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Más que paisajes

En el paisaje del antiguo maestro
los árboles tienen raíces bajo el óleo,
el sendero conduce de verdad a su final.
Wislawa Szymborska

¿Tenemos la posibilidad de captar la realidad? ¿Somos capaces de aprehenderla? ¿Quizás nos acercamos a ella pero no lo suficiente para pensar que la apreciamos en su totalidad?
En Opiniones Contundentes, el escritor Vladimir Nabokov recoge, entre otras, una entrevista que le realizaron para la BBC en 1962 en la que le preguntaron qué es para él la realidad. En su respuesta la define como un asunto muy subjetivo, una suerte de acumulación gradual de información, añadiendo:

Se puede ir un acercando más y más a la realidad, pero nunca puede uno acercarse lo suficiente porque la realidad es una sucesión infinita de pasos, de niveles de percepción, de falsos sondeos, y por tanto, inextinguible, inalcanzable.

Ante una situación tan complicada y compleja, pensemos en algo más asequible. Situémonos ante un paisaje, bien en plena naturaleza, bien en uno que haya sido creado por el ser humano. Al contemplarlo, ¿logramos captarlo en toda su esencia? ¿Estamos en condiciones de discernir todos los elementos que lo forman, de hacernos cargo de todos sus detalles, de apreciarlos con nuestros sentidos?
Si lo captamos y capturamos con algún medio como una fotografía, ¿se aproxima a esa realidad? ¿La refleja tal como la apreciamos? Posiblemente no, quizás llegue a evocarla y nos recuerde la experiencia de verla, pero sin llegar a captarla tal como la percibimos.
¿Y el arte? Un cuadro, una pieza musical o una descripción literaria, ¿reflejan la realidad? ¿Deben reflejarla? Quizás la función del arte no sea reflejar la realidad, sino crear una realidad propia que nos la devuelva, como en un espejo, tal como la percibimos, o como el autor piensa que debe ser percibida.
Desde las primeras pinturas rupestres se ha representado en infinidad de ocasiones la idea y la visión que tenemos de la realidad en los anhelos, los deseos o la emoción que nos ofrece.
Te propongo acercarnos a unos paisajes literarios y musicales que intentan, y lo consiguen, superar la realidad en que se encuentran inmersos. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Vincent van Gogh. La cosecha (1888). Museo van Gogh, Amsterdam

Nacida como Marguerite Cleenewerck de Crayencour en Bruselas a comienzos del siglo XX y conocida como Marguerite Yourcenar, sus obras nos han acompañado durante medio siglo de producción que se ha movido entre la poesía, la novela y obras teatrales, además de acercarnos con sus traducciones a la obra de otros autores. 
Conocida por obras como Memorias de Adriano, donde retrata al emperador romano nacido en nuestras tierras; Opus Nigurm, que trata sobre el alquimista y filósofo Zenón y cómo afrontó los problemas del conocimiento, o Mishima o la visión del vacío, una de sus últimas obras sobre el escritor japonés, la obra de Yourcenar nos acerca a un humanismo cargado de reflexiones profundas y bien documentadas.
Incansable viajera, fue publicando una serie de relatos, fábulas y leyendas que fueron como atrapadas al vuelo en diversas revistas y que recopiló en 1938 en Cuentos orientales y revisó en 1963, conformando una suerte de paréntesis dentro de su obra, un oasis de prosa poética en su universo literario. La mirada a la realidad desde el filtro de lo mítico y la ensoñación están presentes en la amalgama de relatos que aparecen en esta colección que se mueve, como su título indica, en ámbitos y culturas que van desde los próximos Balcanes hasta el más Lejano Oriente.
Para escribir Cómo se salvó Wang-Fô, el primero de los relatos, Yourcenar se inspiró en un apólogo taoísta de la China milenaria y fue publicado por vez primera en la Revue de Paris en 1936.
En él se narra la asombrosa capacidad del anciano Wang-Fô para la pintura y el hecho de que amara la imagen de las cosas o las personas más que a ellas mismas. Ayudado por su fiel y devoto Ling, el viejo maestro es apresado y condenado por el Hijo del Cielo, el Emperador del Reino de Han, quien le explica los motivos por los que le condena.


Yourcenar concluye este relato sobre cómo alcanzó la salvación el anciano maestro Wang-Fô gracias a su habilidad con la pintura.

Wang Jian. Paisaje en el estilo de los antiguos maestros (siglo XVII)
La relación entre música y pintura es innegable, y de modo especial con el universo de la ópera, en el momento en que para sus representaciones se utilizan decorados que han sido realizados en multitud de ocasiones por pintores de reconocido prestigio. Aún así, hay algunas óperas en las que, dentro de sus argumentos aparecen pintores o pinturas. 
En la producción de Giacomo Puccini podemos encontrar, en el comienzo de La Bohème cómo el pintor Marcello está terminando su cuadro El paso del Mar Rojo y, en su desesperación, con las manos ateridas de frío en la helada buhardilla exclama:

Questo Mar Rosso mi ammollisce
e assidera come se addoso
mi  piovesse in still.
'er vendicami, affoun un Faraon!

(Este Mar Rojo me empapa
y me deja aterido de frío como si
me cayese encima, de un golpe.
Para vengarme, ahogaré al Faraón.)

Pero quizás el personaje relacionado con la pintura más conocido de la obra de Puccini es Mario Cavaradossi, el pintor enamorado de Tosca de la ópera homónima. 
En el primer acto, Cavaradossi está terminando un cuadro sobre María Magdalena para la iglesia de Sant'Andrea delle Valle. El sacristán que lo acompaña cae en la cuenta de que el retrato es la viva imagen de una de las personas que iban a rezar en los últimos días, mientras el pintor nota cómo, aún con distintas facciones y color de pelo, guarda un parecido con su amada. Así, surge una de las arias de esta ópera, Recóndita armonía
Es el tenor Plácido Domingo quien nos acompaña interpretando este aria en una producción del Metropolitan Opera House de Nueva York con dirección escénica de Franco Zefirelli y unos decorados que reproducen con gran verosimilitud la iglesia original en que se desarrolla este primer acto de la ópera.


Si el texto de Marguerite Yourcenar nos sumergía con su prosa poética en el mundo de Wang-Fô, damos un giro para contemplar un nuevo paisaje, en este caso literario.

Alfred Sisley. Claro de un bosque (1895). Museo Thyssen-Bornemisza

Galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1996, Wisława Szymborska (1923-2012) desarrolló su vida y su pasión literaria en Cracovia, ciudad a la que se trasladó su familia en plena infancia.  
Comenzó su carrera literaria publicando poemas en diversas revistas, en algunas de las que llegó a trabajar como secretaria, ilustradora y donde llegó a publicar una columna de crítica. Compaginó su labor literaria con su filiación al Partido Obrero Unificado Polaco, del que se acabaría distanciándose mientras establecía contactos con disidentes e iniciaba su colaboración con revistas como Kultura, que se publicaba en París.
Entre sus obras podemos destacar los poemarios Por eso vivimos, su primera obra que hubo de adaptar a los dictados de la censura y de la que renegaría más tarde, Preguntas a mí misma, Llamando al Yeti, Sal, Si acaso, Gente en el puente o la última de ellas, Aquí , publicada en 2009.
Ya nos acompañó en este blog en Aquel viaje que (no) hicimos, donde compartía publicación con obras de Cortázar y músicas de Rossini, Sánchez-Verdú y Fernández Caballero.


En Paisaje con grano de arena se recoge una selección de poemas de algunos de sus libros que pasean su mirada inquieta, novedosa y aparentemente ingenua con palabras que se refieren a la realidad, evitando la escritura lírica propia del estilo en verso. Así las poesías de Szymbroska son como pequeños tratados filosóficos que parten de una reducción del universo a lo que podemos apreciar en nuestra experiencia cotidiana.
Si en Cómo se salvó Wang-Fô, Marguerite Yourcenar nos habla con una elevada prosa poética, Szymbroska nos habla de la profunda transformación de lo que se representa en lo representado, la insospechada idea de que lo observamos tiene una vida más allá de lo que vemos. Así, la escritora polaca logra que la poesía se convierta en algo más que un poema.


Además de las obras de Puccini, otras óperas nos presentan como protagonistas a diversos pintores. En 1938, Paul Hindemith estrenó en Zurich Mathis der Maler (Matías el pintor), una obra cuyo protagonista era el pintor renacentista alemán Mathias Grünewald y de cuya obra realizó una sinfonía antes de terminar la composición.
También Vincent van Gogh ha sido protagonista de varias óperas entre las que podemos destacar la del compositor finlandés Einojuhani Rautavaara y de la que tratamos en Homenaje a van Gogh.  También el compositor finés reutilizó parte de la música de su ópera Vincent (1990) para convertirla en su 6ª sinfonía, Vincentiana dos años después.

Paisaje. Fotografía. La Palma del Condado, abril de 2021

De esta obra sinfónica nos acompaña, para despedir esta reflexión sobre el paisaje y la pintura, su 4º y último movimiento, Apotheosis, en un enlace en el que podemos apreciar algunos de los cuadros de paisajes realizados por el pintor holandés. 

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Si te apetece leer el cuento completo de Marguerite Yourcenar, puedes hacerlo clicando en el enlace Cómo se salvó Wang-Fô

Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Yourcenar, Marguerite. Cuentos orientales. Ed. DEBOLSILLO (Punto de Lectura), 2008.
  • Szymborska, Wisława. Paisaje con grano de arena. Ed. LUMEN, traducción de Ana María Moix, Wojciech Slawomirski y Jerzey Slawonmirski, 2008.

Homenaje a Van Gogh

El 29 de julio de 1890 murió Vincent Van Gogh, uno de los pintores que más han influido en el público y otros artistas, desde pintores a músicos, escritores o cineastas durante todos estos años.
Pese a no vender más que un cuadro a lo largo de su vida, sus innovaciones respecto al uso del color, las pinceladas o las sensaciones que logra transmitir con sus obras, sus problemas de salud mental o su muerte violenta y prematura lo han convertido en un icono del arte.
En esta publicación queremos rendir homenaje a Van Gogh a partir de una biografía y algunas de las muchas cartas que escribió a lo largo de su vida. También nos acercaremos a algunas óperas que se han compuesto sobre él, una muestra de las muchas canciones que sobre él se han escrito y una ensoñación cinematográfica que nos sirva como último recuerdo a tan icónico pintor. Te propongo un homenaje a Van Gogh con motivo de la celebración del aniversario de su muerte. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Van Gogh. La noche estrellada. 1889
Vicent Willem van Gogh murió con 37 años de edad el 29 de julio de 1890 tras herirse con un arma de fuego dos días antes. Su turbulenta y desdichada vida cargada de depresiones y problemas mentales finalizó en ese momento. Su obra, un camino de búsqueda de la luz y el color, la música que se encuentra dentro de la pintura, la pincelada rápida y precisa y la constante experimentación, comenzó a crecer y a popularizarse desde entonces. Un pintor que sólo había vendido una sola obra en su vida y cuyos cuadros se amontonaban arrinconados entre su habitación y las de sus familiares y amigos que no sabían qué hacer con ellas, pasó a convertirse en uno de los más seguidos y cotizados desde ese momento.
Tras ganar el premio Pulitzer por una biografía del pintor Jackson Pollock, Steven Naifeh y Gregory White Smith lograron el acceso a documentación inédita del Museo Van Gogh de Amsterdam junto a otras fuentes de información para publicar una interesante biografía del pintor holandés: Van Gogh. La vida.
En esta densa, rigurosa, vívida y precisa biografía, Naifeh y White Smith reflejan la psicología del artista y su constante lucha para encontrar su lugar en el mundo, su especial relación con su hermano Theo, su errabunda y turbulenta vida sentimental, la relación con el pintor Paul Gauguin, la pérdida de su oreja y sus problemas depresivos y mentales.
Tras una serie de grabados y láminas con su obra, la biografía comienza, como en una suerte de flashback, con el momento en que Theo recibe el mensaje de que Vincent está herido.



Antes de acercarnos a obras operísticas centradas en la figura de Van Gogh, no queremos dejar de recordar que han sido muchos los cantantes que han dedicado canciones al pintor holandés.
En 1971, Don McLean escribió una canción tras leer una biografía del pintor. Su certero y sentido homenaje queda recogido en esta emotiva canción Vincent.

 

"Quizás veas este croquis del jardín de Daubigny - es una de mis telas más queridas-. El jardín de Daubigny tiene el primer plano de hierba verde y rosa. A la izquierda, un macizo verde y lila y un tronco de planta con follaje blanquecino. En medio de un cantero de rosas a la derecha, un conjunto de cañas, una pared y sobre la pared un avellano de follaje violeta. Después, una hilera de lilas, una fila de tilos redondeados, amarillos; la casas misma en el fondo, rosa, con techo de tejas azuladas. Un banco y tres sillas, una figura negra con sombrero amarillo y en primer plano un gato negro. Cielo, verde pálido"
Van Gogh. El jardín de Daubigny. Julio de 1890
Una personalidad tan peculiar como la de Van Gogh no se sintió indiferente frente a la música. Además de sus primeras experiencias con las músicas que oían en la iglesia de pequeño, los hermanos Van Gogh asistieron a las primeras representaciones de las ópera de Richard Wagner en París.
Aún así, aunque Vincent amaba la música, su carácter le impedía asistir a los conciertos ya que los ruidos, crujidos y susurros del público lo inquietaban e impedían que su sensibilidad apreciara la textura musical.
Aún antes de oír la música de Wagner, Vincent recordó a su hermano que había estudiado la relación ente el color y la música mientras recibía clases de piano en Nuenen y le había escrito cómo el pintor Jules Dupré había plasmado "una gran cantidad de estados de ánimo" utilizando lo que llamaba "sinfonías de color". De esta forma, el pintor holandés buscaba acercarse cada vez más a un estilo que fuera más parecido a la música. Así, comenzó a utilizar el término "abstracciones" para sus obras, un término en el que fundía la música con la pintura y el arte de forma general.
Pero no sólo él estuvo influido por la música. ¿Ha habido compositores que se han sentido influidos por él, que han visto la necesidad de componer como Van Gogh o sobre Van Gogh?
En 1990, con motivo del centenario de su fallecimiento, el finlandés Einojuhani Rautavaara estrenó su ópera Vincent con libreto propio basado en las cartas que se cruzaron Theo y Vincent, además de algunos datos biográficos. En esta ópera Rautavaara desarrolla más que sucesos de su vida la evocación de las visiones del pintor, al que el compositor finés definió como "un cazador de luz".
Dividida en tres actos, la ópera utiliza en varios momentos el llamado "Cuarteto grotesco", un recurso de la ópera finlandesa que presenta una perspectiva subjetiva, siempre con la misma formación de voces, con una función narrativa en que los personajes pertenecen a diversas capas sociales. Así, Rautavaaraa logra presentar en escena las voces que no comprenden la obra y la personalidad del protagonista y sirven de contrapunto a él.




Estrenada el 17 de mayo de 1990 en el Soumen Kansallisoopperan de Helsinki, cada acto comienza con un preludio dedicado a alguna obra del pintor. Así, en el Acto I se refiere a La noche estrellada en una escena que se desarrolla en  en el manicomio de Saint-Remy. El preludio del Acto II a Cuervos en el trigal en una escena que transcurrirá en una exposición de arte. Por último, el preludio del Acto III a la Iglesia de Auvers, para continuar la acción de nuevo en el sanatorio mental de Saint-Remy.
Para su obra, Rautavaara se basó en tres series de doce tonos que mezcló y varió junto con una serie de intervalos (Intervallreihe) de Olivier Messiaen que, junto con un sintetizador DX7 generan un efecto tímbrico de gran intensidad. 
No hay grabaciones en las redes con esta ópera en vídeo, aunque hay una grabación de audio con el disco que se grabó el día del estreno: Rautavaara: Vincent.
En el siguiente enlace podemos escuchar los tres preludios de Vincent, acompañados por los cuadros que le dan nombres: Tahtiyo (Noche estrellada), Variksia vehnapellon paalla (Cuervos en el trigal) y Auvers'in kirkko (Iglesia de Auvers), extraídos del disco mencionado anteriormente a cargo de la Finnish National Opera Orchestra and Chorus dirigidos por Fuat Manchurov.



Tras esta recopilación basada en los preludios de Vincent, nos acercamos a la correspondencia del pintor.
Cartas desde la locura: Vincent Van Gogh recoge gran parte de la correspondencia del pintor holandés, especialmente con su hermano Theo, aunque también con otros conocidos suyos como Gauguin durante los dos últimos años de su vida.
El libro se haya dividido en tres partes, correspondientes a los lugares en los que residió durante estos meses:
Arlés, de octubre de 1888 a mayo de 1889.
Saint-Remy, del 3 de mayo de 1889 al 16 de mayo de 1890.
Auvers-sur-Oise, del 20 de mayo al 29 de julio de 1890.
En la traducción de Claudia Schvartz se recogen las frecuentes misivas que el pintor intercambiaba de manera especial con su hermano Theo, que a lo largo de su vida llegó a ser alrededor de un millar de cartas. 
Fue en esa época cuando ocurrió el incidente en el que se seccionó la oreja mientras vivía con Gauguin en Arlés en diciembre de 1888. 
La carta que traemos en primer lugar fue escrita en Saint-Remy. Allí estuvo prácticamente durante un año en el hospital de enfermos mentales Saint-Paul de Mausole donde ingresó de forma voluntaria. Disponía de dos habitaciones, su dormitorio y otra que utilizaba para guardar sus pinturas y como taller. Disponía de libertad para entrar y salir y fue un año fecundo en su producción pictórica, salvo algunos momentos puntales en que las crisis le impedían hacerlo.
Esta primera carta fue escrita a su hermano Theo el 25 de junio de 1889 y su contenido se centra especialmente en el estudio y tratamiento que hace para pintar los cipreses del lugar.
Para no hacerla más extensa, se han suprimido las reflexiones que realiza sobre la lectura de Zadig o el destino de Voltaire, novela que compara con el Cándido y que le resulta parecida en su contenido. También se han suprimido las referencias a las obras de Shakespeare que está leyendo en inglés y su intención de terminar de leer todas las que tienen como protagonistas a reyes. Además, de algunos comentarios sobre la forma que tiene Rembrandt de reflejar en sus pinturas la mirada.
Así, el resto del contenido de la carta está dedicado al estudio de los cipreses, comentando a su hermano la importancia que para él tienen estos árboles y la escasa atención que le han otorgado otros pintores, las formas que él encuentra en ellos, qué tipo de verde utiliza y cómo lo hace, además de algunos detalles sobre su forma de pintarlos. 



Además del Vincent de Rautavaara, Rainer Kunad había estrenado en 1979 la ópera Van Gogh en Alemania.
Compuesta por Bernard Rands a partir de un libreto de J. D. McClatchy, en abril de 2011 se estrenó hace pocos años otra ópera títulada también Vincent y dedicada, lógicamente, a Van Gogh en la Escuela de Música Jacobs de la Universidad de Indiana.
Escrita en dos actos divididos en 13 escenas, la obra requiere además una compañía de ballet para la primera escena del segundo acto que lleva al escenario un baile en Arlés.
El enlace que nos acompaña se centra en la escena final con el intento de suicidio que casi fracasa por su torpeza y su muerte con Theo junto a él. Una escena que representa las ideas que tenemos de cómo fue su muerte. David Adam Moore representa al protagonista de la ópera.



Seguimos con Cartas desde la locura: Vincent Van Gogh, aunque en esta ocasión nos centramos en una dirigida a Paul Gauguin, quien fuera su compañero en Arlés, el lugar donde vivieron y en el que tuvo lugar el conocido incidente que finalizó con la mutilación de su oreja.
Esta carta se escribió el 17 de junio de 1890 en la última localidad de residencia de Vincent, en Auvers-sur-Oise, el mes anterior a su muerte. Como decía, la carta está dirigida a Gauguin, aunque es posible que fuera incluida en otra para Theo quien debía dirigirla a su destinatario.


Van Gogh. Camino con ciprés y estrella. 12-15 de mayo de 1890
Nuevamente habla Van Gogh de uno de los cuadros en los que está trabajando y que está protagonizado de nuevo por un ciprés.
Después de los saludos y de hablar de una versión que ha realizado de un cuadro de su amigo Paul, se centra en los detalles del cuadro: el ciprés, la luna casi menguada en su totalidad, los tonos de una estrella que protagoniza el cielo, un camino con viandantes o un carruaje entran en los comentarios que el pintor realiza a su amigo.



Rautavaara no quiso terminar su Vincent con la muerte del pintor. Según el compositor, "el último acto debía ser una apoteosis". Así la obra finaliza con un trigal inundado de luz y un Van Gogh que manifiesta que "no hay que temer a la muerte. Pues ella va por la luz como el segador".
Basada en esta ópera, Rautavaara tituló su Sinfonía nº 6, Vicentiana, utilizando material de la misma y la incorporación de nuevo del sintetizador DX7 que le daba la posibilidad de representar los delirios paranoicos del pintor, siempre en los comienzos o finales de los movimientos. Estos movimientos surgen de los preludios con la incorporación de la apoteosis: Noche estrellada para el movimiento 1º, Los cuervos para el 2º, Saint-Remy, la población en que se hallaba el sanatorio mental para el 3º movimiento y Apotheosis para denominar la muerte y el triunfo final del artista a través de su obra.
Apotheosis (en cuyo término se incluye el nombre de Theo) se inicia nostálgico, aunque, al tratarse de un suicidio, van creciendo el volumen y la tensión sonoros, derivando en un sentimiento triunfal. Poco a poco regresan los cuervos, el lejano sonar de cencerros y un silencio casi fantasmal va haciendo desaparecer la música hasta finalizar con el sonido de una flauta.
La interpretación de Apotheosis, último movimiento de la 6ª Sinfonía, Vicentiana de Einojuhani Rautavaara corre a cargo de The New Zealand Orchestra dirigida por Pietari Inkinen.



Nos movemos con los tópicos. Convertimos lo que es posible en lo que pensamos que es cierto. De esta forma, nuestra mente cree lo que quiere creer, aquello que encaja en nuestras ideas y nuestras convicciones.
Con más o menos detalles, tenemos una idea de cómo pudo ser la muerte de Van Gogh. El domingo 27 de julio de 1890, Vincent salió tras el almuerzo por los campos de Auvers a pintar. Llevaba consigo sus pinturas, lienzo y caballete como hacía cada día. Varias horas más tarde, al atardecer, volvió a la pensión en que se alojaba sin sus pinturas ni el caballete. Los Ravoux, dueños de la pensión y sus huéspedes, que cenaban fuera en la terraza, le vieron venir con la chaqueta abrochada, sujetándose el vientre y cojeando. Pasó junto a ellos sin saludar y subió a su habitación. Gustave Ravoux, el posadero, extrañado, se acercó al pie de la escalera y al oír un gemido subió a la habitación que Vincent ocupaba en el último piso. Lo encontró acostado, revolcándose de dolor y le preguntó qué le ocurría. Su respuesta fue: "Je me suis blessé" (Me he herido), mientras levantaba su camisa y ensañaba un pequeño agujero del tamaño de un guisante bajo sus costillas. Llamaron a un médico. Dos días más tarde, el martes 29 de julio, sobre la una, falleció en presencia de su hermano Theo


Ante la creencia común del suicidio, la biografía de Naifeh y White Smith aporta información bastante convincente sobre las circunstancias de la muerte del pintor que da un giro a las teorías que se han utilizado hasta ahora.
Dos relatos confluyen en esta teoría sobre el final de pintor. En primer lugar, el reato conocido de Adeline Ravoux, hija del posadero que contaba 13 años en el momento y que fue dando información a lo largo de los años, prácticamente casi toda salida de la boca de su padre, ya que ella no tenía información propia. Una información que se dirigía más a consolidar la figura de su padre como conocido de Van Gogh y que va desvelando algunas incongruencias.
Fundamental en esta teoría de la muerte de Van Gogh es la información aportada por René Secrétan, quien ya octogenario, habló sobre la relación que siendo adolescentes él y su hermano Gaston entablaron con Van Gogh. Esta última información hace que, para Naifeh y White Smith, la versión habitual del suicidio de Van Gogh no sea la que solemos dar por hecho. 
Quien la lea que saque sus conclusiones.


Van Gogh. El puente de Langlois en Arlés con lavanderas. 1888
No sólo la pintura del siglo XX ni la música siguen el legado de Vincent Van Gogh. El cine también se ha fijado en su persona y su obra, siendo representado habitualmente como el genio incomprendido que muere joven, de forma cuando menos extraña. 
Posiblemente la más conocida sea Lust for life (1956) de Vincent Minelli con un inolvidable Kirk Douglas como Van Gogh y Anthony Quinn en el rol de Gauguin, basado en la novela del mismo título y con música de Miklós Rózsa. Aquí la conocimos como El loco del pelo rojo.
También están Van Gogh (1991) de Maurice Pialat con Jacques Dutronc como protagonista. O el sorprendente documental Loving Vincent (2017) de Dorota Kobiela y Hugh Weichman, una obra de animación que nos logra meter en la obra pictórica del artista. Así hasta al menos una docena de películas que nos acercan a la obra y vida del pintor holandés.
Pero de todas ellas, no me resisto a dejar de compartir uno de los entrañables sueños de Akira Kurosawa. Dreams (Sueños) es una película que recoge una serie de relatos basados en algunos sueños del director japonés y que muestran la relación del hombre con su entorno, el cuidado del planeta, el arte, la espiritualidad o la muerte.
De una belleza plástica inigualable, Dreams cuenta ocho sueños, el quinto de los cuales, Crows (Cuervos) muestra la singular relación que se establece entre el espectador y la obra de Van Gogh cuando es observada detenidamente. En este sueño el pintor holandés está interpretado por Martin Scorsese.
Una maravilla.



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CONTENIDO EXTRA:
Una vez finalizado este homenaje a Van Gogh con motivo del 120 aniversario de su muerte, si lo deseas, puedes ver el making off que muestra cómo se grabaron las imágenes Los sueños de Akira Kurosawa.



Bibliografía consultada:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)
  • Naifeh, Steven y White Smith, Gregory. Van Gogh. La vida. Ed. Taurus. 2012. Traducción de Sandra Chaparro Martínez.
  • Cartas desde la locura: Vincent van Gogh. Traducción de Claudia Schvart

Entre las aves

Si quieres pájaros, planta árboles
Dicho popular

Las aves siempre han acompañado al ser humano en su transitar por nuestro planeta. Desde antes de que existiéramos como especie, las aves surcaban los cielos y entonaban sus cantos, en ocasiones como cortejo, en momentos como advertencia de peligro. 
En ese sentido utilitario que damos a todo cuanto existe, las aves han sido objeto de nuestra atención al proporcionarnos huevos o carne, servirnos de materias primas para la elaboración de pinceles, relleno de edredones o elaboración de adornos con sus coloridos plumajes. Han servido de inspiración a pintores, poetas y compositores, nos han ofrecido compañía en nuestras casas durante generaciones y nos han servido como modelos inspiradores para fabricar aparatos con los que surcar los aires.
En otra ocasión dedicamos la mirada en este blog a tratar sobre las aves en una publicación que puedes leer en el siguiente enlace: El lenguaje de los pájaros.
Pero nuestra civilización no tiene entre sus fines cuidar lo que nos rodea, sino utilizarlo. Así, cada vez es menos frecuente observar las aves en la naturaleza, estamos perdiendo la biodiversidad con la desaparición de especies y estamos destruyendo los lugares donde acostumbran a vivir. Solo las especies que se adaptan a los espacios agrícolas o urbanos son capaces de sobrevivir.
Ante este panorama, nuestra opción debe ser la defensa de la naturaleza como el hábitat donde conviven especies animales y vegetales que contribuyan a mantener el equilibrio en los ecosistemas.
Te propongo un paseo con obras literarias y musicales en los que las aves son las protagonistas. Hay desde obras simpáticas y divertidas hasta miradas duras y difíciles, pasando por aves que sólo existen en la ficción. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Premio Nobel de Literatura, el mexicano Octavio Paz nos acerca al mundo de las aves desde nuestro punto de vista.  El ave, el pájaro no lo es por sí mismo, sino que toma entidad en el instante en que aparece ante nosotros. Cuando se cruzan en el cielo, se nos cruzan frente a nosotros rompiendo la monotonía, sólo entonces, surgen las aves y adquieren vida y significado.
En ocasiones sentimos que todo es calma, sosiego, tranquilidad. Una conexión entre nosotros y la naturaleza. Silencio, espacio, inmovilidad. Como en una de esas tardes infinitas de verano que nos abandonamos.



Como en una metáfora de la música surge el pájaro en el poema de Octavio Paz. La música como sonido rompe la quietud, lo infinito. Se desarrolla en el espacio y el tiempo, se puede medir.
Compositor determinante en la música inglesa del siglo XVII, Henry Purcell desarrolló su corta vida entre el ambiente noble de la corte, la composición de música sacra y sus incursiones en el ambiente más popular y tabernario. De hecho, su temprana muerte con treinta y seis años fue propiciada por un enfriamiento que cogió en la puerta de su casa a la que su esposa no le dejó entrar tras una de sus muchas borracheras. 
Antes de los veinte años fue nombrado compositor de los violines del rey y al cumplir la veintena ya era el organista titular de la abadía de Westminster
Autor de óperas como Dido y Eneas y semióperas como La reina de las hadas o El rey Arturo, adaptaciones de obras de Shakespeare como El sueño de una noche de verano o La tempestad, Purcell compuso también obras sacras e himnos, así como música incidental de las que hemos traído algunas a este blog.  
Su afición por las música y las fiestas entre amigos le hizo afrontar también la composición de algunas canciones sin pretensiones con que alegrar las celebraciones con sus amigos y compañeros.
Aquí nos acompaña con When the cock begins to crow (Cuando el gallo comienza a cantar), una canción jocosa, divertida, pícara. La obra está compuesta para trío a capella de dos sopranos y bajos, aunque en esta versión está interpretada por contratenor, tenor y bajo. Comienza con un delicioso canon y avanza adaptando la musicalidad, la entonación y las voces al unísono o en contrapunto al desarrollo de la letra. Al ser el enlace un audio, te propongo que sigas el texto en inglés mientras lo oyes. Lo disfrutarás más. 
La interpretación corresponde al contratenor Alfred Deller y The Deller Consort.





Tras esta música simpática, deliciosa y fresca nos acercamos a una de las aves que más atraen con su canto, el ruiseñor.
Posiblemente sea el ruiseñor una de las aves que más ha inspirado a poetas y, de modo especial a compositores. Pocas aves son tan discretas a la vista, pasando desapercibidas por su color tan común como poco vistoso. Pero su canto lo hace particular por la variedad de notas, la fuerza y la sucesión de sonidos rápidos y lentos.
Si nos proponemos pensar en obras que nos recuerden al ruiseñor, quizás sea una película el primer nombre que nos venga a la memoria. 
Matar a un ruiseñor es una película en la que el protagonista Atticus Finch no puede tener otra imagen que la de Gregory Peck. Y es un lujo que lo tenga, aunque nos condiciona si nos acercamos al origen literario de la obra. 



Harper Lee (1926 - 2016) era hija de un abogado de Alabama que, tras trabajar en Nueva York en una compañía aérea, publicó en 1960 To kill a mockingbird, publicada entre nosotros como Matar a un ruiseñor, una novela con tintes autobiográfico con el que ganó el Premio Pulitzer.
El título viene de un consejo que Atticus da sus hijos Jem y Scout en la novela, en la que Harper Lee trata con una mirada inocente como la de ambos niños y una actitud recta, la actitud hacia las personas de color en el profundo sur americano.  
No me resisto a dejar correr las palabras de Lee más allá de las razones de la protección al ruiseñor para comparar además una versión de la imagen del Atticus que recordamos con la que la propia autora lo presenta. 
A lo largo del libro, la narración corre a cargo de Scout quien se refiere a su propio padre con su nombre de pila.



Dan Forrest es un compositor norteamericano nacido en 1978 y que cuenta con un gran número de obras, la mayoría de las cuales están escritas para música coral. Entre ellas destacan Requiem for the living (Réquiem por los vivos), Lux: The dawn from on High (Lux: El amanecer desde lo alto) de 2018, My Country:Tis of Thee (Mi país: Es sobre Tí) y The breath of life (El aliento de la vida), estas dos últimas estrenadas este mismo año, la mayoría de tema religioso.
En Two colonial folksongs (Dos canciones populares coloniales) de 2012, Forrest incluyó The girl I left behind me (La chica que dejé detrás de mí) y The nightingale (El ruiseñor). En esta obra Forrest busca combinar canciones populares de diversos estados norteamericanos en un ciclo que tiene previsto aumentar.
The nightingale, esta canción dedicada al ruiseñor, es una variación americana de la canción popular inglesa The bold grenadier del siglo XVII y que fue pasada a una melodía pentatónica. Está compuesta para coro a cuatro voces, piano a cuatro manos y violín.
La grabación corresponde al festival Rivertree Singers de Greenville, Carolina del sur celebrado en 2014 y dirigido por Warren Cook.



Después de acercarnos de dos maneras muy diferentes al ruiseñor, nuestro paseo entre aves nos acerca a Japón de la mano de Yasunari Kawabata, el primer autor nipón galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1968. 
Graduado en la Universidad Imperial de la capital japonesa, Kawabata formó parte del grupo Shinkankaku (Escuela de la Nueva Sensibilidad), un grupo de escritores partidarios del lirismo y del impresionismo que se oponía al realismo social que imperaba en aquellos años.
Conforme iba desarrollando su propio estilo, Kawabata se comenzó a preocupar por la exploración de la soledad en el mundo actual publicando obras como País de nieve, Mil grullas, El rumor de la montaña, La casa de las bellas durmientes o Lo bello y lo triste, logrando reflejar con su sensibilidad el espíritu japonés.
Sobre pájaros y animales, publicado en 1933, es un relato corto -apenas una quincena de páginas- sobre un hombre que se dirige a un baile en el que participa su antigua novia y que, por el camino, va recordando los animales que ha ido cuidando con el paso de los años.
La capacidad de observación, el conocimiento, casi humano de los animales, y la relación que se establecen entre ellos otorga ese punto de melancolía y de reflexión sobre la soledad que marca el estilo de Kawabata.


Enamorado de la naturaleza en la que vivió en su Finlandia natal después de abandonar la vida social y el alcoholismo que llevaba consigo, Jean Sibelius está considerado el mejor compositor de su país y uno de los más importantes de la primera mitad del siglo XX, un tiempo que alababa o denostaba a muerte a quienes componían. Sibelius no se libró de ambos aspectos, siendo quizás más atacado en vida, aunque el tiempo se está volviendo un aliado suyo.
Amante de la naturaleza y de las aves, siempre buscaba las bandadas de gansos o grullas en sus caminos migratorios y admiraba a los cisnes, provocándole estas aves unas sensaciones que reflejó en sus obras.
En 1911 compuso su Marcha nupcial para el acto III de la obra de Adolf Paul El lenguaje de los pájaros, una pieza que se mueve entre el intimismo y las resonancias épicas, entre el cortejo en tierra y el vuelo altivo, entre el pequeño detalle y los espacios sonoros infinitos y majestuosos que tanto admiraba y tan bien creaba Sibelius, en una obra en la que la orquesta se expresa con una enorme precisión, expresión y lirismo. 
La pieza está interpretada por la Turun Filharmoninen Orkesteri y dirigida en 2015 por Leif Segerstam.


Observaciones acerca de la avifauna de Auschwitz. Con este título una revista científica de Viena publicó en plena Segunda Guerra Mundial un ensayo científico del biólogo Günther Nierhammer, guardia de las SS en ese campo de concentración entre 1940 y 1944, ayudado por un estudiante polaco de Bellas Artes que se encargó de los dibujos, Jan Grabackis, del que no se tuvo información al finalizar la guerra.
A partir de este trabajo Arno Surminski (Jäglack, 1934) publicó en 2008 la novela Los pájaros de Auschwitz en la que los personajes, sus pensamientos o sus sueños son imaginados, pero el lugar, las condiciones, el mundo en que se desarrollan fueron reales.
Así, en Los pájaros de Auschwitz el guardia SS es Hans Grote, el dibujante se llama Marek Rogalski y el campo de concentración es Oswiecim. El campo de la muerte al que acuden las conejas sigue llamándose Birkenau y las aves que se catalogan son las que viven entre los ríos Vístula y Sola.



La novela refleja la relación entre carcelero y preso en busca de unas aves que siguen su vida ajenas al drama que se desarrolla entre las alambradas y las rejas del campo, al humo mortal que se eleva de las criminales chimeneas. Esta relación no es amistosa y, pese a las ilusiones de cada uno, ambos saben que sólo cabe la obediencia y la obligación.
Novela de no mucha extensión, nos acompaña el texto íntegro del capítulo X, donde podemos apreciar la diferencia entre la libertad de desplazamiento de las aves frente a la situación de las personas, tanto prisioneros como carceleros.



Fallecido en 2016, Einojuhani Rautavaara es un compositor finés, discípulo en cierto modo de Sibelius y educado en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York. Autor de óperas como Vincent, Aleksisi Kivi y Rasputín, ochos sinfonías y una docena de conciertos, además de obras corales y de cámara, Rautavaara es conocido de modo especial por Canticus Articus, su Opus 61, una obra que le fue encargada por la Universidad de Oulu.
Canticus Articus, subtitulada Concierto para pájaros y orquesta es una obra que aúna a la música instrumental grabaciones en cinta magnética de cantos de pájaros del norte de Finlandia y las cercanías del Círculo Polar Ártico.
Dividida en tres movimientos, el primero de ellos, Suo (El pantano), comienza con un dúo de flautas al que suceden los clarinetes que imitan a los pájaros, que son seguidos por los trombones en sordina y en staccato imitando el sonido de las grullas. La entrada de las cuerdas lleva a una melodía que viene a reflejar la voz interior de un caminante por este desierto helado.
El segundo movimiento, Melankolia, muestra una grabación del canto de la alondra cornuda que se ha ralentizado, mezclándose en una simbiosis con las cuerdas que evocan la melodía una octava más baja.
El último movimiento Joutsenet muttavat (Migración de los cisnes) tiene forma de un crescendo con los sonidos grabados de estas elegantes aves antes de que desaparezcan en la lejanía. Rautavaara muestra a la orquesta dividida en cuatro grupos en lo que él mismo llamó "sincronización mutua resumida". Las grabaciones de las voces de los cisnes se superponen dando la impresión de que su número aumenta significativamente antes de desaparezcan.
Canticus articus está interpretado por L'Orchestre Philarmonique de Radio France en la sala titular de la orquesta en París en abril de 2019 bajo la dirección de Mikko Franck.
La integración e interacción entre orquesta y sonidos naturales se conjuga con una perfección que parte de la observación y el amor por la naturaleza.


Tras un paseo por las aves de las latitudes nórdicas, nuestras últimas miradas se dirigen hacia dos pájaros ficticios.
En alguna ocasión hemos traído a este blog el singular libro Arte de Pájaros de Pablo Neruda con ilustraciones de pintores amigos del poeta en una edición privada que se publicó por la Sociedad de Amigos del Arte Contemporánea chilena en 1967.
Dividido en dos partes, Pajarintos muestra aves reales, mientras Pajarantes es un muestrario de aves ficticias, por momentos simpáticos y amistosos, en ocasiones, todo lo contrario.
Entre estos Pajarantes hoy nos acercamos a El Tintitrán, un pájaro singular surgido de la mente de ese genio de la poesía que fue Pablo Neruda



Nuestro acercamiento como homenaje y reflexión sobre las aves nos lleva a otra de las aves imaginarias, esta más presente a lo largo de la historia de nuestra cultura: El Ave Fénix. Proveniente de la cultura griega, el Ave Fénix tiene la capacidad de renacer de sus cenizas tras morir quemada, una simbolización de la capacidad que tenemos de resurgir tanto personas, como entidades o culturas tras una desaparición.
A propuesta del empresario Diaguilev, Igor Stravinsky compuso su ballet El pájaro de fuego a partir de algunas leyendas rusas y un libreto de Fokine, estrenándose la obra en junio de ese año en París. Con un elenco ruso, vestuario de Leon Bakst y coreografía de Mikhail Fokine, en junio de 1909 se estrenó el ballet en la Ópera de París con la dirección del francés Gabriel Pierné, logrando Stravinsky pasar de ser un desconocido a un compositor célebre y casi imprescindible en la escena musical de su época. El propio Fokine y su esposa Vera Fokina hacían los roles de príncipe y princesa, mientras Tamara Karsavina interpretaba el pájaro de fuego.



El enlace con el que despedimos este paseo entre cantos y vuelos de pájaros corresponde a la Danza infernal del rey Kashechei seguida por la Canción de cuna. El príncipe Ivan zarevich convoca al Pájaro de Fuego para que hechice al rey Kashchei y sus súbditos para bailar la Danza infernal y, al terminar, los hace dormir.
El pájaro de fuego está interpretado por Diana Vishneva mientras el príncipe Iván es Andrei G. Yakovlev, en una producción del Théâtre Musical de Paris - Châtelet de octubre de 2002 con elenco del Teatro Kirov y el Mariinsky Ballet de San Petesburgo




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Bibliografía y webgrafía consultadas: