expr:class='"loading" + data:blog.mobileClass'>
Mostrando entradas con la etiqueta Bernstein. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bernstein. Mostrar todas las entradas

Bernstein, Beethoven & Berlín

El 25 de agosto de 1918 nacía en Lawrence, Massachusetts, una de las más grandes personalidades relacionadas con la música del siglo XX. Descendiente de una familia de origen judío procedente de Ucrania, Louis se llamó así por deseo de su abuela. Como sus padres siempre lo llamaron Leonard, a los dieciséis años cambió oficialmente su nombre por el que ha sido conocido siempre.
En los días próximos a la celebración de un nuevo aniversario del nacimiento de Leonard Berstein te propongo un acercamiento a un acontecimiento musical único que protagonizó en el último día de Navidad de su vida relacionado con Berlín y la música de la Novena Sinfonía de Beethoven. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Leonard Bernstein en el Muro de Berlin (1989)

La personalidad de Berstein llenó gran parte de la segunda mitad del siglo XX. Director de orquesta, compositor y uno de los mayores divulgadores de la música clásica y contemporánea, su vida estuvo dedicada por entero a la difusión musical.
Subió por primera vez al podio de manera accidental en 1943 por una indisposición de última hora de Bruno Walter, mientras su director asistente se encontraba fuera de la ciudad. En un artículo recordaba el día de su debut como director (enlace a El concierto debut): En él recuerda el 14 de noviembre de 1943 con Walter en cama aquejado por un proceso gripal, el repaso que dieron al concierto mientras convalecía entre mantas y medicinas, el día abatido que pasó, el único traje de que disponía para el concierto, el repaso con los solistas del programa y.. las pastillas (una verde y otra roja) que le dio el farmacéutico cercano al Carnegie Hall de Nueva York, para que las tomara antes de salir a escena, una para tranquilizarlo, la otra para darle energía. Las pastillas, recuerda, las tiró mientras se dirigía al podio. El hecho de que el concierto fuera transmitido en directo a todo el país hizo que su nombre pasara a ser inmediatamente reconocido.
Tras este debut, su fama le hizo ser el primer director nacido en Estados Unidos en ponerse en el foso en el Teatro Alla Scala de Milan donde dirigió a María Callas en la Medea de Cherubini o estrenar el Peter Grimes de Britten en Estados Unidos, donde ostentó la titularidad de la Orquesta Sinfónica de Nueva York. Durante décadas se alentó desde las discográficas la rivalidad entre él y Karajan en el dominio de la dirección de la música clásica mundial.
Inquieto e inclasificable, en su faceta como compositor encontramos tres sinfonías, varios musicales que directa o indirectamente desembocaron en películas como On the town (para la película Un día en Nueva York), Wonferful town1600 Pennsylvannia Avenue o la celebérrima West Side Story; dos óperas, Trouble in Tahiti en un acto y Candide, una opereta cómica basada en la novela homónima de Voltaire, además de composiciones para orquesta, música de cámara, de tipo religioso y vocal. 
Pero su fama aumentó con la serie de Conciertos para Jóvenes que realizó para la cadena de televisión estadounidense CBS, una serie de conciertos didácticos donde su labor de divulgación musical entre un público joven que no había asistido a salas de concierto hizo que creciera el número de seguidores de la gran música. En estos conciertos, que se pueden encontrar en YouTube subtitulados o doblados a nuestro idioma -como esta primera entrega: What does Music mean? (¿Qué significa la música?)-, Berstein daba a conocer obras musicales imprescindibles del repertorio, llevaba a algún compositor para hablar de su obra (recuerdo una entrevista a Aarón Copland), desglosaba sus ideas sobre el significado musical, mientras comentaba, analizaba, interrumpía o explicaba las obras. En sus más de cincuenta programas, los Conciertos para Jóvenes de Berstein se transmitieron desde el Carnegie Hall de Nueva York intermitentemente entre 1958 y 1972.



Considerado el más grande de los dramaturgos alemanes del clasicismo, autor además de una importante obra poética, historiador y filósofo, Johann Christoph Friedrich Schiller quiso dedicar una de sus poesías a la libertad. Lo que originariamente sería la Ode an die Freiheit (Oda a la libertad) fue modificado por él mismo en Ode an die Freude (Oda a la alegría) para evitar un conflicto con la censura de la época, aprovechando que la sonoridad de ambas palabras es similar en alemán. El poema de 1785 representaba la visión idealista de Friedrich von Schiller, según la cual todos los seres humanos formamos una gran hermandad sin distinciones.



Retrato de Beethoven por Ferdinand Georg Waldmüller (1823)

Varios años más tarde, posiblemente desde 1793, Ludwig von Beethoven comienza a acariciar la idea de poner música a un poema con cuyo planteamiento filosófico coincidía. Este poema está rondando su cabeza durante cerca de treinta años, acariciando la idea de incluirla en una de sus sinfonías, mientras alterna con la composición de obras menos laboriosas. En algunos momentos se pregunta se terminaría la Novena Sinfonía en la que estaba inmerso con un final puramente instrumental o con la Oda a la Alegría, y si así fuera, cómo introduciría el poema en la obra.
Finalmente se decide por incluirla y la finaliza para poder estrenarla en 1824, cumpliendo uno de sus grandes sueños, cantar a la Alegría incluyendo por primera vez la voz humana en una sinfonía, cantando a la hermandad de los seres humanos.

Cartel original para el estreno de la Novena Sinfonía de Beethoven

En la biografía titulada Ludiwg von Beethoven, Jean y Brigitte Massin recogen el anuncio que se publicó para el estreno de la Novena Sinfonía que se llevó a cabo en el Theater an der Wien en mayo de 1824 (el mismo en que se estrenó La flauta mágica de Mozart).



Un Beethoven aquejado por la sordera de forma implacable asistió al estreno no en los términos indicados en el cartel anunciador. En el mismo libro de los Massin se refleja el momento del estreno de la sinfonía.



Durante cerca de tres décadas una construcción se erigió en símbolo de la división en el mundo, la guerra fría con los bloques que defendían por un lado el mundo occidental bajo el amparo de Estados Unidos y, por otro, los países comunistas, bajo el dominio de la antigua Unión Soviética. El Muro de Berlín separó físicamente la ciudad, anímicamente a quienes vivían allí y se convirtió en una vergonzosa imagen contra la libertad de aquellos que lo sufrieron y quienes lo conocimos.
Comenzado a construir inesperadamente el 13 de agosto de 1961, mantuvo dividida a la ciudad hasta su caída el 9 de noviembre de 1989, un suceso que pudo verse en directo en todo el mundo, presenciando uno de esos hitos que, en el momento mismo en que ocurren, se sabe que son históricos.



Un mes más tarde se produjo uno de esos acontecimientos musicales que también forman parte de la historia. Leonard Berstein dirigió The Berlin Celebration Concert, un concierto para celebrar no la Alegría, sino la Libertad
El día de Navidad de 1989, apenas diez meses antes de fallecer inesperadamente, un Bernstein de 71 años, que se aprecia físicamente mayor, pero con una energía aún intensa, se subió al podio de la entonces llamada Schauspielhaus, en la Gendarmenmarkt de Berlín Este, con la estatua de Schiller presidiendo la entrada, para dirigir la Novena Sinfonía de Beethoven. No cabe mayor simbolismo.



El concierto contaba con la participación de miembros de la Bayerisches Rundfunks, la Staatskapelle de Dresde, la orquesta del Leningrad Kirov Teatre, la London Symphony Orchestra, la New York Philarmonic y la Orchestra de Paris. A ellos se unieron las voces de los coros del Bayerischen Rundfunks, Rundfunkchores Berlin y Kinderchores (coro de voces blancas) de la Filarmónica de Dresde. Los solistas fueron la soprano June Anderson, la contralto Sarah Walker, el tenor Klaus Konig y el bajo Jan Hendrik Rootering. Todo un conglomerado de intérpretes procedente de países que tuvieron participación en la vida de Berlín de los años precedentes.
Leonard Berstein se permitió la licencia de modificar el texto haciendo que se dijera Freihet (Libertad) en lugar de Freude (Alegría), alegando que "Estoy seguro que Beethoven nos daría su consentimiento". Seguro que Schiller también.
La grabación comienza con unos minutos en los que se explica el acontecimiento que ha originado su celebración e incluye la sinfonía completa. Tanto si la conoces como si no, es una ocasión privilegiada para buscar un momento en que escucharla cargada de más significado que nunca, con la presencia de uno de los más grandes músicos del siglo XX y un final emocionante en el momento de los saludos. Se trata, además, de una inmejorable forma de comenzar el centenario de Bernstein, para el que se ha creado el hashtag #Bernsteinat100 en Twitter.
Si dispones de poco tiempo, desde el minuto 57 de la grabación podrás acceder directamente al cuarto movimiento, donde comienza la génesis de una de las melodías más conocidas de la historia de la música, convertida en el himno de Europa.

Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Páginas web interesantes:
  • http://mundomejorchile.com/soli42.html 
  • https://leonardbernstein.com/about/conductor/historic-concerts/the-debut-concert-1943
  • https://elcultural.com/revista/letras/Schiller-o-la-invencion-del-idealismo-aleman/16990 
  • http://people.fas.harvard.edu/~lab51/choral/images.html

Un Réquiem para Mozart

El 5 de diciembre de 1791 fallecía W. A. Mozart uno de los más prolíficos y brillantes compositores e intérpretes de toda la historia. Su prematura muerte con apenas 35 años y la capacidad para hacer populares sus composiciones han hecho de él uno de los más reconocidos músicos. En esta entrada te propongo un recorrido por su última composición.


La Misa de Réquiem en Re menor es la última obra compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart. El misterio que lo ha rodeado desde la muerte de su autor ha recobrado actualidad hace unos años gracias a la obra de teatro, luego convertida en película Amadeushistóricamente incorrecta como nos suele acostumbrar el cine, en cuanto a la relación que existió entre dos músicos como Salieri y Mozart.
De la biografía del músico salzburgués escrita por Peter Gay son estas líneas que tratan sobre el encargo y la composición de su Misa de Réquiem.



El Réquiem fue encargado por el Conde Walsegg-Stuppach, un compositor aficionado que pretendía que se creyera que era él quien lo había escrito en memoria de su esposa. Mozart mantuvo el secreto. Según una confesión de sus últimos días, el compositor creía que estaba componiendo la obra para sí mismo. En cualquier caso, murió antes de poder concluirlo, y su viuda Constanze, por razones económicas, debía entregarlo completo al Conde. De ahí que confiara la obra a un alumno de su esposo, Süssmayr, que posteriormente declaró que era el autor del Sanctus, el Benedictus y el Agnus DeiNadie ha sido capaz de corroborar esta afirmación, pero sí se sabe que Süssmayr se valió de la música de Mozart en Lux Aeterna y Cum sanctis Tuis, y que fue el encargado de orquestar todas las secciones entre el Dies Irae y el Hostias.
El propio Conde dirigió la primera interpretación del Réquiem, que aún intentaba hacer pasar por suyo, en la Iglesia Neukloster el 14 de diciembre de 1793, dos años después de la muerte de Mozart.



La primera pieza que nos acompaña es el Lacrimosa. Una introducción de las cuerdas con el tema del Introito da pie al coro que entona Lacrimosa dies illa. Se trata de una de las piezas más sentidas de Mozart en la que expresa su sentimiento religioso, dando paso a las frases melódicas del texto del Requiem que dan paso al carácter de súplica y resignación que nos llega a conmover. Es la última pieza que comenzó a componer, ya que los últimos compases, según estudios, es obra de Süssmayr. ¿Sabía o presentía que este era su final?



La segunda pieza es el Rex Tremendæ. Un acorde de todas las cuerdas es respondido por los instrumentos de viento y retomado por las primeras en una progresión descendente. El coro, en fortíssimo, exclama “Rex” por tres veces antes de comenzar el desarrollo del texto. El contraste se hace total con el pianissimo con que se canta “salva me”tornándose el ambiente casi sobrenatural mientras un aroma de oración sustituye al violento comienzo. Leonard Bernstein dirige a la orquesta sinfónica de Bayerischen Rundfunks y su coro titular.






El 5 de diciembre de 1991, fecha en que se cumplían los doscientos años del fallecimiento del autor, tuvo lugar una misa de Réquiem por su alma en la Catedral de Viena oficiada por el Arzobispo titular, bajo la dirección musical de Sir Georg Solti y con la participación de la soprano Arleen Augér, la mezzo-soprano Cecilia Bartoli, el tenor Vinson Cole y el bajo René Pape del que existe una emotiva grabación. 


Firma autógrafa del compositor
Desde entonces, todos los años he buscado tiempo cada 5 de diciembre para escucharlo. Sólo una vez falté a la cita. Ese mismo día, y tras varios años de lucha contra sus perdidos recuerdos fallecía mi padre. Mientras persista mi memoria no dudo que acudiré a esta cita anual.
Te dejo con la transcripción de tan excepcional y emotivo momento. Recuerda, 5 de diciembre de 1991, doscientos años después del fallecimiento de Mozart.



Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!