del período barroco.
Pero la obra que nos acompaña en esta ocasión no es religiosa, sino que se trata de una cantata profana, un tipo de obra poco habitual en él, la Kaffekantate o Cantata del café.
A finales del siglo XVII se introdujo en Europa una nueva sustancia, el café. Sus granos tostados, molidos y filtrados se pusieron de moda y comenzaron a surgir en todas las ciudades las llamadas "Casas de café" que propiciaron la división entre los que veían una nueva moda nociva y los que se aficionaron a su consumo. 
En uno de estos lugares, la Zimmermann Kaffeehaus (Cafetería Zimmermann), junto a la Plaza del Mercado, Bach dirigía cada noche de viernes a los estudiantes del Collegium Musicum de Leipzig, salvo en verano que era la tarde de los miércoles, en el patio. Ni los músicos cobraban ni la audiencia pagaba, la venta de café era la recaudación que se recogía en cada concierto. En este ambiente, en colaboración con su libretista habitual, Christian Friedrich Henrici, un especialista en derecho de día, poeta de noche, más conocido como Picander, Bach compone esta deliciosa cantata por encargo de Gotfried Zimmermann, dueño del local.
La Kaffeekantate (Cantata del café) narra la divertida y frívola historia de Lieschen (soprano), una muchacha aficionada al café y su padre Schlendrian (barítono) que le prohíbe tomarlo bajo amenazas de no comprarle ropa o no dejarla salir a la calle. Bach y Picander dibujan un escenario formado por un narrador (tenor) que presenta el tema e interviene en ocasiones para dar agilidad a la obra junto a los dos personajes de caracteres opuestos que cruzan sus argumentos y respuestas, dialogan y se recriminan. Ante el compromiso del padre de buscarle un esposo, Lieschen accede, aunque su astucia triunfa sobre su padre, haciendo saber que sólo se casará con quien la permita tomar café. Además de los tres cantantes, la partitura cuenta con flauta, cuerdas y continuo.



El primer enlace pertenece al aria de Lieschen Ei, wie schmecht der Kaffe süsse (¡Ah, qué agradable es el aroma del café!) con que nos describe su afición al café, una melodía y un texto que cantados de forma maliciosa intentan embaucar a su padre. 


La interpretación es de la soprano Robin Johannsen acompañada a la flauta por Marcello Gatti con la Academia Montis Regalis dirigida por Alessandro de Marchi grabada en Insbruck en 2010.



Si tienes un rato para tomar un café, puedes acompañarlo con la interpretación de la cantata completa, de menos de media hora subtitulada al castellano.

Grabada en el Stadscafe de Waag Doesburg en Holanda, está interpretada por Anne Grimm como Lieschen, Klaus Mertens, su padre Schledrian, Lothar Odinius como el narrador, con el acompañamiento de la Amsterdam Baroque Orchestra dirigida por el gran especialista en Bach que es Ton Koopman, el señor con barba blanca que toca el continuo en su teclado y recoge perfectamente el estilo que buscaba el compositor.



Aunque es amena y fácil de oír, hay varios momentos a destacar con los que podrás disfrutar aún más este café tan especial: 
-El aria con que comienza el padre Hat man nicht mit seinen Kindern Hunderttausend Hudelei (¿No son los hijos causa de cien mil preocupaciones?) una pieza repetitiva pero de una melodía pegadiza y simpática.
-El aria de Lieschen que hemos oído antes Ei, wie schmecht der Kaffe süsse (¡Ah, qué agradable es el aroma del café!) con el acompañamiento de la flauta.
-Un segundo aria de Lieschen, Heute noch, heute noch, Lieber Vater, tut es doch! (¿Hoy mismo, hoy mismo, querido padre!), también con una melodía alegre y pegadiza.
-El trío final Die Katze lässt das Mausen nicht (No prohíbas al gato cazar ratones), una conclusión que, según parece añadió más tarde Bach.


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Un chantaje emocional

¿Hasta qué punto es lícito y moral en nuestras relaciones forzar la situación para conseguir de otra persona lo que queremos proponernos? ¿Dónde está el límite que separa lo que podemos permitir y lo que provoca un conflicto moral con otra persona?
Te propongo una mirada a situaciones en que se producen lo que solemos llamar chantajes emocionales para conseguir alcanzar nuestros propósitos a costa de una renuncia mayor de lo que debería ser. Nos acompañan Honoré de Balzac con su obra Papá Goriot y uno de los duettos más impactantes, duros y conocidos de La Traviata de Giuseppe Verdi


Francés natural de Tours, descendiente de familia acomodada, Honoré de Balzac viajó pronto a París para comenzar a estudiar derecho y trabajar como pasante de notario antes de dedicarse a su pasión por los libros. Tras intentar los escritos filosóficos y el teatro comenzó a escribir novelas en las que el realismo se imponía al romanticismo predominante en la literatura contemporánea. Creador de más de un millar de personajes que recorren un centenar de novelas, creó un universo literario, La Comedia Humana en la que libros independientes se cruzan haciendo que los personajes de unos transiten por otros, comunicándose entre sí para formar parte de una especie de gran novela, un mundo balzaquiano salido de su desbordante imaginación que busca tener la misma solidez y coherencia que la realidad. Quería rivalizar, según él mismo decía, con el registro civil, inventando una segunda humanidad que sólo existiese sobre el papel. Nadie hasta entonces se había propuesto nada semejante. 



Partiendo de uno de sus primeros éxitos, Eugenia Grandet, toma el drama de un padre déspota y avaro y una hija sumisa y mártir, dándola la vuelta a la situación: ahora son unas hijas ingratas, inmorales y derrochadoras las que maltratan a un padre que se arruina por ellas humillándose para pagar sus caprichos y devaneos.
Le Pére Goriot (Papá Goriot) se publicó por entregas entre 1834 y 1835 y Balzac advierte que escribe una parábola sobre "El Cristo de la paternidad", un padre objeto de la máxima compasión con unas hijas frívolas y derrochadoras, que explotan sin misericordia a su padre hasta morir en la más absoluta ruina después de haber ido subiendo paulatinamente los pisos de la pensión, una metáfora sobre su poder adquisitivo, ya que las habitaciones de los pisos inferiores eran de una categoría y nivel económico mayor que las de los pisos superiores.
En los inicios de la novela el autor nos advierte del realismo de su obra: "Después de haber leído los secretos infortunios de papá Goriot comeréis con buen apetito, poniendo vuestra sensibilidad a cuenta del autor, tachándole de exagerado, acusándole de poesía. ¡Ah!, sabedlo: este drama no es una ficción ni una novela. All is true, todo es tan verdadero, que cada cual puede reconocer los elementos del mismo en su casa, quizás en su propio corazón".



A lo largo de la novela podemos seguir el ánimo y desánimo de Papá Goriot, su desvivir por sus hijas, cómo éstas lo desprecian, le sacan el dinero que le va quedando, se acercan a él, dejan de verlo, reniegan o se pelean entre ellas para sacar más de su abnegado padre, pero sin que éste pierda su ilusión y la certeza de que sus hijas le aman sin fisuras.
También aparecen personajes que muestran distintos puntos de vista sobre las situaciones; la maledicencia que la sociedad, representada por los inquilinos de la pensión que regenta la señora Vauquer, tiene sobre las situaciones, juzgándolas sin conocerlas en profundidad. 




Giuseppe Verdi compuso La Traviata en un año decisivo en su carrera, coincidiendo en el tiempo con Il Trovatore y Rigoletto. Se basó en La dame aux camélias (La dama de las camelias) una novela y luego obra teatral de Alexandre Dumas, el hijo natural del autor de Los tres mosqueteros protagonizada por la cortesana Margueritte Gautier. La novela es una narración basada en la historia real de amor de Dumas con una de las más famosas cortesanas de París, Marie Duplessis, conocida como "La dama de las camelias" porque solía adornarse con estas carísimas flores, signo de su estatus. La historia había terminado unos años antes y Dumas se conmovió tremendamente cuando supo de la muerte por tuberculosis con poco más de veinte años, abandonada de todos sus amigos y amantes.
Con La Traviata, Verdi realiza algo insólito en la ópera hasta ese momento: Sus personajes no son dioses, héroes mitológicos o caballeros medievales, sino personas de la época, burgueses como los burgueses que asistían a las representaciones, con sus mismas ideas, costumbres, defectos, vestuario y mobiliario. Además, la historia era incómoda para quienes las veían en el escenario que veían una crítica a la vida cínica de la burguesía dirigida a esa misma burguesía. 
El estreno fue un fiasco en su carrera. El público veneciano de La Fenice rechazó la obra, hubo silbidos constantes y carcajadas en el último acto. ¿Era culpa de los cantantes? Violeta Valery fue encarnada por Fanny Salvini-Donatelli, una prima donna robusta y cercana a la cuarentena que no daba el perfil de la seductora y tuberculosa protagonista. Verdi reaccionó escribiendo a sus amigos: "¿Es mi culpa o de los cantantes? El tiempo lo dirá. La última palabra sobre La Traviata no se ha dicho aún. La repetiremos y veremos qué ocurre"


La Traviata, Teatro Alla Scala, Milán, julio de 2007


Algo más de un año después se repuso la obra en el Teatro San Benedetto veneciano con un éxito arrollador, el mayor que había tenido en la ciudad. El éxito acompañó desde entonces a esta obra que sigue siendo la más representada en los escenarios mundiales desde entonces, alcanzando en la temporada 15/16 más de 4190 representaciones en todo el mundo, bastante más de las 3310 que tuvo La flauta mágica de Mozart.
En esta entrada te propongo no un aria u otra pieza, sino toda una escena prácticamente completa. Se trata de la Scena e Duetto (Escena y dúo) entre Germont padre y Violeta, una de las partes más duras de esta obra y la escena más importante y capital de la misma, un dúo entre la soprano y el barítono que tanto gustan en la ópera italiana.
Hay un choque brutal entre ambos. El padre de Alfredo se muestra calculador, frío, brusco y hostil; Violetta digna, sin admitir insultos en su propia casa. Germont se da cuenta que ella no es superficial y cambia de táctica pidiéndole la renuncia al amor, el sacrificio, la desaparición en la vida de su hijo.
Primero explica con una melodía ambaucadora que su el futuro matrimonio de su hija corre el riesgo de romperse si se averigua que Alfredo continúa unido a ella. Se trata de un primer chantaje emocional que ella inexplicablemente admite, pero que entiende que se soluciona alejándose por un tiempo de Alfredo mientras se celebra la boda. 






Tras comprender que le exige un sacrificio definitivo y tras el ¡Giammai! (¡nunca!), Violetta defiende que Alfredo es todo para ella, que está enferma y que su fin está próximo.
A punto de marcharse, Germont insiste en su chantaje emocional con falsos argumentos, sin mirarla, sin melodía: Ella envejecerá, no tendrá hijos legítimos, no tiene vínculos que la comprometan con su hijo, igual un día conoce a otra mujer... Una dura y falsa argumentación.




Sigue Germont con su argumentación e incluso llega a pedir a Violetta que sea el ángel que consuele a su familia para decir por dos veces que es Dios quien inspira a un padre estas palabras. Ella comienza a claudicar y tras sus palabras se mezclan los argumentos de ambos en unas frases marcadas por el dolor.







Violetta cede y su melodía emotiva, conmovedora e íntima se torna aún más dolorosa. Sus palabras muestran la grandeza de su corazón y, por primera vez, Germont comprende ante qué persona se encuentra y comienza a admirar el sacrificio que está realizando. Esta suerte de sintonía hace que las palabras de ambos se entremezclen en la misma melodía.
Los enlaces pertenecen a una producción por la que tengo especial debilidad y que realizó el Salzburg Festspiele (Festival de Salzburgo) en 2005 con la participación en esta escena de la soprano Anna Netrebko y el barítono Thomas Hampson con la Wiener Philharmoniker dirigida por Carlo Rizzi
El sencillo decorado en forma de media luna, que ha estado desde el comienzo del acto con el mobiliario cubierto de telas de colores indicando la vida de felicidad entre Alfredo y Violetta comienza a ser despojado por ésta, comenzando por un reloj que ha marcado desde el comienzo el final de la vida de la protagonista y un anciano -la muerte- que presencia la escena.

















Pero no ha concluido la escena, aún queda decidir cómo llevar a cabo la separación de Violetta y Alfredo. Ella vuelve a ponerse el traje rojo con el que reinaba en las fiestas del primer acto y toma una flor que le arroja el anciano. La decisión está irremisiblemente tomada, mientras hay un acercamiento entre los dos personajes. Más adelante, será Germont quien propicie, aunque ya demasiado tarde, el acercamiento entre la pareja protagonista de la obra.





Así finaliza una de las escenas más logradas e impactantes de esta ópera y que ha hecho que sea la más popular y representada de cuantas existen.

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