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Mostrando entradas con la etiqueta Sandor Marai. Mostrar todas las entradas
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El amor es un pájaro rebelde

¿Qué es el amor? En una de sus acepciones, el diccionario nos define el amor como un "sentimiento de intensa atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común".
Dos muestras nos acercan a la idea de amor, ambas marcadas por un tono trágico, ya que terminan con la vida de sus protagonistas. La música pertenece a una de las obras más conocidas del repertorio clásico, la Carmen de Bizet, mientras que el texto pertenece al escritor húngaro Sándor Márai y está extraído de su novela Divorcio en Buda.
Este amor basado en la atracción emocional y con mayor o menor carga de sensualidad o sexualidad tiene infinidad de matices, como la paleta de colores de un pintor. De entre todos ellos, en este post vamos a fijarnos en dos aspectos que se nos presentan en las obras citadas. En ambas se tratan retratos psicológicos, mucho más denso y detenido en la obra de Márai, donde el amor marca la vida de una de los protagonistas. casi por azar. En el caso de la obra de Bizet, más conocido, es un retrato más esquematizado, con menos interés del autor para hacernos entender las personalidades de los protagonistas, pero más efectivo, ya que se centra en la fascinación de la mujer libre que es Carmen, una personalidad que no se conforma con medias tintas y que tanto fascinó a Nietzsche por su carácter de supermujer.




El texto que nos acompaña en esta entrada pertenece a Sándor Márai. Posiblemente se trate del más grande de los escritores húngaros, aunque su ciudad natal, Kassa, ahora pertenezca a Eslovaquia, asuntos que aún ocurren en unas tierras con tantos vaivenes como las de Europa oriental.
Autor de reconocido prestigio, hubo de convertir su vida, como tantos de su época, en un desarraigado que, sintiéndose heredero de una tradición europeista, vagó por diversos lugares sin dejar de pensar, sentir y escribir como un húngaro europeo. Después de pasar por Alemania y Francia, con la llegada del régimen comunista a su país, emigró a Estados Unidos. Con la prohibición de su obra en su país natal, ésta pasó al olvido hasta que, varias décadas después, volvió a ocupar el lugar que le corresponde.
Sus novelas están plagadas de frases contundentes y reflexivas, con escasa acción, pero con profundas e intensas conversaciones entre los personajes que las protagonizan. Una vez comenzadas te absorben hasta no poder dejarlas, recreando el ambiente de una época de entreguerras cosmopolita y elegante, con un aroma a romanticismo, pero cargadas con la sensación de que, a la vez, huelen a descomposición. 



Entre sus obras más conocidas destacan El último encuentro, que apareció en el blog en Encuentros, amores y complicidades con Bellini y Márai; La herencia de Eszter, con la publicación de Dos retratos de mujer, Lucía y Eszter; El amante de Bolzano La mujer justa
Divorcio en Buda, obra de la que tomamos el texto que nos acompaña, es una novela que traza un recorrido en una sola noche por la vida del juez Kristóf Kömives al tratar el divorcio de los Greiner, un caso que, inesperadamente, le afecta en lo más íntimo de su ser. Mientras, Márai realiza una reflexión sobre las vivencias y sentimientos más íntimos de los protagonistas.





Al decir Carmen todos pensamos en la protagonista de la ópera del mismo nombre. Su autor, Georges Bizet, nombre con el que es conocido César Alexandre Léopold Bizet, demostró desde joven su capacidad para la música. En el Conservatorio de París fue discípulo de Goundod y más adelante fue a Italia tras recibir el prestigioso Premio de Roma en 1857. Allí se sintió atraído por la ópera, llegando a componer más de una decena de obras que van desde éstas a operetas y música para el teatro. De entre las primeras, las más conocidas son Les pêcheurs de perles (Los pescadores de perlas) y la universal Carmen.
Estrenada en la Opéra Comique de París, está basada en la novela Carmen de Prosper Mérimée, un hispanista que recogió curiosas historias de un viaje por España en 1820, un país para él incomprensible y exótico. Dividida en cuatro actos, incluía diálogos hablados que fueron adaptados para ser cantados por Ernest Guiraud, aunque se tiende a recuperar la versión original dialogada, más completa en su argumento. Bizet, otro compositor que falleció antes de llegar a los cuarenta años, no llegó a conocer el éxito de su obra.





La historia es cruel. Don José, un militar navarro conoce a Carmen, una gitana temperamental hecha de fuego y arrebato, que hace tambalear su relación con Micaela. Al dejarse llevar por su pasión y ver que Carmen no quiere continuar siendo suya, enfurecido y fuera de sí, la mata. Una historia, basada en un hecho real, que nos recuerda tantas historias actuales inexplicables, indignantes e insoportables.
Con Carmen, Bizet llegó a crear una figura arquetípica, comparable a otras como Hamlet, Don Juan o Fausto, que llegó a significar en el siglo XIX la personificación de la mujer liberada, capaz de decidir en su vida por sí misma.
Además de su obertura, la pieza más conocida es la habanera que canta la protagonista. En ella demuestra su carácter fogoso, independiente y cargado de rebeldía hacia las concesiones sociales.



Dos versiones nos muestran dos formas distintas de interpretarla. La primera pertenece a una producción de The Metropolitan Opera House de Nueva York (MET) de 2010 dirigida por Yannick Nézet-Séguin con una interpretación de la mezzosoprano Elina Garança que muestra el lado más provocativo y descarado de Carmen llamando la atención de Don José.



La segunda, una versión que podríamos considerar histórica, la interpretó Teresa Berganza en el Theatre Nationale L'Opera de Paris en mayo de 1980 bajo la dirección de Pierre Dervaux. En ella Carmen aparece más persuasiva y sensual. Cuando, mediada la pieza, se fija en un joven Plácido Domingo, despliega su capacidad de seducción con decisión, pero de un modo sutil.


Posiblemente cada producción es fruto de su época y la sutileza o la provocación son signos de los tiempos en que fueron hechas. Y tú, ¿con cuál de las dos te quedas?

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Dos retratos de mujer, Lucia y Eszter

Cada persona tiene tras de sí una historia. Cada familia es distinta de las demás. Tolstoi lo escribía en el inicio de Ana Karenina: "Todas las familias felices se parecen entre sí, pero cada familia desdichada ofrece un carácter particular". La literatura y la música, buscando e indagando en lo humano siguen, describen y tratan de profundizar y explicar, según sus diferentes maneras, estilos y corrientes, todo lo que nos concierne a los seres humanos.


Hay heridas que el tiempo no puede sanar, y seres que marchan a la derrota dominados por un amor que inunda sus emociones y ocupan toda una vida hacia su autodestrucción.
Esta entrada trae dos muestras de ambientes familiares de diferente condición marcadas por ese carácter particular que nos insinuaba Tolstoi.

Sandor Marái ya apareció por este blog con un extracto de su obra más conocida, El último encuentro. En este caso nos acompaña con La herencia de Eszter



El escritor húngaro ofrece una obra intimista, centrada en el seísmo de sentimientos contradictorios que la protagonista comienza a sentir cuando Lajos, un viejo amigo de la familia, canalla encantador y sin escrúpulos, con un irresistible poder de seducción, aparece inesperadamente en su plácida y tranquila vida. 

Lucia de Lammermoor también pertenece a este grupo de personas marcadas trágicamente por el amor. Su desdichada historia tiene uno de los nudos más enérgicamente construidos en la escena del sexteto Chi mi frena in tal momento. Aquí se entrecruzan las pasiones, intereses y sentimientos de los protagonistas. Lucía y Edgardo, miembros de familias rivales, están enamorados en contra de la voluntad de su hermano Enrico, que desea el matrimonio entre ella y Arturo. Raimondo, religioso confidente de Lucia y Alisa, su dama de compañía completan el sexteto junto con un coro de amigos y conocidos.


Aunque en las obras escénicas barrocas aparecen piezas para grupos de varios cantantes, en general, son infrecuentes los sextetos en las óperas, Éste de Lucia di Lammermoor es sin duda el más conocido y popular de todos.






La puesta en escena pertenece a una producción de 2009 del Metropolitan Opera House de New York que, con el montaje de una foto de familia, transmite toda la fuerza, violencia e intensidad que Gaetano Donizetti imprimió a su obra. Anna Netrebko como Lucia y Piotr Beczala como Edgardo son principales protagonistas de esta versión.



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Encuentros, amores y complicidades con Bellini y Marái


Amores y desamores, desencuentros, encuentros y complicidades se dan a veces la mano. En determinados momentos la línea que une o separa el amor y el odio, la amistad o la rivalidad, la pasión o el desafecto es tan sutil que un gesto o una pequeña acción en una u otra dirección determina el paso de una a otra. En esta entrada un texto del escritor Sándor Márai y un dúo de la Norma de Bellini nos muestran la sutil frontera que existe entre estas sensaciones.



El escritor húngaro Sándor Márai, posee una prosa que cautiva con la magia de lo que se ha llamado la gran literatura. Sus obras tienen estructuras similares, con extensas conversaciones y prolongados monólogos, plenos de pensamientos interesantes. Una vez comenzadas a leer son realmente absorbentes. Sus personajes siempre cautivan y seducen y nos evocan el recuerdo de los años de entreguerras en la cosmopolita Europa central.




Después de haber presentado la inigualable aria de Norma en El misterio de la luna llena, esa Casta Diva volvemos a la ópera Norma de Vincenzo Bellini, una de sus más celebradas obras junto a La Sonnambula y, sobre todo, I Puritani.
Uno de los momentos cumbres es el dúo Mira, o Norma entre la protagonista y Adalgisa, su rival. Se trata de uno de los momentos más cargados de emoción de toda la obra.
Norma, la sacerdotisa gala, enamorada del romano Pollione y con dos hijos secretos de él, ha descubierto que su compañera Adalgisa es la nueva amante de éste. Tras un momento de desesperación, intenta matar a sus dos hijos. Es en este momento cuando se produce la escena entre ambas. Durante el dúo, la rivalidad entre ambas mujeres se convierte en un pacto de amistad, uno de los momentos que mejor recogen la amistad desinteresada entre dos personajes femeninos de toda la producción operística del siglo XIX.


La pieza, en una magnífica versión de concierto, vuelve a estar interpretada por Anna Netrebko en la voz de Norma y Elina Garança, en la de Adalgisa. La intimidad del momento viene reflejado por la delicadeza de la melodía, especialmente en la primera parte y por el acompañamiento orquestal, que en ciertos momentos se limita a las cuerdas e incluso llega a desaparecer. Se trata de uno de esos momentos inigualables y mágicos que nos regala el repertorio operístico. Es imposible transmitir la complicidad de los personajes sin que exista entre las intérpretes.



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