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¡Feliz día del ballet!

El baile es la música hecha visible
George Balanchine

El ballet es una de las manifestaciones artísticas y culturales más ampliamente reconocidas en todo el mundo. Como sabemos, se trata de una danza de tipo clásico que se desarrolla para narrar una historia sobre un escenario a través de la música y el movimiento corporal a partir de intervenciones en grupo más o menos numeroso, a través de dúos, tríos o cuartetos, o bien individualmente.
Como otras muchas expresiones artísticas, tiene también su memoria, homenaje y celebración en un Día Mundial del Ballet, aunque, por razones que no vienen al caso, se celebran en distintos días. El 19 de octubre de 2014 se celebró el primer #WorldBalletDay, aunque también se celebra anualmente el 2 de noviembre e incluso el 26 de julio.
Aquella primera celebración el 19 de octubre de 2014 contó con la unión de cinco de los grandes escenarios de ballets del mundo, quienes difundieron una serie de actuaciones y celebraciones a través de las redes, que aún se pueden presenciar en Youtube. Estos coliseos del ballet fueron:

            The Royal Ballet de Londres.
            The Asustralian Ballet de Melbourne.
            El Bolshoi Baller de Moscú.
            The San Francisco Ballet de la ciudad californiana.
            The National Ballet de Toronto

Pese a que su nacimiento y nombre provienen de Italia -ballet es un apócope de balleto, diminutivo de balle- su desarrollo y expansión se produjo en Francia, donde llegó gracias a la influencia de Catalina de Médicis, esposa de Enrique II y madre y regente de Francisco II. Más adelante, fue gracias a Luis XIV y Jean Baptiste Lully, de quienes tratamos en El baile del Rey Sol, como llegó a adoptar la terminología e influencia con que se extendió por toda nuestra cultura. 
El cine también se ha hecho eco de las historias que suceden en un mundo tan particular como el del ballet. No podemos dejar de recordar algunas como:

-El documental de Ralph Fiennes El bailarín (2019), sobre el momento en que Rudolf Nureyev abandonó el ballet Kirov y pidió asilo político.
-El cisne negro de Darren Aronofsky (2010), protagonizada por Natalie Portman, sobre una bailarina de una compañía de ballet neoyorkina y las presiones y rivalidades a las que se encuentra sometida.
-Billy Elliot (2000), de Stephen Daldry, sobre el pequeño que muestra una enorme pasión y habilidad para el ballet en un entorno hostil repleto de prejuicios.
-Ballerina (2006), de Bertrand Normand, un documental sobre la vida cotidiana de cinco bailarinas rusas en diversos momentos de sus carreras.
-Tiny Pretty Things (2020), una serie de Netflix centrada en una academia de baile de Chicago y las rivalidades y competitividad entre tres de sus bailarinas.

Sea cuando sea la fecha en que se celebre el Día Mundial del Ballet, cualquier momento es bueno para tenerlo presente y disfrutar de él.
Te propongo una mirada hacia este arte en la celebración del Día Mundial del Ballet o cualquier otro momento, con textos y músicas que nos acercan a figuras como Nijinsky, IsadoraDuncan o Nureyev y música de Tchaikovsky y Khachaturian. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 

Teatro de la Maestranza de Sevilla. Saludos tras El lago de los cisnes
Centrándonos en el ballet y el placer de acercarnos a este arte y disfrutarlo, en esta publicación nos acercaremos a tres grandes figuras del siglo XX desde el punto de vista literario, acompañados por diversas grabaciones de interpretaciones, tengan o no relación con los ellos, 
Dentro de las grandes figuras míticas del ballet nos encontramos con Vaslav Nijinsky, el gran bailarín y coreógrafo ruso que conmocionó y revolucionó el mundo del ballet clásico desde su participación en los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev en las primeras décadas del siglo XX y del que tratamos en Las dos muertes de Nijinsky.


La importancia de una figura y una personalidad como la suya no podemos apreciarla a través de ningún tipo de imagen o grabación, ya que no existía la posibilidad de realizarlas en su tiempo. 
Será el polifacético psiquiatra y escritor Juan Antonio Vallejo-Nágera, quien trate de la importancia de Nijinsky en el mundo del ballet contemporáneo, gracias al estudio de su enfermedad que realizó en esa joya que es su libro Locos egregios.
Tras analizar y desglosar los últimos años de Nijinsky en medio de su enfermedad mental, Vallejo-Nágera finaliza su trabajo sobre el bailarín ruso con una reflexión sobre su importancia y valor dentro del mundo del ballet. 


La música está tan extendida, especialmente la que posee la cualidad de la calidad o de la popularidad, que hay muchas músicas que se han difundido en multitud de medios e identificamos, aunque no conozcamos su nombre o de qué obra proceden.


Posiblemente la música que nos acompaña a continuación sea de esas melodías que hemos oído en alguna ocasión y no identificamos.
Se trata del Adagio del Acto III del ballet Spartacus de Aram Khachaturian, sin duda, la pieza más conocida de esta obra y, posiblemente, de su autor junto con la vertiginosa Danza del Sable de su ballet Gayaneh.
La melodía principal, que comienza en el viento madera, va creciendo hasta alcanzar su clímax en el tutti orquestal donde está desarrollado por las cuerdas. 
Nina Kaptsova en el rol de Phrigia y Carlos Acosta como Spartacus interpretan este sentido adagio a dúo en una producción del Ballet del Teatro Bolshoi de Moscú, con coreografía de Yuri Grigorivich y que se representó en el Palais Garnier de París en 2008 con la Orchestre Colonne bajo la dirección musical de Pavel klinichev.


La tercera mirada hacia el ballet, y la danza en general en esta ocasión, procede de otra de las figuras míticas de las primeras décadas del pasado siglo, una bailarina que rompió moldes traspasando las fronteras del ballet clásico para llegar a un ballet cercano al expresionismo que crecía en la época y a la búsqueda de la libertad de movimientos.
Estadounidense de nacimiento, Isadora Duncan, mostró su arte por todo el mundo, inspirándose en los ideales griegos de la antigüedad en la búsqueda de formas más naturales para los movimientos y la expresión del cuerpo humano para transmitir las emociones.
Su idea de fundar una escuela para transmitir sus conocimientos con los niños que se iniciaban en el ballet y la danza no tuvo éxito, por lo que decidió en 1921 decidió aceptar tras recibir un telegrama con una oferta: «El gobierno de los Soviets es el único que puede comprenderla. Venga a nosotros. Haremos su escuela». La Duncan aceptó con la única condición de disponer de un estudio y el dinero necesario para su trabajo. Después de una vida tan libre como sus ideas sobre la música y la danza, se casó con el poeta ruso Sergei Essenin
Tras recorrer juntos Europa y Estados Unidos, regresaron a la Unión Soviética donde se separaron a causa de la violencia del poeta, sumido en el alcoholismo. La incapacidad del gobierno soviético para proporcionarle las condiciones que pedía para su proyecto hizo que regresara a Francia, instalándose en Niza. Un impensable y estúpido accidente de tráfico, al enredarse su larga bufanda en la rueda del automóvil descapotable en el que viajaba, acabó con su vida en 1927.


Nacido en Atenas, donde su padre ejercía como ingeniero ferroviario, con el nombre de Andrea y hermano del pintor Giorgio de Chirico, tomó el nombre artístico de Alberto Savinio dedicándose también a la pintura y la literatura.
Savinio desarrolla en Contad, hombres, vuestra historia, un libro publicado en 1942, una serie de apuntes biográficos sobre algunos personajes que van desde Nostradamus a Julio Verne, pasando por Antonio Sradivarius, Carlo Collodi o la propia Isadora Duncan, a los que muestra con su mirada fina y perspicaz. 
El texto que nos acompaña se centra en el descubrimiento del centro de los movimientos a partir de algunos textos de la propia Isadora y los insospechados maestros de danza que la inspiraron en su aprendizaje.


Cambiando de registro hacia un ballet mucho más clásico, nos acercamos a uno de los más representados de todos los tiempos, El Cascanueces de Tchaikovsky. En esta ocasión se acerca más a la exhibición que a la narración de una historia. Elena Petrichenko y Sergey Chumakov forman el AcroDuoBallet, que, tal como su nombre indica, está más cerca de lo acrobático, lo circense o la gimnasia, del control de toda la musculatura corporal que del servicio a la historia que se narra.
La grabación muestra una coreografía creada por los propios intérpretes y realizada dentro del Batic Ballet Festival de Riga con la orquesta del Royal Opera House londinense bajo la dirección de Ernest Ansermet. La lentitud de la Danza Árabe de El Cascanueces se puede apreciar en todo su esplendor en esta coreografía.



Después de Nijinsky e Isadora Duncan nos acercamos a otro de los genios del ballet del siglo XX, uno de los bailarines más completos, Rudolf Nureyev.
El bailarín ruso, que pidió asilo político en una gira del Ballet Kirov en París, actuó en las mejores compañías del mundo, residiendo en distintos países de Europa Occidental. En el Royal Ballet de Londres, Nureyev comenzó a bailar con Margot Fonteyn, consolidándose como una de las parejas más aclamada de todo el siglo. Pese a los casi veinte años de edad que ella le llevaba, bajo la dirección del coreógrafo Frederick Ashton, se convirtieron en la pareja más compenetrada y reconocida del mundo del ballet.
La completa y prodigiosa técnica de Nureyev le facilitó interpretar un amplio repertorio, aunque se especializó en el ballet tardorromántico, donde también pudo mostrar su maestría y originalidad en la creación de coreografías como las de La bayadera de Minkus, El lago de los cisnes de Tchaikovsky o el Romeo y Julieta de Prokofiev. Desde 1983 ocupó el cargo de director del Ballet de la Ópera de París, donde estuvo hasta su fallecimiento por un SIDA que nunca quiso reconocer ni tratar médicamente, diez años después.


Nacido en Dublín, Colum McCann estudió periodismo antes de dedicarse a la escritura, publicando novelas como Perros cantores, Este lado del Brillo, Dancer, Deja que el gran mundo gire, Transatlántico o Apeirogon, además de algunos libros de relatos cortos y poesía.
En Dancer (El bailarín), publicado en 2003, McCann crea, a partir de datos biográficos sobre Nureyev un relato en el que se introduce en la mente del bailarín, además de aquellos que compartieron su vida con él, mara mostrar a los lectores la esencia del personaje, la época en que vivió y, especialmente, el significado de qué sentido tiene dedicarse al ballet. Con un estilo ambicioso y sorprendente, que parte del interior del personaje, moviéndose entre uno y otro de los que compartieron su vida con Nureyev, McCann divide El bailiarín en cuatro libros que narran desde su infancia en los confines de la Unión Soviética hasta sus últimos años, pasando por sus momentos de gloria y siendo el centro de interés de un mundo que lo adoraba.
El texto que nos acompaña recrea algunos momentos de la pareja que formó con Margot Fonteyn, las experiencias y sensaciones al bailar juntos o la acogida que recibían por parte del público. 


Si de Nijinsky o Isadora Duncan no existen grabaciones, aunque sí la recreación de algunas de sus coreografías, sí las hay de Nureyev., aunque con la calidad visual y sonora de hace unas décadas, bastante inferiores a las actuales.
El último placer que nos damos en esta publicación presenciando ballet viene de una de las coreografías del propio Nureyev citadas anteriormente: El lago de los cisnes de Tchaikovsky en una grabación que se realizó en 1966 con la orquesta de la Wiener Symphoniker  y el cuerpo de baile del Wiener Staatsopernballett dirigidos todos por la batuta de John Lanchbery.


El enlace corresponde al Pas a deux del Acto III con el propio bailarín ruso y su pareja artística Margot Fonteyn, una pieza que comienza, como es habitual, de forma tranquila y sosegada y se va enriqueciendo y complicando en cada una de las intervenciones por separado y juntos. Todo un documento histórico.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Las dos muertes de Nijinsky

Soy Dios, en un regalo.
Vaslav Nijinsky

Esta entrada es excepcional, ya que en esta ocasión no hay música cantada, ni de ópera, ni de coros, ni siguiera una canción que la acompañe o protagonice.
Algunos bailarines han pasado a la historia por sus dotes excepcionales y su forma de expresar su arte. Anna Pavlova, Nijinsky o Nureyev forman parte de la cima del ballet; son los grandes de todos los tiempos. De los primeros se guardan unos recuerdos míticos por el tiempo que hace que vivieron y de los que apenas quedan crónicas o libros biográficos. 
Pocos bailarines han despertado tanta curiosidad y admiración a lo largo de la historia como Nijinsky. A él, a su obra, a su persona, va dedicada esta publicación. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
Nijinsky con el vestuario de Les Orientales. Fotografía de Eugene Druet (1911)
Nijinsky está considerado el mejor bailarín de todos los tiempos, el Dios de la danza. Nadie ha sido tan admirado como él por sus revolucionarias danzas y coreografías, por su forma de interpretar y traducir la música con el movimiento de su cuerpo y por una capacidad para los saltos deslumbrante.
Vaslav Nijinsky nació en Kiev el 12 de marzo de 1889 hijo de bailarines procedentes de Polonia. Fomá, su padre, tenía una gran facilidad para los saltos, además de un carácter irascible con frecuentes brotes de violencia. Su madre Eleonora era hija de un adinerado terrateniente que se suicidó después de perder su fortuna en el juego. Se sintió obligada a casarse con Fomá, soportando sus agresivos modos, intentando no tener hijos para poder seguir bailando y consiguiendo mantener su carrera pese a tener tres hijos en cinco años: Stanislav, Vaslav y la pequeña Bronislava. El mayor tuvo una caída accidental desde una ventana con cuatro años que le ocasionó daños cerebrales graves además de frecuentes estallidos de violencia.
En 1902 Nijinsky entró en la Escuela Imperial de Danza donde se graduó en 1907 tras confesar su profesor Oboukhov que no tenía nada más que enseñarle. Tras ingresar en el Ballet del Teatro Mariinskifue expulsado al negarse a ponerse los tradicionales calzones con los de los bailarines debían salir a escena. 


Nijinsky en 1907, el año en que se graduó.
En esa circunstancia entra a formar parte de la compañía de Diaghilev quien lo llevó a su primera gira a París. Los que luego serían los famosos Les Ballets Ruses llegaron a la capital francesa en unos momentos de cambios y convulsiones entre la danza clásica y la moderna y allí Nijinsky aceptó el reto de dar protagonismo al papel del bailarín frente al predominio que había en aquellos momentos de las bailarinas.
El siguiente enlace nos muestra algunas de sus caracterizaciones de aquella época con la música de la Danza Árabe de El Cascanueces de Tchaikovsky y la presencia en una de las últimas fotos del poeta Baudelaire.


Amante de Diaghilev llegó a escribir: "Tenía 19 años cuando lo conocí. Lo amaba sinceramente y cuando me decía que el amor de las mujeres era una cosa horrenda, le creía. Si no le hubiera creído no habría podido hacer lo que hice."
El tándem Diaghilev-Nijinsky junto con las coreografías de Fokine conquistó a partir de 1908 París y, por extensión, toda la Europa occidental con obras como El Espectro de la Rosa, Le festin, Le pavillon d'Armide, El preludio a la siesta de un faunoSheherezade, Petruska o La consagración de la primavera
El vídeo que sigue es un trabajo de Christian Comte titulado The Russian ballet of Nijinsky exhibido en la Fondation Louis Vuitton con la música del Capricho 24 de Niccolo Paganini. En él podemos apreciar a partir de pocas imágenes y una post-producción digitalizada algunas de sus participaciones en estas coreografías. 


En 1912 se estrenó el ballet basado en L'aprés midi d'un Faune (El preludio a la siesta de un fauno) de Claude Debussy, inspirado a su vez en un poema de Mallarmé. Para este ballet, Diaghilev le encargó por primera vez una coreografía y estas son las únicas imágenes que existen de sus representaciones, tratadas nuevamente de forma digital.


Nijinsky pasa de ser un intérprete al creador que diseña la danza. Para ello se inspira en bajorrelieves griegos y rompe el vestuario con tutús y el paso clásico en puntas haciendo que los siete bailarines se muevan con las rodillas dobladas, los pies planos y con el apoyo del talón en el suelo para finalizar el movimiento en los dedos. El cuerpo debía ser colocado de frente al público con la cabeza y los miembros de perfil y los brazos colocados en ángulos.
El decorado representaba un lago bordeado de árboles, obra de León Bakst, en cuyo centro se encontraba el fauno Nijinsky con unas mallas con manchas animales y acompañado de unas ninfas descalzas, con túnicas plisadas y pelucas doradas. No hay saltos ni frenesí, los gestos parecen más animales que humanos, descansando sobre los codos, caminando con el cuerpo inclinado, avanzando y retrocediendo, a veces lenta, en ocasiones precipitadamente. Al inicio es una estatua recostada, indolente, sobre una roca, con la pierna doblada y la flauta. Acaricia un tela con voluptuosidad y termina con una masturbación simulada sobre ella.
El escándalo fue tremendo con gritos, abucheos y aplausos encendidos. El propio Debussy corrió fuera de la sala exclamando: "Ha interpretado de una forma grosera la palabra satisfacer." El escultor August Rodin publicó una declaración en la prensa: "Nijinsky es un genio; Diaghilev otro; el Preludio, arte, y quien no esté de acuerdo, un retrógrado." Más adelante dirá también: "Su belleza es la de los frescos y la escultura antiguos; es el modelo ideal, el que uno quiere dibujar y esculpir."
Poco tiempo después, Nijinsky posará en el estudio de Rodin.


Nijinsky. Escultura de August Rodin
El poema de Mallarmé traducido en música por Debussy y en Poema coreográfico por Nijinsky reza así:


¿Quizás yo un sueño amaba?
Un fauno descansa casi dormido.
Surgen ninfas que lo tientan y desaparecen.
Un velo abandonado le complace los sueños.
Y finaliza
Oh par, adiós, ¡la sombra miro en que se deshaces!

Pese a que no quedan filmaciones de la representación original, la coreografía se representa en ocasiones, especialmente desde la recuperación que realizó otro de los grandes bailarines del siglo XX, Rudolf Nureyev.
La película documental de 2005 de la BBC Riot at the Rite (algo así como Alboroto en el Rito), dirigida por Andy Wilson, que cuenta la creación y estreno de La Consagración de la Primavera de Stravinsky dedica una escena a la recreación del estreno de L'aprés midi d'un Faune el 29 de mayo de 1912 en el Theatre du Chatelet de Paris.


Juan Antonio Vallejo-Nágera es de esas personas que nos recuerdan a los autores del Renacimiento por su versatilidad. Rafael de Penagos lo definió como un "humanista que nos ha llegado a través del túnel del tiempo." Médico psiquiatra, pintor, escritor, encuadernador, ameno conversador, su obra publicada va desde los libros científicos a los de divulgación cultural como Naïfs españoles contemporáneos, Locos egregios, Mishima o el placer de morir, Concierto para instrumentos desafinados o Yo, el rey con la que obtuvo el Premio Planeta en 1985.
En Locos egregios repasa la vida de personajes como Maquiavelo, Abderrahman III, Juana la Loca, Benvenuto Cellini, Caravaggio, el dúo formado por Schikaneder y Mozart, Goya, Schumann, Liszt, Adolf Hitler o Rudolf Hess, dedicando un capítulo a la figura de Nijinsky.


Nijinsky con el vestuario de Seherezade

A partir de ese momento de la vida de Nijinsky los acontecimientos, las emociones y las situaciones se precipitan de forma sorprendente.
Tras el estreno de Preludio a la siesta de un fauno y La consagración de la Primavera de Stravisnky, en 1913 Nijinsky embarca para una gira hacia Sudamérica sin la presencia de Diaghilev donde se casa en Buenos Aire inesperadamente con Romola Pulszky, una aristócrata húngara enamorada de su trabajo y que llegó a seguirlo por medio mundo en sus actuaciones. La sorpresa y la furia de Diaghilev le hizo romper fulminantemente el contrato con el bailarín. Este intentó que su esposa aprendiera algo de ballet, pero vio que no tenía facultades. El matrimonio tuvo una hija al año siguiente. En Buenos Aires en 1917 olvidó la coreografía de El espectro de la Rosa que tantas veces había bailado y en Montevideo estuvo a punto de no salir a escena. Al comienzo de la Gran Guerra lo declararon enemigo por su ciudadanía rusa y estuvo en arresto domiciliario hasta que los ballets rusos prepararon una gira por Estados Unidos y requirieron sus servicios nuevamente. Tras unos meses de negociación por parte de Diaghilev y un intercambio de prisioneros, Nijinsky llegó a Nueva York para incorporarse al elenco.
Admirado y aclamado, tras manifestar algunas extrañas conductas, en enero de 1919 dio un recital en el hotel Suvretta House de St. Moritz en beneficio de la Cruz Roja.
Dejemos que sea Vallejo-Nágera quien lo relate en su capítulo dedicado al bailarín en Locos Egregios.


Vallejo-Nágera continúa el relato.


Fue la última aparición pública de Nijinsky. Acababa de morir para la danza y para el público que lo admiraba e idolatraba.
A partir de ese momento, la adoración de Romola se convirtió, a su manera, en abnegación y lo llevó al mejor psiquiatra: Ernst Bleuler en Zurich tras hablar dos horas con ella y al día siguiente apenas diez minutos con Nijinsky le indicó: "Hija mía, debe ser usted valiente. Hay que separar inmediatamente a la niña, y le conviene tramitar el divorcio. Por desgracia, no puedo hacer nada. Su marido es un alineado incurable. Lamento ser tan brutal, pero tengo que salvarla a usted y a la niña. Dos vidas. Por él no podemos hacer nada." El diagnóstico de esquizofrenia, en aquella época, no tenía tratamiento.
Romola, incansable lo llevó a los más famosos psiquiatras. En Suiza visitó a Forel ("No se puede hacer nada."), Jung ("No hay esperanza en el estado actual de la ciencia."). En Viena lo visitó Sigmund Freud ("El psicoanálisis no es eficaz en los casos de esquizofrenia.") y Wagner-Jauregg ("Mientras un esquizofrénico tiene períodos de agitación, queda esperanza de mejoría.").
Desde 1919 hasta su fallecimiento, Nijinsky estuvo ingresado en distintas instituciones, se probaron las más variadas terapias y curas como el tratamiento por choque insulínico que no tuvieron éxito, aunque en determinados momentos lograron que saliera de su aislamiento y mostrara cierto interés.


Caracterizado como Petruska, sus restos descansan en el cementerio de Montmartre en París


Durante los primeros años, Nijinsky llevó un diario que muestra un registro único y detallado de la lucha entre la parte cuerda y la dañada de su personalidad, evidenciando cómo su lucidez se ve dañada por fuerzas destructivas internas.
El diario está compuesto por cuatro cuadernos con los títulos Sobre la vida, Sobre la muerte, además de dieciséis cartas que nunca se enviaron, catorce de ellas a algunos de sus amigos y las dos últimas dirigidas A la humanidad y A Jesucristo. En él registró sus pensamientos y sentimientos en un momento en que su sentido de la realidad y su identidad personal se estaban descomponiendo por el peso de las enormes presiones emocionales que estaba sobrellevando.
Años más tarde, Romola las publicó con el título de Vaslav Nijinsky. Diario
En 1939, durante la mejoría que experimentó en la primera fase del tratamiento por choque insulínico, Romola invitó al coreógrafo Serge Lifar al sanatorio para bailar ante Nijinsky, quien experimentó cierto interés e incluso llegó a realizar uno de sus saltos. Lifar comprobó que algunos espasmos, gruñidos y una grave falta de coordinación mostraban tal degeneración neurológica que era impensable pensar en que la danza lo ayudara. Aún así, Romola convenció a un grupo de admiradores adinerados para que sufragaran una fundación para financiar el tratamiento de su esposo.

El último salto de Nijinsky
De esta visita quedaron recogidas esta y otras imágenes que fueron publicadas en las revistas Paris Match y Life tal como se recoge y se pueden ver en el artículo El último salto de Nijinsky, aunque con un tono general en el artículo, con toda probabilidad sugerido por Romola, que abría la posibilidad del regreso de Nijinsky a la vida pública.
La última imagen que se publicó del Dios de la danza fueron estos segundos grabados en 1945 en Viena. Quizás sean sus únicas imágenes en vídeo, sin tratamiento digital, que existen.


Tras unos años residiendo en Inglaterra en mansiones de admiradores y amigos, Nijinsky falleció en 1950 a los sesenta años de edad. Era necesario que muriera para pasar a convertirse en un personaje inmortal, el máximo exponente de la danza en toda la historia. El Dios de la danza.
Terminamos con un extracto del ballet Nijinsky del que John Neumeier es responsable de la coreografía, el decorado y el vestuario. En él se recogen los distintos Nijinsky, su último baile en St. Moritz, sus éxitos como bailarín y coreógrafo, sus personalidades, tanto las reales como las artísticas; sus deseos, sentimientos y dudas; los personajes que lo acompañaron en su vida artística y sentimental. 
La música surge, cómo no, de los grandes éxitos que lo acompañaron. En esta escena se nos presentan con la música de Sheherezade de Rimsky-Korsakof el propio Nijinsky y Romola, el Fauno, el Espectro de la Rosa, el público burgués que llenaba los teatros para asistir a sus representaciones, él mismo disociado en los distintos yo que conformaban su personalidad, juntos, a la vez e incidiendo unos sobre otros.
El elenco está formado por Alexandre Raibko, Anne Lauderer, Carsten Jung, Lloyd Riggins, Alexandre Trusch y Carolina Agüero pertenecientes a The Hamburg Ballet, con la Hamburg Philharmonic State Orchestra y la dirección musical de Simon Hewett.



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Bibliografía y páginas web interesantes: