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Cuando tres no son multitud

Hay conceptos, ideas o expresiones que están asociados a números. El bien y el mal, el yin y el yang, el día y la noche los asociamos con la dualidad y el número dos. Expresiones como A vivir que son dos días, Es un arma de dos filos o Decir dos palabras las tenemos asociadas a este número.
En un dos por tres podemos pasar al siguiente número donde podemos encontrarnos con los tres reyes magos (o Las tres reinas magas de Gloria Fuertes), los tres tenores, los tres mosqueteros, los tres cerditos y obras como Tres sombreros de copa de Miguel MihuraTres ratones ciegos de Agatha Christie o los Tres tristes tigres de Cabrera InfanteAsí, el número tres lo asociamos a distintos títulos y expresiones. 
No voy a tratar sobre las tres uvas que el Lazarillo cogía cuando comía con el ciego cuando habían quedado en tomarlas de dos en dos, sino sobre obras en las que aparecen tres personajes como protagonistas o personajes secundarios.
Es habitual que en distintas obras -literarias, musicales o de otro tipo- aparezcan los personajes de dos en dos. Como tradicionalmente ocurre en la sociedad, estos personajes aparecen en libros y óperas como parejas de enamorados: Romeo y Julieta, Julio César y Cleopatra, Dante y Beatriz o Tristán e Isolda. También como cómplices o compañeros: los insurgentes hispanos Indíbil y Mandonio, Quijote y Sancho o Sherlock y Watson. También entra aquí la categoría de protagonistas y antagonistas como Otelo y Yago, el propio Sherlock Holmes y el profesor Moriarty, Harry Potter y Lord Voldemort o Luke Skywalker y Darth VaderHay multitud de obras en las que se desarrollan historias con estos tipos de personajes. 
En esta ocasión nos acercarnos a novelas y músicas en las que aparecen, a veces como protagonistas, otras como secundarios, tres personajes. Son también muchas las obras en las que encontramos estos tríos sentimentales en las que se tratan las relaciones que se establecen entre ellos. Los triángulos amorosos tienen su lugar en la historia de la literatura, el teatro, la ópera y el cine. Este tipo de historias surgen de la condición del ser humano y parten en muchas ocasiones de historias inspiradas en hechos reales. Pero esa es otra historia y tendrá cabida en otro momento.
En esta publicación te propongo acercarnos a grupos de tres personajes que protagonizan historias literarias y musicales. Nos acompañan obras de Rowling, Mozart, Jane Austen, Puccini, Dumas y un trío de grandes cantantes. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Así, prescindiendo de los triángulos amorosos que no tienen lugar en esta publicación, nos encontramos con que esos tríos no siempre lo fueron así. Los tres hermanos Marx eran cinco al principio, pero Zeppo y Gummo dejaron de aparecer para y se consolidaron los geniales Groucho, Harpo y Chico. A la inversa ocurre con los tres mosqueteros que, con el paso del tiempo serían cuatro al incluirse en ellos el protagonista D'Artagnan. En otras ocasiones, el número es invariable y parte del encanto de la obra como ocurre con las teatrales tres hermanas de Chejov o las televisivas Ángeles de Charlie.

El primero de los tríos de personajes nos lleva a una obra entre infantil y juvenil, en ese momento en el que se establecen lazos de amistad que perdurarán toda la vida o desaparecerán con la llegada de las relaciones amorosas. Reflejan los vínculos de amistad que crecen por primera vez fuera de los familiares, surgidos con los compañeros de colegio o del entorno cercano y suelen ser un momento en el que se crean relaciones intensas en las que se van asentando distintos roles según la personalidad de cada uno de los miembros y el desarrollo de la relación.
Uno de los ejemplos más brillantes y conocidos es el de un fenómeno literario y cinematográfico que arrasó desde los últimos años del pasado siglo y que llevó a la lectura a muchos niños, jóvenes e inclusos sus padres gracias a la obra de J. K. Rowling. Se trata de la serie de Harry Potter en el que se encuentra uno de los tríos de personajes más reconocibles, el formado por el protagonista, Ron Weasley y Hermione Ranger.


Con ese aire todavía infantil que tiene el primero de los libros,  Harry Potter y el cáliz de fuego, te invito a leer el primer encuentro entre los tres protagonistas que se produce en el tren que les lleva por primera vez al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Después de haberse encontrado Harry y Ron antes de montar en el tren y sentarse en el mismo compartimento, aparece la tercera protagonista, en una escena en la que no se crea una buena relación entre ellos.


Aunque la relación entre ellos es tolerada por los tres, no es has más adelante, con motivo de la aparición de un troll en los servicios cuando esta relación se muestra sólida e inquebrantable. Hay momentos en los que se sabe con certeza cuando y por qué se consolida una relación.


Estrenada algo más de dos meses antes de su muerte, Die Zauberflöte (La flauta mágica) es una de las óperas más deslumbrantes y enigmáticas del repertorio. La obra de Wolfgang Amadeus Mozart admite muchas lecturas donde se cruzan la lucha ente el bien y el mal, el cuento infantil, el rito masón con el camino hacia la iluminación, la opera bufa, el oratorio y piezas vocales de una brillantez exquisitas. 
Con un libreto de Emanuel Schikaneder, amigo, compañero masón de Mozart, empresario, intérprete de Shakespeare y el primer Papageno, se encuentra entre las óperas más representadas cada año en lo que va de siglo. Además de los protagonistas Tamino y Pamina, Papageno y su anhelada Papagena, cuenta con los antagonistas Sarastro y la malvada Reina de la Noche. Pero lo que la trae a esta publicación es dos tríos de personajes: Las tres mujeres, al servicio de esta última y los tres muchachos.


Se señala que Mozart incluyó en varias ocasiones el número tres en esta obra como parte de la simbología masónica. Además de estos personajes, la obertura se inicia con tres acordes que suponen la llamada de atención para iniciar la ceremonia.
Después de avisar a Tamino y Papageno que serán guiados por tres muchachos sabios, estos aparecen al final del primer acto para pedirles paciencia, silencio y perseverancia. En la siguiente presencia de los tres muchachos en el Acto II descienden de las alturas para interpretar Seid uns zum zweiternmala willkommen (Por segunda vez os damos la bienvenida) preparándolos para la prueba que se les avecina, mientras les devuelven la flauta mágica a Tamino y el carillón a Papageno. Curiosamente, además de su carga simbólica, son tres niños los que aconsejan a los adultos sobre cómo deben actuar y comportarse.


La interpretación corre a cargo de Ludwig M., Philip M. y Matthias H., pequeños grandes cantantes de los que se preserva el apellido con L'Orchestre de l'Opera National de Paris, la presencia silente de Piotr Beczala como Tamino y Detlef Roth como Papageno y la dirección de Ivan Fischer en una representación que se grabó en la Opéra National parisina en 2001. 


Después de personajes amigos y cercanos a la infancia, te presento otro grupo de tres tipos de personajes: los hermanos. Entre ellos se establecen relaciones desde el nacimiento en las que se muestran tanto pautas comunes procedentes de la educación en el entorno familiar como las diferencias en el carácter individual. A esto, se suman los roces y afinidades consecuentes con la convivencia.
Un ejemplo de estas relaciones entre hermanas lo podemos encontrar en una de las obras más conocidas de Jane Austen, Sense & Sensibility (Sentido y sensibilidad). La escritora inglesa dibuja con delicadeza e ironía las rígida sociedad inglesa de su época en las que la elección de marido es prácticamente la única opción para la mujer. La historia nos acerca a una viuda y sus tres hijas, las hermanas Dashwood, Margaret, Elinor y Marianne, centrándose en estas dos últimas, de carácter diferente y antagónico por momentos, que muestran las opciones ante la sociedad y el camino que anhelan tomar: el sentido común y la sensibilidad que suponen las dos formas de afrontar el futuro.
El texto que nos acompaña nos acerca a una de las veladas que se realizaban en la época en la que las Dashwood, madre e hijas, reciben a Edward Ferrars, uno de sus vecinos relacionado con Elinor. En la escena, Jane Austen muestra el carácter de las hermanas, sus relaciones entre ellas y sus diversos puntos de vista.




Además de los dobles tríos de La flauta mágica con las mujeres y los muchachos, hay otro trío aún más particular en la ópera póstuma de Giacomo Puccini, Turandot. Esta obra, que también ha tenido su lugar en varias ocasiones en este blog, es lo que vulgarmente podríamos llamar un cuento chino. Se trata en efecto de una obra en forma de cuento oriental a partir del drama de Carlo Gozzi y la versión que realizó Friedrich von Schiller del que escribieron el libreto Giuseppe Adami y Renato Simoni. 
En la historia de Turandot, la Principesa di gelo y su pretendiente de nombre desconocido aparecen tres ministros, Ping, Pang y Pong. En sus cartas, Puccini los nombraba como maschere (máscaras), como si fueran personajes de la commedia dell'arte. Aunque en los primeros esbozos de la ópera aparecían como los marginados de la leyenda china, acabaron convertidos en chinos sin perder el carácter de la tradición italiana, moviéndose siempre de tres en tres, como payasos o marionetas, interrumpiéndose unos a otros, completando sus pensamientos y frases y apareciendo siempre como un elemento grotesco que hace de contrapunto al drama.
De entre las varias apariciones que tienen a lo largo de la ópera te acompaña parte de la intervención que tienen al comienzo del Acto II. En el trío Ho una casa nell'Honan (Tengo una casa en Honán) los tres ministros añoran cada uno su lugar de origen y muestran su deseo de dejar su cargo y volver allá. Se trata de un terceto con tintes melancólicos en el que se reflejan las características que les acompañan durante la obra. 
La interpretación de este trío de Ping, Pang, Pong está a cargo del barítono Vinicius Atique y los tenores Geilson Santos y Giovanni Tristacci en una representación que se llevó a cabo en octubre de 2018 en el Theatro Municipal de São Paulo. Los subtítulos están en portugués, por lo que puedes seguir el argumento de este trío con facilidad.


Aparte de esas relaciones que se establecen entre niños y jóvenes antes de entrar en otra etapa y las que se producen entre hermanos o hermanas, hay otras que se crean a partir de relaciones en la edad adulta por motivos de trabajo o aficiones comunes. En algunos casos suele ocurrir que tras un tiempo de estrecha amistad, cada uno de los componentes tome un camino diferente en su vida.


Basado en un personaje histórico, Gatien de Courztilz, señor de Sandras, un antiguo mosquetero, publicó Memorias de Monsieru d'Artagnan en 1700. A partir de esta obra, Alexandre Dumas escribió una de esas obras que mezclan personajes históricos con algunos anacronismos y personajes ficticios provistos de un gran carisma  para crear una de las novelas de capa y espada que se ganó a los lectores desde su publicación, que se realizó por entregas en el periódico Le Siècle entre marzo y julio de 1844.
Los tres mosqueteros y sus continuaciones Veinte años después y El vizconde de Bragelonne muestran las aventuras del gastón D'Artagnan y los tres mosqueteros Athos, Porthos y Aramis durante el reinado de Luis XIII con el cardenal Richelieu como primer ministro antagonista y el señor de Tréville como jefe de los mosqueteros.
Estos tres mosqueteros a los que se une el joven D'Artagnan desarrollarán sus aventuras hasta que cada uno tome un camino diferente según sus ideas y aspiraciones.
Tras haber conocido el protagonista a cada uno de sus próximos compañeros y quedar citado para un duelo con cada uno de ellos el mismo día, en el mismo lugar y con una hora de diferencia, llegan a resolver sus diferencias y formar un grupo con uno de los lemas más famosos de la historia.
El texto que te acompaña recoge el momento en el que entregan al casero de D'Artagnan a las autoridades y  el grupo exclama por primera vez este lema.


Si el trío anterior desarrolla su amistad durante sus años de trabajo en el cuerpo armado del señor de Treville antes de encaminarse cada uno de ellos a un destino diferente, el último trío que nos acompaña surgió de forma casi inversa.
Triunfadores profesionales cada uno en su carrera, llenaron los teatros de ópera de todo el mundo antes de unirse para una serie de conciertos que acabaron prolongando debido al éxito que obtuvieron. Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y Josep Carreras se unieron como Los tres tenores cuando eran leyendas de la ópera y no tenían nada que demostrar. Tras varias temporadas llenando auditorios y espacios diferentes a los teatros de ópera habituales, cada uno de ellos siguió su camino.

Grabado de Juan Serra y Pausas para Los tres mosqueteros
Finaliza esta publicación sobre tríos de personajes con la interpretación de una de las canciones más emblemáticas de la música de Nápoles. Se trata de O sole mio, una canción compuesta en 1898 por Eduardo di Capua a partir de un texto de Giovanni Capurro, una canción que se difundió por los emigrantes italianos que llegaron a América y que popularizó Enrico Caruso a comienzos del pasado siglo.
La interpretación de Los tres tenores que te acompaña se grabó en Los Ángeles en 1994 y tiene dos curiosidades: No está recogida en el DVD que se grabó de este concierto y Domingo y Carreras hacen el paripé de que no van a poder llegar a los agudos de Pavarotti en el clímax de la canción.

Y a ti, ¿qué otros tríos te han gustado? ¿Cuáles propondrías?
 
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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Rowling, J. K. Harry Potter y el cáliz de fuego, traducción de Nieves Martín Azofra, Muñoz García, Salamandra Infantil y Juvenil. ISBN: 978849836349.
  • Austen, Jane. Sentido y sensibilidad, traducción de Ana María Rodríguez, Editorial Penguin Clásicos (2015), ISBN: 9788491050001.
  • Dumas, Alexandre. Los tres mosqueteros, traducción de Jofr Homedes Bautnagel, Penguin clásicos (2016). ISBN: 978849105240
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.

Pecados de vejez, según Rossini

La vida marca unos tiempos que seguimos habitualmente: Una infancia que puede ser más o menos feliz con un primer contacto con el mundo y la vida; una juventud y adolescencia a la que sigue una edad en que dedicamos nuestros esfuerzos a trabajar y, por último, un periodo de descanso que coincide de forma natural con los últimos años de vida.
Pero, en ocasiones, hay personas e incluso profesiones que alteran ese devenir natural. Hay quienes desarrollan su labor profesional en plena juventud y llegan a ese periodo de descanso una vez finalizada su época de trabajo antes de llegar a lo que llamamos la jubilación.
Deportistas de élite, escritores, músicos o artistas a los que podemos catalogar como prodigios, se encuentran en plena madurez en un periodo de jubilación más o menos forzoso, un momento en que deben tomar un nuevo camino en su vida. Unos se embarcan en otros proyectos, otros caen en periodos de depresión. Cada uno debe planteárselo de forma personal según sus circunstancias.
En esta publicación te propongo conocer detalles de cómo Rossini, uno de los grandes compositores de ópera, afrontó su jubilación cuando contaba con treinta y siete años de edad y decidió poner punto final a su vida como compositor, una edad en la que la mayoría de nosotros está en desarrollo de su vida laboral. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Caricatura de Rossini por Etienne Carjat durante su estancia en París (izquierda).

Gioacchino Rossini marcó toda una época en la transición de la ópera italiana del Setecientos y la ópera romántica, llegando a ser considerado el más grande de los compositores de su época. Se trata de un autor capaz de incorporar al mundo operístico la fuerza de los coros como símbolo del pueblo, una forma de componer muy rica y particular, un uso dramático de la orquesta, en algunas ocasiones, en otras de una comicidad agilísima y delirante, con una riqueza expresiva en el adorno del canto y unas obras en las que primaba el espectáculo por el espectáculo.
Se trataba de un personaje adorado en toda Europa que cimentó su triunfo en Nápoles, más adelante en toda Italia, Viena, donde eclipsó al mismísimo Beethoven, y París, donde se asentó y obtuvo una renta vitalicia del gobierno francés. Su compleja personalidad estriba en sus contrastes y contraposiciones que oscilan entre la tradición y la innovación musicales, el uso de lo convencional y la libertad creadora o su concepción de la ópera como espectáculo de evasión y como drama que refleja asuntos morales o políticos.
Tras estrenar su primera ópera, La cambiale di matrimonio (El contrato de matrimonio) en Venecia con dieciocho años, obras como El barbero de Sevilla, La Cenerentola (La Cenicienta), La italiana en Argel, El conde Ory le llevaron a triunfar en toda Europa hasta que compuso y estrenó con gran éxito Guillermo Tell en el Théâtre de l'Académie Royale de Musique de París en 1829. 
Fue su última ópera y con tan solo treinta y siete años dejó de componer y se retiró definitivamente de los escenarios.
Mucho se ha escrito sobre las razones sobre las que el Cisne de Pésaro dejó el mundo de la ópera en pleno éxito y decidió retirarse. ¿Era su pereza proverbial de la que tanto se hablaba? ¿Quizás el hastío del éxito? ¿Pudiera ser cierta indolencia? ¿Acaso no tenía ya necesidad de demostrar nada más? ¿Es posible que la falta de salud y el agotamiento de tantos años componiendo -más de treinta óperas en menos de veinte años- fueran la causa? ¿O fueron esos cambios políticos y estéticos con los que no coincidían los que determinaron su retirada? 

Daguerrotipo de Rossini, también por Etienne Carjat.
Autor de Los tres mosqueteros o El conde de Montecristo, Alexandre Dumas fue uno de los novelistas más exitosos del XIX francés. Aunque sus personajes no están cargados de profundidad psicológica, unos diálogos plenos de naturalidad y una abundante utilización de las intrigas en sus novelas, le convirtieron en un popular escritor en su época, llegando muchas de ellas a ser adaptadas al teatro por el propio autor.
Uno de sus libros poco conocidos, Los mil y un fantasmas, en cuyo título evoca intencionadamente los relatos protagonizados por la gran narradora Seherezade, enlaza tres historias, cargada cada una de ellas con otras narraciones a cargo de sus protagonistas. Nos acompaña en esta publicación la segunda de ellas: Una comida en casa de Rossini (1849), en la que el escritor relata la ocasión en que asistió a una de las famosas cenas en casa del compositor cuando este, ya retirado, vivía aún en Italia y la sobremesa que la acompañó.


Una vez retirado, Rossini vivió gracias a las ganancias que había obtenido con sus composiciones y las reposiciones de sus óperas, además de contar con unos cargos honoríficos bastante bien remunerados (Compositor del rey e Inspector General de Canto en Francia), arrastrando una mala salud que se complicó con distintas enfermedades, entre ellas una sífilis que arrastraba desde hacía unos años, viviendo entre Francia e Italia, principalmente entre París, Bolonia y Florencia, aunque pasando también por Viena, Londres o Madrid. Su gran afición, la gastronomía, ocupaba ahora la mayor parte del espacio en su vida. "No conozco ninguna ocupación más admirable que la de comer", llegó a decir. Para zaherirlo, sus rivales manifestaban que Rossini tenía una barriga tan enorme que nunca había logrado verse sus pies.
Una vez dada por terminada su faceta operística, el genio y el ingenio, la música que tenía en su interior fue saliendo en distintas piezas para piano, pequeña orquesta de cámara o voz en lo que llamó Péchés de vieillesse (Pecados de vejez).
La primera pieza que nos acompaña de estas obras rossinianas es una tirana, una composición de origen español, poco habitual que consta de cuatro versos octosílabos a la que sigue un estribillo que solía incidir en la intención maliciosa, picaresca o satírica de los versos y que solía acompañarse de danza.  La primera música que nos acompaña es la tirana Los amantes de Sevilla perteneciente al álbum Morceux réservés (Canciones reservadas), una composición originalmente para piano y dos voces, aunque en esta ocasión nos muestra una versión orquestal presentada en el Maggio Musicale Fiorentino con las voces del tenor mexicano Rolando Villazón y la mezzosoprano romana Cecilia Bartoli bajo la dirección de Marco Armiliato y pertenece a un vídeo de animación dirigido por Awik Balaian.


Tras esa estancia más o menos itinerante entre Italia y Francia, un Rossini que se había separado de su esposa, la española Isabel Colbran, recala de nuevo en la capital francesa donde una cada vez más virulenta sífilis quedó curada con un tratamiento novedoso al que se sometió, y comenzó a vivir con Olimpe Pélissier, con quien acabaría casado hasta su muerte. Su estado depresivo, su carácter hipocondríaco y las crisis nerviosas iban haciendo mella en su salud y su estado anímico. Aún continuarían años de estancia en Bolonia y Florencia antes de instalarse de forma definitiva en la capital francesa.

Continuamos con el relato de Dumas en el que el escritor nos acerca al palacio que habitaba Rossini, su faceta como anfitrión y cómo se fue desarrollando la cena y la sobremesa correspondiente, además de plantear la cuestión que todos desearían conocer sobre los motivos del compositor. 


En 1855 se instaló en una vivienda en el centro de la ciudad, en la calle Chaussée d'Antin y se hizo construir una villa en Passy. En la primera vivienda su habitación era un variopinto muestrario de pelucas, instrumentos musicales, el catéter que utilizaba como remedio, "el mejor de los instrumentos" según él mismo decía, cepillos, peines, una máquina para fabricar macarrones y diversos objetos orientales sobre las mesas y cómodas, todo ello minuciosamente colocado en su lugar exacto.
En ese tiempo volvió a tener una vida sosegada, con menos problemas de salud, lo que le llevó a recuperar su carácter afable y comenzaron las veladas semanales a las que llamó Samedi soirs (Tardes del sábado) en las que Rossini destacaba como anfitrión, cocinero, conversador e intérprete de piano. Su casa acabó convirtiéndose en un centro artístico por la que pasaba lo más destacado de la sociedad.
Grandes pianistas como Liszt o Talbert, escritores como el propio Dumas, pintores como Gustave Doré o Delacroix, compositores como Gounod, Meyerbeer, Saint-Saëns, Weber, Verdi o Arrigo Boito, aristócratas y todo tipo de personajes pasaron por sus Samedi soirs.
En estas veladas se interpretaban algunas piezas que componía para la ocasión, bien con él mismo de protagonista, bien con la complicidad de algunos de sus invitados. 
El enlace nos recrea cómo podrían desarrollarse estas veladas, con un anfitrión que nos podría evocar al propio Rossini, y la interpretación de la mezzosoprano Marilyn Horne de la Arietta o Canzonetta Spagnuola en una grabación dirigida en Versalles en 1985 por Claudio Abbado.


M

El relato de Dumas sobre la cena en el palacio de Rossini en Bolonia continúa con la conversación sobre cómo hacer que el compositor acepte componer de nuevo una ópera, se debate si el luminoso cielo mediterráneo de Italia es propicio a las narraciones sobrenaturales o la implicación y relación de dependencia entre música y poesía.


En los Samedi soirs los Rossini -Gioacchino y Olimpia- recibían a sus invitados y, alrededor de las ocho y media comenzaban las "veladas de gala", donde se servían manjares, algunos de ellos provenientes de regalos recibidos por los anfitriones. Habitualmente el compositor abandonaba las estancias donde estaban todos los invitados y se acercaba con algunos más allegados a las habitaciones del piso superior para entablar conversaciones con ellos.
En muchas ocasiones se imprimieron los programas con las piezas que se interpretaban, por lo que conocemos que, aunque la mayoría eran suyas, también tenían cabida obras de Mozart, Gounod o Verdi y que compositores como Liszt estrenaron algunas de sus obras, como San Francisco de Asís predicando a los pájaros o San Francisco de Paula caminando sobre las aguas.
Las obras del Cisne de Pesaro provenían casi en su mayor parte de esas miniaturas y bagatelas que formaban sus Péchés de vieilles y sus títulos hacían alarde del ingenio y el sentido del humor del compositor: Improntu anodino, Los guisantes, Estudio asmático, Preludio compulsivo o Preludio Petulante-Rococó.

Alexandre Dumas, padre. Daguerrotipo de Etienne Carjat

Rossini tocaba el piano a la perfección, sin ningún esfuerzo, con un estilo preciso y expresivo, con gracia y sensual. 
En Petit caprice (style Offenbach), el de Pésaro realiza una imitación jocosa sobre el estilo del compositor francés, pero que esconde una extraña recomendación. En algunos pasajes de la partitura Rossini exige tocar solo con los dedos índice y meñique. Una extraña digitación que se podría realizar de cualquier otra forma.  Al intentar colocar los dedos en esa posición lo único que se consigue es realizar el gesto de los cuernos. 
¿Por qué? ¿Qué pretendía el maestro al obligar al pianista a este esfuerzo tan vano? Para los italianos este gesto con los dedos hacia abajo es el que realizan los supersticiosos para alejar la mala suerte o librarse de influjos perniciosos. Así, Rossini quería indicar "en petit comité", entre sus amigos, con ese gracejo y esa sorna que poseía, que Offenbach era un gafe, un cenizo, una reputación que en realidad no había inventado él y que era la comidilla de los ambientes musicales parisinos.
Alessandro Marangoni interpreta este Petit caprice, (style Offenbach) de Pecados de vejez de Rossini con la digitación original propuesta por el compositor.


El relato Una comida en casa de Rossini de Alexandre Dumas continúa con la proposición de uno de los comensales que implica la participación del propio compositor y del que surgen una obertura y un proyecto.
¿Qué hay de real o de invención en esta relato de Dumas? Quizás cada uno de quienes lo lea tendrá su propia opinión.


La historia de Dumas no finaliza en este momento. Una cena en casa de Rossini continúa con la voz del joven poeta Scamozza y su relato familiar en ese juego de historias dentro de historias que se asemeja al juego de la narradora por excelencia, Seherezade. Pero, como diría Michael Ende, eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Caricatura de Rossini por Gill para la revista La Lune

Las composiciones que forman los  Péchés de vieilles fueron elaboradas durante varios años, en la mayoría de las ocasiones para uso propio entre sus amigos y sin ánimo de publicarlas. Ciento cincuenta piezas forman la colección agrupadas en catorce volúmenes que toman el nombre de una pequeña selección que hizo el propio compositor y a las que les dio un nombre tan irónico y crítico consigo mismo a la vez. Fueron vendidas por su viuda una década después del fallecimiento de Rossini y agrupadas en los citados volúmenes por temática y prescindiendo del orden de composición.
Esta miscelánea de obras está escrita para piano, pequeña orquesta de cámara o voces y fueron compuestas entre 1857 y su muerte en 1868 y reflejan de modo inequívoco el carácter, la genialidad compositiva, el sentido del humor y el irónico sarcasmo de uno de los más grandes compositores de la historia de la ópera.
Finalizamos con el Quartettino La passeggiata (El paseo) para piano y cuarteto de voces (soprano, contralto, tenor y bajo), el número 12 del Álbum Italiano, el primero de los catorce volúmenes de estos Péchés de vieilles de Rossini.
La interpretación pertenece al disco Le salon de Rossini interpretado por Lieder Quartett formado por Anna Maria Miranda, Hanna Schaer, Jean-Claude Orliar y Udo Reinemann, con Christian Ivaldi al piano. Si siempre son interesantes los auriculares para escuchar este tipo de música, en este caso se hacen casi imprescindibles.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: