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Mostrando entradas con la etiqueta El barbero de Sevilla. Mostrar todas las entradas
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Nada es más grande que un verdadero médico

Nada es más grande que un verdadero médico
Sinuhé, el egipcio - Mika Waltari

Vivimos días extraños, momentos difíciles y dolorosos. Nos encontramos con una situación que no habíamos podido imaginar como algo real y posible, solo como algo perteneciente a una irreal y lejana ficción literaria o cinematográfica.
Muchas historias con un desarrollo trágico se suceden continuamente. Las situaciones personales y particulares se hallan cargadas de matices que dificultan, en el mejor de los casos, los confinamientos en los hogares. La situación económica a nivel doméstico y como sociedad está sufriendo una crisis que manifestará su lado más trágico y cruel con el paso del tiempo.
Esta situación nos mueve a la reflexión y a un cambio en la escala de valores. Los ídolos, aquellos a quienes los más jóvenes quieren imitar, han sido los deportistas o personajes que aparecen repentinamente en las redes sociales durante un tiempo fugaz. Pocos tienen por modelo a profesionales que dedican con constancia años al estudio de las ciencias o las humanidades y que deberían ser más admirados y mostrarse como ejemplo de constancia y lucha por alcanzar con esfuerzo objetivos a largo plazo.
Estas semanas nos han ayudado a reforzar esa escala de valores dando la importancia que merecen a las labores que desarrollan profesionales del mundo de la sanidad: médicos, enfermeros, cuidadores, analistas clínicos, psicólogos o incluso personal de limpieza y celadores están contribuyendo de modo decisivo a contener una pandemia como la que nos afecta y dar motivos a la esperanza.
A estos trabajos podremos añadir a quienes en estos momentos excepcionales colaboran para que la sociedad continúe su funcionamiento: agricultores y ganaderos, transportistas, comerciantes o distintos tipos de empleados. También podemos agregar a cuantos, desde su papel como artistas (cantantes, escritores...) reflexionan sobre nuestros sentimientos, los comparten y comunican a través de las redes sociales contribuyendo a la sociedad a la que se dedican.
A lo largo de estas extrañas semanas este blog ha dirigido su mirada a reflexionar sobre la situación en que nos encontramos inmersos con las siguientes publicaciones:
Epidemias y pandemias.
La primavera que no comenzó.
1816, el año sin verano.
El confinamiento de Ana Frank.

Aunque dedicada de forma general a todos cuantos han dedicado sus esfuerzos y su trabajo a combatir los males que nos atacan, esta publicación dirige su mirada, de forma más particular, a la figura de los médicos y su presencia en la literatura y la ópera.
Te propongo un paseo acompañado por algunas reflexiones por obras literarias y musicales donde los médicos aparecen como personajes. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Vicent van Gogh. Detalle de El retrato del doctor Gadchet (1890)
Partimos de que este blog trata de literatura y música, combinando ambas artes y buscando nexos de unión entre ideas, sentimientos o acontecimientos que relacionen unas obras con otras.
La literatura no ha tratado en general de forma adecuada la labor de los médicos a lo largo de su historia. En determinadas novelas u obras de teatro los médicos han sido protagonistas o personajes importantes de algunas obras, aunque centrando el foco de atención más en cuanto a actores que intervienen en las obras más que en su labor profesional. 
Desde Moliére con El enfermo imaginario o El médico a palos, pasando por Flaubert con el esposo de Madame Bovary hasta obras como Frankesnstein o Drácula con médicos en papeles importantes. Desde novelas como Papá Goriot de Balzac, Viaje al fin de la noche de Céline, El pabellón número 6 de Chéjov o el relato de Kafka Un médico rural, hasta obras más actuales que se centran más en la profesión médica como Las horas subterráneas de Delphine de Vigan o Lágrimas de sal de Pietro Bartolo, que basan su discurso en situaciones médicas en la actualidad, muchas son las obras en las que médico aparece con mayor o menor protagonismo en la literatura.
De tal forma, con la mirada sesgada por la acción de la obra literaria, podemos entrever algunas características de una profesión como la médica y la sanitaria en general.



La primera mirada la dirigimos casi dos milenios y medio más atrás, donde nos encontramos con uno de los primeros médicos que aparecen en el tiempo en la literatura, aparte de chamanes y curanderos.
Sinuhé, el egipcio fue publicada por el finés Mika Waltari basándose en un relato protagonizado por un personaje del mismo nombre que se sitúa varios siglos antes de la novela y del que el protagonista toma el nombre. 
La primera consideración acerca de la profesión médica es la vocación, una cualidad sin la cual esta y algunas otras profesiones no podrían llevarse a cabo.
El texto que nos acompaña se sitúa en el momento en que Ptahor, trepanador real a las órdenes del faraón, el médico más distinguido del país, visita a nuestro protagonista y a su padre, que se hace llamar médico de pobres.





Si la literatura no ha mostrado en su plenitud las características de la profesión médica, peor han sido tratada esta en el mundo de la ópera. Hace algunos meses, Joan B. Soriano, profesor de Medicina en la UAM e investigador del Hospital La Princesa publicó un estudio sobre la presencia de los médicos en las óperas del que se hicieron eco algunos medios de comunicación: Médicos en la ópera: Un estudio sobre imaginarios sociales de la ciencia. Una treintena de óperas acogían a personajes de médicos, aunque con unos roles que no dignifican la profesión, pese a que muestran en cierto modo la evolución que la medicina ha tenido en la sociedad.
En El Barbero de Sevilla, la ópera de Rossini, el Doctor Bartolo es médico y tutor de Rosina con quien desea casarse, pese a que ella está enamorada del Conde de Almaviva. En esta escena interpreta el aria A un dottor della mia sorte (A un doctor de mi condición) en la que reprende a Rosina. Cantada por un bajo bufo, debe dominar el canto silabatto para interpretarla, la grabación muestra a Carlos Feller que alecciona a una joven Cecilia Bartoli, dirigidos por Claus Viller en el Festival de ópera de Schwetzingen en Alemania.


Una de las novelas rusas más monumentales del siglo XX convirtió primera mitad del siglo de su país en un fresco monumental que abarcaba desde la primera Revolución de 1905 contra el zar Nicolás II hasta poco antes de la derrota de la Alemania nazi por las tropas rusas.
Boris Pasternak, poeta admirado y protegido por Stalin según se contaba, publicó Doctor Zhivago en 1957 concediéndosele al año siguiente el Premio Nobel de Literatura que hubo de rechazar por presiones de la clase dirigente en su país.



El ejercicio normal de la medicina como ciencia encaminada a sanar, atender a pacientes o prevenir desvía su sentido cuando se presentan situaciones que modifican las condiciones de vida y sanitarias habituales. En este caso, Pasternak nos describe cómo Zhivago es consciente de los cambios que se van a producir tras la Revolución Rusa y cómo afectarán a la población y a su trabajo en el hospital.


En una profesión tan basada en la ciencia y el humanismo como la que nos ocupa sí ha sabido traer la ópera al personaje del intruso, ese impostor que se hace pasar por médico para ganarse la vida engañando a incautos con recetas mágicas, medicinas, ungüentos o elixires que prometen sanar todos los males milagrosamente. 
Donizetti creó en L'elisir d'amore uno de esos personajes, el doctor Dulcamara, que acaban atrayéndonos por su encanto y vocabulario y porque, en el fondo, sabemos que es más desgraciado que aquellos a los que quiere embaucar. 
Udite, udite, o rustici (Oíd, oíd, campesinos) es el aria de presentación de Dulcamara, la cantinela con que aparece en cada pueblo para vender sus productos, una retahíla que hasta hace menos de medio siglo aún se escuchaba en muchos lugares. 



No es un personaje que haya dejado de existir. Con otras maneras y distintos argumentos abundan por las redes sociales muchos Dulcamara buscando nuevos incautos.


La vocación por la profesión, el trabajo intenso y las cada vez mayores limitaciones relacionadas con los aspectos materiales, de personal y presupuestarios que ordenan las administraciones dificultan la práctica de la medicina. Siempre hay de dónde restar para cuadrar presupuestos.
Esta situación, de por sí difícil, se agrava cuando la situación sanitaria se complica. En El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez nos presenta uno de esos médicos concienzudos, amantes de su profesión, que conocen lo que tienen entre manos y saben cómo desenvolverse en situaciones adversas.
El doctor Juvenal Urbino, hijo de médico, descubre, analiza y comprende cómo su padre se enfrentó a una de las epidemias de peste que afectó a la comarca. La entrega absoluta, la posibilidad cierta de padecer la enfermedad que intentas combatir, el trabajo llevado a la heroicidad con las consecuencias consiguientes aparecen en estas líneas.



Según el estudio del profesor Joan B. Soriano, el personaje del doctor aparece en 34 óperas de casi 500 obras analizadas.
Muchos doctores, llamados en ocasiones físicos, aparecen en esas obras. Además de las citadas, Donizetti también creó al Doctor Malatesta en Don Pasquale y Mozart el falso doctor Despina en Cosí fan tutte. Ya en el siglo XX Puccini presenta al Maestro Spinellochio en Gianni Schicchi y Richard Strauss a un doctor innominado en El caballero de la Rosa.
Surge también un nuevo tipo de personaje de doctor al hilo de ciertos avances en ciencias, estudios o acontecimientos que atemorizaban a los contemporáneos. El caso más cruel aparece en Wozzeck, la ópera de Alban Berg en el que el médico del cuartel, cuyo nombre también desconocemos, utiliza al protagonista, un soldado ingenuo e inculto para realizar sus crueles experimentos. Berg personificó en este médico la ciencia dura e inhumana, creando un científico sin escrúpulos que le recordaba, según una de sus cartas, a un médico militar que conoció durante la I Guerra Mundial y que anticipaba algunos fanáticos criminales como el tristemente real doctor Mengele.


En Los cuentos de Hoffmann, Offenbach introduce también a un médico diabólico que aparece en una de las tres historias que narra la ópera, la de Antonia. La protagonista padece una enfermedad congénita heredada de su madre, una famosa cantante desaparecida misteriosamente, y que le impide cantar. Crespel, su padre, teme que muera si se le despierta la pasión por cantar, igual que Hoffmann quien le pide que abandone sus ambiciones artísticas. El Doctor Miracle dedica sus esfuerzos a convencerla de que no debe abandonar su talento, evoca a la voz de su madre que se aparece tras un espejo, Antonia canta con ella y fallece.
La interpretación corre a cargo del bajo Samuel Ramey como el Doctor Miracle, Cristina Gallardo-Domás como Antonia y Maria Pentcheva como su madre en una representación del Teatro alla Scala de Milán dirigida por Riccardo Chaylly.



La última de nuestras aportaciones literarias proviene de una obra que nos acompañó en la primera de las entregas de este ciclo relacionado con la pandemia. 
La peste de Albert Camus es una reflexión sobre una epidemia además de ser una reflexión sobre los regímenes totalitarios como el nazismo. La actitud que cada uno de los protagonistas toma frente a esta situación, con todos los paralelismos con la situación que vivimos con la pandemia del Covid-19, es el eje central sobre el que se mueve la obra. 
El texto que nos acompaña muestra otra de las facetas que se viven en momentos de epidemias generalizadas. Las acciones y funciones habituales de médicos y personal sanitario, así como otros trabajos si podemos extrapolarlos y generalizarlos, se ven modificadas por las circunstancias. 


Mas aunque el papel de los médicos en la ópera esté, como hemos podido apreciar, tratado poco adecuadamente, hay excepciones. 
Giuseppe Verdi es, con toda seguridad, quien más y mejor ha creado para la escena personajes con esta profesión. 
En Macbeth, un doctor anónimo aparece como testigo cualificado para dar muestra de la locura de la protagonista, Lady Macbeth. En Falstaff, su última obra, el doctor Cajus es el prometido de Nanneta, la hija del protagonista.
Pero la presencia más conocida y en la que el médico ejerce de médico, aunque con apenas protagonismo, es la del doctor Grenvil, el médico que asiste impotente a Violeta en sus últimos momentos.
Con el comienzo el acto III de La traviata finalizamos este recorrido. Ana Netrebko interpreta a Violtea y Luigi Roni al doctor en una producción del Festival de Salzburgo de 2005 dirigida por Carlo Rizzi.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Elemental, querido Sancho

Hay personajes en la literatura, el teatro o el cine, la ópera e incluso en los cómics que no aparecen solos, sino que los conocemos acompañados por otros de los que son inseparables y a los que no podemos imaginar sin ellos. ¿Qué sería de Don Quijote sin Sancho? ¿Cómo quedarían en nuestro imaginario Batman sin Robin, Tintín sin el capitán Haddock, Sherlock Holmes sin Watson o Astérix sin Obélix?
Te propongo un recorrido alrededor de algunos protagonistas de obras de ficción junto a sus inseparables compañeros de aventuras. ¿Los reconoces a todos? ¿Propones alguno más? Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Con toda seguridad, la pareja de personajes de ficción más conocida por todos, independientemente de que hayamos leído la novela o no, es la formada por Don Quijote de la Mancha y su escudero Sancho Panza.
Cervantes creó a su protagonista en una obra en la que criticaba los libros de caballería al uso en las generaciones anteriores. La novela se presentaba revolucionaria en cuanto que partía, por un lado de una desmitificación del héroe caballeresco, actor de gestas inimaginables e imposibles, épicas y gloriosas. Por otra parte, la historia es presentada con todos los aderezos de la realidad cercana: transcurre por tierras y lugares conocidos; el protagonista es un personaje que roza lo grotesco y ridículo, aunque con unas miras y un corazón grandiosos, y, finalmente, la gesta se va investigando a partir de documentos encontrados a Cide Hamete Benengeli, el cronista que las narra.

Ilustración de Gustave Doré


El caballero no podía campar solo por las tierras en busca de aventuras, por lo que, siguiendo los conocimientos adquiridos en sus muchas lecturas, debía hacerse acompañar por un fiel escudero. De esta forma es presentado Sancho por primera vez en la novela. 


Inmediatamente después, continúa la primera salida en busca de aventuras con la conversación entre escudero y caballero acerca de la motivación que el primero tiene para acompañar al que más adelante será el Caballero de la Triste Figura.



La siguiente pareja tiene la particularidad de que el protagonista no es el amo, en este caso un Conde, sino su fiel sirviente. Basado en la obra teatral El barbero de Sevilla, o la inútil precaución de Pierre-Augustin de Beaumarchais que se inspiró en La escuela de las mujeres de Molière, Gioacchino Rossini estrenó en 1916 la obra del mismo nombre con poco éxito en la noche de su estreno. El motivo de este fracaso fue que desde unos años antes existía una ópera con el mismo tema y nombre compuesta por Giovanni Paisielo y sus seguidores no estaban dispuestos a reconocer una nueva adaptación. En poco tiempo la genialidad de la música de Rossini y la caracterización de los personajes pusieron a cada uno en su lugar y hoy en día es infrecuente encontrar grabaciones de la obra de Paisielo, mientras la de Rossini es una de las más reconocidas del repertorio operístico.
Situada en Sevilla, narra la trama que realiza el Conde de Almaviva para conseguir el amor de Rossina y arrebatársela a su tutor Bartolo, que la pretende, pero de quien ella no está enamorada. En su camino se encuentra con un antiguo sirviente suyo, Fígaro, el barbero de Sevilla, una persona que, además de cuidar de barbas y pelucas, entiende de todos los negocios y recados. El reencuentro entre Almaviva y Fígaro, está descrito en el primer acto de la obra, donde el barbero interpreta su famosa Largo al factotum, una de las piezas más conocidas y tarareadas de la historia de la ópera.

La cavatina con que Fígaro se presenta en El barbero de Sevilla está interpretada por una de las voces con más oficio de nuestros días, la del barítono Leo Nucci, acompañado por Raúl Giménez como el Conde de Almaviva y dirigidos por Maurizio Barbacini en una representación que se llevó a cabo en el Teatro Regio di Parma.
  

La importancia de la obra de Cervantes reside, entre otras muchas razones, en la creación de unos personajes que han influido en muchos autores para inspirarse en la creación de tipos que intenten representar el universo que retratan desde dos ópticas distintas, la del protagonista y su acompañante, intercambiando puntos de vista que ayuden a configurar la creación del escenario en que se desarrolla.
Charles Dickens afirmó en diversas ocasiones la influencia que El Quijote tuvo en su vida y su obra. En la primera de sus novelas por entregas, la que le dio la popularidad y el reconocimiento que no abandonaría a lo largo de su carrera, Los papeles póstumos del Club Pickwick, hay un homenaje, un reconocimiento y un recurso expresivo que comienza a utilizar como personaje habitual a partir del capítulo XII: A la figura del protagonista Samuel Pickwick, un personaje decididamente quijotesco en su tipología, le contrapone la figura de su ayudante, un criado que se va adueñando de la obra con su gracia espontánea y su viva inteligencia desprovista de cultura. El personaje de Sam Weller, con un lenguaje muy característico, el llamado cockhey, el inglés popular de la clase urbana baja londinense, hizo aumentar de forma considerable las ventas del Evening Chronicle que pasaron de los cuatrocientos ejemplares a los cuarenta mil, uno de los más sorprendentes éxitos editoriales de la historia de las novelas por entregas. Dickens introdujo al personaje en el capítulo X, pero los comentarios recibidos, las cartas que los lectores habituales enviaban al periódico, le hicieron caer en la cuenta que el personaje tenía recorrido en la novela, por lo que lo introdujo de forma definitiva un par de capítulos más tarde.
La primera vez que aparece en la novela lo hace como criado en una vieja posada y ya aparecen la frescura y espontaneidad de su lenguaje y sus ingeniosas comparaciones que sirven de contrapunto a la seriedad con que Mr. Pickwick y sus compañeros de club recorren la geografía inglesa en busca de aventuras, como si de británicos quijotes se tratara.




Una relación peculiar es la que se establece en La flauta mágica de Mozart entre el protagonista Tamino, exótico príncipe de un lejano reino y el más feliz de los hombres desdichados o el más desdichado de los hombres felices, Papageno, el pajarero, un personaje aún más simple y natural, feliz cuando tiene cubiertas sus necesidades físicas, pero que carece de la compañía de una Papagena que alegre su vida. 
Pajarero para la Reina de la Noche a quien surte de aves a cambio de comida con tres damas que hacen de intermediarias, Papageno es decididamente simpático, pusilánime, simple y cobarde. Su encuentro casual con Tamino, que está inconsciente desde que fue atacado por una especie de dragón, al que dice que él ha sido quien ha acabado con el monstruoso animal, marca el inicio de la relación entre ambos. Como castigo por haber mentido, las tres damas tapan la boca a Papageno que comienza a cantar, sin poder pronunciar palabra alguna, un delicioso quinteto junto con Tamino y las tres damas. En él se comienza a desarrollar la trama con la entrega de la flauta mágica a Tamino, unas campanillas con poderes especiales a Papageno y el encargo de enfrentarse a quien creen malvado Sarastro, hasta finalizar el quinteto con el Auf wiedersehen (adiós) con el que se separan.
Anton Scharinger en el papel de Papageno, el tenor polaco Piort Beczala y Martina Janková, Irene Friedli y Ursula Ferri interpretan este quinteto Hm, hm, hm en una producción con un decorado del periodo más clásico, bajo la dirección de Franz Welser-Most en la Opernhaus de Zurich de 2000.


Cuando Arthur Conan Doyle pensó escribir novelas de corte policíaco, inspirado sin duda por La Piedra Lunar, la obra de Wilkie Colins que se considera la primera obra policial tal como hoy la entendemos, ideó un investigador con un método deductivo que, con el tiempo, se ha llegado a convertir en el más famoso y espectacular detective de ficción. En el diseño de las historias incluyó un ayudante, en este caso su amigo el Doctor Watson con un doble papel. Por un lado sería el narrador de las historias, quien hará de riguroso cronista de los hechos y deducciones del protagonista. Por otra parte, Watson nos representa a los lectores, asume el papel de admirado espectador que se sorprende constantemente con las dotes deductivas del detective. E este caso, el papel del acompañante del protagonista ha pasado de escudero, criado o factotum al de sorprendido acompañante.
Tras la novela que inicia el Ciclo Holmesiano, El cuarto escarlata, Conan Doyle llegó a publicar varias entregas más con los casos más sobresalientes del detective y su ayudante. La frase "Elemental, querido Watson" es una de las más conocidas del mundo literario detectivesco y forma parte de nuestro acervo cultural.
En Las aventuras de Sherlock Holmes, Watson, que ha contraído matrimonio y se ha alejado de la compañía del detective realiza una visita a la casa del 221B de Baker Street, donde es recibido por su antiguo compañero de vivienda, quien no deja de utilizar las dotes que le han hecho famoso.














Ilustración original de Sidney Paget para The Strand Magazine


Las relaciones entre estos personajes se configuran como asimétricas, en cuanto que uno de ellos protagoniza la obra, a la vez que son complementarias, puesto que entre ambos ayudan a configurar el universo creado por el autor. Es de nuevo, la teoría de la dualidad, del yin y el yang, las dos caras de la misma moneda: lo elevado y lo cotidiano, lo culto frente a la sabiduría popular, la razón ante la admiración y el asombro.
Mas no siempre es fluida y cordial la relación entre ambos personajes protagonistas. Para terminar este encuentro entre parejas de personajes nos acercamos a la continuación de El barbero de Sevilla y la rabia que Fígaro siente por su patrón.
Enmarcada en una trilogía de obras, Beaumarchais escribió la continuación de la primera de sus comedias con Las bodas de Fígaro y La madre culpable. La segunda parte fue llevada a la ópera por Mozart con el mismo título: La nozze di Figaro. Así nos encontramos con el curioso hecho de que la segunda parte fue estrenada, nada más y nada menos que treinta años antes que la ópera de Rossini. Los personajes son los mismos, pero en la obra de Mozart, las relaciones son diferentes. El Conde de Almaviva, enamorado en la primera parte de Rossina, se muestra en esta continuación como un despótico noble que abusa constantemente de su poder, en especial el de seducción. Con tal crítica a los privilegios de la aristocracia y la nobleza Beaumarchais tuvo que sortear la censura durante varios años antes del estreno teatral, de la misma forma que Wolfgang Amadeus Mozart y su libretista Da Ponte tuvieron que sortear obstáculos para su estreno vienés.
Almaviva pretende, entre otras, a Susana, la prometida de Fígaro, quien al enterarse trama una situación, muy en su estilo, para vengarse de su patrón y hacer que éste vuelva sus ojos e intereses a su esposa. Finalizamos este repaso a personajes que se acompañan con el aria Se vuol ballare, signor contino (Si deseáis bailar, señor conde) que canta Fígaro cuando Susana le advierte de las poco nobles pretensiones del Conde.
El barítono galés Bryn Terfel interpreta el aria en el Metropolitan Opera House de New York en una versión de 1998.



¿Qué otras parejas de protagonistas recuerdas? ¿Cuáles propones para otra ocasión?


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Bibliografía consultada:

  • Cervantes, Miguel. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
  • Conan Doyle, Ahrthur. Las aventuras de Sherlock Holmes. Según The Adventures of Sherlock Holmes (1892).
  • Dickens, Charles. Los papeles póstumos del Club Pickwick. Según The Posthumous Papers of the Pickwick Club. Traducción: José María Valverde
  • Batta, András. Ópera. Compositores. Obras. Intérpretes. Ed. Könemann

Páginas web consultadas:

  • https://listas.20minutos.es/lista/parejas-famosas-de-la-historia-y-la-literatura-coleccion-yupicromos-ortiz-ano-1976-76671/ 
  • https://es.wikipedia.org/wiki/El_barbero_de_Sevilla_(teatro)leo

Desde Rinconete a Fígaro: Sevilla es un escenario

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero
Antonio Machado


Pocas ciudades pueden presumir de tener tanto protagonismo en el arte como Sevilla. Escenario donde se desarrollan distintas obras literarias y algunas de las más conocidas óperas del repertorio, su belleza y la personalidad de sus monumentos, sus calles y la idiosincrasia de sus habitantes, hacen que compartan su universalidad con otras ciudades del mundo.


Por ella pasea el más conocido de los barberos de todo el mundo, Fígaro, uno de los personajes más reconocibles de la ópera, de El Barbero de Sevilla de Gioacchino Rossini
Una de las novelas de Miguel de Cervantes transita por sus calles y, pese al tiempo transcurrido desde su edición, recordemos que estamos celebrando el cuarto centenario del fallecimiento del escritor, algunas de las imágenes de la novela aún es reconocible entre sus páginas, los recuerdos y nuestra visión de la ciudad. 

Rinconete y Cortadillo es una de las Novelas ejemplares de Cervantes, quien, en un guiño, hace que la obra aparezca entre los forros de "una maletilla vieja, cerrada con una cadenilla" que custodiaba el ventero de la primera parte del Quijote. Según recoge el escritor, alguien la dejó olvidada en la venta de Juan Palomeque el Zurdo.



El texto describe el patio de la casa de Monipodio, a quien descubren como dueño y señor del hampa sevillana.




El Barbero de Sevilla es, sin duda, la ópera más representativa de la ciudad, a la que lleva en el título. La obra de Gioacchino Rossini, basada en la obra de Beaumarchais presenta caracteres propios y personajes inolvidables, pese al tremendo fracaso con que fue recibida la obra en su estreno romano. El evento fue boicoteado por los partidarios de la ópera homónima de Giovanni Paisiello, quienes no deseaban que la obra tuviera otra versión distinta de la existente. El paso del tiempo es el que ha puesto cada obra en su lugar. Rossini logró ocupar el centro del mundo operístico con una escritura rápida, efectista y muy popular. En uno de sus comentarios llegó a decir: "Dadme la lista de la compra y la convertiré en música".



Ya dediqué una entrada a esta obra en Nos mueven los tópicos, Sevilla y en De Rossini a Goytisolo: Palabras para Julia y Rosina. En la primera, con los chisporroteantes y contagiosos Lalaralenla, lalaralá del barbero más conocido de cuantos existen. La segunda con la resuelta tonada de Rosina.
En este caso, Don Basilio y el Dr. Bartolo intrigan para alejar al pretendiente Conde de Almaviva de Rosina. Don Basilio le aconseja desacreditarlo creando rumores falsos con el aria La Calunnia è un venticello (La calumnia es un vientecillo).
La versión está interpretada por el bajo Robert Lloyd en 1988 en el Schwetzinger Festspiele con el Coro de la Ópera de Colonia y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart dirigidos por Gabriele Ferro, la misma puesta en escena de la entrada dedicada a Rosina y su Una voce poco fa.


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#ViajedeOtoño. Sevilla, nos mueven los tópicos

No sólo el viaje nos lleva al corazón del lugar visitado. Queramos o no, los clichés de la memoria, de los recuerdos, de lo visto y oído, ayudan a la simplificación y al conocimiento y la búsqueda del acercamiento a lugares que deseamos visitar.
Continuamos después de varias entradas este #ViajedeOtoño en las que estamos haciendo un recorrido literario, emocional y musical por algunas ciudades y países.
Cuántas ciudades y países hay que nos traen a la imagen un acontecimiento, un personaje o un edificio que nos los muestran desde un punto de vista simplificado. Pero esta imagen es la que nos atrae y nos lleva a desear visitarla y después de conocerla, en muchas ocasiones, a hacerla parte de nuestras vidas.

En esta entrada, en nuestro #ViajedeOtoño iremos a Sevilla de la mano de esos tópicos que la hacen reconocible en todo el mundo a través de los libros y la música con las figuras de un seductor y un barbero polifacético y multiusos.


Una de las piezas teatrales más representadas en nuestro país es la obra que José Zorrilla situó en Sevilla, Don Juan Tenorio. Con esta obra, el personaje que había tenido una trayectoria anterior con diversos autores, especialmente con El burlador de Sevilla de Tirso de Molina. Tras varios años de representación, una década después de su estreno, tan arrollador fue el éxito del Don Juan que se instauró la costumbre de representarlo el 1 de noviembre, coincidiendo con el día de Todos los Santos.


Zorrilla, que malvendió los derechos y no pudo sacar beneficio de las representaciones, llegó a repudiar su Tenorio en su escrito Cuatro palabras sobre mi Don Juan Tenorio: "Yo no digo todas estas cosas porque deteste ni desprecie mi Don Juan. No, yo lo amo: es mi hijo, o mejor dicho, es mi aborto, puesto que yo mismo reconozco en él tantos y tan grandes defectos (...) que ha sostenido treinta años de pelea por la reputación de su padre ausente y procaz, insolente, temerario y provocador, se ha paseado por todos los teatros sin encontrar un rival que le haya hecho sombra"
En las vísperas de Todos los Santos, comparto una de las partes más conocidas de Don Juan Tenorio, la llamada Escena del sofá.























La ópera El barbero de Sevilla de Gioacchino Rossini se tituló inicialmente Almaviva, ossia l'Inutile Precauzione (Almaviva o la Inútil Precaución) para evitar la coincidencia con la ópera del mismo título de Giovanni Paisielo. En su estreno en Roma fue dirigida por el compositor y cantada por el famoso tenor sevillano Manuel García cosechando un rotundo fracaso, en parte por los abucheos premeditados de los partidarios de la obra de Pasielo. A partir de la segunda representación se convirtió en la obra exitosa que es hoy. La obertura original también fue un fracaso y Rossini tuvo que sustituirla por la que utilizó en sus óperas Aureliano de Palmira y Elisabetta, Regina d'Inglaterra, que es la que conocemos actualmente.


























La cavatina para barítono Largo al factotum es una de esas piezas que han transcendido el ámbito de la ópera para pasar a formar parte de eses melodías que todos reconocen y se asocia a un contexto y un personaje determinados. Rossini utiliza su famoso crescendo para transmitirnos la alegría de vivir, el entusiasmo vital y la felicidad contagiosa del personaje.  



En una plaza sevillana, al amanecer Figaro se presenta a sí mismo, canturreando. Enlazo varias versiones de la pieza.

La primera, con subtítulos en castellano está interpretada por Gino Quilico en la ópera de Sttugar.



La segunda interpretación corresponde al barítono Thomas Hampson en una gala celebrada en el Metropolitan Opera House de New York, en que dentro de una reunión, se recrean distintas piezas operísticas.


Para finalizar una impecable puesta en escena de Leo Nucci, uno de los Fígaro más reconocidos en los últimos años en una interpretación en el Teatro Reggio de Parma.


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