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Cuando tres no son multitud

Hay conceptos, ideas o expresiones que están asociados a números. El bien y el mal, el yin y el yang, el día y la noche los asociamos con la dualidad y el número dos. Expresiones como A vivir que son dos días, Es un arma de dos filos o Decir dos palabras las tenemos asociadas a este número.
En un dos por tres podemos pasar al siguiente número donde podemos encontrarnos con los tres reyes magos (o Las tres reinas magas de Gloria Fuertes), los tres tenores, los tres mosqueteros, los tres cerditos y obras como Tres sombreros de copa de Miguel MihuraTres ratones ciegos de Agatha Christie o los Tres tristes tigres de Cabrera InfanteAsí, el número tres lo asociamos a distintos títulos y expresiones. 
No voy a tratar sobre las tres uvas que el Lazarillo cogía cuando comía con el ciego cuando habían quedado en tomarlas de dos en dos, sino sobre obras en las que aparecen tres personajes como protagonistas o personajes secundarios.
Es habitual que en distintas obras -literarias, musicales o de otro tipo- aparezcan los personajes de dos en dos. Como tradicionalmente ocurre en la sociedad, estos personajes aparecen en libros y óperas como parejas de enamorados: Romeo y Julieta, Julio César y Cleopatra, Dante y Beatriz o Tristán e Isolda. También como cómplices o compañeros: los insurgentes hispanos Indíbil y Mandonio, Quijote y Sancho o Sherlock y Watson. También entra aquí la categoría de protagonistas y antagonistas como Otelo y Yago, el propio Sherlock Holmes y el profesor Moriarty, Harry Potter y Lord Voldemort o Luke Skywalker y Darth VaderHay multitud de obras en las que se desarrollan historias con estos tipos de personajes. 
En esta ocasión nos acercarnos a novelas y músicas en las que aparecen, a veces como protagonistas, otras como secundarios, tres personajes. Son también muchas las obras en las que encontramos estos tríos sentimentales en las que se tratan las relaciones que se establecen entre ellos. Los triángulos amorosos tienen su lugar en la historia de la literatura, el teatro, la ópera y el cine. Este tipo de historias surgen de la condición del ser humano y parten en muchas ocasiones de historias inspiradas en hechos reales. Pero esa es otra historia y tendrá cabida en otro momento.
En esta publicación te propongo acercarnos a grupos de tres personajes que protagonizan historias literarias y musicales. Nos acompañan obras de Rowling, Mozart, Jane Austen, Puccini, Dumas y un trío de grandes cantantes. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Así, prescindiendo de los triángulos amorosos que no tienen lugar en esta publicación, nos encontramos con que esos tríos no siempre lo fueron así. Los tres hermanos Marx eran cinco al principio, pero Zeppo y Gummo dejaron de aparecer para y se consolidaron los geniales Groucho, Harpo y Chico. A la inversa ocurre con los tres mosqueteros que, con el paso del tiempo serían cuatro al incluirse en ellos el protagonista D'Artagnan. En otras ocasiones, el número es invariable y parte del encanto de la obra como ocurre con las teatrales tres hermanas de Chejov o las televisivas Ángeles de Charlie.

El primero de los tríos de personajes nos lleva a una obra entre infantil y juvenil, en ese momento en el que se establecen lazos de amistad que perdurarán toda la vida o desaparecerán con la llegada de las relaciones amorosas. Reflejan los vínculos de amistad que crecen por primera vez fuera de los familiares, surgidos con los compañeros de colegio o del entorno cercano y suelen ser un momento en el que se crean relaciones intensas en las que se van asentando distintos roles según la personalidad de cada uno de los miembros y el desarrollo de la relación.
Uno de los ejemplos más brillantes y conocidos es el de un fenómeno literario y cinematográfico que arrasó desde los últimos años del pasado siglo y que llevó a la lectura a muchos niños, jóvenes e inclusos sus padres gracias a la obra de J. K. Rowling. Se trata de la serie de Harry Potter en el que se encuentra uno de los tríos de personajes más reconocibles, el formado por el protagonista, Ron Weasley y Hermione Ranger.


Con ese aire todavía infantil que tiene el primero de los libros,  Harry Potter y el cáliz de fuego, te invito a leer el primer encuentro entre los tres protagonistas que se produce en el tren que les lleva por primera vez al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Después de haberse encontrado Harry y Ron antes de montar en el tren y sentarse en el mismo compartimento, aparece la tercera protagonista, en una escena en la que no se crea una buena relación entre ellos.


Aunque la relación entre ellos es tolerada por los tres, no es has más adelante, con motivo de la aparición de un troll en los servicios cuando esta relación se muestra sólida e inquebrantable. Hay momentos en los que se sabe con certeza cuando y por qué se consolida una relación.


Estrenada algo más de dos meses antes de su muerte, Die Zauberflöte (La flauta mágica) es una de las óperas más deslumbrantes y enigmáticas del repertorio. La obra de Wolfgang Amadeus Mozart admite muchas lecturas donde se cruzan la lucha ente el bien y el mal, el cuento infantil, el rito masón con el camino hacia la iluminación, la opera bufa, el oratorio y piezas vocales de una brillantez exquisitas. 
Con un libreto de Emanuel Schikaneder, amigo, compañero masón de Mozart, empresario, intérprete de Shakespeare y el primer Papageno, se encuentra entre las óperas más representadas cada año en lo que va de siglo. Además de los protagonistas Tamino y Pamina, Papageno y su anhelada Papagena, cuenta con los antagonistas Sarastro y la malvada Reina de la Noche. Pero lo que la trae a esta publicación es dos tríos de personajes: Las tres mujeres, al servicio de esta última y los tres muchachos.


Se señala que Mozart incluyó en varias ocasiones el número tres en esta obra como parte de la simbología masónica. Además de estos personajes, la obertura se inicia con tres acordes que suponen la llamada de atención para iniciar la ceremonia.
Después de avisar a Tamino y Papageno que serán guiados por tres muchachos sabios, estos aparecen al final del primer acto para pedirles paciencia, silencio y perseverancia. En la siguiente presencia de los tres muchachos en el Acto II descienden de las alturas para interpretar Seid uns zum zweiternmala willkommen (Por segunda vez os damos la bienvenida) preparándolos para la prueba que se les avecina, mientras les devuelven la flauta mágica a Tamino y el carillón a Papageno. Curiosamente, además de su carga simbólica, son tres niños los que aconsejan a los adultos sobre cómo deben actuar y comportarse.


La interpretación corre a cargo de Ludwig M., Philip M. y Matthias H., pequeños grandes cantantes de los que se preserva el apellido con L'Orchestre de l'Opera National de Paris, la presencia silente de Piotr Beczala como Tamino y Detlef Roth como Papageno y la dirección de Ivan Fischer en una representación que se grabó en la Opéra National parisina en 2001. 


Después de personajes amigos y cercanos a la infancia, te presento otro grupo de tres tipos de personajes: los hermanos. Entre ellos se establecen relaciones desde el nacimiento en las que se muestran tanto pautas comunes procedentes de la educación en el entorno familiar como las diferencias en el carácter individual. A esto, se suman los roces y afinidades consecuentes con la convivencia.
Un ejemplo de estas relaciones entre hermanas lo podemos encontrar en una de las obras más conocidas de Jane Austen, Sense & Sensibility (Sentido y sensibilidad). La escritora inglesa dibuja con delicadeza e ironía las rígida sociedad inglesa de su época en las que la elección de marido es prácticamente la única opción para la mujer. La historia nos acerca a una viuda y sus tres hijas, las hermanas Dashwood, Margaret, Elinor y Marianne, centrándose en estas dos últimas, de carácter diferente y antagónico por momentos, que muestran las opciones ante la sociedad y el camino que anhelan tomar: el sentido común y la sensibilidad que suponen las dos formas de afrontar el futuro.
El texto que nos acompaña nos acerca a una de las veladas que se realizaban en la época en la que las Dashwood, madre e hijas, reciben a Edward Ferrars, uno de sus vecinos relacionado con Elinor. En la escena, Jane Austen muestra el carácter de las hermanas, sus relaciones entre ellas y sus diversos puntos de vista.




Además de los dobles tríos de La flauta mágica con las mujeres y los muchachos, hay otro trío aún más particular en la ópera póstuma de Giacomo Puccini, Turandot. Esta obra, que también ha tenido su lugar en varias ocasiones en este blog, es lo que vulgarmente podríamos llamar un cuento chino. Se trata en efecto de una obra en forma de cuento oriental a partir del drama de Carlo Gozzi y la versión que realizó Friedrich von Schiller del que escribieron el libreto Giuseppe Adami y Renato Simoni. 
En la historia de Turandot, la Principesa di gelo y su pretendiente de nombre desconocido aparecen tres ministros, Ping, Pang y Pong. En sus cartas, Puccini los nombraba como maschere (máscaras), como si fueran personajes de la commedia dell'arte. Aunque en los primeros esbozos de la ópera aparecían como los marginados de la leyenda china, acabaron convertidos en chinos sin perder el carácter de la tradición italiana, moviéndose siempre de tres en tres, como payasos o marionetas, interrumpiéndose unos a otros, completando sus pensamientos y frases y apareciendo siempre como un elemento grotesco que hace de contrapunto al drama.
De entre las varias apariciones que tienen a lo largo de la ópera te acompaña parte de la intervención que tienen al comienzo del Acto II. En el trío Ho una casa nell'Honan (Tengo una casa en Honán) los tres ministros añoran cada uno su lugar de origen y muestran su deseo de dejar su cargo y volver allá. Se trata de un terceto con tintes melancólicos en el que se reflejan las características que les acompañan durante la obra. 
La interpretación de este trío de Ping, Pang, Pong está a cargo del barítono Vinicius Atique y los tenores Geilson Santos y Giovanni Tristacci en una representación que se llevó a cabo en octubre de 2018 en el Theatro Municipal de São Paulo. Los subtítulos están en portugués, por lo que puedes seguir el argumento de este trío con facilidad.


Aparte de esas relaciones que se establecen entre niños y jóvenes antes de entrar en otra etapa y las que se producen entre hermanos o hermanas, hay otras que se crean a partir de relaciones en la edad adulta por motivos de trabajo o aficiones comunes. En algunos casos suele ocurrir que tras un tiempo de estrecha amistad, cada uno de los componentes tome un camino diferente en su vida.


Basado en un personaje histórico, Gatien de Courztilz, señor de Sandras, un antiguo mosquetero, publicó Memorias de Monsieru d'Artagnan en 1700. A partir de esta obra, Alexandre Dumas escribió una de esas obras que mezclan personajes históricos con algunos anacronismos y personajes ficticios provistos de un gran carisma  para crear una de las novelas de capa y espada que se ganó a los lectores desde su publicación, que se realizó por entregas en el periódico Le Siècle entre marzo y julio de 1844.
Los tres mosqueteros y sus continuaciones Veinte años después y El vizconde de Bragelonne muestran las aventuras del gastón D'Artagnan y los tres mosqueteros Athos, Porthos y Aramis durante el reinado de Luis XIII con el cardenal Richelieu como primer ministro antagonista y el señor de Tréville como jefe de los mosqueteros.
Estos tres mosqueteros a los que se une el joven D'Artagnan desarrollarán sus aventuras hasta que cada uno tome un camino diferente según sus ideas y aspiraciones.
Tras haber conocido el protagonista a cada uno de sus próximos compañeros y quedar citado para un duelo con cada uno de ellos el mismo día, en el mismo lugar y con una hora de diferencia, llegan a resolver sus diferencias y formar un grupo con uno de los lemas más famosos de la historia.
El texto que te acompaña recoge el momento en el que entregan al casero de D'Artagnan a las autoridades y  el grupo exclama por primera vez este lema.


Si el trío anterior desarrolla su amistad durante sus años de trabajo en el cuerpo armado del señor de Treville antes de encaminarse cada uno de ellos a un destino diferente, el último trío que nos acompaña surgió de forma casi inversa.
Triunfadores profesionales cada uno en su carrera, llenaron los teatros de ópera de todo el mundo antes de unirse para una serie de conciertos que acabaron prolongando debido al éxito que obtuvieron. Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y Josep Carreras se unieron como Los tres tenores cuando eran leyendas de la ópera y no tenían nada que demostrar. Tras varias temporadas llenando auditorios y espacios diferentes a los teatros de ópera habituales, cada uno de ellos siguió su camino.

Grabado de Juan Serra y Pausas para Los tres mosqueteros
Finaliza esta publicación sobre tríos de personajes con la interpretación de una de las canciones más emblemáticas de la música de Nápoles. Se trata de O sole mio, una canción compuesta en 1898 por Eduardo di Capua a partir de un texto de Giovanni Capurro, una canción que se difundió por los emigrantes italianos que llegaron a América y que popularizó Enrico Caruso a comienzos del pasado siglo.
La interpretación de Los tres tenores que te acompaña se grabó en Los Ángeles en 1994 y tiene dos curiosidades: No está recogida en el DVD que se grabó de este concierto y Domingo y Carreras hacen el paripé de que no van a poder llegar a los agudos de Pavarotti en el clímax de la canción.

Y a ti, ¿qué otros tríos te han gustado? ¿Cuáles propondrías?
 
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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Rowling, J. K. Harry Potter y el cáliz de fuego, traducción de Nieves Martín Azofra, Muñoz García, Salamandra Infantil y Juvenil. ISBN: 978849836349.
  • Austen, Jane. Sentido y sensibilidad, traducción de Ana María Rodríguez, Editorial Penguin Clásicos (2015), ISBN: 9788491050001.
  • Dumas, Alexandre. Los tres mosqueteros, traducción de Jofr Homedes Bautnagel, Penguin clásicos (2016). ISBN: 978849105240
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.

Saludos para todo el mundo con Walt Whitman


Todos y cada uno de nosotros somos hijos de la Tierra, el planeta que es nuestra casa y en el desarrollamos nuestra existencia.
Los seres humanos, junto con el resto de seres vivos formamos parte consustancial de nuestro planeta, en los que no podemos dejar de lado la importancia que tienen en la vida que se desarrolla en nuestro universo particular elementos inertes como montañas, ríos, llanuras, mares y océanos.
Sentirnos miembros del enorme ecosistema Tierra supone compartir la vida que se desarrolla en él y colaborar, dentro de nuestros límites y posibilidades, en su funcionamiento. Se trata de un asunto crucial y delicado en cuanto que hemos de ser conscientes de anteponer actitudes y acciones que contribuyan a su cuidado y mantenimiento antes que los relacionados con un consumo irresponsable.
Formar parte de este mundo singular supone sentirnos miembros de cada uno de los lugares que lo forman, enriquecernos apreciando las diferencias y peculiaridades de cada lugar, grupo de personas, culturas o costumbres. Consiste en sentir que formamos parte de aquí y de allá, de nuestro entorno cercano y de los más recónditos lugares. Cuanto más conocemos, más humanos, complejos y completos nos sentimos y más unidos a un todo universal.
No hay lugar en estos casos a las luchas y batallas, a la imposición de los criterios propios a base de destruir a los diferentes, a la supremacía por la devastación y la destrucción que conllevan las guerras.
Tras muchos siglos en que las civilizaciones se formaban a partir de luchas y conquistas, los seres humanos comenzamos a apostar por una lucha diferente, la formación y consolidación de un mundo más universal y solidario, un planeta donde impere el respeto por los diferentes, la aceptación de culturas y costumbres y en el que los conflictos bélicos desaparezcan de una vez por todas. En el que los poderosos no acaparen todo el poder económico, el progreso llegue a todos los lugares y el hambre, la pobreza y la violencia desaparezcan.
En esta publicación te propongo una mirada sincera, acogedora y universal a la riqueza y variedad de nuestro planeta de mano de la poesía de Walt Whitman acompañada de músicas que aporten y complementen esa mirada. Nos acompañan Beethoven, Händel, Haydn y Mozart. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Walt Whitman editó por sus propios medios su primeros poemas, Hojas de hierba, en 1855, un libro que fue corrigiendo, reeditando y ampliando a lo largo de su vida, mostrando una de las personalidades más originales, personales, fuertes e individuales que ha dado la literatura de Estados Unidos a lo largo de su historia. 
Incluido en su monumental Leaves of grass (Hojas de hierba), Salut au monde! (¡Saludo al mundo!, con el título original en francés) es un conjunto de poemas escrito en forma de coloquio consigo mismo que comienza con

¡Oh, toma mi mano, Walt Whitman!

al que sigue la pregunta

¿Qué se ensancha dentro de ti, Walt Whitman?

que es respondida por una serie de poemas convertidos en extensos catálogos que reflejan lo que el poeta vive, ve, siente y oye por y hacia todo el mundo. 
El tercero de los poemas de Salut au monde! comienza con la pregunta ¿Qué oyes, Walt Whitman? y que nos muestra la variedad de cantos, gritos, danzas y sonidos que surgen de oficios, personas, objetos o animales de cualesquiera de los rincones de nuestro planeta.


Esa visión que acoge a todas las diferencias, que integra todo cuanto se oye se refleja en una de las obras de madurez de Joseph Haydn, Die Schöpfung (La Creación), catalogada como Hob XXI.W), un oratorio inspirado en una obra como El Mesías de Händel en el que pretendía «escribir una obra que proporcione fama eterna a mi nombre». Compuesta a partir de los relatos de la creación del mundo según el Génesis bíblico y con un libreto del barón Gottfried van Swieten, el oratorio fue compuesto entre 1796 y 1798 y se estrenó a finales de abril de ese mismo año en Viena, cuando el compositor se acercaba a los setenta años de edad.


La obra está dividida en tres partes a través de piezas instrumentales, recitativos, coros y arias. En las dos primeras partes los solistas son los arcángeles Gabriel, Uriel y Rafael, representados por voces de soprano, tenor y bajo respectivamente, mientras en la última, el protagonismo corresponde a Uriel, Adán y Eva, estos últimos interpretados por bajo o barítono y soprano.
Para acompañar esa visión que abarca a toda la tierra del poema de Whitman, nos quedamos con el nº 18 de La Creación, un trío interpretado por los arcángeles con el que el compositor austriaco nos muestra y comparte las maravillas de la creación. 


La interpretación de este trío In holder Anmut stehn corresponde a Teresa Seidl, Christian Elsner y Michael Wolie con el Cracow Philharmonic Chorus y la Cracow Philharmonic Orchestra de la ciudad polaca, todos dirigidos por Roland Bader, en una grabación para Naxos Digital Services. Como en el resto de la publicación, puedes seguirlo siguiendo la lectura en el texto del libreto o haciéndolo con el poema de Whitman.


Nacido en Long Island, junto a Brooklyn, Nueva York, en 1819, Walt Whitman era hijo de un modesto carpintero y granjero, desarrollando los más diversos profesiones, desde maestro de escuela a director de periódicos, pasando por tipógrafo, carpintero, empleado público o enfermero durante la Guerra Civil americana. Su educación reglada se limitó a la escuela primaria, adquiriendo su formación vital de las diversas fuentes a las que se acercó: la vida urbana, el contacto directo y singular con la naturaleza, su abundante, intensa y desordenada afición a la lectura o sus experiencias laborales, especialmente las de tipo periodístico.
En esta profesión trabajó en una decena de periódicos como The New York Aurora, The Evening Tattler, The New York Statesman o The Daily Plebian, hasta trabajar como editor jefe en el Brooklyn Daily Eagle, donde ejerció el cargo hasta que fue despedido por sus manifestaciones contrarias a la esclavitud que iban contra las ideas del dueño del periódico. De allí pasó a lanzar un nuevo periódico, el Daily Crecent de Nueva Orleans, en el que permaneció unos meses.


Con su publicación de Hojas de hierba y los textos que le fue añadiendo, Whitman se erige en un escritor en la transición entre el trascendentalismo y el realismo filosófico, siendo llamado el «padre del verso libre». Su producción muestra una conciencia individual potente, una persona en su plenitud y vitalidad interior, lejos de la narración y los recursos literarios innecesarios y que muestra sus textos al lector, como escribe en Cantos de despedida

«Camarada, esto no es un libro:
quien lo toca, toca a un hombre»

El séptimo de los poemas se inicia con una nueva pregunta, ¿Qué ves, Walt Whitman?, entre cuyos versos de respuesta aparecen visiones de todo el planeta, en las que alternan algunas negativas como campos de batalla, enterramientos de guerreros o árboles arrancados con otras que nos acercan al esa diversidad que puebla nuestro planeta y a la que nos sentimos invitados a unirnos por el poeta.


Es la acción de los seres humanos la que rompe este equilibrio que encontramos en la naturaleza y en los esfuerzos que tantas personas han realizado y realizan para continuar manteniéndolo mientras desarrollan su existencia.
Nos acompaña ahora la obra en la que Haydn se inspiró para La Creación, el oratorio más conocido de Georg Friedrich Händel, El Mesías.
Catalogado como HWV 56, Messiah se basa en distintos textos de inspiración bíblica reunidos y adaptados por Charles Jennens y que se estrenó en Dublín el 13 de abril de 1742 y en Londres el año siguiente, en ambos lugares con un tibio recibimiento. En pocos años comenzó a ganar popularidad, convirtiéndose en una de las obras más interpretadas y reconocidas de todo el repertorio musical, especialmente su número más famoso, el Hallelujah! 
Acercándonos al comienzo del poema anterior, nos acompaña el aria para bajo Why do the nations...? (¿Por qué las naciones...?) que nos acerca a esos tiempos en que las ambiciones, el miedo a las amenazas o la imposición frente al razonamiento rompen ese equilibrio que nos permite avanzar en el respeto, la concordia y el acuerdo.  


El barítono Teddy Tahu Rhodes interpreta, furioso y enérgico Why do the Nations perteneciente a la segunda de las tres partes en que se divide El Mesías de Händel con la Orchestra of the Antipodes (un nombre interesante y sugerente para esta publicación dedicada a Walt Whitman) bajo la dirección de Antony Walker.  


Segundo de los ocho hijos de Louisa van Velsor de origen holandés y Walter Whitman, de quien tomó el nombre, su padre era una persona de escasa formación, pero de un acendrado americanismo, hasta el punto de que llamó a tres de sus hijos con los nombres de George Washington, Thomas Jefferson y Andrew Jackson. Con el tiempo, su padre tuvo problemas con la bebida, igual que su hermano Andrew que falleció joven, mientras Jesse sufría violentos desequilibrios mentales, Edward padecía un retraso intelectual que le tuvo incapacitado para cuidarse y su hermana Hannah, con brotes psicóticos, se vio maltratada por su esposo.
En este ambiente se formó y desarrolló la personalidad de Whitman, buscándose la vida por sí mismo en la variedad de trabajos que acometió. Antes de Hojas de hierba publicó en 1842 la novela Franklin Evans, el borracho, una obra contra la plaga del alcoholismo que asolaba al país y a su propia familia, que alcanzó tan poco éxito que decidió buscar otros caminos.  
Inmerso en una difícil situación económica, entre 1849 y 1855 Whitman se vio obligado a abrir un colmado que convirtió en librería e imprenta, mientas trabajaba, con escaso éxito, en la construcción y continuaba su colaboración con distintos periódicos como el Evening Post. Con el poco dinero ahorrado autopublicó en 1855 la primera edición de Leaves of grass que él mismo diseñó y compuso los tipos de imprenta, mostrando poca pericia, ya que abundan las erratas. Esta primera edición constaba de 95 página con doce poemas sin títulos y un prólogo -que no aparecería en las sucesivas reediciones-, y cuya autoría no aparecía en la cubierta, sino en la página de créditos, con un grabado en el que el autor, Walter Whitman, se mostraba con desaliño proletario y una media sonrisa. Apenas se vendieron algunos de los 795 ejemplares, mientras que algunos se enviaron a distintos autores y el propio Whitman realizó reseñas sobre el libro en algunos de los periódicos con los que colaboraba.

Tras la pregunta que abre el séptimo de los poemas de Salut au monde, el siguiente continúa con la respuesta a la pregunta ¿Qué ves, Walt Whitman?, continúa el autor con una enumeración en la que se cruzan animales, personas, profesiones y elementos de la naturaleza que observa, finalizando con las afirmaciones que muestran su sintonía y sentimientos a lo universal con los versos que se inician con la expresión «soy de...».


Tras la furiosa diatriba de la música de Händel en su Messiah del aria Why do the nations, nos acercamos a la única ópera de Beethoven, Fidelio.
Estrenada en 1805 en el Theater an der Wien de la capital austriaca, Fideio oder die eheliche Liebe (Fidelio o el amor conyugal, Op. 72) con un libreto de Joseph F. Sonnleithner de la que se trató en este blog en La libertad, Beethoven y Fidelio, la ópera narra cómo Leonora, disfrazada como el guardia de la prisión Fidelio rescata a su esposo Florestán de la condena a la que está sometido por cuestiones políticas.
De esta obra, los aires libres y universales de Whitman nos acercan al coro de prisioneros que forman la escena novena del Acto I de Fidelio, el momento en que los prisioneros salen unos momentos de sus celdas y mezclan las sensaciones que sienten al respirar el aire libre con la libertad, unas sensaciones que desaparecen cuando deben regresar de nuevo a su lugar de confinamiento.


Este coro de prisioneros O welche Lust está interpretado por el Coro y Orquesta de la Wiener Staatsoper dirigido en 1978 por Leonard Bernstein en una grabación para la Deutsche Grammophon.


El escaso éxito de Hojas de Hierba hizo que Whitman se animara a realizar una reedición un año más tarde. Con un tirada de 1.000 ejemplares el formato consistía ahora en un libro de bolsillo que constaba de 384 páginas y 32 poemas que ya tenían título, donde el autor ya aparecía con el nombre de Walt en lugar del Walter original, y un apéndice que incluía una carta de respuesta del escritor Ralph Waldo Emerson, el único que había alabado su obra. El éxito fue más corto que en la primera edición, vendiéndose aún menos ejemplares.
Desde el primer momento, Hojas de hierba supuso un deseo de tender la mano hacia el ciudadano común, creando un épica americana que el autor revisó y aumentó a lo largo de su vida, hasta alcanzar la edición definitiva en 1892, en la que Salut au monde se incluyó en la edición de David McKay, Publisher, Philadelphia.


Esa universalidad, el cosmopolitismo que abraza todas las diferencias, peculiaridades y singularidades se hace más presente en el poema número once de Salut au monde, que comienza, no con una pregunta, sino con la exclamación ¡Tú, quienquiera que seas! Aquí, Whitman se dirige y se funde con toda la diversidad en una nueva enumeración que todo lo alcanza, pasando del tú particular al más universal vosotros, para concluir con un íntimo y personal cada uno.


Este sentimiento universal, acogedor, que abraza a todos que nos transmite Walt Whitman lo encontramos también en la última ópera de Mozart.
Estrenada pocos meses antes de su fallecimiento, Die Zaubertlüte (La flauta mágica, Kv 620), es una simbiosis entre cuento oriental y simbología y música masónica. 
El coro final del primer acto de La flauta mágica nos acerca a ese sentimiento cosmológico que abraza Whitman en su poesía.


La interpretación del enlace que nos acompaña corresponde a una grabación de 2019 del RIAS Kammerchor dirigido por Justin Doyle y la Chamber Orchestra of Europe comandados ambos por Yannick Nézet-Séguin para la Deutsche Grammophon GmbH


Walt Whitman creó con Hojas de hierba y los poemas que le fue añadiendo la gran epopeya americana, una obra que muestra su voz vigorosa a la vez que sutil, simultánea al nacimiento y desarrollo de los Estados Unidos como nación.
Pese a que fue controvertido en su tiempo al ser considerado obsceno por sus referencias a una abierta sexualidad, sus poemas recogen la enorme diversidad de su país, sus extensos e inabarcables paisajes, la vasta y heterogénea población que lo conforma, el carácter indómito y natural de sus habitantes. Es parte de la formación de un nuevo lenguaje y una mirada que rompe con los cánones europeos y proclama la creación de un mundo nuevo en el Nuevo Mundo, en el que todos están llamados a ser libres e iguales.
Además, los poemas de Whitman son el retrato y la esencia de su persona que expresa sus pasiones, anhelos y sueños en cada página de su obra: el amor por la naturaleza, el erotismo, la tumultuosa vida en las ciudades, el ímpetu y la musicalidad de su voz hacen que su obra formen parte indispensable de la literatura americana y universal. 
Tras un derrame cerebral, Whitman se trasladó a Camden, New Jersey, falleciendo en 1892 a los setenta y dos años de edad, el mismo año que salió a la imprenta la edición definitiva de su obra.


El último de los doce poemas -el nº 9 no existe- sirve a Walt Whitman para hacernos una suerte de recapitulación de todo lo que ha tratado en Salut au monde, desde el inicial ¡Oh, cógeme la mano Walt Whitman! pasando por las preguntas ¿Qué ves? y ¿Qué oyes? y las respuestas que las acompañan en las que su espiritu, y el nuestro, se funden en el todo que conforma nuestro vasto, complejo y enorme planeta.


No podemos dejar esta publicación sobre Salut au monde y la poesía y el pensamiento de Whitman dejando dos obras que no finalizan apuntando en la misma dirección que el poeta americano. Si Händel nos dejaba el amargo y siempre actual enfado por las luchas en Why do the nations y Beethoven hacía regresar a los prisioneros a sus celdas, volvemos a Fidelio con un nuevo coro que nos acerque a las ideas y sentimientos que nos transmite Walt Whitman.

Las escena 7ª del Acto II de Fidelio, poco antes del final de la ópera nos presenta al pueblo congregado en la plaza que asiste al comienzo del desenlace en que la libertad, la justicia y la gracia superan la opresión y la oscuridad.


La interpretación  corresponde a una grabación del Coro y la Orquesta Sinfónica del Bayerischen Rundfunks dirigidos por Sir Colin Davis de 196 para Sony Classical.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Sueños que nos hacen crecer

 «Nunca sueño cuando duermo, sino cuando estoy despierto»
Joan Miró

Nuestro idioma posee un vocabulario extenso, con una gran riqueza de palabras, acepciones y expresiones que nos ayudan a definir, modelar y comunicar nuestro pensamiento. Un vocabulario más rico y preciso es signo de un pensamiento en el que se aprecian esas características.
Si buscamos en el Diccionario de la Real Academia Española el término sueño podemos encontrar, entre otras, las siguientes acepciones:
1. Acto de dormir. 2. Gana de dormir. 3. Acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes. 4. Sucesos o imágenes que se representan en la fantasía de alguien mientras duerme. Estos significados para la palabra sueño nos acercan a una de las actividades que compartimos entre el descanso y la imaginación, entre el reposo y el subconsciente y del que tanto se ha escrito y tratado en distintas disciplinas y corrientes como el psicoanálisis.
Además de un baile del siglo XVIII calificado como licencioso, el Diccionario de la R.A.E. define, entre otras, la palabra sueño como «cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse».
Mas, si nos centramos en el verbo soñar, el diccionario nos lo define en términos similares y diversos a los anteriores. 1. Representarse en la fantasía imágenes o sucesos mientras se duerme. 2. Discurrir fantásticamente y dar por cierto lo que no lo es. Aunque la acepción en la que nos basamos en esta publicación es la que se recoge en el cuarto lugar: «Anhelar persistentemente algo».
Así, dejamos de lado esos sueños que nos acompañan ocasionalmente mientras dormimos, ya sean en forma agradable o como pesadillas, de manera ocasional o recurrente; y obviamos ese quijotesco discurrir para dar por cierta nuestra fantasía lo que no es y que camina con todos nosotros, sea cual sea nuestra condición. 
Nuestra mente ha sido siempre una gran desconocida, puesto que, aunque sabemos muchas de sus funciones, vamos conociendo cómo sinaptan unas células con otras, también es cierto que aún desconocemos muchas de sus capacidades, pese a los últimos avances en neurociencia. Leer el blog Sinaptando que escribe Estrella Pisa es una de recomendable actividad que ayuda a conocer, oxigenar y crecer en el conocimiento de nuestro pensamiento.
Te propongo un paseo por esos sueños que nos ayudan a anhelar algo de forma persistente y trazar límites que van más allá de lo estrictamente razonable para conseguir nuestras metas. Nos acompañan obras de Mozart, la Premio Nobel de Literatura Wislawa Szymborska y un cuento anónimo oriental. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


En innumerables ocasiones hemos puesto nuestros anhelos y deseos en la persona con la que compartir nuestra vida. Han sido sueños que, en la parte teórica, han trazado un futuro de vida común y un camino compartido, aunque a lo largo de la historia en la mayoría de ocasiones no ha sido el amor la fuerza que ha dirigido esos proyectos, sino los intereses económicos, familiares, la necesidad o cualquier otra razón más o menos confesable.
Con más frecuencia de la deseada esos sueños han quedado rotos, quedando la relación destruida o, en el peor de los casos, continuando con la certeza de que es una relación muerta.

Joan Miró, Ceci est le couleur de mes rêves (Este es el color de mis sueños), 1925. Museo Metropolitano, Nueva York

En Las bodas de Fígaro Mozart nos muestra en una de sus arias más sentidas, Dove sono i bei momento (Dónde están esos bellos momentos) la desilusión en que la Condesa está sumida por las relaciones con su esposo, el Conde de Almaviva. Comparando la idílica relación entre ambos en la primera ópera de la serie basada en las obras teatrales de Beaumarchais, El barbero de Sevilla, con Mozart nos encontramos la relación entre ambos personajes en un delicado momento por la lujuriosa vida del Conde, sus infundados celos, que vienen a ser un reflejo de su comportamiento, y la intervención que Figaro organiza con la complicidad de todos para llevar las aguas a su cauce.
La soprano Dorothea Röschmann nos acompaña interpretando este aria del Acto III de Las bodas de Fígaro de Mozart correspondiente a una representación llevada a cabo en el Festival de Salzburgo de 2006.


En ocasiones es complejo encontrar el origen de algunos relatos que se sumergen en las profundidades de los tiempos. Algunos cuentos populares tienen su origen, como su propio nombre indica, en la tradición de los pueblos que los han ido creando, modificando y adaptando a las necesidades de esta tradición, en ocasiones como forma de servir de advertencia ante peligros y dificultades, en otras como forma de transmitir las normas, cuidados y reglas propias de la sociedad y, también, como ejemplificaciones de tipo moral, reflexiones, consejos prácticos y razonables ante situaciones vitales. 
Este es el caso del cuento que nos acompaña, en el que se cruza la línea de los sueños con el de los deseos, el día con la noche y surge la inevitable moraleja. Se trata de uno de esos cuentos de origen chino que tanto abundan en la literatura oriental, con escenas que los grandes maestros utilizaban para desplegar y transmitir su ideas y que, con el paso del tiempo, fueron llegando a conformar también nuestra literatura europea.
Sueños es un anónimo cuento chino -qué desprestigiada esta denominación- donde el paralelismo entre los personajes, el día y la noche o las situaciones sociales de los protagonistas abocan a la moraleja.


Compuesto también como un cuento protagonizado por un príncipe oriental, con pocas indicaciones más, Mozart nos dejó su última ópera La flauta mágica, con libreto de Emanuel Schikaneder, como una mezcla singular entre ese cuento oriental y la masonería a la que pertenecía, los grandes ideales y la satisfacción de las necesidades básicas, un Tamino que aspira a las más altas metas y a su amada Pamina a la que sólo conoce por un retrato frente a un Papageno extraído de las capas más populares cuya aspiración es tener saciada su hambre y sed junto a una amada Papagena que colme su vida, con un emblema de la virtud, el bien y la sabiduría como Sarastro, frente a la oscura Reina de la Noche. Una mezcla explosiva que llevó la última gran obra de Mozart, anterior a su Réquiem inconcluso, al éxito en una Viena que casi lo había comenzado a olvidar.

Henri Rousseau, Le rêve, 1910. Museum of Modern Art (MoMA), New York

Si a esta extraña y exitosa combinación se le añaden algunos elementos, se pueden alcanzar resultados en los que convergen distintos sueños, homenajes y evocaciones. En los últimos años se han representado en algunos teatros de ópera una versión de La flauta mágica que aúna, en una arriesgada producción el trabajo mozartiano con el homenaje al cine mudo de comienzos del XX y dos personajes singulares: Buster Keaton, el inolvidable Maquinista de la General, la elegante Betty Boop y el antecedente de uno de los mitos más cinematográficos, Nosferatu, el Vampiro. El primero está homenajeado en el personaje de Papageno, la segunda en Pamina, mientras el tercero lo hace en el del malvado acólito Monostatos, con toda la producción en la estética de las películas del cine de sus primeros años.
Así, en la escena en que Papageno y Pamina se salvan de ser apresados por los sicarios de Monostatos gracias al carrillón mágico que han regalado al pajarero, se une el anhelo de escapar del peligro con una ensoñación de cine cómico en que los intérpretes han de estar en un escenario sobre el que se proyectan las imágenes y cantar e interpretar en directo con esa condición. Tras las notas procedentes del carrillón, los acólitos y el propio Monostatos se transforman y bailan olvidando sus intenciones. Todo un sueño dentro de un sueño.
El trío Schnelle Füsse, rascher Mut (Pies rápidos y coraje) pertenece a una de las representaciones realizadas en 2016 por el Teatro Real de Madrid con una idea original de Suzanne Andrade, Paul Barritt y Barrie Kosky con Joan Martín Royo como Papageno-Keaton, Sylvia Schwartz como Pamina-Betty Boop y Mikeldi Atxalandabaso como Monostatos-Nosferatu


Soñar con lo imposible, con aquello que no se vislumbra con la razón es una de las formas de hacer que nuestra mente se fije en lo inalcanzable para llegar a lo que se puede conseguir, mirar a lo imposible para conseguir lo complicado, aspirar a lo utópico para alcanzar lo real. 
En este ámbito se desenvuelve Wislawa Szymborska, la Premio Nobel de Literatura polaca, una escritora que se mueve entre una mirada asombrada a lo cotidiano y unas indagaciones que se acercan a lo filosófico, sin llegar a tomarse del todo en serio con sus escritos y que la hemos traído en varias ocasiones a este blog.


Su poema Alabanza de los sueños pertenece a Acaso, un libro publicado en 1972 y se encuentra recogido en su antología Paisaje con grano de arena. Las limitaciones que tenemos y las que acogemos, lo trascendental y lo anecdótico, lo extravagante y lo superfluo se dan cita, amalgamado como los sueños, en este poema con el que nos despedimos de los sueños. 


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Bibliografía y webgrafía consultadas: