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Esta obra es un... ¡escándalo!

A lo largo del tiempo algunas obras de arte han tenido dificultades para ver la luz del público, siendo perseguidas o prohibidas por diversas razones. Los primeros casos de censura de obras literarias se remontan a las antiguas Grecia y Roma donde el poder, sobre todo de algunos emperadores, controlaba la difusión de ideas que pudieran oponerse a las dominantes. Más adelante se creó el Índice de libros prohibidos, un mecanismo creado por la Inquisición en el que se incluían obras que iban contra la doctrina. A partir de esta situación, se han multiplicado en distintos regímenes y sistemas de gobierno las instituciones que determinaban la censura de libros y otros tipos de obras de arte como películas.
Temas como la ideología, la identidad racial, la religión o la sexualidad han sido los más señalados como censurables en estos distintos gobiernos. 
Pero en otras ocasiones no ha sido solo esta censura, cada vez más extendida en la actualidad en muchos países, la que ha suscitado el rechazo. Leer, ver una película, escuchar una obra musical o apreciar un cuadro o una escultura nos sirven para afirmar nuestros juicios o a confrontar puntos de vista e ideas diferentes a los nuestros que nos ayudan a desarrollar nuestro pensamiento crítico.
De esta forma, hay una serie de obras de arte que causaron grandes escándalos en su momento, no por las razones de censura antedichas, sino porque supusieron la aparición de un pensamiento muy avanzado para su época, por una estructura formal divergente con las predominantes o porque no se amoldaban a las ideas y gustos sociales convencionales en el momento de su aparición.
Muchas de las obras que causaron algún tipo de escándalo en su momento no han pasado el filtro del tiempo y han quedado relegados al olvido, por lo que su fuerza consistió más en el escándalo que provocaron que por su valor intrínseco. 
En esta publicación no voy a tratar de obras que fueron prohibidas por razones de sexualidad, ideología o religión, sino de libros y músicas que en su tiempo causaron escándalos en sus estrenos y actualmente son reconocidas como obras importantes y admitidas en los circulitos literarios y musicales gracias a su valor. Son muchas las obras que cumplen estas condiciones, por lo que en esta publicación me centraré en cuatro de ellas. Quizás en otro momento vengan algunas más.
Te propongo acercarte a libros y obras musicales que en su momento causaron algún tipo de escándalo y hoy tienen una aceptación como obras maestras. Nos acompañan obras de Zweig, Stravinsky, Flaubert, Schönberg, Joyce, Fernando Argenta y Alex Ross. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!  


Antes de comenzar con la primera obra que causó escándalo te invito a fijar la mirada en un tiempo convulso, tanto quizás como el momento en que vivimos, los primeros años del pasado siglo XX. Dos de las obras que causaron escándalo vieron la luz en 1913, mientras que otra lo hizo unos años más tarde y la primera de ellas en el tiempo fue una suerte de precursora de lo que ocurriría con las siguientes años más tardes.
Este ambiente de cambio del tiempo de los grandes imperios europeos con sus colonias que se resistían a desaparecer, iba en paralelo con la cultura. Algunos jóvenes buscaban autores y obras nuevos que mostraran el tiempo del presente y del futuro, alejado de las obras que perpetuaban el mundo que estaba tocando a su fin y que pertenecían a sus antecesores.
En este sentido, uno de los autores más importantes de aquella época -y quizás demasiado olvidado actualmente- nos dejó uno de los más grandes retratos de su tiempo. En Die Welt von Gestern (El mundo de ayer), Stefan Zweig echa su mirada atrás para ofrecernos uno de los más certeros y conmovedores testimonios de ese tiempo.
Desarraigado, exiliado en Petrópolis (Brasil), donde acabaría con su vida en ese mismo 1942, Zweig nos muestra el inmenso caleidoscopio de un imperio y un mundo que estaban llegando, irremisiblemente, a su fin en el que propia vida corre en paralelo con la de ese mundo.

Edificio de la Secesión de Viena en una postal de 1901
El texto que he seleccionado se refiere a esa búsqueda constante que su generación hacía del pensamiento y las obras nuevos que reflejaran un mundo distinto del de sus padres, en el que ellos se sintieran protagonistas. Centra su reflexión en ese olfato y el instinto que les hacían buscar autores que rompían los moldes establecidos con unas obras nuevas y frescas.


El año 1913 está repleto de escándalos musicales y refleja ese tiempo que nos acaba de mostrar Zweig, estando el propio escritor presente como acabas de leer en alguno de ellos como el primero que nos acompaña.
El último día de marzo se celebró en la sala del Musikverein de Viena un concierto que acabó en un escándalo tal que hubo peleas entre el público, no pudo finalizar y algunos de sus protagonistas acabaron en pleitos ante el juez.
En esa velada se interpretaban algunas piezas relacionadas con el incipiente dodecafonismo y atonalismo de Arnold Schönberg y algunos de sus discípulos, combinadas con obras de diversos autores de comienzos del siglo. La mezcla de piezas que se basaba en el estilo que promovía esa escala musical a cargo de Schönberg, Berg o Webern provocó el alboroto entre adeptos y adversarios tan furibundos en ambos bandos.


En su monumental obra El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música, Alex Ross nos recrea cómo se desarrolló aquella sesión que fue conocida como Skandalkonzert (Concierto escándalo) por, entre otros, el diario Die Zelt. ¿Piensas que tiene alguna relación con nuestro tiempo?

Antes de que llegaran los altercados del público con la canción de Alban Berg, se había interpretado la Kammersymphonie (Sinfonía de cámara), nº 1, Op. 9 de Arnold Schönberg, el creador y aglutinador del dodecafonismo. 

Caricatura del Skandalkonzert publicada el 6 de abril de 1913 en el diario Die Zelt
Te acompaña el quinto y último movimiento, Recapitulación y Final en una versión de la Berlin Philharmonic Orchestra dirigida por Giuseppe Sinopoli para un disco de la Deutsche Grammophon GmbH, editado en 1982 en Berlín.


En el fondo, estos movimientos que provocaban escándalos con nuevas obras tanto musicales como literarias o de cualquier otro tipo de artes había tenido su inicio medio siglo antes. 
Entre el 1 de octubre y el 15 de diciembre de 1856 aparecieron en La Revue de Paris los fascículos de Madame Bovary: Moeurs de province (Costumbres de provincias). Alejada de la capital y sus costumbres cosmopolitas, el desarrollo en una localidad de provincias provocó que en enero el fiscal Ernest Picard citara a su autor para que rebajara el contenido de las escenas sexuales antes de editar el libro, ya que publicar era un ejercicio que debía favorecer los buenos usos y la moral. Gustave Flaubert se negó a que la ley marcara el comportamiento de su personaje y fue llevado a juicio por ofender las costumbres morales y religiosas de la sociedad.


Su abogado, Jules Senard arguyó que la novela no ensalzaba el adulterio, sino que lo ponía en escena para sacar a relucir qué mostraba y qué decía de la sociedad. También planteaba si se puede juzgar al arte y a los personajes de una novela. El fiscal esgrimió la idea del crimen ideológico y del daño que las letras podían hacer a la moral.
Finalmente, los jueces desestimaron el caso y aceptaron la publicación del libro, consideran que, si bien algunas escenas podían provocar escándalos, la novela no era obscena ni corrupta. Algunos estudios apuntan que fueron las presiones de Napoleón III las que inclinaron la balanza a favor de la novela, ya que no quería arriesgar que tuviera problemas en las siguientes elecciones.

Portada de la primera edición de Madame Bovary (1857)
De todas formas, lo que escandalizó al fiscal, una mujer que luchaba por su pasión, sus anhelos y deseos frente a la insatisfacción y la rutina de la vida de provincias, fue lo que ha convertido esta obra en un clásico: Sacar a la luz la realidad en la que vivían las mujeres a las que se les otorgaban menos capacidad a sus deseos, sueños y ambiciones que a los hombres, para lograr que esta obra fuese uno de los primeros pasos para su liberación.


De nuevo te invito a volver a 1913, en esta ocasión dos meses más tarde, el 29 de mayo en el Théatre des Champs - Élysées de París durante el estreno del ballet La Consagración de la Primavera de Igor Stravinsky con coreografía de Nijinsky y los Ballets Rusos de Diaghilev. El escándalo fue aún mayor que el del Musikverein de Viena y ha pasado a formar parte de la historia de la música.
Te sugiero que busques un momento para acercarte a conocer cómo se desarrolló con todo lujo de detalles en la publicación que realicé con motivo del cincuentenario del fallecimiento del compositor en 50 años de la muerte de Stravinsky: La consagración.

Vestuario original de Nicolás Roerich para La consagración de la primavera (1913)
Uno de los divulgadores que nos ayudó a muchos a acercarnos a este fascinante mundo de la música clásica, Fernando Argenta, nos acerca a la figura de Igor Stravinsky y el papel que desarrolló en la música del siglo XX con su libro Pequeña historia de la música.


Para mostrar el escándalo que supuso este ballet sirvan estos dos argumentos: La consagración de la primavera es una obra que ha pasado a formar parte del repertorio habitual en los grandes escenarios sin que suponga ningún tipo de escándalo. Además, se suele interpretar también en versión orquestal, por lo que no se aprecia la fuerza violenta y el primitivismo que el autor mostraba en su obra.

Decorado de Nicolás Roerich para el estreno de La consagración de la primavera 
El vídeo que te acompaña es una recreación del Joffrey Ballet de la coreografía original de Vaslav Nijinsky. Se trata de la última escena, la del sacrificio de la joven, la Danse sacrale, en que la muchacha elegida baila hasta caer muerta. La estructura de la música y los movimientos primitivos, brutales y tan alejados de los ballets de su época nos acercan al tiempo en que se estrenó la obra.  


El último texto que viene en esta publicación sobre obras que causaron escándalos en su estreno corresponde a unos años más tarde. 
En 1920, dos años antes de publicarse como novela, The Little Review, una revista estadounidense publicó algunos pasajes del Ulysses de James Joyce. Algunos lectores se ofendieron por algunos pasajes que consideraban obscenos, por lo que acabaron llevando la obra a un juicio que finalizó con una multa a la editorial, la orden de no publicar el libro en Estados Unidos ni el Reino Unido. La propietaria de Shakespeare and Co. en París, Sylvia Beach se hizo cargo de publicar la novela en 1922, pero ésta no fue distribuida en el país norteamericano hasta 1934, tras un nuevo juicio que anuló la sentencia anterior. Hasta entonces, todas las copias que detectaban entrando en el país era requisadas y quemadas por el Servicio Postal norteamericano.
El Ulysses es un libro complejo, plagado de símbolos en el que Joyce no deja indemne a las instituciones de su país como la Iglesia y el Estado a través de una recomposición y reformulación de la Odisea. El libro relata la vida de Leopold Blomm, su esposa Molly y el joven Stephen Dedalus en Dublín durante un día, el jueves 4 de junio de 1904.


La complejidad de la novela proviene de su extensión, de la enorme cantidad de referencias, símbolos, elementos y recursos literarios que transitan por el libro. El propio autor llegó a escribir a uno de sus amigos: 

«En vista del enorme volumen y de la más que enorme complejidad de mi maldita novela-monstruo es mejor mandar... una especie de resumen-clave-esqueleto-esquema (para uso doméstico solamente)...»

Cada capítulo hace referencia a una hora, un color, personajes de la Odisea, un tipo de técnica de escritura, una ciencia o arte, un sentido, un órgano y un símbolo. Con estos elementos, tanto la complejidad como la belleza e interés del texto están garantizados. Hace muchos años lo leí -con una perspectiva diferente a cómo lo haría ahora- en la versión  traducida y comentada de José María Valverde.
Para finalizar esta publicación sobre obras que causaron escándalo en su estreno o publicación te acerco a algunos extractos del capítulo 7, que transcurre de 12 a 1 del mediodía. Se desarrolla en el edificio del periódico Freeman's Journal and National Press y desarrolla el relato en forma de epígrafes que imitan titulares de prensa, algunos de ellos tomados de números de la época de la citada revista. 


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

¡La Música está viva!

Nunca ha sido tan abundante la oferta para acercarnos y seguir las obras de arte que deseamos. Nunca se han publicado y escrito tantos libros, se ha compuesto, interpretado en directo y grabado tanta música. Desde que se iniciaron el cine y la televisión nunca se han filmado más películas, series y programas de televisión que en los últimos años. Nunca se ha viajado tanto como ahora, se ha tenido acceso a tantos museos -presencial o virtualmente-, ni se ha podido conocer tanto a través de la cercanía que nos proporciona Internet. La oferta crece continuamente hasta tal punto que, por ejemplo, el número de los libros publicados en la última década supera a los que lo habían sido a lo largo de toda la historia.
Ante una oferta tan abundante, variada y desproporcionada nos encontramos con la tesitura de no disponer de tiempo material para acercarnos a cuanto deseamos. No sólo es el estrés y la falta de tiempo continua los que nos lo impiden, sino que, aunque dispusiéramos de todo nuestro tiempo, necesitaríamos más de una vida para abarcar cuanto queremos.
Ante esta situación nos vemos en la obligación de seleccionar y adaptar a nuestras circunstancias y gustos personales la decisión de las obras a las que queremos acercarnos, sean libros, música, películas o cualquier manifestación artística. Lo importante es sentirnos receptivos, activos y enriquecernos con nuestro acercamiento a ellas.
Los que soléis leer este blog vais conociendo mis gustos literarios y musicales y sobre estos últimos gira esta publicación.
La -mal- llamada música clásica es actualmente una de las cientos de variedades de las distintas ofertas musicales que podemos tener a nuestro alcance. Muchos le pueden achacar que está anclada al pasado, que han dejado de componerse obras, que acercarnos a ellas está al alcance de unos pocos por tener un acceso caro o que es aburrida. Ninguna de estas razones tiene consistencia, pero están dentro de la argumentación habitual de aquellos a lo que no les llama la atención.
Te propongo unas reflexiones por nuevas formas en que la música se acerca a los oyentes, para mostrar su vitalidad, dar a conocer qué nos cuenta y ofrecer una renovación de las formas clásicas para acercarse a un nuevo público. Nos acompañan Alex Ross, Sheila Blanco, Jaime Altozano, Bach y Mozart. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
Nos acompañan dos reflexiones sobre el concepto de música clásica y las nuevas formas de reproducción a cargo del crítico musical de The New Yorker, una adaptación de Bach como forma de difundir su vida, obra y música, un análisis de la última pieza que llegó a escribir Mozart antes de su fallecimiento y una hipnótica y fascinante adaptación de uno de sus conciertos para ballet, una obra que hasta quienes no siguen este tipo de música quedarán seducidos por ella.



El mundo de la música clásica es prácticamente inabarcable. Es tan amplio y variado que mientras más te adentras en él y más conoces, mayor interés tienes por seguir escuchando sus obras.
Pese a todos los clichés que existen alrededor de ella, en muchas ocasiones es su desconocimiento lo que la lleva a esta situación. También pesa en su contra la etiqueta de que asistir en directo a interpretaciones es caro, aunque también lo sean otros conciertos de cualesquiera tipos de música a los que tengamos la oportunidad de asistir. Es cuestión de gustos.
Pero hoy en día tenemos un considerable números de obras al alcance de un solo clic. Plataformas como YouTube o Spotify, por ejemplo, ponen a nuestro alcance un innumerable repertorio que podemos buscar y seguir. Conceptos como las bibliotecas, listas de reproducción, favoritos u otras opciones nos permiten buscar, configurar y guardar las obras que queremos escuchar desde cualquier dispositivo.
También ha existido desde hace tiempo y continúa habiéndolos personas que se dedican a dar a conocer a autores y sus obras con un carácter pedagógico para explicarlos, analizarlos y profundizar en ellos, de forma que nuevos oyentes o los ya consolidados tengan acceso a esa información que les haga disfrutar con mayor capacidad de esas piezas.
Recuerdo con cariño que mi acercamiento a la música clásica vino de la mano de un apasionado comunicador, Fernando Argenta que con sus Clásicos Populares de Radio Nacional y Radio Clásica, y su particular lenguaje asequible y accesible hizo que muchos aprendiéramos a amar este tipo de música. Más adelante dio un paso adelante con los más pequeños en el programa de televisión El Conciertazo, donde su particular forma de presentar la música atrajo a muchos niños a este mundo.


Actualmente hay divulgadores como Ramón Gener que tuvo el programa This is Opera en Radio Televisión Española en el que presentaba y diseccionaba muchas de las piezas más representativas de este repertorio y que aún están disponibles en la plataforma de la televisión pública. Aún tiene algunas colaboraciones en Radio Nacional que se pueden seguir en directo en el programa No es un día cualquiera o a través de los podcasts Operando con Ramon Gener, además de sus conferencias y las conferencias para presentaciones de obras que suele realizar para el Palau de Les Arts de Valencia.
Poco a poco van apareciendo más personas que divulgan figuras como es el caso de Sheila Blanco, que comenzó a sorprendernos a través de las redes sociales con sus pequeñas piezas sobre compositores en las que a algunas músicas muy reconocibles de ellos les incorporaba unas letras que sorprendían por la frescura, agilidad vocal y la forma en que condensaba el valor del autor.
Nos acompañan dos versiones de la misma pieza, Bach es Dios, para que elijas cuál de ellas deseas seguir, aunque pueden ser las dos si dispones de unos minutos más.  
La música está tomada de la Badinerie de la Suite nº 2, BWV 1067 de Johann Sebastian Bach, que apareció recientemente en este blog. La primera versión es la toma casera con la que suele presentar sus obras en las redes sociales dentro del tipo de grabaciones que la dio a conocer.


En la segunda versión de esta pieza está acompañada por la Orquesta de Radio Televisión Española bajo la dirección de Carlos Garcés en una grabación realizada en el Teatro Monumental de Madrid en septiembre de 2021 en el que las mascarillas nos recuerdan el tiempo que estuvimos bajo los efectos de la pandemia. En este concierto mostró su espectáculo Bioclassics, cuyo explícito título lo dice todo.


Afortunadamente cada vez son más frecuentes y abundantes los espacios en los que se pueden seguir diversos programas de audio y vídeo en cualquier momento. La rigidez de las parrillas de programación han pasado a la historia con la incorporación de los contenidos emitidos en antena en los podcasts de audio y los videocasts o videopodcasts. Estos archivos no sólo se almacenan cuando se emiten, sino que, en muchas ocasiones se realizan directamente para guardar sin necesidad de pasar antes por la emisión en antena, lo que facilita la incorporación de nuevos creadores.
De la inabarcable cantidad de este tipo de archivos hay unos cuantos que sigo y suelo escuchar o ver y que tienen relación con la (mal) llamada música clásica:
Dentro de los programas de Radio Clásica de Radio Nacional sigo en plataformas como Ivoox los episodios de algunos programas con regularidad:
-Música y significado, un programa de análisis musical de obras fundamentales presentado por Luis Ángel de Benito, quien aparecerá en el siguiente vídeo.
-Notas a pie de página: Un programa de Martín Llade (a quien pese a su larga trayectoria en la emisora, se le conoce más como presentador del Concierto de Año Nuevo de Viena), y la escritora Espido Freire, que tratan cada semana sobre un escritor o escritora.
-Sinfonía de la mañana, también de Martín Llade, un programa diario (lunes a viernes, de 8 a 9:30)) que comienza con un relato sobre un compositor o autor y enlaza entrevistas, música y literatura. 
-Atriles entre los árboles, un programa de Mercedes Menchero donde una obra literaria de carácter reflexivo, música y naturaleza se unen.
-Gran Repertorio, un programa donde se explican obras fundamentales.

Aparte de esta emisora, de la que sigo algunos podcasts más, también sigo los de una emisora independiente, Clásica FM con distintos episodios sobre música clásica y jazz, con la presencia del pianista Mario Mora entre otros.
También, aunque ya fuera de la esfera de la música clásica sigo a otros compañeros blogueros como Marcos Planet, Historias y relatos, La Trinchera o Los libros de Baker Street.
Seguro que tú escuchas o sigues distintos podcasts, pero con algunos de estos, la comprensión, análisis y disfrute de la música clásica están asegurados


Y citando el término Música Clásica, el texto siguiente ahonda en él. En otras publicaciones ha aparecido en este blog la obra de Alex Ross (no confundir con el ilustrador de comics), crítico musical de The New Yorker y autor de varios libros interesantes sobre música: The rest is noise: Listening to the Twentieth Century (El ruido eterno, escuchar al siglo XX a través de su música) y Listen to This (Escucha esto), libros en los que realiza un recorrido por las músicas del XX en el primero y de todas las épocas en el segundo. En el más reciente Wagnerismo. Arte y política a la sombra de la música, analiza la influencia (para bien o para mal) en la literatura, las artes, el cine y la vida intelectual y la política de la obra del compositor alemán.
Escucha esto es un monumental mosaico en el que Alex Ross une indisolublemente la vida y el arte con la música y la historia para acercarnos desde las figuras más clásicas -Mozart, Bach, Verdi o Beethoven- a los grandes iconos de la cultura pop -Dylan, Radiohead o Björk, para demostrar que «comprender la música es una forma de comprender el mundo».
El texto que nos acompaña trata, como decía, del propio nombre de Música Clásica y su significado, sus implicaciones y el lugar que ocupa y puede ocupar hoy en día. Una reflexión interesante.


Si en el primer vídeo me centraba en la pieza de Sheila Blanco y en los divulgadores que dan a conocer a los autores a un público que no suele tenerlos en cuenta como forma de iniciación, ahora te propongo acercarte a otras formas de difusión en la que se centran más en las obras, dando a conocer las intenciones del autor, analizando sus partes y, en definitiva, profundizando en ellas. Personalmente, cuanto más conozco de una obra más la aprecio y disfruto.
Por un lado hay una enorme variedad dentro del universo de YouTube con divulgadores que trabajan y explican grandes piezas del repertorio entre las que suelo acercarme a:
-Jaime Altozano, uno de los youtubers más seguidos en nuestro país, por lo que seguro que lo conoces. Nos acerca a todo tipo de obras, pero «la música», como diría Alex Ross, ocupa un lugar importante dentro de su producción.
-El pianista James Rhodes es otro divulgador de la música que, entre otras formas, lleva el podcast En clave de Rhodes en la Cadena Ser donde entabla diálogos con diversos protagonistas de nuestra cultura como el violinista Ara Malikian, Blanca Portillo, Rosa Montero o Javier Cámara. Suyas son estas palabras recogidas en una entrevista en La Tercera«¿Cuántos músicos clásicos tienen la oportunidad de que se les entregue un micrófono en una radio para hablarles a millones de personas? Y que taxistas, panaderos, se detengan y escuchen sobre Bach, sobre Glenn Gould o Mozart. Y que disfruten, sin necesidad de "saber"».
-La Orquesta y Coro Nacionales de España (OCNE) dispone de un espacio en su página web, Bienvenida 2.0 creado según su propia presentación como «una apuesta por la divulgación virtual, un canal creado específicamente con contenidos que pongan de manifiesto los diferentes aspectos de las obras programadas en los conciertos OCNE y accesibles para todos los públicos».


También hay diversos canales de YouTube donde se pueden disfrutar de esta música y que puedes seguir, como por ejemplo:
-AVROTROS Klasiek, de los Países Bajos con más de 1200 piezas hasta ahora.
-Concertgebouworkest, página oficial de la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam, con más de 500 vídeos propios.
-Euro Arts Channel, de Alemania, donde se ofrecen conciertos, actuaciones y documentales desde la música clásica, al ballet, el jazz y la música pop, y que cuenta con cerca de 2500 vídeos.
-La March, el canal de la Fundación Juan March que ofrece sus ciclos de conferencias y conciertos semanales donde profundizan en aspectos fundamentales de nuestra cultura histórica, literaria o musical con transmisiones en directo.
-También están los de la Frankfurt Radio Symphony o la London Symphony Orchestra entre muchas otras agrupaciones.

En cuanto a la ópera, la mayoría de teatros del mundo tienen, además de sus páginas web su canal de YouTube donde comparten algunas de sus producciones en abierto, aunque algunas son para suscriptores. Suelo seguir con frecuencia una página dedicada a este arte como OperaVision, una agrupación de distintos teatros que ofrecen sus producciones en abierto con varias novedades cada mes y que cuenta con algo más de 1500 vídeos. De todas formas, encontrar cualquier ópera completa es fácil y las más habituales del repertorio se pueden encontrar con subtítulos en español y las que no, se pueden cambiar los ajustes para traducirlas simultáneamente.
La lista de páginas de YouTube es inabarcable entre orquestas, teatros de ópera, intérpretes y divulgadores, por lo que no merece la pena alargar el listado

Dentro de la mera labor de difusión y profundización en algunas obras nos acercamos a un vídeo del primero de los comentados. En el enlace siguiente, Jaime Altozano nos acerca a la última de las composiciones que Mozart escribió antes de su fallecimiento, el Lacrimosa de su Réquiem. Se trata de una pieza de la que sólo pudo escribir los ocho primeros compases y su discípulo Sussmayr completó según sus indicaciones. En el vídeo interviene también Luis Ángel de Benito, que también apareció en los podcasts que mencioné. El vídeo finaliza dando publicidad a un curso de iniciación musical que es ajeno al interés por compartirlo.


Interesante, ¿verdad?
Tradicionalmente la música constaba de una serie de partes o movimientos contrastantes con una serie de códigos que se seguían -o se rompía- por parte del compositor. 
Esta forma de seguir la música, incluso para las obras no clásicas como la música pop, el rock, el jazz o la folclórica, se ha alterado en los últimos años con la aparición de los dispositivos electrónicos. 
Los discos, con sus carátulas, índice, indicaciones y, en ocasiones textos proporcionados por el intérprete o la casa discográfica nos ofrecen un universo cerrado, creado para ser oído tal como fue concebido.


Volviendo a Alex Ross y su Escucha esto, el escritor norteamericano nos hace reflexionar sobre esa revolucionaria forma de escuchar la música, en su caso con un IPod adquirido a comienzos de este siglo, pero que podemos generalizar con cualquier aparato o dispositivo y que todos utilizamos en mayor o menor medida. Toda una revolución que vuelve a dar una oportunidad a la música clásica y a todas en general.


La última pieza que te traigo muestra la vitalidad de la música y cómo se puede adaptar a los tiempos y los gustos e incluso atraer a nuevo público. En esta variedad sobre la música consiste en darle una nueva oportunidad fuera del ámbito en el que se creó, sacarla del contexto de una obra con varios movimientos que se interpretan seguidos y mostrarla en otro tipo de actuación o espectáculo.


Creado en 1994 por el coreógrafo francés de origen albanés Angelin Preljocaj, Le Parc ganó el prestigioso premio Benois de la Danse, consolidándose en el repertorio de todo el mundo. Basada en músicas de Mozart, Le Parc nos sitúa en un jardín francés del XVIII para narrar una historia de amor desde su inicio hasta su consumación.
Nos acompaña el final del ballet, el pas de deux donde Preljocaj recicla la música del segundo movimiento, Adagio, del Concierto para piano y orquesta nº 23 de Wolfgang Amadeus Mozart. Se trata de un momento único e inimitable en el que los protagonistas, descalzos y con un camisón se abrazan y terminan en un beso que durante un minuto que tiene trazas de eternidad, mientras bailan y giran sobre sí mismos. Es una escena fascinante e hipnótica que gusta tanto a los aficionados como a los no iniciados en esta música.
Este paso a dos está interpretado por Madison Young y Julian Mackay en la final del Prix de Lausanne de 2024 con la música citada de Mozart adaptada por Goran Vejvoda y la coreografía de Angelin Preljocaj.

Confío en que después de leer esta publicación tengas claro que esta música no está anclada al pasado, que está al alcance de todos los que deseen acercarse o que no es en absoluto aburrida.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Ross, Alex. Escucha esto, traducción de Luis Gago, Editorial Seix Barral, ebook (2021). ISBN: 9788432237379.

Erik Satie y la batalla del ballet Parade

El comienzo del siglo XX fue un periodo convulso en el que entraron en crisis muchos de los principios que se consideraban los pilares de la civilización y la cultura occidentales. Se cuestionó el equilibro de las grandes potencias, se comenzó a tambalear el sistema de las colonias repartidas por todo el planeta, se produjo una crisis que tambaleó el sistema económico establecido, llegando a desarrollarse las dos más grandes y devastadoras guerras que asolaron nuestro planeta, tuvieron su escenario por la mayoría de los continentes.
Estos cambios no podían menos que tener incidencia en todos los órdenes de la vida, desde la polarización de las ideas e ideologías hasta la renovación de los movimientos culturales y artísticos.
El campo estaba abonado para el surgimiento de las corrientes artísticas que luchaban denodadamente por imponerse a las predominantes hasta entonces, el romanticismo, el naturalismo o el impresionismo. Nacieron así multitud de movimientos (los famosos Ismos) de los que he tratado en el blog en Cien años del manifiesto del Surrealismo
En la música, igual que en otras artes, se luchó denodadamente por romper con la herencia anterior, con obras que deseaban provocar ese cambio revolucionario en el oyente. Son muchas las obras que rompían con la tradición anterior como La consagración de la primavera de Stravinsky que causó un gran escándalo en su estreno en 1913.
En ese escenario inquieto y rupturista encontramos a un autor de quien he tratado hace unas semanas en Me llamo Erik Satie como todo el mundo, en el que este compositor luchaba por sentirse inclasificable en cualquier movimiento y que se consideraba a sí mismo antiwagneriano y espantaburgueses.
Como ocurrió con otras obras, a imagen de la de Stravinsky, el estreno de uno de sus ballets causó un escándalo en el teatro y tuvo diversas consecuencias, entre ellas, la de llevar a su autor a prisión.
Te propongo situarte en 1917 y conocer cómo se desarrolló el estreno del ballet Parade de Erik Satie, el conflicto que se creó y por qué razón el autor fue condenado a prisión. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Recreación del decorado original de Picasso para Parade

La génesis del ballet Parade fue compleja debido a varias razones: por el momento en que se llevó a cabo, en plena I Guerra Mundial y por la participación de diversos artistas que aportaron cada uno su creatividad y sus puntos de vista en ocasiones diferentes y opuestos. 
Al parecer la idea surgió de Jean Cocteau quien al escuchar Trois morceaux en forme de poire (Tres piezas en forma de pera) de Satie le propuso escribir un ballet con esa música. El compositor se negó a utilizar algunas de sus piezas anteriores, pero se ofreció a crear una música para ballet. De esta forma, a partir de una idea original de Cocteau, Erik Satie se encargó de poner música según sus indicaciones, el director y alma de los Ballets Russes Serguei Diaghilev puso su elenco y a Léonide Massine que creó la coreografía, mientras que Pablo Picasso y Giacomo Balla se encargaban del vestuario y la escenografía.
En la época en que comenzaba a dejar de lado el cubismo, Picasso pintó un telón de fondo sorprendentemente neorrealista en Italia donde estaba con la compañía de danza de Diaghilev, mientras que el vestuario y el decorado seguían con la estética cubista con disfraces realizados en cartulina rígida que dificultaban los movimientos de los bailarines.


El argumento, que se detalla en el texto siguiente, muestra a cuatro artistas de circo en la calle mostrando sus habilidades e invitando a los espectadores que pasean por la calle a entrar al espectáculo. Son un prestidigitador chino, una joven americana y una pareja de acróbatas. Esta Parade, que podríamos traducir en el sentido de Desfile no es una simple muestra de los espectáculos circenses, sino una reflexión sobre la distancia entre la vida de los espectadores y la del mundo ambulante de estos espectáculos, una imagen sobre la vida cotidiana y lo que le muestran al ciudadano.
Parade es un híbrido entre el ballet tradicional y una performance de la vanguardia, una obra que buscaba desencadenar una ruptura en el público a través de la provocación. Cocteau había escrito contra las obras de Debussy o el joven Ravel«Basta de nubes, de olas, de acuarios, de ondinas y de perfumes nocturnos. Necesitamos una música a ras de suelo, una música normal y corriente. ¡Basta de hamacas, de guirnaldas, de góndolas! Quiero que me construyan una música en la que yo viva como en una casa».
En El ruido eterno, ese fresco descomunal sobre la música del siglo XX, el crítico musical de The New Yorker Alex Ross fija su mirada en este ballet desde el escenario de guerra, el día del estreno con el programa de mano escrito por Apollinaire, la anécdota de las banderas, pasando por el argumento, las notas con que Cocteau indicó a Satie las ideas a tener en consideración, algunos detalles de la partitura hasta finalizar con las impresiones que el compositor Francis Poulenc le proporcionaron este ballet.


La partitura de Satie -un solitario irredento que se ofreció a esta colaboración desde que se lo propuso Cocteau- presentaba una especie de células que evocaban a los personajes circenses en el escenario, pero que no se encontraban sueltas o desconectadas, puesto que aparecían con cada personaje cambiando, modificándose según van desarrollando sus roles en el escenario. Así, resaltan sus gestos y movimientos a partir de cambios rítmicos o métricos súbitos, modificaciones de la tonalidad o la modulación armónica.
Además, Parade incorporaba una serie de objetos sonoros que nunca habían aparecido en las orquestas  y se consideraban absurdos y fuera de uso en la música como hélices de aviones, un bombo giratorio de lotería, sirenas con sonido agudo y grave, una máquina de escribir y otra de telégrafo, botellas de leche y otras de cristal con distinta cantidad de agua e incluso... un revólver que debía realizar seis disparos. Afortunadamente sus balas eran de fogueo.
Los miembros de la orquesta no estaban convencidos de la validez de la partitura, por lo que Cocteau hubo de convencer a Ravel para que intercediera ante los músicos. El propio escritor narra que el primer flautista interpeló durante uno de los ensayos a Satie diciéndole que si él lo tomaba por tonto con esta partitura, a lo que el compositor respondió con su tono sarcástico habitual: «De ninguna manera lo considero un idiota, pero puedo estar equivocado».

Fotografía de uno de los mánagers. Lachmann, colección de negativos de cristal del ballet Parade. Archivo del Victorian and Albert Museum (1917).
El primer enlace musical es un extracto de Parade en versión concierto en el que se puede apreciar parte del uso que Satie da a esos instrumentos nunca antes utilizados en una sala de concierto como la máquina de escribir y la pistola, e incluso las palmas, además de los sonidos inusuales para la época que obtiene de los instrumentos de la orquesta. 


El estreno de Parade se produjo en el Théâtre du Châtelet de Paris, el mismo que acogió en 1913 el escandaloso estreno de La consagración de la primavera de Stravinsky -y que ahora acoge, entre otras, galas deportivas como la entrega de los Balones de Oro-.
El escándalo de este estreno fue aún mayor, propiciado al parecer por los propios autores, convencidos de que la partitura tenía menos valor que la de Stravinsky.

Fotografía del otro mánager. Lachmann, colección de negativos de cristal del ballet Parade. Archivo del Victorian and Albert Museum (1917).
Voy a tratar de mostrar cómo fue ese estreno y las consecuencias que trajo a partir de la información recogida en distintas fuentes.
El Théâtre du Châtelet, con sus cinco niveles para los espectadores acogía una variopinta disparidad de público desde los jóvenes estudiantes del paraíso hasta los espectadores de las clases más conservadoras.
El programa de mano fue elaborado por Guillaume Apollinaire quien, como indica Alex Ross en su texto, introdujo en él por primera vez la palabra Surrealismo para calificar a esta obra. 
La dirección musical corrió a cargo de un antiguo profesor universitario de matemáticas, Ernest Ansermet, quien haría una larga vida como director de orquesta y fundaría y dirigiría una agrupación tan prestigiosa como la Orchestre de la Suisse Romande.

Fotografía del caballo. Lachmann, colección de negativos de cristal del ballet Parade. Archivo del Victorian and Albert Museum (1917).
Debemos situarnos en el lugar y el momento. Después de poder leer el programa de mano de Apollinaire, aquel 18 de mayo de 1917 aparecen una música, unos decorados y una escenografía rupturistas y provocadores destinados a llevar a los espectadores a una calle de París donde, entre barracas y charlatanes de feria, unos artistas intentan que los paseantes entren al espectáculo.
Al concluir el ballet dos bandos mostraron sus preferencias ruidosamente: Los fervorosos y entusiastas aplausos y vivas, la mayoría en el paraíso aunque los había diseminados por todo el teatro, pugnaban por hacerse notar más que los abucheos, gritos y pataleos de los palcos y el patio de butacas, aunque había cierta mezcla de todos en todos sitios. También había un grupo de indiferentes, acostumbrado a este tipo de obras y escándalos.
Después de los veinte minutos que duraba el ballet, casi un cuarto de hora más tarde acabaron enzarzándose en empujones, exigencias de la devolución del importe de las entradas o puñetazos que reflejaban la tensión que la obra y la guerra seguían produciendo en ese momento.
El propio Cocteau relata que mientras él y Apollinaire cruzaban el teatro para reunirse con Picasso y Satie que los esperaban en un palco, una señora lo reconoció y al grito de «¡Es uno de ellos!» se abalanzó sobre él atacándolo con un alfiler de sombrero. Apollinaire, que vestía con uniforme y tenía la cabeza vendada pudo calmarla. Aún así, Satie fue abofeteado más adelante por un furibundo espectador enfadado.

Picasso, Giacomo Balla y otros sobre el telón de fondo. Lachmann, colección de negativos de cristal del ballet Parade. Archivo del Victorian and Albert Museum (1917).
En el primer libro de Historia insólita de la música clásica, Alberto Zurrón recoge, entre otras muchas anécdotas e historias relacionadas con compositores e intérpretes de este tipo de música, la relación que hubo entre Satie y los críticos musicales, centrada de modo especial en las relacionadas con el estreno de Parade



Entrando en detalles sobre esta parte de la historia, el crítico Jean Poueigh que felicitó a Satie personalmente por su obra publicó unos días más tarde una reseña en Les Carnets de la semaine donde atacaba despiadadamente la música de Parade y a su autor.
La reacción de Satie fue tremenda y la llevó a cabo a través de tres postales que dirigió al crítico en los seis días siguientes. La primera estaba escrita, con algunas omisiones, en los  siguientes términos:

Monsieur Jean Poueigh, (...) usted es solo un culo, y me atrevo a decirle 
que un culo antimusical. Por encima de todo, no vuelva a tenderme
su mano de cabrón (...).

La siguiente postal no era menos calmada:

Monsieur jodido Jean Poueigh, jefe de zoquetes y becerros, no eres tan gilipollas como yo pensaba (...) pese a tu aspecto de imbécil y tu corta vista, ves las cosas desde lejos. 

En la última postal, escrita mientras se encontraba de excursión por Fontainebleau no se cortó y continuó su ataque, posiblemente esperando una respuesta del crítico.

Fontainebleau, 5 de junio de 1917
Satie a Monsieur cara de mierda Poueigh,
famoso gordo y tonto,
imbécil miserable, aquí es donde me cago con todas mis fuerzas.
Nunca más me ofrezcas tu mano sucia. 

Telón de fondo de Picasso, en estilo neorrealista, su obra más grande, con una superficie de 170 m2 y 45 kg. de peso
Antes de continuar con el desenlace de esta historia nos acompaña un cortometraje que el director de cine René Clair realizó para proyectar en el intermedio del ballet Relache de Satie. En él aparecen Francis Picabia y el propio compositor en la película muda Entr'acte de 1924 en un tono totalmente surrealista: Un cañón que se desplaza solo acaba apuntando al espectador, mientras los dos personajes saltan en cámara lenta sobre una azotea. Este extracto de la película fue editado en 1967 por Henri Sauguet incorporando la música de Parade con que baila el prestidigitador chino.


La respuesta a estos insultos no se hicieron esperar y el crítico acusó a Satie por difamación, alegando su abogado que como eran postales y el escrito estaba a la vista de todos, el cartero o la portera del edificio donde vivía podían haberlas leído.
Este surrealista argumento dio pie a un juicio que comenzó el 12 de julio en el que el fiscal Théry pidió un año de cárcel por difamación pública. Cocteau, indignado, lo amenazó con su bastón y fue detenido por la policía que lo golpeó hasta reducirlo mientras gritaba al crítico «¡Culo!» en plena sala. Acabó en la comisaría de donde salió, según Gabriel Fournier «con la camisa hecha jirones, sin corbata y con el pelo desgreñado».
En cierto sentido fue un juicio contra las vanguardias en el que testificaron a favor de un Satie poco preocupado artistas como Braque, Juan Gris, Apollinaire o Cocteau, entre otros.
La sentencia lo condenó a ocho días de prisión sin libertad condicional más una multa de cien francos, además de otros ochocientos en concepto de daños y perjuicios a Poueigh. La apelación de un paupérrimo Satie sin un franco no tuvo resultado alguno.
Al compositor y al grupo de artistas que lo apoyaban sólo les quedaba el recurso de apelar a algunos personajes para que les ayudaran.

Un breve texto extraído de Cuadernos de un mamífero, una recopilación de textos de Satie que realizó de sus publicaciones en algunas revistas, nos habla de su singular carácter.


Aquí aparecieron dos personajes femeninos importantes que ayudaron a solventar el problema. Por un lado, Diaghilev recurrió a su mecenas, Missia Edwards, que movió todos los hilos que pudo entre sus conocidos hasta lograr que el tribunal emitiera el fallo definitivo el 15 de marzo d 1918 en el que suspendía la pena de prisión de Satie «con la condición de que muestre buena conducta y no sea condenado durante cinco años».
Por otra parte, un personaje digno de atención, la Princesa de Polignac Winnaretta Singer, hija del potentado de las máquinas de coser, apareció en escena. Mecenas de artistas como Fauré, Ravel, Stravinsky, Milhaud, Poulenc, Rubinstein, Isadora Duncan o Le Corbusier y los españoles Albéniz, Viñas o Falla, se ofreció a dejarle el dinero para pagar la indemnización. 
Esta historia que se denominó La batalla de Parade y movilizó a todas las vanguardias parisinas no finalizó con la entrega del dinero por parte de la princesa consorte.
En octubre Satie escribió a su salvadora:

La necesidad me obliga, querida señora, a dirigirme a usted, me incita a rogarle que me autorice a servirme del dinero para un tema más elevado. ¿Sabe usted princesa, que no tengo intención de dar ni un centavo al noble crítico que es la causa de mis males judiciales? En cambio, solicito permiso para utilizar el dinero para los gastos de mi manutención.
Cien francos me bastarán para detener sus malvados golpes y hacerle frente, si me ataca. ¿Puedo disponer del resto?

Dibujo de Satie realizado por Picasso (1919)
No puedo finalizar esta publicación sin compartir un enlace con una representación del ballet Parade en una versión que sea lo más fiel posible al estreno original. Es fácil encontrar grabaciones orquestales o montajes audiovisuales, pero complicado de hallar una escenificación que pretenda evocarla.
En el enlace siguiente podrás disfrutar de un montaje fiel al original en el decorado, el vestuario y la coreografía. Se trata de una grabación perteneciente al espectáculo Europa Danse creado en 1999 por Jean Albert Cartier y representada el 16 de octubre de 2007 en el Théâtre de la Place Bouvet en Saint-Malo en el que se incluían Parade (1917), Pulcinella de Stravinsky (1920), Mercure de Satie (1924) y Cuadro Flamenco (1921), una suite de danzas andaluzas arregladas por Beatriz Martin y Ricardo Franco. Todas las obras tuvieron decorados y vestuario realizados a partir de las maquetas y diseños originales creados por la Picasso administration. Parade y Cuadro flamenco fueron presentados según la versión original.
La representación comienza con una figura inequívocamente picassiana. A continuación entra en escena el prestidigitador chino, con la música que se utilizó en  Entre’acte que veíamos antes. Le sigue otra figura picassiana y tras ella la chica americana a ritmo de músicas de jazz y ragtime. Una vez que sale de escena aparece un caballo que baila y realiza otros movimientos, en este caso sin música, lo que me hace pensar si será una inclusión para este montaje o pertenece al original. Tras él, es el turno de los dos acróbatas, para finalizar con la presencia en el escenario de todos los personajes que terminan desazonados por la incapacidad de atraer público a su espectáculo.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: