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Saludos para todo el mundo con Walt Whitman


Todos y cada uno de nosotros somos hijos de la Tierra, el planeta que es nuestra casa y en el desarrollamos nuestra existencia.
Los seres humanos, junto con el resto de seres vivos formamos parte consustancial de nuestro planeta, en los que no podemos dejar de lado la importancia que tienen en la vida que se desarrolla en nuestro universo particular elementos inertes como montañas, ríos, llanuras, mares y océanos.
Sentirnos miembros del enorme ecosistema Tierra supone compartir la vida que se desarrolla en él y colaborar, dentro de nuestros límites y posibilidades, en su funcionamiento. Se trata de un asunto crucial y delicado en cuanto que hemos de ser conscientes de anteponer actitudes y acciones que contribuyan a su cuidado y mantenimiento antes que los relacionados con un consumo irresponsable.
Formar parte de este mundo singular supone sentirnos miembros de cada uno de los lugares que lo forman, enriquecernos apreciando las diferencias y peculiaridades de cada lugar, grupo de personas, culturas o costumbres. Consiste en sentir que formamos parte de aquí y de allá, de nuestro entorno cercano y de los más recónditos lugares. Cuanto más conocemos, más humanos, complejos y completos nos sentimos y más unidos a un todo universal.
No hay lugar en estos casos a las luchas y batallas, a la imposición de los criterios propios a base de destruir a los diferentes, a la supremacía por la devastación y la destrucción que conllevan las guerras.
Tras muchos siglos en que las civilizaciones se formaban a partir de luchas y conquistas, los seres humanos comenzamos a apostar por una lucha diferente, la formación y consolidación de un mundo más universal y solidario, un planeta donde impere el respeto por los diferentes, la aceptación de culturas y costumbres y en el que los conflictos bélicos desaparezcan de una vez por todas. En el que los poderosos no acaparen todo el poder económico, el progreso llegue a todos los lugares y el hambre, la pobreza y la violencia desaparezcan.
En esta publicación te propongo una mirada sincera, acogedora y universal a la riqueza y variedad de nuestro planeta de mano de la poesía de Walt Whitman acompañada de músicas que aporten y complementen esa mirada. Nos acompañan Beethoven, Händel, Haydn y Mozart. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Walt Whitman editó por sus propios medios su primeros poemas, Hojas de hierba, en 1855, un libro que fue corrigiendo, reeditando y ampliando a lo largo de su vida, mostrando una de las personalidades más originales, personales, fuertes e individuales que ha dado la literatura de Estados Unidos a lo largo de su historia. 
Incluido en su monumental Leaves of grass (Hojas de hierba), Salut au monde! (¡Saludo al mundo!, con el título original en francés) es un conjunto de poemas escrito en forma de coloquio consigo mismo que comienza con

¡Oh, toma mi mano, Walt Whitman!

al que sigue la pregunta

¿Qué se ensancha dentro de ti, Walt Whitman?

que es respondida por una serie de poemas convertidos en extensos catálogos que reflejan lo que el poeta vive, ve, siente y oye por y hacia todo el mundo. 
El tercero de los poemas de Salut au monde! comienza con la pregunta ¿Qué oyes, Walt Whitman? y que nos muestra la variedad de cantos, gritos, danzas y sonidos que surgen de oficios, personas, objetos o animales de cualesquiera de los rincones de nuestro planeta.


Esa visión que acoge a todas las diferencias, que integra todo cuanto se oye se refleja en una de las obras de madurez de Joseph Haydn, Die Schöpfung (La Creación), catalogada como Hob XXI.W), un oratorio inspirado en una obra como El Mesías de Händel en el que pretendía «escribir una obra que proporcione fama eterna a mi nombre». Compuesta a partir de los relatos de la creación del mundo según el Génesis bíblico y con un libreto del barón Gottfried van Swieten, el oratorio fue compuesto entre 1796 y 1798 y se estrenó a finales de abril de ese mismo año en Viena, cuando el compositor se acercaba a los setenta años de edad.


La obra está dividida en tres partes a través de piezas instrumentales, recitativos, coros y arias. En las dos primeras partes los solistas son los arcángeles Gabriel, Uriel y Rafael, representados por voces de soprano, tenor y bajo respectivamente, mientras en la última, el protagonismo corresponde a Uriel, Adán y Eva, estos últimos interpretados por bajo o barítono y soprano.
Para acompañar esa visión que abarca a toda la tierra del poema de Whitman, nos quedamos con el nº 18 de La Creación, un trío interpretado por los arcángeles con el que el compositor austriaco nos muestra y comparte las maravillas de la creación. 


La interpretación de este trío In holder Anmut stehn corresponde a Teresa Seidl, Christian Elsner y Michael Wolie con el Cracow Philharmonic Chorus y la Cracow Philharmonic Orchestra de la ciudad polaca, todos dirigidos por Roland Bader, en una grabación para Naxos Digital Services. Como en el resto de la publicación, puedes seguirlo siguiendo la lectura en el texto del libreto o haciéndolo con el poema de Whitman.


Nacido en Long Island, junto a Brooklyn, Nueva York, en 1819, Walt Whitman era hijo de un modesto carpintero y granjero, desarrollando los más diversos profesiones, desde maestro de escuela a director de periódicos, pasando por tipógrafo, carpintero, empleado público o enfermero durante la Guerra Civil americana. Su educación reglada se limitó a la escuela primaria, adquiriendo su formación vital de las diversas fuentes a las que se acercó: la vida urbana, el contacto directo y singular con la naturaleza, su abundante, intensa y desordenada afición a la lectura o sus experiencias laborales, especialmente las de tipo periodístico.
En esta profesión trabajó en una decena de periódicos como The New York Aurora, The Evening Tattler, The New York Statesman o The Daily Plebian, hasta trabajar como editor jefe en el Brooklyn Daily Eagle, donde ejerció el cargo hasta que fue despedido por sus manifestaciones contrarias a la esclavitud que iban contra las ideas del dueño del periódico. De allí pasó a lanzar un nuevo periódico, el Daily Crecent de Nueva Orleans, en el que permaneció unos meses.


Con su publicación de Hojas de hierba y los textos que le fue añadiendo, Whitman se erige en un escritor en la transición entre el trascendentalismo y el realismo filosófico, siendo llamado el «padre del verso libre». Su producción muestra una conciencia individual potente, una persona en su plenitud y vitalidad interior, lejos de la narración y los recursos literarios innecesarios y que muestra sus textos al lector, como escribe en Cantos de despedida

«Camarada, esto no es un libro:
quien lo toca, toca a un hombre»

El séptimo de los poemas se inicia con una nueva pregunta, ¿Qué ves, Walt Whitman?, entre cuyos versos de respuesta aparecen visiones de todo el planeta, en las que alternan algunas negativas como campos de batalla, enterramientos de guerreros o árboles arrancados con otras que nos acercan al esa diversidad que puebla nuestro planeta y a la que nos sentimos invitados a unirnos por el poeta.


Es la acción de los seres humanos la que rompe este equilibrio que encontramos en la naturaleza y en los esfuerzos que tantas personas han realizado y realizan para continuar manteniéndolo mientras desarrollan su existencia.
Nos acompaña ahora la obra en la que Haydn se inspiró para La Creación, el oratorio más conocido de Georg Friedrich Händel, El Mesías.
Catalogado como HWV 56, Messiah se basa en distintos textos de inspiración bíblica reunidos y adaptados por Charles Jennens y que se estrenó en Dublín el 13 de abril de 1742 y en Londres el año siguiente, en ambos lugares con un tibio recibimiento. En pocos años comenzó a ganar popularidad, convirtiéndose en una de las obras más interpretadas y reconocidas de todo el repertorio musical, especialmente su número más famoso, el Hallelujah! 
Acercándonos al comienzo del poema anterior, nos acompaña el aria para bajo Why do the nations...? (¿Por qué las naciones...?) que nos acerca a esos tiempos en que las ambiciones, el miedo a las amenazas o la imposición frente al razonamiento rompen ese equilibrio que nos permite avanzar en el respeto, la concordia y el acuerdo.  


El barítono Teddy Tahu Rhodes interpreta, furioso y enérgico Why do the Nations perteneciente a la segunda de las tres partes en que se divide El Mesías de Händel con la Orchestra of the Antipodes (un nombre interesante y sugerente para esta publicación dedicada a Walt Whitman) bajo la dirección de Antony Walker.  


Segundo de los ocho hijos de Louisa van Velsor de origen holandés y Walter Whitman, de quien tomó el nombre, su padre era una persona de escasa formación, pero de un acendrado americanismo, hasta el punto de que llamó a tres de sus hijos con los nombres de George Washington, Thomas Jefferson y Andrew Jackson. Con el tiempo, su padre tuvo problemas con la bebida, igual que su hermano Andrew que falleció joven, mientras Jesse sufría violentos desequilibrios mentales, Edward padecía un retraso intelectual que le tuvo incapacitado para cuidarse y su hermana Hannah, con brotes psicóticos, se vio maltratada por su esposo.
En este ambiente se formó y desarrolló la personalidad de Whitman, buscándose la vida por sí mismo en la variedad de trabajos que acometió. Antes de Hojas de hierba publicó en 1842 la novela Franklin Evans, el borracho, una obra contra la plaga del alcoholismo que asolaba al país y a su propia familia, que alcanzó tan poco éxito que decidió buscar otros caminos.  
Inmerso en una difícil situación económica, entre 1849 y 1855 Whitman se vio obligado a abrir un colmado que convirtió en librería e imprenta, mientas trabajaba, con escaso éxito, en la construcción y continuaba su colaboración con distintos periódicos como el Evening Post. Con el poco dinero ahorrado autopublicó en 1855 la primera edición de Leaves of grass que él mismo diseñó y compuso los tipos de imprenta, mostrando poca pericia, ya que abundan las erratas. Esta primera edición constaba de 95 página con doce poemas sin títulos y un prólogo -que no aparecería en las sucesivas reediciones-, y cuya autoría no aparecía en la cubierta, sino en la página de créditos, con un grabado en el que el autor, Walter Whitman, se mostraba con desaliño proletario y una media sonrisa. Apenas se vendieron algunos de los 795 ejemplares, mientras que algunos se enviaron a distintos autores y el propio Whitman realizó reseñas sobre el libro en algunos de los periódicos con los que colaboraba.

Tras la pregunta que abre el séptimo de los poemas de Salut au monde, el siguiente continúa con la respuesta a la pregunta ¿Qué ves, Walt Whitman?, continúa el autor con una enumeración en la que se cruzan animales, personas, profesiones y elementos de la naturaleza que observa, finalizando con las afirmaciones que muestran su sintonía y sentimientos a lo universal con los versos que se inician con la expresión «soy de...».


Tras la furiosa diatriba de la música de Händel en su Messiah del aria Why do the nations, nos acercamos a la única ópera de Beethoven, Fidelio.
Estrenada en 1805 en el Theater an der Wien de la capital austriaca, Fideio oder die eheliche Liebe (Fidelio o el amor conyugal, Op. 72) con un libreto de Joseph F. Sonnleithner de la que se trató en este blog en La libertad, Beethoven y Fidelio, la ópera narra cómo Leonora, disfrazada como el guardia de la prisión Fidelio rescata a su esposo Florestán de la condena a la que está sometido por cuestiones políticas.
De esta obra, los aires libres y universales de Whitman nos acercan al coro de prisioneros que forman la escena novena del Acto I de Fidelio, el momento en que los prisioneros salen unos momentos de sus celdas y mezclan las sensaciones que sienten al respirar el aire libre con la libertad, unas sensaciones que desaparecen cuando deben regresar de nuevo a su lugar de confinamiento.


Este coro de prisioneros O welche Lust está interpretado por el Coro y Orquesta de la Wiener Staatsoper dirigido en 1978 por Leonard Bernstein en una grabación para la Deutsche Grammophon.


El escaso éxito de Hojas de Hierba hizo que Whitman se animara a realizar una reedición un año más tarde. Con un tirada de 1.000 ejemplares el formato consistía ahora en un libro de bolsillo que constaba de 384 páginas y 32 poemas que ya tenían título, donde el autor ya aparecía con el nombre de Walt en lugar del Walter original, y un apéndice que incluía una carta de respuesta del escritor Ralph Waldo Emerson, el único que había alabado su obra. El éxito fue más corto que en la primera edición, vendiéndose aún menos ejemplares.
Desde el primer momento, Hojas de hierba supuso un deseo de tender la mano hacia el ciudadano común, creando un épica americana que el autor revisó y aumentó a lo largo de su vida, hasta alcanzar la edición definitiva en 1892, en la que Salut au monde se incluyó en la edición de David McKay, Publisher, Philadelphia.


Esa universalidad, el cosmopolitismo que abraza todas las diferencias, peculiaridades y singularidades se hace más presente en el poema número once de Salut au monde, que comienza, no con una pregunta, sino con la exclamación ¡Tú, quienquiera que seas! Aquí, Whitman se dirige y se funde con toda la diversidad en una nueva enumeración que todo lo alcanza, pasando del tú particular al más universal vosotros, para concluir con un íntimo y personal cada uno.


Este sentimiento universal, acogedor, que abraza a todos que nos transmite Walt Whitman lo encontramos también en la última ópera de Mozart.
Estrenada pocos meses antes de su fallecimiento, Die Zaubertlüte (La flauta mágica, Kv 620), es una simbiosis entre cuento oriental y simbología y música masónica. 
El coro final del primer acto de La flauta mágica nos acerca a ese sentimiento cosmológico que abraza Whitman en su poesía.


La interpretación del enlace que nos acompaña corresponde a una grabación de 2019 del RIAS Kammerchor dirigido por Justin Doyle y la Chamber Orchestra of Europe comandados ambos por Yannick Nézet-Séguin para la Deutsche Grammophon GmbH


Walt Whitman creó con Hojas de hierba y los poemas que le fue añadiendo la gran epopeya americana, una obra que muestra su voz vigorosa a la vez que sutil, simultánea al nacimiento y desarrollo de los Estados Unidos como nación.
Pese a que fue controvertido en su tiempo al ser considerado obsceno por sus referencias a una abierta sexualidad, sus poemas recogen la enorme diversidad de su país, sus extensos e inabarcables paisajes, la vasta y heterogénea población que lo conforma, el carácter indómito y natural de sus habitantes. Es parte de la formación de un nuevo lenguaje y una mirada que rompe con los cánones europeos y proclama la creación de un mundo nuevo en el Nuevo Mundo, en el que todos están llamados a ser libres e iguales.
Además, los poemas de Whitman son el retrato y la esencia de su persona que expresa sus pasiones, anhelos y sueños en cada página de su obra: el amor por la naturaleza, el erotismo, la tumultuosa vida en las ciudades, el ímpetu y la musicalidad de su voz hacen que su obra formen parte indispensable de la literatura americana y universal. 
Tras un derrame cerebral, Whitman se trasladó a Camden, New Jersey, falleciendo en 1892 a los setenta y dos años de edad, el mismo año que salió a la imprenta la edición definitiva de su obra.


El último de los doce poemas -el nº 9 no existe- sirve a Walt Whitman para hacernos una suerte de recapitulación de todo lo que ha tratado en Salut au monde, desde el inicial ¡Oh, cógeme la mano Walt Whitman! pasando por las preguntas ¿Qué ves? y ¿Qué oyes? y las respuestas que las acompañan en las que su espiritu, y el nuestro, se funden en el todo que conforma nuestro vasto, complejo y enorme planeta.


No podemos dejar esta publicación sobre Salut au monde y la poesía y el pensamiento de Whitman dejando dos obras que no finalizan apuntando en la misma dirección que el poeta americano. Si Händel nos dejaba el amargo y siempre actual enfado por las luchas en Why do the nations y Beethoven hacía regresar a los prisioneros a sus celdas, volvemos a Fidelio con un nuevo coro que nos acerque a las ideas y sentimientos que nos transmite Walt Whitman.

Las escena 7ª del Acto II de Fidelio, poco antes del final de la ópera nos presenta al pueblo congregado en la plaza que asiste al comienzo del desenlace en que la libertad, la justicia y la gracia superan la opresión y la oscuridad.


La interpretación  corresponde a una grabación del Coro y la Orquesta Sinfónica del Bayerischen Rundfunks dirigidos por Sir Colin Davis de 196 para Sony Classical.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

La Libertad, Beethoven y Fidelio

El nombre y el prestigio de Beethoven proviene de su capacidad creadora, su enorme facilidad para componer música y situar al hombre como un ser libre y dueño de su destino en el centro de su producción. Su música no debe ser considerada solo por su intención musical, sino que trasciende al terreno de las grandes y nobles ideas.
Conocemos fundamentalmente a Beethoven por sus sinfonías, algunos de sus conciertos para piano, el de violín y algunos cuartetos y sonatas. Sabemos que Beethoven solo compuso una ópera y que esta fue revisada en, al menos, tres ocasiones. Sobre ella trataremos en esta publicación, además de traer algunas referencias a los cambios que el compositor introdujo con el paso del tiempo y que, en ocasiones, fueron propuestos por algunos de sus amigos y colaboradores. 
Se pueden seguir a través de las redes sociales los haghtags asociados a la celebración de los dos siglos y medio que han transcurrido desde el nacimiento del compositor: #Beethoven250 #Beethoven2020.
Aprovechando la celebración del 250 aniversario del nacimiento de Beethoven, te propongo un paseo alrededor de su única ópera, su génesis, sus cambios y algunas de las músicas que la forman. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


En alguna ocasión hemos traído a este blog algunas de las biografías que se han escrito sobre Beethoven. Volvemos a una de las más rigurosas, la obra Ludwig van Beethoven, de Jean y Brigitte Massin, un trabajo cuidado y detallado que profundiza en la vida y la obra de Beethoven, así como en las relaciones con quienes le acompañaron de una u otra forma.
La idea de componer una ópera le fue propuesta al músico de Bonn a finales de 1802 por Enmanuel Schikaneder, aquel empresario que fue libretista de Mozart en La flauta mágica, además de ser su primer intérprete. Beethoven se encuentra en un momento crítico en su vida: sus habituales problemas de salud se ven seriamente agravados por una incurable sordera que, además de llevarle a escribir aquel desesperado documento conocido como el Testamento de Heiligenstadt, le truncaba su prometedora carrera como intérprete solista y se abría a un nuevo tipo de composiciones como las óperas, las obras que convertían a sus autores en los verdaderos triunfadores de su época. 


Antes de continuar con la gestación de la ópera de Beethoven, escuchamos una de sus oberturas, ya que esta obra cuenta con hasta cuatro versiones diferentes para su inicio. 
En su estreno de noviembre de 1805 se abrió el telón con la que se conoce como Leonora 2. Meses después, en el estreno de marzo de 1806 se utilizó la más conocida de todas, Leonora 3. El año siguiente compuso la que para Beethoven sería Leonora o Leonora 1 para el estreno de la ópera en Praga. Así, las dos primeras serían relegadas por esta última.
Nos acompaña una versión de la más popular de estas oberturas, la denominada Leonora 3, una obra que ha pasado a formar parte de los repertorios de concierto, con la Orchestra or the University of Music Franz Liszt de Wimar grabada en 2015 con la dirección de Nicolás Pasquet.


Tras unos intentos de libretos a cargo del propio Schikaneder y algunos bocetos de Beethoven que no toman forma y, tras una remodelación de la dirección del  Theater an der Wien, se decide el tema y el título de la ópera: Leonora, a partir de un libreto francés, Léonore ou l'amur conjugal (Leonora o el amor conyugalde Pierre Gaveaux basado en un hecho real contrarrevolucionario, y que unía dos pasiones muy queridas para el compositor como la lucha por la libertad y el amor en el matrimonio, un hecho este último que siempre anheló y que, quizás por ese mismo afán de buscar el ideal, nunca llegó a realizar. Del libreto se encargará Joseph Sonnleithner.

Imagen de una representación de Fidelio en el Teatro Maestranza de Sevilla

La obra narra, a grandes rasgos, cómo Leonora se disfraza como Fidelio, para entrar como guardián de la prisión de Sevilla, para salvar a su esposo Florestán que está allí condenado a muerte por el gobernador de la prisión Don Pizarro por cuestiones personales y políticas.
Además, el hecho de tratar los temas de la libertad, la justicia o la hermandad entre todos los seres humanos, y un argumento cargado con una visión realmente política, hace que la obra -pensada a comienzos del siglo XIX- no haya perdido su actualidad. Hasta tal punto que una gran parte de los teatros de ópera de Europa inauguraron su primera temporada tras la Segunda Guerra Mundial con esta ópera, símbolo de la libertad y del restablecimiento de la paz.


Con el estreno previsto para el otoño, el relato de los Massin se acelera. Por un lado, la obra se termina de componer en el verano de 1805, y en otoño comienzan los ensayos bajo la dirección de Seyfried, cuya relación con el compositor es casi de desconfianza mutua. Pero los acontecimientos más complicados vienen de la invasión francesa de Viena a mediados de noviembre. Así, el día 20 del mes se estrena Leonora. Entre los espectadores, prácticamente ninguno de los habituales aristócratas y burgueses que habían huido a sus posesiones lejos de la ciudad. La mayoría eran oficiales franceses que no tenían interés en entender una música tan alejada de sus gustos musicales, si acaso los tenían. Así, la ópera fue un fracaso y el compositor la retiró del cartel tras la tercera representación.


En uno de los momentos más sublimes de la ópera, Beethoven introduce el cuarteto Mir ist so wunderbar (¡Qué sentimiento extraño!) que cantan Leonora -disfrazada como Fidelio-, Rocco -uno de los guardianes-, su hija Marcelina -enamorada de Fidelio- y Jaquino -ayudante de Rocco-. En este cuarteto, Beethoven escribe un canon en que cada personaje mostrando sus sentimientos, con una superposición de las líneas vocales de cada personaje.
Así, Marcelina se siente ilusionada al creer que Fidelio la ama; este se queja de tener que hacerse pasar por otra persona para encontrar a su esposo; Rocco se siente feliz al ver a su hija enamorada de un joven que le cae simpático, mientras Jaquino se siente nervioso y asustado al ver cómo está perdiendo a su amada Marcelina.

Representación de Fidelio en el Teatro Maestranza de Sevilla

Cuando comienza el cuarteto se paraliza la acción dramática, ya que los personajes no hablan entre ellos, sino que, en un aparte muy propio del teatro, expresan sus más íntimos pensamientos. La introducción de la orquesta ya revela que no hay acción y los personajes entran cada ocho compases en el orden indicado anteriormente. Todos interpretan la misma melodía que va poco a poco ascendiendo, como si Beethoven quisiera llevarlas a las cotas más altas del pensamiento, pero realizando una disociación entre aquella melodía que cantan y el sentido de lo que piensan. Mientras Marcelina y Rocco se sienten felizmente embriagados, Leonora tiene sentimientos contrapuestos y Jaquino se debate en su dolor. 
Se trata de un cuarteto íntimamente maravilloso, digno de cualquier selección de momentos cumbres de la ópera.


Este cuarteto Mir ist so wunderbar está interpretado por Lucía Popp como Marcelina, Gundula Janowitz como Leonora, Manfred Jungwirth como Rocco y Adolf Dallapozza como Jaquino, todos ellos dirigidos en 1978 de nuevo por Leonard Berstein con la Orquesta de la Staatsoper de Viena.


El fracaso de la ópera no solo se debió a la falta del público habitual, sino a un libreto en tres actos con poca acción dramática -nada que ver con las óperas que triunfaban en el momento-, algo confuso en algunas escenas secundarias muy desarrolladas que hacían desviar la atención del público. 
Así, algunos de los amigos y protectores de Beethoven lo instaron a revisar la obra, quitando partes que podían considerarse innecesarias y modificando algunos detalles y dejando que los dos primeros actos se fusionaran en uno solo, de forma que volviera a llevarse a la escena con mayor éxito. El compositor se negó apasionadamente a realizar las modificaciones propuestas en una tensa reunión que Joseph Roeckel, el tenor que sustituiría al primer Florestán, nos relata por estar presente en la misma.


El final del acto I muestra uno de esos momentos brillantes que trascienden de lo que la escena presenta. Leonora convence al carcelero de que permita que los prisioneros respiren un poco de aire puro. 
La orquesta comienza en las cuerdas muy piano, mientras el oboe entona una melodía -¿quizás el roce del aire en la piel de los prisioneros?-. 
Ese roce del aire en los cuerpos, la esperanza que sugiere la libertad, el anhelo de justicia lleva a los prisioneros a entonar este coro en el que los ojos no ven lo que está delante de ellos, sino que son el alma y el corazón las que les hace ver todas esas ideas tan elevadas.


El enlace pertenece a una producción de 2013 de la Berguen National Opera de Noruega y la Lithuanian National Opera dirigida por Oskaras Korsunovas con la Bergen Philharmonic Orchestra y Andrew Litton en la dirección musical. 


Así, el 29 de marzo de 1806 se estrena la versión revisada de Leonora, que aún no se llama Fidelio, con menos éxito del esperado.
Stephan von Breuning, amigo de la infancia y padre del joven Gerard von Breuning que protagonizaba Mi vecino se llama Beethoven, publicada en este mismo blog, fue el encargado de remodelar el libreto. 
De forma casual fue testigo del encuentro entre el varón Von Braun, director del Theater an der Wien y un furibundo Beethoven en el despacho del primero tras esta representación. Así nos lo narra, siempre según la biografía de los Massin.
 

El final de la ópera se traslada al patio de la prisión, donde el pueblo se ha reunido para recibir al ministro que, en nombre del rey ha venido a liberar a muchos de los prisioneros. Rocco le informa de la situación en que se encuentran Leonora y Florestán, el ministro reconoce al prisionero, un buen amigo al que creía muerto, y da a Pizarro el castigo que merece por los abusos que ha llevado a cabo.
Beethoven finaliza, como no podía ser de otra manera, con un coro solemne que celebra los grandes ideales: el amor, la libertad y la esperanza. Evocando un tema de su Cantata por la muerte del emperador José II escrita en su juventud en Bonn, el compositor refleja la oscuridad del fanatismo y del despotismo que se convierten en la luz de la Ilustración"La gente ascendía hacia la luz y la Tierra giraba más feliz que nunca alrededor del sol". Este coro final está cargado de una elevación y una expresividad muy beethovenianas que, además de exaltar los valores de la Ilustración celebran el amor conyugal.


El enlace nos muestra la parte final del coro Heil! Heil sei dem Tag! con que concluye la ópera en una versión en concierto que del Wiener Opernfest de 2005 celebrado en la capital austriaca con la dirección de Seiji Ozawa.


La ópera apenas tuvo varias representaciones y quedó en el olvido durante varios años. Mas algunos fieles seguidores de la obra entre los que se encontraban amigos del compositor y algunos intérpretes decidieron hablar con él y volver a llevarla a la escena. Así, ocho años después del estreno, Beethoven aceptó, con la condición de que le dieran tiempo para remodelar la obra. Propone que el libreto sea modificado por Georg Friedrich Treitske, quien ha colaborado con él en algunas obras y se llevan a cabo los cambios que se consideran necesarios.
Entre Beethoven y Treitske se cruzan algunas cartas durante la colaboración que sirven a Massin para dejarnos conocer algunos detalles sobre la adaptación de una ópera que, desde ahora, se llamará definitivamente Fidelio oder die eheliche Liebe (Fidelio o el amor conyugal) y será catalogada, en todas sus versiones como la Op. 72 de Beethoven.


Así, en mayo de 1814 se estrena la que será la versión definitiva de la ópera ya con el nombre de Fidelio en el Theater am Kämtnertor (Teatro de Carintia) con libreto del citado Treistske.
Una de las novedades de esta versión definitiva es el cambio que se introdujo en el comienzo del Acto II. En las primeras versiones, Florestán cantaba un aria heroica que concluía con las palabras "Florestán ha obrado bien" que se repetía en varias ocasiones. Treistske acabó convenciéndolo de que un prisionero sin esperanzas no es capaz de realizar ningún gesto heroico. 

Wiener Staatsoper. Fresco de Moritz von Schwind inspirado en la ópera Fidelio

Así, Beethoven aceptó añadir un texto alternativo: una visión de la primavera y de la libertad que hace incorporarse a Florestán, quien volverá a caer al perder el sentido. El oboe toca en tres ocasiones un fa''', en su máxima altura, como indicación de un hombre al que le cuesta respirar.
El papel de Florestán es poco agradecido en esta ópera, ya que solo tiene este aria y a mitad de la obra, además de tener que interpretar, como un alarido que surge de lo profundo de su ser una nota tan alta como un Sol'' al comenzar inmediatamente después de la introducción orquestal. 


El aria Gott! (¡Dios!) con que se inicia el Acto II de Fidelio está interpretada por el tenor alemán Jonas Kaufmann, uno de los grandes valores emergentes de la ópera actual en una representación que se llevó a cabo en la Ópera de Zurich en 2004 bajo la dirección de Nikolaus Harnoncourt.


Siguiendo la citada biografía beethoveniana, es precisamente a este aria a la que el propio Treitschke se refiere cuando narra cómo en fue en su domicilio cuando el compositor se sintió con la inspiración para componerla.
A continuación, los Massin narran, en palabras de Mauricio Kufferath, autor del libro Fidelio cómo surgió la definitiva versión de la obertura de la ópera, la denominada Obertura Fidelio que es la que se utiliza en la actualidad, aunque en su estreno el 29 de mayo de 1814 no llegara a utilizarse por lo precipitado de su composición. Al parecer, en su lugar se interpretó la obertura de Las ruinas de Atenas del propio Beethoven, no la citada de Las criaturas de Prometeo.


Finalizamos este recorrido por la única ópera de Beethoven, su génesis y algunos de sus momentos musicales, con la que ha quedado como la obertura definitiva de la obra, la cuarta de las versiones y que es la que abre las representaciones actualmente, conocida simplemente como la Obertura de Fidelio.
La interpretación corresponde a una representación en directo de la ópera con la dirección musical de Sir Simon Rattle.  


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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)
  • Massin, Jean y Brigitte. Ludwig van Beethoven. Editorial Turner. 2011