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Saludos para todo el mundo con Walt Whitman


Todos y cada uno de nosotros somos hijos de la Tierra, el planeta que es nuestra casa y en el desarrollamos nuestra existencia.
Los seres humanos, junto con el resto de seres vivos formamos parte consustancial de nuestro planeta, en los que no podemos dejar de lado la importancia que tienen en la vida que se desarrolla en nuestro universo particular elementos inertes como montañas, ríos, llanuras, mares y océanos.
Sentirnos miembros del enorme ecosistema Tierra supone compartir la vida que se desarrolla en él y colaborar, dentro de nuestros límites y posibilidades, en su funcionamiento. Se trata de un asunto crucial y delicado en cuanto que hemos de ser conscientes de anteponer actitudes y acciones que contribuyan a su cuidado y mantenimiento antes que los relacionados con un consumo irresponsable.
Formar parte de este mundo singular supone sentirnos miembros de cada uno de los lugares que lo forman, enriquecernos apreciando las diferencias y peculiaridades de cada lugar, grupo de personas, culturas o costumbres. Consiste en sentir que formamos parte de aquí y de allá, de nuestro entorno cercano y de los más recónditos lugares. Cuanto más conocemos, más humanos, complejos y completos nos sentimos y más unidos a un todo universal.
No hay lugar en estos casos a las luchas y batallas, a la imposición de los criterios propios a base de destruir a los diferentes, a la supremacía por la devastación y la destrucción que conllevan las guerras.
Tras muchos siglos en que las civilizaciones se formaban a partir de luchas y conquistas, los seres humanos comenzamos a apostar por una lucha diferente, la formación y consolidación de un mundo más universal y solidario, un planeta donde impere el respeto por los diferentes, la aceptación de culturas y costumbres y en el que los conflictos bélicos desaparezcan de una vez por todas. En el que los poderosos no acaparen todo el poder económico, el progreso llegue a todos los lugares y el hambre, la pobreza y la violencia desaparezcan.
En esta publicación te propongo una mirada sincera, acogedora y universal a la riqueza y variedad de nuestro planeta de mano de la poesía de Walt Whitman acompañada de músicas que aporten y complementen esa mirada. Nos acompañan Beethoven, Händel, Haydn y Mozart. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Walt Whitman editó por sus propios medios su primeros poemas, Hojas de hierba, en 1855, un libro que fue corrigiendo, reeditando y ampliando a lo largo de su vida, mostrando una de las personalidades más originales, personales, fuertes e individuales que ha dado la literatura de Estados Unidos a lo largo de su historia. 
Incluido en su monumental Leaves of grass (Hojas de hierba), Salut au monde! (¡Saludo al mundo!, con el título original en francés) es un conjunto de poemas escrito en forma de coloquio consigo mismo que comienza con

¡Oh, toma mi mano, Walt Whitman!

al que sigue la pregunta

¿Qué se ensancha dentro de ti, Walt Whitman?

que es respondida por una serie de poemas convertidos en extensos catálogos que reflejan lo que el poeta vive, ve, siente y oye por y hacia todo el mundo. 
El tercero de los poemas de Salut au monde! comienza con la pregunta ¿Qué oyes, Walt Whitman? y que nos muestra la variedad de cantos, gritos, danzas y sonidos que surgen de oficios, personas, objetos o animales de cualesquiera de los rincones de nuestro planeta.


Esa visión que acoge a todas las diferencias, que integra todo cuanto se oye se refleja en una de las obras de madurez de Joseph Haydn, Die Schöpfung (La Creación), catalogada como Hob XXI.W), un oratorio inspirado en una obra como El Mesías de Händel en el que pretendía «escribir una obra que proporcione fama eterna a mi nombre». Compuesta a partir de los relatos de la creación del mundo según el Génesis bíblico y con un libreto del barón Gottfried van Swieten, el oratorio fue compuesto entre 1796 y 1798 y se estrenó a finales de abril de ese mismo año en Viena, cuando el compositor se acercaba a los setenta años de edad.


La obra está dividida en tres partes a través de piezas instrumentales, recitativos, coros y arias. En las dos primeras partes los solistas son los arcángeles Gabriel, Uriel y Rafael, representados por voces de soprano, tenor y bajo respectivamente, mientras en la última, el protagonismo corresponde a Uriel, Adán y Eva, estos últimos interpretados por bajo o barítono y soprano.
Para acompañar esa visión que abarca a toda la tierra del poema de Whitman, nos quedamos con el nº 18 de La Creación, un trío interpretado por los arcángeles con el que el compositor austriaco nos muestra y comparte las maravillas de la creación. 


La interpretación de este trío In holder Anmut stehn corresponde a Teresa Seidl, Christian Elsner y Michael Wolie con el Cracow Philharmonic Chorus y la Cracow Philharmonic Orchestra de la ciudad polaca, todos dirigidos por Roland Bader, en una grabación para Naxos Digital Services. Como en el resto de la publicación, puedes seguirlo siguiendo la lectura en el texto del libreto o haciéndolo con el poema de Whitman.


Nacido en Long Island, junto a Brooklyn, Nueva York, en 1819, Walt Whitman era hijo de un modesto carpintero y granjero, desarrollando los más diversos profesiones, desde maestro de escuela a director de periódicos, pasando por tipógrafo, carpintero, empleado público o enfermero durante la Guerra Civil americana. Su educación reglada se limitó a la escuela primaria, adquiriendo su formación vital de las diversas fuentes a las que se acercó: la vida urbana, el contacto directo y singular con la naturaleza, su abundante, intensa y desordenada afición a la lectura o sus experiencias laborales, especialmente las de tipo periodístico.
En esta profesión trabajó en una decena de periódicos como The New York Aurora, The Evening Tattler, The New York Statesman o The Daily Plebian, hasta trabajar como editor jefe en el Brooklyn Daily Eagle, donde ejerció el cargo hasta que fue despedido por sus manifestaciones contrarias a la esclavitud que iban contra las ideas del dueño del periódico. De allí pasó a lanzar un nuevo periódico, el Daily Crecent de Nueva Orleans, en el que permaneció unos meses.


Con su publicación de Hojas de hierba y los textos que le fue añadiendo, Whitman se erige en un escritor en la transición entre el trascendentalismo y el realismo filosófico, siendo llamado el «padre del verso libre». Su producción muestra una conciencia individual potente, una persona en su plenitud y vitalidad interior, lejos de la narración y los recursos literarios innecesarios y que muestra sus textos al lector, como escribe en Cantos de despedida

«Camarada, esto no es un libro:
quien lo toca, toca a un hombre»

El séptimo de los poemas se inicia con una nueva pregunta, ¿Qué ves, Walt Whitman?, entre cuyos versos de respuesta aparecen visiones de todo el planeta, en las que alternan algunas negativas como campos de batalla, enterramientos de guerreros o árboles arrancados con otras que nos acercan al esa diversidad que puebla nuestro planeta y a la que nos sentimos invitados a unirnos por el poeta.


Es la acción de los seres humanos la que rompe este equilibrio que encontramos en la naturaleza y en los esfuerzos que tantas personas han realizado y realizan para continuar manteniéndolo mientras desarrollan su existencia.
Nos acompaña ahora la obra en la que Haydn se inspiró para La Creación, el oratorio más conocido de Georg Friedrich Händel, El Mesías.
Catalogado como HWV 56, Messiah se basa en distintos textos de inspiración bíblica reunidos y adaptados por Charles Jennens y que se estrenó en Dublín el 13 de abril de 1742 y en Londres el año siguiente, en ambos lugares con un tibio recibimiento. En pocos años comenzó a ganar popularidad, convirtiéndose en una de las obras más interpretadas y reconocidas de todo el repertorio musical, especialmente su número más famoso, el Hallelujah! 
Acercándonos al comienzo del poema anterior, nos acompaña el aria para bajo Why do the nations...? (¿Por qué las naciones...?) que nos acerca a esos tiempos en que las ambiciones, el miedo a las amenazas o la imposición frente al razonamiento rompen ese equilibrio que nos permite avanzar en el respeto, la concordia y el acuerdo.  


El barítono Teddy Tahu Rhodes interpreta, furioso y enérgico Why do the Nations perteneciente a la segunda de las tres partes en que se divide El Mesías de Händel con la Orchestra of the Antipodes (un nombre interesante y sugerente para esta publicación dedicada a Walt Whitman) bajo la dirección de Antony Walker.  


Segundo de los ocho hijos de Louisa van Velsor de origen holandés y Walter Whitman, de quien tomó el nombre, su padre era una persona de escasa formación, pero de un acendrado americanismo, hasta el punto de que llamó a tres de sus hijos con los nombres de George Washington, Thomas Jefferson y Andrew Jackson. Con el tiempo, su padre tuvo problemas con la bebida, igual que su hermano Andrew que falleció joven, mientras Jesse sufría violentos desequilibrios mentales, Edward padecía un retraso intelectual que le tuvo incapacitado para cuidarse y su hermana Hannah, con brotes psicóticos, se vio maltratada por su esposo.
En este ambiente se formó y desarrolló la personalidad de Whitman, buscándose la vida por sí mismo en la variedad de trabajos que acometió. Antes de Hojas de hierba publicó en 1842 la novela Franklin Evans, el borracho, una obra contra la plaga del alcoholismo que asolaba al país y a su propia familia, que alcanzó tan poco éxito que decidió buscar otros caminos.  
Inmerso en una difícil situación económica, entre 1849 y 1855 Whitman se vio obligado a abrir un colmado que convirtió en librería e imprenta, mientas trabajaba, con escaso éxito, en la construcción y continuaba su colaboración con distintos periódicos como el Evening Post. Con el poco dinero ahorrado autopublicó en 1855 la primera edición de Leaves of grass que él mismo diseñó y compuso los tipos de imprenta, mostrando poca pericia, ya que abundan las erratas. Esta primera edición constaba de 95 página con doce poemas sin títulos y un prólogo -que no aparecería en las sucesivas reediciones-, y cuya autoría no aparecía en la cubierta, sino en la página de créditos, con un grabado en el que el autor, Walter Whitman, se mostraba con desaliño proletario y una media sonrisa. Apenas se vendieron algunos de los 795 ejemplares, mientras que algunos se enviaron a distintos autores y el propio Whitman realizó reseñas sobre el libro en algunos de los periódicos con los que colaboraba.

Tras la pregunta que abre el séptimo de los poemas de Salut au monde, el siguiente continúa con la respuesta a la pregunta ¿Qué ves, Walt Whitman?, continúa el autor con una enumeración en la que se cruzan animales, personas, profesiones y elementos de la naturaleza que observa, finalizando con las afirmaciones que muestran su sintonía y sentimientos a lo universal con los versos que se inician con la expresión «soy de...».


Tras la furiosa diatriba de la música de Händel en su Messiah del aria Why do the nations, nos acercamos a la única ópera de Beethoven, Fidelio.
Estrenada en 1805 en el Theater an der Wien de la capital austriaca, Fideio oder die eheliche Liebe (Fidelio o el amor conyugal, Op. 72) con un libreto de Joseph F. Sonnleithner de la que se trató en este blog en La libertad, Beethoven y Fidelio, la ópera narra cómo Leonora, disfrazada como el guardia de la prisión Fidelio rescata a su esposo Florestán de la condena a la que está sometido por cuestiones políticas.
De esta obra, los aires libres y universales de Whitman nos acercan al coro de prisioneros que forman la escena novena del Acto I de Fidelio, el momento en que los prisioneros salen unos momentos de sus celdas y mezclan las sensaciones que sienten al respirar el aire libre con la libertad, unas sensaciones que desaparecen cuando deben regresar de nuevo a su lugar de confinamiento.


Este coro de prisioneros O welche Lust está interpretado por el Coro y Orquesta de la Wiener Staatsoper dirigido en 1978 por Leonard Bernstein en una grabación para la Deutsche Grammophon.


El escaso éxito de Hojas de Hierba hizo que Whitman se animara a realizar una reedición un año más tarde. Con un tirada de 1.000 ejemplares el formato consistía ahora en un libro de bolsillo que constaba de 384 páginas y 32 poemas que ya tenían título, donde el autor ya aparecía con el nombre de Walt en lugar del Walter original, y un apéndice que incluía una carta de respuesta del escritor Ralph Waldo Emerson, el único que había alabado su obra. El éxito fue más corto que en la primera edición, vendiéndose aún menos ejemplares.
Desde el primer momento, Hojas de hierba supuso un deseo de tender la mano hacia el ciudadano común, creando un épica americana que el autor revisó y aumentó a lo largo de su vida, hasta alcanzar la edición definitiva en 1892, en la que Salut au monde se incluyó en la edición de David McKay, Publisher, Philadelphia.


Esa universalidad, el cosmopolitismo que abraza todas las diferencias, peculiaridades y singularidades se hace más presente en el poema número once de Salut au monde, que comienza, no con una pregunta, sino con la exclamación ¡Tú, quienquiera que seas! Aquí, Whitman se dirige y se funde con toda la diversidad en una nueva enumeración que todo lo alcanza, pasando del tú particular al más universal vosotros, para concluir con un íntimo y personal cada uno.


Este sentimiento universal, acogedor, que abraza a todos que nos transmite Walt Whitman lo encontramos también en la última ópera de Mozart.
Estrenada pocos meses antes de su fallecimiento, Die Zaubertlüte (La flauta mágica, Kv 620), es una simbiosis entre cuento oriental y simbología y música masónica. 
El coro final del primer acto de La flauta mágica nos acerca a ese sentimiento cosmológico que abraza Whitman en su poesía.


La interpretación del enlace que nos acompaña corresponde a una grabación de 2019 del RIAS Kammerchor dirigido por Justin Doyle y la Chamber Orchestra of Europe comandados ambos por Yannick Nézet-Séguin para la Deutsche Grammophon GmbH


Walt Whitman creó con Hojas de hierba y los poemas que le fue añadiendo la gran epopeya americana, una obra que muestra su voz vigorosa a la vez que sutil, simultánea al nacimiento y desarrollo de los Estados Unidos como nación.
Pese a que fue controvertido en su tiempo al ser considerado obsceno por sus referencias a una abierta sexualidad, sus poemas recogen la enorme diversidad de su país, sus extensos e inabarcables paisajes, la vasta y heterogénea población que lo conforma, el carácter indómito y natural de sus habitantes. Es parte de la formación de un nuevo lenguaje y una mirada que rompe con los cánones europeos y proclama la creación de un mundo nuevo en el Nuevo Mundo, en el que todos están llamados a ser libres e iguales.
Además, los poemas de Whitman son el retrato y la esencia de su persona que expresa sus pasiones, anhelos y sueños en cada página de su obra: el amor por la naturaleza, el erotismo, la tumultuosa vida en las ciudades, el ímpetu y la musicalidad de su voz hacen que su obra formen parte indispensable de la literatura americana y universal. 
Tras un derrame cerebral, Whitman se trasladó a Camden, New Jersey, falleciendo en 1892 a los setenta y dos años de edad, el mismo año que salió a la imprenta la edición definitiva de su obra.


El último de los doce poemas -el nº 9 no existe- sirve a Walt Whitman para hacernos una suerte de recapitulación de todo lo que ha tratado en Salut au monde, desde el inicial ¡Oh, cógeme la mano Walt Whitman! pasando por las preguntas ¿Qué ves? y ¿Qué oyes? y las respuestas que las acompañan en las que su espiritu, y el nuestro, se funden en el todo que conforma nuestro vasto, complejo y enorme planeta.


No podemos dejar esta publicación sobre Salut au monde y la poesía y el pensamiento de Whitman dejando dos obras que no finalizan apuntando en la misma dirección que el poeta americano. Si Händel nos dejaba el amargo y siempre actual enfado por las luchas en Why do the nations y Beethoven hacía regresar a los prisioneros a sus celdas, volvemos a Fidelio con un nuevo coro que nos acerque a las ideas y sentimientos que nos transmite Walt Whitman.

Las escena 7ª del Acto II de Fidelio, poco antes del final de la ópera nos presenta al pueblo congregado en la plaza que asiste al comienzo del desenlace en que la libertad, la justicia y la gracia superan la opresión y la oscuridad.


La interpretación  corresponde a una grabación del Coro y la Orquesta Sinfónica del Bayerischen Rundfunks dirigidos por Sir Colin Davis de 196 para Sony Classical.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Conciertos de Navidad: El Mesías de Händel

¿Quién no ha escuchado música en Navidad? En las fechas cercanas se suelen realizar conciertos de diversos tipos que nos acercan a las celebraciones: de villancicos populares, zambombas flamencas, de música clásica o cualquiera de los estilos con la temática de la época.
En casi todas las localidades se realizan este tipo de conciertos, dependiendo de los gustos, los recintos y el tipo de agrupaciones que preparan y realizan estas actuaciones musicales.
En esta entrada te propongo un paseo por los conciertos y recitales navideños y una de las obras más conocidas y populares del repertorio, El Mesías de Händel, con un texto de Stefan Zweig sobre el compositor. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Actuaciones como el Gran Concierto de Navidad que la Coral Municipal de La Palma del Condado realiza con la colaboración amiga de la Banda Municipal Virgen del Valle, que se celebra el 23 de diciembre en el Teatro España de la localidad y en el que interpretaremos obras relacionadas con estas fechas. Una ocasión para la que se preparan distintas piezas musicales relacionadas con la temática navideña.



Entre los conciertos de música clásica, en estas semanas previas a la Navidad el más celebrado es el de El Mesías de Händel, un acontecimiento que se vive en la mayoría de ciudades con auditorios y orquestas sinfónicas. En las últimas décadas se ha popularizado además que en muchos de estos conciertos se incluya la participación de aficionados en algunos de los coros que componen la obra.


Coral Municipal de La Palma del Condado - 2016


Messiah (El Mesías) de Georg Friedrich Händel es una de esas obras de música clásica de la que todos hemos oído hablar, especialmente su conocido ¡Aleluya!, una pieza que absolutamente todos hemos exclamado con mayor  menor entonación en alguna oportunidad. En otra ocasión le dediqué una entrada en el blog en Un ¡Aleluya! para Händel en la que los protagonistas eran Händel y esta pieza, la más conocida de la obra.
El Mesías es un oratorio, un tipo de obra que explica con música una historia de tipo religioso o sagrado. En él suelen participar una orquesta, solistas y coro, siendo éste último esencial, ya que suele representar al pueblo, a quienes explica y narra la historia. En los oratorios se toman elementos de las óperas como las arias, dúos y coros, no se caracterizan ni los personajes con vestuario ni hay decorados y no hay interpretación dramática como en éstas. Son muy importantes los recitativos, unas piezas en las que, imitando la forma del habla y con un acompañamiento musical sencillo, se va avanzando en la narración de la historia. Muy utilizados en la obra de Bach y sus contemporáneos, Händel dio a los oratorios unas características que lo hicieron muy populares en su producción, llegando a componer 26 de estas obras entre italiano, alemán y, en su época británica, en inglés. 
La importancia de El Mesías radica en que no sólo cuenta la historia de Jesús y cómo tras su muerte y resurrección salva a toda la humanidad. La grandeza de esta obra se basa en dos pilares: Por un lado, no hay que tener convicciones religiosas para conectar con la historia, ya que habla de situaciones que podemos encontrar en otras vidas: el nacimiento de una persona, su esfuerzo por ayudar a los demás y su sacrificio con la muerte como culminación del mismo. En este aspecto, El Mesías habla de situaciones humanas, sentimientos y pasiones arquetípicas y universales. En segundo lugar está una música muy especial e inspirada que hace que muchos de los temas que componen esta obra trasciendan de ella y se hayan incorporado a la lista de músicas que hemos oído, aunque no sepamos bien dónde ni a qué obra pertenecen.



Stefan Zweig, también un escritor que ha aparecido en varias ocasiones en este blog, dedicó una obra a transcribir parte de la biografía de Händel en Momentos estelares de la humanidad, una obra con matices didácticos en la que narra algunos de los acontecimientos que han marcado la historia de nuestras civilizaciones. En este libro, posiblemente el más conocido de Zweig se reflejan el ocaso del imperio de Oriente con la caída de Constantinopla, la derrota de Napoleón en Waterloo, el viaje en tren de Lenin hacia Rusia en 1917, el indulto de Dovtoievski poco antes de ser ejecutado o el relato que traigo hoy, el nacimiento del Mesías de Händel y el fallecimiento de su autor.
El mismo compositor señala en el prólogo que "cada uno de estos momentos estelares marca un rumbo durante décadas y siglos", por lo que podemos considerarlos momentos clave de inflexión de la historia. 
En el citado Un ¡Aleluya! para Händel me centraba en la composición, ensayos y estreno de El Mesías. En esta ocasión, el primer texto que nos acompaña se refiere al comienzo del final de la vida del compositor alemán en su Inglaterra adoptiva.


Para el libreto de El Mesías, Händel buscó la colaboración de Charles Jennens, quien escribió el texto dividido en actos y escenas, con cierta semejanza a una ópera, lo que propiciaba que los asistentes pudieran seguir con facilidad la narración, aunque sin acción dramática escenificada. El libretista compiló y adaptó algunos textos de la Biblia, generalmente de pocos versos o sin rima y escritos en inglés, de forma que se pudiera enlazar y los espectadores seguir la narración.
La historia está dividida en tres partes. En la primera se centra en el nacimiento de Cristo, mientras que la segunda lo hace en su sufrimiento y muerte, y la tercera en su resurrección. 
Uno de los momentos más espectaculares de la obra es el aria para barítono Why do the nations, un furioso alegato contra las luchas y rivalidades entre naciones narrado con fuerza y energía.
Los instrumentos de cuerda y el continuo realizan una introducción impetuosa con una intensa melodía. El solista canta con este carácter enérgico que mezcla lo bélico con la rabia en una contradicción entre la paz y la guerra, basado en un texto del Salmo 2. 



La interpretación corresponde al barítono neozelandés Teddy Tahu Rhodes que canta este aria con rotundidad y energía, mostrando la dificultad de cantar esta pieza. Está acompañado por The Orchestra of the Antipodes bajo la dirección de Antony Walker.


El relato de Zweig continúa con los últimos momentos de la vida de Händel, con una narración que se mueve por derroteros de un dramatismo afectado y excesivamente melodramático, pero dando sentido al final de la vida del compositor.



El final de El Mesías no podía ser vulgar ni simple. Händel termina su oratorio con una pieza que sólo contiene una sola palabra, Amén, pero de una innegable calidad musical y que sabe mantener con una duración de más de tres minutos.
Se trata de una fuga, un tipo de composición en la que el texto y la melodía van de una voz o un tipo de instrumento a otro. El Amén va pasando por las voces en el siguiente orden: bajos, tenores, contraltos y sopranos. El tema musical pasa después a los instrumentos en el orden de violines primeros, violines segundos y coro. Tras un desarrollo de la fuga que va pasando de la parte instrumental al coro, con progresiones y contrapuntos se llega a una pausa general que deja en el aire la música inconclusa. Un tutti de la orquesta y coro marca el final de El Mesías, una de las obras maestras de Händel y de la historia de la música.
El enlace muestra una interpretación de el Amén con la Orquesta y Coro de la Academy of Saint Martin in the Fields dirigida por su alma mater, Sir Neville Marriner en la ciudad en que se estrenó este oratorio, Dublín, en 1992, en el momento en que se cumplieron 250 años del estreno de la obra.


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Si te apetece escuchar una versión completa de El Mesías, te propongo esta versión en un concierto participativo celebrado en Madrid en 2009 con el patrocinio de La obra social de La Caixa.

Un ¡Aleluya! para Häendel

Hay ocasiones en que algunas obras de arte sobrepasan el ambiente en que se desarrollan, su concepto, su público o su escenario y se erigen en obras maestras que llegan a convertirse en imprescindibles referentes para la sociedad y la cultura de un país, una civilización o incluso alcanza a tener una popularidad y ser reconocidas entre amplios sectores de la población. ¿Quién no ha oído hablar de ellas?

Es el caso de libros como El Quijote, la obra teatral de Shakespeare, la Capilla Sixtina o el David de Miguel Ángel, la Alhambra de Granada, la quinta o novena sinfonías de Beethoven, la música de Mozart o The Beatles, cuadros de Velazquez, Goya o Picasso... Todas tienen en común el hecho de trascender del círculo en que se movieron para llegar a sectores más amplios de la humanidad en los que quedaron como referentes.
En esta entrada te propongo un acercamiento a una de las obras más conocidas de la música universal como es El Mesías de Haëndel (o Händel) y la pieza más conocida de la misma. Vendrá de la mano de un escritor que apareció recientemente en este blog, Stefan Zweig. El Aleluya es una pieza que ha aparecido en multitud de películas, anuncios de televisión y pertenece al imaginario colectivo de la humanidad. ¿Quién no lo ha tarareado o utilizado de modo coloquial como recurso irónico o sarcástico en alguna ocasión?



En su afán de difundir la cultura de nuestro continente por encima de las nacionalidades y particularismos, Stefan Zweig fue un poeta, traductor, pacifista y editor que puso por encima de todas estas facetas su espíritu europeo. Amigo de escritores y traductor de cuantas obras consideró que avanzaban en la unión de la cultura de Europa, a la que dedicó todo su esfuerzo, era un personaje inquieto que se movió por todo el continente dando conferencias, aunando personajes y obras que favorecieran un clima a contracorriente de la situación política y bélica de las primeras décadas del siglo pasado.
Los grandes pensadores, escritores, músicos o cineastas austriacos de la época tenían una cercana amistad con Zweig, quien llegó a ser un escritor enormemente popular en la Austria y Alemania de entreguerras, hasta que huyó tras el auge del nazismo. De su producción literaria destacan El mundo del ayer (Memorias de un europeo), Carta de una desconocida, que fue llevada al cine por Max Olphüs, o Erasmo de Rotterdam: Triunfo y tragedia de un humanista, además de un elevado número de biografías de autores europeos.
En su obra Momentos estelares de la humanidad Zweig recrea, de un modo eminentemente didáctico diversos momentos que para él fueron significativos en la historia y evolución de la civilización occidental, dedicando capítulos a Cicerón, la llegada al Polo Sur, la conquista de Bizancio, la composición de La Marsellesa, el himno nacional francés, o el proceso que se llevó a cabo para unir telefónicamente Europa y América y se propiciara que la primera palabra cruzara el océano Atlántico. En esta obra dedica un capítulo a la composición de El Mesías en el capítulo La resurrección de George Frideric Haëndel, del que traigo un extracto sobre el ensayo general y estreno de la obra. El compositor había sufrido una grave enfermedad, una apoplejía, que le paralizó la parte derecha de su cuerpo y los médicos no daban esperanzas de curación. Su casi milagrosa recuperación le dio ocasión de componer el oratorio que ha quedado en la mente de todos como su gran obra.





De todos los oratorios compuestos, Messiah (El Mesías) de George Frideric Haëndel es, sin duda el más conocido. Fue compuesto en pocos días, entre el 22 de agosto y el 14 de septiembre de 1741 mientras estaba en Dublín invitado por el virrey de Irlanda.
El libreto corrió a cargo de Charles Jennens, quien lo extrajo de la Biblia, en parte del Nuevo y en parte del Viejo Testamento, a la vez que le añadió versos de producción propia. En realidad se trata de un texto que no sigue ningún argumento, pero encierra un drama interior dividido en tres partes. Comienza con el anuncio de la llegada del Mesías, continúa con la Pasión y Resurrección y finaliza con la realización del ideal del Mesías sobre la Tierra: la liberación de la humanidad hacia la luz y la libertad.
Messiah se estrenó el 13 de abril de 1742 en un concierto benéfico en el Music Hall de Dublin, según las crónicas de la época, con un éxito arrollador y la polémica de que un oratorio religioso fuese estrenado en un teatro en vez de un lugar sagrado. En marzo del año siguiente tuvo lugar el estreno en el Covent Garden de Londres, el escenario habitual de Haëndel. A partir de ahí fue llevado a Hamburgo, extendiéndose rápidamente su interpretación por toda Alemania y el mundo.
Una costumbre anglosajona que se ha extendido hace que sea tradicional la representación del oratorio en los días previos a la Navidad con la participación de aficionados en algunos de los coros. Son los Mesías participativos que recorren los distintos escenarios de Europa y América.




La pieza más conocida de este oratorio, una de las más universales de la música de todos los tiempos es el Hallelujah (Aleluya) que se interpreta en todos los lugares como símbolo de acción de gracias.
El tema principal de la melodía aparece en los violines en la introducción, pasando enseguida al coro, que lo entona con una emotiva decisión con el contrapunto de los violines. El coro presenta una frase al unísono con los instrumentos de cuerda, seguida de una fanfarria de timbales y trompetas que acentúan y refuerzan la palabra Aleluya.
Las mujeres invocan al Altísimo, después de lo cual, la orquesta y el coro desarrollan el tema con distintos contrapuntos.
A continuación, los tenores presentan la melodía con intervenciones del coro y la orquesta, seguida de la calma con que se expone un nuevo tema. 
Un segundo tema aparece en forma de fuga, pasando de una voz a otra con el siguiente orden: bajos, tenores, altos y sopranos. Las mujeres entonan la frase King of kings, Lord of lords (Rey de reyes, Señor de los señores), contestada por los Aleluya del resto del coro, los timbales y la orquesta. Comienza una progresión ascendente hasta las notas más agudas.
El final comienza con la orquesta y el coro reafirmando los temas. Los tenores cantan King of kings y el coro contesta con For ever and ever (Por siempre). Un tutti insiste en la idea principal que resuena de forma grandiosa.
Tras un silencio general, todo el coro entona la palabra Aleluya con el impetuoso acompañamiento de la orquesta.




























































Además de escuchar esta pieza es un placer poder cantarla con otras piezas con el resto de miembros de la Coral Municipal de La Palma del Condado junto con la Coral Polifónica de la Hermandad de la Vera-Cruz de Valencina de la Concepción y la Banda Municipal de Música Nuestra Señora del Valle en el tradicional Gran Concierto de Navidad 2016.



En el enlace presenta una interpretación a cargo de The London Symphony Orchestra y The Tenebrae Choir bajo la dirección de Sir Colin Davis que se grabó en 2006.



Si tienes tiempo y deseas escuchar una versión completa de la obra, enlazo con esta interpretación de la orquesta y coro The Sisteen subtitulada en castellano en un concierto participativo que se celebró en el 250 aniversario del fallecimiento de Haëndel.


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Dickens y Haëndel, los clásicos de la Navidad

Dickens y Haëndel no faltan en Navidad. Posiblemente son los autores más leídos y oídos en la época navideña y sus narraciones y melodías, de alguna forma, pasan a formar parte de nuestro patrimonio cultural. 


Hay personajes que son reconocidos por todos los amantes de la lectura como David Copperfield, Oliver Twist o el mismo Mr. Pickwick a quien el autor de este blog tanto y tantas veces ha disfrutado.



Otro de ellos como el avaro Scrooge con los tres simbólicos personajes que se le aparecen, el Fantasma de las Navidades Pasadas, el de las Navidades Presentes y el de las Navidades Futuras pasan a formar parte de los personajes que todos reconocemos en la literatura. La innumerable cantidad de versiones que se han llevado a cabo en teatro, cine y televisión avalan la popularidad de esta obra que ha entrado de lleno en la cultura universal. 

En esta entrada es precisamente el comienzo de la obra protagonizada Scrooge por la que nos trae el texto. Se trata de su celebérrima Cuento de Navidad (A Christmas Carol) de Charles Dickens
El pasado año, Navidad con Dickens y Tchaikovsky estuvo dedicada a este autor y la misma obra





No menos importante es la influencia de la música de Georg Friedrich Haëndel con su Messiah, una obra que como comentamos en El Mesías de Haëndel según Zweig ha logrado afianzar sus momentos de interpretación en los días anteriores a la Navidad
La obra se estrenó en un concierto multitudinario y triunfal en el que se aumentaron en 700 plazas la capacidad del Musick Hall de Fishamble Street que acababa de inaugurarse en Dublín. Como dato curioso, a través de los periódicos locales se instó a las damas a asistir sin miriñaque y a los caballeros sin espada. Ya tras el ensayo general la prensa se hizo eco de la calidad de la obra con un comentario en el que se decía que "el nuevo oratorio de Mr. Haëndel sobrepasa ampliamente, a juicio de los mejores jueces, cuanto de este género se haya escuchado con anterioridad en este u otro reino"



De todas las piezas del oratorio, te traigo Why do the Nations so furiously rage? (¿Por qué luchan furiosamente las naciones entre sí?), un aria para barítono en la que texto y música se unen en un furioso alegato contra la violencia y la lucha entre los pueblos y civilizaciones. Ryan DeRyke la interpreta con el acompañamiento de la Heatland Chamber Chorale, Festival Chorus & Orchestra.



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