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Nocturno de verano

Durante el verano las altas temperaturas, los días con sus amaneceres y puestas de sol ayudan a pausar nuestro ritmo y a relajar nuestras costumbres.
Son momentos de tomar unas vacaciones, acercarse a la playa, salir de viaje o, simplemente, de movernos por nuestra ciudad o pueblo con una mirada distinta y una mirada diferente a la habitual.
Es el tiempo en que se disfrutan de los largos y espectaculares atardeceres, observando, con menos prisa de la que estamos habituados a tener, cómo la tarde se va transformando en noche. Es momento de disfrutar, en compañía o solos, de la noche al aire libre, en la playa, la calle, un patio, una azotea o una terraza Sentir a lo lejos los ruidos que a diario nos invaden en nuestras rutinas tapándolo todo, cenar en buena compañía, tener una agradable conversación, escuchar música o leer un libro son placeres que podemos apreciar en las noches de verano.
Te propongo disfrutar de la tranquilidad que nos proporcionan las noches de verano con varios nocturnos en forma de textos y músicas que nos ayuden a disfrutarlos. Nos acompañan obras de Antonio Machado, Rubén Darío, José Ángel Buesa, Chopin, Borodin y Schubert. Si te gusta...¡Comparte, comenta, sugiere!


Dejarnos llevar por la noción de pausa, ralentizando el ritmo, con ropa cómoda, descalzándonos si podemos, nos permite sentir y disfrutar dentro de nuestras posibilidades de las noches de estío.


Esta publicación es de las escasas en este blog que no tiene música cantada. Para un nocturno de verano es prescindible utilizarla.
En música, los nocturnos son piezas que se interpretaban originalmente de noche, herederas de las serenatas con que se amenizaban esos momentos y que solían tener una melodía dulce y que solían ser instrumentales o vocales. Su tema no venía necesariamente inspirado por la noche, sino que era compuesta expresamente para la interpretación nocturna. Tras distintas serenatas como la conocida Pequeña Serenata Nocturna de Mozart, se considera a John Field el padre del nocturno romántico y quien le dio forma al incluir una melodía cantabile con un acompañamiento arpegiado
De entre toda la música de tipo clásico, los nocturnos más famosos y conocidos son los compuestos por Frédéric Chopin, que llegó a componer más de veinte obras con este título. 
La primera de estas obras es su Op 9, un conjunto de tes nocturnos compuestos entre 1830 y1832, publicados ese año y dedicados «á Mme Camile Pleyel». De los tres nocturnos, el segundo es una de las piezas más conocidas del compositor polaco, llegándose a utilizar con frecuencia en programas de televisión o películas de cine.

Torre de la Iglesia, La Palma del Condado
Escrito en una tonalidad de Mi bemol Mayor en forma de rondó, su estructura y su tiempo Andante conforman una pieza dulce y elegante.
Mientras la mano izquierda toca un suave acompañamiento, la derecha toca la melodía con una estructura fácil de seguir. Comienza con el tema principal (A) que se repite con algunas variaciones (A'); le sigue un tema segundo (B) más oscuro, al que sigue A', de nuevo B y A' hasta llegar a la parte tercera (C) de estructura más libre y sonido más dramático y adornado, terminando el intérprete con la indicación senza tempo (sin tiempo), en la que el compositor le da libertad de interpretación rítmica, finalizando con un acorde en la tonalidad de Mi bemol mayor. La estructura queda de la siguiente forma: A, A', B, A', B, A', C.
La interpretación de este Nocturno Op. 9 nº 2 de Chopin corre a cargo de la pianista ucraniana Valentina Lisitsa.
De esta pieza, como de las demás que nos acompañan, tienes al final la obra íntegra (en este caso los tres nocturnos) por si deseas escucharlos completos ahora o más adelante


En ocasiones, dirigir la mirada hacia un cielo que, salvo la contaminación lumínica, es el mismo que contemplábamos en nuestra infancia o en cualquier otro momento, nos hace evocar otros tiempos, otros lugares y otras sensaciones.

Imagen tomada de Pixabay
La vida de Antonio Machado en Soria, su contacto con la tierra, el paisaje y el alma castellanos contagiaron al poeta sevillano hasta expresar su hondura, su percepción de lo temporal, lo efímero y lo subjetivo que lo unían a su alma andaluza.
En una de sus obras más conocidas, Campos de Castilla, el propio Machado muestra sus inquietudes en el prólogo a la tercera edición: «Somos víctimas -pensaba yo- de un doble espejismo. Si miramos afuera y procuramos penetrar en las cosas, nuestro mundo externo pierde en solidez, y acaba por disipársenos cuando llegamos a creer que no existe por sí, sino por nosotros. Pero si, convencidos de la íntima realidad, miramos adentro, entonces todo nos parece venir de fuera, y es nuestro mundo interior, nosotros mismos, lo que se desvanece».
Esa mirada evocadora al interior, desde el exterior de la visión de un pueblo una noche de verano, nos acompaña en este poema suyo de Campos de Castilla


Sentir en el silencio la respiración o el latido del corazón nos hace aflorar la sensibilidad en el sosiego de las noches de verano. Es el momento en que nos permitimos, aunque sea por un instante, que el tiempo no avance, que se vuelva eterno.

Ilustración de Enrique Ochoa para El canto errante de Rubén Darío
Alexander Borodin compaginó su carrera científica -estudió química, impartió clases en la Academia Médico Quirúrguica de San Petersburgo y publicó diversos trabajos sobre investigaciones científicas- con la musical, formando parte del Grupo de Los Cinco con Balákirev, Cui, Musorgski y Rimsky-Jorsakov.
Por ese motivo, su producción no es amplia, dejando sus composiciones para periodos de vacaciones, dilatando en el tiempo su finalización y quedando algunas de ellas sin finalizar.
Entre sus obras destacan la ópera El príncipe Ígor, tres sinfonías, obras orquestales como En las estepas de Asia central y diversas composiciones de música de cámara, obras para piano o para voz.
Nos acompaña su Cuarteto de cuerdas nº 2 en Re Mayor para dos violines, viola y chelo, una obra que compuso durante las vacaciones de verano de 1881 para celebrar el vigésimo aniversario de su relación con su esposa, la pianista Ekaterina Serguéievna Protipópova, a quien está dedicado.
El tercer movimiento de este Cuarteto de cuerdas uno de los momentos musicales más conocidos de Borodin. Descrito como Notturno, Andante, su tema principal muestra esta indicación hasta que unas modulaciones en la sección central interrumpen esta expresión sosegada. Vuelve el tema inicial en forma de canon, primero con el cello, después con el primer violín y finalmente con los dos violines hasta finalizar este delicado y nocturno movimiento.
La interpretación de este Notturno, Andante del Cuarteto de cuerdas nº2 de Borodin corre a cargo de Danbi Um y Sean Lee al violín, Paul Neubauer en la viola y David Finckel en el cello, en una grabación que se realizó en la sala Alice Tully Hall del Lincoln Center neoyorkino en noviembre de 2015 realizado por Ibis Productions.


En los nocturnos de verano la tranquilidad que alcanzamos nos evita los problemas con el insomnio. Acostarnos sin poder dormir nos genera una tensión que nos lleva a cuestionar nuestras dificultades, asuntos sin solucionar o inquietudes Acostarnos más tarde y más relajados es una forma de evitar esos momentos en que nuestro cuerpo y nuestra mente no van al mismo ritmo.

Eugene Jansson, Nocturno (1900), Museo de Bellas Artes de Gotemburgo
Uno de los máximos exponentes del modernismo literario en nuestro idioma, el poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916) nos ha dejado obras que muestran su enorme imaginario estético como Azul, Prosas profanas o Cantos de vida y esperanza, unas obras que van más allá de la belleza de la métrica y la rima para profundizar en la reflexión.
Publicado en 1907, El canto errante recoge un conjunto de poemas divididos en tres apartados: Intensidad, Ensueños, Lira alerta. En las Dilucidaciones que el autor escribe a modo de prólogo, Rubén Darío finaliza manifestando que «la poesía existirá mientras exista el problema de la vida y de la muerte. El don de arte es un don superior que permite entrar en lo desconocido de antes y en lo ignorado de después, en el ambiente del ensueño o de la meditación».
En este sentido no acompaña su poema Nocturno perteneciente a la tercera parte del libro, Lira alerta, unos versos que muestran no el placer de la noche, sino ese infortunio del desvelo.


Los sonidos habituales que nos rodean, el tráfico, la televisión, el ruido de las calles, se vuelven menos perceptibles en las noches de verano y nos permiten oír otros que, ahogados por ellos, han desaparecido en nuestro entorno. 

Vincent van Gogh, Noche estrellada sobre el Ródano (1888), Museo D'Orsay
Franz Peter Schubert dedicó su corta vida a la música, componiendo e interpretando en la compañía de sus amigos y familiares, sin apenas encargos o mecenas que promovieran la difusión y conocimiento de su música fuera de los pequeños círculos en que se interpretaban. Así, llegó a componer una enorme cantidad de obras destinadas a este contexto: más de seiscientas canciones, multitud de obras para piano y obras para agrupaciones de cámara que él mismo solía interpretar con sus amigos.
Entre estas obras compuso en 1827 su Segundo Trío para piano en Mi bemol Mayor (publicado en 1828 como Op. 100, y en el catálogo que realizó Otto Erich Deutsch como D. 929, lo que indica la cantidad de obras que dejó sin publicar).
Este último trío para piano, violín y cello, compuesto meses antes de cumplir los treinta años, es una obra maestra rica en ideas temáticas, transformaciones constantes y delicados detalles que se van sucediendo a lo largo de la partitura. Es grandioso en su extensión (casi cuarenta y cinco minutos) y en su novedosa concepción y profundidad en el desarrollo de los temas, siendo una de las piezas que se interpretaron en el único concierto público que se dio en vida con sus obras, además de ser la única que se publicó en ese tiempo fuera de Austria.
Nos acompaña en este nocturno de verano su segundo movimiento catalogado como Andante con moto. Este movimiento lento se inicia con las notas del piano al que sigue una marcha sombría y equilibrada, una suerte de lamento del cello en tono menor. Le sigue un segundo tema que oscila hacia una calidez brillante y serena que se transforma en un motivo épico e inolvidable. En dos ocasiones se transforma en un tema ardoroso y apasionado hasta diluirse y enfriarse en la marcha inicial contenida e inflexible con que finaliza el movimiento.

La interpretación corre a cargo deTrio Wanderer formado por Vincent Coq al piano, Jean-Marc Phillips-Varjabédian en el violín y Raphaël Pidoux en el cello, en una grabación para Voyage d'hiver realizada por Jean-Pierre Barizien para CLC Productions en 2007.


Contemplar la lejanía en los nocturnos de verano mirando a la inmensidad del cielo, desde que comienza a matizar los colores al anochecer hasta el azul profundo de la noche; observar desde la playa el paisaje del mar que se pierde en la lejanía más allá del profundo rumor de sus ondas, escrutando las luces lejanas nos ayudan a sentirnos mejor con nosotros mismos.

Imagen tomada de Pixabay
José Ángel Buesa (1910) es uno de los poetas neorrománticos de Cuba, con un tono melancólico en sus obras de tipo elegíaco. La popularidad que alcanzó se debía a la sensibilidad y enorme claridad de su obra, al alcance de la mayoría de lectores que lo calificaban como «el poeta enamorado». Tras una etapa de producción fecunda hubo de abandonar Cuba comenzando un exilio por España, El Salvador y la República Dominicana, donde ejerció como catedrático de literatura donde falleció en 1982.
Publicó una veintena de obras poéticas, algunas de las cuales llegaron a recopilarse en diversas antologías. 
Finaliza este nocturno de verano con Nocturno V, uno de los casi diez poemas con este título que escribió y que se encuentra recogido en Nada llega tarde. Antología poética, una de esos poemarios recopilatorios. Se trata de una reflexión casi filosófica al hilo de la noche, pausando el movimiento, el tiempo y la existencia.

Que los nocturnos de verano te sean propicios.

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Contenido extra: Playlist de los nocturnos completos:

Si deseas prolongar estos nocturnos de verano te propongo versiones de las tres obras completas. Puedes escucharlas ahora o dejarlas para otra ocasión en que tengas la oportunidad de escucharlas. 

Nocturnos nº 1, 2 y 3 (Op. 9) de Frédéric Chopin.
Nocturno nº 1 en Si bemol menor, interpretado por Ola Gurevich.
Nocturno nº 2 en Mi bemol mayor, por Frank Levi
Nocturno nº 3 en Sí mayor, por Huan He.


Cuarteto para cuerdas nº 3 de Alexander Borodin.
Interpretado por el Esmé Quartet formado por Wonhee Bae (violín I), Yuna Ha (violín II), Jiwon Kim (viola, sustituida desde 2023 por Dimitri Murrath) y Yeeun Heo (cello). La grabación tuvo lugar en el Seoul Arts Center Concert Hall en junio de 2022 para SBS.
Los movimientos son:
I- Allegro moderato.
II- Scherzo, Allegro.
III- Notturno, Andante
IV- Finale, Andante - Vivace.


Trío con piano nº 2 en Mi bemol mayor (Op. 100, D. 929)
Interpretado por Isabelle Faust (violín), Sol Gabetta (Cello) y Kristian Bezuidenhout (piano) en el Solsberg Festival 2021, producido por Johannes Bachmann y con la toma de sonido a cargo de Joél Cormier.
Los movimientos son:
I- Allegro.
II- Andante con moto.
III- Scherzo, Allegro moderato. Trío.
IV- Allegro moderato.


Bibliografía y webgrafía consultadas:

Sinfonía de flores

Cada año, la primavera muestra el renacer de la naturaleza con todas sus características, intensidad y manifestaciones. El periodo anual, con algunas variantes según las condiciones meteorológicas o ambientales, se repite en un constante y continuo ciclo de vida y renovación en los seres vivos.
El despertar a la actividad vital de los animales, el nacimiento y el crecimiento de las crías, unido a la renovación de las hojas y flores en la primavera, marcan el surgimiento de un nuevo periodo anual que acabará cerrando el ciclo cuando llegue el invierno con sus rigores.
Una de las manifestaciones que más nos llaman la atención por su belleza, su utilidad para las plantas e incluso su utilización es el florecimiento de las plantas. La naturaleza silvestre, los parques y jardines de los pueblos y ciudades, incluso los modestos parterres y macetas caseros se llenan de flores que alegran y cautivan con sus vistosos colores y aromas.
Con la función inicial de atraer a los insectos para su polinización, los seres humanos hemos sabido aprovechar sus características para generar un arte como la floricultura con el fin de sacar el máximo provecho a las características de cada una de las variedades de plantas y flores.
Aprovechando que estamos en plena primavera, te propongo acercarte a las flores que nos acompañan en esta estación, tanto las silvestres como las cultivadas, para sentir cómo la sinfonía de las flores está junto a nosotros. Nos acompañan obras de Luis Palés Matos, Tagore, Calderón de la Barca, Tchaikovsky, Delibes y Schubert. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere!

Fotografía de Tere Guerra.
Si la primavera es la época donde se manifiesta el resurgir de las plantas, es en mayo donde con mayor esplendor se desarrollan las flores, hasta el punto de que muchas localidades centran en ellas sus fiestas.

Luis Palés Matos (1898-1959) fue un escritor, poeta, periodista y actor portorriqueño que publicó con dieciséis años su primer libro de poemas, Azaleas con clara influencia de escritores como Rubén Darío e inscrito dentro del Modernismo Latinoamericano. Tras trabajar como oficinista, cartero, editor o maestro, llegó a ser secretario del presidente del Senado de Puerto Rico.
Su vida en Guayana, un pueblo tranquilo y solitario influyó en su obra al mezclar una vida totalmente tediosa y aburrida con la entrada en el mundo intenso y extraordinario que le proporcionaba la lectura de los grandes autores de su época y los clásicos.

Pierre-Auguste Renoir, Mujer con sombrilla en un jardín (1875) Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid
Fundador del Diepalismo, movimiento de vanguardia basado en la sonoridad y musicalidad de los versos, Luis Palés es uno de los grandes representantes de la poesía afroantillana. Entre sus obras destacan Versos para Natividad y Cuadernos del BebéTuntún de pasa y grifería, la novela Litoral y diversas antologías con los poemas publicados en periódicos y revistas.
Nos acompaña El lenguaje de las flores, un soneto inscrito dentro del estilo del modernismo con inspiración del Parnasianismo francés en el que la rima clásica se ha sustituido por la atípica ABAB, CDCD, EEF y GGF.


La sinfonía que crean las flores se puede experimentar de distintas formas: con la mezcla de sus diversos coloridos y tonalidades, con el aroma que desprenden y que embriaga nuestro olfato, con el ornamento que crean en los lugares en que las colocamos o con el movimiento que la brisa o el aire coordina de forma acompasada.
Esta mezcla de sensaciones las transmiten algunas obras musicales. En el ballet El Cascanueces, el tercero de los que compuso tras El lago de los cisnes y La bella durmiente, Peter Illich Tchaikovsky nos muestra su habilidad para transmitir la emoción con una gran maestría. 
Basada en una adaptación que Alejandro Dumas realizó sobre el cuento El cascanueces y el príncipe de los ratones de E. T. A. Hoffmann, este cuento infantil que transcurre el día de Navidad es el ballet más popular y representado en esas fechas y ha aparecido en diversas ocasiones en este blog. En el Acto II, se representa una de las piezas más conocidas de este ballet, el Vals de las flores, una pieza que representa a las flores que se aproximan a rendir homenaje a los protagonistas Clara y el Cascanueces, ya convertido en príncipe.
Introducido por los vientos -que menos para las flores- y las brillantes florituras -nunca mejor dichas- del arpa, Tchaikovsky transmite el acompasado movimiento de las flores, el colorido de su vestuario y la gracia y brillantez de las bailarinas en este vals tan famoso. 
La versión que nos acompaña pertenece a una versión de George Balanchine del Vals de las Flores con una gama de tonos sonrosados de interpretada por el New York City Ballet.


Miembro de una familia de clase alta hindú dedicada a la renovación espiritual de Bengalea, Rabindranath Tagore (1861-1941) se educó junto a su padre en Santiniketan hasta que fue enviado a Gran Bretaña donde estudió música y literatura.
Autor de obras como Cantos de la aurora, colecciones poéticas como Citra y El libro de cumpleaños, La luna nueva o El jardinero, obras de teatro como Kacha y Devayani, El cartero del rey o La máquina o novelas como Gora o La casa y el mundo, Tagore recibió el Premio Nobel de Literatura en 1913. 

Claude Monet, Camino del jardín de Giberny
Compaginó su labor literaria con su trabajo en la escuela Hogar de la Paz que fundó en Santiniketan en la que puso en marcha una metodología pedagógica que buscaba la libertad intelectual, además de posicionarse a favor de la independencia de su país, hasta que durante la I Guerra Mundial se inclinó por tomar una postura pacifista, dejando de lado el nacionalismo.
Nos acompaña un relato perteneciente a su libro La luna nueva (Poemas de niños), un poemario que dedicó a I. Sturge Moore, y que muestra la inocencia y el lirismo que Tagore imprime a su obra.


La ópera también muestra en diversos momentos esta relación con las flores que estamos tratando en esta publicación.
Obra de las denominadas de ambiente exótico, Lakmé es una ópera en tres actos con música de Léo Delibes con libreto de Edmond Gondinet y Philippe Gille basado en la novela Rarahu ou Le mariage de Loti de Pierre Loti, estrenada en la Opéra-Comique de París en 1883.
Enlazando con el país de Tagore, Lakmé se desarrolla en la India durante la conquista colonial inglesa a finales del XIX y, aunque con un argumento con ciertos tópicos, posee unos momentos musicales de gran intensidad y belleza.
El Acto I se desarrolla en un jardín de exuberante vegetación con un río al fondo. Después de una ceremonia, Nilakantha, sacerdote de Brahma, deja a su hija Lakmé al cuidado de sus sirvientes Hadji y Mallika. La joven se quita sus joyas y las deja sobre un banco, mientras se prepara con Mallika para el baño, interpretando el dúo más famoso de la ópera y uno de esos que en muchas ocasiones conocemos sin reconocer de dónde proceden. El dúo comienza con Viens, Mallika (Vienes, Mallika) y continua con Dôme épais (Espesa cúpula), mientras se disponen a recoger flores de loto azul como ofrendas, finalizando mientras cogen una barca y desaparecen por las aguas del río. Es el famoso Dúo de las flores de Lakmé.

Vicent van Gogh, Amandelbloesem (Almendro en flor), 1890, Museo Van Gogh, Amsterdam
Aunque las traducciones no llegan a reflejar en su totalidad el sentido original de la obra, los subtítulos que acompañan la interpretación nos sitúan en el argumento con cierta fidelidad. La versión que nos acompaña es una grabación de la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden con la soprano Anna Netrebko como Lakmé y la mezzo Elina Garança como Mallika.


Procedente de una familia hidalga de clase media, Pedro Calderón de la Barca es uno de los grandes escritores del Siglo de Oro, llevando a sus obras de teatro la vida tanto del pueblo como de la nobleza, a las que retrató y de las que se mostró como conciencia crítica. Calderón se muestra en estas obras un humanista del siglo XVII y un precursor de la ilustración que llegará el siglo siguiente.
Basta recordar obras como La dama duende, Casa con dos puertas mala es de guardar, El médico de su honra, El príncipe constante, El alcalde de Zalamea o La vida es sueño para comprobar la excelencia y fecundidad de su obra.

Juan de Arellano, Canastilla de flores (1671), Museo de Bellas Artes de Bilbao
Nos acompaña un texto que nos recuerda que las flores tienen su belleza y hermosura de forma efímera puesto que esta desaparece pronto. 
Estrenada en 1629, El príncipe constante es una comedia en la que Calderón sitúa la historia en el Portugal del siglo XV con los príncipes Enrique y Fernando como protagonistas.
En la escena XIV de la Jornada II, Fernando con una flores, habla con Fénix, Zara y Rosa diciendo estas palabras a los presentes:

No lo jures, bien lo creo.
Yo pues Fénix, que deseo
servirte humilde, traía
flores, de la suerte mía
jeroglíficos, señora,
pues nacieron con la aurora
y murieron con el día.

Poco más adelante, y siguiendo con la idea de la fugacidad de las flores, recita este soneto que nos acompaña, comparando las flores con la vida de los hombres.


Aprovechemos mientras podamos el placer de disfrutar de las flores, de sus colores, aromas e incluso movimientos acompasados, sabiendo que, como la vida, tienen un tiempo y que, aunque acaban por marchitarse, volverán a florecer con la nueva primavera. Es el caso de las palabras de Violeta Valèry y Alfredo en La traviata, cuando reflexionando sobre la enfermedad cantan a dúo La mia/tua salute rifiorirá (Mi/tu salud florecerá).

Jan Brueghel el Viejo (círculo de), Florero (entre 1600-1625), Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid
En este tono de melancólica reflexión finaliza esta publicación sobre las flores con uno de los poemas que Franz Peter Schubert incluyó en el ciclo Die schöne Müllerin (La bella molinera) a partir de los poemas de Wilhelm Müller.
Los versos finales nos llenan de esperanza al recordar que, muerto el invierno, surgirán de nuevo las flores de mayo. Compuesta por veinte poemas, Trockne Blumen (Flores secas) es el antepenúltimo de ellos y mantiene el mismo aire melancólico de toda la obra.


La interpretación de estas Flores secas corre a cargo de uno de los tenores más importantes de este momento, el alemán Jonas Kaufmann, acompañado al piano por Helmut Deutsch dentro de la grabación de La bella molinera realizada en 2009 para Decca Music Group Limited.

Dejémonos seducir por las flores.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Palés Mato, Luis. Poemas. ISBN: 9788499538327
  • Tagore, Rabindranath. La luna nueva, Editorial AMA, ISBN: 97838988659583.
  • Calderón de la Barca, Pedro. El príncipe constante, Editorial Good Press, ebook, ISBN: 8596547820598.
  • Kaufmann, Jonas. Die scönen Müllerin (La bella molinera), Decca Mussic Group Limited, 2009

¡¡Malditas guerras!!

Durante más de medio siglo hemos vivido un periodo de relativa paz en nuestro planeta. Ha habido conflictos bélicos, muchos, pero lejos de las horrendas confrontaciones que supusieron las dos guerras mundiales que marcaron la primera mitad del siglo XX.
La Segunda Guerra Mundial supuso el comienzo del fin de los imperialismos y colonialismos clásicos tal como se entendían hasta ese momento.
Aquel tiempo mostró a la humanidad como nunca las atrocidades de la guerra, la denigración a la que el ser humano puede llegar a llevar a sus congéneres, las cada vez más terribles armas de destrucción o el terrible hecho de tener que considerar enemigos a destruir a quienes no se ha visto jamás.
A este turbulento y horrendo periodo siguió el de la guerra fría, unas décadas de confrontación latente al que siguió un tiempo de paz entre las grandes potencias, que nos llevaron a pensar que la humanidad había entrado en un nuevo horizonte ausente de conflictos bélicos.
A esta idea contribuyó la creación de instituciones supranacionales que tenían -y tienen- entre sus finalidades luchar por la paz, crear modelos políticos y sociales que ayuden al entendimiento entre naciones o tratar temas importantes y fundamentales mediante el diálogo. Ahí están, con sus más y sus menos, la ONU, la UNESCO o UNICEF entre otros muchos organismos, además de distintos foros y organizaciones que velan por tomar decisiones de carácter universal relativas al medio ambiente, la lucha contra las desigualdades o el desarrollo armamentístico.
En Europa se vio clara la necesidad de cambiar la rivalidad -y guerra- entre las naciones para sustituirla por una estructura supranacional que aprovechara la economía común, una cultura plural que bebía de las mismas raíces y orígenes para crear una unión que se basara en códigos de debate, entendimiento y pautas comunes para seguir avanzando en una dirección inédita en siglos.
Desgraciadamente, estos pasos que comenzaron a desarrollarse hace más de medio siglo y que nos parecían inmutables, innegociables e irreversibles nos están llevando a una situación más que preocupante.
Por una parte, las instituciones supranacionales no avanzan debido a intereses nacionales y derechos de veto de los poderosos. La democracia como la mejor opción de gobierno muestra en determinados países su lado menos virtuoso con gobiernos que pierden credibilidad y partidos populistas que surgen por la falta de respuestas que ven los ciudadanos.
Además, la democracia se ve en determinados lugares equiparada a gobiernos totalitarios que la igualan a ellos mismos. El poder económico de países que no respetan los derechos humanos compite por lograr el predominio sobre otros sistemas políticos y económicos. Por último, los conflictos bélicos se están acercando y enquistando en lugares donde nos parecían impensables o, al menos, controladas las confrontaciones. 
Todo esto nos lleva a pensar que la memoria de todo cuanto ocurrió en el pasado siglo nos está fallando y que nos estamos permitiendo acercarnos peligrosamente, en un tiempo tan convulso, a unas líneas rojas que nos parecían bien marcadas y definidas para no traspasarlas.
Te propongo unas reflexiones sobre la paz frente a la guerra con obras de Gandhi, Zweig, Morley y música de Händel, Bach y Schubert. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere!


Christopher Morley estudió Historia Moderna en Oxford y ejerció como periodista, trabajo que compaginó con su carrera literaria donde publicó diversos ensayos, obras teatrales y algunas novelas, alcanzando el centenar de publicaciones. Ya nos acompañó en El libro como protagonista con su novela La librería ambulante. En esta ocasión nos acercamos a la continuación de esta novela, La librería encantada, una novela corta que tiene a los mismos protagonistas, Roger y Helen Mifflin regentando una librería en el Bronx neoyorkino. 
La obra, ambientada al final de la I Guerra Mundial, se centra en el ambiente de una librería de libros usados en la que concurren, además del matrimonio que la regente, un joven publicista, la hija y heredera de un rico empresario y un farmacéutico. En un tiempo convulso, lleno de nuevos aparatos y referencias a la guerra, la tranquila y monótona vida de ellos se verá agitada por un folletinesco relato que va de un evidente romance al suspense que se genera alrededor de un libro desaparecido que regresa a su estantería inesperadamente.


El texto que nos acompaña reproduce una conversación entre el librero Roger Mifflin y la joven heredera Titania en el que el primero realiza un alegato contra las guerras en general, y la que se estaba desarrollando, en particular. Tras algunos juegos de palabras intraducibles y poco entendibles hoy como «verdá y verdalemán» que se refiere a los distintos puntos de vista que se arguyen, Morley desarrolla algunos argumentos esclarecedores en favor de la paz en la conversación entre estos dos personajes.


Conocida de modo especial por su famoso Hallellujah, una de las piezas icónicas y más conocidas del repertorio barroco, Messiah (El Mesías) es una de las obras corales más escuchadas de Georg Friedrich Händel. Dentro de esta obra que continúa interpretándose cada año en multitud de escenarios nos encontramos con una pieza que nos sirve de reflexión al tema que estamos tratando.
Basado en textos bíblicos recopilados por Charles Jennens, la música que nos acompaña, Why do the nations so furiosuly rage together? (¿Por qué las naciones luchan furiosamente entre sí?) está sacado del Libro de los Salmos 2, 1-2.
Se trata un aria para bajo que mantiene en todo momento el equilibrio entre el texto y la música, que se manifiesta en un tono furioso en el estilo de las arias de bravura.


La interpretación corre a cargo del bajo-barítono Jonathan Woody acompañado por el Spire Chamber Ensemble en una grabación que se realizó en el Helzberg Hall de Kansas City en diciembre de 2016.


La guerra no sólo es un elemento consecuente de una determinada lucha por el poder, sino que tiene un origen intrínseco en la naturaleza humana a través de la violencia. En muchas ocasiones, esta violencia proviene del interior de nosotros por diversos factores que oscilan entre los individuales, los provenientes del entorno familiar, de la comunidad o incluso de la propia sociedad.
En determinados casos, podemos buscar la eliminación de la violencia a través de la búsqueda personal del equilibrio, la no cooperación con actitudes de ese tipo que se producen tanto en nuestro entorno cercano como lejano.
La música de Johann Sebastian Bach posee una elevación en sus temas y letras, un desarrollo formal en sus estructuras y un equilibrio que la hacen ideal para conseguir en los oyentes un estado de calma, paz y sosiego que nos aleja de cualquier acto relacionado con la guerra o la violencia interior.
Nos acompaña el Segundo movimiento, el Aria de la Suite para Orquesta en Re Mayor BWV 1068 de Bach en una interpretación del Ensemble Voices of Music con instrumentos de la época, en lo que se llama una versión historicista en la que se han especializado un considerable número de agrupaciones.
Una música que te propongo escuchar mientras meditas con el grupo de textos que siguen a continuación y con el que forma un todo bien compacto y coherente.


Si pensamos en la superación de los conflictos bélicos y el uso de la no violencia con toda seguridad será Gandhi el personaje que primero se nos vendrá a nuestra mente.
Mohandas Karamchand Gandhi desarrolló el concepto hindú de la Ahimsa (no violencia) hasta su activismo tanto político como moral y espiritual hasta convertirlo en una fuerza de un poder inusitado hasta entonces.
Las reflexiones que desarrolló a través de sus discursos, sus escritos e incluso sus plegarias tienen un poder que bebe de este concepto hindú, así como las influencias de la obra literaria y pacifista de Tolstói y de los principios básicos del cristianismo, hasta conformar una extensa visión transformadora de la realidad tanto individual como social.
Extraídos de Reflexiones sobre la No violencia, y escritas también a comienzos del pasado siglo nos acercan al concepto de la Ahimsa que tanto preconizó y desarrolló Mahatma Gandhi, un conjunto de pensamientos que nos acercan al concepto de no violencia.







Si la música de Bach que nos ha acompañado posee y transmite equilibrio y sosiego, la obra siguiente parte de los mismos presupuestos. 
Se trata del Trío mº 2 para piano, violín y violonchelo, D. 929 que fue publicado a finales de 1828 como su Op. 100 poco antes de su muerte y un año después de haber sido escrito en noviembre de 1827.
Se estrenó en una fiesta privada en enero de 1828 para celebrar el compromiso de uno de sus amigos, Josef von Spaun.
El segundo movimiento, que es el que nos acompaña posee una estructura ternaria que se repite doblemente de forma asimétrica, cuyo tema principal se basa en una canción popular sueca que Schubert había escuchado en casa de unas amigas.
Este tema principal se inicia con un periodo binario de ocho compases (4 + 4)con una cadencia diferente en cada uno de ellos. Todo el movimiento, un Andante con moto está impregnado de una inspiración y un estilo inequívocamente schubertianos.
La interpretación corre a cargo de Julien Hanck al piano, Ambroise Aubrun en el violín y Maelle Vilbert en el cello y fue grabada en la Cathédrale Sainte-Croix des Arméniens de París en diciembre de 2016.
La calma y sosiego con que comienza y finaliza el movimiento se ven alteradas por una parte central más apasionada e intensa, que facilita que pueda servir de compañía al texto con el que finalizamos estas reflexiones.


Uno de los escritores que más han aparecido en este blog y que aún está olvidado después de la influencia que tuvo durante su vida es Stefan Zweig, un escritor al que nunca dejamos de reivindicar tanto por su obra de carácter pedagógico, como por sus novelas y relatos menos extensos y por su destacado perfil europeísta y pacifista.
Se trata de nuevo de una reflexión escrita en la primera parte del siglo XX, concretamente en 1919, justo después de finalizar la Gran Guerra


En El legado de Europa, el editor Richard Friedenthal reunió una serie de ensayos de Zweig en los que el escritor austriaco hace memoria de los artistas que plasmaron lo fundamental de la conciencia y cultura europeas. Una vez fragmentado ese entorno común con la I Guerra Mundial, Zweig colaboró en la reconstrucción de la idea europea con estos artículos sobre pensadores, escritores y amigos, a los que unió otra serie  de reflexiones como la que nos acompaña.
Escrita, pues, en 1919 justo tras la finalización del conflicto bélico, La tragedia de la falta de memoria alude a ese olvido de lo trágico que observaba en el entorno social inmediato meses después de finalizar la guerra y que podemos aplicar en nuestro tiempo. Un peligro que se cierne sobre todo cuanto, al parecer teníamos conseguido, veíamos como irrenunciable y que corremos el peligro de olvidar.




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Bibliografía y webgrafía consultadas: