Para los amantes de los libros el 23 de abril está señalado con letras mayúsculas. Celebrar el Día del Libro es una fiesta donde las historias, las ideas y los pensamientos de los autores o la poesía nos acompañan y nos conmueven.
Lo bueno que tiene esta celebración es que podemos ampliarla a cualquier día que deseemos, que el Día del Libro es sólo el momento de adquirir nuevas obras, de regalar o ser regalados con emociones impresas. Vivir otras vidas, ampliar nuestras experiencias, conocer otros lugares, acercarnos a personajes tan humanos como si fueran reales está al alcance de unas páginas, negro sobre blanco.
Monumento Land der Ideen (Tierra de ideas) en Berlín
Te invito a escuchar el episodio de APasionArte Los libros nunca te abandonan para celebrar el Día del Libro y extenderlo a todo el año con textos de Borges, Amos Oz, Irene Vallejo y Clarice Lispector y música de Sete Lagrimas y la canción Todo está en los libros que nos animan a reflexionar sobre la importancia de los libros en nuestra vida. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere...!
El título del episodio está basado en un texto de Amos Oz y nos sirve para acercarnos a obras que tratan del amor a los libros, de esa capacidad que tienen para conseguir que formen parte de nuestra vida. Algunos pasaron por nosotros y nos fueron configurando como lectores y como personas, casi olvidándolos con el paso del tiempo. Otros nos impresionaron, nos ayudaron en nuestro proceso vital, nos condicionaron tanto como lectores como personas. A otros los abandonamos porque no nos entusiasmaban, no nos llenaban, no era el momento para leerlos, o no encajaban en nuestros gustos. La idea que subyace en los textos del episodio es que, sea cual sea la relación que hayamos tenido con ellos, siempre están ahí, disponibles por si necesitamos volver a ellos.
Una conferencia de Borges nos acerca a los libros como extensión de la memoria y la imaginación. Textos de Irene Vallejo nos llevan, por un lado, a reflexionar sobre el hecho de leer y las relaciones que se establecen entre el autor, el texto y el lector; por otro, a la capacidad de los libros para superar su desaparición como se viene augurando desde algunos lugares.
Un relato de Clarice Lispector con la emocionada voz de Sandra Pérez nos conmueve al acercarnos a la pasión con la que podemos llegar a desear tener un determinado libro entre nuestras manos y lo que podemos realizar para conseguirlo.
Dos canciones nos acompañan en este recorrido: Una canción popular del Timor portugués, que nos acerca a esa relación que se establece entre el lector, el autor y el texto; y la que quizás represente con mayor claridad nuestro amor por la lectura, Todo está en los libros, con música de Luis Eduardo Aute a partir de un texto de Jesús Munárriz.
Músicas de Beethoven, Tchaikovsky y Brahms sirven de telón de fondo para los textos del episodio.
Como siempre, puedes escuchar este episodio en directo en Radio Voz del Condado en el 105.40 de la FM o desde la página web de la emisora radiovoz.lapalmadelcondado.org en sus distintos horarios: miércoles a las 14 y 21 horas, jueves a las 20 y en la tarde del sábado a las 16 horas.
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Aquí puedes escuchar este episodio. ¡Feliz estancia junto a los libros!
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Una novela, un ensayo, una ópera o una pieza teatral son obras completas que su autor ha desarrollado a partir de sus ideas. Nos pueden interesar y gustar más o menos, emocionar o hacernos reflexionar, pero el autor la creó como una obra completa en todas sus dimensiones.
Es cierto que en determinados casos han tenido una continuación porque el autor consideraba que aún tenía algo más que decir, aunque generalmente se ha debido al éxito alcanzado por esa obra. Basta pensar en series de libros o de televisión que acumulan una temporada tras otra, hasta terminar de exprimir el éxito original.
Pero en muchas ocasiones estas obras no sólo se han dado a conocer tal como fueron pensadas, sino que se presentaron con una parte que servía para introducir a los lectores o espectadores en el desarrollo de la obra. Surgieron así los prólogos en algunas obras teatrales que pasaron después a los libros y, con otro origen y sentido, las oberturas de las óperas.
Personalmente soy un gran adicto a los prólogos, ya que suelo encontrar más argumentos para leer la obra, aunque, como veremos, en ocasiones pueden llegar a ser prescindibles según el tipo al que pertenezcan.
Te propongo unas reflexiones sobre los prólogos de libros y las oberturas de óperas con algunos ejemplos. Nos acompañan obras de Borges, Monteverdi, Shakespeare, Mozart, Javier Escudero y Wagner. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
Aunque en libros es prescindible el hecho de contar con un prólogo, en obras como las óperas es habitual que comiencen con una obertura. Este elemento viene determinado por la relación entre los intérpretes y los espectadores como forma de inicio del espectáculo, una forma de abrir simultáneamente la obra y el telón que separa el espacio de los artistas del de los asistentes. Aunque la función y el estilo de las oberturas, su intención y su forma son muy diferentes a lo largo del tiempo, entre distintos autores y épocas, te propongo acercarte a algunos de los tipos más significativos.
Siguiendo los principios de la Camerata Fiorentina, un grupo reunido alrededor del conde Giovanni de Bardi con compositores como Vincenzo Galilei (padre de Galileo), Jacopo Corsi, Giulio Caccini, Ottavio Rinuccini, Jacopo Peri, Luca Marencio o Battista Strozzi, se estrenaron en la capital toscana varias obras con el nombre de Ópera, como Dafne (1598) y Eurídice (1600), obras de Jacopo Peri y libreto de Rinuccini.
Aunque de estas obras sólo quedan el recuerdo y algunos insignificantes fragmentos, sus principios estéticos y formales sirvieron para el nacimiento de un arte que ha deslumbrado desde entonces.
Vicenzo I de Gonzaga, duque de Mantua había asistido a esas representaciones y anhelaba hacer algo similar en su ciudad. La ocasión se le presentó con la celebración de la boda de su pariente María de Medici, para la que contrató a uno de los mayores compositores del momento, Claudio Monteverdi, a quien le indicó el tema a tratar (de nuevo la historia de Euridice y Orfeo), le pagó para que contratara a los mejores cantantes e intérpretes de forma que la obra deslumbrara a los asistentes.
Así se fraguó La favola d'Orfeo (La fábula de Orfeo), una favola in musica, como se calificó su publicación años después, que contaba con un libreto de Alessandro Striggio el joven y se estrenó en el teatro de la corte de Mantua el 24 de febrero de 1607. Todos los asistentes a la representación fueron invitados por el duque mecenas, pues no se había pensado en ningún momento en vender entradas a ningún público.
Después de haber construido los días previos un escenario para que los personajes, unos simbólicos como la Música, otros míticos como Orfeo y su amada Euridice, la obra comenzó con una Toccata. ¿Qué función tenía esta pieza?
La tocata inicial de Orfeo es en realidad la Marcha militar de los Gonzaga, una pieza que tenía dos características: por un lado es una pieza de carácter militar propia de la dignidad del mecenas, mientras que por otra parte es una fanfarria, un tipo de composición que muestra la nobleza del anfitrión. Esta característica se muestra en el ritmo de puntillo que aparece en la partitura a imitación del golpe que daba el chambelán con su bastón en el suelo para anunciar los nombres de los invitados que entraban en el salón.
Además, y sobre todo, la tocata servía de obertura con otras dos finalidades: por un lado indicaba a los asistentes que se iniciaba la representación y, fundamentalmente, pedía respeto para los duques y el espectáculo que había organizado, aunque no para la obra en sí.
La obra comienza según las indicaciones siguientes del compositor: «Toccata che si suona avanti il levar da la tela tre volte con tutti li insttrumenti, si fa un Tuono piú alto volendo sonar le trombe con le sordine». Así, la melodía de la fanfarria debía sonar tres veces antes de levantarse el telón, momento en el que el compositor entraba con su indumentaria negra para dirigir a los instrumentistas que entonaban la melodía un tono más alto de lo escrito en Do, es decir en Re.
Nos acompaña una grabación realizada en el Teatro del Liceu de Barcelona en la temporada 2000/2001 con Le Concert des Nations y La Capella Reial dirigidos por Jordi Savall. Podemos observar un homenaje al compositor en la forma en que Savall entra a dirigir con la presencia y atuendo similares a Monteverdi en aquella ocasión y algunos de los músicos repartidos por los palcos
El origen del término prólogo lo podemos encontrar en la palabra del griego clásico πρόλογος (prólogos) formada por πρό (pró, delante) y λογος (lógos, palabra, discurso, texto), ofreciendo el significado de «antes de la palabra o del texto». De allí pasó al latín prologus y de éste a las lenguas romances en las que tiene una forma y pronunciación similar.
El primer significado de prólogo se refiere, pues, a ese texto preliminar de un libro, que puede ser escrito por el propio autor o por otra persona y que sirve de introducción a su lectura.
Todavía recuerdo las novelas que leía de pequeño, libros de tipo popular que no tenían nunca prólogos, hasta que adquirí uno de ellos que tenía no sólo el prólogo, sino también un estudio preliminar sobre la obra en cuestión que disfruté como ninguno antes. Aún tengo por casa ese ejemplar, gastado de tanto leerlo, de Los papeles póstumos del Club Pickwick de Dickens, que complementa el nombre de este blog.
Dentro de este primer significado para un prólogo podemos encontrarnos una gran variedad de ellos y me gusta tener en cuenta algunos aspectos para disfrutarlos o dejarlos de lado si no tienen mucho interés. Por un lado, debe ser una referencia de la obra a la que precede, pero que no haga alusión continua a lo que ésta muestra, ya que la leeremos después. Tampoco debe ser excesivamente técnico o desvelar la trama o argumentación ulterior y suelen ser de dudosa cordialidad cuando están escritos por algún amigo del autor.
En ocasiones, hay prólogos más que interesantes que están escritos por otra persona mucho después de haberse publicado el libro en atención a los méritos propios del libro o del autor, más que por alguna celebración emotiva o sentimental.
A muchos nos gustan por el interés que nos abren hacia el libro en cuestión, hasta el punto que hay autores, ellos mismos lectores irredentos, que son expertos en prólogos. Jorge Luis Borges es uno de esos autores que tiene en su haber multitud de prólogos de muy diversa índole.
Dos ejemplos nos sirven para comenzar a admirar al escritor argentino como prologuista: La biblioteca de Babel es una colección de textos de diversos autores que surgió como colaboración con el editor Franco María Ricci a partir del relato homónimo borgiano. Prólogos de la Biblioteca de Babel recoge los memorables prólogos que Borges escribió para cada uno de los relatos seleccionados, mostrando en ellos tanto interés y creatividad como en cualquiera de sus relatos propios.
El otro ejemplo muestra aún más la creatividad del escritor argentino. Publicado en 1975, Prólogos, con un prólogo de prólogos es una recopilación de este tipo de introducciones de libros que escribió a lo largo de su vida. Allí encontramos desde los dedicados a Cervantes, Kafka o Lewis Carroll a los de Paul Valèry, Carlyle, Bioy Casares hasta alcanzar la cuarentena de piezas.
Como es lógico por las características del autor y por el título, este libro comienza con un prólogo que antecede a todos los demás y que muestra, una vez más, la capacidad creativa y de razonamiento del escritor argentino.
Tras unas reflexiones sobre la idea de una literatura sudamericana y sobre algunos de los autores prologados, el escritor argentino se aventura hacia una inexpresada teoría del prólogo con algunos ejemplos significativos de los mismos. Te dejo con este prólogo de prólogos, una joya borgiana.
La palabra Obertura procede del francés Ouverture (apertura) y se define como la música instrumental que sirve de introducción a obras dramáticas o a obras cantadas dramatizadas. Como has podido observar en el caso del Orfeo de Monteverdi, al comienzo eran muy breves y se solían denominar Sinfonías.
Esta forma de concebir la obertura de las óperas se desarrolló también durante la corte de Luis XIV de Francia en la que muchas obras comenzaban con una marcha de tipo regio en su honor.
En el siglo XVIII comenzaron a popularizarse en Nápoles y Venecia las oberturas en tres movimientos o partes que solían comenzar con uno en Allegro, otro lento para finalizar de nuevo con una parte alegre, aunque sin relación aparente con la obra.
En las óperas de madurez de Mozart esta obertura se transformó en una introducción relacionada con la partitura con una música que captaba la atmósfera e incluso algunos de los temas que se desarrollarían en la obra. A comienzos del XIX el estilo italiano de Rossini, Bellini o Donizetti siguió en la línea de un tipo de sinfonía como obertura, mientras que otras lo hacían en el sentido de introducción dramática, como en el caso de Beethoven, que llegó a componer hasta cuatro oberturas distintas para Fidelio.
Un ejemplo significativo es la Obertura de Don Giovanni de Mozart, una pieza que se inicia con un tono oscuro y pausado que anuncia la dramática escena final de la obra, cuando la estatua de El Comendador acude a la invitación a cenar que le hizo Don Giovanni.
El primer tema lo presentan las cuerdas a las que contestan los vientos que entablan un diálogo que va creciendo y muestra una línea humorística donde intuimos las carcajadas del protagonista, un diálogo entre éste y Leporello, transformándose en un allegro compacto, aunque conservando la expresión dramática que impregna la pieza.
El enlace pertenece a una versión de la Orquesta del Royal Opera House de Londres dirigida por Constantin Trinks que se representó en julio de 2021.
Los prólogos tienen ese carácter de llave que te ayudan a abrir una casa, facilitándote la entrada, pero a la que podrías entrar simplemente abriendo la puerta y prescindiendo de ella. Te facilita el acceso al mundo interior del libro, allanando el camino, especialmente si conoces poco sobre el contexto de la obra o del autor.
También posee la capacidad de sorprender, pues cuando piensas que no tiene nada significativo que contarte, hay ocasiones en que se produce una revelación que engrandece la obra a tus ojos y aumentas la capacidad para disfrutarla. Descubres que has encontrado un lugar desde donde vislumbrar el resto de la obra, donde aprecias la totalidad del libro antes de leerlo.
Otra cualidad del prólogo que lo hace interesante es que, en realidad no pertenece a la obra, aunque depende de ella, ya que no suele existir un prólogo sin su obra. Si en el caso de Borges, sus prólogos de prólogos se referían a libros concretos y reputados, hay algún caso particular como el de Nicolaus Notabene, uno de los seudónimo elegidos por Søren Kierkegaard. Escrito con un buen sentido del humor, Prefacios muestra a un hombre que ha renunciado a su vida como escritor por las responsabilidades que le acarrea su matrimonio, teniendo que conformarse con escribir los prólogos de los libros que hubiera escrito si hubiera tenido la posibilidad de escribirlos. El bromista Notabene propone la idea de que «escribir un prólogo es como tocar el timbre de una casa y echar a correr» para que cuando el lector acuda no haya nadie.
El origen etimológico del término griego clásico πρόλογος nos remite a su significado más antiguo. En el teatro griego y latino era un discurso que precedía al texto dramático y su desarrollo. Era el momento en el que el coro situaba a los espectadores en el tema o el argumento que se iba a desarrollar en la obra.
Este tipo de prólogo no ha dejado de utilizarse cuando los autores lo han considerado necesario como forma de hacer entrar a los espectadores directamente en la obra.
Uno de los ejemplos de este uso lo podemos encontrar en el Romeo y Julieta de Shakespeare. Se trata de un prólogo, no para ser leído por quienes se acerquen a la obra del escritor, sino para ser declamado en el inicio de la obra y situar a los espectadores en la historia de los amantes de Verona.
Comienza, pues, Romeo y Julieta con un coro que entra en escena y recita como prólogo un soneto isabelino.
Las oberturas de la primera mitad del XIX fueron derivando con compositores como Verdi o Wagner. Así, surge el Preludio, una pieza que representa a la vez que simboliza la idea fundamental de toda la ópera y no tiene, como la obertura, un carácter cerrado y conclusivo, ya que no busca el aplauso del público, sino que da pie al inicio de una obra que fluye desde desde la primera nota musical. Muchos críticos consideran que el primer preludio con ese carácter fue compuesto por Wagner para su ópera Lohengrin.
Los preludios e interludios (al comienzo de un acto) de Verdi en La Traviata o de Bizet en Carmen, por ejemplo, pertenecen a este tipo.
Con Wagner adquiere también un nuevo sentido el término prólogo. Según el Diccionario de la R.A.E., se refiere de la «primera parte de una obra en la que se refieren hechos anteriores a los recogidos en ellas o reflexiones relacionadas con su tema central». Wagner lleva al extremo este significado al componer su tetralogía El anillo del Nibelungo en tres jornadas (La Valquiria, Sigfrid y El ocaso de los dioses) precedidas de un prólogo, El oro del Rhin. Aquí el compositor alemán creó un prólogo que servía de introducción a la historia de más de dos horas de duración y que ha servido como fuente de inspiración para la creación de multitud de obras, muchas de ellas películas, en las que se profundizaba en los orígenes de la historia original. Las famosas precuelas.
Wagner compuso Lohengrin en su etapa como segundo Kapellmeister en Dresde mientras trabajaba para el rey de Sajonia. Adjudicó una tonalidad a cada uno de los personajes principales de este relato medieval donde confluyen la caballerosidad frente a la traición, la pureza espiritual y la lucha contra el mal frente a la conspiración. El protagonista, uno de los míticos caballeros aparece en el preludio con una visión del Grial descendiendo a la tierra sonando las cuerdas de modo brillante, estáticas al comienzo que van creciendo hasta alcanzar el clímax orquestal.
Como el compositor hubo de huir de la capital de Sajonia al haberse puesto de parte de los revolucionarios republicanos en 1848, la obra fue estrenada en Weimar en 1850 por Franz Liszt a quien estaba dedicada.
El preludio de Lohengrin que nos acompaña está interpretado por la hr-Sinfonieorchester de la Frankfurt Radio Symphony dirigida por Andrés Orozco-Estrada que se grabó en el Rheingau Musik Festival de 2017 en Lloster Eberbach.
Además de los prólogos que hemos visto, también están los que realizan un estudio de la obra sobre la que escriben. Son más extensos y rigurosos y tienen la virtud de ahondar más en la obra y el riesgo de ser excesivamente técnicos y llegar a aburrir al lector.
Como norma general, me gustan los prólogos cuando son interesantes y aportan al libro al que acompañan y suele ser un elemento fundamental para elegir la versión del libro que deseo leer.
Los prólogos tienen también una ventaja adicional: Si te cansan o aburren puedes dejar de leerlo inmediatamente, ya que no te afectarán a la lectura del libro que tienes entre las manos.
El último ejemplo de prólogo es el que ha servido de inspiración para esta entrada del blog.
En Las otras vidas de Don Quijote, Javier Escudero realiza una investigación sobre los personajes que pueblan la novela más famosa de Cervantes y en su prólogo reflexiona, analiza, desvela y nos muestra el camino que recorrió para escribir su libro. Dividido en varios apartados distintos entre sí, Escudero nos invita e incita a leer su trabajo mostrándonos todo lo que podemos encontrar en su interior. Es uno de esos prólogos escritos por el autor que nos abren el camino del libro.
Y tú, ¿hay algún prólogo que te haya margado o llamado la atención? De todas las oberturas de ópera, ¿con cuál te quedas?
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El espejo, ese objeto que se ha convertido en cotidiano y doméstico con el transcurso de los siglos, no sólo posee la utilidad de devolvernos la imagen reflejada, sino que adquiere un simbolismo y un significado que va más allá de sus propiedades físicas.
En la publicación Asómate al espejo nos acercamos a algunas obras que nos mostraban su reflejo y mucho más a través de obras literarias y escenas de ópera en la que estos objetos están presentes.
En esta ocasión nos acercamos a uno de los escritores que más han utilizado este objeto y su simbolismo a lo largo de su producción literaria. Las referencias a los espejos se suceden en sus obras en un número indefinido, tal vez infinito, como ese universo al que otros llaman Biblioteca de Babel.
Te propongo un paseo por algunos de los muchos espejos que utilizó Borges como elementos cargados de simbología, en ocasiones por su propia experiencia, en otros casos por distintos significados que son constantes o evolucionan a lo largo de su vida y obra. Nos acompañan obras sobre espejos y reflejos de Ravel y Arvo Pärt. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
Procedente del latín Speculum, formado por Specio, con significado de mirar y culum que hace referencia a un instrumento, Así, su significado original viene a ser, literalmente «instrumento para mirar». Además de la utilizad habitual para observar nuestra imagen, en la antigüedad se llegó a utilizar para seguir, a través de un juego de varios espejos, el movimiento de los astros. De ahí proviene uno de sus significados como símbolo de sabiduría, e incluso se le asocia a la magia por la difusa línea que separaba la astronomía de la astrología, el conocimiento del universo con el reflejo de lo divino.
En otros de sus significados, el espejo se presenta como símbolo de la imaginación o la conciencia, al relacionarse con el pensamiento con el que pretendemos reflejar el conocimiento que tenemos. De esta interpretación, el espejo parte del hecho de ser imagen y representación de la realidad, del mismo modo en que el mundo terrenal es representación del mundo celestial.
Pocos autores hay tan apasionados y tan vitalmente centrados en la literatura como Jorge Luis Borges. Lector impenitente, llegó a afirmar que «uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe».
Para el escritor argentino, los espejos aparecen en su obra a partir de su experiencia vital en una edad temprana. De esta manera recoge la idea de que la literatura y el arte se desarrollan como un espejo de la vida. Pero el espejo que es representación de la realidad lo es sólo en su apariencia al ofrecernos una imagen que, aunque es idéntica, es invertida, mostrando una suerte de inversión de la vida, una irrealidad que nace de esta inversión e inmaterialidad.
Cuando un niño pequeño se enfrenta por primera vez a su propia imagen en un espejo, la primera sensación que le acoge es de sorpresa y extrañeza, transformándose en alegría cuando se reconoce a sí mismo. De esta forma, el espejo le sirve para conformación de su propio yo. Esta experiencia lo aboca a la certeza de la realidad, aunque puede llegar a unir la fascinación con el terror que le provocan las imágenes en su inconsciente.
Para el pequeño Borges ese miedo a los espejos surge en su vida mucho antes de que comience su labor literaria. Los espejos le obsesionaron de pequeño. En su dormitorio había un gran ropero con un espejo en que se reflejaba su imagen desde la cama. Cuando se quedaba solo en la habitación a la hora de dormir el espejo se convertía en una fuente de tormentos.
Las imágenes desaparecían cuando se apagaba la luz, pero, ¿se habían ido o permanecían escondidas en el ropero amenazando continuamente con aparecer? Su hermana Norah recordaba las aterradas noches que sufrieron cuando se quedaban juntos en la habitación. Allí nacieron algunas pesadillas relacionadas con los espejos o los laberintos, un miedo que aumentó con la oscuridad que le provocó la ceguera.
Publicado en 1960, El hacedor es uno de esos cruces de géneros literarios que tanto gustaban al escritor argentino. Allí se mezclan los relatos con los poemas y los ensayos, los temas y las evocaciones a otros escritores como Homero o Dante. El autor llegó a afirmar que era uno de las publicaciones más personales y desordenadas de cuantas había llevado a la imprenta. Sexagenario cuando la escribió, el recuerdo a los espejos y su temor, así como con otros significados diferentes transitan por este poema tan intrínsecamente borgiano.
En esencia, el espejo es un instrumento que es reflejo de otra realidad. La superficie tranquila y sosegada del agua, el reflejo en los ojos de una mirada cercana, un pensamiento o un sueño son espejos más antiguos que ese instrumento que nos acompaña que se fue creado a imagen -nunca mejor expresado- de ellos.
Borges lo recrea en cuando a versiones de realidades y ficciones con sus inversiones y reversiones, como reflejos inversos y exactos o como ondas que se mueven deformando la realidad como las aguas levemente movidas.
También estas imágenes han tenido su reflejo en la música. Muchos son los compositores que han dedicado obras a los espejos y sus especulaciones.
Nos acompaña una obra para piano de Maurice Ravel, Moroirs (Reflejos), una composición escrita entre 1904 y 1905 estrenada por el pianista catalán Ricardo Viñes. La obra está formada por cinco movimientos, dedicados a diversos amigos del compositor: Noctuelles (Mariposas nocturnas), Oiseaux tristes (Pájaros tristes), Une barque sur l'océan (Una barca en el océano), Alborada del gracioso -así en español- y La vellée des cloches (El valle de las campanas), es el tercero de los movimientos el que traemos a esta publicación sobre los espejos de Borges.
Una barca en el océano, pieza dedicada al pintor Paul Sordes, narra un pequeño barco que navega sobre las olas de un tranquilo océano. Los arpegios y las melodías envolventes imitan el flujo de las corrientes como un reflejo continuo. La interpretación, la más técnica y compleja del ciclo, corre a cargo de la pianista Kathrin Isabelle Klein.
Inmerso en algunas ideas sobre sus significados y simbolismos, para Borges Dios es simultáneamente el espejo y la mirada, el cristal y el metal bruñido, la luz y la sombra. Así, aparecen el Creador y su criatura como dos espejos que se enfrentan, se oponen y se confunden, Dios que sueña a sus creaciones como lo hace el escritor, al que son los personajes que ha creado los que justifican su existencia y entidad. De tal forma, esta relación entre el Gran Soñador Soñado en el juego de espejos borgiano se incluyen Dios y el escritor en un primer plano, mientras el hombre y el personaje se hayan en el segundo. Si el reflejo especular de Dios es el Hombre, el reflejo del Escritor es el Personaje, siendo los elementos del primer plano (Dios y el escritor) cambiables como lo son los del segundo (hombre y personaje). Dios hizo al hombre a su imagen, pero éste se erige en el espejo en que se refleja y reconstruye su imagen, así crea la idea del mundo terrestre concebido como reflejo de un mundo celestial y trascendente perfecto.
En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, un remoto pasillo de una quinta y un artículo escindido de una enciclopedia le llevan a una sociedad secreta de astrónomos y científicos que crea un planeta. Entre el propio Borges y el escritor Bioy Casares, autor y personaje simultáneamente -de nuevo los espejos-, investigan y dan con un heresiarca de Uqbar que había llegado a declarar que
«Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres».
La condición del ser humano, como copia de sus progenitores está en estrecha relación con la idea de la vida como lenguaje y del hombre como nombre. Si es la realidad la que origina y utiliza el lenguaje, se pregunta si pudiera darse la situación inversa: si la idea que tenemos de la vida y del mundo no es más que la imagen que nos ofrece y proporciona el lenguaje que hemos creado. Aquí la palabra adquiere su valor mágico que la libera del objeto para pasar de su rol de espejo hasta reducirlo a la imagen de lo que éste representa.
Así, Borges llega a representar simultáneamente al Yo y a su doble:
En El otro, el relato que abre El libro de arena (1975), un Borges de setenta años -de nuevo creador y personaje- se encuentra en un banco con vistas al río Charles al norte de Boston con un personajes que, tras entablar una conversación se reconoce a sí mismo. No es el reflejo idéntico especular, sino él mismo décadas atrás. Incrédulos ambos, se dan pistas de lo que deseaban y planeaban como sueños de futuro, los libros que tenían y su disposición, las conversaciones últimas con el padre o el devenir de lo más reciente, los escritos realizados, la muerte de ese padre. El vida y la literatura como juego de espejos con sus reflexiones y reversiones, con los anversos y los reversos.
En La rosa profunda (1975) otro de sus libros de poemas, Borges vuelve a dedicar sus pensamientos al simbólico espejo. Se trata de una obra de un septuagenario que atisba de nuevo el fulgor del espejo o la constante duplicidad de la imagen, sin olvidar ya ciego el autor, el que aumenta el horror que le profesaba de pequeño.
Esta obsesión por los espejos avanza en el escritor argentino hasta convertirse en una metáfora del Yo más profundo del poeta, haciendo partícipe de su significado a todo el género humano, generalizando lo que en uno ocurre en toda la humanidad.
«La Historia Universal es la de un solo hombre».
Las ideas de los espejos como símbolos e imágenes sigue presente en la música más contemporánea.
Compuesta en 1978, Spiegel im Spiegel (Espejo en espejo) es una pieza compuesta por Arvo Pärt antes de salir de su Estonia natal. Insertada dentro del estilo minimalista, fue creada para piano y violín, aunque con frecuencia se suele interpretar con piano y violonchelo, e incluso con otros instrumentos de viento.
La obra está escrita en el llamado estilo Tintinnabuli o tintinabular, creado por el propio Pärt, en el que una primer voz toda en arpegio la triada tónica, mientras una segunda voz se mueve por la escala diatónica de forma escalonada, utilizándose en obras con un tiempo lento y meditativo.
La interpretación está a cargo de Leonhard Roczek al cello y Herbert Schuch al piano en una grabación que se realizó en la Mozart Week Salszbur de 2014.
Se trata de una música que, casi seguro has oído en alguna ocasión y que es más que adecuada con la lectura de la reflexión y el texto que nos queda.
El aspecto simbólico del espejo posee, pese a todo lo expuesto hasta ahora, un carácter ambiguo y contradictorio, marcado por significados opuestos. Así, frente al conocimiento de la propia identidad que proporciona la autocontemplación, nos encontramos frente al riesgo de quedar fascinados por nuestra imagen, convirtiéndose el espejo en una máscara que oculta nuestro auténtico ser y no nos permite vivir profundizar en la auténtica personalidad. Es la imagen de Narciso, enamorado de su figura reflejada en el espejo del agua que muere recreándose en ella.
Incluido también en El libro de arena, como el relato El otro, El espejo y la máscara trata este asunto: La literatura puede un espejo, pero también puede transmutar en máscara.
Finalizamos esta reflexión sobre uno de los símbolos más utilizados por Borges con este relato.
El poeta recibe el encargo del rey de componer una obra sobre la gloriosa batalla. En el poema que compone duplica la batalla con las imágenes y metáforas que la describen con todo tipo de detalles, recibiendo como recompensa un espejo de plata y la propuesta de que lo modifique. La segunda de las odas es sublime, recibe como premio una máscara de oro y una nueva propuesta. Aquí Borges se adentra en el valor de la Palabra que se encuentra más allá del espejo, dela máscara y de la literatura. Otra será la recompensa.
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Pocas invenciones son tan felices como el libro y pocos conceptos o lugares lo son tanto como las bibliotecas.
Situarnos ante una colección de libros es encontrarnos frente a una gran cantidad de posibilidades que nos abren un universo de sensaciones, historias y vidas que vivir, que enriquecen nuestra existencia aportándonos una disparidad de puntos de vista convergentes o divergentes con el nuestro.
Cada año, el día 24 de octubre una serie de países celebramos el Día Internacional de las Bibliotecas, una jornada que invita a acercarnos a alguna biblioteca pública, compartir alguna incursión por libros que nos han marcado, escribir sobre bibliotecas y libros o a compartir algunas publicaciones que nos hayan llamado la atención. Si lo haces, no olvides etiquetar #DiaInternacionaldelasBibliotecas.
Te invito a celebrar el Día Internacional de las Bibliotecas acercándonos al origen de la celebración y a compartir algunos textos sobre ellas. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
Real Gabinete Portugués de Lectura. Río de Janerio (Brasil) (1887)
En un mundo tan globalizado es habitual encontrar en muchas ciudades y poblaciones más pequeñas bibliotecas públicas donde poder encontrar esos libros que estamos buscando o algunos con los que no contamos y se convierten en deliciosas sorpresas, además de otras actividades que se realizan en muchas de ellas con el fin de abrir a un público más amplio su oferta cultural.
La historia de cómo llegaron a crearse y desarrollarse parte de un momento cercano en el tiempo que, con sus saltos hacia adelante y hacia atrás, se remontan a un pasado lejano. Bibliotecas de Mesopotamia o las particulares que se encontraban a lo largo de las ciudades griegas convergen en la más mítica de todas, la Biblioteca de Alejandría, una institución que representó en su momento el punto más álgido de la sabiduría de todo el mundo antiguo y que se halla cargada de los misterios de su construcción, los pergaminos que atesoraba y su destrucción.
Pero, en lugar de esta biblioteca fabulosa -en todas sus acepciones-, vamos a centrarnos en las aquellas que la siguieron, despojadas ya de su pátina de misterio y leyenda.
Biblioteca del Trinity College en Dublín (Irlanda) (1592)
En El giro, Stephen Greenblatt centra su mirada en el descubrimiento de un libro, De rerun natura del escritor romano Lucrecio, un manuscrito que se consideraba perdido y cuyo inesperado hallazgo por Poggio Bracciolini contribuyó a la entrada con mayor fuerza de lo que se llamó el Renacimiento y el nacimiento del pensamiento moderno que sustituyó al medieval que dominaba al continente de comienzos del siglo XV. El giro es la historia de este descubrimiento y cómo se tambalearon los cimientos de un pensamiento medieval que estaba ya anclado en el pasado e irremediablemente condenado a la desaparición.
Además de los detalles que se conocen del descubrimiento del manuscrito de Lucrecio, El giro presenta un interesante fresco del mundo romano y su pensamiento a través de los libros, así como de Florencia, la ciudad más adelantada a su tiempo en el pensamiento renacentista, además de reseñar los movimientos culturales, filosóficos y literarios que se desarrollaban en su seno.
Stephen Greenblatt nos acerca a la creación de la primera biblioteca pública que se llevó a cabo en Roma por Asinio Polión, así como las que se fueron desarrollando más adelante a lo largo del imperio siguiendo su modelo tanto arquitectónico como funcional.
¿Por qué motivo se celebra el Día Internacional de las Bibliotecas en esta fecha concreta?
Fue en el año 1997 cuando comenzó a celebrarse esta efemérides que surgió como reacción a la destrucción y pérdida entre bombas y cenizas de una biblioteca, como una lucha contra la desaparición de miles de escritos que custodiaban la cultura, las creencias y la memoria de todo un pueblo.
En 1992, en plena guerra de los Balcanes, la Biblioteca Nacional de Sarajevo (Vijecnica) quedó asolada debido a los bombardeos sobre la ciudad. La imagen del centro cultural y la ciudad destruidos quedó grabada en la memoria de muchos cuando el músico de Bosnia-Herzegovina Vedran Smailovic estuvo interpretando entre las ruinas y escombros el Adagio en sol menor de Albinoni para llamar la atención sobre el bombardeo indiscriminado y el asesinato de veintidós personas que estaban esperando en la fila para recibir pan el 26 de mayo de ese mismo año.
La imagen de Vedran Smailovic, conocido desde entonces como el Chelista de Sarajevo, quedó como símbolo de aquel memoricidio, la palabra acuñada por el médico croata Mirko D. Grmek ante la Asamblea de las Naciones Unidas para manifestar la cruel práctica consistente en la destrucción de la memoria y acervo cultural de un pueblo.
A partir de esta actuación reivindicativa, el pianista y compositor David Wilde creó su Op. 12 The Cellist of Sarajevo, una obra para el citado instrumento que evoca la iniciativa de Smailovic. Nos acompaña una grabación realizada por Yo-Yo Ma, uno de los más grandes intérpretes de este instrumento, en un montaje que incluye fotografías históricas de la actuación en la asolada Biblioteca de Sarajevo.
Las bibliotecas evocan un universo que, como señalaría Borges en su obra La biblioteca de Babel, se nos antoja infinito en su capacidad de ofrecernos sensaciones, historias y conocimientos que nunca llegaremos a completar.
Cruzar el umbral de una biblioteca es adentrarnos en procesos misteriosos que cada lector -y cada escritor- siente, evoca y visualiza de una forma distinta.
Nos acercamos a La biblioteca secreta, del que podríamos considerar uno de los libros menores de Haruki Murakami, una publicación destinada al público juvenil cuyo protagonista es un muchacho que acude a la biblioteca de su barrio con la intención de curiosear entre los estantes y que se tropieza con un extraño y furibundo anciano bibliotecario que lo lleva por un laberinto de salas en lo que acabará convirtiéndose en una turbadora pesadilla kafkiana que, como suele ser habitual en el escritor japonés, acaba tratando sobre los temas de la pérdida y la soledad en la que nos encontramos en la sociedad actual.
Una de las características de las bibliotecas es el silencio que reina en ellas para facilitar la concentración de los lectores, aunque en ocasiones este estado queda trastocado por alguna celebración con que se desea unir la afición a la lectura con alguna otra actividad artística como la música o la pintura, la creación de clubs de lectura para profundizar en algunos temas o autores o, simplemente, atraer a nuevos lectores como son los casos de los cuentacuentos con que algunas instituciones buscan fidelizar a un público más joven.
Biblioteca Pública de Stuttgart (Alemania) (2011)
Si el día 24 de octubre se celebra el Día Internacional de las Bibliotecas, el día siguiente se conmemora el Día Mundial de la Ópera, auspiciado por diversas instituciones operísticas que tomaron la iniciativa de dedicar una jornada actual a este arte desde el año 2019.
Nos acompaña una actuación llevada a cabo en la Biblioteca Clarà de Barcelona en 2011 con motivo del Día Internacional de la Ópera que se celebraba en aquellos años el día 8 de mayo. La soprano Elvira Sánchez interpreta ataviada como una empleada, en una suerte de flashmob, el aria Quel guardo il cavaliere de la ópera Don Pasquale de Donizetti, una de esas piezas que se interpretan mientras la protagonista está leyendo un libro, conformando una simbiosis perfecta entre literatura y ópera. La acompaña al piano Efrem García y dirige esta interpretación grabada en formato doméstico Edgar Villanueva.
Una actividad tan exclusivamente humana como es la lectura se beneficia sustancialmente con la existencia de las bibliotecas como herramientas que facilitan la lectura de aquellos libros que deseamos y que, poco a poco, irán conformando nuestra propia biblioteca emocional y sentimental. Si bien es cierto que hay libros que pasan por nosotros sin dejar apenas huella, otros dejan un poso profundo en nuestra vida, conformando nuestra personalidad literaria.
La biblioteca personal representa la colección de libros que hemos leído a lo largo de nuestra vida y que han dejado una huella en nosotros, ayudándonos a conformar nuestros gustos, aficiones y en gran medida nuestra personalidad.
Los libros que hemos adquirido y tenemos en la biblioteca de nuestro hogar, unidos a todos los que hemos ido leyendo a través de préstamos de las bibliotecas públicas o de nuestros familiares, amigos y conocidos van modelando nuestra biblioteca personal, una biblioteca que ha ido cambiando desde aquellos libros que leíamos en nuestros primeros años en que nos iniciábamos en la lectura hasta llegar a los que leemos, junto a aquellos que tenemos anotados en una lista mental y que, lo sabemos, leeremos más temprano que tarde.
Realizar el ejercicio de pasar esa biblioteca personal de nuestra mente a un documento escrito es una actividad enriquecedora que nos ayuda a ser más conscientes de nuestros gustos e influencias. Desgraciadamente, la continua prisa y la velocidad a la que nos movemos en el devenir diario nos impide llevar a cabo una actividad que redundaría en nuestro propio beneficio. Aún así, siempre podemos plantearnos unas preguntas claves: ¿Cómo sería mi biblioteca personal? ¿Qué libros y por qué razones estarían en ellas? ¿Cuáles serían los imprescindibles?
Biblioteca Central de Vancouver (Canadá) (1995)
En su lugar, nos acercaremos a uno de los más grandes lectores del siglo XX, Jorge Luis Borges. Cuanto falleció el escritor argentino había realizado los prólogos a los sesenta y cuatro libros de la colección de los cien que formarían la colección que él mismo había escogido con aquellos que más habían influido en su vida.
Así, al año siguiente se publicó póstumamente Biblioteca personalcon la citada reseña de prólogos de libros que se caracterizan por mostrar un variopinto retablo que su insaciable curiosidad llegó a explorar en tan diversos estilos de libros.
No nos acercamos a ninguna de las reseñas que aparecen en la publicación, sino que nos quedamos con la declaración de intenciones que el escritor argentino desarrolla en su prólogo.
Finalizamos esta publicación sobre el Día Internacional de las Bibliotecas con otra incursión de la música en las mismas, de nuevo en forma de flashmob. Se trata de una interpretación en idioma swahili de la canción tradicional Wana Barake que el coro de gospel Good News dirigido por Mario del Campo realizó en la sala de lectura de la Biblioteca Pública de Valladolid en junio de 2012 la víspera de la celebración del Día Europeo de la Música ante la sorpresa de los asistentes.
Feliz Día de las Bibliotecas, feliz configuración de la biblioteca personal y, de camino, feliz Día Mundial de la Ópera.
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Bibliografía y webgrafía consultadas:
Greenblatt, Stephen. El giro. Traducción de Joan Rabasseda y Teófilo de Lozoya. Editorial Crítica. Barcelona, 2014.
Haruki Murakami. La biblioteca secreta, traducción de Lourdes Porta e ilustraciones de Kat Menschik. Editoral Libros del Zorro Rojo, Barcelona, 2014.