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Bedřich Smetana y la música checa

De pocos compositores se puede decir que coincidieron con dos genios como Mozart en la precocidad y con Beethoven en la sordera. Bedřich Smetana, el compositor checo del siglo XIX es uno de esos personajes que comenzaron mostrando un genio absoluto y finalizaron su vida en el más absoluto y oscuro de los silencios.
Inscrito dentro de la música nacional checa, a quien se considera como su iniciador, en el año 2024 se cumple el bicentenario de su nacimiento. Pese a ese calificativo como padre de la música de su país, algunas de sus obras han trascendido los límites nacionales para formar parte del repertorio de los grandes escenarios.
Te invito a pasear por algunas obras de Bedřich Smetana al cumplirse los doscientos años de su nacimientos. Nos acompañan textos de Orlando Figes y Alberto Zurrón sobre él y músicas como El Moldava. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Museo Smetana en las orillas del Moldava en Praga
Bedřich Smetana (su nombre equivale al de Federico) nació el 2 de marzo de 1824 en la ciudad de Litomysl, cerca de la frontera entre Bohemia y Moravia, regiones que pertenecían al Imperio Habsburgo. Su padre, el cervecero Frantisek y su tercera esposa Barbora Lynková lo tuvieron como tercero de los diez hijos, aunque con los de los matrimonios anteriores llegaron a ser dieciocho vástagos. 
En aquella época el alemán era el idioma del imperio y, aunque se utilizaba el checo, para los eventos sociales, los negocios y las actuaciones oficiales, era el idioma germano el que se utilizaba en todos los ámbitos de la sociedad.
La vida se desarrollaba con normalidad y los domingos se reunían en la casa a interpretar música, como hacían otras familias. Fue en este entorno cuando, con cinco años lo sentaron entre bromas ante un atril y el pequeño Bedřich interpretó, ante el asombro y sorpresa de todos, la partitura del primer violín de un concierto de Haydn.
Este fue el detonante para que el pequeño comenzara a improvisar al piano y debutara en un concierto público con tan solo seis años. Pero, si como músico fue un niño prodigio, en el colegio y el liceo fue un estudiante distraído que no avanzaba en los estudios, condición que el padre le ponía para llegar a ser abogado o administrar los negocios familiares.


En su libro Historia insólita de la música clásica II, Alberto Zurrón traza un paralelismo entre tres compositores prodigios, un tanto a la sombra de Mozart, como lo fueron Maurice Ravel, Giuseppe Verdi y el propio Smetana.


Enamoradizo, Smetana estaba más centrado en ese aspecto que en su responsabilidades académicas. Tras estudiar música con varios maestros, pelea con su padre y se marcha a Praga para continuar sus estudios musicales. Mientras, compone algunas obras, entre ellas Seis piezas características que envía en 1848 a su admirado Franz Liszt a quien le pide un préstamo de 400 florines. El pianista húngaro le responde que no puede prestarle la cantidad exigida, pero que le gustan las piezas y el potencial de Smetana.
Con la ayuda de algunos amigos abre una escuela de música en Praga, alcanzando un éxito considerable. Durante las revueltas de ese año, compuso algunas obras de apoyo a la revolución frente al imperialismo austriaco. El año siguiente, 1849, se casó con Katerina Kolárová con quien tuvo tres hijas de las que dos murieron con pocos meses.
En 1856, tras una visita de Liszt a Praga, con quien entabla amistad, recibe una invitación para viajar a Suecia donde dará unos conciertos en Gotemburgo. Después de regresar a la capital checa, al año siguiente vuelve a la ciudad sueca donde se instalará con su esposa, su hija Zofia y su cuñada. Allí estará unos años, hasta que su esposa enferma gravemente y deciden regresar, falleciendo antes de llegar a su Dresde natal.
Tras varias estancias en Gotemburgo donde dirige coros, orquestas e imparte clases, Smetana se casa con Barbora (Bettina) Fernandiová, hasta que en 1861, conocedor del despertar cultural de su país, decide regresar a Praga.


Nos acompaña la obertura de una de sus obras escénicas, quizás la más conocida y popular, Prodaná nevěsta (La novia vendida), una ópera bufa en tres actos.
La obertura toma su música del final del Acto II, en una escena en que el protagonista firma un contrato renunciando a su reclamación sobre su prometida ante los habitantes del pueblo.
Comienza con un toda la orquesta con fuerza a la que sigue una suerte de scherzo por parte de las cuerdas y una danza rápida y alegre que se suceden y desarrollan con brillantez y muestran el espíritu folclórico checo y la capacidad compositiva de Smetana.
La interpretación está a cargo de la Berliner Philharmoniker con la dirección del desaparecido maestro de maestros Mariss Jansons celebrado en 1994 en Waldbühne bajo el título de A night of dances and rhapsodies.


Tras el regreso a Praga, Smetana organiza algunos conciertos con sus obras que comienzan con deudas debido a la baja asistencia de público, lo que le obliga a viajar de nuevo a Gotemburgo en varias ocasiones para dirigir nuevos conciertos con los que saldar las deudas.
En 1862 comienza a trabajar en un libreto de Karel Sabina para la que sería su primera ópera Branivoři v Čechách (Los brandenburgueses de Bohemia), una obra que narra la historia de la liberación de la ocupación alemana en el siglo XIII y que estrenará en enero de 1866 en el Teatro Provisional a la espera de la construcción del Teatro Nacional.
Desde sus primeros años de formación y durante toda su vida, Bedřich Smetana, admiraba la música de Liszt, Hector BerliozWeber o Chopin, buscando crear en Bohemia un lenguaje sonoro que se basara en la prosodia del idioma checo y se separara con personalidad propia del clasicismo vienés y del romanticismo alemán. Su obra es equiparable a la de Edvard Grieg en Noruega o la que posteriormente fuera de la Jan Sibelius en Finlandia.

Fotografía de Bedřich Smetana, alrededor de 1880
En Los europeos, un estudio subtitulado Tres vidas y el nacimiento de la cultura cosmopolita, el historiador Orlando Figes traza un recorrido histórico por la Europa de la segunda mitad del XIX centrado en tres figuras que contribuyeron a consolidar una cultura europea que trascendía de las nacionalidades: Louis Viardot, su esposa Pauline García Viardot (hija del afamado cantante sevillano Manuel García) e Iván Turguenev.
En el texto que nos acompaña, Figes se centra en el nacionalismo musical checo y la importancia y características de un compositor como Smetana.


En marzo terminó la partitura de su siguiente ópera, Prodaná nevěsta (La novia vendida), cuyo libreto, también de Sabina, lo fue recibiendo por entregas. Mientras recibe el primer premio que el Conde Harrach convocó para composiciones de carácter checo con la obra recién estrenada.
Así, a finales de mayo se estrenó La novia vendida en este Teatro Provisional, que en ese momento tenía dos actos y recordaba una opereta en que se alternaban números musicales y diálogos hablado. Tres años más tarde, agregó un aria para soprano y dos danzas que se hicieron muy populares. En 1870 los diálogos fueron cambiados por recitativos cantados y los actos pasaron a ser tres con motivo de una representación para San Petersburgo, siendo esta la versión que se representa en la actualidad.
La novia vendida es el típico relato operístico de ambiente campesino con argumento simple y sencillo, en la línea de El elixir de amor de Donizetti o La sonámbula de Bellini, y, aunque no alcanzó el éxito en sus primeras representaciones, tras el montaje definitivo fue representada 128 veces en vida del autor, de las cuales casi medio centenar fueron dirigidas por él mismo. Su primera representación en Estados Unidos fue en 1909 en la Ópera Metropolitana bajo la dirección de Gustav Mahler.

 

En la versión definitiva de La novia vendida, Smetana incluyó dos danzas que alcanzaron una gran popularidad. La danza de los comediantes es una de las piezas que ha pasado del repertorio operístico a las salas de concierto. Te presento dos versiones para que elijas cuál quieres escuchar.
La primera es una versión instrumental con un sonido magnífico corre a cargo de The Young Cracow Philharmonic dirigida por Tomasz Chmiel y se grabó dentro de La Folle Journee de Varsovia en la Polish National Opera de la capital polaca en octubre de 2017. 


En la segunda versión se ha primado más el espectáculo escénico con su algarabía que la toma sonido estrictamente musical.
Se trata de una producción de la Ópera de Garsington con un montaje circense a cargo de Jeffrey Lloyd y la interpretación musical a cargo de la Philharmonia Orchestra de la Garsington Opera, en una representación de 2019.


Poseedor de lo que se denomina un oído absoluto para la música, Bedřich Smetana tuvo unos últimos años muy complicados. Con cincuenta años, en agosto de 1874 comenzaron los primeros síntomas con una pérdida de audición, posiblemente a causa de la sífilis, que se fue deteriorando de forma tan súbita que el médico le indicó que dejara sus responsabilidades en el teatro, por lo que le concedieron una pensión de 1200 florines anuales.
En septiembre comenzó la composición de su poema sinfónico Vyšehrad, el primero de lo que sería su obra más conocida, el ciclo de poemas Má Vlast (Mi patria).
En octubre ya había perdido por completo la audición de ambos oídos, lo que no le impidió terminar la partitura en noviembre y comenzar el segundo de los poemas, el más conocido, Vltava (El Moldava).
En estos diez últimos años de su vida, con un sordera absoluta y una salud cada vez más desmejorada, Smetana compuso obras que consolidaron la música checa, como las óperas El beso, El secreto o El muro del diablo, el mencionado ciclo Mi patria o el cuarteto De mi vida

Frantisek Dvorak. Smetana entre sus amigos en 1865 (1923). Publicado por la Editorial Estatal de Praga
El último texto que nos acompaña está extraído de la página web dedicada al compositor, http://www.bedrich-smetana.wz.cz de la que nos quedamos con la siguiente información sobre la faceta compositiva del músico checo.


Tras el éxito de La novia vendida, Smetana compuso otras que tuvieron éxito entre el público y consolidaron el estilo de la música checa a partir de melodías extraídas del folclore -con las característica de que estaban arraigadas en el acerbo popular y en ocasiones no eran propiamente checas- y adaptando la sonoridad de la música a la prosodia del idioma. Entre estas óperas destacan DaliborLibuše (Libusa, sobre la mítica fundadora de la ciudad) o Čertova stěna (El muro del diablo).
En 1883, con cincuenta y nueve años, sordo y en un grave estado de salud compone algunas piezas más, el Cuarteto de cuerda en re menor, la pieza para coro Nuestra canción y la partitura de El Carnaval de Praga, su última pieza orquestal. 
Ya padecía depresión, insomnio, calambres, alucinaciones y pérdida temporal del habla. En octubre su actitud y comportamiento en público sobresaltó a sus amigos. En febrero de 1884 comenzó a volverse violento a la vez que perdía coherencia y la noción de la realidad. 
En abril, su familia lo internó en un manicomio donde falleció el 12 de mayo. Sus restos fueron enterrados en el cementerio nacional de Vyšehrad.

Fotografía de Smetana en sus últimos años de vida
El ciclo de poemas sinfónicos Má vlast (Mi patria) fue compuesto a lo largo de cinco años durante el periodo en que había perdido completamente la audición. Tras Vyšehrad y Vltava (El Moldava), escribió Sarka, De los bosques y campos de Bohemia, ambas en 1875, y Tábor y Blanik en el invierno de 1878-79.
En principio, Smetana no había considerado crear un conjunto de poemas sinfónicos, sino una obra que mostrara el curso del río Moldava desde su nacimiento en los bosques de Bohemia hasta su recorrido grandioso por Praga, una idea que acabó generando un ciclo que creaba el paisaje musical de su nación junto a algunos episodios de su historia.
De los seis poemas Vltava (El Moldava) ha alcanzado vida propia sobre los demás poemas. Se trata de un recorrido geográfico, folclórico, emocional e histórico sobre el curso del río de carácter programático. 
Václav Zeleny, el poeta que colaboró con Smetana ideando las líneas de sigue la música escribió:

«Esta composición representa el curso del Moldava. Canta sus dos primeras fuentes, una cálida, otra fría, que nacen en el bosque de Bohemia, sigue a los arroyos cuando se unen y muestra el recorrido del río a través de los campos y bosques hasta un prado donde los campesinos celebran una boda. A la luz de la luna, las ninfas del río juegan, mientras los castillos y palacios quedan atrás en las orillas y las ruinas languidecen en los acantilados. El río hace espuma y surge en los rápidos de San Juan, fluyendo majestuoso en una amplia corriente hacia Praga. 
La histórica fortaleza de Vyšehrad aparece en sus orillas con el mismo tema de cuatro notas del primero de los poemas. El río se esfuerza majestuosamente, perdiéndose en la lejanía, llegando hasta el Elba».

La versión que nos acompaña en esta publicación sobre Smetana nos presenta una versión de Vltava, el segundo poema de Má vlast con la Wiener Philharmoniker dirigida por Daniel Barenboim.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Puentes que nos unen

"We build too many walls and not enough bridges".
"Construimos demasiados muros y no suficientes puentes".
Isaac Newton

Ante un curso de agua que nos impide el paso, construimos un puente para atraversarlo. Así, erigir puentes ha sido desde la antigüedad una forma de unir espacios buscando la conexión entre lugares que estaban separados por corrientes que dificultaban el tránsito, ayudando a la conexión entre estos espacios y facilitando la confluencia de pueblos, culturas y civilizaciones. 
En la actualidad, los puentes se han hecho tan habituales y cotidianos donde se necesitan que se han convertido en elementos que pasan desapercibidos, volviéndose casi invisibles a nuestras miradas. Cruzar un puente caminando, en cualquier vehículo o circular bajo él se ha convertido en una costumbre que realizamos de forma rutinaria allí donde los hay y a la que no le prestamos atención. 
Sentir el paso que estamos realizando cuando cruzamos uno de estos puentes, contemplar el paisaje fluvial o marítimo natural o humanizado, rememorar o imaginar la historia pasada, evocar las músicas y las páginas que se han escrito sobre él o su arquitectura, pensar en una época en que no existía y separaba las zonas ahora adyacentes, o detener nuestro conocimiento o imaginación en los que había antes que este, son reflexiones que nos pueden ayudar a visibilizar esa sensación de inexistencia en nuestra mente.
Te propongo un paseo por algunos puentes y sus evocaciones desde libros y músicas, sabiendo que no están todos los que son, pero que representan a cuantos existen. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Durante muchos años, casi podríamos decir que siglos, algunos ríos han servido como elemento de separación entre territorios colindantes, de tal forma que han llegado a surgir culturas e incluso civilizaciones distintas a uno y otro lado de ríos caudalosos y difícilmente vadeables.
Hubo momentos en que el agua de los ríos sirvió como muralla o frontera que separaba y aislaba a unas personas de otras. En Nuestra Señora de París, Víctor Hugo desarrolla una extensa novela por la que transitan personajes que se arremolinan alrededor de la catedral parisina. Antes de centrarse en el cruce argumental donde confluyen las historias de Quasimodo, Esmeralda o Frollo, Hugo se interesa por mostrarnos cómo surgió y cómo era la originaria ciudad parisina cuyo núcleo primigenio surgió en una de las más conocidas islas fluviales de la historia: L'ile de la Cité. Allí, rodeada de la corriente del Sena, que ejercía a la vez de muralla y foso, y de sus primeros puentes, surgió esa enorme metrópolis conocida y admirada por todos.



Cuna de la civilización occidental, capital de un imperio que unió a todo el Mediterráneo bajo su organización, a la que dotó de una cultura que aún persiste en la legislación, los idiomas o las artes, Roma posee un río que se presenta sinuoso en su geografía urbana.
En Tosca, Giacomo Puccini hace que el tercer acto tenga un escenario singular, el Castel Sant'Angelo, ese edificio circular que sirvió de tumba entre otros de un emperador bético, Adriano. Allí, en la orilla del Tíber, sobre la explanada del fortín, se desarrolla este último acto de la ópera. Antes de que culmine la trágica historia de Floria Tosca y Mario Cavaradosi, preludiando el drama, Puccini nos deja un momento de paz antes del amanecer.
Por los alrededores del Castel Sant'Angelo un pequeño pastor, un niño, camina con sus ovejas buscando con la luz del día un lugar donde apacentar su rebaño.
El río con el puente que surge frente a la entrada de la fortaleza se nos muestra lírico y bucólico, inocente y tierno antes del desarrollo trágico y agónico. Casi como la vida.




El enlace corresponde a una producción de Tosca para el Festival de Bergenz de 2007 con Katia Velletaz en el papel del joven pastor interpretando Io de sopiri te ne rimanno tanti (Te mando tantos suspiros).


Poco conocido fuera de su ámbito geográfico, el Drina es un río cargado de historia, uno de esos elementos geográficos que se erigen en protagonistas del devenir de las civilizaciones.
Ivo Andric fue un diplomático y, sobre todo, escritor nacido en Dolac, en Bosnia, aunque de origen croata. Tras se encarcelado -sin pruebas concretas- como cómplice del atentado que originó la I Guerra Mundial, estudió historia y literatura eslava al salir de prisión, trabajó como diplomático yugoslavo en Alemania hasta la invasión nazi de su país y pasó la II Guerra Mundial bajo arresto domiciliario. Allí escribió su novela más conocida, Na Drini cuprija (Un puente sobre el Drina), una obra que sirve de metáfora de la convivencia y la lucha entre culturas y civilizaciones en la zona de los Balcanes y que, fundamentalmente, fue la que hizo que recibiera el Premio Nobel de Literatura en 1961. 
Puente sobre el Drina. A partir de una imagen de Internet
Un puente sobre el Drina es una novela que recoge el encuentro entre Europa y el Imperio Otomano, la muestra de que varias civilizaciones que se agreden pueden acabar por adaptarse, compenetrarse y enriquecerse de modo casi inadvertido, en la que las historias personales se convierten en historias universales. El puente sirve de nexo de unión y diferencias, un camino en el que las armas chocan y agreden, pero que los vecinos y enemigos acaban aceptándose en el transcurrir de los años y las generaciones.
En definitiva, se trata de un relato interesante al que volveremos en otra ocasión con mayor profundidad para tratar y conocer las relaciones entre culturas, civilizaciones y religiones que se cruzan, se mueven y conviven en el mismo espacio geográfico.




De la ópera pasamos a la zarzuela, aunque sigamos en Italia, aunque en esta ocasión sea en imaginaria localidad de Sorrentinos, en las inmediaciones de Nápoles.
Allí sitúan su zarzuela La Canción del olvido José Serrano y sus libretistas Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, una obra que tuvo un gran éxito en su estreno en el Teatro Lírico de Valencia en 1916 y que se repitió dos años después en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.
Al comienzo de la obra, Leonello interpreta Junto al puente de la peña, una romanza para barítono que se ha convertido con el tiempo en una de las piezas reconocibles del repertorio de zarzuela.
En el enlace que nos acompaña, el tenor Plácido Domingo, en su proceso de reconversión con su voz más grave y oscura, interpreta Junto al puente de la peña con la dirección orquestal del desaparecido Jesús López Cobos para la televisión de Perú.
En esta ocasión el puente se nos presenta, en un nuevo papel como lugar de encuentro amoroso, sean cuales sean las intenciones.



Pocos puentes alcanzan el favor y el reconocimiento popular como el que cruza el Moldava en Praga desde la Ciudad Vieja a Mala Strana, el Puente de Carlos.
Flanqueado por estatuas de piedra, este puente permanece siempre inundado de transeúntes, vendedores de recuerdos, músicos, casi como lo estaba en sus inicios.
En su exuberante fresco Praga mágica, el italiano Angelo Maria Ripellino, uno de los más destacados especialistas en literatura checa y rusa del siglo XX, nos presenta una mirada que abarca todo lo que se puede conocer de la capital de la República Checa. Ripellino parte de leyendas, canciones y poemas, anales y revistas, cuentos locales y de viajeros, para construir un fresco monumental y palpitante, que muestra la importancia de la capital checa, la imbricación de las tres culturas que la conformaron, bohemia, judía y alemana y su importancia dentro de la cultura europea.
No puede quedar fuera de esta cosmovisión praguense la mirada al más popular de sus puentes: El Puente de Carlos.



Si la mirada a la ciudad nos viene de uno de sus admiradores procedentes del exterior, la mirada a la arteria que recorre el país, su río más emblemático, el Moldava, procede de uno de sus compositores más admirado, Bedrich Smetana, considerado como el fundador de la música nacionalista checa, una generación mayor que el más famoso de sus compositores, Antonin Dvorak.
Natural de una pequeña localidad de Bohemia que durante su vida perteneció al imperio austríaco, Smetana comenzó a estudiar música con su padre, descubriendo un gran talento para el piano y  decidió dedicar su vida profesional a la música tras oír tocar a Liszt. Tras aprender checo en edad adulta, recaló en la ciudad sueca de Göteborg donde estuvo impartiendo clases, componiendo y dirigiendo hasta el fallecimiento de su esposa por tuberculosis.
Praga y el Puente de Carlos

A su regreso a Praga dedicó su trabajo a la composición dentro de un ferviente nacionalismo. Así surgieron óperas como La novia vendida y, de modo especial, su ciclo de poemas sinfónicos Má vlast (Mi patria), un conjunto de seis piezas que describen, reflejan, señalan y evocan a su país.
En el segundo de estos poemas, Vltava (El Moldava) realiza un recorrido no sólo por el paisaje y la geografía, sino también por la historia y las costumbres de sus orillas. En una obra con un sentido programático, Smetana comienza describiéndonos una de las fuentes en las que nace el río con rápidas melodías de las flautas acompañadas por violines y el arpa. La segunda fuente se presenta con los clarinetes. La música se tranquiliza cuando presenta la melodía principal, un tema majestuoso y lírico que evoca el transitar de las aguas del río por las campiñas de Bohemia, se entretiene en mostrarnos una boda campesina en sus riveras con sus melodías populares, o una escena de caza antes de hacer su entrada imponente y sublime en la capital checa, donde recuerda el tema del primero de los poemas sinfónicos al pasar por la fortaleza de Vysehrad. Más adelante, Smetana nos muestra unas pequeñas cascadas, los Rápidos de San Juan o una evocadora escena nocturna bajo la luna antes de precipitarse a un final apoteósico.


El más imponente de los ríos europeo, el Danubio, tuvo su primer conocimiento desde lo local, desde cada uno de los lugares y culturas que surgieron a su alrededor y vivieron junto y desde él. Ovidio lo llamaba "bisnominis", el río de los dos nombres por esta razón.
Este río, que surge desde varias pequeñas fuentes que han servido para que quienes vivan junto a ellas hayan luchado por poseer el origen de esta arteria europea, atraviesa, separa o une, vertebra y crea una entidad centro europea y de la Europa oriental que recorre más civilizaciones y culturas que ningún otro río del mundo.
L'ile de la Cité en el Sena
En su libro El Danubio, Claudio Magris realiza un recorrido por la geografía, ciudades, escritores, compositores, cafés, pescadores o monumentos que surgen del recorrido físico y la evocación que se realizan de este imponente río. La configuración de la Mitteleuropa, esa constelación de ideas geográficas, culturales y políticas que conforman la Europa Central pasan por el recorrido que Magris realiza desde las fuentes hasta la desembocadura del río.
Así, el Danubio se configura como una arteria repleta de puentes antiguos y nuevos, imponentes y modestos, pero el mismo río se erige como un puente en sí mismo, un vehículo que sirve de nexo de unión entre ideas, civilizaciones, culturas y pueblos.



Nuestra última mirada hacia los puentes nos acerca a Florencia y uno de los que cruza el Arno, el Puente Vecchio (El Puente Viejo), uno de los más originales de la ciudad y del mundo. Plagado de pequeñas edificaciones que en la actualidad sirven como comercios al turismo, su primera vocación no era esa, sino tender un camino discreto para que la familia Medicci pudiera transitar entre la sede del gobierno en el Palazzo Vecchio y su residencia en el barrio de Oltrarno, al otro lado del Arno como indica su denominación, el Palazzo Pitti.
Ponte Vecchio sobre el Arno visto desde el Palazzo degli Ufizi
La música que nos sirve de despedida a este homenaje a los puentes surge, no desde uno de ellos, sino desde una pequeña habitación donde una joven está intentando convencer a su padre de su relación amorosa. 
Gianni Schicchi, otra vez Puccini, se basa en una mención que Dante realiza sobre este personaje colocándolo en el infierno por haber suplantado a un fallecido para dictar un nuevo testamento más beneficioso a sus herederos del que él mismo sacará rédito. Junto con Il tabarro (El tabardo) y Suor Angelica, esta obra cómica forma un conjunto de óperas de corta duración, Il Trittico (El Tríptico), basadas en cada una de las partes de La Divina Comedia que suelen representarse juntas.
En la acción, que transcurre en 1299 cuando aún era un puente de piedra, Lauretta canta es aria O mio babbino caro (Mi querido papaíto) para intentar convencer a su padre Gianni Schicchi para que acepte a Rinuccio como su esposo. El despliegue de razones, halagos y chantaje dan a esta pieza un estilo único en que se mezcla el tono ardiente con el guiño cariñoso y la falsa amenaza de arrojarse a las aguas del Arno si no marcha adelante su amor.
Montserrat Caballé interpreta este aria de Gianni Schicchi de Puccini en uno concierto celebrado en Munich en 1990.



Cuando veas un puente, no dejes de pararte junto a él, acercarte hasta su centro, detenerte y evocar cuánto hay de historia, de música, literatura, ingeniería o arquitectura en ese concreto y en todos y cada uno de los que existen.

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Bibliografía consultadas:

#ViajedeOtoño. Aún hoy, cada madrugada, Praga

¿Y si cuando viajamos dejamos de hacerlo como turistas para convertirnos en auténticos viajeros? 
No es frecuente que utilicemos el otoño como momento para desplazarnos fuera de nuestra residencia. Estamos marcados por la temporalidad del verano y algunos otros momentos a lo largo del año.
El otoño nos ofrece una sensación de recogimiento propio de nuestros ritmos laborales y el progresivo acortamiento de los días que proporciona oportunidades para el incremento de nuestra vida interior.



Te propongo la continuación de nuestro #ViajedeOtoño. No uno que nos lleve a visitar y medir con nuestros sentidos lo que ya conocemos y compararlo con lo que visitamos. Salir de esa continua visión de lo nuestro, lo que tenemos y vivimos en lo que estamos conociendo, para poder llegar al fondo de la esencia de la vida en otros lugares.
Seguro que hay un pasado viaje, un antiguo libro, una película concreta, que te pueden acercar a un lugar, en el que desde la distancia de tu hogar convertirte, no en un turista, sino en un viajero que se mimetiza con el lugar del viaje, sus costumbres, su estilo, se gente, sus calles o sus emociones.














El#ViajedeOtoño que te propongo es a la capital de la antigua BohemiaPraga, la capital de la República Checa. Una ciudad con un encanto y una personalidad difíciles de olvidar para quienes la visitamos en alguna ocasión.
El filólogo italiano Angelo Maria Ripellino, un enamorado de su cultura, nos sumerge en la ciudad, en sus vaivenes, sus personajes y su corazón en su voluminosa y más que amena obra, de la que te enlazo este certero comentario extraído del blog Confieso que he leído




 
En Praga Mágica, un libro abundante, erudito y detallado, Ripellino hace un retrato, un mosaico casi inacabable, un relato exhaustivo por el que pasan todas las culturas, todos los personajes, las creaciones, el barrio judío, Kafka, el Golem, la alquimia o la literatura que surgió en una de las ciudades con más personalidad y encanto de toda Centroeuropa.  





Bedric Smetana, el padre de la música nacional checa, de quien conocimos en primer lugar su poema sinfónico Ma Vlast (Mi Patria), gracias sobre todo a la inolvidable descripción en que nos recrea de forma geográfica, histórica y folclórica el transcurrir del río Vltava (Moldava) nos acompaña con su ópera Prodaná nevésta (La novia vendida).  



Bohemia. En la plaza del pueblo, junto a la iglesia, los campesinos celebran alegres la fiesta mayor. Marenka no participa en la celebración porque la obligan a casarse con el ignorante e ingenuo Vasek, aunque ella ama profundamente a Jenik. Un argumento universal que hizo que la obra triunfara en toda Europa.
Tres variantes del coro de inicio nos acompañan. La primera, festiva, lúdica, más informal, estudiantil y amateur, pero que nos transmite la alegría de la pieza. Interpreta en una versión para voces femeninas el Coro CDA de Virgina dirigido por Rollo Dilworth.


La segunda versión está grabada en 1980 con la dirección de Zdenek Kosler. La adaptación de la obra a la fonética checa y, sobre todo los giros melódicos tan característicos de la música de Smetana, nos acercan a la música popular en que se inspira.



La última audición es la que nos ofrece un sonido mejor registrado, aunque no he podido conocer quienes la interpretan.


Una interesante pieza del repertorio de coros de ópera, digna de cualquier concierto y agrupación.

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