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Rivalidades artísticas: Mozart y Salieri

"La rivalidad es una cosa buena para los mortales" es una afirmación que se atribuye al poeta griego Hesíodo. Si entendemos la rivalidad como la oposición o el enfrentamiento entre quienes aspiran a conseguir la misma cosa, es uno de los mecanismos básicos que tienen los seres vivos para adaptarse al entorno en el que viven y superar las dificultades que les plantea. Se trata de uno de los mecanismos que aparecen en la teoría de la selección de natural de Darwin como preservadora de las especies.
La rivalidad ha existido siempre en la vida, en primer lugar como modo de supervivencia ante dificultades del entorno. Es una de las características que favorecen el crecimiento y la mejora de los seres humanos, entendiendo esta rivalidad como motivo de superación personal, una reflexión sobre conductas, procesos o técnicas que nos hacen avanzar en nuestro desarrollo.
Hay incluso una serie de actividades, especialmente las deportivas, donde la rivalidad, llevada a un punto determinado, favorece el crecimiento, la superación y la competitividad, aunque en determinados momentos se llegue a desbordar esta faceta con extremismos violentos.
En la historia del arte y la cultura también ha existido rivalidad entre quienes participan de ella o sus seguidores. Escritores que defienden distintos estilos literarios, arquitectos que llevan las técnicas constructivas por distintos derroteros, compositores que defienden cómo desarrollar formas musicales según sus pensamientos, o pintores que preconizan con sus obras hacia dónde se deben encaminar los estilos, temas y técnicas según los momentos y épocas históricas.
Hasta nosotros han llegado rivalidades históricas entre artistas, cada cual defendiendo unas veces sus ideas, otras atacando las de otros. En esta entrada del blog comenzaremos a tratar algunas de las rivalidades artísticas que han pasado a formar parte de la historia de la cultura.
En esta ocasión te propongo un acercamiento a una de las rivalidades entre compositores que más ha dado que hablar en las últimas décadas. Una situación que se hizo popular a raíz de la película Amadeus, entre Mozart, uno de los más grandes compositores de la historia y Salieri, un músico que, hoy en día, el gran público lo recuerda única y exclusivamente por esta película. El texto que nos acompaña pertenece al poeta ruso Alexandr Pushkin.



Antonio Salieri nació en Legnano, Italia en 1750, se educó musicalmente en Venecia y desarrolló su vida artística Viena, donde falleció con setenta y cinco años. De familia pobre, su capacidad musical lo llevó a ocupar el cargo de Kapellmeister (Maestro de capilla) y director de orquesta de la ópera italiana en la corte vienesa de José II, fue discípulo de Gluck y seguidor de la reforma operística que éste inició y uno de los compositores más populares de su época. Una de sus óperas, L'Europa riconosciutta inauguró el Teatro Alla Scala de Milán. Dedicado por entero a la música, viajó por toda Europa donde compartió ideas y amistad con los músicos más importantes de su tiempo, escuchó las novedades musicales y las distintas innovaciones que se iban produciendo en el mundo de la música y desarrolló su influencia en la música de la corte vienesa. Fue discípulo de Metastasio y Haydn y dedicó parte de sus conocimientos a la enseñanza de la música con algunos alumnos entre los que se encuentran Beethoven, Schubert o Liszt, además de uno de los hijos de Mozart. Fue uno de los compositores más representados e influyentes de la Viena de finales del XVIII y comienzos del XIX. Su filosofía musical se refleja en el título de una de sus óperas: Prima la musica, poi le parole (Primero la música y luego las palabras).



Pero si Salieri ha pasado a la historia de la música entre el gran público no es por sus obras, sino por la historia, al parecer sin ningún fundamento, de haber envenenado a MozartEs una historia sobre la que se ha escrito mucho y de la que existen informaciones, algunas de las cuales están sin contrastar. 
Frente a la corta vida de Mozart, Salieri tuvo una larga existencia, pasando los últimos años de su vida en un hospital con una salud delicada, quedando ciego y con momentos de poca lucidez, de donde surge la idea de una autoacusación de envenenamiento del músico de Salzburgo.
Independientemente de que sea o no cierto, aunque no lo parece, la rivalidad de ambos autores estaba en el ambiente vienés. Leopold Mozart acusó al italiano de intrigar para evitar el éxito de la ópera de su hijo Las bodas de Fígaro, escribiendo que "Salieri y sus acólitos moverían cielo y tierra con tal de hacerlo caer". La ópera no triunfó en su estreno ni entre el público ni entre el propio emperador y su corte, pero lo cierto es que Salieri no estaba en esa época en Viena, sino en París, por lo que no tiene mucho crédito la acusación.
Pocos años después de la muerte de Salieri, el poeta ruso Alexandr Pushkin publicó un libro con varios dramas titulado Las pequeñas tragedias entre el que se encuentra un pequeño relato dramático en verso titulado Mozart y Salieri. Entre los papeles del escritor se encontró una nota escrita en 1832 que utilizó como idea de la que nació esta obra:
"Durante la primera representación de Don Giovanni, en el momento en que el teatro gozaba en silencio de las armonías de Mozart, se oyó un silbido. Todos se dieron vuelta con asombro e indignación y el famoso Salieri abandonó la sala, furioso, consumidos por los celos.
Salieri murió hace cosa de ocho años. Algunas revistas alemanas dijeron que en su lecho de muerte confesó un horrible crimen, el de haber envenenado al gran Mozart. Un envidioso capaz de silbar Don Giovanni, debía ser capaz de envenenar a su creador."
A partir de esta nota, Pushkin crea un drama en dos escenas con los dos personajes. La primera comienza con un monólogo de Salieri en el que rememora su esfuerzo y la dedicación de toda su vida a la música con toda su energía. Aparece en escena un Mozart frívolo e intrascendente en contraste con las ideas expuestas por Salieri, que se reafirma en sus razones contra él. La segunda escena  transcurre mientras ambos comen en el reservado de la taberna "El León de Oro". Mozart cuenta la misteriosa visita de un desconocido que le encargó la composición de un Requiem, que sabemos no pudo terminar por su fallecimiento. La imagen del desconocido lo intranquiliza y obsesiona al considerarlo un mensajero de la muerte. La conversación se dirige hacia Beaumarchais, el autor de la obra en la que se basa Las bodas de Fígaro. Mozart pregunta si es cierto el rumor de que envenenó a alguien, pero él mismo se responde que el francés es un genio como ellos dos y el genio siempre ha sido incompatible con el crimen. En ese momento, Salieri termina envenenando la copa de su invitado.
La obra de Pushkin plantea en pocas páginas varios temas de cierta trascendencia. En primer lugar la envidia que llega hasta la realización de un crimen. También aparece el problema de la creación en el arte contrastando el trabajo sistemático, incansable, casi artesanal pero que no alienta ni anima lo creado, frente a la inspiración genial, casi divina que da alma a la obra. En las vidas de los dos personajes se enfrentan también la tragedia de la muerte, la rápida de Mozart; la lenta, atormentada, muerte en vida de Salieri con sus remordimientos. 
A esta obra, Mozart y Salieri de Las pequeñas tragedias de Alexandr Pushkin pertenece el texto que sigue. Comienza con la parte final del monólogo con que comienza la primera escena de la obra y la entrada de Mozart hasta el final de la misma. 



 

De la obra de Pushkin, Nikolai Rimsky-Korsakov compuso una ópera utilizando el texto original del poeta como libreto en el que apenas realizó modificaciones. Surgió así una obra, Motsart i Salyeri que se estrenó en Moscú en 1899 con los cantantes Ertsov en el papel de Mozart y el gran bajo, uno de los más grandes del comienzo del siglo XX, Fiódor Shaliapin.
En esta obra, Rimsky-Korsakov adapta el idioma ruso y su fonética a los sonidos de la obra, con alguna licencia en el uso de temas musicales de Mozart. Salieri está retratado con una música antigua y meditabunda que surge como con dificultad, mientras que su oponente lo es con una música ágil, alegre, como tomándose a sí mismo con poca seriedad, lo que enfurece al primero.
Años más tarde Peter Shaffer se basó en estas dos obras para componer su obra teatral Amadeus, que llevó por distintos escenarios y elaboró el guión cinematográfico de la versión que Milos Forman dirigió en 1984 y que tanto éxito tuvo, haciendo aún más popular el nombre de Mozart y el tópico del genial creador que, casi sin trabajar, logra obras maestras de una rara perfección, mientras que dio a conocer el nombre de Salieri, que ha pasado a ser, injustamente, el paradigma de la envidia llevada al extremo del crimen.




Lo que ha llegado al imaginario colectivo es una relación históricamente falsa, dentro de una película que se califica como histórica en la que toda la trama se basa en hechos reales con una interpretación basada en el tema de la envidia. En realidad, el personaje conocido, respetado e influyente en aquella época era Salieri, mientras Mozart era un músico al que no se le daba la importancia que le damos ahora.
De la película Amadeus rescato una escena que describe el momento en que Salieri conoce a Mozart en una recepción del emperador y en la que se plantean los temas que hemos venido comentando a lo largo de este post de la envidia y la creación laboriosa o genial, junto con las relaciones en la corte junto al emperador. Las interpretaciones corresponden a F. Murray Abraham, que obtuvo el Oscar por el papel de Salieri y Tom Hulce como Mozart.


Para esta escena no tomaron un tema de Salieri, sino uno del propio Mozart que fue desfigurado en forma de marcha para aparecer, finalmente en todo su esplendor. Se trata del tema con que finaliza el primer acto de La nozze di Figaro (Las bodas de Fígaro), un tema juguetón e irónico, Non piu andrai farfalone amoroso (No irás más, mariposón amoroso), con el que Fígaro se burla, en un tono muy mozartiano del destino de Cherubino que ha sido enviado contra su voluntad al ejército por el Conde de Almaviva.





Si aún tienes unos minutos y, volviendo a la obra de Rimsky-Korsakov, en abril de 2017 se ha representado Mozart y Salieri dentro de la programación de la Fundación March. El siguiente enlace es un vídeo, una especie de making-off sobre la producción que se llevó a cabo para la ocasión.



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Tras el frío del invierno

Hay momentos en que nuestras vidas están marcadas por las condiciones del lugar que nos rodea, del sitio donde vivimos y desarrollamos nuestra existencia. Los acontecimientos sociales, las celebraciones y fiestas familiares o locales, incluso, en algunas ocasiones, los acontecimientos que marcan los cambios políticos de nuestra sociedades, tanto la próxima a nosotros como la de cualquier otro lugar, que vienen marcados por la globalidad en que nos movemos con la inmediatez de que, en ocasiones, lo lejano nos afecta más íntimamente que lo que tenemos junto a nosotros.
Uno de los factores que nos condiciona en ocasiones es el tiempo atmosférico. En unos momentos en que nuestro planeta está siendo sometido a cambios tan determinantes provenientes de la actividad humana, hasta tal punto que los científicos hablan de una nueva época geológica de la humanidad, el Antropoceno, hay momentos en que la meteorología parece que pierde su estatus de ciencia para convertirse en meteorología espectáculo para las horas de las noticias televisivas. Olas de calor, lluvias torrenciales seguidas de inundaciones, derrumbes de viviendas y, en esta época del año, intensas nevadas en los lugares habituales y también en otros insospechados. Todo esto provoca desastres personales, situaciones dolorosas y hasta trágicas como vemos y oímos.


¿Qué hay tras el frío del invierno? En esta entrada del blog te propongo un paseo por el frío que acompaña y marca nuestros días, pero con la visión de dos autores, el escritor ruso Alexander Pushkin y el compositor Franz Schubert, con temática y estilo del romanticismo. Ambos nos muestran cómo el frío y la nieve invernales influyen y deciden sobre nuestras vidas, pensamientos y sentimientos.

Personaje controvertido, con un carácter ardiente y difícil, Alexander Pushkin está considerado el padre de la literatura rusa, mezclando en sus obras los estilos del eslavo eclesiástico y del ruso antiguo, en una cultura en que aún no existía el gusto por las obras literarias propias y se apreciaba más la escrita en lengua alemana.
Poeta apasionado, su obra Ruslán y Ludmila es el inicio de la literatura nacional rusa, un poema épico nacional que fue recibido con las críticas de todos los tradicionalistas que veían que no se seguían las reglas establecidas. Otras obras como Eugen Oneguin, Boris Godunov o La Dama de Picas han tenido una trayectoria posterior con versiones para óperas.
Participó en numerosos duelos, fruto de su carácter enérgico que él achacaba a su sangre caliente (un tatarabuelo suyo era de origen africano), hasta que finalmente falleció en el que, según su biógrafos, era el vigésimo primero en 1837 antes de cumplir los cuarenta años.
Pintura de Nikolái Sverchkov
De su obra, traigo a este post un fragmento de su relato La tormenta de nieve (o La nevasca). En ella, el destino de dos amantes queda determinado por una tormenta de nieve dentro del más puro estilo del romanticismo. Cuando Vladimir parte para recoger a su amada para casarse en secreto, la fiereza de la nevasca lo hace errar el camino y hacer que ambos se pierdan para siempre. Si quieres seguir el relato completo puedes hacerlo en este enlace: La Nevasca.



Con menor edad que Pushkin falleció Franz Peter Schubert, uno de los grandes compositores del siglo XIX, una persona con un carácter retraído, amigo de sus amigos, gran admirador de Beethoven, a quien nunca se atrevió a acercarse, salvo en una ocasión durante la última enfermedad de éste.
Autor de una amplia obra, compuso para la mayoría de agrupaciones de la época: obras para piano, cuartetos y quintetos, óperas, sinfonías o música religiosa, fueron sus amigos los que hicieron valer sus composiciones una vez fallecido.
Pero el tipo de composición en que más destacó Schubert, por encima de todas las demás y de todos los autores, es el Lieder. Fundamental en la cultura de habla alemana, el Lieder es una composición breve para voz y piano, antecedente de la canción, tal como la conocemos hoy. Desde Margarita en la rueca, su primer éxito, hay catalogados más de 600, algunos agrupados en ciclos como Die schöne Müllerin (La bella molinera), Winterreise (Viaje de invierno) o Schwanengesang (El canto del cisne).
A Winterreise pertenece la pieza musical que acompaña al texto de Pushkin. Se trata de un ciclo de canciones sobre poemas de Wilhelm Müller en que se desarrolla el tema del amor no correspondido. El viajero amaba a una muchacha, pero esta lo dejó. Los lieder muestran sus reflexiones e impresiones mientras pasea solo durante el invierno mostrando el frío, el paisaje nevado, la soledad o la oscuridad.



La canción Frühlingstraum (Sueños de primavera) comienza con el caminante soñando con esta estación y el amor, pero es despertado por un gallo. Decepcionado se pregunta cuándo reverdecerán las plantas y volverá a tener a su amor entre sus brazos.
La música tiene marcados tres momentos diferentes: alegre durante el sueño, el despertar brusco y el deseo de volver al sueño. Las tres partes se repiten con las tres estrofas de la segunda mitad, pero la pregunta con que finaliza de la canción es contestada por el piano de forma negativa.







¿Qué hay tras el frío del invierno? Posiblemente, el sueño y el deseo de la primavera. 
El enlace muestra una interpretación del barítono alemán Dietrich Fischer-Dieskau el más grande de los intérpretes de lieder del siglo XX, el mayor experto en estas composiciones de Schubert

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