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Mostrando entradas con la etiqueta Il Trovatore. Mostrar todas las entradas
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La Ópera en el Cine

Desde 2019, cada 25 de octubre se celebra el #DiaMundialDeLaOpera o #WorldOperaDay de cuyo origen tratamos en Feliz Día Mundial de la Ópera.  
Muchas son las interacciones y relaciones que existen entre las óperas y otras artes, algunas de las cuales hemos tratado en este blog. En esta ocasión, y para celebrar el Dia Mundial de la Ópera nos acercaremos a presenciar algunos de los casos en que la ópera converge con el cine
Aunque en los primeros años de vida del cine ya se vio el juego que se podía sacar a la ópera en la gran pantalla, incluso antes de que el cine se hiciera sonoro, la relación y los trasvases han transitado en ambas direcciones, desde algunas óperas que se han grabado para la pantalla en el formato cinematográfico, hasta películas que muestran en algunas de sus momentos escenas o piezas sacadas de diversas óperas.
Te propongo celebrar el #DiaMundialDeLaOpera con algunas escenas de películas de cine que utilizan con distintas intenciones músicas de ópera. Nos acompañan Pretty Woman, Philadelphia, Una noche en la Opera y Una habitación con vistas. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


La ópera más representada a lo largo de toda la historia es La traviata de Giuseppe Verdi, una preferencia del público que se mantiene en las dos últimas décadas, en la que aparece cada año como la más representada en todo el mundo.
Basada en La dama de las camelias de Alejandro Dumas, fue estrenada en 1853 en el Teatro La Fenice de Venecia con poco éxito en sus primeras representaciones hasta que logró el favor del público.
Números como el famoso brindis Libiam nè lieti calici o el dúo Un dì, felice eterea, ambos del primer acto; los dramáticos dúos entre Violeta y Alfredo (Amami, Alfredo) y antes con el padre de éste, Germont (Pura siccome un angelo) en el segundo, o el aria Addio, del passato bei sogni ridenti (Adiós, bellos recuerdos del pasado), un desesperado y desgarrador testamento vital, antes de unirse los amantes a la engañosa ensoñación Parigi, o caro/a, noi lasceremo (Abandonaremos París, querido/a).
Nos acompaña la escena del segundo acto en que Violeta, convencida por Giorgio Germont, decide abandonar a Alfredo. Giorgio ha ido a hablar con ella para exigirle que abandone a su hijo, ya que la relación que mantienen es un lastre para su familia, pues la sociedad no admitiría a una mujer como ella entre sus miembros.


Violeta comienza a escribir una carta de despedida, mientras el clarinete describe el dolor que la embarga. Alfredo la sorprende escribiendo, mientras las cuerdas ven creando el clima de tensión que les envuelve. Alfredo no sabe de la conversación entre Violeta y su padre y ella se ve en la obligación de fingir que sus lágrimas muestran su felicidad. Un desgarrador Amami, Alfredo muestra la tensión, mientras la música describe la huida de Violeta, que se aleja física y anímicamente de su amante.
El enlace, con subtítulos en italiano y castellano está interpretado por la soprano Stefania Bondadelli y el tenor Scott Piper.


Seguro que casi todos los que leéis estas líneas os traerá a la memoria la escena de Pretty Woman (dirigida por Garry Marshall, 1990)en que Richard Gere lleva a una representación de La Traviata a una Julia Roberts que jamás ha asistido ni ha pasado por su cabeza asistir a ninguna ópera.


Las frases con que el protagonista explica en off la sensación que se tiene al asistir por primera vez a una ópera son muy certeras y generalizables, igual que las que ella pronuncia al terminar la función. Puede que no las utilicemos con esos términos, pero la sensación sí la tenemos.


Quizás la ópera más conocida de Umberto Giordano sea Andrea Chénier, una obra basada en un personaje real, el poeta que da título a la obra y que fue uno de los primeros seguidores de la revolución hasta que sufrió la persecución por parte de Robespierre y sus seguidores, siendo arrestado y condenado a muerte por el Tribunal Revolucionario de París.
A partir de estos datos históricos, Giordano crea una ópera verista que se estrenó en el Teatro Alla Scala de Milán en 1896. 
Ante la negativa de Chénier de entregar su arte a los aristócratas, Madeleine de Coigny, hija de condes, siente la admiración por el poeta que se va transformando en un amor entre dos mundos que se oponen de forma contundente e irremediablemente frontal. 
En el Acto III, uno de los intrigantes se acerca a Gerard, antiguo sirviente de los Coigny para decirle que Chénier está detenido y que lo empleará como cebo para que Madeleine llegue hasta él. Gerard duda, aunque se reafirma en sus postulados revolucionarios, aunque constatando para sí que sus celos y pasiones han sustituido los ideales que tenía en un primer momento, firmando el acta de acusación sobre el poeta. Al entrar en escena Madeleine, Gerard le cuenta cómo estaba enamorado de ella desde que era pequeña en una escena que va transformándose hasta que ella se ofrece a entregarse a él para salvar al poeta de la muerte.
El júbilo de Gerard queda reducido a la nada cuando ella entona La mamma morta, un aria desgarrada con una primera parte en que narra la muerte de su madre cuando incendiaron su casa y su soledad desde entonces, y una segunda parte, conmovedora que alcanza su clímax con Ah, io son l'amore, io son l'amore!, uno de los finales de arias más grandes y dramáticos del repertorio. Este final hace cambiar la actitud del antiguo sirviente que siente la injusticia que ha cometido y piensa en liberar a Chénier, ya que no puede librarlo de las redes del tribunal.


El enlace que nos acompaña muestra la intensa fuerza de este aria en una de las voces más grandes y personales de la historia de la ópera, María CallasLa Divina. En la grabación de audio con subtítulos en castellano está acompañada por la Orchestra Sinfonica Nazionales della RAI di Roma con la dirección de Tullio Serafin y pertenece al disco Maria Callas. Liebeslieder (Canciones de amor).


En ocasiones el cine utiliza la música de ópera para transmitirnos la misma sensación que se muestra en la obra original, introduciéndonos en la piel del personaje, su dolor, sus sentimientos. 
En Philadelphia (Jonathan Demme, 1993), Andrew Beckett, interpretado por Tom Hanks es despedido del bufete en que trabaja cuando se enteran que ha contraído el sida. Aunque ningún abogado quiere hacerse cargo de su demanda laboral, logra que Joe Miller (Denzel Washington) acepte su caso.
En la escena que nos acompaña, Hanks describe a Washington los sentimientos que le transmite el personaje de Madeleine mientras escucha el aria La mamma morta, llegando a una identificación total con el personaje. La interpretación del aria es la misma que acabamos de escuchar


Junto con La Traviata, las óperas Il trovatore (El trovador) y Rigoletto forman la Trilogia Popolare que Giuseppe Verdi estrenó entre 1851 y 1853 y que significó el alcance de la madurez creadora y su consagración definitiva. 
Il trovatore, que se estrenó en enero de 1851 dos meses antes de La traviata, se basa en la obra de teatro homónima del gaditano Antonio García Gutiérrez y es un drama que se sitúa entre Vizcaya y Aragón en el comienzo del siglo XV. 
Con libreto de Salvatore Cammarano, Il trovatore es una obra oscura que indaga en la idea de que el odio que engendra odio y absorbe y elimina cuanto se le oponga. Una gitana es acusada de embrujar al hijo del Conde de Luna, siendo quemada pese a su inocencia. En su suplicio pide a su hija Azucena que la vengue, aunque esta se altera al llevarla a cabo: rapta al hijo del Conde, pero lanza en su confusión a su propio hijo a las llamas. Al superviviente lo cría como a su hijo. En las luchas del poder, las tierras y sus habitantes están divididos entre seguir el Conde o al Duque. Manrico, al que ha criado Azucena entre gitanos, quienes luchan junto al Duque contra el Conde que defiende os intereses del rey. El amor por Leonora enfrenta a Manrico y al Conde que se entrega al primero. El Conde encarcela y hace ejecutar a su rival, desconociendo que es su propio hermano.


El Acto II se inicia en el campamento de los gitanos donde se canta uno de los coros más famosos de Verdi -evidentemente, tras el Va pensiero del Nabuco- el coro de gitanos Vedi le fosche notturne! (Ved el cielo infinito lanza su oscuridad). Tras el festivo coro con los yunques, la oscuridad envuelve a Azucena que ha criado a Manrico en la venganza a su madre. Una balada, Stride la vampa (Crepita la hoguera) se opone al coro alegre y festivo. En dos estrofas, Azucena evoca la pesadilla que la acompaña noche y día, mientras la música recrea el crepitar de las llamas envolviéndonos en su dolor. Al finalizar, como cerrando el círculo o el paréntesis que crea la gitana, vuelven las melodías del coro que se retira.
La mezzosoprano norteamericana Dolora Zajick interpreta la balada Stride la vampa en una producción de Il trovatore representada en el Meropolitan Opera House de Nueva York en 2011 con la dirección musical de Marco Armilliato.


¿Cómo llevar una obra tan trágica y una pieza tan oscura a la gran pantalla? Nos la podemos imaginar de distintas formas que realcen estos aspectos y los lleven a formar parte de dramas. O todo lo contrario.
En su inolvidable A night at the Opera (San Wood,1935), los Hermanos Marx destrozan despiadadamente Il trovatore, alrededor de una caótica representación en la parte final del film. Comentarios hechos al público que presencia la obra, carreras entre bastidores que acaban con persecuciones en el escenario, decorados de tela que suben y bajan y que acaban rasgados... Todo contribuye a la creación del caos que acompaña a Groucho, Chico y Harpo, unos artistas que apreciaban la música, como podemos recordar en las interpretaciones de Chico al piano y Harpo al instrumento que le da nombre artístico. 


Aquí tenemos el enlace que nos muestra este bendito despropósito de los Hermanos Marx en Una noche en la ópera, aunque nos quede claro si pertenece a la parte contratante de la primera parte o a parte contratante de la segunda parte.


Entre las óperas de Giacomo Puccini encontramos las últimas grandes obras del siglo XIX, pese a que se estrenaron en los primeros años del XX, pero marcaron el final de toda una época en la música italiana, antes de que llegaran a cambiarse los paradigmas musicales con autores como Stravinsky, Richard Strauss o Schönberg, por citar algunos compositores.
Madama Butterfly, La Bohéme o Tosca forman parte del repertorio actual y continúan llevándose a los escenarios cada temporada. Pero Puccini quiso añadir a su producción un grupo de obras cortas de un solo acto que se representaran juntas a las que denominó Il trittico y que Elvira Uttini recoge magistralmente en su apasionado blog en un La unidad en lo diverso: Il Trittico. De estas óperas, Il tabarro (El tabardo), Suor Angelica y Gianni Schicchi, inspiradas en cierta manera en la Divina Comedia de Dante, es la última la que ha tenido más recorrido.
Basada en un pasaje de la obra de el infierno de Dante que fue comentado de forma anónima en pleno siglo XIX, Puccini recrea en su obra la forma en que el pícaro Schicchi logra engañar y privar de su herencia a una rica familia, narrada de una forma amena y divertida.
La parte más conocida de esta ópera es una de esas arias que trascienden la obra a la que pertenecen y toman vida propia: O mio babbino caro (Oh, mi querido papaíto), una pieza en la que Lauretta intenta camelar a su padre, el propio Gianni Schicchi, para que, entre guiños, arrumacos y fingidas amenazas le deje casarse con su prometido.
La interpretación de este aria, también con subtítulos en castellano, está interpretada por la soprano británica Sally Mathews dirigiéndose a Alessandro Corbelli en el papel protagonista y la London Philharmonic Orchestra dirigida por Vladimir Jurowski en una grabación de 2005 de Puccini: Gianni Schicchi.


Si hemos apreciado tres formas diferentes de introducir la ópera en el cine, la primera mostrando el un contraste entre aficionados y entendidos y profanos; la segunda desde la total identificación de los sentimientos entre personaje y espectador, y la tercera con el más feroz de los destrozos, finalizamos esta publicación sobre la ópera en el cine con una suerte de postal.
En A Room with a view (Una habitación con vistas, James Ivory, 1985), basada en la novela homónima de E. M. Forster, el director norteamericano utiliza O mio babbino caro para acompañar unas imágenes que se mueven como una mezcla entre vistas de Florencia y una especie de flashback que recorre la relación entre los protagonistas. Otra forma de llevar la ópera al cine.
La voz de la grabación pertenece a la soprano neozelandesa retirada Kiri Te Kanawa, una de las grandes voces de las pasadas décadas.

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Verdi, un trovador y tres árboles

¿Qué interés tiene una obra del período romántico en nuestras vidas? ¿Qué nos puede aportar? O, planteándolo de otra forma diferente, ¿por qué dedicar un tiempo a leer sobre una ópera estrenada hace mucho tiempo?
Dedicamos esta publicación a una de las óperas más conocidas y populares de Verdi, Il Trovatore, para  dar la posibilidad de acercar esta obra, dar a conocer su origen español, algunos detalles sobre la misma, las reacciones del público en su estreno y presentar algunos de su números más conocidos, muchos de los cuales hemos escuchado, aunque no sepamos que pertenecen a esta obra. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



La ópera Il trovatore surge de Verdi a partir del drama El trovador. Un español nacido en Chiclana (Cádiz), Antonio García Gutiérrez, propició que Giuseppe Verdi compusiera dos óperas a partir de obras suyas: la citada y Simón Boccanegra. De todas las obras teatrales que compuso, la primera de ellas fue la que utilizó Verdi para una de las óperas que el compositor italiano situó en España.
El Trovador es, según refleja Antonio García Gutiérrez en su comienzo, "un drama caballeresco en cinco jornadas en prosa y en verso" y se convirtió en la obra con la que se inició en nuestro país el drama romántico. Su estreno se produjo el 1 de mayo de 1836 en el Teatro del Príncipe de Madrid y, según algunas informaciones, fue el mayor éxito en la historia del teatro español, hasta tal punto que no se hablaba de otra cosa en la capital que de este drama caballeresco, no solo en lo teatral, sino también en lo literario, ya que la primera edición que se publicó se agotó en dos semanas. Parte del éxito de la obra se debe en cierto modo al momento social e histórico en que se estrena, sin llegar a ser tan excepcional la obra.
La primera jornada de este drama se titula El duelo y tiene un comienzo que el mismo Verdi casi parafraseó en su ópera.
En él se plantea un suceso acaecido años atrás y que va a desembocar en el drama que se desarrollará más adelante.



Casi dos décadas después del estreno de esta obra comenzó Verdi su trabajo para convertirla en ópera. En abril de 1851 le encargó a su libretista Salvatore Cammarano que comenzara a trabajar en la nueva obra. Verdi no encontraba de su gusto el trabajo de una forma conservadora de Cammarano cuando este falleció en julio de ese año dejando inconcluso el cuarto acto y parte del tercero. En esa situación se negó a modificar el trabajo de su colaborador: "No cambiaremos ni lo más mínimo de la obra de nuestro pobre amigo, cuya memoria quiero respetar más que ninguna otra cosa", escribió en una de sus cartas (1). De esta forma, encargó que terminase el libreto al poeta León Emanuele Bardare.
Tras un comienzo que recoge el texto de García Gutiérrez con una fidelidad teatral enorme, el Segundo Acto llamado La gitana comienza con uno de esos momentos que para muchos son conocidos y recordados de la ópera, el Coro de gitanos que, junto con el Va Pensiero de su Nabucco o el Brindis de La Traviata, pasa por ser de los más populares de la ópera mundial y de Verdi en particular.



Como reflejan los créditos, el enlace pertenece a una producción del Gran Teatre del Liceu de Barcelona con el coro y la orquesta titulares de la temporada 2016/2017 con la dirección escénica de Joan Anton Rechi y la musical a cargo de Daniele Callegari.


Crítico musical estadounidense, Alex Ross es colaborador de The New Yorker donde escribe desde hace más de dos décadas. Su primera incursión multitudinaria en el mundo editorial con El ruido eterno: escuchar al siglo XX a través de su música (The rest is noise: Listening to the Twentieth Century) lo lanzó a la popularidad. 
Su siguiente aparición fue con Escucha esto, una recopilación de artículos suyos aparecidos en The New Yorker en que se rebela ante la música clásica, no por su concepto ni su sonido, sino por el nombre, ya que engloba una idea que, en la primera imagen que nos aparece es la de una música compuesta hace tiempo, mucho tiempo, lo que supone que escucharla se convierta en una opción poco habitual, perdiéndose quien no lo hace una gran parte de la cultura.



En Escucha esto, Alex Ross habla de la fuerza, la importancia y el rebuscado argumento de Il Trovatore de Verdi en estos términos.



Inmediatamente después del Coro de Gitanos, comienza la primera intervención de la gitana Azucena, un personaje de vital importancia en la ópera. Se trata de la única vez en una obra de Verdi en que una madre desarrolla un papel relevante y quitando parte de importancia a la misma protagonista Leonora. El hecho de que Luigia, la madre del compositor, hubiera fallecido meses antes quizás tuviera que ver con este protagonismo y el ambiente fatalista y tenebroso de la ópera.
Escenografía y vestuario de Markus Lüpertz basada en la obra de Picasso. Ópera Alemana del Rin, Düsseldorf (1996)

Stride la vampa (FLamean las llamas) es una balada en dos estrofas, no un aria, con que Azucena describe la misma historia que se narra al comienzo de la obra, pero contada desde el punto de vista de la ajusticiada, ya que ella es la hija de la gitana que quemaron en la hoguera. Los breves y abruptos motivos del canto y el flamígero y sugerente acompañamiento orquestal provocan una imagen horrible. El contraste dramático entre la escena del coro de gitanos y la historia de Azucena marca el tono tenebroso y oscuro de la ópera.



La escena en que Azucena canta el aria Stride la vampa pertenece a una producción del Metropolitan Opera House de New York de la temporada 2017/2018 y está interpretada por Anita Rachvelishvili bajo la dirección de Marco Armiliato.


Posiblemente la biografía más interesante aparecida en los últimos años sobre Verdi sea la escrita por Ángeles Caso con el título de Giuseppe Verdi. La intensa vida de un genio.
En ella, la escritora asturiana realiza una profunda y amena revisión de la vida del compositor de Busseto con una concienzuda investigación sobre su vida y su obra. 
Il trovatore está compuesta en un momento de vital importancia en la vida de Verdi. En 1851 estrenó Rigoletto, mientras que dos años después subieron a la escena por primera vez la obra a la que dedicamos esta entrada y La traviata. Este Trilogía de Verdi como se la suele llamar representa la consolidación del compositor en Italia y el fin de lo que él mismo llamó sus "años de galera", ese periodo de tiempo en que se veía forzado a componer sin descanso y con pocas posibilidades de elegir obras o de rechazar encargos. 
Desde ese momento, Verdi puede elegir qué componer y ser él mismo quien marque los tiempos de composición y los lugares donde desea estrenar sus obras. Si en ese año hubiera decidido dejar la composición con apenas cuarenta años ya pasaría a la historia de la ópera, de la misma manera que Rossini se había retirado con apenas treinta y siete.


Este Miserere que de tal forma impresionaba a Berlioz se desarrolla en el Acto Cuarto titulado El suplicio. Después de cantar el aria D'amor sull'ali rosee (Sobre las alas rosadas del amor) comienza a oírse en la lejanía un Miserere cantado por los monjes sobre el que se superpone la voz de Manrico preso a la espera de su ejecución en la torre de la Aljafería, mientras Leonora, en escena, expresa su sufrimiento. La mezcla de las voces es una maravillosa creación de Verdi que ofrece un clímax extraordinario antes del trágico desenlace. Es una escena en que Azucena se mueve entre la vigilia y el sueño, los recuerdos del horror y la realidad que se acerca con la suerte de Manrico.


El estreno de estas tres obras dejó una sensación de triunfo que le acompañó por mucho tiempo y que aún tiene una presencia física en su finca de Sant' Agata, donde residió todo el tiempo que sus compromisos se lo permitieron. 

Boceto escenográfico de L. Zuckermandel-Basserrmann para el Teatro Municipal de Münster (1936)
Allí puso en marcha un jardín y un parque en los que hizo plantar diversas flores y árboles. Según una de sus costumbres, algunos éxitos de sus óperas fueron celebrados con la siembra de algunos árboles. Aún hoy es posible recordar en esta finca tres árboles que representan los éxitos de esta Trilogía de Verdi: El plátano de Rigoletto, el roble de Il Trovatore y el sauce llorón con que celebró La Traviata.
El éxito de Il Trovatore es inimaginable en el mundo de la ópera actual, pero comparable con los grandes acontecimientos musicales o deportivos de nuestros días. 
Volviendo a la biografía de Ángeles Caso, podemos hacernos una idea de cómo se desarrollaron los acontecimientos.


La música de Il Trovatore está cargada de melodías que se pusieron de moda con una fuerza irresistible que han superado el paso del tiempo pese a lo intrincado de la trama.
Pese a que Verdi escribió a Cammarano mostrándole su deseo de acercarse a una obra que ya buscaba el "drama continuo" como recoge Ángeles Caso en su obra: "En cuanto a la distribución de los números, le diré que a mí, cuando se me ofrece poesía que se pueda poner en música, todas las formas, todas las distribuciones me parecen buenas, y si son nuevas y raras me gustan todavía más. Si en las óperas no hubiese ni cavatinas, ni dúos, ni tríos, ni coros, ni finales, etc., etc., y la obra entera fuese (me atrevo a decir) un solo número, lo encontraría más razonable y justo."
Como comentábamos más arriba, la forma clásica de componer del libretista y su repentino fallecimiento, hicieron que Verdi utilizara esta forma clásica de plantear la obra pese a sus gustos diferentes. Este estilo nos ha proporcionado el placer de disfrutar uno de los números más espectaculares de la historia de la ópera en la voz de Manrico.
El tercer acto, titulado El hijo de la gitana concluye con una de las piezas más impresionantes de las óperas verdianas. Enrico canta Di quella pira (De esa pira), una cabaletta que se suele finalizar con un Do4 (do sobreagudo), el famoso Do de pecho, aunque en la partitura original no está escrita tal nota.
El enlace nos muestra una inolvidable interpretación de Luciano Pavarotti en el Metropolitan Opera House de Nueva York de 1988 donde podemos disfrutar del timbre único e inconfundible, la facilidad para emitir la voz y el potente e impresionante do de pecho final.



Momentos como el inicio del acto tercero con el Coro de soldados Or co' dadi, la cabaletta de Leonor Tu vedrai che amore in terra del acto cuarto o alguna de sus arias, dúos y tríos hacen de este Il Trovatore una ópera interesante y que aún tiene cabida en el repertorio de los grandes teatros de ópera.

Si tienes ocasión y tiempo y deseas adentrarte en esta ópera, te enlazo con un vídeo de Il Trovatore completo con subtítulos en castellano en una producción de 2017 del Teatro Regional de Maule en Talca (Chile), un montaje que fue premiado como la mejor Producción escénica de ópera de ese año por el Círculo de críticos de artes de Chile. Los papeles principales fueron cantados por el tenor Giancarlo Monsalve como Manrico, la soprano Paulina González como Leonora, la mezzosoprano Evelyn Ramírez como Azucena y el barítono Omar Carrión como el Conde de Luna. Francisco Rettig dirigía la representación con la Orquesta Clásica del Maule.


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Bibliografía consultada:
  • (1) Caso, Ángeles. Giuseppe Verdi. La intensa vida de un genio (2001). Temas de Hoy, S. A.
  • Ross, Alex. Escucha esto (2012) Ed. Seix Barral, S. A. Biblioteca Los tres mundos.
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)

Cómo ser feliz con las pequeñas cosas

Vivimos en un mundo que exige lo mejor de nosotros, nuestro esfuerzo, tiempo y dedicación incondicional. En todos los ámbitos de nuestra vida, desde el laboral al familiar, pasando por los momentos que dedicamos a nuestras aficiones, los que empleamos en ayudar a quienes vemos que nos necesitan e incluso las relaciones sociales. Las responsabilidades que cargamos pueden llevarnos a momentos agobiantes donde el stress, la falta material de tiempo o nuestras propias limitaciones nos lleven a momentos complicados de superar.
Una de las formas a las que siempre podemos recurrir para sobrellevar estos momentos y situaciones es la de centrarnos en buscar encontrarnos con nosotros mismos, nuestro yo más íntimo en busca de la interioridad que nos lleve a nuestro equilibrio interno.
Fijarnos en pequeñas cosas, mínimas satisfacciones, cada uno la que mejor encaje en nuestra forma de ser, que nos ayuden a encontrar la armonía entre nosotros y lo que nos rodea.




Muchos ejemplos hay en las manifestaciones artísticas que se dirigen en este sentido, desde el Carpe Diem de Horacio a las Satisfacciones de Bertolt Brecht
Como en todas las entradas de este blog un texto literario y una pieza musical desarrollan esta idea.
El texto pertenece a uno de los autores más renombrados de nuestro Siglo de Oro. No es la primera vez que aparece un poema de Góngora, de quien ya se publicó en Memorias de un Cíclope.
El escritor cordobés Luís de Góngora y Argote llevó, junto con Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Quevedo a la literatura en lengua española a sus más brillantes momentos. De él traemos su poema Ándeme yo caliente que, aunque presenta algunos términos poco utilizado en nuestros días, tiene aún vigencia.


Giuseppe Verdi es el compositor más representado en la actualidad. La popularidad de su ópera La Traviata la ha llevado a ser la que más se ha llevado a la escena en los años que llevamos de siglo. Su llamada Trilogía popular está formada por Rigoletto, Il Trovatore y la citada La Traviata, un grupo de obras que compuso en poco más de dos años y lo llevó encumbró entre los compositores de su época.



Ambientada en España y con un libreto comenzado por Salvatore Cammanaro basado en la obra de teatro del gaditano Antonio García Gutiérrez, Il Trovatore posee uno de esos momentos que han pasado a trascender de la obra a la que pertenece. El Coro de gitanos es una pieza reconocida por todos, incluso los no iniciados en el mundo operístico. 



Transmite una alegría de vivir, un desenfado y una fresca mirada a los pequeños detalles que hacen que merezcan la pena las interminables jornadas de esfuerzo y laborioso trabajo.
La versión que sigue pertenece a una reciente y cuidada versión llevada a cabo en el Metropolitan Opera House de New York.




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