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Tres personajes quijotescos

Dichosa edad, y siglo dichoso aquel donde saldrán a la luz las famosas hazañas mías.
Don Quijote de la Mancha, capítulo II

A veces tenemos un objetivo y pese al esfuerzo, el talento, la dedicación o algunas otras circunstancias hacen que no consigamos alcanzarlos. 
Nuestro idioma es abundante en autores que colaboran a engrandecerlo, contribuyendo a que no sólo se desarrollen y enriquezcan el vocabulario, las expresiones o la sintaxis, sino también las ideas, la creatividad y el pensamiento. De todos ellos, quizás no haya un autor más consagrado con el español como Miguel de Cervantes, uno de los muchos autores que han traído nuestro idioma y literatura a la situación en que se encuentra.
Pese a todos los méritos que le atribuimos merecidamente al autor de la Novelas ejemplares, en el fondo, Cervantes era un poeta y un dramaturgo frustrado, que quiso alcanzar la gloria de la que disfrutaban otros autores, especialmente Lope de Vega.
El Quijote, la gran novela de la literatura mundial no sólo rompía los esquemas de las novelas de caballería al parodiarlas, sino que abría el camino a la novela moderna, esa de la que han bebido los grandes escritores de todos los países e idiomas desde entonces.
Desde la publicación de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, la continuación apócrifa publicada por Alonso Fernández de Avellaneda y la respuesta del escritor con su segunda parte, El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha, la obra no ha dejado de leerse y expandirse por España, el resto de Europa y el mundo. Aparecieron obras inspiradas en la novela y sus personajes, tanto en literatura como en obras musicales o pictóricas.
Desde el uso del personaje que encuentra Don Quijote en Sierra Nevada, que fue utilizado también por el dramaturgo inglés y que traté en este blog en Cervantes y Shakespeare unidos por Cardenio, el protagonista de la novela se convirtió en un arquetipo del personaje que pierde la cordura por tanto leer, el idealista acérrimo e impenitente que, desde su inocencia, intenta solucionar los problemas del mundo, centrándose en los conflictos que se cruzan en su camino.
Además, Sancho Panza es el personaje que ofrece un contrapunto al caballero andante, un coprotagonista y complemento suyo: es iletrado, sensato y con los pies en la tierra, cuyo único ansia es se gobernador de una ínsula. Juntos forman algo no visto antes: una pareja indisoluble y cómica, aunque rozando lo tragicómico.
Cada uno de nosotros somos una mezcla de Quijote y Sancho. ¿Qué eres más el primero o el segundo?
¿Qué personajes literario, cinematográfico o televisivo asociarías con cada uno de ellos?
¿Cómo sería hoy la vida de estos personajes? ¿Cómo sería en nuestro tiempo su salida buscando aventuras?
Te propongo acercarte a algunos personajes literarios inspirados en Don Quijote. Nos acompañan novelas de Alphonse Daudet, Dickens, Salman Rushdie y música de Debussy y Marcel Poot. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 


Si buscamos en la literatura mundial con ojos cervantinos podemos encontrar una gran cantidad de personajes que se inspiran en su Quijote, algunos de forma explícita, otros de forma implícita.
A mitad del siglo XVIII, Henry Fielding publicó La historia de las aventuras de Joseph Andrews, en cuyo subtítulo la definía como Escrita al estilo de Cervantes. En ella aparece uno de los amigos del protagonista, Abraham Adams, que lo acompañaba en su viaje por Inglaterra que veía el mundo bajo el prisma de los libros que había leído más que con lo que veían sus propios ojos.
Benito Pérez Galdós crea en Nazarín a un sacerdote que se echa a los caminos para vivir su fe con pobreza de una forma tan idealista que le impide adaptarse a la realidad como al caballero andante.
Incluso un personaje tan particular como Emma Bovary es, según Ortega y Gasset, un «Quijote con faldas» que pierde el sentido de la realidad que se espera de ella con su lectura de novelas románticas.
También El Quijote inicia la relación entre parejas de protagonistas que nos remiten a Sherlock Holmes y Watson, el caballero y su fiel escudero. O a un idealista Tom Sawyer frente a un Huckleberry Finn cargado de sentido común en las novelas de Mark Twain


Después de iniciarse en la literatura con el poemario Las enamoradas y las deliciosas Cartas desde mi molino, un libro de relatos inspirado en sus vivencias en la Provenza, Alphonse Daudet (1840-1897) se asentó como escritor naturalista con dosis de lirismo y cierto sentido del humor, considerándose junto con Maupasant uno de los grandes del relato corto francés del XIX.
Su personaje más importante y conocido nos remite a la gran novela cervantina. Tartarín de Tarascón (1872) es una sátira de los viajeros de finales del siglo, un personaje que abandona su ciudad natal del que nunca ha salido con la idea de ir a África a cazar un león, lo que será el detonante de una serie de aventuras quijotescas en las que sus propósitos no concordarán con la realidad. El personaje tuvo tanto éxito a esta obra le siguieron Tartarín en los Alpes y Port Tarascón.
Una de las características que Daudet proporciona a su héroe es que es una mezcla entre Quijote y Sancho en la misma persona, un personaje soñador y realista a la vez, cuyas dos naturalezas le otorgan un carácter particularmente atractivo.
Nos acompaña el capítulo 6 en el que el escritor francés nos hace partícipe de esta doble faceta de su personalidad.


Con la misma intención que el Grupo de los Cinco que se formó con Balákirev, Cui, Musorgski, Rimski-Korsakov y Borodin para crear música genuinamente rusa o Les Six (Los Seis) con Darius Milhaud o Francis Poulenc entre otros en Francia con ideas similares en relación con la renovación de la música francesa, en Bélgica surgió un grupo de compositores que alcanzó menos popularidad.
Les Synthétistes (Los Sintesistas) surgió en Bruselas en 1925 con alumnos de Paul Gilson que buscaban salir de la música del romanticismo tardío que se interpretaba en ese tiempo. Para ello buscaban alcanzar una síntesis de los logros de la música contemporánea con las técnicas antiguas. 


El mayor problema con el que se enfrentaban era la falta de orquestas sinfónicas en su país, ya que sólo contaba con la orquesta de la ópera, por lo que se asociaron con la Banda Real de los Guías Belgas, una agrupación de viento para la que crearon un repertorio de unas 75 piezas, de las que pocas llegaron a estrenarse.
Uno de sus miembros, Marcel Poot comenzó su carrera musical como pianista y llegó a componer más adelante una treintena de obras para la banda, entre las que destaca sobre todas una suite en cuatro partes: Tartarín de Tarascón, que narra los viajes del personaje hasta Argelia.
Nos acompaña el primer movimiento de esta suite en la interpretación de la Royal Band of the Belgian Air Force dirigida por Matty Cilissen para el disco The Sinthésists Revisited publicado en 2023 por el sello discográfico Naxos


En muchas circunstancias nuestra primera experiencia se convierte en inolvidable. La primera salida que Don Quijote realiza con su espíritu de caballero andante nos muestra a un personaje dispuesto a hacer historia con sus hazañas, mientras el narrador lo mira con los ojos de la realidad y cierta dosis de condescendencia. Así nos lo cuenta Cervantes:


Si la salida transcurrió de esa manera al inicio del siglo XVII, ¿cómo sería esa salida varios siglos más tarde? ¿Te has parado a imaginarla?

Uno de los grandes escritores que se inspiró en el personaje cervantino fue Charles Dickens. Samuel Pickwick es el protagonista de su primera novela por entregas, una obra que tuvo en 1836 una acogida descomunal: Los papeles póstumos del Club Pickwick, un éxito que puedes apreciar en este blog en la publicación Charles Dickens y la música.
Samuel Pickwick es un personaje tan idealista y fuera del mundo en el que vive como Don Quijote, un alma cándida que observa lo que le rodea con unos ojos inocentes, nobles y bienintencionados. Como un fiel Sancho, Dickens le da la réplica con la compañía de su criado Sam Weller, un personaje que fue un hallazgo y un seguro para su obra, ya que se erige como pareja coprotagonista con una sensatez y lucidez que le hacen tener los pies en la tierra, pero además le aporta un ingenio y un sentido del humor, con unas comparaciones genuinas y originales, que hacen de él un personaje que hizo crecer el número de suscriptores y lectores desde que apareció en el capítulo X. 
Pero la originalidad y creatividad de Dickens hace que en los viajes que Samuel Pickwick realiza por toda Inglaterra esté acompañado por un grupo de amigos de su club, cada uno de ellos con una característica particular: Nathaniel Winkle es el experto deportista, pese a no saber montar a caballo ni mostrar capacidad alguna para ningún tipo de deporte; Augustus Snodgrass es el poeta del grupo, pese a que jamás se ha conocido un poema suyo, mientras que Tracy Tupman es el prototipo del amante romántico, aunque nadie le ha conocido una conquista. Este grupo de viajeros no está formado por un Quijote y acompañantes, sino por cuatro auténticos y entrañables quijotes que sólo son capaces de seguir adelante en sus viajes y aventuras gracias a la ayuda de Sam Weller.


Con estos mimbres estamos preparados para asistir a la primera salida de este Quijote inglés, tan memorable como la del caballero manchego. Curiosamente, creo que ni el mismo Dickens lo sabía aún, el cochero es el padre del que será acompañante del grupo.
Aquí no hay pensamientos grandilocuentes del protagonista, sino afán por tomar notas de las costumbres y usos y, sobre todo, prácticamente la misma mirada condescendiente y socarrona del narrador.


Aunque ya haya sonado en este blog, no me resisto a volver a poner una nueva interpretación de una pieza de Debussy. Perteneciente al Segundo libro de Preludios, el nº 9 se titula Hommage à S. Pickwick Esq. P. P. M. C. P (Homenaje al sr. S. Pickwick, Presidente Perpetuo Miembro del Club Pickwick, que es el título que ostenta dentro del club).
Se trata de una pieza para piano compuesta en 1913 que muestra el carácter y la personalidad del protagonista incorporando una mención al himno inglés Good save de King en una tonalidad menor, acompañada por cambios de expresión y tonos entre lo melancólico y sentimental.

Ilustración de Robert Seymour para la publicación original del capítulo 2
BLa interpretación corre a cargo de Thierry Huillet con un piano Steinway D en una grabación que se realizó en mayo de 2021 en el Auditorio Gabriel Fauré del Conservatorio Henry Duparc-Traves en Occitanie. La imagen y toma de sonido corresponden a Jérôme Hallay.


Si conocemos cómo se desarrolla la historia del personaje en el siglo XVII, ¿te has parado a pensar cómo serían sus aventuras en una sociedad como la contemporánea?
En el siglo XX siguieron escribiéndose obras y personajes inspirados en El Quijote. G. K. (Gilbert KeithChesterton, el autor de las novelas del Padre Brown, publicó por entregas El regreso de don Quijote (1926) en la que un bibliotecario experto en el imperio hitita, tras interpretar el papel de un rey medieval en una obra de teatro, decide no quitarse el disfraz y preparar un burlesco golpe de estado contra la sociedad y la industria de su tiempo.
Graham Green también se inspiró en el clásico universal en Monseñor Quijote (1982) en el que la pareja protagonista está formada por un sacerdote católico y su chófer comunista.


Pero quizás la última inspiración y homenaje al personaje creado por Cervantes venga de un escritor inesperado. 
Salman Rushdie saltó a la fama, no por sus libros, sino por haber sido acusado por algunos musulmanes por blasfemo por su libro Los versos satánicos, llegando a ser atacado en un acto cultural hace unos años. Nacido en Bombay y nacionalizado inglés, Rushdie ha escrito una veintena de libros entre novelas, alguna obra para niños y ensayos. 
Publicada en 2019, Quichotte es una actualización de la obra a nuestros días. En ella, Sam DuChamp, un escritor de thrillers sin mucho éxito crea el personaje de Quijote, un vendedor cortés, algo pasado de moda que recorre la geografía norteamericana por su profesión y que está obsesionado, no con los litros, sino con los programas de telerrealidad. Se enamora -también platónicamente- de una estrella de la televisión, la hermosa, ingeniosa y adorada por él Salma R. Además, este Quijote, de nombre Ismail Smile (vaya juego de palabras), inventa un hijo imaginario con ella que sólo podía llamarse Sancho, que le acompañará en su recorrido por los Estados Unidos para demostrarse que es merecedor de su doncella, enfrentándose a los peligros de una sociedad que se encuentra al filo del del colapso moral y espiritual.

Imagen a partir de una ilustración de Isamat de 2022
A lo largo de esta novela, las vidas del escritor y del vendedor se van confundiendo en su búsqueda del amor en la que realidad y ficción funden y confunden sus límites
Si en el texto de Daudet nos centrábamos en el capítulo en que se tratan las dos personalidades de Tartarín, en este nos centramos en el comienzo del libro. ¿Qué te parece esta forma de comenzar de Rushdie tan cervantina?


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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Daudet, Alphonse. Tartarín de Tarascón, Editorial Verbum, S. L. (2019). ISBN: 9788413370835.
  • The Sinthétists Revisited. The Sinthésists Revisited, Naxos. Royal Band of the Belgian Air Force, dirigida por Matty Cilissen. ASIN: B0C3FYMVGC.
  • Dickens, Charles. Los papeles póstumos del Club Pickwick. traducción de José María Valverde Pacheco, Editorial Penguin Clásicos (2016). ISBN: 9788491052012.
  • Rushdie, Salman. Quichotte, traducción de Javier Calvo Perales, Editorial Austral, colección Contemporánea, serie Narrativa. ISBN: 9788432238789.

Elemental, querido Sancho

Hay personajes en la literatura, el teatro o el cine, la ópera e incluso en los cómics que no aparecen solos, sino que los conocemos acompañados por otros de los que son inseparables y a los que no podemos imaginar sin ellos. ¿Qué sería de Don Quijote sin Sancho? ¿Cómo quedarían en nuestro imaginario Batman sin Robin, Tintín sin el capitán Haddock, Sherlock Holmes sin Watson o Astérix sin Obélix?
Te propongo un recorrido alrededor de algunos protagonistas de obras de ficción junto a sus inseparables compañeros de aventuras. ¿Los reconoces a todos? ¿Propones alguno más? Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Con toda seguridad, la pareja de personajes de ficción más conocida por todos, independientemente de que hayamos leído la novela o no, es la formada por Don Quijote de la Mancha y su escudero Sancho Panza.
Cervantes creó a su protagonista en una obra en la que criticaba los libros de caballería al uso en las generaciones anteriores. La novela se presentaba revolucionaria en cuanto que partía, por un lado de una desmitificación del héroe caballeresco, actor de gestas inimaginables e imposibles, épicas y gloriosas. Por otra parte, la historia es presentada con todos los aderezos de la realidad cercana: transcurre por tierras y lugares conocidos; el protagonista es un personaje que roza lo grotesco y ridículo, aunque con unas miras y un corazón grandiosos, y, finalmente, la gesta se va investigando a partir de documentos encontrados a Cide Hamete Benengeli, el cronista que las narra.

Ilustración de Gustave Doré


El caballero no podía campar solo por las tierras en busca de aventuras, por lo que, siguiendo los conocimientos adquiridos en sus muchas lecturas, debía hacerse acompañar por un fiel escudero. De esta forma es presentado Sancho por primera vez en la novela. 


Inmediatamente después, continúa la primera salida en busca de aventuras con la conversación entre escudero y caballero acerca de la motivación que el primero tiene para acompañar al que más adelante será el Caballero de la Triste Figura.



La siguiente pareja tiene la particularidad de que el protagonista no es el amo, en este caso un Conde, sino su fiel sirviente. Basado en la obra teatral El barbero de Sevilla, o la inútil precaución de Pierre-Augustin de Beaumarchais que se inspiró en La escuela de las mujeres de Molière, Gioacchino Rossini estrenó en 1916 la obra del mismo nombre con poco éxito en la noche de su estreno. El motivo de este fracaso fue que desde unos años antes existía una ópera con el mismo tema y nombre compuesta por Giovanni Paisielo y sus seguidores no estaban dispuestos a reconocer una nueva adaptación. En poco tiempo la genialidad de la música de Rossini y la caracterización de los personajes pusieron a cada uno en su lugar y hoy en día es infrecuente encontrar grabaciones de la obra de Paisielo, mientras la de Rossini es una de las más reconocidas del repertorio operístico.
Situada en Sevilla, narra la trama que realiza el Conde de Almaviva para conseguir el amor de Rossina y arrebatársela a su tutor Bartolo, que la pretende, pero de quien ella no está enamorada. En su camino se encuentra con un antiguo sirviente suyo, Fígaro, el barbero de Sevilla, una persona que, además de cuidar de barbas y pelucas, entiende de todos los negocios y recados. El reencuentro entre Almaviva y Fígaro, está descrito en el primer acto de la obra, donde el barbero interpreta su famosa Largo al factotum, una de las piezas más conocidas y tarareadas de la historia de la ópera.

La cavatina con que Fígaro se presenta en El barbero de Sevilla está interpretada por una de las voces con más oficio de nuestros días, la del barítono Leo Nucci, acompañado por Raúl Giménez como el Conde de Almaviva y dirigidos por Maurizio Barbacini en una representación que se llevó a cabo en el Teatro Regio di Parma.
  

La importancia de la obra de Cervantes reside, entre otras muchas razones, en la creación de unos personajes que han influido en muchos autores para inspirarse en la creación de tipos que intenten representar el universo que retratan desde dos ópticas distintas, la del protagonista y su acompañante, intercambiando puntos de vista que ayuden a configurar la creación del escenario en que se desarrolla.
Charles Dickens afirmó en diversas ocasiones la influencia que El Quijote tuvo en su vida y su obra. En la primera de sus novelas por entregas, la que le dio la popularidad y el reconocimiento que no abandonaría a lo largo de su carrera, Los papeles póstumos del Club Pickwick, hay un homenaje, un reconocimiento y un recurso expresivo que comienza a utilizar como personaje habitual a partir del capítulo XII: A la figura del protagonista Samuel Pickwick, un personaje decididamente quijotesco en su tipología, le contrapone la figura de su ayudante, un criado que se va adueñando de la obra con su gracia espontánea y su viva inteligencia desprovista de cultura. El personaje de Sam Weller, con un lenguaje muy característico, el llamado cockhey, el inglés popular de la clase urbana baja londinense, hizo aumentar de forma considerable las ventas del Evening Chronicle que pasaron de los cuatrocientos ejemplares a los cuarenta mil, uno de los más sorprendentes éxitos editoriales de la historia de las novelas por entregas. Dickens introdujo al personaje en el capítulo X, pero los comentarios recibidos, las cartas que los lectores habituales enviaban al periódico, le hicieron caer en la cuenta que el personaje tenía recorrido en la novela, por lo que lo introdujo de forma definitiva un par de capítulos más tarde.
La primera vez que aparece en la novela lo hace como criado en una vieja posada y ya aparecen la frescura y espontaneidad de su lenguaje y sus ingeniosas comparaciones que sirven de contrapunto a la seriedad con que Mr. Pickwick y sus compañeros de club recorren la geografía inglesa en busca de aventuras, como si de británicos quijotes se tratara.




Una relación peculiar es la que se establece en La flauta mágica de Mozart entre el protagonista Tamino, exótico príncipe de un lejano reino y el más feliz de los hombres desdichados o el más desdichado de los hombres felices, Papageno, el pajarero, un personaje aún más simple y natural, feliz cuando tiene cubiertas sus necesidades físicas, pero que carece de la compañía de una Papagena que alegre su vida. 
Pajarero para la Reina de la Noche a quien surte de aves a cambio de comida con tres damas que hacen de intermediarias, Papageno es decididamente simpático, pusilánime, simple y cobarde. Su encuentro casual con Tamino, que está inconsciente desde que fue atacado por una especie de dragón, al que dice que él ha sido quien ha acabado con el monstruoso animal, marca el inicio de la relación entre ambos. Como castigo por haber mentido, las tres damas tapan la boca a Papageno que comienza a cantar, sin poder pronunciar palabra alguna, un delicioso quinteto junto con Tamino y las tres damas. En él se comienza a desarrollar la trama con la entrega de la flauta mágica a Tamino, unas campanillas con poderes especiales a Papageno y el encargo de enfrentarse a quien creen malvado Sarastro, hasta finalizar el quinteto con el Auf wiedersehen (adiós) con el que se separan.
Anton Scharinger en el papel de Papageno, el tenor polaco Piort Beczala y Martina Janková, Irene Friedli y Ursula Ferri interpretan este quinteto Hm, hm, hm en una producción con un decorado del periodo más clásico, bajo la dirección de Franz Welser-Most en la Opernhaus de Zurich de 2000.


Cuando Arthur Conan Doyle pensó escribir novelas de corte policíaco, inspirado sin duda por La Piedra Lunar, la obra de Wilkie Colins que se considera la primera obra policial tal como hoy la entendemos, ideó un investigador con un método deductivo que, con el tiempo, se ha llegado a convertir en el más famoso y espectacular detective de ficción. En el diseño de las historias incluyó un ayudante, en este caso su amigo el Doctor Watson con un doble papel. Por un lado sería el narrador de las historias, quien hará de riguroso cronista de los hechos y deducciones del protagonista. Por otra parte, Watson nos representa a los lectores, asume el papel de admirado espectador que se sorprende constantemente con las dotes deductivas del detective. E este caso, el papel del acompañante del protagonista ha pasado de escudero, criado o factotum al de sorprendido acompañante.
Tras la novela que inicia el Ciclo Holmesiano, El cuarto escarlata, Conan Doyle llegó a publicar varias entregas más con los casos más sobresalientes del detective y su ayudante. La frase "Elemental, querido Watson" es una de las más conocidas del mundo literario detectivesco y forma parte de nuestro acervo cultural.
En Las aventuras de Sherlock Holmes, Watson, que ha contraído matrimonio y se ha alejado de la compañía del detective realiza una visita a la casa del 221B de Baker Street, donde es recibido por su antiguo compañero de vivienda, quien no deja de utilizar las dotes que le han hecho famoso.














Ilustración original de Sidney Paget para The Strand Magazine


Las relaciones entre estos personajes se configuran como asimétricas, en cuanto que uno de ellos protagoniza la obra, a la vez que son complementarias, puesto que entre ambos ayudan a configurar el universo creado por el autor. Es de nuevo, la teoría de la dualidad, del yin y el yang, las dos caras de la misma moneda: lo elevado y lo cotidiano, lo culto frente a la sabiduría popular, la razón ante la admiración y el asombro.
Mas no siempre es fluida y cordial la relación entre ambos personajes protagonistas. Para terminar este encuentro entre parejas de personajes nos acercamos a la continuación de El barbero de Sevilla y la rabia que Fígaro siente por su patrón.
Enmarcada en una trilogía de obras, Beaumarchais escribió la continuación de la primera de sus comedias con Las bodas de Fígaro y La madre culpable. La segunda parte fue llevada a la ópera por Mozart con el mismo título: La nozze di Figaro. Así nos encontramos con el curioso hecho de que la segunda parte fue estrenada, nada más y nada menos que treinta años antes que la ópera de Rossini. Los personajes son los mismos, pero en la obra de Mozart, las relaciones son diferentes. El Conde de Almaviva, enamorado en la primera parte de Rossina, se muestra en esta continuación como un despótico noble que abusa constantemente de su poder, en especial el de seducción. Con tal crítica a los privilegios de la aristocracia y la nobleza Beaumarchais tuvo que sortear la censura durante varios años antes del estreno teatral, de la misma forma que Wolfgang Amadeus Mozart y su libretista Da Ponte tuvieron que sortear obstáculos para su estreno vienés.
Almaviva pretende, entre otras, a Susana, la prometida de Fígaro, quien al enterarse trama una situación, muy en su estilo, para vengarse de su patrón y hacer que éste vuelva sus ojos e intereses a su esposa. Finalizamos este repaso a personajes que se acompañan con el aria Se vuol ballare, signor contino (Si deseáis bailar, señor conde) que canta Fígaro cuando Susana le advierte de las poco nobles pretensiones del Conde.
El barítono galés Bryn Terfel interpreta el aria en el Metropolitan Opera House de New York en una versión de 1998.



¿Qué otras parejas de protagonistas recuerdas? ¿Cuáles propones para otra ocasión?


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Bibliografía consultada:

  • Cervantes, Miguel. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
  • Conan Doyle, Ahrthur. Las aventuras de Sherlock Holmes. Según The Adventures of Sherlock Holmes (1892).
  • Dickens, Charles. Los papeles póstumos del Club Pickwick. Según The Posthumous Papers of the Pickwick Club. Traducción: José María Valverde
  • Batta, András. Ópera. Compositores. Obras. Intérpretes. Ed. Könemann

Páginas web consultadas:

  • https://listas.20minutos.es/lista/parejas-famosas-de-la-historia-y-la-literatura-coleccion-yupicromos-ortiz-ano-1976-76671/ 
  • https://es.wikipedia.org/wiki/El_barbero_de_Sevilla_(teatro)leo

La mirada sencilla e inocente

Muchas miradas hemos presenciado en nuestra vida, o mejor, en nuestras vidas, la que vivimos y las que presenciamos con mayor o menor intensidad desde nuestra experiencia como seres pensantes.
Las primeras miradas tienen una forma de hacerlo cargada de inocencia, asombro y naturalidad. Son miradas espontáneas que se sorprenden de ver el mundo, de conocer y descubrir de un modo sano y noble. Pero esas miradas llanas y sinceras van acostumbrándose a hacerse de soslayo, fugaces a otras miradas, furtivas cuando comienzan a descubrir la forma en que son recibidas.
Cuando esa mirada se mantiene sencilla e inocente con el paso del tiempo, quien la posee puede estar en uno de los extremos: o es una personalidad sencilla, simple, que no va a evolucionar, o es una personalidad con una grandeza en su interior, con un estado de ánimo que no se deja retorcer. En ambos casos, la mirada puede ser objeto de burla, menosprecio o desdén por parte de quienes han perdido esa condición en su propia mirada.

Dos historias cargadas de luchas y esfuerzos y que mantienen una mirada sencilla e inocente pese al paso del tiempo vienen al blog. Una proviene de un autor al comienzo de su carrera, otra de un músico al final de la misma, incluso después de su vida. Dickens, Offenbach y Hoffman nos acompañan. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Todos conocemos obras de Charles Dickens que han pasado a formar parte de la cultura colectiva de nuestra civilización. Novelas como las de David Copperfield, Oliver Twist, Historia de dos ciudades o Grandes esperanzas y cuentos como A Crhistmas Carol (Una canción de Navidad), el más navideño de todos los cuentos con el redomado tacaño Ebenezer Scrooge y la presencia de los tres fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuros. 
Pero, como todos los escritores, o todos los creadores, o si queremos, como todos nosotros, todo tuvo un comienzo, unos inicios en los que se estaba formando el estilo, la capacidad creativa y la carrera literaria de un autor que reflejó como nadie la vida del siglo XIX de Inglaterra e influyó en su país, extendiendo su mirada y su influencia a toda Europa y América.
Nacido en 1812 cerca de Porstmouth, su padre era pagador de la Marina, un cargo sujeto a cambios de residencia. A los dos años va a vivir a Londres con sus siete hermanos, pero la situación económica familiar hace que su padre contraiga deudas y acabe en la cárcel, lo que marcaría definitivamente la vida del escritor. Tras recibir una herencia, mejora la situación económica y el joven Charles se va convirtiendo en un lector empedernido de obras como El Quijote, Las mil y una noches o Gil Blas de Santillana. Tras trabajar como ayudante en un bufete de abogados, con 22 años trabaja como reportero en el Morning Chronicle. Allí le llega el éxito con los Sketches of London, una serie de retratos entre reales y ficticios sobre escenas y personajes de la capital inglesa que publicó con el pseudónimo de Boz. Los editores Chapman & Halle le proponen escribir una novela por entrega que se basaría, en esencia, en poner texto a las caricaturas que Robert Seymour le iría enviando y que deberían servir para construir un relato que ridiculizara a los miembros de un club que se dedicaban al deporte, algo que se había puesto de moda y entraba, por tanto, en el interés popular.
El primero de los grabados que el dibujante envió a Dickens presentaba a trece caballeros, uno de los cuales estaba subido a una mesa pronunciando unas palabras, mientras en la zona baja aparecen cañas de pescar preparadas para ser utilizadas en las salidas. 
Primer grabado original de Seymour

De ellos, el escritor debía elegir los que iban a protagonizar la historia. Así nacieron Los Papeles póstumos del Club Pickwick que debían inscribirse dentro de una narración por entregas de los viajes por Inglaterra de una delegación de cuatro caballeros de una sociedad diletante típicamente inglesa. 
No sólo aceptó, aunque de mala gana, el encargo, sino que de las 400 copias de la primera entrega, por las que recibió 14 libras, se pasó a las 40.000. Esperar y comentar en las tertulias cada entrega en las ciudades, atender impacientes la llegada del correo o del barco que las traía a los más remotos lugares hizo que la figura de Dickens se convirtiera en un personaje querido por el público inglés.
El escritor aceptó que el protagonista no fuese un apuesto joven, un galán al uso, sino un anciano, un observador de la realidad, una persona con una mirada sencilla e inocente que llega a ser burlado en ocasiones y rozar el ridículo, pero que, poco a poco, va convirtiéndose en un viejo de buenos principios, como un padre para todos. 
La primera mirada que nos acompaña refleja cómo, con qué indulgencia, pero a la vez ironía y sarcasmo Dickens presenta al protagonista, no en el primer capítulo cuando se funda el club, sino presto para la primera salida, como si de un nuevo Quijote se tratara.

 

La segunda mirada nos ocupa más de ciento cincuenta años. Se centra en la figura de Jakob Eberst, quien nació en una localidad cercana de Colonia donde su padre ejercía de encuadernador a la par que era cantor de la sinagoga. Allí comenzó a estudiar violín y más adelante violonchelo hasta que su familia se trasladó a París. Allí siguió con el cello gracias a Cherubini, que logró su ingreso pese a que los extranjeros no podían entrar en el conservatorio y lo compaginó con estudios de composición. 
Más adelante intentó formar parte de la Opéra Comique parisina, pero hubo de conformarse con tocar "música de relleno" para acompañar las obras teatrales que se representaban en la Comédie Française. Con una gran facilidad para componer en pocos minutos melodías que se iban a tararear por toda Europa, en la Exposición Universal de París se hizo popular con las comedias musicales que compuso, entre las que se encuentran Orfeo en los infiernos, La Bella Helena o La Gran Duquesa de Gerolstein, todas ellas con música muy popular, una crítica feroz a los gobernantes franceses, especialmente al emperador Napoleón III, y una frivolidad y diversión que anticipaban las operetas de Strauss o Lehár en Viena o Gilbert & Sullivan en Inglaterra.
Conocido desde que comenzó a componer con el nombre de Jacques Offenbach, afrancesando el nombre y tomando el apellido de su localidad de origen, la obra que le ha dado renombre en la historia musical es Les contes d'Hoffmann (Los cuentos de Hoffman). Se trata de una ópera que comenzó a gestarse en 1851 por Michel Carré y Jules Barbier a partir de tres cuentos de E. T. A. Hoffmann, el conocido autor de cuentos de quien tratamos en el blog en Palabra de gato.
Estos cuentos narran tres historias, cada una de las cuales presenta una faceta de su ideal de mujer amada, en las que Hoffmann se convierte en protagonista a la búsqueda del amor perdido con la cantante StellaDer Sandmann (El hombre de arena) se corresponde con la historia de Olympia, Rat Krespel (El consejero Krespel) con el episodio de Antonia y Der Geschichte von verlorenen Spiegelbilde (La historia de la imagen del espejo perdida) con el episodio de Giulietta.
La mirada sencilla e inocente pertenece, cómo no, al atribulado Hoffmann que ha sucumbido al amor de Olympia, una muñeca mecánica que el inventor Spalanzani presenta entre bromas como su hija. Enamorado de ella, y gracias a unas gafas especiales que le ha vendido el diabólico doctor Coppelius, Hoffmann está presente en la escena en que Olympia canta una virtuosa canción de coloratura, Les oiseaux dans la charmille.

El jardín de la Armonía con los compositores del XVIII y XIX

La soprano Rachele Gilmore interpreta el aria de Olympia en el Metropolitan Opera House de New York en 2009. Las anécdotas de esta interpretación son, por un lado que quien iba a cantar el papel era Katheleen Kim, pero Gilmore fue avisada para sustituirla por una indisposición tres horas antes de comenzar la función, que se retrasó un tiempo para que pudiera aprenderse los movimientos por el escenario. Además, en este aria, la Gilmore llega a un La sobreagudo, una nota que se discutió por un tiempo si era la más alta cantada jamás en el MET, como podéis comprobar en esta reseña publicada días después del evento por Neil Kurtzman.






Dickens se rebeló contra la idea de tener que seguir los dictámenes del ilustrador, exigiendo que la literatura debía ir por delante de los grabados, lo que ocasionó una seria disputa entre editores, escritor y dibujante. El caso es que, una vez ilustrados los tres primeros capítulos, Seymour, por no se sabe qué motivos, terminó con su vida y hubo de buscarse un nuevo dibujante que, ahora sí, se adaptara a los textos, Hablot K. Browne, bajo el pseudónimo de Phiz, quien ilustraría gran parte de la obra literaria de Dickens.
La idea inicial de ridiculizar a los miembros del club se fue trastocando con el paso de los capítulos. Poco a poco los protagonistas se convierten en una asociación de viajeros con un sólo deportista, Mr. Winkle (¡y vaya desastre de deportista!) y con la finalidad de conocer mundo. 
Pickwick se hace popular en Inglaterra. En el libro, todos les invitan y donde va junto con los miembros del club los reciben con alegría y cordialidad. Los personajes están siempre en vilo y son los primeros en sorprenderse de sus acciones. Mr. Pickwick, un personaje honesto y honorable como nadie, no deja de padecer aventuras impensables y, tanto él como sus amigos se convierten en un espectáculo de sí mismos.
En una época que comienza a desarrollarse el ferrocarril, los protagonistas viajan por toda Inglaterra en diligencias "con el único fin de observar el mundo humano, simplemente".
El cariño con que Dickens lo describe de un modo sutil e indirecto le hace escribir frases como las siguientes: "Mr. Pickwick y sus compañeros consiguieron llegar hasta las primeras filas  de aquel gentío bullicioso. La dignidad de Mr. Pickwick no tardó en verse turbada por un brusco empujón que lo impulsó unas yardas hacia adelante volando con una ligereza nada propia de su edad, porte y desarrollo físico".
Con Dickens, los personajes van progresando desde las meras caricaturas a tener una vida independiente del autor. Con toda seguridad el escritor no tenía una idea general de la evolución de la obra, sino que ésta iba avanzando conforme debía entregar a la imprenta cada capítulo. Además tenía la referencia de lo que los amigos y conocidos le iban comentando sobre la historia, de las cartas que lectores agradecidos le indicaban, de lo que oía a su alrededor, lo que hacía que las entregas fueran cambiando las ideas iniciales y adaptándose a los gustos de los lectores.
La entrada en escena de Sam Weller, el nuevo criado de Mr. Pickwick abrió un nuevo camino en la obra al tratarse de un personaje de extracción popular que contrastaba con el estilo más aristocrático del protagonista y un lenguaje fresco, típico de la clase baja urbana, un personaje que utilizaba las comparaciones y los ejemplos con una agudeza tal que la venta de la publicación se multiplicó.
Dickens publicó una novela por entregas que podía haberse quedado como uno de los folletines de la época, pero que llegó a alcanzar una gran difusión entre lectores de todas las clases sociales, con un gran dominio de la lengua inglesa, una variedad de historias y aventuras entre las que se intercalan distintas historias o narraciones y un sentido de la observación en el que incluye experiencias personales como las de la prisión, que vivió cuando era pequeño, o las duras críticas a quienes trabajaban con las leyes.
Es esta última mirada, la de los abogados Dodson & Fogg, una mirada rebuscada, casi vil, a base de argumentos retorcidos con la que crean de la nada la querella entre Bardell y Pickwick, entre la casera viuda y el inquilino y que acabará, por dignidad de éste último con él en la prisión la que marca un contraste con la inocente del protagonista.


La popularidad de "El Mozart de los Campos Elíseos" como le llamó el gran Giocacchino Rossini se basó en que sus operetas no buscaban más que ser como las hermanas pequeñas de las grandes óperas. Si en la obra de Wagner, en la Tetralogía pronostica que el egoísmo y la ambición humana desembocarán en El crepúsculo de los dioses, en las operetas de Offenbach los propios dioses se divierten mientras bailan sobre los volcanes, en una particular forma de señalar su ocaso.
El testamento definitivo del compositor, Los cuentos de Hoffman, tiene una gestación y publicación cuanto menos curiosas. El libreto de 1851 lo comenzó a trabajar Offenbach en 1877 cuando no estaba en sus mejores momentos: en plena guerra franco-prusiana, los poderosos entre los franceses a los que tanto criticó recordaron su origen alemán, pese a llevar varias décadas en el país. Por otro lado, era una persona llena de achaques. Sintiendo que este sería su gran legado, se dedicó intensamente a la composición, pero falleció en octubre de 1880 con la obra casi terminada y con la instrumentación apenas iniciada. La expectación era tal que Ernest Guiraud la terminó y se estrenó cuatro meses después en el lugar en el que tanto soñó triunfar, La Opéra-Comique.
La ópera cuenta con un prólogo, tres actos y un epílogo. A consecuencia de un incendio en la Ópera de Viena en el año del estreno y otro en La Opéra-Comique en 1887 se perdieron las partituras originales y no se ha sabido con exactitud el orden de las tres historias. En la década de 1890 se conocía de forma fragmentaria y, a partir de 1905, la famosa Barcarola (de la que se trató en el blog en Perspectivas y sensaciones con Offenbach y Savatini) pasa al acto de Antonia. Durante el siglo XX la obra ha alcanzado una gran popularidad, aunque con la representación de distintas versiones debido a la precariedad del material fragmentario disponible. Offenbach, un compositor que hasta que no veía varias representaciones de sus obras no fijaba la versión definitiva, se fue sin dejar la de esta obra. 
O al menos eso parecía. En 1992 se halló el libreto original en el Archivo Nacional de París. Y el año siguiente se encontraron un centenar de páginas con los manuscritos originales en un castillo de La Borgoña, en el que apareció el final original que da la forma definitiva a la obra. El estreno se llevó a cabo en Hamburgo en enero de 1999 con dificultades que se relacionaban con los derechos de publicación.
Tras esta historia que abarca casi un siglo y medio es el momento de volver a la mirada de Hoffmann, esa mirada sencilla e inocente con la que cree encontrar el amor de su vida en la muñeca Olympia.
La versión está interpretada de forma muy particular y con un dominio vocal exquisito por la soprano Natalie Dessay en una producción de Chorégies d'Orange en el Festival de Arte Lírico de julio de 2000.


Los papeles póstumos del Club Pickwick cayeron en mis manos buscando un libro de algún autor conocido a los quince, en el primer año que salía de casa por motivos de estudio. Era la primera ocasión en que tenía en mis manos un libro con un estudio preliminar, un análisis de la obra al que no estaba acostumbrado. Fue una experiencia singular, haciendo que su lectura fuera de las que te marcan la vida. El blog, el usuario de twitter (@Club_Pickwick) y la página de Facebook tienen en parte el nombre, ya que existen otros con el mismo. En el fondo, uno se siente pickwiniano

No sé cuántas veces he leído el libro, en cuántas ocasiones me he sorprendido riendo en voz alta, en cuántos momentos he recordado un personaje o una de historia. La última vez que lo leí, hace ya varios años lo hice consciente de que era la última vez que lo hacía. No sé si será cierto.

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