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Deporte y cultura en los Juegos Olímpicos

Los Juegos Olímpicos son el acontecimiento deportivo que posee un carácter más universal de cuantos se desarrollan en todo el mundo, uniendo a participantes de prácticamente de todos los países y en la mayoría de deportes que se llevan a cabo en nuestro planeta.
Inspirados en la idea de los antiguos juegos griegos, gracias a la iniciativa del Barón de Coubertin, se desarrollan en nueva etapa que comenzó con el primero de los Juegos Olímpicos de la era moderna, desarrollados en Atenas en 1896.
El lema «Citius, Altius, Fortius» (Más rápido, más alto, más fuerte) recoge, desde sus inicios el espíritu de los atletas que se ha ampliado a los demás deportes en la búsqueda de la superación personal en la práctica de una actividad tan sana como el deporte, desde el punto de vista del respeto, el juego limpio y la aceptación de las reglas deportivas.
En un blog como este en que se unen literatura y música, te invito a conocer más detalles sobre los Juegos Olímpicos en un aspecto poco conocido donde se cruzan y combinan los proyectos que relacionan el deporte y la cultura. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Todo comenzó alrededor del siglo VIII a. C. en la Grecia antigua con los Juegos Olímpicos que se celebraban cada cuatro años en la región de Elis en honor de Zeus en la ciudad de Olimpia, unos juegos de los que ya se tiene noticias desde el siglo VIII a. C.
Con el transcurrir de los años se llegaron a celebrar otros juegos que se denominaron Juegos Panhelénicos, ya que buscaban la participación de contendientes de cualquier parte del mundo griego.
Estos Juegos Panhelénicos comenzaban con los Juegos Olímpicos en el primero de un período de cuatro años. El segundo y cuarto años se desarrollaban los Juegos Nemeos, disputados en Nemea, aunque en ocasiones en Argos, también en honor de Zeus y los Juegos Ístmicos, celebrados en Corinto en honor a Poseidón y que transcurrían en meses distintos. El tercer año del ciclo se disputaban en Delfos los Juegos Píticos en honor a Apolo. Este ciclo lo tomaban los griegos como una unidad de tiempo de cuatro años a la que denominaban Olimpiada.
Esta forma de organización permitía que cualquier atleta griego pudiera participar en todos ellos, incluyendo a participantes que provinieran de las colonias que tenían tanto desde las lejanas Columnas de Hércules en el Mediterráneo Occidental hasta a la oriental península de Anatolia. Pese al prestigio con que contaban, era infrecuente que acudieran participantes de estos lejanos lugares ya que debían correr con los gastos de los meses de viaje, transporte, alojamiento o entrenamiento, aunque parece que Alejandro Magno participó en ellos y que, en alguna ocasión no griegos, como el emperador Nerón llegaron a competir y ganar.
Las principales competiciones deportivas consistían en carreras de carros, lucha olímpica, boxeo, pancracio (una mezcla de boxeo y lucha), el stadion (una carrera de velocidad de unos 180 metros que rodeaba el estadio, el pentatlón (que incluía lanzamientos de jabalina y disco, salto de longitud, stadion y lucha), en la que sólo competían hombres que participaban desnudos.
Los Juegos Olímpicos comenzaron en el año 776 a. C. y los vencedores recibían una corona de olivo del árbol que sembrara el mítico Hércules, fundador de aquellos juegos y que cortaba un sacerdote con tijeras de oro o un niño cuyos padres viviesen. Los Píticos comenzaron el año 582 anterior a nuestra era, siendo el trofeo para los vencedores sendas coronas de hojas de laurel. Los Ístmicos comenzaron en el año siguiente, 581, y las coronas para quienes ganaban eran de apio, mientras que los Nemeos se iniciaron algo más tarde, en 573 con un premio de una corona de pino en los primeros años que fue sustituida por apio fresco.
Pero el aspecto deportivo no era el único a tener en cuenta. El último día comenzaba con una procesión de acción de gracias al dios del santuario correspondiente, a la que seguía un banquete donde se proclamaban los nombres de los vencedores y sus ciudades de origen, coronándolos a continuación. También se entregaban premios en metálico, bandejas de alimentos, ánforas de aceite y otros objetos valiosos.
Pero la memoria de los vencedores quedaba en forma de estatua en Olimpia si se lograba por tres veces la victoria, además del recibimiento en su ciudad con honores y privilegios, una fiesta multitudinaria donde se cantaban y eternizaban las hazañas y glorias de los vencedores con himnos y poemas a los que acompañaban músicas y bailes.
Los últimos Juegos Olímpicos se celebraron en el año 393 de nuestra era, después de casi doce siglos de celebraciones al considerar el emperador Teodosio que tenían un cariz pagano.

Walter Winans. An american trotter. Medalla de oro a la escultura en 1912.

De entre aquellos que cantaron las victorias de los atletas griegos, nos han quedado algunas obras pertenecientes a Píndaro, un poeta que vivió aproximadamente entre 520 y 480 a. C. 
De los diecisiete libros que parece que escribió, solo nos han llegado los cuatro que dedicó a los epinicios, esos poemas para cantar las glorias y victorias de los atletas y héroes, aunque no de forma completa. 
Estas poesías son obras de encargo, densas, con imágenes brillantes y audaces, de las que no nos han llegado la música y la danza que la acompañaban en su concepción original, pero que poseen una fuerza y riqueza inspiradoras.
De entre las que han llegado hasta nuestros días nos acercamos a su Olímpica XIV, una obra datada en 488 y dedicada a Asópico de Orcómeno, atleta vencedor en el Stadion, un poemas que se encuentra entre los menos extensos del autor.
Posiblemente el propio Píndaro dirigió el coro y el cortejo festivo en que se cantó el triunfo de Asópico en su Orcómeno natal. Las Tres Gracias, que tenían allí su santuario, son elogiadas como otorgadoras de bienes y las gracias o beneficios que indican sus nombres y a las que el propio atleta les debe su vitoria. 
Compuesta solo por dos estrofas, el texto de Píndaro tiene complejas referencias al río Cefiso que transita por la región de Orcómeno, a las Tres Gracias, Áglae, Eufrósina y Talía, además del olímpico padre de los dioses.


Imbuido de una amplia cultura clásica, Pierre Fredy de Coubertin, barón francés del mismo nombre renunció a la carrera militar a la que quería su familia que se dedicara para centrarse en labores como historiador y pedagogo que le llevaron a la creación de sociedades atléticas en distintos institutos franceses que se agruparían en una suerte de federación dedicada a la divulgación de la práctica atlética, la Union des Sociétés Françaises de Sports Athlétiques y la primera revista deportiva, la Revue Athlétique, logrando que las autoridades las incluyera en los programas de la Exposición Universal de París de 1889.
Tras un viaje por Estados Unidos y diversos países acaricia la idea de unir en una competición a deportistas de todo el planeta, sin interés por el beneficio económico, buscando la unión, la hermandad y el deseo de alcanzar la gloria por el esfuerzo y la superación. 
La idea encontró un mundo de incomprensiones, pareciendo inalcanzable de llevar a la práctica, hasta que, varios años más tarde, desembocó en la creación de lo que actualmente son  los Juegos Olímpicos de la Era Moderna.
Así, tras unos años de búsqueda de colaboración internacional se creó el Comité Olímpico Internacional que se haría cargo de organizar en distintas ciudades y países unos Juegos Olímpicos que se basaran en aquellos que se celebraban en Grecia adaptados a los tiempos que corrían.
Así, además de la organización que un evento de tanta complejidad exigía, se decidió que habría una composición musical que serviría de himno para cada uno de los Juegos Olímpicos que se celebrarían cada cuatro años.
En los primeros juegos celebrados en Atenas en 1896 se interpretó el himno oficial de ese acontecimiento. Basado en un poema de Kostis Palamas, literato nominado en varias ocasiones al Premio Nobel y con música de Spyridon Samara, uno de los grandes compositores de ópera griegos de la época, un ferviente admirador de Puccini
De esta forma, en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Atenas se interpretó en el Estadio Panathinaikos el que sería el himno oficial de los primeros juegos de la era moderna con el texto en griego de Palamas y la música de Samara.

Hasta los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956 cada uno de los juegos poseía su propio himno. En la Sesión 55 del Comité Olímpico Internacional celebrado en Tokyo en 1958 se decidió que este himno que inauguró los primeros juegos de la era moderna pasaría a ser el himno oficial para todas las celebraciones olímpicas. Desde los Juegos Olímpicos de Roma de 1960 se interpreta este Himno Olímpico en cualquiera de los tres idiomas oficiales, griego, inglés y francés.
La interpretación que nos acompaña está cantada en el idioma griego original por la Hellenic Music Foundation Symphony Orchestra and Chorus, con la participación de Convivium Musicum Chorus de Ciudad de México, Prancyprian Choir y Canoni Chorale, ambas de Nueva York, dirigidas por Yannis Xylas en una grabación que se realizó en la ciudad norteamericana en octubre de 2016.


El barón de Coubertin y el Comité Olímpico Internacional no solo pretendían recuperar el espíritu deportivo, de colaboración y hermandad entre todos los pueblos, enviando un mensaje de oposición a los conflictos bélicos entre naciones. Además pretendían recuperar el aspecto cultural que acompañó a los Juegos Panhelénicos con la inclusión de medallas olímpicas en Concursos de Arte.
Una vez asegurada la frágil continuidad de los primeros Juegos Olímpicos, se pretendió incluir estos Concursos de Arte en los Juegos Olímpicos de Roma de 1908, pero fueron trasladados a Londres por la erupción del Vesubio en 1906 y el proyecto quedó sin concluir.
No fue hasta 1912 en los Juegos Olímpicos celebrados en Estocolmo cuando se llevaron a cabo estos primeros Concursos u Olimpiadas de Arte. Las disciplinas artísticas de esta primera olimpiada fueron Arquitectura, Literatura, Música, Pintura y Escultura, que fueron ampliándose a nuevas especialidades en el transcurso de los siguientes Juegos Olímpicos que no se suspendieron por los conflictos bélicos mundiales.
Entre las medallas de oro de estos juegos de Estocolmo figura la que se otorgó en el apartado Literatura a la obra Oda al Deporte, un poema presentado a concurso por el francés Georges Hohrod y el alemán Martin Eschbath y que, una vez acreedora del primer premio se desveló como escrita bajo pseudónimo por el propio Barón de Coubertin, que consiguió así una medalla olímpica de oro.
Nos quedamos con el comienzo de esta Oda al Deporte, obra vencedora de esta primera edición de los Concursos de Arte en los Juegos Olímpicos de Estocolmo de 1912 en la que el propio Barón ensalza al deporte en su múltiple faceta como placer de dioses y esencia de vida, belleza, justicia, audacia y honor.


Compuesto en 1899 por Jean Sibelius, Athenarnes sång (Canción de los atenienses) su Op. 31 nº 3, es un canto basado en un poema de Viktor Rydberg, que a su vez era prácticamente una paráfrasis de una obra del poeta espartano del siglo VII a. C. Tirteo, un canto a la resistencia heroica, al esfuerzo de la juventud e incluso la muerte en la lucha. 
Esta composición se enmarca dentro de la línea romántica de Schiller o Goethe que se acerca a una evocación ensoñadora de la Grecia clásica como paradigma de la era dorada de la civilización. Además, evocaba el Va pensiero del Nabucco de Verdi al presentar una analogía con la resistencia finesa ante los rusos que dominaban el país.
La Canción de los atenienses no llegó a ser cantada por las calles como la pieza de Verdi, pero sí tuvo un enorme éxito entre los finlandeses, interpretándose en innumerables ocasiones y siendo un frecuente bis en los conciertos en que el programa acogía obras de Sibelius. El propio compositor llegó a realizar hasta cuatro versiones de la obra que pudieran interpretarse en distintos contextos y con distintas agrupaciones, entre ellas una para septeto de metal.

En los Juegos Olímpicos de 1952 celebrados en Helsinki, durante la ceremonia de clausura se interpretó esta pieza que unía el homenaje a la cultura clásica griega con el hecho de ser una obra del más grande compositor finés vivo.
El enlace pertenece a una grabación para banda militar y coro masculino en una traducción diferente desde el griego al finés con el Polytecnikkojen Kuoro y la dirección de Tapani Länsiö realizada en septiembre de 2010.


El deseo de añadir a los juegos deportivos una dimensión relacionada con el arte se fue afianzando a partir de las distintas reuniones que se iban desarrollando por parte del Comité Olímpico Internacional y las ideas que iban exponiendo sus miembros. Esa unión entre 
«los músculos y el pensamiento» se acercaba al ideal de la Grecia clásica donde confluían con las pruebas atléticas los poemas, músicas y danzas que celebraban la gloria de los vencedores.
A tal fin, se aumentaron poco a poco las disciplinas que comenzaron en los Juegos Olímpicos de Estocolmo de 1912 hasta abrir un amplio abanico de abarcaba distintas modalidades relacionadas con la Arquitectura (Arquitectura mixta, Diseños arquitectónicos, Urbanismo), la Literatura (Literatura mixta, Obras dramáticas, Obras épicas y Obras líricas y especulativas), la Música (Música mixta, Composiciones para orquesta, Composiciones para solistas y coros, Composiciones Instrumentales y de cámara y Composiciones vocales), la Pintura (Pintura mixta, Dibujos y acuarelas, Grabados y aguafuertes, Obras gráficas y Pinturas) y la Escultura (Escultura mixta, Medallas, Medallas y placas, Relieves y medallones, Relieves y Estatuas), abarcando la especialidad denominada mixta todas las anteriores. Entre las especialidades que quedaron fuera de la competición, por distintos motivos, se encuentran Danza, Cine, Fotografía o Teatro.
Para formar parte de los jurados, el Comité Olímpico Internacional escogió a prestigiosos miembros de la comunidad artística y cultural del momento, entre los que podemos destacar a Selma Lagerlöf, Igor Stravinsky, Paul Dukas, Maurice Ravel o Nadia Boulanger.

En uno de los discursos con que Pierre de Coubertin aludía a los momentos en que fueron tomando forma las competiciones de arte, citó un artículo que él mismo publicó en el diario francés Le Figaro argumentando y justificando la idea que estaba gestándose como forma de complementar los aspectos deportivos y artísticos en los Juegos Olímpicos de la era moderna.


Las disciplinas artísticas tuvieron su desarrollo entre los Juegos Olímpicos de Estocolmo de 1912 y de Londres de 1948, con las desgraciadas ausencias de aquellos que no se celebraron a causa de los dos grandes conflictos bélicos del siglo. 
Mientras estuvieron presentes en los Juegos Olímpicos tuvieron un desarrollo un tanto caótico por varios motivos. Por un lado, necesitaban unos espacios donde apreciarlas diferentes a los estrictamente deportivos. Por otra parte, eran tan difíciles de evaluar para calificarlas y otorgarles medallas que los miembros del jurado dejaron en diversas ocasiones algunas medallas desiertas. También contribuyó a este desajuste el hecho de que, en algunas celebraciones olímpicas, las distintas categorías se subdividieron en especialidades, tal como se especificaba anteriormente, que dificultaron tanto la presentación de obras atendiendo a las especificaciones, como el trabajo de los miembros del jurado.
Pero dos aspectos influyeron definitivamente en que desaparecieran estas categorías artísticas. Por una parte, la organización de cada uno de los Juegos Olímpicos debía encargarse de su organización en toda su compleja amplitud. Por otra parte, la defensa estricta del deporte amateur frente al profesional, la auténtica lucha que promovía la organización internacional en aquellos años, que entendía que la mayoría de participantes en las competiciones artísticas eran profesionales en sus especialidades y que participaban con la intención de que los trofeos sirvieran como un escaparate en el que colocar sus obras y sus nombres.
Desde el momento de la desaparición de estos concursos de arte, en cada uno de los Juegos Olímpicos celebrados, la organización ha tenido el cuidado de incorporar una serie de actividades culturales paralelas a las deportivas que, de alguna manera, continuara uniendo en cierta medida las ideas que surgieron a comienzo del siglo XX.


Independientemente de los concursos de arte, Coubertin y la organización continuaron con la búsqueda de compositores que crearan los himnos que representarían cada uno de los Juegos Olímpicos.
Así, para los que se iban a celebrar en 1932 en Los Ángeles, un jurado eligió una obra del compositor checo Josef Suk como himno oficial del evento, Towards a New Life (Hacia una nueva vida). 
Para los de 1936 de Berlín el afamado Richard Strauss, uno de los grandes compositores del siglo XX, creó el Himno Olímpico a partir de un texto del poeta Robert Lubahn y que él mismo dirigió en la inauguración de los juegos.
El último de los juegos en que se buscó himno fue el de 1948 de Londres con la obra Non Nobis Domine de Roger Quilter basado en un texto de Rudyard Kipling y que fue interpretado por un coro de mil doscientas voces en la ceremonia inaugural celebrada en el estadio de Wembley.

De cuantos himnos se crearon para inaugurar estos eventos, quizás sea del de Suk el que ha pasado a formar parte del repertorio sinfónico y se presenta en los programas de conciertos con cierta regularidad.
El enlace presenta una interpretación de Towards a New Life durante la tradicional Last Night of the Proms de 2012 con la Symphony Orchestra and Corus de la BBC y la dirección de Jiří Bělohlávek celebrada en el Royal Albert Hall de la capital británica.


El formato de unión entre deporte y cultura como un todo que abarcaría de forma más completa la faceta humana, uniendo lo físico y lo intelectual, en palabras de Coubertin, «los músculos y el pensamiento». 
En la elección de la primera Medalla de Oro de Literatura otorgada en los Juegos Olímpicos de 1912 de Estocolmo al propio Coubertin, el jurado valoró la obra Oda al deporte y reflejó sus puntos fuertes y presentó la duda que le ofrecía el que fuera presentada por dos autores, de dos países y en dos idiomas a la vez, desconociendo, evidentemente, la autoría del iniciador del movimiento olímpico en su escrito. La valoración, recogida en Olympiche Ópiele Stockholm 1912 de J. Wagner, publicado en Zurich/Munich en 1972, quedó como sigue a continuación:
La Oda al deporte de Hohrod (Alemania) y Eschenbach (Francia) cumple en lo referente a su inspiración con las exigencias del programa. Expresa la idea del deporte de la forma más natural posible. Ensalza el deporte de forma artística y deportiva. La vital percepción del deporte que fluye por todas las estrofas de la Oda la sitúa por encima de otro poema, meritorio por otra parte, que canta a la aviación. Aunque la Oda no destaca por sus ricas imágenes, sí se basa en una abundancia de ideas originales, cuyo desarrollo lógico y armónico es intachable. El único reproche que se le puede hacer a la obra es el doble texto en alemán y francés. De esta forma se expresan escasamente el país y el idioma en el que se ha creado la Oda. La forma deja entrever un carácter romántico, el idioma un origen germánico. Es posible que los autores quisieran señalar que la literatura olímpica debería acercar a los pueblos a través de su cultivo de las Bellas Artes. La intención parece buena, pero conlleva un peligro. Porque sería deseable que en un concurso internacional las obras literarias llevasen también la impronta de un genio nacional y no traten de difuminar las peculiaridades de los pueblos.

Nos acercamos de nuevo a la Oda al Deporte en sus cuatro últimas estrofas, en las que establece la analogía del deporte con la alegría, la fecundidad, el progreso y, por último, la que quizás aún sea más importante y necesaria, la paz.


El transcurso del tiempo y el desarrollo de las ideas, planes y proyectos sigue unos caminos que se acercan o alejan de los propósitos iniciales, adaptándose a las circunstancias por las que transcurre y otros factores ajenos. 
Como inspirador, creador y desarrollador de los Juegos Olímpicos tal como los conocemos en la actualidad, Pierre de Coubertin había anhelado que los concursos artísticos continuaran dentro de los programas oficiales de los juegos, combinando el deporte con las distintas artes, para diferenciarlos de los distintos campeonatos mundiales de otros deportes, pero, sobre todo, como el desarrollo de una idea que une armónicamente el cuerpo y el espíritu, otorgando una visión más completa de la vida en la que se combinen juntos deporte, arte y cultura.
Pierre de Coubertin falleció en 1937, en un tiempo en que aún se celebraban los concursos artísticos, posiblemente en la creencia de que aún hoy en día seguirían celebrándose.

Dezsó Lauber. Diseño de estadio. Medalla de plata a la arquitectura en 1924.


Finalizamos con una nueva interpretación del Himno Olímpico original de Spyridon Samara, en esta ocasión para los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi de 2014 en que fue interpretado por una cantante habitual en este blog, la soprano rusa Anna Netrebko acompañada de un coro masculino.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Entre las aves

Si quieres pájaros, planta árboles
Dicho popular

Las aves siempre han acompañado al ser humano en su transitar por nuestro planeta. Desde antes de que existiéramos como especie, las aves surcaban los cielos y entonaban sus cantos, en ocasiones como cortejo, en momentos como advertencia de peligro. 
En ese sentido utilitario que damos a todo cuanto existe, las aves han sido objeto de nuestra atención al proporcionarnos huevos o carne, servirnos de materias primas para la elaboración de pinceles, relleno de edredones o elaboración de adornos con sus coloridos plumajes. Han servido de inspiración a pintores, poetas y compositores, nos han ofrecido compañía en nuestras casas durante generaciones y nos han servido como modelos inspiradores para fabricar aparatos con los que surcar los aires.
En otra ocasión dedicamos la mirada en este blog a tratar sobre las aves en una publicación que puedes leer en el siguiente enlace: El lenguaje de los pájaros.
Pero nuestra civilización no tiene entre sus fines cuidar lo que nos rodea, sino utilizarlo. Así, cada vez es menos frecuente observar las aves en la naturaleza, estamos perdiendo la biodiversidad con la desaparición de especies y estamos destruyendo los lugares donde acostumbran a vivir. Solo las especies que se adaptan a los espacios agrícolas o urbanos son capaces de sobrevivir.
Ante este panorama, nuestra opción debe ser la defensa de la naturaleza como el hábitat donde conviven especies animales y vegetales que contribuyan a mantener el equilibrio en los ecosistemas.
Te propongo un paseo con obras literarias y musicales en los que las aves son las protagonistas. Hay desde obras simpáticas y divertidas hasta miradas duras y difíciles, pasando por aves que sólo existen en la ficción. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Premio Nobel de Literatura, el mexicano Octavio Paz nos acerca al mundo de las aves desde nuestro punto de vista.  El ave, el pájaro no lo es por sí mismo, sino que toma entidad en el instante en que aparece ante nosotros. Cuando se cruzan en el cielo, se nos cruzan frente a nosotros rompiendo la monotonía, sólo entonces, surgen las aves y adquieren vida y significado.
En ocasiones sentimos que todo es calma, sosiego, tranquilidad. Una conexión entre nosotros y la naturaleza. Silencio, espacio, inmovilidad. Como en una de esas tardes infinitas de verano que nos abandonamos.



Como en una metáfora de la música surge el pájaro en el poema de Octavio Paz. La música como sonido rompe la quietud, lo infinito. Se desarrolla en el espacio y el tiempo, se puede medir.
Compositor determinante en la música inglesa del siglo XVII, Henry Purcell desarrolló su corta vida entre el ambiente noble de la corte, la composición de música sacra y sus incursiones en el ambiente más popular y tabernario. De hecho, su temprana muerte con treinta y seis años fue propiciada por un enfriamiento que cogió en la puerta de su casa a la que su esposa no le dejó entrar tras una de sus muchas borracheras. 
Antes de los veinte años fue nombrado compositor de los violines del rey y al cumplir la veintena ya era el organista titular de la abadía de Westminster
Autor de óperas como Dido y Eneas y semióperas como La reina de las hadas o El rey Arturo, adaptaciones de obras de Shakespeare como El sueño de una noche de verano o La tempestad, Purcell compuso también obras sacras e himnos, así como música incidental de las que hemos traído algunas a este blog.  
Su afición por las música y las fiestas entre amigos le hizo afrontar también la composición de algunas canciones sin pretensiones con que alegrar las celebraciones con sus amigos y compañeros.
Aquí nos acompaña con When the cock begins to crow (Cuando el gallo comienza a cantar), una canción jocosa, divertida, pícara. La obra está compuesta para trío a capella de dos sopranos y bajos, aunque en esta versión está interpretada por contratenor, tenor y bajo. Comienza con un delicioso canon y avanza adaptando la musicalidad, la entonación y las voces al unísono o en contrapunto al desarrollo de la letra. Al ser el enlace un audio, te propongo que sigas el texto en inglés mientras lo oyes. Lo disfrutarás más. 
La interpretación corresponde al contratenor Alfred Deller y The Deller Consort.





Tras esta música simpática, deliciosa y fresca nos acercamos a una de las aves que más atraen con su canto, el ruiseñor.
Posiblemente sea el ruiseñor una de las aves que más ha inspirado a poetas y, de modo especial a compositores. Pocas aves son tan discretas a la vista, pasando desapercibidas por su color tan común como poco vistoso. Pero su canto lo hace particular por la variedad de notas, la fuerza y la sucesión de sonidos rápidos y lentos.
Si nos proponemos pensar en obras que nos recuerden al ruiseñor, quizás sea una película el primer nombre que nos venga a la memoria. 
Matar a un ruiseñor es una película en la que el protagonista Atticus Finch no puede tener otra imagen que la de Gregory Peck. Y es un lujo que lo tenga, aunque nos condiciona si nos acercamos al origen literario de la obra. 



Harper Lee (1926 - 2016) era hija de un abogado de Alabama que, tras trabajar en Nueva York en una compañía aérea, publicó en 1960 To kill a mockingbird, publicada entre nosotros como Matar a un ruiseñor, una novela con tintes autobiográfico con el que ganó el Premio Pulitzer.
El título viene de un consejo que Atticus da sus hijos Jem y Scout en la novela, en la que Harper Lee trata con una mirada inocente como la de ambos niños y una actitud recta, la actitud hacia las personas de color en el profundo sur americano.  
No me resisto a dejar correr las palabras de Lee más allá de las razones de la protección al ruiseñor para comparar además una versión de la imagen del Atticus que recordamos con la que la propia autora lo presenta. 
A lo largo del libro, la narración corre a cargo de Scout quien se refiere a su propio padre con su nombre de pila.



Dan Forrest es un compositor norteamericano nacido en 1978 y que cuenta con un gran número de obras, la mayoría de las cuales están escritas para música coral. Entre ellas destacan Requiem for the living (Réquiem por los vivos), Lux: The dawn from on High (Lux: El amanecer desde lo alto) de 2018, My Country:Tis of Thee (Mi país: Es sobre Tí) y The breath of life (El aliento de la vida), estas dos últimas estrenadas este mismo año, la mayoría de tema religioso.
En Two colonial folksongs (Dos canciones populares coloniales) de 2012, Forrest incluyó The girl I left behind me (La chica que dejé detrás de mí) y The nightingale (El ruiseñor). En esta obra Forrest busca combinar canciones populares de diversos estados norteamericanos en un ciclo que tiene previsto aumentar.
The nightingale, esta canción dedicada al ruiseñor, es una variación americana de la canción popular inglesa The bold grenadier del siglo XVII y que fue pasada a una melodía pentatónica. Está compuesta para coro a cuatro voces, piano a cuatro manos y violín.
La grabación corresponde al festival Rivertree Singers de Greenville, Carolina del sur celebrado en 2014 y dirigido por Warren Cook.



Después de acercarnos de dos maneras muy diferentes al ruiseñor, nuestro paseo entre aves nos acerca a Japón de la mano de Yasunari Kawabata, el primer autor nipón galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1968. 
Graduado en la Universidad Imperial de la capital japonesa, Kawabata formó parte del grupo Shinkankaku (Escuela de la Nueva Sensibilidad), un grupo de escritores partidarios del lirismo y del impresionismo que se oponía al realismo social que imperaba en aquellos años.
Conforme iba desarrollando su propio estilo, Kawabata se comenzó a preocupar por la exploración de la soledad en el mundo actual publicando obras como País de nieve, Mil grullas, El rumor de la montaña, La casa de las bellas durmientes o Lo bello y lo triste, logrando reflejar con su sensibilidad el espíritu japonés.
Sobre pájaros y animales, publicado en 1933, es un relato corto -apenas una quincena de páginas- sobre un hombre que se dirige a un baile en el que participa su antigua novia y que, por el camino, va recordando los animales que ha ido cuidando con el paso de los años.
La capacidad de observación, el conocimiento, casi humano de los animales, y la relación que se establecen entre ellos otorga ese punto de melancolía y de reflexión sobre la soledad que marca el estilo de Kawabata.


Enamorado de la naturaleza en la que vivió en su Finlandia natal después de abandonar la vida social y el alcoholismo que llevaba consigo, Jean Sibelius está considerado el mejor compositor de su país y uno de los más importantes de la primera mitad del siglo XX, un tiempo que alababa o denostaba a muerte a quienes componían. Sibelius no se libró de ambos aspectos, siendo quizás más atacado en vida, aunque el tiempo se está volviendo un aliado suyo.
Amante de la naturaleza y de las aves, siempre buscaba las bandadas de gansos o grullas en sus caminos migratorios y admiraba a los cisnes, provocándole estas aves unas sensaciones que reflejó en sus obras.
En 1911 compuso su Marcha nupcial para el acto III de la obra de Adolf Paul El lenguaje de los pájaros, una pieza que se mueve entre el intimismo y las resonancias épicas, entre el cortejo en tierra y el vuelo altivo, entre el pequeño detalle y los espacios sonoros infinitos y majestuosos que tanto admiraba y tan bien creaba Sibelius, en una obra en la que la orquesta se expresa con una enorme precisión, expresión y lirismo. 
La pieza está interpretada por la Turun Filharmoninen Orkesteri y dirigida en 2015 por Leif Segerstam.


Observaciones acerca de la avifauna de Auschwitz. Con este título una revista científica de Viena publicó en plena Segunda Guerra Mundial un ensayo científico del biólogo Günther Nierhammer, guardia de las SS en ese campo de concentración entre 1940 y 1944, ayudado por un estudiante polaco de Bellas Artes que se encargó de los dibujos, Jan Grabackis, del que no se tuvo información al finalizar la guerra.
A partir de este trabajo Arno Surminski (Jäglack, 1934) publicó en 2008 la novela Los pájaros de Auschwitz en la que los personajes, sus pensamientos o sus sueños son imaginados, pero el lugar, las condiciones, el mundo en que se desarrollan fueron reales.
Así, en Los pájaros de Auschwitz el guardia SS es Hans Grote, el dibujante se llama Marek Rogalski y el campo de concentración es Oswiecim. El campo de la muerte al que acuden las conejas sigue llamándose Birkenau y las aves que se catalogan son las que viven entre los ríos Vístula y Sola.



La novela refleja la relación entre carcelero y preso en busca de unas aves que siguen su vida ajenas al drama que se desarrolla entre las alambradas y las rejas del campo, al humo mortal que se eleva de las criminales chimeneas. Esta relación no es amistosa y, pese a las ilusiones de cada uno, ambos saben que sólo cabe la obediencia y la obligación.
Novela de no mucha extensión, nos acompaña el texto íntegro del capítulo X, donde podemos apreciar la diferencia entre la libertad de desplazamiento de las aves frente a la situación de las personas, tanto prisioneros como carceleros.



Fallecido en 2016, Einojuhani Rautavaara es un compositor finés, discípulo en cierto modo de Sibelius y educado en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York. Autor de óperas como Vincent, Aleksisi Kivi y Rasputín, ochos sinfonías y una docena de conciertos, además de obras corales y de cámara, Rautavaara es conocido de modo especial por Canticus Articus, su Opus 61, una obra que le fue encargada por la Universidad de Oulu.
Canticus Articus, subtitulada Concierto para pájaros y orquesta es una obra que aúna a la música instrumental grabaciones en cinta magnética de cantos de pájaros del norte de Finlandia y las cercanías del Círculo Polar Ártico.
Dividida en tres movimientos, el primero de ellos, Suo (El pantano), comienza con un dúo de flautas al que suceden los clarinetes que imitan a los pájaros, que son seguidos por los trombones en sordina y en staccato imitando el sonido de las grullas. La entrada de las cuerdas lleva a una melodía que viene a reflejar la voz interior de un caminante por este desierto helado.
El segundo movimiento, Melankolia, muestra una grabación del canto de la alondra cornuda que se ha ralentizado, mezclándose en una simbiosis con las cuerdas que evocan la melodía una octava más baja.
El último movimiento Joutsenet muttavat (Migración de los cisnes) tiene forma de un crescendo con los sonidos grabados de estas elegantes aves antes de que desaparezcan en la lejanía. Rautavaara muestra a la orquesta dividida en cuatro grupos en lo que él mismo llamó "sincronización mutua resumida". Las grabaciones de las voces de los cisnes se superponen dando la impresión de que su número aumenta significativamente antes de desaparezcan.
Canticus articus está interpretado por L'Orchestre Philarmonique de Radio France en la sala titular de la orquesta en París en abril de 2019 bajo la dirección de Mikko Franck.
La integración e interacción entre orquesta y sonidos naturales se conjuga con una perfección que parte de la observación y el amor por la naturaleza.


Tras un paseo por las aves de las latitudes nórdicas, nuestras últimas miradas se dirigen hacia dos pájaros ficticios.
En alguna ocasión hemos traído a este blog el singular libro Arte de Pájaros de Pablo Neruda con ilustraciones de pintores amigos del poeta en una edición privada que se publicó por la Sociedad de Amigos del Arte Contemporánea chilena en 1967.
Dividido en dos partes, Pajarintos muestra aves reales, mientras Pajarantes es un muestrario de aves ficticias, por momentos simpáticos y amistosos, en ocasiones, todo lo contrario.
Entre estos Pajarantes hoy nos acercamos a El Tintitrán, un pájaro singular surgido de la mente de ese genio de la poesía que fue Pablo Neruda



Nuestro acercamiento como homenaje y reflexión sobre las aves nos lleva a otra de las aves imaginarias, esta más presente a lo largo de la historia de nuestra cultura: El Ave Fénix. Proveniente de la cultura griega, el Ave Fénix tiene la capacidad de renacer de sus cenizas tras morir quemada, una simbolización de la capacidad que tenemos de resurgir tanto personas, como entidades o culturas tras una desaparición.
A propuesta del empresario Diaguilev, Igor Stravinsky compuso su ballet El pájaro de fuego a partir de algunas leyendas rusas y un libreto de Fokine, estrenándose la obra en junio de ese año en París. Con un elenco ruso, vestuario de Leon Bakst y coreografía de Mikhail Fokine, en junio de 1909 se estrenó el ballet en la Ópera de París con la dirección del francés Gabriel Pierné, logrando Stravinsky pasar de ser un desconocido a un compositor célebre y casi imprescindible en la escena musical de su época. El propio Fokine y su esposa Vera Fokina hacían los roles de príncipe y princesa, mientras Tamara Karsavina interpretaba el pájaro de fuego.



El enlace con el que despedimos este paseo entre cantos y vuelos de pájaros corresponde a la Danza infernal del rey Kashechei seguida por la Canción de cuna. El príncipe Ivan zarevich convoca al Pájaro de Fuego para que hechice al rey Kashchei y sus súbditos para bailar la Danza infernal y, al terminar, los hace dormir.
El pájaro de fuego está interpretado por Diana Vishneva mientras el príncipe Iván es Andrei G. Yakovlev, en una producción del Théâtre Musical de Paris - Châtelet de octubre de 2002 con elenco del Teatro Kirov y el Mariinsky Ballet de San Petesburgo




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Bibliografía y webgrafía consultadas:

El (extraño) placer de las tormentas

Las tormentas y tempestades, como muchas de las manifestaciones de la naturaleza, tienen el poder de hacernos estremecer y sobrecogernos.
En un tiempo en que queremos tener todo controlado y que la naturaleza y todas las manifestaciones y los fenómenos que la acompañan están desapareciendo de nuestras vidas, en que pensamos que la lluvia nos molesta y perjudica en cuanto que afecta a nuestros planes y salidas, a la economía que tanto depende del turismo y el buen tiempo. En esas circunstancias, cuando la naturaleza y, en este caso los fenómenos meteorológicos, aparecen para mostrarnos y demostrarnos que están aquí, percibimos que no estamos por encima de ellas.
Te propongo un paseo alrededor de músicas y textos que tienen como principal protagonistas las tormentas y tempestades. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



La irregularidad del tiempo atmosférico, la descontrolada fuerza con que arrolla en determinadas situaciones provocando el caos, la destrucción, la pérdida de vidas humanas y posesiones materiales, hacen que nuestro conocimiento, animado por las imágenes televisivas, se encuentre cada vez más alarmado.
Cada vez que nos encontramos ante tempestades y tormentas nuestro cuerpo se estremece y se encoge, pero a la vez se siente feliz y exaltado. ¿Cómo es posible que se produzca en nosotros tal paradoja? Por un lado, el poder de destrucción nos abruma, por otro, hay aún algo inexplicable, sobrenatural en las tormentas, algo que se escapa de nuestra comprensión y raciocinio y que muchos científicos han intentado descifrar.
Algunos investigadores han observado que durante las tormentas el aire está cargado de iones que pueden alterar nuestra psique y que, según algunos controvertidos experimentos, los iones negativos afectan favorablemente nuestro ánimo, a la vez que los positivos, a los que le falta un electrón, nos deprimen. En las tormentas, pero también en las cascadas e incluso la ducha, se rompe la composición de las moléculas que forman el oxígeno y los iones positivos se convierten en negativos. Este cambio, que aún no está clarificado, parte de la hipótesis sobre la serotonina que defiende que los iones positivos crean un exceso de las mismas que sirven como neurotransmisor asociado a sentimientos de felicidad, mientras que los iones negativos invierten este balance. Sea como sea, los sentimientos encontrados que nos afectan con las tormentas aparecen en nosotros desde los tiempos más remotos hasta la actualidad.

Pescadores en el mar. William Turner (1796)

Discípulo de Jean-Baptiste Lully y de Monsieur de Sainte-Colombe, del que fue yerno, Marin Marais fue un extraordinario violagambista y compositor francés durante el reinado de Luis XIV, el Rey Sol. Más de seiscientas composiciones para viola de gamba forman su obra a la que hay que añadir, entre otras obras, cuatro óperas: Alcide, Ariane y Bacchus, Alcyone y Sémélé
Aún en lo que podríamos llamar la primera época desde el inicio de la ópera, aquella en la que los protagonistas aún son dioses o héroes clásicos, en 1706 se estrenó Alcyone en el Palais-Royal de París a partir de un libreto de Antonine Hourdar de la Motte basado en el mito de Ceix y Alcíone según se narra en Las Metamorfosis de Ovidio
En el acto IV, Marais recrea una tempestad que es magníficamente interpretada por Jordi Savall al frente de Le Concert des Nations con la fidelidad a los instrumentos de la época que caracterizan al también violagambista, director e inquieto investigador catalán. Como curiosidad, podemos ver un instrumento atípico, el eolífono que imita el sonido del viento.



Casi tres lustros después del estreno de Alcyone, Antonio Vivaldi compuso una de las obras más celebradas de la música clásica. En 1721 publicó Il cimento dell'armonia e dell'invencione (Concurso entre Armonía e Invención), una obra formada por ocho conciertos para violín y orquesta, además de otros cuatro, los más conocidos, denominados Le quattro stagioni, dedicado cada uno de ellos a una de las estaciones del año.
Estos conciertos sobre Las cuatro estaciones están basados en sendos sonetos, dedicado cada uno a una de las estaciones. El texto que nos acompaña pertenece al Verano y en el texto que sirvió de inspiración a Vivaldi podemos advertir, en los dos tercetos finales, una tormenta veraniega que el compositor italiano describe de forma magistral en su obra.



Mari Samuelsen al violín solista con los Trondeheimsoloists en el Julekonsert i Vang kirke 2011 en Noruega, nos interpreta el Presto de El verano de las Cuatro estaciones de Antonio Vivaldi.




Visionario, un adelantado a su tiempo en lo que a inventos se refiere, uno de los autores que más nos han hecho viajar y vivir aventuras, apenas si abandonó su domicilio en contadas ocasiones. Julio Verne nos ha seducido con miles de páginas de sus novelas donde las ganas de viajar, el conocimiento de los lugares visitados, su geografía, costumbres y cultura, por una parte, y los avances científicos o los inventos que lo acompañaban, por otra, han llenado muchas mentes, de modo especial las juveniles. Quizás muchos retengamos en nuestra mente algunas descripciones de amaneceres, mercados exóticos, islas inexploradas o profundidades marinas. Él junto con Emilio Salgari ha sido de los autores que han descrito tanto la exuberante naturaleza como muchos fenómenos naturales. 
Uno de sus libros menos conocidos, El naufragio del Chancellor o, simplemente El Chancellor, es una asfixiante novela en que uno de sus protagonistas narra en primera persona lo que un grupo de supervivientes del naufragio del barco del mismo nombre ha de soportar para vivir en la única balsa que han podido recuperar del barco destrozado por la tempestad. 



En varias ocasiones Rossini utiliza la fuerza dramática de las tormentas para sus óperas, como en La Cenerentola. Quizás la más famosa de todas sea la que aparece en su última ópera Guillermo Tell, en la que aparece en una sección de la obertura y en el acto I con un sentido dentro del guion y del libreto.
Pero también en una de sus obras más conocidas y celebradas, El barbero de Sevilla, utiliza Rossini el escenario para la descripción de una tormenta. Este uso de lo que llamó Il temporale por parte del compositor italiano le sirve en la primera y última óperas citadas para desencadenar el final del nudo de la obra y acercar tanto a los personajes como a los espectadores al desenlace de la misma.
En esta ocasión el vídeo pertenece a una producción del Teatro Regio di Parma con la dirección musical de Maurizio Barbacini.


Un autor como Shakespeare no podía resistirse a la tentación de utilizar la tormenta como hilo argumental, ya sea en tierra o en el mar. Una de las últimas obras que escribió en solitario, La Tempestad, pertenece a ese grupo de comedias en que el escritor inglés fusiona lo real con lo fantástico y lo maravilloso como ocurre, por ejemplo, con El sueño de una noche de verano. No se conoce tampoco la fecha en que se escribió y estrenó, así como de dónde tomó el autor la inspiración. De lo que sí parece tenerse cierta certeza es que fue escrita para la celebración de alguna boda. La trama, la mascarada que se urde en el cuarto acto, en que Juno y Ceres desean una venturosa relación a los conyuges parece que serían las nupcias del Conde de Essex y Lady Frances Howard en 1611.
En La Tempestad Shakespeare vuelve a introducir personajes como elfos y hadas. Próspero, duque milanés, fue despojado del poder por su hermano Antonio, embarcado con su hija y dejado a merced de las corrientes. Llegaron ambos a una isla desierta en que se hallaba desterrada la hechicera Sycorax y donde liberó algunos espíritus sometidos por ella, como Ariel, a quien puso a sus órdenes. 
Tras una docena de años en tan singular isla, un navío en el que viaja precisamente Antonio se acerca a la isla. En esta ocasión no son los dioses, como en las mitologías griega y romana quienes utilizan la fuerza de la naturaleza para conseguir sus fines, sino Próspero, quien ordena a Ariel que ejecute una tempestad para hacer naufragar a su hermano y acompañantes.


Autores como Henry Purcell o en el pasado siglo Jean Sibelius han utilizado la obra de Sheakespeare para realizar una semi ópera el primero o componer música incidental para una representación de la obra teatral el segundo. De esta última obra, el compositor finlandés extrajo dos suites sinfónicas, a la primera de las cuales pertenece este enlace que recoge la Obertura de la música incidental para La Tempestad.
La interpretación corresponde a la Filharmonia Podlaska Europejskie Centrum Sztuki bajo la dirección de Young Chil Lee.



Poder sentir en pocos minutos la descripción musical y las sensaciones que una tormenta produce en el verano o las que pueda producir en pleno invierno sólo podemos alcanzarlos como seres racionales con una capacidad de abstracción. La siguiente propuesta musical proviene de Sergei Prokofiev y su ópera Voyná y mir (Guerra y Paz) a partir de la novela de Tolstoi. Fue estrenada en 1946 en Leningrado y revisada en varias ocasiones, representando un fresco tan monumental como la novela en que se basa y requiere un mínimo de 37 cantantes solistas cuando alguno de ellos dobla los personajes que interpreta.
Campo de trigo bajo nubes de tormenta. Vicent van Gogh (1890)
En el último acto y representando a uno de los vencedores de la guerra frente a las tropas de Napoleón, el General InviernoProkofiev describe una tormenta de nieve mientras los franceses se retiran por la carretera de SmolenkoProkofiev busca el máximo efecto haciendo bailar sobre los soldado que huyen a los diablos y las brujas (las Baba Yagas rusas) en agitados remolinos de aire mientras gritan y aúllan, a la par que el aire silba helado gracias a la percusión y el uso que el compositor hace de los instrumentos de viento y la cuerda. El resultado nos hace recogernos y encogernos de frío.
La versión, solo de audio, está interpretada por la Philarmonia Orchestra bajo la dirección de Neeme Järvi.


En cada ocasión en que una tormenta entre en tu vida, no dejes de recordar estos acercamientos que tantos autores han realizado a las mismas.

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Bibliografía y web interesante: