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Mostrando entradas con la etiqueta Laia Falcón. Mostrar todas las entradas
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La ópera en una nube

La ópera se nutre del directo, lo demás solo son pruebas.
La ópera -fábula in música se calificaba la primera que ha llegado completa hasta nosotros- surgió y se asentó como un espectáculo que contaba musicalmente una historia en una interacción directa entre el autor y unos espectadores con la imprescindible presencia de unos intérpretes (músicos y cantantes actores). El público al que se dirigía fue cambiando con el transcurso del tiempo, pasando de la nobleza inicial que promovía y organizaba el espectáculo para sus invitados, a la burguesía que comenzaba a suscitar la construcción de locales en los que representar las obras previo pago de una entrada o la adquisición del derecho a tener sus propios palcos reservados. Poco a poco, los empresarios vieron la oportunidad de disponer de localidades a precios más económicos con los que atraer a un tipo de público popular. Así, todo el espectro social tenía la oportunidad de asistir a las óperas, lo que abrió también el camino para que los autores incorporaran a todos estos tipos sociales entre sus personajes. 
Así, la ópera se fue convirtiendo en el espectáculo más completo que existía y que agrupaba desde la música al teatro, del diseño de vestuario a la creación de los decorados, conformando obras que hablaban a todos cuantos se acercaban a presenciarlas de las grandes -y pequeñas- pasiones que surcan el alma humana.
Como arte vivo que es, la ópera se ha ido adaptando a los tiempos, ha evolucionado según los pensamientos y los cambios producidos en la propia sociedad. Tantas veces se ha adaptado, ha cambiado y ha sido dada por muerta como tantas otras ha resurgido con nuevas fuerzas y cambios en su concepción, su estilo y su intención.
Llegar a los siglos XX y XXI supuso transitar un camino repleto de cuestionamientos, inventos -cine, radio, televisión- que pronosticaban su desaparición y que llegaron a convertirse por momentos en felices o incómodos aliados, en rivales que utilizaban tanto sus fuerzas como sus debilidades. 
De tal manera, la ópera saltó de los escenarios a las salas de cine, a los receptores de radio, a los equipos domésticos -televisiones, reproductores de cualesquiera tipo de vídeos-, acercándose simultáneamente a lugares y personas que la veneraban junto a otros que nunca tuvieron la oportunidad de acercarse a disfrutarla.
Te propongo unas reflexiones sobre la ópera en la actualidad y una muestra de cómo los grandes teatros se han adaptado a los nuevos tiempos y gustos, al que se une la inesperada llegada de una pandemia como la que nos ha azotado. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Durante los meses que la pandemia estuvo azotando a nuestro planeta, los espectáculos en directo y la ópera de modo especial se vieron afectados contundentemente -como muchos, como todos-, hasta tal punto que los grandes coliseos se encontraron en la disyuntiva de volver a reinventarse una vez más.
Cada uno de estos grandes escenarios hubo de suspender sus representaciones, optar por mantener a la mayoría de sus empleados y repensar cómo regresar de nuevo a la actividad hasta que la normalidad desbancara a la que se dio en llamar nueva normalidad.
Cada uno de ellos reaccionó con imaginación y urgencia buscando continuar con una actividad más virtual que presencial con la intención de que ni intérpretes ni público se alejaran del poder de convocatoria del espectáculo. Así, el Metropolitan Opera House de New York emitió cada día una ópera de su repertorio grabado; el Royal Opera House de Londres publicó durante varias semanas en Internet algunas de sus óperas y ballets; el Teatro Real de Madrid optó por ofrecer suscripciones gratuitas a su fondo de repertorio en la red, el Gran Teatre del Liceu o el Palau des Arts Reina Sofía de Valencia compartieron por las redes algunas de sus producciones; el Teatro Bolshoi de Moscú colgó durante varios días algunos de sus espectáculos, entre otros muchos teatros del mundo.
A través de su canal de Youtube Metropolitan Opera y, sobre todo, de su página web Metopera.org, desde mitad de marzo de 2020, el coliseo neoyorkino estuvo ofreciendo una de sus óperas grabadas durante 24 horas. Cada semana fue publicando en sus redes sociales, especialmente en su cuenta de Instragram Metopera las producciones que se iban a poder visualizar cada día bajo el título de Nightly Met Opera Streams. Hasta hace poco tiempo seguían realizándolo, mezclando con alguna At-Home gala en la que se transmitía directamente desde los hogares de los intérpretes.
Una de estas At-Home Gala del Met celebrada el 25 de abril de 2020 recogía una interpretación de Ombra mai fú de la ópera Xerxes de Händel a cargo de la mezzosoprano Joyce DiDonato junto con algunos miembros de la sección de cuerda de la Orquesta del Metropolitan de New York en la que rendían homenaje a uno de sus compañeros de cuerda, el violista Vincent Lionti, fallecido por complicaciones del coronavirus al comienzo de ese mismo mes.



Uno de los libros más aconsejables sobre la historia de la ópera desde sus inicios a nuestros días es La ópera. Voz, emoción y personaje, un libro imprescindible para los amantes de la ópera. Publicado en la Biblioteca básica de Alianza Música de Aianza Editorial, aborda el mundo de la ópera desde una visión completa y detallada, con un lenguaje rico y lírico que muestra los progresos y los cambios producidos este arte centenario, sus continuas adaptaciones a los contextos culturales, las figuras que lo han hecho avanzar y enriquecerse.
Su autora, Laia Falcón, es una reconocida soprano además de Doctora en Sociología del Arte por la Sorbonne y Doctora en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense. Escrito como un libro de divulgación, La ópera. Voz, emoción y personaje tiene la gran virtud de satisfacer simultáneamente a quienes se acercan por primera vez y a los que se consideran entendidos, de hacer a todos partícipes de un libro que está ideado como una gran representación que se divide -cómo no- en una Obertura y cuatro Actos en los que, convirtiendo a la ópera en uno de sus protagonistas, lo hace desfilar a lo largo de todo el libro.

Albert Robida. La salida de la ópera en el año 2000 (1882)

Alternando con las consecuencias que la pandemia ha provocado en el universo operístico -y artístico en general-, posamos la mirada en un vaticinio que a finales del siglo XIX se realizaba sobre el futuro de la ópera a partir de la singular narración de Laia Falcón.


Y, entre tanto dolor e incertidumbre, algunos de los grandes teatros comenzaron a dar algunos pasos para salir de tan extrema situación. 
En algunos países bálticos, instituciones como la Lithuanian National Opera o la Kansallisooppera de Helsinki han vuelto a reanudar sus producciones, de la misma forma que lo han hecho en otros lugares la Komische Oper de Berlin o la Ópera Comique de Paris con algunas modificaciones. En nuestro país, el madrileño Teatro Real fue de los primeros en aventurarse a retomar las producciones que tenía programadas para los meses de junio y julio con el mismo elenco que estaba previsto.
Así, según su director, Joan Matabosch, en todo momento se habían respetado las medidas de distanciamiento social asumiendo estas reglas dentro de los conceptos escénicos de las obras representadas.

Cartel para Cosí fan Tutte de Mozart. Teatro de la Ópera de Helsinki (2020)

En las producciones de La Traviata que se llevaron a cabo en ese tiempo se llegaron a marcar unas líneas rojas que han creado cuadrículas de dos por dos metros para cada uno de los integrantes del coro, así como unos cuadrados blancos para cada uno de los intérpretes principales. De esta forma, según Matabosch, se va avanzando en el paso a la normalidad, una normalidad que, según sus palabras, se irá conquistando poco a poco.  
El enlace corresponde al conocido brindis de La traviata de Verdi, Libiamo ne'lieti calici interpretado en sus papeles principales por la soprano Marina Rebeka y el tenor Michael Fabiano bajo la dirección de Nicola Luisotti en el ensayo general previo al estreno en junio de 2020.

 

Una de las características más importantes de la ópera es el hecho de que se presencia en el preciso instante en que se realiza. A tratarse de vibraciones producidas en el aire, la música tiene la cualidad de la inmediatez, la no persistencia en el tiempo. No es un cuadro que se puede admirar cuando se desee, un monumento que se puede habitar o visitar en cualquier momento o un libro que permanece escrito hasta que un lector lo acoge. La música está escrita, pero sucede cuando se interpreta. Los discos, los vídeos están muy bien, ayudan a conocer obras, transmiten la emoción grabada, están disponibles en cualquier momento, son accesibles a quienes no pueden asistir a los lugares donde se interpretan, ni a intérpretes consagrados que difícilmente se podrían admirar en directo, pero carecen de la emoción del encuentro, del vértigo de producirse en el preciso instante en que se lleva a cabo.
En esta relación entre espectáculos en vivo y sus registros con imagen no han funcionado sino las grabaciones en directo, tomadas desde el escenario, ya que los iniciales intentos de convertir óperas en formatos de películas, en las que la banda sonora se grababa en estudio y los cantantes actores actuaban doblándose a sí mismos, mostraban una sensación de irrealidad que el público no relacionaba con el espectáculo que conocían y buscaban.
De esta manera, las grabaciones que han triunfado en el formato visual para poder presenciar en los propios hogares son las óperas grabadas en directo en los grandes escenarios con las figuras dominantes del espectáculo.

Concierto recital en el Royal Opera House de Londres

En el cuarto y último acto en que Laia Falcón divide su libro La ópera, plantea el primero de los cambios que se produjo una vez que se amplió el número de teatros y coliseos que acogían representaciones operísticas: la posibilidad ya comentada de ofrecer las representaciones a un público distante en una asincronía novedosa que respeta la esencia de la obra: la interpretación directa sobre el escenario.


El panorama que generó la pandemia llevó a situaciones insólitas, además de las ya citadas como reposiciones de óperas propias en las redes o la publicación de interpretaciones realizadas desde los propios hogares en los que los teatros de ópera tuvieron, una vez más, que reinventarse.
En este regreso que se está realizando para alcanzar la conquista de la normalidad, tal como citábamos a Matabosch, los escenarios han desarrollado otras alternativas en que, como aquella profética visión del XIX, se trastocan los lugares. En el Royal Opera House de Londres se grabó esta interpretación de La canción de la luna de Rusalka de Dvorak a cargo de Kristine Opolais en un concierto en directo donde los miembros de la Orchestra of the Royal Opera House y su director Antonio Papano ocupaban el espacio que los espectadores suelen utilizar, la cantante se encontraba sola en el escenario y los espectadores presenciaban la actuación, como en la premonitoria caricatura, instalados en la nube de sus hogares.


Así, la emoción del espectáculo en directo ha ido variando según los momentos y los avances tecnológicos hasta llegar al momento actual en que todo lo encontramos disponible en las redes sociales. Cada teatro de ópera, cada cantante, cada intérprete de cualquier instrumento, cada figura, tiene sus redes sociales en las que muestra sus trabajos, sus éxitos y sus proyectos e interactúa con sus seguidores a través de especialistas que manejan por ellos sus imágenes públicas. Así, de forma definitiva, la ópera -como la música, como los libros- se ha instalado en una enorme y accesible nube.
En su relato-guía operístico Laia Falcón vuelve a incidir en estos cambios y las consecuencias que sobre la ópera tendrá esta nueva transmutación, este cambio en que compartirá y alternará su vitalidad entre los grandes escenarios de la actualidad y ese espacio etéreo situado en las nubes.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Ópera en Zapatillas: L'elisir d'amore (El elixir de amor)

La ópera tiene el gran poder de despertar las emociones.
Luciano Pavarotti

En otras ocasiones hemos comentado que la ópera es una obra de arte en la que confluyen diversas artes y que, como todo aquello en lo que interviene la música, es efímera, ya que se construye y desarrolla en un momento determinado.
Pero para apreciar una ópera es conveniente acercarse previamente a ella, saber qué nos quiere decir a nosotros (no sólo a los que la oyeron en el tiempo en que se estrenó) y conocerla. Es el valor de las grabaciones, tanto en discos como en vídeos. Ahora, en estos tiempos, con la ventaja de poder escucharlas desde la red en el momento que deseemos.
En el blog hemos dedicado varias publicaciones al ejercicio de disfrutar desde la comodidad de nuestra casa grabaciones de algunas de las óperas fundamentales en una sección que titulamos #OperaEnZapatillas y en las que, además de información sobre las mismas, algunos momentos destacados, se hace una propuesta para ver una versión concreta de esa ópera que se pueda seguir tanto para quienes lo hacen con frecuencia, como para los que aún no están acostumbrados.
Por la sección nos hemos acercado ya a las siguientes obras en lo que se pretende que sea una publicación en la primera semana de cada dos meses y que puedes ver clicando en los enlaces en verde:
-Ópera en zapatillas: La traviata.
-Ópera en zapatillas: L'opera imaginaire.
-Ópera en zapatillas: Las bodas de Fígaro.
En esta nueva entrega de #OperaEnZapatillas te propongo un acercamiento a una de las óperas más divertidas y populares de todos los tiempos: L'elisir d'amore de Donizetti, una obra con una de las arias más conocidas de la historia de la música, Una furtiva lagrima. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Tras la retirada de Rossini aún joven y en plenas facultades y el precipitado fallecimiento de Bellini, el mundo de la ópera se rindió al tercero de los grandes compositores italianos de la primera parte del siglo XIX: Donizetti.
Gaetano Donizetti nació y murió en Bérgamo relativamente joven, pero con una gran producción en su haber. De familia muy humilde pudo estudiar música gracias a la ayuda de Johann Simon Mayr, un alemán que dirigía la escuela de música de la ciudad además de ser párroco en la iglesia local y que lo apoyó a lo largo de sus estudios. Su formación fue lenta y cuidadosa a partir del conocimiento de los clásicos de Viena y Gluck, la música religiosa, sinfónica y de cámara. Pero el público italiano de la época exigía dedicación casi exclusiva a la ópera y Donizetti se entregó con todas sus fuerzas y energías a ella. Compuso entre sus más de setenta obras para la escena, Zoraida di Granata, Alahor in Granata, Anna Bolena, Ugo conte di Parigi que supuso un verdadero fracaso, L'elisir d'amore, Lucrecia Borgia, Lucia di Lammermoor, Maria Stuarda, Roberto Devereux, La fille du regiment, La favorita, Linda di Chamonix o Don Pasquale (la próxima ópera que podré presenciar en directo).
Su vida personal fue degenerando tras la muerte de sus tres hijos en plena infancia a las que siguió su esposa Virginia. La soledad, junto con una enfermedad contagiada terminó en la locura y su fallecimiento con apenas cincuenta años después de haber viajado y triunfado por toda Italia, Francia y Viena.
De su frenética vida compositiva, su capacidad para alternar obras serias e históricas con otras comedias intrascendentes pero divertidas da cuenta la soprano Laia Falcón en su interesante La ópera. Voz, emoción y personaje, un libro que nos ha acompañado en diversas ocasiones.

La ilustración muestra la caricatura aludida en la que Donizetti escribe con la mano derecha una ópera bufa, mientras con la izquierda compone una ópera seria. Corresponde a una publicación en Le Charicari en 1840.


Caricatura de Donizetti escribiendo a dos manos
La pieza más conocida de esta ópera y una de las más famosas de toda la historia musical es Una furtiva lagrima, el aria de Nemorino del segundo acto de L'elisir d'amore, una romanza para tenor.
El fagot introduce la pieza como solista acompañado del arpa y la cuerda en pizzicato. Poco a poco van entrando instrumentos de viento (clarinete, corno inglés, oboe y flauta) doblando la melodía o haciéndole eco hasta el final. Donizetti quería se propuso hacer en este aria un pequeño ejemplo de música de cámara en plena ópera. 
La interpretación corresponde al tenor Roberto Alagna en un recital del que no tenemos datos sobre quienes lo acompañan. La versión que canta no es que se suele realizar de forma habitual con algunos cambios en la segunda parte y corresponde a una versión alternativa que Donizetti realizó en 1840. En ella, Alagna, en un momento vocal excelente, con una voz bella, brillante y potente nos deja una de sus mejores interpretaciones.





La historia de la creación de esta ópera es curiosa, en unos tiempos en los que componer no tenía el sentido trascendente e histórico que posee en nuestros tiempos. Simplemente se componía para cubrir las expectativas de los teatros y la gran demanda de obras que se exigían. 
Donizetti tenía fama de escribir de forma rápida, tanto que entre 1816 y 1832 había estrenado 33 óperas. El caso es que Lanari, gerente del Teatro della Cannobiana de Milán, una ciudad en la que aún no había triunfado el compositor, se encontró con que le había fallado una obra que tenía apalabrada con un compositor y dos semanas antes de comenzar la temporada de primavera de 1832 se dirigió desesperado al compositor para suplicarle que le proporcionara una nueva ópera. Donizetti aceptó el desafío con la condición de que Felice Romani, con quien había colaborado en Anna Bolena, debería ser el libretista.


Ensayo de L'elisir d'amore con los cantantes dirigidos por Donizetti

El barítono francés Henry-Bernard Dabadie formaba parte del elenco della Cannobiana y sugirió una adaptación de Le filtre (El filtro) de Auber que él mismo había estrenado en París el año anterior, y que se basaba en otra anterior, Il filtro de Malaperta. Donizetti se negó a arreglar esta ópera ante la propuesta del barítono y Lanari. "¿Está usted bromeando?" -les dijo- "No es mi costumbre remendar mis obras ni las de nadie, pero aguarde y verá si tengo o no el coraje de crear una ópera completamente nueva en quince días. Le doy mi palabra con la ayuda de Romani."
Así, Donizetti se encontró con dos semanas para hacer una obra nueva, el compromiso de Romani de entregarle un libreto en siete días y un elenco ya cerrado al que debería adaptar la ópera. En la publicación que el Teatro Real de Madrid editó para las representaciones de L'elisir d'amore de la temporada 2005/2006 recogemos un texto de Gonzalo Badenes que nos lo especifica.



En L'elisir d'amore, Donizetti utiliza los cuatro personajes que representaría el elenco establecido, y en el que el propio Dabadie interpretaría al sargento Belcore, de la misma manera que hizo en el estreno de Le filtre con Jolicoeur (el mismo nombre en fráncés). Lo interpreta un barítono lírico con ironía y una insoportable petulancia que canta con escalas y florituras recargadas y propias de otros tiempos. Es un personaje que podíamos considerar de relleno y que sirve para dar pie a las idas y venidas que marcan en la historia la relación entre Nemorino y Adina.
La aparición en escena no puede reflejar mejor al personaje. Llega al pueblo como jefe de una guarnición cantando Come Paride vezzoso (Como el seductor Paris) y haciéndose creer un gran seductor. 
La interpretación corresponde a Joan Pons que cree seducir a una Adina interpretada por Kathleen Battle en presencia del Nemorino Luciano Pavarotti en una producción de 1991 del Metropolitan Opera House de Nueva York bajo la dirección de James Levine.



Los protagonistas son Adina y Nemorino. Él está interpretado por un tenor preferentemente lírico, aunque es un personaje deseado por todo tipo de tenores. Es un pueblerino simple, algo tontorrón y excesivamente crédulo, tanto que a veces podemos pensar cómo Adina acaba enamorándose de él. Pero Donizetti logra que le tengamos una simpatía especial desde que comienza la obra y culmina nuestra admiración con la genial Una furtiva lagrima.

Adina es una de las heroínas donizettianas interpretada por una soprano lírica o ligera con algo de coloratura. Es una campesina espabilada, lista, un punto maliciosa y emotiva que va pasando poco a poco desde la ignorancia y desprecio a Nemorino a darle celos y acabar, como no podría ser en un melodramma giocoso, enamorados ambos.
El otro personaje que falta para el cuarteto protagonista, además del sargento Belcore, es Dulcamara, un charlatán de pueblo, simpático embaucador, en el fondo un desgraciado que sólo puede ir de pueblo en pueblo vendiendo sus milagrosos brebajes a unos campesinos inocentes que lo recuerdan de una y otra venida. Está interpretado por un bajo bufo y tiene un papel del tipo deus ex machina que se relaciona con todos los personajes, interviene en sus voluntades y en los cambios de la historia y acaba, incluso de consejero sentimental de Adina. Es un personaje que debe ser interpretado con ironía y gracia, con desparpajo y un tono burlón.
Seguimos acompañados del texto de Gonzalo Badenes que nos recuerda, en palabras de la que fuera esposa de Romani, la composición de uno de los dúos de la ópera.



El primero de los dúos entre Adina y Nemorino es este que corresponde a la tercera escena del primer acto. Después de que Belcore se ha insinuado a Adina, Nemorino intenta llamar su atención y conquistarla sin ningún éxito y un desprecio poco amable de la campesina.
El enlace está interpretado por el tenor mexicano Rolando Villazón y la soprano navarra María Bayo en una producción del Gran Teatre del Liceu de Barcelona de 2005 con la dirección musical de Daniele Callegari.






Hay momentos que se vuelven inolvidables en L'elisir d'amore, una obra ideal para los que quieren iniciarse en el mundo de la ópera. La llegada del embaucador Dulcamara con la retórica de vendedor ambulante y la retahíla de beneficios de sus pócimas curalotodo que se han vivido por los pueblos y ciudades de nuestra geografía hasta mediados del siglo pasado. El papel del engreído sargento Belcore y su convencimiento de que es irresistible a todas las mujeres, circunstancia que aprovecha Adina para darle celos a Nemorino concertando su boda con el militar. El momento en que el inocente campesino convence a Dulcamara de que le venda un elixir como el de Tristán e Isolda en el que este nunca había pensado, vendiéndole una simple botella de vino.
Aún nos recuerda Gonzalo Badenes a partir de la memoria de Emilia Branca dos momentos de la ópera.

Que Una furtiva lagrima haya tenido el éxito tan contundente y que sea la pieza más esperada de la ópera, siendo un aria tan seria en medio de una obra cómica es mérito indiscutible de Donizetti al conseguir que sus contrastes y paradojas sean aceptados tan bien por todos los públicos desde que se estrenó la obra.
El otro de los casos citados, Io son rico, tu sei bella se interpreta como un dúo que acaba de escribir Dulcamara y le ofrece la letra a Adina para que lo cante con él. Es una poesía que en estos tiempos sería casi impensable que se escribiera para una obra en la que un viejo senador Tridenti (Tres Dientes) no deja de insinuarse a una bella gondolera pidiendo que deje el amor de su novio por su dinero.
La interpretación de esta Barcarola a due voci (Barcarola a dos voces) corre a cargo de Enzo Capuano como Dulcamara y el senador y Erika Miklósa como Adina y la gondolera con la dirección de Marco Balderi y se grabó en el Müvészetek Palotája de Budapest en 2010.




De todas las versiones que hay en la red, te propongo ver una que se grabó en Viena en 2005 con un éxito abrumador.
Según las indicaciones originales de Donizetti, la obra se desarrolla en una aldea del País Vasco, aunque se suele ambientar en cualquier entorno rural u otro cualquiera.
El vídeo está subtitulado en castellano y comento algunos detalles de la producción.
El elenco es uno de los mejores que se podía utilizar en aquel momento. 
El rol de Adina está representado por Anna Netrebko en un momento excelente, cuando su voz aún tenía el brillo de soprano ligera. 
Nemorino lo interpreta Rolando Villazón, también en uno de sus mejores momentos vocales, antes de las complicaciones canoras que lo sacaron de los escenarios por un tiempo. Hay un sutil homenaje en su papel a su paisano Cantinflas que se deja traslucir a lo largo de la obra, pero de manera especial en la escena en que prueba el milagroso elixir.
Belcore lo encarna uno de los más expertos barítonos, Leo Nucci, que borda el personaje con la dosis de petulancia y manierismo que necesita. 
Dulcamara es Ildebrando d'Arcangelo, un barítono italiano que comenzaba a despuntar y también aporta el matiz de embaucador resabiado, pero que se deja sorprender por la inocencia de Nemorino, aportando las nuevas propiedades de sus medicinas a su repertorio.
La dirección musical corre a cargo de Alfred Eschwé.
Atención especial merecen las entradas en escena de estos dos últimos personajes (Come Paride vezzoso y Udite, udite, o rustici), la narración de Adina de la historia de Tristán e Isolda (Della crudele Isotta il bel Tristano ardea), el dúo que hemos enlazado antes (Una parola, o Adina).
El segundo acto comienza con la boda entre Belcore y Adina a la espera del consabido notario y en cuyo banquete se interpreta la barcarolla Io son rico e tu sei bella, mientras en la mitad del acto se canta el aria Una furtiva lagrima. Como acontecimiento excepcional, Villazón realiza un bis, algo que dejó de hacerse en los teatros durante muchos años. Es interesante ver la emoción que se deja traslucir en el intérprete entre los aplausos de un público entregado antes de volver a cantar el aria.



Caricatura realizada por el propio Donizetti
Es posible que a estas alturas estés ya cansado o cansada y no sea el momento de abusar de tu paciencia para continuar leyendo y escuchando sobre una obra tan genial como esta. Es posible que desees regresar en otro momento a seguir la obra completa y para ello es conveniente recordar unos consejos:

-Elige el momento en que tengas tiempo suficiente para verla entera o, al menos en dos partes, una para cada acto.

-Antes de cada acto, lee y conoce su argumento. En el siguiente enlace que a la página Operamanía puedes seguir el argumento de la obra con las piezas más señaladas de la misma: Operamanía: L'elisir d'amore.

-Sigue los subtítulos en nuestro idioma y aíslate del mundo por un rato.

-Si tienes la opción utiliza una pantalla grande. Recuerda que al estar los enlaces en YouTube, puedes verlos tanto en un ordenador como en una SmartTV.

Esta ópera es una excelente ocasión para deleitarse con de un argumento simpático y una música realmente encantadora. Busca el momento adecuado para disfrutarla. 


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Bibliografía consultada:
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)
  • Alier, Roger. Guía universal de la Ópera. Ediciones Robinbook, S. L. 2007, Barcelona. Ma non troppo.

Ópera en zapatillas: L'opera imaginaire

#OperaEnZapatillas

Hace varias semanas comenzamos en este blog Ópera en zapatillas, una serie de entradas encaminadas a descubrir el mundo de la ópera, dedicando unos consejos para iniciarse en ella y poder apreciar y disfrutar de su belleza.

En esta entrada te propongo seguir un film de animación con algunas de las piezas más conocidas del repertorio de ópera, la película L'Opera imaginaire. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere...!



De forma simplificada recordamos algunos de los consejos para poder seguir algunas óperas:
-Relájate y disfruta: Aunque las óperas suelen cantarse en otros idiomas, especialmente en italiano, son fáciles de entender ya que tienen argumentos que suelen ser comprensibles y cercanos a los que nos gustan: el amor, los deseos, la lucha por nuestros ideales o las decisiones vitales que debemos tomar. 
-Selecciona la obra: No todas las obras sirven para iniciarse en la ópera. Hay algunas que son más asequibles: La TraviataTosca El exilir de amor, La Boheme, Lucia di Lammermoor, Las bodas de Fígaro o Rigoletto
-Ve al teatro: Asistir a un teatro de ópera es una experiencia fascinante que hay que tomarse con tiempo, llegando pronto, observando el recinto y sus detalles, el escenario y el ambiente que se respira. 
-Prepárate la obra: Quizás asistir a una ópera sin conocerla no sea la mejor idea y es aconsejable prepararla antes de asistir. 
-El idioma puede pasar de un inconveniente a una oportunidad. La mayor parte de las que se suelen representar están en italiano y en prácticamente todos los escenarios las obras tienen sobretítulos en el escenario, por lo que es fácil seguir la trama sin complicaciones.
-Escucha las mejores piezas del tipo highlights o Las mejores arias, los mejores coros, etc. Como sugiere @Raudeenlared, en Internet hay multitud de enlaces que se pueden escuchar mientras estás haciendo otra cosa o disfrutar de algún acto suelto de una ópera.
-Utiliza las redes sociales: Hay muchas páginas web que tratan sobre óperas y ofrecen libretos, vídeos, comentarios, sinopsis. También se comparten comentarios, sensaciones o experiencias.
Estos consejos puedes recordarlos siguiendo el enlace de Ópera en zapatillas: La traviata donde también puedes seguir y disfrutar de esta ópera de Verdi.




En La ópera. Voz, emoción y personaje, la soprano Laia Falcón nos abre camino y muestra, nos sumerge y llena con la historia, evolución y creación de mundos que ha supuesto, desde hace más de cuatrocientos años, la ópera en la música y, por tanto, en cada uno de nosotros, aunque en muchas ocasiones no seamos conscientes de ello.
En el prólogo, a modo de Obertura de este libro, Laia Falcón nos muestra el abanico, la paleta del pintor de lo que será el fresco de la ópera, un mundo que se mueve entre lo inabarcable y lo inabarcado, fecundo, sorprendente y un reflejo de lo que somos y lo que queremos ser.



La obra que nos acompaña es L'opera imaginaire (La ópera imaginaria), una producción de 1993 realizada por Pascal Roulin para la televisión pública francesa. 
La obra es una invitación a adentrarse en el mundo de la ópera a través una serie de episodios, unas obras maestras del cine de animación. Cada uno de ellos está realizado por un director diferente y utiliza diversas técnicas de animación que van desde la stop motion con figuras de plastilina hasta las imágenes realizadas por ordenador en 3D.
El hilo argumental está narrado por un maestro de ceremonias quien, desde su palco, nos va presentando las distintas piezas, sus personajes y argumentos. En ocasiones siguen la trama original de la pieza cantada, en otras desarrollan su creatividad a partir de la idea, es espíritu que desarrollan en la obra original y en otras, les sirven de excusa para realizar un divertimento sobre las mismas.




La película está formada por doce piezas muy conocidas de distintas óperas y autores. Hay arias, dúos, coros y hasta un sexteto entre las que entran las que conocemos porque hemos oído alguna vez, las reconocemos, pero no sabemos de dónde, posiblemente en algún anuncio publicitario o en alguna película.
Los doce cortometrajes que forman L'opera imaginaire son:
- Vesti la giubba de la ópera Pagliacci de Ruggero Leoncavallo.
- La donna è mobile de Rigoletto de Verdi.
- El coro de pilluelos Avec la garde montante de Carmen de Bizet.
- Voi che sapete, la canzonetta de Cherubino de Las bodas de Fígaro de Mozart.
- Un bel di vedremo de Madama Butterfly de Puccini.
- El dúo Au fond du temple saint de Los pescadores de perlas de Bizet.
- Du also bist mein Braütigam (¡Así que tú eres mi novio!), el  dúo con un puñal en la mano entre Pamina y el Trío de muchachos de La flauta mágica de Mozart.
- Questo è un nodo avviluppato, el sexteto de La Cenerentola (La Cenicienta) de Rossini.
- Le veau d'or (El buey de oro) de la ópera Fausto de Gounod.
- Noi siamo zingarelle, el Coro de gitanas de La traviata de Verdi.
- Sous le dôme épais, conocido como El dúo de las flores de Lakmé de Leo Delibes.
- E lucevan le estele, el aria final de Cavaradossi en la Tosca de Puccini.
Estas piezas están animadas a partir de algunas grabaciones que podríamos denominar históricas con voces legendarias como las de Nicolai Ghiaurov, Franco Corelli, Nicolai Gedda o Carlo Bergonzi entre otros.



Al finalizar la producción, en sus títulos de crédito (algo que nos estamos acostumbrarnos a dejar de ver), viene recogida toda la información de sus autores, intérpretes y las obras a la que pertenecen. Guárdala para cualquier momento.
Al no tener hilo argumental, se puede ver en cualquier ocasión, puedes dejarla para terminar en otro momento, retomarla o volver hacia adelante o atrás.


¿Cuál te ha gustado más? ¿Con cuál te quedas? ¿Cuál de las piezas recomendarías?
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Bibliografía y webgrafía interesante:

En el principio no existía el nombre, la llamaremos...

¿Son las cosas que admiramos y nos gustan como eran en su comienzo? Damos por hecho todo aquello que está consolidado, lo que ha conseguido tener una forma concreta, aquello que sigue unas reglas que se han establecido a lo largo del tiempo y es aceptado tal como permanece. 
Pero el comienzo de todo arte, ciencia, deporte, programa o cualquier relación que pensemos ha estado marcado por unos inicios que han tardado en afianzarse, a veces incluso no ha llegado a adoptar una forma definitiva o no ha sido aceptado. Ha habido una evolución que ha determinado la forma que tiene actualmente, quedándose en muchos casos por el camino, ganando fuerzas, adaptándose a los gustos o necesidades.












En esta entrada te propongo una mirada a los primeros, balbuceantes pasos de una de las artes más completas y que aglutina la música, el canto, la poesía, las artes plásticas y, en ocasiones incluso, la danza. Nos acompañan un texto de Laia Falcón y el primero de los sonidos que se escucharon en la primera de las representaciones de Claudio Monteverdi.


Jonas Kaufman y Elena Mosuc tras La Traviata, Teatro Alla Scala de Milán
Siempre me ha llamado la atención que un género musical tan consolidado e importante como la ópera tenga precisamente ese nombre. Ópera significa literalmente, ya lo sabemos, obra. Qué poca preocupación por el nombre para un estilo musical que apareció como una forma de expresión estilizada y refinada a finales del siglo XVII. 
Todo comienza en las últimas décadas del siglo XVI en Florencia bajo la influencia del conde Giovanni de Bardi que se rodeó de un grupo de invitados conocidos como Camerata Fiorentina entre los que estaban Giulio Caccini, Pietro Strozzi (padre de Barbara Strozzi de quien hablamos en Mujeres épicas) o Vicenzo Galilei (sí, el padre de Galileo). Buscaban llevar la música a la naturalidad y pureza que tenía en la antigua Grecia, ya que, para ellos, estaba corrompiéndose por el uso excesivo de la polifonía que hacía cada vez menos inteligible el texto cantado y destrozaba la poesía, la misma crítica que realizó el Concilio de Trento.
Jacopo Peri con libreto de Rinuccini compuso la que se considera la precursora de la ópera, Dafne, una obra de la que sólo se tienen referencias.

Hace unos meses, en mi escucha impenitente de Radio Clásica de RNE, tuve un sorprendente encuentro oyendo una entrevista con la polifacética e interesante personalidad de Laia Falcón
La soprano, doctora en sociología y en comunicación audiovisual presentaba su libro La ópera. Voz, emoción y personaje. Una delicia para los amantes de este género musical. 

Para el texto de este post, no me resisto a compartir las palabras con que evoca los preparativos de la primera representación que se llevó a cabo.


Después de varias experiencias a cargo de distintos autores, en 1607 Claudio Monteverdi estrenó la que está considerada como primera ópera, el primer drama musical de la historia, en colaboración con Alessandro Stringgio, autor del texto. Más completa que las obras que se hicieron hasta ese momento, presenta la mayor evolución del género. Monteverdi logró transmitir las emociones de los discursos de los actores cantantes a través del uso de las inflexiones de la voz, logrando alcanzar un lenguaje con una gran libertad armónica. La orquesta no sólo acompañaba a los cantantes, ya que también ayudaba a crear los ambientes de las distintas escenas. 




Pero no fue en Florencia, sino en Mantua donde se estrenó la que actualmente se considera la primera ópera. Claudio Monteverdi preparó una obra sobre el mitológico personaje. Pensó que lo mejor sería utilizar la marcha militar de los Gonzaga, duques de Mantua, como agradecimiento hacia quienes financiaban el espectáculo y como medio de indicar a los asistentes que comenzaba la ópera y era el momento de tomar asiento y atender. Así comienza el camino de la ópera.
La música no podía ser otra que la que inicia la opera prima del género. Una versión de L'Orfeo, Fávola in música, nombre que le dio en lugar de ópera, de Claudio Monteverdi con Jordi Savall Le Concert des Nations y la Capella Reial ofrecieron esta versión con evocaciones primigenias en el Teatre del Liceu de Barcelona en 2002. 


Si tienes tiempo y ganas, aquí puedes disfrutar la versión completa.


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