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Un nuevo Año Nuevo

Dentro de los ciclos que se repiten cada año con esa mezcla que nos mueve entre el deseo de la repetición y el de los cambios, en el periodo de Navidad nos encontramos con una sucesión de celebraciones que comienzan con la Natividad, se acelera con el comienzo del año nuevo y finaliza con la festividad de los Reyes Magos
Recién terminada la Navidad, apenas una semana después llega el vértigo de la celebración del Año Nuevo. El cambio del calendario es un momento en el que solemos acumular preparaciones, sentimientos y emociones marcados por una cuenta atrás para la finalización del año, una cuenta adelante para comenzar el nuevo y el vértigo de la autoimpuesta alegría y los propósitos que solemos realizar. Apenas si nos queda tiempo en ese día para echar la mirada atrás y sólo unos momentos para mirar hacia el futuro.
Antes de entrar en la vorágine de la celebración de Año Nuevo te deseo que tengas un provechoso año y te propongo unas reflexiones con textos de Pablo Neruda, Rudyard Kipling y Alfred Tennyson acompañadas con música de Haydn y von Suppé. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


El cambio de año tiene en nosotros unos momentos en los que solemos despedirnos con frecuencia del que acaba. En los días previos no dejamos de saludar o despedirnos de nuestros conocidos aludiendo al nuevo año que llega y solemos tener pendientes una serie de tareas relacionadas con las preparaciones previas a ese cambio del calendario que se nos anuncia. De forma inconsciente vamos descontando los días que quedan para el año nuevo.

Cuando Alfred Tennyson perdió a su amigo Arthur Henry Hallam quedó muy afectado por su fallecimiento hasta el punto de escribir una de sus obras más importantes en su recuerdo. Después de diecisiete años en los que lo fue escribiendo y madurando lo publicó anónimamente en 1850 como In Memorian A.H.H. Obiit MDCCCXXXIII. El poema, que consagró a su autor, es una extensa elegía de 133 cantos con estrofas de cuatro versos yámbicos y rima ABBA, organizado, según palabras del escritor, en torno a tres celebraciones de la Navidad. Por el poema deambulan la desesperación en los primeros cantos, para dar paso a la duda cuando la mente controla ese sentimiento, a la esperanza en los cantos siguientes cuando es el espíritu quien va controlando a la mente, para terminar con la fe cuando se produce una armonía entre el espíritu y el sentimiento.
Publicado en diversas recopilaciones como El tesoro de la juventud o en In Memoriam y otros poemas, el primer texto que nos acompaña muestra la ambivalencia entre el deseo de que callen las campanas del año que finaliza y suenen las del año que comienza como una suerte de deseo de dejar atrás el dolor de la pérdida y afrontar lo que nos trae el año.


Siguiendo en la línea de las despedidas que solemos hacerle al año que concluye te traigo una obra singular y quizás única en su concepción. Empleado como Kapellmeister (Maestro de capilla) del príncipe Nikolaus Esterházy en su castillo campestre en Hungría, Joseph Haydn era a su vez el director del grupo de músicos que formaban la orquesta del aristócrata magiar. Ante un trabajo agotador por parte de los músicos, estos se quejaron de la necesidad de estar unos días en Viena y poder descansar con sus familias a las que no veían hacía tiempo. 
La solución que ofreció Haydn de cara a sus músicos y al príncipe fue, cómo no, a través de su música, componiendo su Sinfonía nº 45 (Hob. 1:45). Escrita para 2 oboes, fagot, 2 cuernos e instrumentos de cuerda. Los tres primeros movimientos siguen las pautas de este tipo de composiciones. Al Allegro assai le sigue un Adagio y el Minuetto Alegretto - trío habituales. En el cuarto movimiento, Finale presto, fue donde Haydn desarrolló su queja. Cuando todo parecía que el movimiento iba a finalizar según las normas musicales habituales se produjo una pausa y comenzó un Adagio inesperado. Conforme se iba desarrollando, los músicos apagaban las velas de sus atriles y se marchaban uno a uno mientras la música se volvía más íntima y pensativa hasta quedar los dos violines del propio Haydn y Luigi Tomasini que abandonaron la sala al finalizar su dúo. El príncipe Esterházy no necesitó más para entender el mensaje y dar unas vacaciones a su director de capilla y a sus músicos.
Qué mejor música para despedir un año que esta Abschiedssinfonie o Sinfonía de los Adioses interpretada por la Sinfonia Rotterdam dirigida por Conrad van Alphen y grabado en febrero de 2018 en The Nieuwe Kerk de La Haya. Los músicos que van abandonando la orquesta podemos equipararlos con estos últimos días que vamos descontando para la llegada del año nuevo.


La costumbre nos ha hecho distinguir el primer día del año de los demás con un sello particular. Sin ser una festividad de tipo religioso o político, el primero de enero está marcado en rojo en los calendarios y nuestras vidas por la mera circunstancia de cambiar el calendario, una efeméride que antes realizábamos en los antiguos almanaques en papel y que ya van pasando a mejor vida con la revolución digital.


La inquieta y fecunda mirada de Pablo Neruda también se fija en esta adornada fecha. Formando parte de su Tercer libro de las odas, dedicó una de ellas a glosar sobre esta fecha singular. En su Oda al primer día del año, Neruda se fija, desde un viaje en tren en el que reflexiona si este día no es igual que el anterior o el siguiente y cómo lo señalamos y lo recibimos, sabiendo que lo vamos a vivir de una manera distinta a los demás días.




Tras la reflexión de Neruda no debemos olvidar otra de las características de las celebraciones de Año Nuevo: la alegría, sea esta o natural o forzada, salga desde nuestro interior por sí misma o con la ayuda de bebidas espirituosas.
Nos acompaña una pieza que muestra la vertiginosa alegría que se supone debemos tener para comenzar el año según está establecido por las normas sociales. Después cada uno de nosotros hacemos lo que queremos o podemos realizar según nuestras costumbres y circunstancias.


Pocas piezas siguen en el repertorio de Franz von Suppé (1819-1895), a excepción de Leichte Kavallerie (Caballería ligera), una opereta del compositor nacido en Split -en aquella época perteneciente al imperio Austrohúngaro, hoy en Croacia- de la que apenas se escucha hoy en día su obertura. Von Suppé llegó a superar las 200 partituras entre las que aún se representan en alguna ocasión esta obra, Dama de espadas, Mañana, tarde y noche en Viena y, sobre todo, Poeta y campesino.
Estrenada en el Carltheater vienés en 1866 con un libreto de Karl Costa, la opereta está ambientada en el siglo XVIII narrando las intrigas de la corte del barón von Bredereck y su amante la condesa Csikos que tiene una compañía de ballet a la que llaman Caballería ligera.
La obertura, digna de las de la familia Strauss o Franz Lehar y del Concierto de Año Nuevo de Viena, está plagada de melodías pegadizas, con fanfarrias militares y ritmos de galope marcados por las trompetas
Nos acompaña una interpretación la obertura de Caballería Ligera a cargo de la Cleveland Orchestra dirigida por el siempre elegante Franz Welser-Möst.


Termino con la última de las características de las celebraciones de Año Nuevo, los propósitos para el año que comienza. ¿Quién no se ha propuesto en este día algún cambio en sus rutinas, cumplir uno de esos retos que se nos escapa cada año o realizar un anhelo largamente deseado?


Rudyard Kipling (Bombay, 1865- Londres, 1936) era hijo de un pintor que ejercía de superintendente del Museo de Lahore, hoy en Pakistan. Tras unos años en el subcontinente asiático, a los seis años lo enviaron a Lorne Lodge, una casa de acogida en Inglaterra, de la que le quedó una amarga experiencia. Tras comenzar una larga carrera literaria con obras entre las que destacan El hombre que pudo reinar (1890), El libro de las tierras vírgenes -o de la selva- (1894), Capitanes intrépidos (1896) o Kim (1901) recibió el Premio Nobel de Literatura en 1907. Tras la Gran Guerra sus ideas colonialistas quedaron desfasadas y sus obras fueron perdiendo presencia.
Nos acompaña un poema publicado precisamente un día de Año Nuevo de 1887 por la Civil and Military Gazette de la India británica. New year resolutions (Propósitos de Año Nuevo) nos muestra en tres estrofas y etapas esas decisiones que tomamos cada comienzo de ciclo con una soterrada ironía.


Siguiendo las buenas costumbres y los tópicos te deseo que tengas un buen año nuevo cargado de buenas resoluciones. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Bibliografía y webgrafía consultadas:

Propósitos y brindis por el Año Nuevo

El tiempo avanza inexorablemente, sigue su curso hacia adelante, implacable y riguroso por su condición. Días, semanas, meses e incluso años pasan y no siempre nos hacemos conscientes de ello. De nosotros depende cómo los acojamos, cómo hacer que cada día tenga su valor, que algunos acontecimientos que nos suceden tengan el sentido y que les otorguemos la importancia que queremos que alcancen.
Pero a ese tiempo lineal, que para cada uno de nosotros se inicia y concluye en unos momentos determinados independientemente del tiempo cronológico general, tiene unos momentos que nos acercan a la circularidad, a esos ciclos temporales que se repiten periódicamente cada año (año nuevo, Semana Santa, pausa del verano, Navidades), entren en nuestras ideas y convicciones, los celebremos o no. También hay ciclos que marcan una temporalidad mayor que la anual como algunos acontecimientos deportivos: olimpiadas, campeonatos continentales o mundiales.
Estas celebraciones o acontecimientos cíclicos rompen con la rutina que supone el avance del tiempo, llevándonos a momentos y situaciones que acogemos con mayor o menor interés.
Una de las celebraciones que tiene un ámbito más universal en su desarrollo, independientemente de los calendarios religiosos o civiles que marcan nuestros tiempos, es el Año Nuevo, un acontecimiento que se celebra en la mayoría de países de nuestro planeta, aunque escalonadamente, como corresponde al uso de los distintos husos horarios.
Te invito a una reflexión sobre los propósitos que nos creamos cada Año Nuevo y un brindis para celebrar su llegada. Nos acompañan obras de Chesterton y Rossini. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


La primera noticia que tuve de Gilbert Keith Chesterton fue a través de un artículo en una revista titulado Chesterton el incansable en el que se trazaba un retrato del crítico, poeta, pensador y novelista inglés, acentuando su inagotable energía, su disposición hacia el debate y la defensa de sus posturas y su brillante e ingenioso estilo literario, además de realizar el paso del anglicanismo en el que nació y fue educado hacia el catolicismo. Su enorme capacidad para la charla y el debate quedó mostrada cuando en una ocasión estuvo hablando y debatiendo con su hermano durante más de treinta horas ininterrumpidas en las que unos sándwiches y unos momentos para acudir a ciertas necesidades corporales fueron las únicas alternativas a la conversación. 
Autor de una prolífica y variada obra literaria, Chesterton dominó como pocos escritores la ironía y la paradoja en sus narraciones, destacó con sus breves y precisas sentencias en una obra, como él, desmesuradamente abundante recogida en más de cien volúmenes en las que trató la mayoría de los géneros literarios. La poesía (El caballero salvaje), estudios literarios sobre diversos autores (Dickens, Bernard Shaw, Robert L. Stevenson, Francisco de Asís, Tomás de Aquino...), tratados de teología y filosofía, cientos de artículos periodísticos configuran su corpus literario. Con El hombre que fue jueves se adentró en la narración detectivesca que tantos éxitos le dio, especialmente con su personaje novelesco más destacado, el Padre Brown, un sacerdote-detective del que escribió alrededor de medio centenar de historias protagonizadas por este personaje de carácter descuidado, poco llamativo e inofensivo, pero que resolvía, gracias a su conocimiento de la naturaleza humana, los crímenes más inexplicables.


Pero lo que nos acerca a G. K. Chesterton es un artículo periodístico publicado para celebrar la llegada del año nuevo de 1904.
Recogido en Lunacy and Letters (Lectura y locura) en 1958, años después de la muerte del escritor, el libro recopila parte de sus artículos publicados en distintos periódicos entre 1901 y 1911. 
En el artículo en cuestión, titulado January one, Chesterton reflexiona sobre la importancia que posee esta celebración, utilizando el símil de una serpiente infinita que representaría ese tiempo, también interminable. «La verdadera razón del nacimiento de las épocas y estaciones -sigue reflexionando Chesterton- es cortar esa serpiente por la mitad y dejar que arrastrase su enorme cuerpo por encima de todas nuestras impresiones sin dejarnos la oportunidad de reflexionar y comprender con claridad el paso de una impresión a otra.»


Así, Chesterton justifica la existencia de momentos como el año nuevo y los propósitos que solemos realizar en este momento, intenciones que, independientemente de que vayamos a cumplir o no -ya sabemos qué suele ocurrir con ellas- tienen una finalidad concreta y razonable.
Nos acompaña un extracto de este artículo periodístico en el que, la última expresión podemos cambiarla por aquella que deseemos según nuestras ideas, creencias o convicciones.


Después de retirarse prematuramente de la composición, Gioacchino Rossini no pudo alejarse del arte al que había dedicado su vida y retomó la composición y la interpretación para sus amigos y conocidos en las veladas que organizaba los sábados por la tarde, sus conocidas Samedi soirs. En ellas, el compositor italiano desarrollaba su gracia, dotes interpretativas y canoras en pequeñas piezas compuestas para sus invitados de las que tratamos en Pecados de vejez, según Rossini, bien interpretadas por él mismo, bien por amigos e intérpretes reconocidos. 


Estas piezas variadas y dispersas, compuestas entre 1857 y 1868, se recogieron posteriormente con el título de Péchés de vieillesse (Pecados de vejez) en catorce volúmenes que abarcan hasta doscientas treinta y siete composiciones íntimas, divertidas, sentimentales o serias que se adaptan al capricho del compositor, a la llegada de intérpretes para ejecutarlas o a la inspiración del momento.
Una de ellas, publicada el 1 de enero de 1892 por el editor musical Guido Johannes Joerg, nos acompaña para recibir el año nuevo con la inspiración de Rossini.
Se trata del octeto para dos voces de soprano, contralto, tenor y barítono Toast pour le Nouvel Ann (Brindis por el Año Nuevo), que habitualmente se interpreta para coro con ese tipo de voces. Dentro de la catalogación de estos Péchés de vieillesse está incluido en el segundo de los volúmenes, el Álbum francés catalogado como Ottetino.


La interpretación corre a cargo de Azusa Pacific University Chamber Singers dirigidos por Michelle Jensen en su participación en el concurso Internationaler Kammerchor-Wettbwerg Marktoberdorf de 2017.

Con el deseo de que tengas un feliz, provechoso y enriquecedor año nuevo nos quedamos en compañía de la música de Rossini
 
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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Chesterton, Gilbert Keith. Lectura y locura. Editorial Espuela de Plata. EAN 9788769656247.
  • Versión en inglés: Chesterton, G. K. Lunacy and Letters. Enlace a documento en pdf.

Feliz año con belleza y sensibilidad

Desde el blog Letras Prestadas te deseo un feliz año, no con objetos ni regalos materiales, sino cargado con algunas de esas cosas que sólo surgen desde nuestro interior: belleza, cercanía y sensibilidad.
Cada entrada de año supone algo más que un cambio en el calendario. Es un momento en que se alternan los deseos, las ilusiones y las fiestas teniendo a la música como elemento aglutinador.
En esta entrada te propongo un paseo por algunos textos y músicas relacionados con las celebraciones de Año Nuevo, unas más festivas, otras más escépticas y con un tono más crítico. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Una de las constantes en las celebraciones de fin de año es el hecho de tomar bebidas alcohólicas que forman parte bien de la tradición gastronómica y cultural, bien como forma de alegrar y desinhibir la mente y el cuerpo. Además, si el beber viene acompañado con el hecho de bailar, aumentan las posibilidades de entrar más en el ambiente que se desea. Cada cual se adhiere o no a estas costumbres como desea, dentro de sus circunstancias e intereses.
Pero hay ocasiones, como ahora veremos, en que alcohol y baile son utilizados como forma de forzar voluntades de forma más o menos sutil.



En Don Giovanni, Mozart nos muestra cómo el protagonista trama organizar una fiesta en que ambos elementos, bebidas y música para bailar, son utilizados en beneficio propio. En el aria Fin ch'han dal vino (Ahora que del vino), Don Giovanni instruye a su criado y cómplice Leporello en cómo debe organizar la fiesta y los beneficios que espera obtener de ella.



La interpretación de este aria, llamada en ocasiones Champagne Aria, corre a cargo del barítono polaco Marius Kwiecien en una producción de Kasper Holten para la Royal Opera House de Londres celebrada en 2019.


Borges, que no atendía a gritos, canciones, cláxones o petardos finianuales ("La gente celebra obedientemente, como si una vez más el fin del mundo se avecinase") comenzaba un texto cada víspera para que el año nuevo le concediera más escritura.
Poco conocido por nuestro país, Juan Calzadilla es un poeta, pintor y crítico de arte venezolano. 



En Ecólogo del día feriado, antología personal, Calzadilla reflexiona con escepticismo y distanciamiento en Poema de Año Nuevo sobre la celebración de esta efemérides que marcar el final y el inicio del año.


El estreno de la zarzuela Marina con música de Emilio Arrieta y libreto de Francisco Camprodón fue un fracaso, llegando apenas a las diez representaciones. Tras el éxito en su gira por provincias y la insistencia del tenor Tamberlick se decidieron a convertirla en ópera, pasando de los dos a los tres actos y con la participación en el nuevo libreto de Miguel Ramos Carrión tras el fallecimiento de Camprodón
El estreno operístico se realizó en el Teatro Real de Madrid en 1871 con la Ortalani y Tamberlick en los papeles principales y tuvo un éxito tan apoteósico que, prácticamente no ha dejado de representarse desde entonces.
Posiblemente su número más conocido es A beber, a beber y apurar de comienzos del tercer acto, un brindis que en algunas ocasiones se ha querido convertir en el equivalente español del de La Traviata
Ahora, sin las aviesas intenciones de Don Giovanni, dejémonos invadir por la alegría de este brindis cantado por tenor, barítono y coro. Se trata de una grabación extraída del concierto Voces para la Paz celebrado en 2007 en el Auditorio Nacional de Música con David Menéndez y Alejandro Roy como solistas y bajo la dirección de Enrique García Asensio.




La importancia de Les fleurs du mal (Las flores del mal) ha eclipsado la obra de Charles Baudelaire. Su éxito entre los lectores, el escándalo que provocó su publicación ha hecho que el resto de su obra apenas sea conocido.
Entre los textos de Baudelaire, el escritor francés se propuso publicar una serie de cien poemas en prosa que fue escribiendo a lo largo del tiempo. De la propuesta inicial, el autor no llegó a escribir sino la mitad y sólo fueron publicados, inconclusos, tras su fallecimiento. El título con que se conocen es equívoco, ya que se publicaron inicialmente como Pequeños poemas en prosa, aunque el autor dejó dicho que prefería el título de Le spleen de Paris, por lo que en sucesivas ediciones se fueron alternando ambos títulos en el poemario.
El afán por evadirse a otros mundos por el tedio que provoca la realidad; el desarraigo y la marginalidad frente a una sociedad con la que no se identifica; la rebelión ante la maldad que le rodea o la obsesión por el paso del tiempo conforman los pensamientos que aparecen en esta colección.



En su dedicatoria, Baudelaire comienza escribiendo a su editor:
"Le mando, querido amigo, esta obrilla, de la que, sin ser injusto, nadie podría decir que no tiene pies ni cabeza, ya que, por el contrario, todo en ella es, a un tiempo, cabeza y pies, alternativa y recíprocamente."
De entre los poemas prosificados Un gracioso nos acerca a la imagen que nos provoca el contraste entre quienes de divierten de modo desenfrenado y aquellos que están en sus quehaceres. Nos recuerda esos reportajes que solemos ver en las pantallas domésticas en las noticias de días como el de comienzos de año, mientras los que se recogen se cruzan con quienes están en lo que hacen cada día.



Terminamos con un guiño y un homenaje. El guiño se dirige hacia el concierto más seguido de cada año, Das Neujahrskonzert (El Concierto de Año Nuevo) con que la Filarmónica de Viena nos da la bienvenida al año. 
El homenaje nos acerca a la figura de Mariss Jansons, el director letón recientemente fallecido a quien Sir Simon Rattle consideraba el mejor de todos nosotros
Unimos de esta forma el cambio de año con un recuerdo de este concierto y quien lo dirigió en 2012. Como es habitual en este blog, la música tiene un componente vocal, en esta ocasión a cargo del Vienna Boy's Choir (Coro de los niños cantores de Viena) que interpreta Feuersfest (A prueba de fuego) Polka francesa Op. 269 de Johann Strauss hijo. Con este sentido del humor que se prodiga en ocasiones en este concierto, Jansons cambia la batuta por martillos y yunques.


No olvides que desde esta publicación te deseo un feliz año, no con objetos ni regalos materiales, sino con algunas de esas cosas que sólo surgen desde nuestro interior: belleza, cercanía y sensibilidad.

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Año Nuevo, Viena y el Danubio (azul)

El concierto anual más famoso y con mayor audiencia del mundo es, sin lugar a dudas, Das Neujahrskonzert der Wiener Philharmoniker (El Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena), un concierto que se celebra el 1 de enero de cada año en la capital austriaca.
Te propongo un acercamiento al Concierto de Año Nuevo que se interpreta cada uno de enero en Viena, con textos de Stefan Zweig y Claudio Magris y el vals más conocido de cuantos existen: El Danubio azul de Johann Strauss. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Viena ha desarrollado durante siglos su espíritu musical con la presencia de grandes compositores e intérpretes, haciendo de este arte una de las grandes manifestaciones de su cultura.
En El mundo de ayer: Memorias de un europeo, Stefan Zweig, el gran escritor austriaco, un humanista y europeísta convencido y convincente, realiza una recorrido por la cultura y la ciudad en los años anteriores, durante y posteriores a la que se llamó la Gran Guerra.
En el texto siguiente Zweig presenta un reflejo de la Viena de los primeros años del pasado siglo y su gusto por la cultura y la música.

Con más de setenta años de continuidad, el Concierto de Año Nuevo congrega a más de 1.000 millones de personas de más de sesenta países unidos por la ligera música vienesa.
Se trata de un concierto que une lo más tradicional de este tipo de eventos, lo que hace que sepamos con anticipación qué va a sonar y cómo se va a desarrollar. Así, también podremos apreciar las sutiles diferencias y cambios que se desarrollan en cada celebración. 
Un concierto es un ritual que sigue siempre unos pasos fijados: La entrada de la orquesta, su afinación, la entrada y recibimiento que se realiza al director, los saludos protocolarios tras cada interpretación y los aplausos y agradecimientos entre público e intérpretes al finalizar. 
En este caso, el Concierto de Año Nuevo tiene unas claves particulares:  
-Un escenario único, la Goldener Saal (Sala Dorada) de la Musikverein de Viena, un salón que habitualmente es de baile y se cubre de asientos para determinadas ocasiones como esta. 
-Un programa que se basa casi exclusivamente en música de la familia Strauss, especialmente en Johann hijo, aunque con alguna participación de su padre y sus hermanos Joseph Eduard.
-Una orquesta muy tradicional y de una calidad enorme en la que ya comienzan a aparecer (¡por fin!) intérpretes femeninas.
-Unos directores mundialmente reconocidos, que van cambiando cada año y que aportan, desde esta tradición, algunas innovaciones o introducen alguna pieza diferente en el repertorio como homenaje a algún compositor. Por este concierto han pasado directores como Lorin Maazel, Karaja,, Claudio Abbado, Carlos Kleiber, Zubin Mehta, Riccardo Muti, Nikolaus Harnoncourt, Seiji Ozawa, Daniel Barenboim o Gustavo Dudamel
-El prestigio del Concierto de Año Nuevo se fue consolidando durante los años en que Willi Boskovsky lo dirigió entre 1955 y 1977 y durante los que instauró a partir de 1958 la costumbre de finalizarlo con los dos bises de rigor: El vals El Danubio Azul y la Marcha Radetzky. Como solía decir el añorado José Luís Pérez de Arteaga en sus retransmisiones para Radio Clásica de Radio Nacional y Televisión Española una vez finalizado el concierto, "hasta el último esquimal de las proximidades del Polo Norte o el más perdido de los pigmeos africanos saben que, aunque no estén en el programa, aún quedan dos piezas por interpretarse."
-Este Concierto de Año Nuevo de 2019 estará dirigido por Christian Thielemann, director entre otros de una de las orquestas más antiguas y prestigiosas del mundo, la Staatskapelle de Dresde, del Osterfestspiel (Festival de Pascua) de Salzburgo y del Festival de Bayreuth en que cada año se representan las obras de Wagner desde la ciudad bávara.



El más conocido de todos los valses, El Danubio Azul, tiene un lugar preeminente en esta convocatoria anual, pese a no aparecer nunca en el programa del concierto.
En el enlace podemos disfrutar de la interpretación que se llevó a cabo en el concierto correspondiente al año 2014 con la dirección de Daniel Barenboim. Habitualmente la televisión austriaca, que transmite el concierto a todo el mundo, aprovecha para hacer un recorrido visual por la orquesta, la sala de conciertos y muestra una coreografía por distintos emplazamientos de la capital austriaca. Como es lógico, estos bailes suelen estar grabados previamente y las imágenes se intercalan con la interpretación en directo, lo que hace que la sincronización de los ensayos, el baile y el directo sean fundamentales. En esta ocasión se funden en uno sólo de forma espectacular al final de la interpretación.



Claudio Magris, galardonado con el premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2004, el Premio Erasmus en 2001 o el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes en 2009, es un prestigioso intelectual, ensayista, traductor y germanista. Nacido en Trieste en 1939 ha publicado obras narrativas como Conjeturas sobre un sable, El Danubio, Otro mar, Microcosmos o A ciegas; ensayos recogidos en Utopía y desencanto, El infinito viajar, La historia no ha terminado, La literatura es mi venganza (en colaboración con Vargas Llosa) o Alfabetos.
En El Danubio, Magris funde en una publicación la historia cultural, el libro de viajes, el diario, el ensayo y la autobiografía realizando un recorrido por el gran río europeo en un viaje en el tiempo y el espacio que recorre desde sus fuentes hasta su desembocadura en el Mar Negro. El libro se convierte así en una suerte de mosaico que atraviesa Alemania, Austria, Hungría, la antigua Checoslovaquia, Yugoslavia (fue publicado en 1986 antes de la separación de estos países), Rumanía y Bulgaria en una mirada que se fija en la civilización danubiana.
En su capítulo dedicado a Viena, titulado Café Central, nos acerca en su mirada atenta al más famoso de los valses de Strauss.



Pero este blog aporta en cada publicación un texto literario y música vocal. Quizás alguno de los lectores se pregunte dónde está la música cantada en esta ocasión.
Johann Strauss hijo recibió el encargo de componer un vals para un coro de voces masculinas, el Wiener Männergesang-Verein, uno de cuyos componentes, el poeta aficionado y comisario de policía Josef Weyl, se encargaría de proporcionar la letra, no sin ciertas reticencias por otros componentes de la agrupación. El nombre del vals, An der schönen blauen Donau (A la orilla del bello Danubio azul) fue tomado por Weyl de un verso del poeta Karl Isidor BeckEn su estreno el 15 de febrero de 1867, el vals se interpretó con una letra que se acercaba más a la parodia de la actualidad que a lo poético. Más adelante, en 1889, se adaptó la letra a un tono más lírico y acorde con la composición, aunque finalmente se impuso la versión instrumental.



Un segundo estreno se llevó a cabo con bastante éxito en la Exposición Universal de París de ese mismo año con la versión instrumental y poco después en Londres con igual resultado. La versión se puso de moda llegando a ser la primera obra a la que se denominó con el término Schlager, equivalente a canción de moda, un término más habitual en estos tiempos.
En 1972 Strauss viajó a Estados Unidos donde lo estrenó en Boston ante cien mil espectadores dirigiendo a veinte mil coristas y casi mil cien músicos, de los cuales seiscientos eran violinistas, con veinte directores auxiliares que se hallaban bajo la plataforma en que él se encontraba. Según palabras del propio compositor, comenzó un "endiablado guirigay en el que intenté por todos los medios que todos terminásemos al mismo tiempo." Afortunadamente pudo conseguirlo.
El siguiente enlace muestra la interpretación de An der schönen blauen Donau para piano y coro masculino en la interpretación de la misma agrupación que lo estrenó en 1867, el Wiener Männgergesang-Verein, un coro que se fundó en 1843 y que siguiendo la tradición, continúan casi con toda seguridad descendientes de los primeros miembros. El piano está interpretado por Kioko Yoshizawa y la dirección corresponde al titular de la agrupación Antal Barnás. El texto no es el que se estrenó, sino la versión de 1889 de Franz von Gernerth. y se canta en la Goldener Saal de la Musikverein de Viena.


La cita de Magris a la película 2001, una odisea espacial de Stanley Kubrick remite a una de las apariciones más conocidas de vals en el mundo cinematográfico. Las notas de Strauss acompañan a la nave entre La Tierra y la Luna con la gracilidad del movimiento espacial, como si se tratara de un referencia a la música o armonía de las esferas, la teoría pitagórica sobre el movimiento de los cuerpos celestes.



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