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500 años de la primera vuelta alrededor de la Tierra

No hay ninguna aventura que sea comparable a la primera vuelta al mundo salvo la que le antecedió con el viaje de Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo.
Solo las exploraciones espaciales que se desarrollaron en la segunda mitad del siglo XX y que culminaron con la llegada del hombre a la Luna suponen una gesta comparable a la primera vuelta al mundo que se desarrolló al inicio del siglo XVI.
Con una dosis mayor de aventura y con más voluntad que certezas, sin las tecnologías que ayudaron y apoyaron a los astronautas para que sus viajes concluyeran con el máximo grado de seguridad, la primera circunnavegación del globo terrestre confirmó, de forma práctica, la forma esférica de nuestro planeta. Podríamos afirmar que, al iniciar la salida, el pensamiento más extendido aún era que La Tierra era plana y que el hecho de concluir la aventura confirmaba que era, definitivamente, redonda. 
El tiempo durante el que transcurrió la aventura -desde el verano de 1519 al de 1522 es tan dilatado que es complicado aplicarlo a un tiempo como el nuestro que nos zarandea de un lado para otro a velocidad de vértigo. ¿Nos podemos imaginar esos tres años de navegación, descubrimientos y desdichas?
Quizás podríamos compararlo con los plazos temporales con que estamos viviendo la pandemia de coronavirus quinientos años más tarde. Aún podemos recordar cómo a finales de 2019 comenzamos a oír sobre la aparición de un nuevo virus que surgió en tierras chinas, cómo nos afectó durante todo el año 2020 paralizando nuestra vida, cómo el año siguiente logramos cierta movilidad y en 2022 se comienzan a alcanzar algo similar al regreso a la vida habitual, con las condiciones, consecuencias y daños colaterales sufridos por muchas personas aún. Este lapsus de tiempo que abarca desde que comenzamos a oír sobre el virus hasta el momento en que se escribe esta publicación es, algo más dilatado aún, el tiempo que se tardó en concluir la primera vuelta al mundo.
Te invito a conocer algunos detalles sobre cómo se desarrolló la primera vuelta a nuestro planeta que inició Fernando de Magallanes y concluyó Elcano a partir del relato de Pigafetta, acompañado por músicas que pudieron escuchar los tripulantes. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Imagen basada en un mapamundi de la primera circunnavegación del globo
Quinientos años después, para nuestra visión y pensamiento actual son complicados de entender e incluso aceptar y justificar las circunstancias en que se desarrolló este viaje, las condiciones en que se llevó a cabo, las relaciones con quienes encontraron durante el viaje o las finalidades que pretendía la expedición.
De los cinco navíos que salieron del puerto de Sevilla con 239 tripulantes solo regresó uno de ellos con tan solo 18 personas a bordo. siendo la suerte de quienes no completaron el final de esta odisea diversa: algunos fallecieron, otros quedaron en algunas islas por diversos motivos y otros desertaron de la expedición.
Ya se había instalado entre los geógrafos y científicos la idea de que nuestro planeta tenía forma esférica. El primer globo terráqueo que conocemos fue creado precisamente en 1492, el mismo año en que Colón llegó al nuevo continente. Obra de Martin Behaim, más conocido como Martín de Bohemia -a quien nos referiremos más adelante-, se denominó Erdapfel (Manzana del mundo) y se encuentra en el Museo Nacional de Nuremberg, la ciudad donde se construyó.
Está formado por dos mitades cosidas por la zona del ecuador, fabricadas en lino y cubiertas con láminas de mapa. Evidentemente no está el continente americano, lo que provoca una distorsión y aumento de algunos territorios, además de mostrar lugares inexistentes que surgían de la mentalidad mitológica de entonces como la Isla de Sanborondón y señalar otros como el Mar Rojo que está en el color que lo denomina.
En el siguiente vídeo se muestra una recreación de este Erdapfel, primer globo terráqueo tal como lo concibió Martín de Bohemia.


Nacido en la ciudad italiana de Vincenza en 1490 o 1491, Antonio Lombardo Pigafetta llegó a España en 1519 con el séquito de Monseñor Chiericato, embajador del Papa León X en la corte de Carlos V. Al conocer la expedición que Fernando de Magallanes estaba organizando en Sevilla solicitó permiso tanto al embajador como al emperador para embarcarse en ella como sobresaliente en uno de los cinco navíos que partieron con destino a las Molucas, las Islas de las Especias y que acabarían dando la primera vuelta a nuestro planeta.
En la expedición, Pigafetta llevó una suerte de diario en el que anotó el recorrido, la descripción de los lugares y las poblaciones que encontraron, su geografía, la flora y la fauna, los indígenas que conocieron, su vocabulario y sus costumbres, además de anotaciones náuticas y el relato de las experiencias y dificultades que tuvieron que sobrellevar hasta su regreso en el punto de salida.

Ilustración de Antonio Pigafetta
El primer texto que nos acompaña pertenece al prólogo en el que Antonio Pigafetta dedica su relato a Felipe de Villers, Gran Maestre de Rodas, justificando el contenido del libro y la índole de la aventura en que participó, así como el modo en que tuvo conocimiento de ella, de qué manera se inscribió en la aventura y cómo se decidió a pasarla por escrito.

Las músicas que nos acompañan en este homenaje a la primera vuelta alrededor de nuestro planeta tienen la particularidad de que pueden haber sido oídas por los participantes en la expedición, bien en ceremonias religiosas, bien en escenarios palaciegos o, simplemente como recreo. En la última de ellas nos acompaña un concierto organizado para conmemorar de forma especial este evento.
 
El Cancionero Musical de Palacio, también conocido como Cancionero de Barbieri, pues fue redescubierto y publicado en 1890 por Gregorio Cruzada Villaamil y el citado compositor, es un manuscrito que contiene una recopilación de música del renacimiento que abarca desde el último tercio del siglo XV hasta el comienzo del XVI, coincidiendo en el tiempo con el reinado de los Reyes Católicos, iniciado según se supone con la reorganización de la capilla musical de la corte que Fernando de Aragón emprendió al año siguiente del fallecimiento de su esposa Isabel. Pese a saber que se han perdido algunos folios con piezas musicales, se conservan 469 de ellas, compiladas en varios momentos y por, al menos, nueve plumas diferentes.
A este cancionero pertenece la primera obra que nos acompaña, De la vida deste mundo, una pieza anónima escrita a tres voces y que refleja el espíritu de la época, en la parte final del pensamiento medieval. 


La interpretación, en esta ocasión a dos voces, corre a cargo de la agrupación La Reverencia con la soprano Paloma Gallego y el tenor Francisco Fernández, acompañados por Viviana González, Jorge Miró y Ruth Robles en las violas de gamba, Pedro Jesús Gómez en la cuerda pulsada, Miguel Ángel Orero en las percusiones y Andrés Alberto Gómez al órgano y la dirección.


La expedición estaba organizada por Fernando de Magallanes, gentilhombre portugués y recientemente nombrado comendador de la Orden de Santiago para darle mayor autoridad, un experto navegante que había surcado los océanos en varias ocasiones. Magallanes ofreció sus servicios a Carlos V a través de su primer ministro, el Cardenal Cisneros, regente durante la ausencia del emperador. Su idea era navegar hacia el oeste para llegar a las Islas de las Especias, conocidas por los relatos de los navegantes italianos que habían llegado a ellas por el este y por los portugueses que llevaban una década establecidos en ellas  y ocultando los descubrimientos realizados. Magallanes no dejó claro a Cisneros si las Molucas estaban en el hemisferio que correspondía a España o a Portugal tras el tratado de Tordesillas, no sabemos si por ignorancia o por conseguir la autorización para la expedición, llegándose a consultar a varios expertos como Cristóbal Hara o Ruy Faleiro hasta conseguir el permiso de la corona.

Grabado de Fernando de Magallanes
Tras conocer Pigafetta que la expedición estaba en fase de preparación, consiguió la autorización para participar en la misma, embarcando de Barcelona a Málaga y continuando de allí a Sevilla por tierra a la espera del momento de la partida.
De los cinco barcos que la formaban, la Trinidad, la nao capitana al mando del propio Magallanes, San Antonio, Concepción, Victoria -la única que completó el viaje- y Santiago, Pigafetta embarcó en la primera como sobresaliente, inscrito con el nombre de Antonio Lombardo, ganándose la confianza del almirante a quien sirvió como «lenguaraz» o traductor y cartógrafo, además de llevar el citado diario que daría cuenta del periplo.
La primera vuelta al mundo (nombre abreviado con el que se publica) se halla dividido en cuatro libros que relatan cada una de las partes en que el autor divide el viaje. El primero de ellos, Partida de Sevilla hasta la salida del Estrecho de Magallanes relata los primeros meses desde la salida de la capital hispalense el 10 de agosto de 1519 hasta la travesía del estrecho que da paso al Océano Pacífico a finales de noviembre del año siguiente.
Pigafetta comienza hablando de la situación del portugués Magallanes entre capitanes españoles y las suspicacias que levantaba entre ellos, además de las diversas señales que el almirante de la flota promulgó para asegurar su mandato o las guardias que se establecieron por las noches. Narra también la salida desde Sevilla por el Betis hasta Sanlúcar de Barrameda, cómo se abasteció la escuadra, las ceremonias religiosas a que asistieron y la partida definitiva con rumbo a Tenerife


Sin duda, algunas de las celebraciones litúrgicas en que participaron los navegantes antes de izar velas con un destino tan incierto, fueron algunas de las misas que se hayan incluidas en el Kyriale, la colección de cantos gregorianos utilizados en el Ordinario de la Misa. Estas misas, hasta un total de dieciocho, contienen habitualmente las mismas partes: Kyrie, Gloria, Sanctus y Agnus Dei, incluyendo ocasionalmente el Credo y otros cantos según la voluntad del compositor.
De todas ellas, una de las más conocidas es la Misa VIII, conocida como De Angelis, una misa para celebraciones festivas. Esta Misa De Angelis no fue compuesta como una unidad, sino que cada uno de sus cantos procede de celebraciones diferentes y fue unificada por los monjes de Solesmes que le dieron la forma con que la conocemos en la actualidad. 

Portada de la edición del libro de Pigafetta publicado por Amoretti en 1800
De ella, nos quedamos con la primera de las piezas que se canta, el Kyrie, la única oración dentro del rito romano en latín que se canta en griego. La expresión Kyrie eleison tomaba las palabras con que los fieles respondían a una serie de peticiones y letanías, siendo simultáneamente una petición y una acción de gracias. El Papa Gregorio I señaló en el siglo VI que Kyrie eleison alternara con Christe eleison (Señor, ten piedad, Cristo, ten piedad) y en el XI la oración era repetida hasta nueve veces, de las que actualmente solo se dicen tres veces. El Kyrie de la Misa de Angelis procede, según parece, de una melodía normanda del siglo XIV, de donde la tomaron los citados monjes de Solesmes.
Recordando a la vez la solemnidad y la festividad con que los expedicionarios celebraron sus últimas misas antes de partir, escuchamos el Kyrie de la Misa de Angelis en un enlace que nos ofrece la notación gregoriana, en la que podemos apreciar en los tetragramas, neumas y melismas las diferencias y semejanzas con la notación musical actual.


Varios meses repletos de vicisitudes trascurrieron desde que llegaron a la Patagonia hasta que lograron cruzar del Océano Atlántico al Pacífico
Un complot para acabar con la vida de Magallanes fue urdido desde los cuatro navíos: Juan de Cartagena, capitán del San Antonio, Luis de Mendoza, capitán de la Victoria, Antonio Coca, contador del Santiago y Gaspar de Quesada, capitán de la Concepción. Al descubrirse el complot, el primero acabó muerto y el segundo fue apuñalado, mientras que Quesada fue perdonado. Días más tarde volvió a sublevarse, por lo que Magallanes ordenó que lo dejaran en tierra con un sacerdote que era cómplice suyo.
Unos días más tarde, en una exploración para reconocer el terreno naufragó la nave Santiago, aunque pudieron salvarse todos sus tripulantes.
Tras unas tormentas en que los barcos sortearon como pudieron el temporal en las aguas del estrecho, Magallanes envió al San Antonio y la Concepción a reconocer nuevamente el terreno. El primero de ellos se adelantó, ya que su piloto, Esteban Gómez, quiso abandonar la escuadra y regresó a España, encadenando a Álvaro de Mezquita, pariente de Magallanes, quien le había dado el mando de la nave tras la sublevación. 
Desconociendo la deserción, el almirante dedicó un tiempo a la búsqueda del San Antonio y, al no encontrarlo, dejó en varios lugares la señal convenida por si regresaban: una gran cruz bien visible en una elevación del terreno con una olla cerrada junto a ella en la que introdujo una carta con la ruta prevista para que pudieran seguir a la escuadra.
Finalmente, tras varios intentos de hallar el canal de salida al Pacífico y gracias al conocimiento que Magallanes tenía del mapa del paso del estrecho que Martín de Bohema había realizado y que había visto guardado en la tesorería del rey de Portugal, el 28 de noviembre salen del Estrecho de los Patagones, nombre que pronto sería cambiado por el que lo conocemos actualmente: Estrecho de Magallanes.

Réplica de la nao Victoria
El segundo libro de Pigafetta se centra en lo ocurrido desde la salida del estrecho hasta la partida de la isla de Zubu desde finales de noviembre de 1520 a mayo de 1521.
El texto que inicia este segundo libro narra la partida desde el estrecho al Pacífico, las hoy impensable hambruna y enfermedades que pasaron, especialmente el escorbuto. También narra la llegada a unas islas que bautizaron con el nombre de Islas Infortunadas (con poca precisión, quizás se trate de las Islas de la Sociedad y Otaiti). Además, alude a las constelaciones que guían el cielo por el Polo Antártico, distintas a la Estrella Polar que servía tradicionalmente para orientarse, y los errores que Magallanes comentó con los pilotos y capitanes para puntuar la navegación con estas estrellas, entre las que destaca la Cruz del Sur.


Juan del Encina, nombre con el que conocemos a Juan de Fermoselle, fue un autor teatral, poeta y músico de la época de los Reyes Católicos que vivió entre 1468 y 1529, uno de los mayores referentes del renacimiento español. Autor de composiciones de polifonía religiosa y profana, alcanzó gran popularidad con sus variadas obras, entre las que se le atribuye la invención de los villancicos, tal como se concebían en su época. 
El Cancionero de la Catedral de Segovia es un manuscrito que recoge una recopilación de obras musicales de los últimos años del reinado de Isabel la Católica que fue guardado en la biblioteca del Alcázar de Segovia y trasladado posteriormente a la Catedral de la citada ciudad, un hecho afortunado, ya que gracias a ese cambio se salvó del incendio que destruyó en 1862 los objetos que contenía el Alcázar.
En 1922 fue encontrado en el Archivo Capitular de la Catedral segoviana por Higinio Anglés quien lo estudió. Se haya dividido en dos partes sin agrupar su contenido por géneros ni poseer un índice que lo catalogue: En la primera parte se encuentran más de ciento cincuenta obras del repertorio musical franco flamenco, mientras en la segunda se recogen cuarenta obras en castellano, dos en latín y una sin texto.




En este catálogo se encuentra la obra que nos acompaña a continuación, Ay triste, que vengo de Juan del Encina, catalogada en el manuscrito con el número 180, y que también aparece en el Cancionero de Palacio al que aludíamos antes, con el número de catálogo 378 según Barbieri.
Escrito a 3 voces, Ay triste, que vengo es un villancico en la concepción de la época: una canción profana de origen popular con estribillo y cantada a varias voces. Con el paso del tiempo, estos villancicos acabarían asociándose con temas navideños y tomando la forma con que los conocemos en la actualidad.
No es difícil imaginarnos los momentos de añoranza vividos por los marineros en las tres naves que continuaban la expedición en que rememoraban las músicas que habían escuchado en tierra en reuniones fuera de los muros eclesiales con obras como este villancico de Juan del Encina.


Nos acompaña de nuevo el Ensemble Tylman Susato, a quien ya escuchamos en Las cinco estaciones de Cervantes. La agrupación de Pamplona, especializada en música antigua medieval, renacentista y barroca crea programas con criterios historicistas en cuanto a la instrumentación e interpretación. 
Una práctica habitual de la agrupación, que apenas se presencia en nuestro tiempo por la especialización de los intérpretes, es que sus miembros cantan e interpretan ellos mismos los instrumentos, por lo que entre los cuatro -o cinco en alguna ocasión- pueden abordar distintos repertorios con la misma facilidad y eficacia con la que habitualmente se hacía en la época que ellos nos acercan con su música. Así, además de cantar, Ana Olaso interpreta el arpa, el órgano positivo y la percusión; Alfonso Zoco, hace lo propio con las flautas de pico y el corneto, mientras Clara de Biurrum se especializa en la viola da gamba y el órgano positivo e Iñaki Amézqueta, toca la viola de brazo renacentista, el clavecín y el órgano positivo. 
Los programas en los que basan sus conciertos tienen, además, una faceta pedagógica en la que involucran al público con explicaciones sobre las obras vocales o instrumentales que interpretan y el contexto histórico y cultural en que se crearon. Al finalizar los conciertos el público puede observar con detalle sus instrumentos y trasladar a los componentes de la agrupación sus dudas y comentarios.
El Ensemble Tylman Susato interpreta Ay, triste, que vengo perteneciente a su producción Santa Teresa de Jesús y la música europea de su época (1515-1582) que llevaron, entre otros lugares, a la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Villahermosa (Ciudad Real) donde se grabó en directo esta interpretación en una de sus primeras actuaciones celebrada en julio de 2016, dos años después de su fundación.
Grabado con un cámara no profesional en la que inevitablemente se escapan algunos matices, el enlace tiene el innegable valor de acercarnos al contexto histórico en que Juan del Encina compuso esta obra y cómo la pudieron escuchar en su época algunos de los componentes de la expedición. 


Aún quedan muchas historias relacionadas con este viaje. Desde la muerte de Magallanes hasta la llegada a las Islas Molucas y el regreso al lugar donde se inició esta singular aventura. 
Prolongar la lectura de la narración de este viaje que acaba de llegar aproximadamente a la mitad sería abusar de la abundante paciencia y el escaso tiempo de los lectores. Mejor será continuar el desenlace de este largo periplo en una nueva publicación que puedes seguir en el siguiente enlace: La primera vuelta alrededor de la Tierra: El regreso.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Las cinco estaciones de Cervantes

Nadie ignora que las estaciones astronómicas del año son cuatro y que sus comienzos y finales coinciden con los solsticios de verano e invierno y los equinoccios de primavera y otoño.
Estas estaciones las hemos asociado a algunos acontecimientos anuales que van desde el renacer tras el frío invierno, la floración, el crecimiento y recogida de los frutos o la caída de las hojas hasta concluir con el nuevo letargo invernal. Las sensaciones que nos producen estas estaciones, las fiestas con las que nuestras culturas las celebran o nuestras propias costumbres las asocian a nuestras formas de vida.
Las estaciones del año también han sido utilizadas en múltiples ocasiones por pintores, poetas, músicos o distintos tipos de artistas para reflejar las características, sensaciones o sentimientos que les evocan. También han servido para crear diversos recursos literarios en que se trataban la fugacidad del tiempo, el sentido cíclico que se reitera constantemente o la comparación del ciclo anual con las etapas de nuestra vida.
Desde un punto de vista lingüístico, las estaciones tienen orígenes distintos, unas desde un punto de vista etimológico, mientras el otoño posee una denominación desde el punto de vista descriptivo.
Te invito a un paseo por las cinco estaciones del año según refleja el autor de El Quijote en sus obras. ¿Te animas a conocer cuáles son esas cinco estaciones del año para Cervantes? Nos acompañan interesantes músicas de su época y agrupaciones especializadas en ellas. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Estatua de Miguel de Cervantes en La Palma del Condado (Huelva)
En la publicación de la Universidad Complutense de Madrid titulada Divertimento filológico sobre el otoño, el profesor de la Universidad de Sevilla, crítico y traductor Francisco García Tortosa realiza un estudio en el sentido indicado en el título. García Tortosa analiza los términos astronómicos estacionales, sus formación filológica y su comparación entre diversos idiomas, centrando su mirada en la estación otoñal.
A esta publicación pertenece el primer texto que nos acompaña y que nos sirve como punto de partida para indagar sobre las cinco estaciones a las que se refiere Cervantes, además de diversas consideraciones sobre el origen etimológico de las estaciones y su utilización en el lenguaje tradicional.


Las músicas que nos acompañan en esta publicación pertenecen a la época de Cervantes. Unas fueron compuestas cuando el escritor tenía aún poca edad y de otras no tenemos la certeza de si cuando se compusieron aún estaba vivo o ya había fallecido. Tampoco tenemos la evidencia de que el genial escritor las escuchara o conociera, aunque sí tenemos la convicción de que representan su época y nos parece razón suficiente para que nos acompañen.


Fundado en Pamplona en 2014 el Ensemble Tylman Susato  está compuesto por cuatro o cinco miembros -dependiendo del repertorio- con la intención de interpretar y difundir música antigua, desde el periodo medieval al renacentista y barroco.
Formado por Ana Olaso (canto, percusión, arpa y órgano positivo), Clara Biurrum (canto viola da gamba y órgano positivo), Alfonso Zoco (canto, flautas de pico y corneto) e Iñaki Amézqueta (canto, viola de brazo renacentista, clavecín y órgano positivo), dedican su actividad profesional a la docencia musical que compaginan con la participación en agrupaciones musicales de diversos estilos y la pertenencia a la agrupación citada. 
Toman su nombre como homenaje al compositor y trompetista del siglo XVI, más conocido por fundar en Amberes la primera editorial musical de los Países Bajos. Los miembros del Ensemble Tylman Susato crean programas en los que abordan sus conciertos con la difusión de obras de las épocas señaladas de forma didáctica con pequeñas explicaciones y diálogos con el público sobre las obras que interpretan. Entre sus programas podemos citar. Música para cantar y danzar en la Europa de los siglos XV al XVII o Música europea en la época de Santa Teresa de Jesús (ambos de 2015), La relación de Miguel de Cervantes y William Shakespeare con la música (2016) en la conmemoración del cuarto centenario del fallecimiento de ambos autores, Velázquez y Monteverdi: Cruce de caminos (2018), que recrea un hipotético encuentro multidisciplinar entre ambos artistas y sus obras. En la presente temporada presentan el programa Inferno, Purgatorio, Paradiso, con músicas en torno a la Divina Comedia de Dante. Como podemos observar, despliegan toda una vocación de investigación y de carácter didáctico musical.
Perteneciente a su programa dedicado a la relación de Shakespeare y Cervantes con la música, el Ensemble Tylman Susato interpreta la conocida Un sarao de la chacona de Juan de Arañés, una danza cantada que apareció en su Libro segundo de tonos y villancicos, publicado en Roma en 1624, varios años después del fallecimiento de Cervantes, pero que bien pudo ser interpretada en su presencia y escuchada por el propio Cervantes antes de su publicación.
Se trata de una versión adaptada a la formación del Ensemble y en la que destacan el juego con que se inician y finalizan algunas frases pasando de un instrumento a otro, el canto a solo o en grupo según sea la letra o el estribillo y los juegos de sonidos y ecos. Pensada esencialmente para ser cantada en directo, la grabación sólo nos permite intuir todos los matices que despliegan de la interpretación.
Habituales del área geográfica a la que pertenecen, la grabación fue realizada en su concierto Che gioir, che languir llevado a cabo el 12 de octubre de 2019 en la Iglesia de los Carmelitas de Villafranca (Navarra), dentro de la programación del FestRibAl 2019 (Festival de Música Barroca de la Ribera Alta).


El texto cervantino al que hace referencia García Tortosa pertenece al Capítulo LIII de la Segunda Parte de El Quijote en el que se narra cómo finalizó el gobierno de Sancho Panza.
En él, Cervantes pone en palabras de Cidi Hamete Benengeli, ese historiador arábigo manchego que nos descubre a nuestro personaje más universal en sus papeles Historia de don Quijote de la Mancha el razonamiento sobre las cinco estaciones anuales.
En el Capítulo LIII de la Segunda Parte de Don Quijote de la Mancha, las estaciones suponen un recurso trata de la fugacidad de la vida, del vertiginoso paso del tiempo para introducirnos en la brusca finalización, deshaciéndose como el humo, del gobierno que el escudero realizó en la Ínsula Barataria por la burlesca determinación del Duque y la Duquesa.
Una vez finalizada la alusión a las estaciones no podemos resistirnos a dejar correr unos párrafos la historia para situarnos en la trama que le organizaron al bueno y sensato de Sancho.


Bartomeu Cárceres
fue un compositor valenciano del siglo XVI del que apenas se tienen datos. Relacionado con la corte valenciana de Fernando II de Aragón, duque de Calabria, una carta de pago de 72 ducados en 1546 revela que formaba parte de de la capilla musical del citado duque como 
«pautador de libros» o copista musical.
En el Cancionero de Gandía, que se encuentra en la Biblioteca de Catalunya se encuentran algunas de sus obras, que bien pudieron ser escuchadas por Cervantes. Inscrita dentro de las Ensaladas, esas obras popularizadas por Mateo Flecha el Viejo, La Trulla es una de las obras que se conocen de Cárceres.


Grabada en 2012 en la Lonja de la Seda de Valencia por la Capella de Ministrers con la dirección del chelista Carles Magramer con motivo de la presentación de su libro disco Batailla in Spagnol, el enlace nos muestra la Pavana y Gallarda de la ensalada La Trulla en una cuidada producción en la que la lenta y cortesana Pavana precede a la animada y más improvisable Gallarda con la que suele aparecer en contrastado acompañamiento.


A lo largo de su prolífica obra literaria, Cervantes utiliza las estaciones del año en su sentido astronómico de forma general, aunque en ocasiones decide que estas estaciones figuren como recursos con distintas funciones: En ocasiones se trata, como hemos visto, de la fugacidad y la rapidez con que transcurre la vida; en otras, como elemento descriptivo de la época en que se desarrolla la escena. No faltan los momentos en que una situación se compara y asimila con las características de una estación:

Pasó la furia del invierno helado, 
y, aunque el fuego de amor quedó en su punto,
llegó la deseada primavera. (La Galatea)

Y el regalado y tierno 
mirar de aquello ojos sólo era
porque mi primavera 
se convirtiese en desabrido invierno. (La Galatea)

Para él todos los tiempos del año le eran dulce y templada primavera. (La ilustre fregona)

Crezcan las simples ovejuelas mías
en el cerrado bosque y verde prado,
y el caluroso estío e invierno helado
abunde en yerbas verdes y aguas frías. (La Galatea)

Vamos, y espere mañana
vuestro invierno primavera. (El laberinto de amor)

Triste gemido a mi canto
ha dado tu mano fiera;
invierno a mi primavera
y a mi risa amargo llanto. (La Galatea)


Hay, al menos una referencia más a estas cinco estaciones en la obra cervantina en su última novela, Los trabajos de Persiles y Segismunda, obra publicada póstumamente en 1617, un año después del fallecimiento del escritor, en seis lugares, Madrid, Barcelona, Valencia, Pamplona, Lisboa y París, de forma casi simultánea, lo que indica el interés que despertaban las obras del autor de El Quijote.
Adscrita dentro de las llamadas novelas bizantinas, Los trabajos de Persiles y Segismunda es una obra repleta de aventuras y narra la separación de dos jóvenes enamorados que acaban encontrándose felizmente al final de la obra. Sus protagonistas, los príncipes nórdicos Periandro y Auristela, que cambiarán sus nombres a los que figuran en el título al llegar, tras un largo peregrinaje, a Roma y contraer matrimonio, no sólo son personajes, sino la representación de los ideales amantes cristianos, mientras personajes como Rosamunda o Clodio representan la lascivia o la maledicencia respectivamente. Cervantes consideraba esta obra su mejor novela. 
En el relato que nos ocupa, perteneciente al segundo de los libros de esta novela, la alusión a las cinco estaciones, de las que está ausente el invierno, procede de la exuberante descripción del lugar que realiza el protagonista Periandro, como si de un maravilloso país de Jauja se tratara, y que toma sentido en la confluencia de todas las estaciones citadas con las frutas que observan.


Finalizamos este entretenimiento literario sobre las cinco estaciones cervantinas con una obra anónima del siglo XVI o XVII recogida en el Cancionero de Múnich. Durante su estancia en Madrid en la corte de Felipe IV entre 1624 y 1625, Wolfgang Wilheim, Conde Palatino y Duque de Neuburg encargó a Claudio de la Sablonara que le copiara una serie de canciones de su agrado correspondientes a la música cortesana, por lo que la citada colección responde a los nombres de Cancionero de Sablonara o de Múnich.
En él se recogen 75 tonos o canciones polifónicas a dos, tres o cuatro voces procedentes de la Capilla Real de los compositores más conocidos en su época como Juan Blas de CastroJoan Pau PujolMateo RomeroÁlvaro de los RíosGabriel Díaz BessónMiguel de ArizaJuan PalomaresJan de TorresJuan Bono o Diego Gómez, además de dos obras anónimas. Romances, villancicos -en su acepción original-, endechas, seguidillas o folías son los tipos de composiciones que conforman este Cancionero de Múnich que se encuentra recogido en la Bayerische Staatbibliothek (Biblioteca Estatal de Baviera).

Ilustración de Gustave Doré para El Quijote
La última obra que nos acompaña es una de las dos piezas anónimas, De tu vista zeloso. Compuesta para cuatro voces, estas «Seguidillas en eco» tienen en cada una de sus estrofas un verso que termina con una palabra contenida en la palabra anterior, a modo de eco. La temática abunda en el asunto de los celos y el engaño a los maridos a los que sus mujeres califican como gamos o toros, aludiendo a los engaños que tienen con ellos.
La versión que enlazamos pertenece al disco Música en la obra de Cervantes de PRO MVSICA ANTIQVA DE MADRID dirigido por Miguel Ángel Tallante en el que se desarrollan cuatro de las trece estrofas que tienen estas seguidillas. No te las pierdas.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: