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Balada desde la cárcel por Oscar Wilde

Juzgamos a los demás porque no nos atrevemos con nosotros mismos.
Oscar Wilde

En todas las épocas ha habido creadores que han pasado de la incomprensión al reconocimiento o, en un camino inverso, del éxito al fracaso o del favor del público al desprecio de su obra o su personalidad. También ha habido en todo momento y lugar quienes han pagado con su libertad el hecho de haber propuesto ideas, temas o contenidos que se opusieran a quienes ostentan el poder. 
Basta recordar la muerte de Sócrates, que se suicidó con cicuta después de haber sido condenado a muerte por un jurado de Atenas por no creer en los dioses y corromper con sus ideas a la juventud; la pena de cárcel que sufrió Fray Luis de León condenado por la Inquisición tras un proceso ideológico entre órdenes religiosas por la fuente original desde la que traducir la Biblia. De esta manera, muchos escritores, artistas o pensadores han acabado con sus huesos en la cárcel como consecuencia de la publicación de sus obras y su pensamiento o algún delito como Cervantes, Verlaine, Dostoyevski, Thomas Moro, Dante o Galileo entre muchos otros. 
A Oscar Wilde lo conocemos como uno de los autores teatrales más ingeniosos, corrosivos y geniales, todo un azote para la doble moral de la Inglaterra de finales del siglo XIX, aunque su vida cambió de forma radical a partir de su ingreso en prisión en unos juicios que lo hicieron el centro de una polémica que traspasó las fronteras del Reino Unido para llegar a toda la civilización occidental.
Te propongo un acercamiento a la figura de Oscar Wilde y cómo cambiaron su vida y su obra tras su paso por la cárcel. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Pocos escritores hay que sean tan brillantes, irónicos y deslumbrantes como WildeInfluido desde pequeño por su madre que le puso una serie de nombres con que dejaría claras al mundo sus pretensiones, Oscar Fingel O'Flahertie Wills Wilde no dejaba a nadie indiferente.
Su madre, Jane Francesca Elgee, había pasado de escribir algunas proclamas nacionalistas irlandesas en su juventud a organizar veladas en su casa y casarse con William Wilde, quien llegó a ser otorrino de la reina, un hombre bajito y poco agraciado que tuvo varios hijos ilegítimos y de quien su esposa se vengó escribiendo poemas contra sus amantes y vistiendo a su pequeño Oscar de niña. Una falsa denuncia de violación acabó con la vida profesional del padre, de la misma manera que la brillante carrera y la frenética vida del escritor también quedarían arruinadas en un futuro.

Todo el Reino Unido siguió los juicios por la prensa, incluida la publicación Police News 

Tras estudiar a los escritores clásicos, de modo especial a los griegos, en el Trinity College de Dublín. A partir de 1879 se estableció en Londres y comenzó a publicar. Su primero poemario fue editado en 1881 consiguiendo cierta fama que fue acrecentando gracias a su particular forma de vestir y a su carismática personalidad, mientras iba siguiendo los pasos de John Ruskin y Walter Pater y entrando de lleno en el estilo esteticista en que con tanta diligencia se implicó. 
Oscar Wilde poseía un estilo modernista y brillante, en cierto sentido de lo oriental y sumamente irónico que ganaba enteros en el cara a cara con quienes le conocían y entre los que brillaba con su verbo ingenioso y ese carácter excéntrico, disparatado y sumamente irreverente que desplegaba. «Tengo miedo de no ser incomprendido» resume esta capacidad para acaparar las miradas y ser el centro de atención de cualquier reunión social.
Varios años después se casó con Constance Lloyd con quien tuvo dos hijos, en una época en que mantuvo relaciones con otros hombres, algunos amigos y jóvenes relacionados con el mundo de la prostitución. En 1895, tras más de una década de éxitos, fue acusado de sodomía y condenado a trabajos forzados, por lo que finalizó su carrera y su vida fue decayendo hasta fallecer, envejecido, en 1900 con apenas cuarenta y cinco años de edad.
Su paso por la prisión de Reading marcó el inicio de su decadencia física, dejando una obra poética, su Ballad of Reading Gaol (Balada de la cárcel de Reading) que fue publicada tras su puesta en libertad.
Nos acercamos en esta primera mirada al comienzo de la quinta de las seis partes en que se divide esta balada que recoge, sin juzgarlos, los sentimientos que la prisión dejó en el escritor.


Durante el tiempo que Wilde estuvo en prisión, exactamente el sábado 7 de julio de 1896, tuvo lugar la ejecución de Charles Thomas Wooldridge, un antiguo soldado de la Guardia Real de Caballería que había asesinado a su esposa. La impresión que dejó en el escritor este ahorcamiento originó la escritura de la Balada de la cárcel de Reading.


Nos acercamos de una situación semejante de la mano de Verdi. En el Acto IV de Il trovatore, junto a la torre en la que se encuentra prisionero Manrico condenado a muerte. Se escucha la campana tocando a muerto, seguida de un coro fuera del escenario que entona a capella el Miserere, la oración por los condenados a muerte. Leonora canta Quel suon, quelle preci, solenni, funesti (Esos sones, esas plegarias solemnes y funestas) a la que contesta su enamorado Manrico desde la torre en un dúo dramático, sombrío y desgarrador.
La interpretación corresponde a una representación llevada a cabo en Hungría del que desconocemos más datos y que cuenta con subtítulos en castellano.


Amante del lujo y de la pereza, ostentoso e impertinente, egocéntrico y deslumbrante, Oscar Wilde tenía todas las cualidades para triunfar en el mundo social y literario inglés, pero también poseía las cualidades para fracasar allí, al ser exhibicionista e irlandés. Admirado por algunas de las más destacadas mujeres de la sociedad inglesa, llegaron a decir de él que las conquistaba gracias a su osadía y personalidad, o por poseer «la voz más fascinante que se puede oír».
Autor de obras como El príncipe feliz y otros cuentos o El retrato de Dorian Gray, su única novela que tuvo un enorme éxito, destacó por sus obras de teatro en las que, tras un inagotable sentido del humor adulaba a la sociedad insultándola, provocaba a cuantos se relacionaban con él adulándolos con irónicos argumentos, mientras esa sociedad le aplaudía y vitoreaba cuando les escandalizaba. En el fondo, sabía que le acabarían dando de lado por todo esto.
Así, en la última década del siglo triunfó en las tablas con obras como El abanico de Lady Windermere, Una mujer sin importancia, Un marido ideal o La importancia de llamarse Ernesto, mientras escandalizaba y se prohibía su versión de Salomé.
Fotografía de Oscar Wilde y Alfred Douglas
Inmerso en esa vorágine de lujo, escándalos y excesos, se enamoró del caprichoso, violento y maleducado Alfred Douglas, un noble que también era generoso, leal y alegre. Su padre, Lord Queensberry, un rudo aficionado al boxeo, no quería consentir que su hijo fuera un esteta afeminado por lo que intentó cortar, a su estilo con la relación entre ambos.
El día en que Wilde estrenó triunfalmente La importancia de llamarse Ernesto en el teatro Saint James, Lord Queensberry quiso lanzarle a sus pies cuando salió a saludar lo que él llamó un ramillete fálico -un ramo de nabos y zanahorias-, pero le fue impedido por el servicio de vigilancia del teatro que estaba al tanto. Al fracasar en su intento se dirigió con un testigo tres días más tarde, el 18 de febrero de 1895 al Albermale Club donde se encontraba el escritor dejándole su tarjeta con una nota manuscrita: «A Oscar Wilde, que se comporta como un sondomita». 

La tarjeta de visita que Lord Queensberry dejó a Wilde

El atrevimiento, unido al error ortográfico y la insistencia de Alfred en denunciar a su padre hizo que Wilde se atreviera a demandarle, después de buscar un abogado y expresar que no era cierta la difamación contra él. El uno de marzo Wilde solicitó un mandato judicial y Lord Queensberry fue detenido y trasladado al tribunal de la policía. Tras una semana de aplazamiento, el día 9 se celebró la vista y el marqués quedó en libertad bajo una fianza de 500 libras. El 3 de abril comenzó un juicio en el tribunal de Old Bailey en esta ocasión contra el escritor que concluyó con la condena de éste.
Los empresarios teatrales se asustaron y el 6 de abril se suspendieron las representaciones de Un marido ideal. El Criterion Theatre la repuso durante dos semanas más hasta que la retiró, igual que La importancia de llamarse Ernesto que fue eliminada de la cartelera a comienzos de mayo, donde no sería repuesta hasta dos años después de la muerte del escritor. 
Tras este juicio, hubo otro en mayo en que Wilde fue acusado de «sodomía y de grave indecencia.» Tras una serie de sesiones del juicio que levantaron una gran expectación en el país, el 25 de mayo de ese año el escritor fue declarado culpable del delito de indecencia grave y condenado a dos años de trabajos forzados en prisión. Se confiscaron su casa y sus bienes, su esposa y los hijos aún pequeños hubieron de irse para escapar de las burlas y en el trajín del desahucio, el escritor cayó por las escaleras produciéndose unas lesiones que le acompañarían hasta su muerte.

Podemos imaginarnos a un hombre de cuarenta y un años, esposado y con el inconfundible uniforme de los condenados sentado en una estación de Londres, vigilado por la policía mientras espera el tren que lo lleve a la prisión de Wandsworth mientras es mirado e insultado por los transeúntes que escupen al pasar junto a él. De esta cárcel lo trasladan a la de Reading, irónico nombre para un escritor, donde perdió su nombre para convertirse en el anónimo presidiario C.3.3.

Seguimos en compañía de los versos con que Wilde continúa la quinta parte de la Balada de la cárcel de Reading que iniciábamos antes.


La desesperación que sintió en la prisión de Reading es similar a la que Puccini dibuja en el Acto III y último de su ópera Tosca. El compositor italiano presenta la historia en unos momentos y lugares concretos, pues toda la obra transcurre el 17 de junio de 1800 en Roma, el primer acto en la iglesia de Sant'Andrea della Valle, el segundo en el Palacio Farnese y el tercero en el Castel Sant'Angelo al amanecer del día siguiente.
Prisionero en el que fuera mausoleo de Adriano, el barón Scarpia ha condenado a Mario Cavaradossi a ser fusilado al amanecer. En su desesperanza, el pintor evoca a su amada en esa suerte de adiós a la vida que es E lucevan le estelle.

La interpretación de esta desgarradora romanza que alterna los tonos íntimos a media voz con los fortísimos de la desesperación corre a cargo de una de las grandes voces de la ópera actual, el tenor alemán Jonas Kaufmann.


Durante los dos años de condena a trabajos forzados Wilde pasó de un extremo al otro: de una vida entregada al lujo y al placer estéticos al insomnio en un pequeño catre, con diarreas provocadas por la alimentación carcelaria (papilla de avena, pan, grasa de riñones y agua), mientras se le rompían y sangraban las uñas por su torpeza en la tarea física. 
Esa sociedad que evitaba que se sacaran a la luz sus contradicciones secretas y sus vicios ocultos se había quitado a uno de sus fustigadores, a una persona que, en palabras de alguno de quienes le conocieron era «el hombre más puro de palabra y obra que he conocido».
De aquel dandy que entró no quedaba nada al finalizar la pena de la que no le restaron ni un solo día. La condena, que buscaba ser ejemplarizante, tuvo repercusión no solo en Inglaterra, sino también en otros países europeos, acarreando una intolerancia sexual por todas partes.
El dolor que Wilde siente en la prisión lo traspasa y lleva por completo a su Balada de la cárcel de Reading, donde en uno de las estrofas más desgarradoras, y recordando a aquel prisionero al que ejecutaron, escribe

Aunque todos los hombres matan lo que aman, 
que lo oiga todo el mundo:
unos lo hacen con una mirada amarga, 
otros con una palabra zalamera;
el cobarde lo hace con un beso,
¡el valiente con una espada!

En el fondo, C.3.3. acabó en la prisión con el Oscar Wilde al que admiraba y adoraba sobremanera, fue dejando de ser el brillante escritor, el ingenioso conversador y el sarcástico orador. Su estancia en la prisión acabó irremediablemente con él.
No recibió en prisión visitas familiares, perdió sus propiedades -su biblioteca se dividió en lotes y se subastó- y a su mujer, mientras sus dos hijos tuvieron que cambiar su apellido de por vida para huir de las burlas y desprecios.
El primer año el director se ensañó haciendo cumplir con él la legalidad de un modo perversamente estricto, impidiendo al escritor que escribiera, aunque fuera como un mero desahogo, quebrando su más íntima esencia. En el segundo año de trabajos forzados el cambio de director le permitió vivir en mejores condiciones y, del insondable abismo en que se encontraba, sacar lo mejor de sí y escribir dos obras diametralmente opuestas a las anteriores y que lo harían más trascendental, la balada sobre la que tratamos en esta publicación y De profundis, subtitulada In carcere et vinculis, una extensa carta a su caprichoso ex-amante, dos obras que sustituyen los adornados y leves textos anteriores por un dolor, una angustia y un sufrimiento profundos. Así se consumó la muerte de Oscar Wilde a manos que quien más lo amaba, C.3.3.

De las última fotografías, un envejecido Oscar Wilde con Alfred Douglas en una comida al aire libre en Dieppe en 1898 

Escrito tras su puesta en libertad, la Balada de la cárcel de Reading fue compuesto alrededor de mayo de 1898 y publicado bajo su identificación como recluso al no atreverse a utilizar el nombre con el que era conocido y que hace referencia al bloque C, piso 3 y celda 3 de la prisión, dejando evidencias de cierta transformación religiosa.
El hambre, la dura piedra, el atroz silencio o la despiadada mirada que rompen el corazón son los motivos con los que Oscar Wilde continúa su Canto V de la Balada de la cárcel de Reading.


Los textos de Oscar Wilde no podían pasar desapercibidos para que algunos compositores les pusieran música, pudiendo apreciar obras como El retrato de Dorian Gray en ballet o en una ópera de 1996 de Lowell Liebermann o la más famosa de todas, la ópera Salomé de Richard Strauss entre muchas otras obras. 
También podemos encontrar versiones de las obras que escribió tras su estancia en la prisión desde los poemas más típicamente clásicos como los que que Donald Swann incorporó a su obra de 1991 La imagen poética: Un ciclo de canciones victoriano junto con algunos poemas de Tennyson, Christina Rossetti y John Clare hasta los basados en sus dos últimas obras.
Ahí encontramos las obras de Jacques Ibert de 1924 La Ballade de la geôle de Reading un ballet con versión para dúo de pianos, o The Ballad of Reading Gaol del compositor australiano Grant Foster, una obra para tenor y piano compuesta en 2012.
Es estreno de la obra de Foster se llevó a cabo en San Petersburgo ese mismo año a cargo del tenor Andrew Goodwin y el acompañamiento al piano de Mira Yevtich que eran los dedicatarios de la partitura. A la interpretación de ese estreno mundial pertenece la grabación que nos acompaña. Una interpretación histórica.


Tras la salida de la prisión, Wilde retomó su relación con Alfred Douglas, que se fue convirtiendo en un amor cada vez más amargo y en la que el aristócrata no supo valorar el gesto del escritor para con él al denunciar a instancias suyas a su propio padre y evitar que saliera mínimamente afectado en los juicios.
Salió para Francia y no volvió nunca a Inglaterra. Los burgueses y aristócratas ingleses lo reconocían en todas partes y le mostraban su rencor y aversión, haciendo que huyera de los sitios que frecuentaban como ParísNiza o algunas ciudades de la costa francesa. En Capri, mientras se alojaba en el Hotel Quisisana, los huéspedes ingleses exigieron al propietario que expulsara al escritor del comedor que compartía con ellos.
En Libro de réquiems, Mauricio Wiesenthal narra que el polifacético poeta Jean Cocteau le narró, con una afectación displicente y esa pose de actor que lo caracterizaba, años más tarde: «A Wilde me lo encontré en París, muchos años después de muerto. Llevaba el pelo horriblemente teñido, y me pidió que no le contase a nadie que había resucitado».
Así, cuando el cansancio y el hartazgo le hizo buscar no ser reconocido adoptó el pseudónimo de Sebastian Melmoth, tomando el nombre del santo preferido por los estetas y el apellido de Melmoth the wanderer, una obra de su tío abuelo Charles Robert Maturin que narra la historia de un fantasmagórico personaje que vende su alma al diablo para eludir la vejez y la muerte.
L'Alsace de París, un hotel de baja categoría en aquella época y hoy un pequeño hotel de lujo que vive de la memoria del escritor, acogió en sus últimos meses a un Sebastian Melmoth que llegó enfermo, sin dinero alguno y que fue mantenido por los pocos amigos que aún le quedaban. Allí, incapaz de pagar su estancia, ocupó una habitación en la planta baja hasta fallecer en noviembre de 1900 en condiciones atroces, posiblemente de una otitis que arrastraba durante años que degeneró en meningitis tras ser operado en su propio lecho en precarias condiciones.

Una de sus últimas fotografías en Roma en 1898

El Canto V de la balada que nos ha acompañado a través de esta transformación del refinado y brillante esteta Oscar Wilde hasta llegar a Sebastian Melmoth, pasando por C.3.3. concluye con unas referencias religiosas que se antojan impensables antes de esta metamorfosis vital. 

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CONTENIDO EXTRA:
Si tienes un poco más de tiempo o deseas volver en otro momento, una composición nos acerca a la última de las obras que hemos citado, De Profundis. Compuesta por el pianista y compositor norteamericano Frederic Rzewski, fallecido hace poco, en junio de 2021, es una obra compuesta en 1994 para pianista parlante en la que el propio intérprete de piano habla, canta, silba, suspira o gime extractos de la carta escrita por Wilde desde la prisión a Alfred Douglas.
La grabación nos muestra la hipnótica partitura para voz y piano en la que se puede seguir sin dificultad el texto y que está interpretada por el propio Frederic Rzewski.


Enlaces y lecturas de interés:

Enamorados de un retrato

El artista es el creador de las cosas bellas 
Oscar Wilde

La pintura ha reflejado a lo largo de la historia lo que nos rodea a partir de imágenes de paisajes, retratos de personajes, relatos históricos o edificios, además de ofrecernos la interpretación que los autores han deseado transmitirnos de sus ideas, reflexiones y opiniones.
Además la pintura ha ido evolucionando con la aparición de nuevas técnicas, la adaptación de los distintos estilos pictóricos a las circunstancias de cada época. Con la invención de la fotografía y en estos últimos años la digital, la pintura ha visto ocupado un espacio que le pertenecía, el de la reproducción lo más fiel posible de la realidad, para extender su desarrollo hacia otros ámbitos ligados a distintas: impresionismo, expresionismo o cubismo por citar algunos. 
En la actualidad, las fotos y los selfies sustituyen de forma abrumadora una de las técnicas más utilizadas en la pintura: el retrato.
El retrato es una técnica con la que el pintor muestra el aspecto de la persona retratada. No sólo el aspecto de su cuerpo en general, su rostro o su posición social, sino de manera fundamental, su carácter. De los tiempos en que sólo aparecían en retratos los reyes y gobernantes, pasando por la aparición de una burguesía que mostraba su poder económico invirtiendo grandes sumas en quedar reflejados, hasta llegar a los de aquellos pintores que plasmaban a sus amigos, personajes interesantes que encontraban o que les servían para representar a otros personajes de carácter mitológico o religiosos.
Pero ante un retrato somos nosotros los que lo interpretamos según nuestros intereses, estado de ánimo o sensibilidad, dándoles un sentido diferente en cada una de las personas que lo admiran.
Incluso se puede dar el caso de que simplemente viendo un cuadro nuestra sensibilidad haga que nos afecte tanto que lleguemos a enamorarnos de la persona retratada.
Lo habitual es el sentimiento inverso. Cuando vemos el retrato de la persona amada más la amamos por su imagen, acercando y uniendo el sentimiento de lo que es actualmente a lo que fue en otro momento importante en nuestra vida.
Te propongo un paseo por diversos textos y músicas en que los protagonistas se sienten enamorados de la imagen que reflejan los retratos que ven. Nos acompañan obras de Oscar Wilde, Puccini y Mozart. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Retrato fotográfico de Oscar Wilde

Si cuando se nace en Dublín y su madre le pone por nombre Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde no es de extrañar que se tenga una personalidad que destaque y llame la atención. Oscar Wilde paseó su brillante inteligencia, su decadente espíritu, su carácter excéntrico y provocativo y su ingenio irreverente y disparatado por la Inglaterra de finales del XIX. Un irlandés exhibicionista llega a tener lo que buscan los ingleses: la originalidad y el individualismo, pero en una sociedad tan puritana como aquella también tiene la condena de no soportar que se destaque en demasía. Y Oscar Wilde destacaba en exceso.
Autor de un gran número de obras de teatro como La importancia de llamarse Ernesto, El abanico de Lady Windemere o Salomé, que estrenó Sarah Bernard en París mientras permanecía en prisión acusado del delito de homosexualidad, Wilde cultivó otras disciplinas literarias como la dirección de algunas revistas, algunos cuentos y pocas novelas.
The Picture of Dorian Gray (El retrato de Dorian Gray) se publicó por entregas en la revista literaria Lippcontt's Monthly Magazine en 1890 con tanto éxito que los trece capítulos originales acabaron convirtiéndose en veinte. Al año siguiente se publicó en forma de libro con ilustraciones de Charles Ricketts.

Publicación de The picture of Dorian Gray en la revista Lippincott's en junio de 1890

El propio Wilde alteró el argumento original en el que la relación entre Basil y Dorian pasaba a ser más una relación de amistad que la sentimental prevista en principio, evitando problemas con la sociedad.
Esteta, dilettante, un vividor que goza de los placeres, Dorian Gray es un personaje que está enamorado de la belleza. El texto nos muestra el momento en que Basil Hallward finaliza el retrato que ha realizado de Dorian y, en presencia de lord Henry lo admiran, quedando el retratado prendado de su propia belleza. El razonamiento de Dorian será la base en la que Wilde plantee la novela.




La flauta mágica de Mozart admite muchas lecturas e interpretaciones. Desde un cuento que, en muchas ocasiones, se ha considerado infantil y adecuado para los pequeños cuando no lo es, hasta una obra enraizada en el conocimiento y la propaganda de los ritos masónicos, pasando por un singspiel de puro entretenimiento pensado para un público popular.
En ella Mozart se sirve también de un retrato, un pequeño dibujo de bolsillo para hacer que Tamino, el príncipe de un país lejano, se enamore de Pamina, la hija de la Reina de la Noche. En esta ocasión, Tamino recibe el pequeño retrato que desencadena una reflexión que lo lleva a un principio de enamoramiento que finalizará con ambos protagonistas como pareja al final de la obra, después de haber superado una serie de pruebas.



Uno de los tenores que triunfa en estos momentos, el polaco Piotr Beczala interpreta Dies Bildnis ist bezaubernd schön (Este retrato es encantadoramente bello), el aria de Tamino en el Acto I de La flauta mágica de Mozart en una producción que se representó en el Opernhaus Zurich en 2000.


La entrada de Oscar Wilde en prisión acusado del delito de sodomía por una sociedad tan tradicional minó las fuerzas de vivir y la energía del autor que finalizó sus días pocos años después en Francia con apenas cuarenta y seis años.
Pero unos años antes, la publicación del libro fue un éxito que hacía pensar que todo lo que Wilde tocaba convertía en oro. Por un lado, su mala fama comenzó a extenderse entre quienes no lo veían con buenos ojos; por otra parte, afianzó su influencia entre los ingleses. El relato del joven cuyo retrato envejece mientras él permanece por siempre joven -una especie de Fausto esteta, adonis y elegante- encajaba en el relato de los años noventa del XIX. 
Igual que La flauta mágica y otras grandes obras, el libro de Wilde admite varias lecturas que van desde la más inocente a la más perversa. También engloba varias tramas que oscilan entre la más tradicional alrededor de Sibyl Vane, la novia de Dorian, la sobrenatural o mágica y las escenas donde ese mundo decadente con el brillo de las joyas y los vicios ocultos se muestra en todo su esplendor a la par que anima a vivir y gozarlo.

Ilustración de El retrato de Dorian Gray

El autor se representa prácticamente en los tres personajes principales. Por un lado, Basil Hallward el pintor muestra al Wilde artista, enamorado -platónicamente o no- de la belleza, una especie de sacerdote pagano que le rinde culto. Lord Henry Wotton es el Oscar Wilde más mundano, el escritor que se desenvuelve como centro de los salones, con su lenguaje elegante, irónico, con las paradojas y las dobles intenciones prestas en la boca; un personaje que, casi seguro, se retrata a sí mismo como el caballero elegante de sus propias comedias a la par que un buscador de los goces de los bajos fondos. También Dorian tiene algo de él: el joven que se niega a envejecer, en este caso por un pacto, basado en John Cray, un poeta al que admiró y amó el escritor. Ambos en uno son el retrato ideal que Wilde crea del protagonista idealmente perfecto, hermoso y sensual que siempre quiso ser. 
Aún en la mitad de la novela, de la que no vamos a desvelar nada más, Dorian, que hace tiempo realizó el pacto que lo desenvuelve a él en una belleza exterior que nunca cambia, pero cuyos vicios y vilezas se reflejan en el retrato, se acerca a él después de un largo tiempo sin verlo.


No tienen una conclusión tan drástica la visión de los retratos ni la facultad para que nos enamoremos de la persona retratada a primera vista como ocurre con las situaciones anteriores.
En Tosca, Puccini refleja una situación que se desarrolla en un día concreto, el 14 de junio de 1800. El primer acto se desarrolla en la Iglesia de Sant'Andrea della Valle de Roma. Angelotti, un jacobino que huye de la prisión del Castel Sant' Angelo se refugia en la capilla privada que su familia, los Attavanti tiene en la iglesia donde le han dejado unas ropas para que se disfrace y huya. Allí se encuentra con el pintor Mario Cavaradossi a quien le han encargado que pinte una imagen de María Magdalena. Cavaradossi se ha inspirado para el personaje precisamente en la hermana de Angelotti, la marquesa Attavanti  a la que ha visto en ocasiones rezando en la capilla. En un momento determinado el pintor compara los rasgos de la modelo con los de su amada, la famosa cantante Floria Tosca, una ardiente y celosa artista que aparecerá en escena tras esta reflexión

Portada El retrato de Dorian Gray con ilustraciones de Charles Ricketts. La frase corresponde al comienzo del prólogo
El enlace con subtítulos está protagonizado por el inconfundible tenor Luciano Pavarotti que interpreta el aria Recondita armonia, mientras el sacristán realiza un contrapunto con sus comentarios. Pertenece a una representación de Tosca que se llevó a cabo en el Metropolitan Opera House de Nueva York en 1978 bajo la dirección del defenestrado James Levine.


No dejemos de admirar la verdad que encierra cada retrato.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Cuando las estatuas hablan

Las vemos en nuestras ciudades y en museos. La presencia de estatuas se hace habitual cuando convivimos a diario con ellas. En otras ocasiones las deseamos ver de cerca en las ciudades y lugares donde fueron erigidas o se encuentran. ¿Quién no ha visto o deseado ver el David de Michelanchelo Buonarroti, El pensador de Rodin o cualesquiera de las que hemos conocido en los estudios o por otros medios?
En esta entrada te propongo un paseo alrededor de las estatuas con la idea de conocer qué nos han dicho o nos dirían si pudieran hablar. Nos acompañan obras de Ibsen, Grieg,  Schubert, Oscar Wilde y Mozart. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 



Las estatuas surgieron en primer lugar como demostración de poder. El poderoso monarca erigía para mostrar a todos su fuerza y dominio. El antiguo Egipto está poblado de faraónicas estatuas con ese fin. La llegada de la civilización griega hizo avanzar el fundamento hasta personajes que iban desde los dioses que poblaban el Olimpo hasta semidioses e incluso personajes reales que iban desde el gigantesco Coloso de Rodas, erigido en la entrada al puerto, hasta los atalantes y cariátides que servían de columnas en los templos, pasando por efigies de políticos o vencedores en gestas olímpicas o guerreras.
Más adelante, el motivo de la erección se diversificó, aún sin descartar la demostración de poder en la Europa medieval y posterior, abarcando la figura de poetas, artistas, personajes emblemáticos e incluso conceptos que se consideraron motivos dignos.
El mensaje que aportan las estatuas es la evocación o el recuerdo, dar a conocer qué quiere transmitir o qué no se quiere que olvidemos con la efigie.
Una historia legendaria aportó otra nueva dimensión al concepto  y significado de la estatua. El faraón Amenhotep III erigió un templo, el mayor de su época junto a la ciudad de Luxor, cuya entrada estaba flanqueada por dos estatuas suyas de 18 metros de alto, sentado con las manos sobre las rodillas. Tras un terremoto en el siglo I a.C. el templo se desmoronó y la estatua situada más al norte quedó destruida hasta la cintura con importantes grietas en la zona inferior.
Estas grietas hicieron que las corrientes de aire circulasen por su interior, especialmente con el cambio de temperatura y la evaporación del rocío que tenían lugar al amanecer produciendo unos sonidos que algunos consideraron musicales. Los primeros viajeros griegos y romanos asociaron este sonido con la historia de Memnón, un mítico rey de Etiopía, participante en la guerra de Troya, hijo de la diosa de la aurora Eos, quien al morir a manos de Aquiles tuvo a su madre llorando durante demasiados amaneceres, provocando con sus lágrimas el rocío. A esta estatua se llamó por ese motivo estatua de Memnón. Viajeros como Herodoto escribieron sobre su experiencia de haber oído el sonido de la estatua.
De aquí surgió la idea de que una estatua, gracias a espacios huecos en su interior y orificios pudiera emitir sonidos e incluso cantar, una idea que pudo dar mucho juego e ideas a distintos autores.



En una colaboración sin precedentes, el dramaturgo Henrik Ibsen y el compositor Edvard Grieg prepararon en una obra dramática con música incidental, Peer Gynt, una obra a la que en algún momento recurriremos en este blog por el arquetipo que crearon, cada vez más actual.
Peer Gynt tiene como las grandes obras maestras, entre otras muchas connotaciones, la del viajero empedernido como un quijotesco Ulises se tratara. Un viajero que transita por espacios geográficos de su Noruega natal, el desierto africano, la geografía de Egipto o las costas griegas, mezclando saltos y momentos históricos diferentes, además de adentrarse en las regiones de la fantasía popular con la visita a reinos de duendes y troles.
La música incidental que Edvard Grieg compuso para la puesta en escena se adapta de manera especial a este texto. La versión musical pertenece a un disco de la Orquesta de la Suisse Romande dirigida por Guillaume Tourmiaire y te propongo oírla mientras lo lees y apreciar el cresccendo que realiza el sonido con el amanecer, en el que Peer Gynt reconoce o cree reconocer el mensaje que le transmite la estatua de Memnón.


En su transitar por el norte africano, Peer Gynt se encuentra frente a la estatua de Memnón. Cuando se interpreta la versión completa de Grieg suele ser esta versión la que se representa. Hace años pude ver una interpretación en concierto en Tve2 de Peer Gynt con un director nórdico que presentaba una versión con alguna piezas poco habituales entre las que se encontraba una pieza que Grieg no se resistió a componer. En ella, la estatua de Memnón cantaba. No he vuelto a encontrar esta interpretación desde entonces. Una lástima.



A partir de un texto de su amigo Johann Baptist Mayhofer, Franz Schubert compone un lied sobre la figura de la estatua de Memnón
La interpretación, también de audio pertenece a dos figuras del panorama de la música clásica actual, el barítono Matthias Göerne y la pianista Elisabeth Leonskaja en un disco grabado en 2008.


En este caso, la propia efigie es la que se lamenta, en un tono muy del estilo de Schubert, con ese pesimismo y el hálito de sombría tristeza que acompaña al compositor vienés hasta en las más alegres de sus obras. El fondo del período romántico también se deja traslucir a lo largo de toda la canción, marcando las pautas de lo que dice la leyenda sobre la estatua canora.



Posiblemente lo primero que se nos viene a la memoria si nombramos a Oscar Wilde es su inconformismo en la sociedad victoriana en la que se desarrolló su vida. Hombre de lengua mordaz, frívolo, irónico, de ingenio agudo e incisivo y, sobre todo brillante e inteligente, cuya figura, el personaje que creó de sí mismo, su obra y su vida chocaron de modo frontal con la conservadora sociedad de la Inglaterra del cambio de los siglos XIX a XX.
Frente a su obra en la que critica el excesivo conservadurismo y la hipocresía de la sociedad que lo albergó, una serie de cuentos muestran la cara más tradicional y moralista de un escritor que destacó justo por los principios contrarios en su vida y su obra. Cuentos como El príncipe feliz, El ruiseñor y la rosa o El gigante egoísta son historias que surgen de su refinada erudición y sus enormes conocimientos culturales.



Si tratamos de estatuas que hablan, en un giro completamente distinto al que veníamos desarrollando, El príncipe feliz nos muestra la historia de una estatua, la más espléndida de todas, "toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada". Esta estatua, que divisaba desde su altura las grandezas y, sobre todo, las miserias de su pueblo, se va acercando a estas últimas para socorrer con ayuda de una voluntariosa golondrina las necesidades de los habitantes de la gran ciudad. Una estatua que se erige en personaje y habla no puede menos que recordarnos y acordarse de Memnón. Una delicia de cuento con moraleja para los más pequeños.



Quizás la estatua más conocida de cuantas hablan es la que aparece en la historia de uno de los arquetipos más reconocidos de los siglos XVIII y XIX: Don Juan. En Don Giovanni de Mozart, en el II acto, la escena decimonovena está dedicada al encuentro entre la estatua de El Comendador y el protagonista en una obra que en España se representó durante muchos años, en la versión del Tenorio de Zorrilla, en el inicio del mes de noviembre.
La entrada de El Comendador comienza con A cenar teco (A cenar contigo) en una escena en que intervienen éste, Don Giovanni y Leporello, su criado. La estatua de El Comendador le pide que se arrepienta de su vida de libertino, a lo que se niega con prepotencia. Siente un frío glacial en su cuerpo y entre grandes estertores, la estatua lo lleva al infierno. 
La interpretación corre a cargo de Franz-Josef Selig como La estatua de El Comendador, el barítono malagueño Carlos Álvarez como Don Giovanni e Hildebrando d'Arcangelo como Leporello en una sesión que se celebró en el Theater an der Wien de la capital austriaca en 1999 bajo la dirección de Riccardo Mutti.


Cómo sería nuestro mundo si las estatuas nos hablaran, despojadas de la pompa y las condiciones con que fueron erigidas y con el único fin de servirnos como imagen y ejemplo para nuestras decisiones vitales.
¿Las miraremos y las sentiremos de forma diferente?

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Páginas web visitadas:

  • https://destinoinfinito.com/los-colosos-de-memnon-y-un-peculiar-sonido/
  • https://www.cjpb.org.uy/wp-content/uploads/repositorio/serviciosAlAfiliado/librosDigitales/Ibsen-Peer-Gynt.pdf
  • https://carlosvaldesmartin.blogspot.com/2015/11/resumen-de-peer-gynt-de-henrik-ibsen.html