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El arte del Lamento

Una situación de pena, dolor o un sentimiento similar produce en nosotros un lamento. En ocasiones es un simple quejido asociado a un dolor momentáneo (un golpe, un susto); en otras, se trata de una queja que, al expresarla, cubre su función terapéutica y nos ayuda al enunciarla a comenzar a plantear nuestra disposición. Mas en otras ocasiones, el lamento expresa un fuerte dolor, una situación que nos supera.
En el título de este publicación no se hace referencia a la inclinación y facilidad que algunas personas tienen para hacer del relato de sus vivencias y problemas una forma de vida.   
Si buscamos la definición en el diccionario, la RAE la define como «queja con llanto y muestras de aflicción», procedente del término latino Lamentum. Y en ese sentido nos acercamos al lamento, basándonos en su aparición en la música como una composición con una temática y estilo propios. Basado en esas características de la lírica, nos acercaremos también a algunos poemas.
Te propongo un paseo por algunos lamentos en la ópera acompañados de poemas con esa temática. Nos dejamos llevar por obras de Monteverdi, Gluck, Purcell, Charlotte Brontë y Lord Byron. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!  

Edvard Munch. El Grito (1893), detalle

El Lamento o Lementazione es un tema recurrente en la ópera desde sus inicios. Asociado a la temática doliente y triste, suele expresar el dolor que se siente ante una pérdida, generalmente amorosa y es habitualmente cantado por personajes femeninos. 
Por su índole, el Lamento tiene forma de aria, en ocasiones acompañada de un recitativo, en otras con estrofas de métrica libre que deja liberar las emociones que transmite el personaje. Es frecuente que estos lamentos se acompañen únicamente con la sección de cuerda de la orquesta, en un tiempo lento como el Adagio, utilizando el denominado «tetracordio descendente», una serie de cuatro notas que van descendiendo en la escala mostrando musicalmente la aflicción.


Herederos de la Camerata Fiorentina, el grupo del que acabó surgiendo la ópera, las primeras obras de Monteverdi ya muestran esta temática y sus características. En su ópera Il ritorno di Ulise in patria (El retorno de Ulises a su patria), Monteverdi muestra alguno de ellos como los de Penélope o Iro. Tanto Monteverdi como la Camerata Fiorentina seguían la idea de Platón de la simbiosis entre lo real y lo bello, buscando una dimensión musical que articulara la expresión verbal, el sonido y el movimiento escénico para crear la verdad poética de la obra.
Pero es en otro lamento donde Monteverdi lleva en grado sumo este tipo de situaciones a la escena. Lasciatemi morire, el conocido Lamento de Arianna, es la única pieza cuya música se conoce de la ópera Arianna, pese a que el libreto de Ottavio Rinuccini se conserva completo.
En Lasciatemi morire, Monteverdi funde la palabra y su expresión en un monólogo que desvela sus sentimientos, abre las contradicciones del corazón herido y transforma lo representado en la escena -la ficción- en esa realidad poética que conmueve al espectador. 


Angelica Kauffmann. Arianna abandonada por Teseo (1771)


La interpretación corre a cargo de la soprano Marie Théoleyre acompañada por el Ensemble La Palatine formada por Noémie Lenhof en la viola de gamba, Nicolas Wattinne en la tiorba y Guillaume Haldenwang al clavecín.


Las hermanas Brontë forman parte de la primera generación de escritoras inglesas del XIX, después de Jane Austen y Mary Shelley.
Hijas del vicario de la aldea de Haworth, los seis hermanos tuvieron un vida corta. Huérfanos de madre desde pequeños, Emily, Elizabeth y Maria fallecieron mientras estaban con Charlotte en una escuela para hijas de clérigos. Su único hermano, Patrick Brandwell se dedicó a la pintura y la literatura, hasta su prematura y precipitada muerte. Las tres hermanas dedicaron su vida a la literatura. Junto a Emily (autora, entre otras, de Cumbres borrascosas) y Anne ( de Agnes Grey o La inquilina de Widfel Hall), iniciaron su camino en las letras en 1846 con un libro conjunto de poesía: Poemas de Currer, Elly y Acton Bell, en el cada una de ellas publicaba con un pseudónimo y el mismo apellido. 
Esta primera pasión de Charlotte la llevó al desánimo un poeta conocido que la convenció de la conveniencia de que las mujeres no escribieran poesía, aún reconociendo su facilidad para la misma. Así, continuó escribiendo, publicando novelas como Jane Eyre, Shirley o Villette. 


Pero el texto que nos acerca a esta publicación sobre los lamentos es uno de esos poemas publicados como Currer Bell. Editado en ocasiones simplemente como Lamento y en otras como Regret (Arrepentimiento), es un regreso a su pasado, a lo desgraciada y solitaria que ha sido su vida, buscando un presente más feliz en la búsqueda del amor y su reciente matrimonio. La escritora asimila su vida a un viaje, navegando en busca de un lugar al que llamar hogar, debatiéndose entre el regreso al antiguo hogar triste y solitario y lo que denomina el reino glorioso de la felicidad.

Charlotte Brontë fue la más longeva de los seis hermanos, falleciendo en 1855, antes de llegar a los cuarenta años, meses después de casarse y mientras estaba embarazada. 

Aunque el reconocimiento y la fama no le llegó por esta obra, Dido and Eneas (Dido y Eneas) es no sólo la ópera más conocida más conocida de Henry Purcell, sino la primera ópera inglesa, frente a algunas de sus semióperas más exitosas como King Arthur o La reina de las hadas.
Con libreto del dramaturgo Nahum Tate, la primera representación se llevó a cabo en la escuela femenina de Josias Priest en verano de 1688, mientras su estreno comercial se produjo en Londres a comienzos de 1700, casi cinco años después del fallecimiento de Purcell.
Como la mayoría de las óperas del barroco, el argumento trata de dioses o seres mitológicos, un elemento fundamental para el público aristócrata. El libreto de Dido y Eneas refleja la historia del héroe que recala en el reino de Dido en Cartago huyendo de Troya, hasta recalar finalmente en la península itálica donde acabará, según las fuentes mitológicas, fundando Roma. El argumento se centra en la historia de amor de ambos personajes y la desesperación de la reina norteafricana cuando Eneas parte en el mar abandonándola.

Joshua Reinolds. Muerte de Dido (1871)
Este Lamento de Dido, The hand, Belinda (Tu mano, Belinda) es, posiblemente, uno de los más bellos y conocidos lamentos de la ópera, reflejando la muerte de la protagonista femenina tras la partida de su gran amor.
Purcell crea la melodía de este lamento a partir de un ostinato en el citado tetracordio descendente en tonalidad de sol menor, la más apropiada para expresar la pena y la muerte. Esta melodía principal se acompaña por un bajo descendente a cargo de los violoncellos que se mantiene durante todo el aria y el coro siguiente, presentando una progresión lenta, como una marcha fúnebre, sin prisas, pero constante.
Una vez finalizada el aria de Dido, el bajo continuo pasa a ser protagonista hasta dar paso a la melodía del coro, basada también en notas descendentes que refuerzan el avance imparable de la muerte.


La interpretación de este impresionante Lamento de Dido pertenece a una producción de la Ópera de Amsterdam con la mezzosoprano neerlandesa Xenia Meijer en el rol de Dido y la dirección musical de Jan Willem de Vriend grabado en la capital de los Países Bajos en 1996. 


Cambiamos de nuevo del lamento musical al poético literario, en esta ocasión de uno de los más grandes escritores ingleses del romanticismo, el inquieto, inconformista y aventurero Lord Byron.
El poema que nos acompaña pertenece a Occasional pieces (Piezas ocasionales), un conjunto de poco más de medio centenar de poesías escritas entre 1809 y 1924, algunas de los cuales fueron publicadas en periódicos o revistas, especialmente el Morning Chronicle, aunque otros solo vieron la luz tras la muerte del escritor. Recogidos en su antología poética Poemas escogidos, en el que se incluyen estas Occasional pieces junto a los poemarios de Horas de inactividad, The childe Harold's pligrimage o sus Melodías hebreas, forman parte de la ingente obra poética del apasionado romántico inglés.


Uno de los primeros poemas de Occasional pieces, escrito en 1808, nos acerca de nuevo al lamento, en esta ocasión no debido a causas o consecuencias tan trágicas como los anteriores, sino como fruto de la distancia que aplaca, aunque no olvida, que deja un dolor que acompaña.
Byron, y con él gran parte del romanticismo, no necesitan ya recurrir a dioses o mitos, a seres idealizados para crear obras y acercarnos a los sentimientos más profundos, sino que ahondan en los propios sentimientos y cuanto de universales tienen.


La última de las piezas que conforman este paseo por los lamentos en la música y la literatura es otra de esas arias que forman parte del acervo cultural. Basada en el mismo mito que Monteverdi llevaba a la primera ópera que nos ha llegado completa, aunque no la primera compuesta, Christoph Willibald Gluck estrenó su Orfeo y Eurídice en 1762.
Narrado por Virgilio en el Libro IV de la Geórgicas y por Ovidio en el Libro X de sus Metamorfosis, tanto Monteverdi como Gluck, entre otros compositores, llevaron la historia a sus óperas. Orfeo, el más afamado de los músicos es capaz de calmar a las fieras e incluso las tempestades con el poder de su lira y su voz. Al morir su esposa Eurídice por la mordedura de una serpiente, Orfeo baja al inframundo a convencer a Caronte para que le deje llegar la mundo de los muertos a por su amada. Tras acallar al can Cerbero llega a convencer al mismísimo Plutón de que libere a Euridíce, aunque con la condición de que no vuelva la vista para mirarla hasta que no llegue al mundo de los vivos.

Alexandre Séon. Lamento de Orfeo (1896)
El aria que nos acompaña, Che farò senza Euridice (¿Qué haré sin Eurídice?) muestra la desesperación inicial del mítico músico ante la noticia de la muerte de su amada esposa. Está escrita para contratenor siguiendo la costumbre de la época según la cual algunos papeles masculinos estaban pensados para esta tesitura, siendo cantada actualmente por este tipo de voz o por la de soprano.




En esta ocasión es el contratenor francés Philippe Jaroussky, quizás el más completo de nuestros días, quien interpreta este aria Que farò senza Euridice de la ópera de Gluck, en una grabación de estudio dirigida en 2018 por Diego Fasolis

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Brontë, Charlotte. Poemas de Currer Bell, ebook, Alba Editorial, 2019.
  • Byron, George Gordon, Lord. Poemas escogidos, traducción de José María Martín Triana, Visor Libros, 2007.
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania).

El agua y el mar

Todo el mar quiere salvarse en el tabón que flota.
Ramón Gómez de la Serna

El agua es un elemento fundamental en la vida de nuestro planeta. Indispensable para el desarrollo de cualquier tipo de seres vivos, hay científicos que cuestionan por qué motivo nuestro planeta no se llama Agua en lugar de Tierra al ocupar las dos terceras partes de su superficie.
Desde la antigüedad griega se considera uno de los elementos fundamentales enunciados por Empédocles, Aristóteles, Platón o Anaxágoras que veían que todo tipo de materia es una combinación de agua, tierra, aire y fuego, asociados a las propiedades de frío y caliente, húmedo y seco. 
Pese a que la proporción de este elemento en nuestro planeta no ha variado, sí que son constantes las fluctuaciones de las proporciones entre agua salada y dulce o entre la sólida y la líquida, provocados en las últimas décadas por el cambio climático que estamos provocando por los distintos factores que vamos conociendo. 
Estos porcentajes son fundamentales para la vida en las zonas de tierra, puesto que solo el agua dulce garantiza la continuidad de cultivos y vida, la mayor cantidad de hielo en los casquetes polares el nivel del agua de los océanos y mares y el nivel de nieve en glaciares y montañas garantiza la continuidad de arroyos y ríos.
Dentro de nuestra mentalidad se afianzan ideas y convicciones sobre la necesidad de conservar el agua que necesitamos para nuestra subsistencia y de cuanto nos rodea en momentos en que nos encontramos en una situación crucial para frenar el avance del cambio climático o afrontar las sequías que, cada vez con mayor frecuencia, nos sitúa en el umbral de la desesperanza. 
Pero en ocasiones, esta preocupación se diluye cuando nos ponemos en modo descanso, estemos o no de vacaciones, vayamos o no a descansar a la playa u otro lugar.
Al comienzo del periodo de verano te propongo unas reflexiones sobre el agua, su escasez y utilización, así como el disfrute en el aspecto recreativo que le damos. Nos acompañan obras de Cortázar, Szymborska, Rosalía de Castro, Wagner, Purcell y Debussy. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Joaquín Sorolla, Estudio de mar (1904). Museo Sorolla
Una gota de agua aislada no tiene futuro. Cuando cientos, miles, millones de ellas se unen forman las corrientes que nos acompañan, benefician y dan vida. Permitir que puedan juntarse, regar las tierras, formar arroyos y ríos, correr buscando lugares más bajos hasta llegar al mar forma parte de la vida que nos rodea. Cada gota cuenta.

Nos acompaña una música que surge de la profundidad del lecho de un río, como símbolo de todas y cada una de las corrientes que dan vida a nuestro planeta. Hay ríos míticos y llenos de historias que han sido llevados de una u otra forma al arte. El Nilo, el Ganges, el Támesis, el Sena, el Rhin, el Guadalquivir o el Danubio forman parte de la cultura colectiva de la humanidad.
Formando parte de la historia de Europa, símbolo de un poder económico por donde transita, lazo de unión de pueblos y culturas, el Rhin ha pasado a la historia de la música por algunas composiciones musicales, especialmente por obra de Richard Wagner y su tetralogía El anillo de los Nibelungos
Formada por La Walkyria, Sigfrid y El ocaso de los dioses, Wagner las fue concibiendo, que no componiendo, en orden inverso a su desarrollo argumental, comenzando por la muerte del héroe Sigfrid, para narrar después su juventud y más adelante, la historia de su nacimiento. De esta forma, la última de las partes pensadas fue Das Rheingold, el gran preludio que iniciaba la tetralogía.
La ópera fue terminada de componer en 1853 y por deseo del compositor no fue llevada al escenario hasta la finalización del ciclo completo. Su estreno se produjo en el Hoftheater de Múnich en septiembre de 1869, dieciséis años después de ser compuesta. En su estreno en Bayreuth, veintitrés años después de la composición, aún se consideraba una música visionaria del futuro de la música.
La obertura de El anillo del Rhin, comienza con un acorde profundo en mi bemol mayor. Ocho contrabajos con un fagot y, después las trompas comienzan con el primer leitmotiv de la tetralogía, el llamado Motivo del Génesis que asciende desde las profundidades del río mostrando el mundo en su estado primitivo, la creación desde la nada.
La música que nos acompaña utiliza imágenes del curso medio del Rhin en una reportaje fotográfico titulado Viaje por el Rhin con tiempo salvaje, de Rüdesheim a St. Goar de 2011 y pertenece al álbum 1888 de Alpharudel Records.


El agua se mueve y transforma constante y continuamente. Hay moléculas -gotas, vapor o sólidas- que cambian con frecuenta de estado, lugar y condición, mientras otras quedan estancadas en otros lugares durante años. En nosotros está que en nuestro entorno su estado sea lo más sano y cuidado posible.

 
Frente a la música de Wagner, quién mejor que Julio Cortázar para jugar con el agua, en un recuerdo del ciclo de este elemento con que los alumnos de primaria estudian su eterno cambiar de estado, temperatura y propiedades.
Papeles inesperados es una amplia y variopinta colección formada por algunos textos publicados en diversos periódicos o revistas y, sobre todo, por multitud de escritos inéditos publicados un cuarto de siglo después del fallecimiento del escritor.
Encontrados la mayoría de ellos desordenados en una antigua cómoda, están formado por cuentos desconocidos, relatos publicados en versiones diferentes, crónicas de viaje, historias inéditas de sus Cronopios y Famas, artículos sobre literatura y arte o poemas entre otros escritos, algunos de ellos tan incalificables como algunas de sus obras. 
Publicado en la revista mexicana Unomásuno el 11 de abril de 1981, Peripecias del agua es uno de esos textos que muestran el lado más original e imaginativo del escritor, en el que juega con los cambios de estado del agua, recreando la forma que adoptaría el agua en alguna de sus formas.


Al llegar el estío nos solemos acercar al mar buscando temperaturas más suaves, cambiar nuestras rutinas de todo el año y refrescarnos en el agua. Este aspecto lúdico del agua no lleva apenas un siglo y medio, puesto que antes no era visitado por turistas y su relación se limitaba  navegantes y marineros. Con ellos, el respeto y el cuidado mantenía las aguas, sus puertos y sus orilla en un estado limpio y sostenible. La llegada de residentes o visitantes ocasionales ha derivado en una sobrepoblación estacional que, en muchas ocasiones, genera problemas medioambientales. Tomar conciencia de este deterioro nos ayuda a conservar mejor los entornos litorales.


Nos quedamos con una obra centrada en la más rotunda antigüedad clásica, el mito de Eneas en su huida de Troya hasta su llegada a Roma, pasando por Cartago y su historia de amor con Dido.
Basado en el Libro IV de la Eneida de Virgilio y con libreto de Nahum Tate, Henry Purcell estrenó su ópera Dido y Eneas en 1689 en el internado para señoritas Josias Priest en Chelsea, siendo su estreno en un teatro comercial de Londres a comienzos de 1700.
Dividida en tres actos, narra la historia de amor entre el príncipe troyano y la reina de Cartago y la desesperación de ésta cuando se siente abandonada.
Obviando el famoso Lamento de Dido nos vamos al inicio tercer acto, en la orilla del Mediterráneo donde las naves están preparadas para zarpar con destino a la península italiana donde Eneas acabará teniendo relación con la fundación de Roma
El acto comienza con un breve preludio al que sigue el canto de un marinero Come away, fellow sailors (Vayámonos, compañeros) que es repetido por el coro y al que sigue una danza de los marineros, todo en un tipo de música que se inscribe plenamente dentro del estilo del barroco.


El enlace que nos acompaña nos ofrece una interpretación en versión concierto con estas tres partes enlazadas sin indicación de intérpretes, aunque recogido en una producción de Arte TV.
 

El agua que nos moja, aquella que utilizamos para nuestro aseo, para beber o para regar, la que nos acompaña en ríos, mares y lluvias es, acaso, más viajera y cosmopolita que nosotros. ¿De dónde procede el agua que pasa por los ríos que pasan cerca de nuestro territorio vital? ¿Dónde acaban una vez que llegan a la orilla del mar? ¿Cómo llego a ese río? ¿Fue la lluvia o la nieve? ¿En qué parte del mar o del océano se evaporó para formar las nubes que regaron los campos y acabaron en arroyos y ríos? ¿Dónde estuvo hace unos años el agua que sale hoy de nuestro grifo? ¿Y la que está estancada desde hace meses en aquella acequia hedionda? ¿Qué proporción de agua de los lagos se renueva cada año y acaba en otros lugares?

Este aspecto cosmopolita del agua lo reflejó en uno de sus poemas una de las poetas más recurridas en este blog, la Premio Nobel polaca Wislawa Szymborska, una escritora poseedora de una de las miradas más inquietas, filosóficas y agudas del panorama literario del siglo XX y comienzos del que vivimos.
Su libro Paisaje con grano de arena es una recopilación de un centenar de poemas publicados entre 1957 y 1993 procedentes de distintos poemarios y que responden a uno de los planteamientos de la escritora polaca«Sólo las preguntas un poco ingenuas son verdaderamente profundas». Así, los poemas de Szymborska se muestran como una mezcla de pensamiento filosófico, emoción, cotidianidad e ironía, mostrando una visión amplia y universal.
El poema que nos acompaña, El agua, recogido en esta recopilación y perteneciente a su libro Sal publicado en 1962 y nos muestra esa mirada compleja y completa en que el agua aparece en todo su espectro cosmopolita y universal, alejada de límites y fronteras.


Al comienzo de la temporada estival, no debemos alejar la mirada de los problemas del agua como son la contaminación, sequía, mala distribución o inundaciones. Cuando nos acerquemos a ella, al mar, a la playa, sintamos su fuerza, sus beneficios, las sensaciones que nos deja y los sentimientos que nos provoca para respetarla y cuidarla con mayor interés.


Con frecuencia, la música relacionada con el agua y el mar nos lo presenta de varias formas. En muchas obras el mar aparece como decorado o como protagonista. En otras obras aparecen sus manifestaciones, las tormentas y tempestades, a veces como reflejo de la fuerza de la naturaleza, otrora como una forma de luchar contra los elementos. En ocasiones refleja las peripecias de sus navegantes y exploradores, en otras, se tejen historias con quienes viven de ella, marineros o piratas; en determinadas obras aparecen seres fantásticos surgidos de la imaginación y las leyendas de las distintas culturas. En otras, por fin, nos muestran el agua y el mar en su vertiente más lúdica y recreativa.
En este último caso nos encontramos con una de las obras más populares de comienzos del siglo XX, La mer (El mar) de Claude Bebussy, una obra en la que el compositor francés juega con las sensaciones que la luz del sol, los movimientos de las olas y el agua provocan en el autor.
En una ocasión escribió a su amigo Jacques Durant

   Debussy junto al mar, 1910
Denominada La mer, trois esquisses symphoniques por orchestre (El mar, tres bocetos sinfónicos para orquesta), catalogado como CD 111), tiene forma de sinfonía, pese a que el compositor evitó este nombre y fue estrenado en 1905. 
Nos acompaña el segundo movimiento Jeux de vagues (El juego de las olas) donde Debussy crea una fantasía diáfana, casi evanescente. Un mismo acorde mantenido durante el movimiento crea la sonoridad del fondo, mientras la orquestación a base de efectos tímbricos sutiles, arpegios de arpa y carillón y patrones de quintas ascendentes y descendentes recrean la superficie del mar siempre dinámica y variada, mostrándonos un mar que cambia continuamente pero es siempre el mismo. Debussy no utiliza motivos como Wagner, sino que se basa de pequeña partículas melódicas para ir dividiendo el tiempo en pequeñas moléculas que recrean ese juego que las olas crean sobre la superficie del mar.
De nuevo escribió a su amigo Durant unas palabras que cada vez tiene mayor vigencia: «Aquí estoy de nuevo con mi viejo amigo, el mar, siempre está bello. Es realmente el elemento de la naturaleza que me hace estar mejor que en el lugar de uno. Sin embargo, la gente no lo respeta suficientemente». 
La interpretación de este segundo movimiento de El mar de Debussy corresponde al añorado Claudio Abbado al frente del Ensemble Lucerna Festival Orchestra en una grabación que se realizó durante el Festival de Verano de la ciudad suiza en 2003.


Cuando nos acerquemos al mar -quien lo haga-, no dejemos de pensar en los problemas que estamos padeciendo en las últimas décadas con el agua y disfrutemos de su presencia con la delicadeza, el cuidado y el respeto que se merece una de las grandes fuentes de vida, el mar, del que procede todo el agua del que disponemos en la Tierra.

Joaquín Sorolla, Niñas en el mar (1909). Museo Sorolla
Finalizamos este paseo entre el agua y el mar con una obra que nos acerca, tranquilos, cautos y sensibles a su orilla.
En las orillas del Sar es el último libro de poesías de Rosalía de Castro, quizás el más incomprendido de la escritora gallega por romper con las formas métricas tradicionales y mostrar sus emociones de forma pesimista. Publicado en 1884, un año antes de su fallecimiento, se caracterizan por su sencillez y un dramatismo cargado de una musicalidad amarga en un estilo que se mueve entre el Romanticismo y el Modernismo.
Terminamos este acercamiento al agua y al mar con una invitación a acercarte a la orilla y dejarte acariciar por las olas que comienzan a cubrir los pies, sintiendo y percibiendo las mismas emociones que Rosalía de Castro aunque, si te parece bien, cambiando los dos últimos versos, como si fuera un estrambote, por la imagen, el sentimiento o la emoción que desees.

Feliz compañía con el agua.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

El vuelo de las aves migratorias

Coincidiendo con las dos grandes migraciones anuales, el segundo sábado de mayo y octubre se celebra un acontecimiento de ida y vuelta, el Día Mundial de las Aves Migratorias, instaurado por la ONU en 2018.
Las aves migratorias tienen un rol fundamental en el medio ambiente, ya que gracias a ellas nuestro planeta puede alcanzar un equilibrio ecológico e incluso evitar que se propaguen plagas que acaben afectando a los seres vivos, incluidos la especie humana.
Han sido, fundamentalmente, las actividades realizadas por los seres humanos las que han causado un mayor desequilibrio en los ecosistemas tanto terrestres como marinos que han acabado produciendo una alteración en los mismos, afectando a los movimientos migratorios. La deforestación, la caza, la ganadería o la agricultura intensivas, o la contaminación tanto lumínica como la producida por desechos tóxicos han modificado o destruido estos ecosistemas, originando una paulatina desaparición de las aves migratorias.
Aunque estas migraciones son en su mayor parte de aves, no podemos dejar de lado las de otros animales como ñus, cebras, antílopes, caribús o elefantes entre los terrestres; ballenas, delfines o salmones en el medio acuático, o libélulas, algunos murciélagos o las  incansables mariposas monarca a través del aire.
Así, todos estos animales siguen desde hace miles de años unos ciclos anuales precisos y exactos que les llevan de un lugar a otro de nuestro globo terráqueo por diversos motivos.
Además, no podemos dejar de lado las migraciones que llevamos a cabo los seres humanos. No ha habido civilización, imperio o cultura que no haya tenido, en su origen o transcurso, migraciones o cambios del lugar del hábitat por distintas razones: hambrunas, guerras, persecuciones o deseos de mejora social o económica.
Esta publicación, basada en un llamamiento a la reflexión, concienciación y descubrimiento de los animales de nuestro entorno más cercano, no está basada en textos eminentemente literarios (narrativos o líricos) como suele ser habitual, ya que incluye algunos textos divulgativos.
En un comunicado emitido en Bonn el 9 de mayo de 2020, el año en que los seres humanos nos recluimos por la pandemia mientras las aves seguían moviéndose, titulado Las aves conectan nuestro mundo, se manifestaba, entre otras cosas:

Las aves migratorias se encuentran en todas partes: en las ciudades y en el campo, en parques y en nuestros patios, en bosques y montañas, en desiertos y humedales, y a lo largo de las costas. Ellas conectan todos estos hábitats, y nos conectan a nosotros y a los lugares donde vivimos con la gente y los lugares de todo el mundo. Sin embargo, las aves migratorias están amenazadas por la pérdida de su hábitat, el cambio climático, el envenenamiento, los cables de electricidad y la cacería ilegal. Debemos intensificar nuestras acciones en todo el mundo para proteger mejor a las aves migratorias y los hábitats que ellas necesitan para sobrevivir y prosperar.

Te propongo celebrar el Día Internacional de las Aves Migratorias con algunas reflexiones sobre estos movimientos anuales y una selección de textos y músicas que nos ayuden a tenerlos presentes y cercanos en nuestras vidas. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Nos encontramos con diversos ejemplos en la literatura en los que se se trata, habitualmente de modo indirecto, sobre aves que emigran. En unos casos son protagonistas o personajes de historias, en ocasiones, los hallamos en poemas o canciones, aunque generalmente no como surgen como protagonistas del hecho de la emigración.
En El Conde Lucanor, su autor, Don Juan Manuel, realiza una loa sobre las golondrinas, las mismas aves a las que Gustavo Adolfo Bécquer hace volver a anidar en nuestros balcones. Neruda las trata en algunos de sus poemas como El vuelo, Arte de pájaros -que nos ha acompañado en algunas publicaciones de este blog- o uno de los textos que están en esta ocasión con nosotros. Juan Ramón Jiménez dedicó un poema al Pájaro del agua, mientras Luis Goytisolo publicó en 1987 su novela La paradoja del ave migratoria, una obra que, según el autor, está escrita con «una lógica más onírica que real» y surge puesto que «las aves migratorias siempre me han interesado mucho y constituyen un misterio que los científicos confiesan no comprender.»
Dejando de lado estos acercamientos literarios, nuestro primer acercamiento al mundo de los libros proviene de una publicación de la Pontificia Universidad Javierana de Cali (Colombia) publicado en 2010 por la ecóloga Natalia Ocampo-Peñuela titulado El fenómeno de la migración en aves: una mirada desde la Orinoquia. En el extracto que nos acompaña, la ecóloga colombiana nos acerca al concepto y las características de la migración de aves.


De forma parecida a lo ocurrido con la literatura, la música también se ha acercado al mundo de las aves, ya sea como fuente de observación e imitación del canto de las aves -como se ha publicado en varias ocasiones en este blog-, como en la evocación de los mismos o bajo cualquier otro aspecto.
La primera música que nos acompaña pertenece a un lied de Félix Mendelssohn-Bartholdy.
Publicada como su Op. 63 consta de seis dúos para voces femeninas y piano compuestos entre 1836 y 1844. La segunda de estas canciones, Abschiedslied der Zunvögel (Canción de despedida de las aves migratorias) está basada en un poema de August Heinrich Hoffmann von Fallersleben. En esta canción, son las propias aves migrantes las que añoran la estación pasada y sufren ante el hecho de enfrentarse a un nuevo y desconocido destino. 


La interpretación corre a cargo de las hermanas Felicitas y Judit Erb acompañadas al piano por Doriana Tchakarova, en una grabación para el disco Mendelsshon & Hensel: Duette para  Ars Produktion de 2017.


Publicado para la celebración del Día Internacional de las Aves Migratorias de 2020, el año que las aves siguieron sus viajes mientras los humanos quedábamos en nuestros hogares, un artículo de la página web Planeta 2030 nos remite a los problemas a las que se enfrentan estas aves en nuestro tiempo. En Día de las aves migratorias: conocer sus amenazas para protegerlas nos quedamos con un extracto que nos remite a la destrucción de su hábitat y al envenenamiento que sufren, además de mostrarnos algunas de las especies que comparten distintos espacios, con una atención especial al espacio urbano en el que podemos encontrarlas y que, en muchas ocasiones, pasan desapercibidas para nuestros ojos y oídos. No dejemos de localizarlas, conocerlas y sentirlas como compañeras de nuestras ajetreadas vidas. 



De la larga tradición en la música relacionada con las aves, los periodos del barroco, clasicismo e, incluso, romanticismo son fecundos en la mirada hacia las aves, de modo especial hacia su canto, aunque también en la utilización de algunas de los caracteres que les atribuimos o nos inspiran en distintas obras. Basta recordar las publicaciones citadas anteriormente en este blog, las alusiones en algunas obras de Vivaldi, especialmente en Las Cuatro Estaciones o de Beethoven, como su Sexta Sinfonía.


Nos quedamos a continuación con una deliciosa obra del compositor inglés Henry Purcell, The mavis, dedicada al Turdis Philomelos, el ave que en nuestro idioma conocemos como zorzal común. Se trata de un ave pequeña de la familia de los tordos que pasa los inviernos en nuestro país, tras venir en su migración de los territorios del norte de Europa y cuyo canto, que repite diversas frases musicales ha llamado con frecuencia la atención a diversos compositores y poetas.
The mavis es una composición sencilla y delicada compuesta para ser interpretada a capella por un coro a cuatro voces.


La interpretación de esta sencilla y agradable melodía corresponde a la agrupación checa Cum decore y está dedicada, como no podía ser menos, al canto de los pájaros migratorios.
Cum decore es un coro de la escuela secundaria F. X. Salda de Liberec formado por una treintena de estudiantes universitarios y de secundaria y especializado en programas y conciertos del repertorio del Renacimiento y Barroco.


Dejando de lado los textos anteriores, relacionados más con la divulgación que con la literatura, como suele ser habitual en este blog, nos acercamos a un poema del universal Pablo Neruda.
En Migración, el poeta chileno nos acerca su atenta mirada al rectilíneo camino, al geométrico movimiento que se pierde en el horizonte celeste, batiendo las alas en un coordinado latido cuando las aves se dirigen su movimientos en busca de otras latitudes.




Finés de nacimiento y educado en la Juilliard School neoyorkina, Einojuhani Rautavaara compuso en 1972 su obra Cantus Articus para la inauguración de la Universidad de Oulu situada en las inmediaciones del Círculo Polar. Pese a que el encargo consistía en la composición de una cantata, el músico consideró que este tipo de obras no se adaptaba a la naturaleza del encargo y se embarcó en una tarea experimental. 
De este modo surgió su Cantus Articus, denominado Concierto para pájaros y orquesta, su Op. 61, una obra en la que no se imita el sonido de los pájaros con los instrumentos de la orquesta, sino que es el canto de las propias aves el que está incluido en la obra, gracias a las grabaciones que el compositor realizó recorriendo los humedales de su país cinta magnetofónica en mano, en busca de las bandadas de aves migratorias cercanas ala Círculo Polar y los embalses del norte de Finlandia
De esta manera, Rautavaara logra que las aves adquieran la misma condición e importancia que los violines o demás instrumentos de la orquesta, creando un ambiente sonoro, una atmósfera que sirva de fondo en el que se desarrolla la simbiosis entre aves y orquesta, entre los sonidos naturales del canto de esas aves y el murmullo del viento en los bosques y la partitura orquestal.  


Dividida en tres movimientos, Suo (El pantano), se inicia con un dúo de flautas al que suceden los clarinetes que imitan a los pájaros, que son seguidos por los trombones en sordina y en staccato imitando el sonido de las grullas. La entrada de las cuerdas lleva a una melodía que viene a reflejar la voz interior de un caminante por este desierto helado.
El segundo movimiento, Melankolia, muestra una grabación del canto de la alondra cornuda que se ha ralentizado, mezclándose en una simbiosis con las cuerdas que evocan la melodía una octava más baja.
El último movimiento Joutsenet muttavat (Migración de los cisnes) tiene forma de un crescendo con los sonidos grabados de estas elegantes aves antes de que desaparezcan en la lejanía. Rautavaara muestra a la orquesta dividida en cuatro grupos en lo que él mismo llamó "sincronización mutua resumida". Las grabaciones de las voces de los cisnes se superponen dando la impresión de que su número aumenta significativamente antes de desaparezcan.
El enlace que nos acompaña pertenece a una grabación de Cantus Ariticus de Einojuhani Rautavvvara de la Helsinki Filharmonijus Zenekar dirigida por Leif Segerstam para Naxos Dital Services US y sus movimientos se pueden seguir en el siguiente minutaje: El pantano (0:00), Melankolia (06:54) y Migración de los cisnes (11:12).


El último de los textos sobre las migraciones de las aves procede de un libro que ya nos ha acompañado en alguna ocasión.
En 1941, una revista científica publicó en Viena el ensayo Beobachtungen über die Vogelwelt von Auschwitz (Observaciones acerca de la avifauna de Auschwitz) de Günther Niethammer, un biólogo que había servido como guardia de las SS en el campo de concentración entre 1940 y 1941, en el que mostraba sus investigaciones sobre la fauna ornitológica de la zona.
Partiendo de este hecho, el escritor alemán Arno Surminski publicó en 2008 la novela Die Vogelwelt von Auschwitz (Los pájaros de Auschwitz), una desconcertante historia que se centra en el dilema de oponer la lealtad hacia uno mismo, con el respeto de los pensamientos e ideas propios frente a la lealtad hacia el sistema que nos ampara y conforma nuestra identidad personal y social.


El argumento presenta al joven polaco estudiante de arte Marek Ropalski y experto dibujante, deportado en el campo de concentración, a quien el guarda y ornitólogo Hans Grote elige como asistente para documentar la población de aves en Auschwitz, un punto de encuentro de aves migratorias. La relación que se establece entre ambos mientras realizan las excursiones fuera del campo y registran los datos de la avifauna encontrada, se confronta con el abismo que les separa en los roles que desarrollan como víctima y verdugo, pese a las confidencias que se intercambian sobre sus familias, interrogándose el primero sobre si podrá esperar que el ornitólogo sea para él una tabla de salvación o un simple guardián que acate ciegamente las órdenes.
El texto que nos acompaña se inicia con una conversación entre Marek y un preso polaco, para pasar a continuación a la búsqueda y catalogación de aves, mientras el autor nos hace asistir al tipo de  conversación que desvela cómo se desarrolla la relación entre ambas personas.
Pese a los datos que indican el decrecimiento de las migraciones por los diversos motivos, en este relato podemos entrever, de la misma manera que la pandemia nos dejó en los hogares mientras las migraciones seguían desarrollándose, que incluso cuando la vida queda paralizada por la estupidez y la sinrazón de las guerras, la vida continúa, a su manera, para otros seres vivos.


Nos despedimos con esta publicación centrada en la doble celebración del Día Internacional de las Aves Migratorias con una breve canción dedicada a las mismas.
Se trata del lied Zugvogel (Ave migratoria, Op. 6.3) de Hans Erichh Pfitzner, compuesto en 1888 a partir de un poema de James Grun.

La interpretación Zugvogel corre a cargo del tenor Colin Balzer acompañado el piano por Klaus Simon en una grabación perteneciente al disco Pfitznet. Complete Lieder, volumen 2 editado por Naxos of America en 2019.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: