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La distancia entre el hielo y el fuego

Hay veces que los opuestos están más cerca de lo que creemos, que la distancia entre algo y lo que nos parece su contrario no es más que una delgada línea. La distancia que separa el amor y el odio, la alegría y la tristeza o las risas y el llanto a veces es poco precisa.

De la misma manera que la línea que distancia algunas de nuestras emociones es sutil, también lo es la que al alba o al atardecer separa la noche del día o la realidad de la ficción.

En esta entrada te traigo, como siempre un texto literario y una pieza musical que, en este caso hacen referencia a esos opuestos como son el hielo y el fuego.

Aparentemente pocas cosas hay tan lejanas en sus conceptos como estos dos elementos. El hielo, además de su temperatura, nos remite a las sensaciones relacionadas con el frío, la indiferencia o la falta de afectividad. El fuego, de elevada temperatura, lo relacionamos con la pasión, la exaltación o la vehemencia.

  
Uno de los escritores esenciales de la segunda mitad del siglo XX es el colombiano Gabriel García Márquez, uno de los pocos escritores que no necesitan presentación y el indiscutible precursor del llamado Boom de la literatura latinoamericana.
De toda su producción posiblemente sea Cien años de soledad la obra más conocida e influyente. Su comienzo es un de los más recordados de la misma forma que lo es el inicio del Quijote.



La página que traigo es aquella en la que el premio Nobel colombiano nos cuenta cómo los Buendía conocieron el hielo.



La última ópera de Giacomo Puccini fue Turandot, obra que su rápido fallecimiento hizo que quedara inconclusa. Basada en un cuento de fantasía china de Carlo Gozzi, su protagonista no es un personaje real como Tosca, la Mimi de La Bohème o Madame Butterfly. Se trata de un fría princesa china de implacable y duro corazón que va sembrando de muerte toda la obra y sólo se enternece cuando cae en la perturbadora experiencia de un amor verdadero.
Quizás el personaje más humano de la obra sea Liu que, en los primeros esbozos de la obra no iba a morir. Tras dos años de trabajo, Puccini llegó a la conclusión de que para salvar la cohesión dramática no había otro camino que hacerla morir. En uno de los momentos más dramáticos de la obra, viendo que va a ser ajusticiada, Liu arrebata un puñal a uno de los soldados y se da muerte a sí misma. Este acto será el que ayude a desencadenar el cambio de actitud en la fría princesa.



La escena pertenece al acto III, inmediatamente anterior al final de la obra. Tras la muerte de Liu que conmueve a todos, Calaf y Turandot han quedado solos en escena. El príncipe se dirige a ella con audacia, convencido de poder hacerla suya con las palabras Principessa di morte! Principessa di gelo! (¡Princesa de muerte!, ¡princesa de hielo!). Tras besarla y gritarle su nombre, Turandot le confesará que desde el primer momento se ha debatido entre el odio y el amor hacia él.

El enlace está interpretado por José Carreras y Eva Marton y pertenece a una producción de 1983 de la Staatoper de Viena.







Si puedes, tienes tiempo y quieres puedes ver o guardar en tu cuenta de Youtube una versión completa de la obra con subtítulos en español que dirigió en 1998 Zubin Mehta en la Ciudad Prohibida de Pekin con Giovanna Casolla como Turandot, Sergei Larin como Calaft y Barbara Frittoli en el rol de Liu. En esta versión, a la calidad del sonido se une la espectacularidad del marco en el que transcurre la historia.



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Año nuevo con los mejores deseos

Tenemos asociadas las entradas de los años nuevos con la formulación de deseos y propuestas de cambios en nuestra vida. Son momentos en los que se instala en cada uno de nosotros una alegría, en unos más natural y en otros más artificial, con la que recibimos el preciso instante en el que cambiamos de año, haciendo que se convierta en una situación de balance en que a veces pesan más las frustraciones de lo que no hemos conseguido que los logros alcanzados.



Desde dos puntos de vista distintos, texto y música coinciden en los momentos citados, aunque pueden descontextualizarse de los mismos.
Desiderata es una suerte de poema escrito por el abogado estadounidense Max Ehrmann al final de los años '20 del pasado siglo y publicado póstumamente por su viuda en 1945. 



Palabra de origen latino, Desiderata viene a referirse a un listado o enunciado de cosas deseadas. Tras una confusión que hizo creer que se compuso a finales del siglo XVII, pasó a ser un documento de culto en los movimientos culturales de los '60. Si tienes interés, es fácil seguir con más detalles la evolución del texto en el siguiente enlace: Desiderata.




Compositores de reconocida fama universal nos acompañan a celebrar la entrada del año. En esta ocasión la música no es vocal, aunque está basada en una melodía con un reconocimiento universal. El músico alemán Peter Heidrich realizó una versión para cuarteto de cuerda en su obra Happy Birthday Variations, en la que recrea la conocida pieza con el estilo de diferentes compositores. La obra tuvo un gran éxito entre profesionales y existen multitud de adaptaciones en las que se ofrecen aportaciones de otros autores que no aparecían en las variaciones de Heidrich.
El primer enlace pertenece a un concierto dirigido por el afamado Zubin Mehta, quien va nombrando a los autores y estilos que presentan sus variaciones, de las cuales selecciona algunas de las que aparecen en la obra original del autor alemán. 



El último enlace pertenece a la obra original para cuarteto de cuerda. Las variaciones creadas por Peter Heidrich no están aquí indicadas y son, por este orden: Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Schumann, Brahms, Wagner, Dvorak, Reger, músicas vienesa, de cine, jazz, tango y húngara.


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