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Mostrando entradas con la etiqueta Octavio Paz. Mostrar todas las entradas
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Cuando llega el verano

Como todos los años, con puntualidad astronómica en estos días llega el verano, aunque su presencia se ha hecho notar en algunos aspectos, mientras en otros, aún está por llegar.
Con la llegada del verano volvemos a tener las sensaciones que lo acompañan: La presencia destacada del sol con el calor que lo acompaña, los días largos seguidos de unos atardeceres que se nos antojan interminables en los que el sol cae muy poco a poco, la llegada de noches en que buscamos la tranquilidad y el fresco, pese a que en algunas sea complicado conciliar el sueño por el calor, los momentos y situaciones para hablar con tranquilidad, salir a la calle o festejar. Todo en un año que nunca habíamos imaginado y no sabemos aún cómo continuará, ni qué cambios traerá a nuestras costumbres estivales.
Así, en esta publicación tendremos la oportunidad de presenciar un homenaje al sol, seguir una comparación entre un día de verano y la persona amada, asistir a las sensaciones que las llegada de la tarde puede provocarnos, sentir la presencia de las noches de verano, además de recibir, como hace siglos la llegada del verano en su momento tradicional.
Te propongo un paseo alrededor de obras que nos acercan al verano y las sensaciones que nos provocan elementos como el sol, los atardeceres o las noches estivales. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Si pensamos en las estaciones, o para ser más concretos, las cuatro estaciones, con seguridad, lo primero que nos viene a la mente es la obra de Vivaldi, una de las más conocidas del repertorio de la música clásica. ¿Quién no ha escuchado o, al menos oído hablar de esas Cuatro estaciones de Antonio Vivaldi? A este blog las hemos traído en la temporada pasada en la relación que tienen con los versos en los que el compositor italiano se basó para imaginarlas y llevarlas al pentagrama.
Pero hay más obras que nos acercan a las estaciones y a las que estamos dedicando espacio en este blog. Al comienzo de la extraña primavera que hemos tenido, pusimos nuestra mirada en Die Jahreszeiten (Las Estaciones), el oratorio profano que Haydn compuso tras el éxito que supuso Die Schöpfung (La Creación).
El mismo libretista de La Creación, el barón Van Swieten, propuso a Haydn adaptar la obra de James Thomson. Van Swieten, bibliotecario imperial de Viena y músico aficionado -había compuesto varias sinfonías- adaptó la obra del poeta escocés a partir de una traducción al alemán que se publicó en Hamburgo medio siglo antes. A este texto tuvo la idea de añadir tres personajes Simon, Lukas y Hanne que simplemente se limitan a expresar sentimientos o describir los paisajes que modifican el cambio de las estaciones, además de incluir textos de otros poetas como Gottfried August Bürge y Christian Felix Weisse.



Con unos setenta años de edad el barón tenía cierta influencia en los círculos artísticos y científicos de la alta sociedad en que se movía, aunque el libreto fue criticado, primero por el compositor y más adelante por los oyentes por su ingenuidad en la evocación de la vida rural y su falta de sentido poético. En Inglaterra los aficionados, que conocían la obra de Thomson, no recibieron de buen grado la obra.
Aún así, Las Estaciones es una obra donde la música de Haydn supera la debilidad del libreto y se eleva sobre él.
Tras varios años que duró la composición, el estreno tuvo lugar en 1801 cuando el compositor contaba ya con 69 años.
Dividida, como es lógico en cuatro partes, la segunda está dedicada a Der Sommer (El verano). Nos acompaña con el nº 11 de la partitura, un trío con los personajes mencionados y la intervención del coro con que se ofrece un himno al sol, el astro que se convierte en el indiscutible rey del verano tanto por su fuerza como por su luminosa presencia durante tantas horas cada día.


La interpretación de este trío Heil! O Sonn Heil! corresponde al Rundfunkchor Berlin y la Berliner Philharmoniker con la soprano Christiane Oelze (Hanne), el tenor John Mark Ainsley (Lukas) y el barítono Thomas Quasthoff (Simon), quien nos muestra que para cantar bien sólo se necesita tener una buena voz y formación. La grabación fue realizada en el Berliner Philharmoniker's Digital Concert Hall en 2009 con la dirección de Sir Simon Rattle.



La segunda mirada que nos acerca a la llegada del verano procede de uno de los grandes escritores de todos los tiempos: William Shakespeare
No se trata de ningún texto dramático, sino uno de los 154 sonetos que se conservan del escritor inglés, concretamente el Soneto XVIII en el que compara a la amada con un día de verano y que refleja de modo claro el estilo del dramaturgo más grande en lengua inglesa.
Estos sonetos no utilizan la distribución ni la rima de Petrarca que tanto se utilizó en nuestro país, sino que se forman por tres cuartetos con rima independiente y un pareado adicional: ABAB CDCD EFEF GG.





Es complicado traducir a nuestro idioma este tipo de poemas intentando reflejar la métrica y la rima, pero el resultado final, independientemente de estos tiene el valor y el encanto que sabemos apreciar en la obra de Shakespeare.

Nils Lindberg puso música a este soneto en 1933 para coro mixto a capella. En el enlace, nos acercamos a la comparación de un día de verano que Shakespeare escribió con el Gemma Choir de Budapest en una actuación dentro del 46º Certamen Coral de Tolosa celebrado en la ciudad guipuzcoana en 2014.



Otro gran escritor, en este caso francés y del siglo XIX, un gigante de las letras que ocupó una gran parte de la literatura de su siglo, Victor Hugo, también dedicó unos versos a evocar, no ya el verano, sino sus tardes. 
Hugo se centra en esos días en que disponemos de más tiempo libre y dejamos correr las horas que van de la tarde al crepúsculo, en esos atardeceres que van dando paso a la noche muy poco a poco, como deteniendo el tiempo. Así, la tarde se fija en sus palabras con la evocación de los lentos atardeceres de los comienzos de cada verano.


Amigo de Alban Berg, y ambos discípulos de Arnold Schönberg, Anton Webern fue uno de los compositores que formaron la que se denominó Neue Wiener Schule (Nueva o Segunda Escuela de Viena) en la que desarrollaron las bases teóricas del atonalismo y dodecafonismo.
Entre 1091 y 1904 compuso Acht frühe Lieder (Ocho canciones de juventud), en la que puso música a poemas de distintos autores. En el lied nº 5, Sommerabend (Tarde de verano) puso música a un poema de Wilhelm Weigand, una obra en la que también se fija la mirada en la tarde, aunque en esta ocasión anhelando que sea la noche y la oscuridad las que la sustituyan.



La interpretación corresponde a un disco de Orfeo con la interpretación vocal de la mezzo-soprano Ursula Hesse y acompañada al piano de Aglaia Bätznet



Y tras las tardes de verano llegan las noches, el momento en que el calor cede y se busca el fresco en el exterior, un tiempo que hemos ido construyendo con una mezcla de relaciones sociales, tertulias, salidas y descanso.
Octavio Paz, el Premio Nobel mexicano nos acerca a las noches de estío con un poema extraído de Libertad bajo palabra y recogido también en la antología Obra poética: Noche de veranoAquí la noche trasciende al fuego y al juego del amor



Y tras la noche, comienza un nuevo día, una mañana que volverá a repetir el mismo proceso diario durante el verano, aunque con la certeza de que cada día es distinto.
Finalizamos con lo que podría ser el principio, una mañana especial que marca el inicio del verano, la mañana del día de San Juan. Mucho se ha escrito y cantado sobre esta jornada y muchas fiestas y celebraciones se llevan a cabo en nuestra cultura.
Violinista, director de orquesta y compositor, la figura de Eduard Toldrá desarrolló una vida marcada por la música en la Cataluña de la primera parte del siglo XX, siendo quizás el máximo exponente del Noucentisme catalán y de la dirección orquestal en nuestro país.
Edvard Munch, Noche de verano en la playa (1901)
En su delicioso y delicado ciclo Seis canciones sobre textos clásicos, compuesta entre 1940 y 1941, Toldrá pone música a poemas de Garcilaso, Lope de Vega o Quevedo entre otros. Estrenado en 1941 en el Palau de la Música Catalana, la tercera de ellas pone música al conocido poema anónimo castellano Mañanita de San Juan.
La interpretación corresponde a la mezzo-soprano Juana Monsalve, doctora en Artes Musicales y profesora de canto y pedagogía vocal en The University of North Texas, donde grabó esta Mañanita de San Juan acompañada al piano por Chenshayang Huang.



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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.

Entre las aves

Si quieres pájaros, planta árboles
Dicho popular

Las aves siempre han acompañado al ser humano en su transitar por nuestro planeta. Desde antes de que existiéramos como especie, las aves surcaban los cielos y entonaban sus cantos, en ocasiones como cortejo, en momentos como advertencia de peligro. 
En ese sentido utilitario que damos a todo cuanto existe, las aves han sido objeto de nuestra atención al proporcionarnos huevos o carne, servirnos de materias primas para la elaboración de pinceles, relleno de edredones o elaboración de adornos con sus coloridos plumajes. Han servido de inspiración a pintores, poetas y compositores, nos han ofrecido compañía en nuestras casas durante generaciones y nos han servido como modelos inspiradores para fabricar aparatos con los que surcar los aires.
En otra ocasión dedicamos la mirada en este blog a tratar sobre las aves en una publicación que puedes leer en el siguiente enlace: El lenguaje de los pájaros.
Pero nuestra civilización no tiene entre sus fines cuidar lo que nos rodea, sino utilizarlo. Así, cada vez es menos frecuente observar las aves en la naturaleza, estamos perdiendo la biodiversidad con la desaparición de especies y estamos destruyendo los lugares donde acostumbran a vivir. Solo las especies que se adaptan a los espacios agrícolas o urbanos son capaces de sobrevivir.
Ante este panorama, nuestra opción debe ser la defensa de la naturaleza como el hábitat donde conviven especies animales y vegetales que contribuyan a mantener el equilibrio en los ecosistemas.
Te propongo un paseo con obras literarias y musicales en los que las aves son las protagonistas. Hay desde obras simpáticas y divertidas hasta miradas duras y difíciles, pasando por aves que sólo existen en la ficción. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Premio Nobel de Literatura, el mexicano Octavio Paz nos acerca al mundo de las aves desde nuestro punto de vista.  El ave, el pájaro no lo es por sí mismo, sino que toma entidad en el instante en que aparece ante nosotros. Cuando se cruzan en el cielo, se nos cruzan frente a nosotros rompiendo la monotonía, sólo entonces, surgen las aves y adquieren vida y significado.
En ocasiones sentimos que todo es calma, sosiego, tranquilidad. Una conexión entre nosotros y la naturaleza. Silencio, espacio, inmovilidad. Como en una de esas tardes infinitas de verano que nos abandonamos.



Como en una metáfora de la música surge el pájaro en el poema de Octavio Paz. La música como sonido rompe la quietud, lo infinito. Se desarrolla en el espacio y el tiempo, se puede medir.
Compositor determinante en la música inglesa del siglo XVII, Henry Purcell desarrolló su corta vida entre el ambiente noble de la corte, la composición de música sacra y sus incursiones en el ambiente más popular y tabernario. De hecho, su temprana muerte con treinta y seis años fue propiciada por un enfriamiento que cogió en la puerta de su casa a la que su esposa no le dejó entrar tras una de sus muchas borracheras. 
Antes de los veinte años fue nombrado compositor de los violines del rey y al cumplir la veintena ya era el organista titular de la abadía de Westminster
Autor de óperas como Dido y Eneas y semióperas como La reina de las hadas o El rey Arturo, adaptaciones de obras de Shakespeare como El sueño de una noche de verano o La tempestad, Purcell compuso también obras sacras e himnos, así como música incidental de las que hemos traído algunas a este blog.  
Su afición por las música y las fiestas entre amigos le hizo afrontar también la composición de algunas canciones sin pretensiones con que alegrar las celebraciones con sus amigos y compañeros.
Aquí nos acompaña con When the cock begins to crow (Cuando el gallo comienza a cantar), una canción jocosa, divertida, pícara. La obra está compuesta para trío a capella de dos sopranos y bajos, aunque en esta versión está interpretada por contratenor, tenor y bajo. Comienza con un delicioso canon y avanza adaptando la musicalidad, la entonación y las voces al unísono o en contrapunto al desarrollo de la letra. Al ser el enlace un audio, te propongo que sigas el texto en inglés mientras lo oyes. Lo disfrutarás más. 
La interpretación corresponde al contratenor Alfred Deller y The Deller Consort.





Tras esta música simpática, deliciosa y fresca nos acercamos a una de las aves que más atraen con su canto, el ruiseñor.
Posiblemente sea el ruiseñor una de las aves que más ha inspirado a poetas y, de modo especial a compositores. Pocas aves son tan discretas a la vista, pasando desapercibidas por su color tan común como poco vistoso. Pero su canto lo hace particular por la variedad de notas, la fuerza y la sucesión de sonidos rápidos y lentos.
Si nos proponemos pensar en obras que nos recuerden al ruiseñor, quizás sea una película el primer nombre que nos venga a la memoria. 
Matar a un ruiseñor es una película en la que el protagonista Atticus Finch no puede tener otra imagen que la de Gregory Peck. Y es un lujo que lo tenga, aunque nos condiciona si nos acercamos al origen literario de la obra. 



Harper Lee (1926 - 2016) era hija de un abogado de Alabama que, tras trabajar en Nueva York en una compañía aérea, publicó en 1960 To kill a mockingbird, publicada entre nosotros como Matar a un ruiseñor, una novela con tintes autobiográfico con el que ganó el Premio Pulitzer.
El título viene de un consejo que Atticus da sus hijos Jem y Scout en la novela, en la que Harper Lee trata con una mirada inocente como la de ambos niños y una actitud recta, la actitud hacia las personas de color en el profundo sur americano.  
No me resisto a dejar correr las palabras de Lee más allá de las razones de la protección al ruiseñor para comparar además una versión de la imagen del Atticus que recordamos con la que la propia autora lo presenta. 
A lo largo del libro, la narración corre a cargo de Scout quien se refiere a su propio padre con su nombre de pila.



Dan Forrest es un compositor norteamericano nacido en 1978 y que cuenta con un gran número de obras, la mayoría de las cuales están escritas para música coral. Entre ellas destacan Requiem for the living (Réquiem por los vivos), Lux: The dawn from on High (Lux: El amanecer desde lo alto) de 2018, My Country:Tis of Thee (Mi país: Es sobre Tí) y The breath of life (El aliento de la vida), estas dos últimas estrenadas este mismo año, la mayoría de tema religioso.
En Two colonial folksongs (Dos canciones populares coloniales) de 2012, Forrest incluyó The girl I left behind me (La chica que dejé detrás de mí) y The nightingale (El ruiseñor). En esta obra Forrest busca combinar canciones populares de diversos estados norteamericanos en un ciclo que tiene previsto aumentar.
The nightingale, esta canción dedicada al ruiseñor, es una variación americana de la canción popular inglesa The bold grenadier del siglo XVII y que fue pasada a una melodía pentatónica. Está compuesta para coro a cuatro voces, piano a cuatro manos y violín.
La grabación corresponde al festival Rivertree Singers de Greenville, Carolina del sur celebrado en 2014 y dirigido por Warren Cook.



Después de acercarnos de dos maneras muy diferentes al ruiseñor, nuestro paseo entre aves nos acerca a Japón de la mano de Yasunari Kawabata, el primer autor nipón galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1968. 
Graduado en la Universidad Imperial de la capital japonesa, Kawabata formó parte del grupo Shinkankaku (Escuela de la Nueva Sensibilidad), un grupo de escritores partidarios del lirismo y del impresionismo que se oponía al realismo social que imperaba en aquellos años.
Conforme iba desarrollando su propio estilo, Kawabata se comenzó a preocupar por la exploración de la soledad en el mundo actual publicando obras como País de nieve, Mil grullas, El rumor de la montaña, La casa de las bellas durmientes o Lo bello y lo triste, logrando reflejar con su sensibilidad el espíritu japonés.
Sobre pájaros y animales, publicado en 1933, es un relato corto -apenas una quincena de páginas- sobre un hombre que se dirige a un baile en el que participa su antigua novia y que, por el camino, va recordando los animales que ha ido cuidando con el paso de los años.
La capacidad de observación, el conocimiento, casi humano de los animales, y la relación que se establecen entre ellos otorga ese punto de melancolía y de reflexión sobre la soledad que marca el estilo de Kawabata.


Enamorado de la naturaleza en la que vivió en su Finlandia natal después de abandonar la vida social y el alcoholismo que llevaba consigo, Jean Sibelius está considerado el mejor compositor de su país y uno de los más importantes de la primera mitad del siglo XX, un tiempo que alababa o denostaba a muerte a quienes componían. Sibelius no se libró de ambos aspectos, siendo quizás más atacado en vida, aunque el tiempo se está volviendo un aliado suyo.
Amante de la naturaleza y de las aves, siempre buscaba las bandadas de gansos o grullas en sus caminos migratorios y admiraba a los cisnes, provocándole estas aves unas sensaciones que reflejó en sus obras.
En 1911 compuso su Marcha nupcial para el acto III de la obra de Adolf Paul El lenguaje de los pájaros, una pieza que se mueve entre el intimismo y las resonancias épicas, entre el cortejo en tierra y el vuelo altivo, entre el pequeño detalle y los espacios sonoros infinitos y majestuosos que tanto admiraba y tan bien creaba Sibelius, en una obra en la que la orquesta se expresa con una enorme precisión, expresión y lirismo. 
La pieza está interpretada por la Turun Filharmoninen Orkesteri y dirigida en 2015 por Leif Segerstam.


Observaciones acerca de la avifauna de Auschwitz. Con este título una revista científica de Viena publicó en plena Segunda Guerra Mundial un ensayo científico del biólogo Günther Nierhammer, guardia de las SS en ese campo de concentración entre 1940 y 1944, ayudado por un estudiante polaco de Bellas Artes que se encargó de los dibujos, Jan Grabackis, del que no se tuvo información al finalizar la guerra.
A partir de este trabajo Arno Surminski (Jäglack, 1934) publicó en 2008 la novela Los pájaros de Auschwitz en la que los personajes, sus pensamientos o sus sueños son imaginados, pero el lugar, las condiciones, el mundo en que se desarrollan fueron reales.
Así, en Los pájaros de Auschwitz el guardia SS es Hans Grote, el dibujante se llama Marek Rogalski y el campo de concentración es Oswiecim. El campo de la muerte al que acuden las conejas sigue llamándose Birkenau y las aves que se catalogan son las que viven entre los ríos Vístula y Sola.



La novela refleja la relación entre carcelero y preso en busca de unas aves que siguen su vida ajenas al drama que se desarrolla entre las alambradas y las rejas del campo, al humo mortal que se eleva de las criminales chimeneas. Esta relación no es amistosa y, pese a las ilusiones de cada uno, ambos saben que sólo cabe la obediencia y la obligación.
Novela de no mucha extensión, nos acompaña el texto íntegro del capítulo X, donde podemos apreciar la diferencia entre la libertad de desplazamiento de las aves frente a la situación de las personas, tanto prisioneros como carceleros.



Fallecido en 2016, Einojuhani Rautavaara es un compositor finés, discípulo en cierto modo de Sibelius y educado en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York. Autor de óperas como Vincent, Aleksisi Kivi y Rasputín, ochos sinfonías y una docena de conciertos, además de obras corales y de cámara, Rautavaara es conocido de modo especial por Canticus Articus, su Opus 61, una obra que le fue encargada por la Universidad de Oulu.
Canticus Articus, subtitulada Concierto para pájaros y orquesta es una obra que aúna a la música instrumental grabaciones en cinta magnética de cantos de pájaros del norte de Finlandia y las cercanías del Círculo Polar Ártico.
Dividida en tres movimientos, el primero de ellos, Suo (El pantano), comienza con un dúo de flautas al que suceden los clarinetes que imitan a los pájaros, que son seguidos por los trombones en sordina y en staccato imitando el sonido de las grullas. La entrada de las cuerdas lleva a una melodía que viene a reflejar la voz interior de un caminante por este desierto helado.
El segundo movimiento, Melankolia, muestra una grabación del canto de la alondra cornuda que se ha ralentizado, mezclándose en una simbiosis con las cuerdas que evocan la melodía una octava más baja.
El último movimiento Joutsenet muttavat (Migración de los cisnes) tiene forma de un crescendo con los sonidos grabados de estas elegantes aves antes de que desaparezcan en la lejanía. Rautavaara muestra a la orquesta dividida en cuatro grupos en lo que él mismo llamó "sincronización mutua resumida". Las grabaciones de las voces de los cisnes se superponen dando la impresión de que su número aumenta significativamente antes de desaparezcan.
Canticus articus está interpretado por L'Orchestre Philarmonique de Radio France en la sala titular de la orquesta en París en abril de 2019 bajo la dirección de Mikko Franck.
La integración e interacción entre orquesta y sonidos naturales se conjuga con una perfección que parte de la observación y el amor por la naturaleza.


Tras un paseo por las aves de las latitudes nórdicas, nuestras últimas miradas se dirigen hacia dos pájaros ficticios.
En alguna ocasión hemos traído a este blog el singular libro Arte de Pájaros de Pablo Neruda con ilustraciones de pintores amigos del poeta en una edición privada que se publicó por la Sociedad de Amigos del Arte Contemporánea chilena en 1967.
Dividido en dos partes, Pajarintos muestra aves reales, mientras Pajarantes es un muestrario de aves ficticias, por momentos simpáticos y amistosos, en ocasiones, todo lo contrario.
Entre estos Pajarantes hoy nos acercamos a El Tintitrán, un pájaro singular surgido de la mente de ese genio de la poesía que fue Pablo Neruda



Nuestro acercamiento como homenaje y reflexión sobre las aves nos lleva a otra de las aves imaginarias, esta más presente a lo largo de la historia de nuestra cultura: El Ave Fénix. Proveniente de la cultura griega, el Ave Fénix tiene la capacidad de renacer de sus cenizas tras morir quemada, una simbolización de la capacidad que tenemos de resurgir tanto personas, como entidades o culturas tras una desaparición.
A propuesta del empresario Diaguilev, Igor Stravinsky compuso su ballet El pájaro de fuego a partir de algunas leyendas rusas y un libreto de Fokine, estrenándose la obra en junio de ese año en París. Con un elenco ruso, vestuario de Leon Bakst y coreografía de Mikhail Fokine, en junio de 1909 se estrenó el ballet en la Ópera de París con la dirección del francés Gabriel Pierné, logrando Stravinsky pasar de ser un desconocido a un compositor célebre y casi imprescindible en la escena musical de su época. El propio Fokine y su esposa Vera Fokina hacían los roles de príncipe y princesa, mientras Tamara Karsavina interpretaba el pájaro de fuego.



El enlace con el que despedimos este paseo entre cantos y vuelos de pájaros corresponde a la Danza infernal del rey Kashechei seguida por la Canción de cuna. El príncipe Ivan zarevich convoca al Pájaro de Fuego para que hechice al rey Kashchei y sus súbditos para bailar la Danza infernal y, al terminar, los hace dormir.
El pájaro de fuego está interpretado por Diana Vishneva mientras el príncipe Iván es Andrei G. Yakovlev, en una producción del Théâtre Musical de Paris - Châtelet de octubre de 2002 con elenco del Teatro Kirov y el Mariinsky Ballet de San Petesburgo




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Bibliografía y webgrafía consultadas:

La primavera que no comenzó

El comienzo de la primavera de 2020 no se nos olvidará jamás.
Doblegados momentáneamente por uno de los virus que han asolado a la humanidad en los últimos siglos, no más letal que otros, pero sí más persistente en el contagio, nos hemos encontrado en una situación inédita en nuestras vidas.
Encerrados en nuestros domicilios, con un creciente número de contagiados y fallecidos, aunque con pacientes que superan la enfermedad, rodeados de dramas humanos relacionados con la pérdida de trabajo, la soledad de algunas personas o la preocupación por la enfermedad en personas pertenecientes a grupos de riesgo.
Convivir durante un tiempo indeterminado sin salir al exterior se vuelve un reto en nuestras vidas cuyo fin es el logro de un bien común y del que confiamos salir con el menor número de bajas posibles.
Mantener el ánimo, la capacidad de convivir y la ilusión cada día y cada hora es una tarea que se vuelve necesaria para superar este momento de crisis. Así, cuidar las relaciones, colaborar entre todos los que compartimos el mismo espacio o atender a los pequeños detalles son esenciales en esta situación.
En estos días comienza la primavera, una estación que se venía anunciando las últimas semanas y que, apenas si podemos atisbar desde nuestros hogares. Un parque en la distancia, un jardín, algunas plantas en la casa o el volar de los pájaros son algunos de los indicios que nos recuerdan que comenzó la estación. Acostumbrados a salir en esta época, a encontrarnos con los cambios que la primavera nos ofrece desde la naturaleza o en las mismas ciudades, te propongo unas miradas hacia esta estación. Nos acompañan, como siempre, obras literarias y musicales. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Si pensamos en la primavera y en música lo primero que se nos viene a la cabeza es el comienzo de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi, aunque los lectores de este blog saben que no es habitual que aparezcan versiones sin música vocal salvo que tengan una relación directa con textos escritos.
Antonio Vivaldi publicó en 1725 su Opus nº 8 con el título de Il cimento dell'armonia e dell'inventione (La lucha entre la armonía y la invención). En ella aparecían doce conciertos, de los que los cuatro primero corresponden a Las cuatro estaciones
En sus conciertos dedicados a las estaciones, Vivaldi no pretende sólo imitar o describir la naturaleza y sus sonidos, sino que, además, su interés parece encaminado también a sugerir estados de ánimo, relacionar momentos y faenas de las estaciones o los sentimientos de campesinos o ciudadanos. De tal manera, el compositor veneciano realiza algunas indicaciones para la interpretación, como en el segundo movimiento de la primavera que señala que debe tocarse como "un perro que ladra".
No tienen claro los estudiosos de la música de Vivaldi si los conciertos surgieron a partir de unos sonetos ya existentes o fueron los sonetos los que se escribieron para exponer y explicar la música. El caso es que cada una de las estaciones tiene un soneto que lo acompaña y cuya distribución en los habituales dos cuartetos y dos tercetos coincide en todos los casos con los tres movimientos de cada estación: Los dos cuartetos inspiran el primer movimiento, un allegro. El primer terceto, el segundo movimiento, que es un adagio o un largo. El último de los tercetos para el tercer movimiento, un allegro o un presto. Una de las hipótesis de trabajo de los musicólogos atribuye al propio Vivaldi la composición de los sonetos que se funden en perfecta simbiosis con los conciertos. 



La Primavera es de todos estos conciertos el más interpretado y deseado por los violinistas, convirtiendo esta obra musical en una de las más representadas, oídas y grabadas de toda la historia de la música clásica.
La Netherlands Bach Society con Shunske Sato al violín y la dirección nos acompaña en una grabación que se realizó en octubre de 2016 en el Muziekgebouw aan 't IJ de Amsterdam. En el enlace se separan los movimientos por aplausos del público, algo poco habitual, pero que ayuda a seguir con más facilidad el soneto que acompaña a la obra de Vivaldi.


El poeta moguereño Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura en 1956, fijó su mirada en la primavera en diversas ocasiones. 
Escrito en su retiro de Burdeos, Primavera y sentimiento es un extenso romance en que el escritor realiza una hábil mezcla de precisión y vaguedad. El poeta se fija en el crepúsculo, un momento cambiante del día que le hace transitar hacia la oscuridad y la tristeza cargado de imágenes simbólicas (holocausto de escarlata) para abrirse de nuevo a la esperanza (¡Ah, si el mundo fuera siempre una tarde perfumada!), realizando un tránsito de la muerte a la inmortalidad. Juan Ramón Jiménez crea un ambiente de tipo elegíaco cargado de misterio, logrando que la tristeza se convierta en soledad creadora haciendo que esa melancolía le ayude a abrirse a los demás, logrando la armonía con cuanto le rodea.




Cuando sugirieron a Joseph Haydn que compusiera una ópera para estrenar en Praga su respuesta fue clara y contundente: "No soy como Mozart, no tengo capacidad para crear óperas". Al recordarle que había compuesto algunas de ellas, insistió en su negativa: "Las que he compuesto fueron hechas para ser interpretadas dentro del palacio de los Eszterhazy. Fuera no tendrían ningún éxito".
En sus dos estancias en Inglaterra, donde fue galardonado por la Universidad de Oxford como Doctor Honoris Causa, Haydn tomó buena nota de la obra de Händel, especialmente su oratorio El Mesías. A su regreso compuso otro oratorio, La creación entre 1796 y 1798. Fue tal el éxito que se dejó embarcar en sus últimos años de vida en otro oratorio, en este caso no religioso, por el que no tenía demasiado interés. El libretista de La Creación, el Barón Gottfried van Swieten le propuso trabajar sobre el poema de James Thomson Les Saisons



Una vez convencido Haydn tardó en realizar la composición dos años plagados de roces, indicaciones con detalles excesivamente descriptivos en los que no faltaban las imitaciones de sonidos de la naturaleza o de animales, como el croar de una rana que suscitó una fuerte tensión entre libretista y compositor.
Así, tras un pase privado, en mayo de 1801 se estrenó Die Jahreszeiten (Las estaciones) con un éxito que no fue tan abrumador como el de La Creación, en la que Haydn mostraba un fresco pictórico de la naturaleza.
Dividida, lógicamente, en cuatro partes, Las estaciones está formada por 39 números de los que nos vamos a fijar en esta publicación en el segundo de ellos Komm Holder Lenz (Ven, linda primavera). Se trata de una pieza coral en que se canta a la primavera entrante que comienza un coro de campesinos, continúa un coro de mujeres y niños al que sigue un coro de hombres para finalizar con todos cantando a la primavera.



La interpretación de este coro Komm Holder Lenz de Las estaciones de Haydn pertenece a una grabación de audio con The English Baroque Soloistis y The Monteverdi Choir bajo la dirección de John Eliot Gardiner.



Galardonado con el Premio Cervantes en 1981 y el Premio Nobel de Literatura en 1990, Octavio Paz es un escritor al que es difícil de etiquetar en algún movimiento literario o artístico. Su poesía muestra su interés por la experimentación convirtiéndose en una obra a la vez personal y original, cargada de lirismo e imágenes profundas en las que desembocó en temas de tipo existencial como la soledad o la incomunicación en nuestra sociedad.
En Libertad bajo palabra, publicado en 1949 recoge una serie de poemas escritos desde 1935 y que fue ampliando hasta la edición de 1968. En Primavera a la vista, uno de los poemas incluidos en Bajo tu clara sombra, la primera de las cinco partes del libro, Paz nos acerca su inquieta mirada a la llegada de la estación.



Acostumbrados a escuchar la música de Johann Strauss hijo en conciertos como el de Año Nuevo, sus obras las asociamos a valses, polkas, marchas o mazurkas. 
Finalizamos este acercamiento a la primavera con uno de sus valses más conocidos: Frühlingsstimmen (Voces de Primavera). La versión original de la pieza estuvo concebida como vals para solista y acompañamiento de coro para ser interpretado en un concierto benéfico que se celebró en el mismo Theater an der Wien en que Mozart y Beethoven estrenaron la Flauta Mágica y Fidelio, entre otras obras.

La soprano sudafricana Pretty Yende interpreta Voces de primavera en un concierto perteneciente al Festival de Verbier. con el que nos despedimos, confiando en que la primavera que no hemos podido comenzar a disfrutar nos llegue por la literatura y la música y que, más temprano que tarde, podamos apreciarla en todo su esplendor. 


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El susurro del aire

Queremos controlar la naturaleza y todo el planeta. En nuestro afán por ser el centro del universo, los seres humanos nos hemos propuesto y hecho a la idea de dominar todo lo que nos rodea. Independientemente de que la ciencia avance y busque ganar una batalla que, de inicio parece que tiene perdida, nos hemos hecho a la idea de que dominamos cuando nos rodea.
Incluso pretendemos dominar y hacer funcionar a nuestro antojo la meteorología. 
En nuestros hogares, muchos lugares de trabajo, los edificios públicos o nuestros vehículos queremos tener total control sobre la temperatura, evitando las ardientes temperaturas del estío o los fríos descensos de los inviernos. Nos desespera cuando en las vacaciones, los fines de semana o los momentos de descanso no está la meteorología según nuestros deseos. La economía y muchas de nuestras costumbres tienen una alta dependencia de las condiciones meteorológicas.
La duda de si 22 o 24 grados en el aire acondicionado, las ventanas cerradas para que no entren corrientes de aire y evitar las distintas alergias, utilizar los vehículos al menor indicio de lluvia son algunos de los argumentos que reafirman que no nos encontramos cómodos y deseamos controlar la naturaleza y la meteorología.
Atrás quedaron los tiempos en que las casas utilizaban las ventanas para dirigir las corrientes de aire y refrescar la temperatura, en pueblos y barrios se montaban tertulias en las puertas de las casas al frescor de las noches del estío o se soportaban con estoico esfuerzo las temperaturas extremas.
El aire, los cambios en su corriente, el placer de disfrutar una brisa agradable, sentir cómo la brisa refresca el cuerpo, notarlo en la piel son sensaciones que vamos perdiendo conforme nos habituamos al sentimiento de dominio sobre la meteorología.
Te propongo un paseo junto a la brisa, un recorrido por y entre el aire que nos tonifica y produce sensaciones placenteras en compañía de Pablo Neruda, Octavio Paz, Mozart o Monteverdi entre otros autores. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!





La primera mirada viene de la inquieta pluma de Octavio Paz. El escritor mexicano diplomático, ensayista y poeta, uno de los más grandes promovedores de la cultura en su país y el ámbito hispanohablante, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1990 nos acerca a la brisa con uno de sus poemas.



En El viento, Paz nos recrea el aspecto más lúdico y amable con un viento que mueve las ramas, alegra y hace vibrar la naturaleza llenando con los efectos que produce, pese a su invisibilidad, el espacio.



En La Nozze de Figaro (Las bodas de Fígaro) de Wolfgang Amadeus Mozart la Condesa de Almaviva, enterada de que su esposo hace proposiciones a su criada Susana, la prometida de Fígaro, trama con ésta una cita para desenmascararlo. Con esta trama, tan propia de la obra teatral de Beaumarchais, el libreto de Da Ponte y la maestría de Mozart nos encontramos con un pequeño dúo, un Duetto delicioso entre la Condesa y Susana en el que escriben una carta para la cita nocturna basada en un aria, Che soave zeffiretto (Qué suave céfiro). Este duetto es uno de los más dulces y delicados escritos para voces femeninas y se incluye en un intercambio de confidencias que señora y criada utilizan para urdir la escritura de una carta para enredar y dejar en evidencia la infidelidad del conde.



Las referencias al céfiro, esa brisa del oeste amable y agradable, centran la pieza con la intervención de las cuerdas acompañadas por el oboe y el fagot. En su inicio la Condesa dicta a Susana el título y la breve carta que debe escribir de su puño y letra, ésta la repite en voz alta, mientras que en la continuación ambas leen alternativamente lo escrito, finalizando al unísono.



La interpretación de Che soave zeffiretto corresponde a una representación que se llevó a cabo en el Teatro alla Scala de Milán en 2016 con las sopranos Diana Damrau como la Condesa y Golda Schultz como Susanna bajo la dirección musical de Franz Welser-Möst.


Este duetto ha sido utilizado para una escena de la película The Shawshank Redemption (Cadena perpetua) de Frank Darabont y protagonizada por Tim Robbins y Morgan Freeman. Como muestra la escena, la capacidad para disfrutar de la música está más allá del conocimiento de lo que se canta y se halla en la sensibilidad de quien la escucha. 


Esta brisa, entró a formar parte de las mitos que volvieron a la Italia renacentista. Céfiro, el viento del oeste, hermano de Boreas, viento del norte, ambos hijos de Eolo y Aurora vive en Tracia con la ninfa Cloris, diosa de las flores de cuya unión se engendró a Carpos que representa a los frutos. Ottavio Rinuccini, uno de los miembros de la Accademia Fiorentina y autor del libreto de la desaparecida Dafne de Jacopo Peri, la primera composición a la que se pudo llamar ópera de la historia, compuso un Soneto con la visión más apacible y amable de Céfiro, una brisa suave que renueva y verdea los campos tras el invierno y hace surgir el amor en el corazón de los amantes.





Claudio Monteverdi, el inolvidable compositor de L'Orfeo, la primera ópera que ha llegado a nuestros días, consolidó la seconda prattica, una nueva corriente que superaba a la Prattica de Palestrina ya que prescindía de la polifonía para escribir los textos sobre una o dos melodías acompañadas de un bajo continuo. Así, se equilibraba la relación entre texto y melodía, se incidía en el tema sentimental o puramente descriptivo y se acercaba más la expresividad a la historia. 



Estas ideas las fue publicando en sus libros de madrigales, desarrollando simultáneamente la teoría junto a sus composiciones. En su Noveno libro de madrigales musicó el citado soneto de Rinuccini.
Monteverdi compuso Zefiro Torna, oh di soavi accenti, por primera vez para dos tenores y bajo continuo en forma de ciaccona. En el enlace podemos escuchar una interpertación de la soprano Núria Rial y el contratenor Philippe Jaroussky con L'Arpeggiata Ensemble, la agrupación dirigida por Christina Pluhar.


El sentido y el significado del viento cambia en el poema de Pablo Neruda Viento en la isla correspondiente al libro Los versos del capitán, publicado anonimamente en 1952 y del que tratamos en el blog en Pasión y seducción con Neruda y Mozart.
Neruda dividió el libro en varios apartados: El amor, El deseo, Las furias, Las vidas. Al primero de ellos pertenece este poema. Escrito durante su estancia en la isla de Capri mientras aún estaba casado, es una mezcla de elementos de la naturaleza, furtiva pasión amorosa y miedo al abandono. Las referencias al viento, junto con el mar, la tierra o la lluvia, indican la relación prohibida que el poeta mantiene en la isla, marcada por la duda de si esta estancia y la pasión que conlleva no será pronto un recuerdo. Esta incertidumbre desaparece mediado el poema, abandonándose al amor en la noche. Mientras el viento y las olas se desencadenan, los amantes se abrazan y descansan.



Para finalizar, volvemos al apacible duetto de La nozze di Figaro en una interpretación con dos grandes cantantes que han brillado en los últimos años. Renee Fleming y Cecilia Bartoli interpretaron este dúo en 1998 en el Metropolitan Opera House, el Met de Nueva York bajo la dirección de su director de tantos años James Levine. La grabación presenta los subtítulos en castellano.



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Páginas web interesantes:
  • https://es.wikipedia.org/wiki/Sull%27aria..._che_soave_zeffiretto
  • https://loff.it/archivos/zefiro-torna-oh-di-soavi-accenti-claudio-monteverdi-238627/
  • https://elpais.com/cultura/2015/07/07/babelia/1436278234_749351.html