expr:class='"loading" + data:blog.mobileClass'>
Mostrando entradas con la etiqueta Mahler. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mahler. Mostrar todas las entradas

¡Bienvenido, otoño!

¡Delicioso otoño! Mi alma está muy apegada a él, si yo fuera un pájaro volaría sobre la tierra buscando los otoños sucesivos.
George Elliot

Con rigurosidad y puntualidad astronómica, cada 21 de septiembre se produce el equinoccio de otoño en el hemisferio norte, coincidente con el de primavera en el austral. Son días equivalentes, convergentes y con idénticas connotaciones de duración e inclinación del eje en ambos mitades terrestres, pero que marcan un devenir divergente en el tiempo que le sigue: mientras en la zona boreal del planeta los días se acortan hasta llegar al solsticio de invierno, en la zona austral aumentan hasta el solsticio estival, cada uno de ellos con sus consecuencias asociadas.
Aunque comience el otoño astronómico y los días se vayan acortando, las características que lo acompañan como temperaturas menos cálidas, mayor frecuencia de precipitaciones o la paulatina caída de las hojas en los árboles de follaje caduco no siguen, en ningún caso, un calendario regular.
Sabemos que una de las características del tiempo atmosférico es la irregularidad y que, con el cambio climático que se está produciendo por la acción de los seres humanos, esta irregularidad se acentúa y radicaliza aún más con fenómenos atmosféricos inusualmente potentes.
Nuestra atención pretende detenerse en esta ocasión en cómo recibimos a la estación entrante, cómo la percibimos a través de nuestros sentidos o nuestras emociones, centrándonos en ella o en el camino que finalizará en el invierno. 
Te propongo una mirada al otoño y las sensaciones que nos evoca a través de obras de autores como Machado, Benedetti, Schubert, MahlerThoreau y Pfitzner. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Después de un verano que viene marcado por las altas temperaturas y la época en que con mayor asiduidad se desarrollan las vacaciones, la llegada del otoño supone un regreso a la rutina y los horarios habituales. Poco a poco se irán produciendo cambios en la vegetación, tanto la que se haya en plena naturaleza como la que nos acompaña en las calles, plazas y parques de nuestras ciudades. Una mirada atenta nos facilitará la admiración de estos cambios.
Henry David Thoreau cambió radicalmente cuando decidió abandonar la vida que llevaba e instalarse en una pequeña cabaña construida por él mismo en el pantano de Walden, cerca de su natal Concord en el estado de Massachussets. Allí buscó simplificar su vida y dedicar todo el tiempo a la contemplación de la naturaleza y la escritura. Fruto de esta experiencia surgieron libros como Una semana en los ríos Concord y Merrimack, Walden o Autumnal Tints (Colores de otoño) o La desobediencia civil, un rechazo a pagar impuestos por la esclavitud que se practicaba en el país y que lo llevó a la cárcel.
Colores de otoño (1862) es un libro singular en el que Thoreau muestra al lector toda la belleza y la riqueza que nos aporta la naturaleza. De él y la experiencia del escritor estadounidense tratamos en Los colores del otoño, una mirada a la variedad y riqueza que la naturaleza, de forma especial la otoñal, nos ofrece.


Nacido poco después de publicar su libro Thoreau, Hans Erich Pfitzner fue un compositor, pianista y director de orquesta ruso que desarrolló la mayor parte de su vida profesional en Alemania, hubo de abandonar el país por su oposición al nazismo, finalizando su existencia en Salzburgo en 1949.


De carácter un tanto tosco para las relaciones sociales y prácticamente olvidado en la actualidad, estuvo influido por la obra de Wagner, compuso algunos conciertos para piano, violín o violonchelo, sinfonías, obras de cámara y varias óperas entre las que destaca Palestrina, considerada su obra maestra y por la que es recordado.
Además, compuso casi medio centenar de lieder entre los que traemos Herbstbild (Imagen de otoño), un lied de 1907 para voz de tenor o soprano basado en un poema de Friedrich Hebbel que nos ofrece, como su título indica, una instantánea de un día otoñal centrado en lo que denomina «la fiesta de la naturaleza.»


La interpretación de Herbstbild corresponde al tenor alemán Christoph Prégardien acompañado al piano por Michael Gees en un audio grabado en 2001 para Naxos of America.

La rutina nos trae y nos lleva, nos pone una suerte de gafas que sólo nos permiten ver lo que tenemos delante y el lugar hacia el que nos encaminamos, sin tiempo para derivar nuestra mirada a lo que nos rodea, a los cambios que se producen a nuestro alrededor.
Busquemos los momentos en que podamos apreciar las sensaciones que nos producen en este tiempo cambiante.
En Campos de Castilla, Antonio Machado dedica uno de sus poemas al pintor Julio Romero de Torres. Amanecer en otoño refleja esas mañanas, imprescindibles y necesarias, para buscar en algunas de las fechas en las que tenemos la posibilidad de apreciar como surge el día.


En ocasiones, el otoño está revestido de un halo de tristeza provocado, indudablemente por el acortamiento de los días, la paulatina desaparición de la luz y el anuncio del cercano invierno que se traduce en obras cercanas a la melancolía que nos puede acompañar.


Escrito en su último año de vida (1828), Franz Schubert utilizó un texto del crítico musical berlinés Ludwig Rellstab, que había visitado en Viena a Beethoven varios años antes con la intención de colaborar en alguna obra. Al parecer, envió al músico de Bonn algunos poemas inéditos suyos para que los llevara al pentagrama y Schindler los derivó a Schubert tras su muerte. Así surgió, entre otros, Herbst (Otoño), un lied que se adecúa al estado emocional del compositor en sus últimos meses de vida, acosado por la enfermedad y que siente el otoño como un tiempo que le acerca al momento en que se marchita la flor de la vida.


El inigualable especialista en lieder Dietrch Fischer-Dieskau interpreta este lied, catalogado como D 945 con el acompañamiento al piano de Alfred Brendel en una grabación de 1983 para Universal Music Group.


Durante mucho tiempo, hasta la edad media, el otoño se consideraba un mero tiempo de paso hacia el invierno, una época cuyo significado fue creciendo con la enumeración de faenas y tareas que se realizaban en el tiempo tanto en los momentos de la recolección de algunos frutos y cosechas tras el verano, como de la preparación para el invierno cercano. 
En un mundo cada vez más alejado de estas labores en el entorno natural, el otoño se ha visto también como una metáfora de la vida, unos años previos al invierno de la vejez, una etapa de tránsito cuya importancia radicaba precisamente en esa espera.
No dejemos que estas ideas impregnen de melancolía los días que se acortan, las temperaturas que dejan de ser exageradas o las precipitaciones que vuelven -o deben volver-, sino que acojamos con ilusión renovada los detalles, los momentos, las sensaciones que el otoño nos ofrece.

En Insomnio y duermevelas, el poeta uruguayo Mario Benedetti nos invita a aprovechar aquello que el otoño nos ofrece antes de la llegada del invierno, pensando lógicamente en los meses de marzo, abril y mayo del hemisferio austral, pero que podemos y debemos acoger en nuestro tiempo de otoño. 


Nuestra última mirada al otoño rebosa de melancolía y soledad, pero se desarrolla plena de la belleza y la sensibilidad que caracterizan a su autor.
Todo comenzó cuando Theobald Pollack regaló a Gustav Mahler el libro Die chinesische Flöte (La flauta china), una recopilación de antiguos poemas del país asiático del que el compositor seleccionó algunos de ellos y los publicó al año siguiente con el nombre de Das Lied von Erde (La canción de la Tierra), un ciclo que acabó formado por seis de esos poemas en una composición para orquesta y dos cantantes.


Escrita en uno de los momentos más trágicos de su vida, cuando acababa de fallecer su hija mayor, cuando cesó en su cargo de director de la Ópera de Viena y fue diagnosticado de una enfermedad del corazón que acabaría con su vida pocos años después, La canción de la Tierra es una obra dividida en seis movimientos, cada uno de ellos formado por una canción que funciona como un gran conjunto y que también puede interpretarse cada una de sus partes independientemente.
En su orquestación, Mahler incluyó algunos rasgos como el uso de la escala pentatónica o la utilización de algunos instrumentos propios del país oriental.
El segundo de los movimientos, Der Einsame im Herbst (El solitario en otoño) se basa en versos de Tchang-Tsi, el más conocido poeta errante de la dinastía Tang que vivió en el siglo VIII y se interpretan con el tempo Etwas Schieichend Ermudet (algo así como Ligeramente arrastrándose), una indicación que refleja el sentimiento y estado de ánimo que acoge al solitario protagonista y que, indudablemente, era compartido por el propio compositor. 


La contralto Anna Larsson interpreta este segundo movimiento de La canción de la Tierra de Mahler acompañada por la Royal Concertgebouw Orchestra de Leipzig dirigida por Fabio Luisi en una interpretación que se grabó en la ciudad alemana en mayo de 2011.

Feliz otoño.

Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Bibliografía y webgrafía consultadas:

El universo de Mahler

Bohemio en Austria, austríaco entre alemanes, judío en todo el mundo.
Alma sobre Gustav Mahler

Cuando pensamos en artistas consagrados solemos hacerlo considerando sus logros, aportaciones e influencias o la grandeza de sus obras, a las que solemos referirnos denominándolas obras maestras. Hasta que no hurgamos en la vida de cada uno de ellos, en sus orígenes, su condición y procedencia o la forma en que llegó a ser quien fue no somos conscientes de las dificultades, trabas o impedimentos que hubo de superar para llegar a realizar aquello por lo que lo consideramos un artista o un genio.
En el fondo, igual que estas personas hubieron de sortear y superar obstáculos para alcanzar sus objetivos, son como cada uno de nosotros que padecemos, en mayor o menor grado, situaciones complicadas que debemos superar en nuestras vidas con mayor esfuerzo, fortuna y acierto. Si a estas dificultades que la vida nos pone por delante añadimos algunas condiciones como las derivadas del sexo, la etnia, la religión, el hecho de ser extranjero o, incluso, la edad, llegar a cumplir sus sueños y anhelos se torna aún más difíciles.
En estos días recordamos a uno de estos personajes que tuvieron que luchar por conseguir sus objetivos superando con su talento cuantas dificultades encontró a su paso hasta conseguir crearse un nombre entre los grandes directores y compositores de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Gustav Mahler falleció el 18 de mayo de 1911, por lo que en estos días recordamos el aniversario de su muerte. ¿Qué obstáculos y dificultades hubo de sortear? ¿Por qué llegó a decir su esposa Alma, citándolo, que se sintió bohemio en Austria, austriaco entre los alemanes y judío en todo el mundo?
Te propongo conocer algunos detalles sobre la vida y obra de Gustav Mahler al cumplirse años de su fallecimiento. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Hans Boehler. Caricatura de Mahler.

Gustav Mahler pasará a la historia de la música como uno de los más grandes directores de orquesta de todos los tiempos, además de ser un compositor de un talento indiscutible. Nacido en 1860 en Kaliště, una localidad checa, en aquella época perteneciente al Imperio Austriaco, Gustav era el segundo de los doce hijos de Bernhard Mahler y Marie Hermann
Los Mahler provenían de una familia de humilde de origen judío, cuya abuela había sido vendedora ambulante y su padre llegó a regentar una pequeña taberna. Con inquietudes juveniles y ansias de mejorar socialmente, Bernhard comenzó a trabajar con una carreta y, según el propio Gustav, "mientras conducía su caballo y carro, estudiaba y leía toda clase de libros", llegando a llamársele El carretero ilustrado. Vitalista, enérgico y ambicioso, pasados ya los treinta años de edad solicitó a Hermann Abraham, un fabricante de jabón también judío perteneciente a una familia mejor situada, matrimonio con su hija Marie, una muchacha coja de nacimiento, a la sazón de diecinueve años de edad y que no mostraba interés por su pretendiente. Tras superar las reticencias de ésta, comenzó un matrimonio de conveniencias que fue desdichado desde el primer día, que se agravó al tener ella un corazón débil que empeoraba con cada uno de los catorce embarazos, la crianza de los hijos y las labores del hogar, unido al trato recibido por su esposo.

Gustav y Alma Mahler en 1902

Musicólogo y crítico, José Luis Pérez de Arteaga nos acercó, durante décadas de trabajo en Radio Nacional de España y de modo especial en Radio Clásica, el mundo de la música con su cultura enciclopédica y su manera de entender y hacer comprender cuanto este arte nos ofrece. Su voz y estilos inconfundibles se acercaron al gran público con retransmisiones musicales como los Conciertos de Año Nuevo desde Viena que transmitía para la cadena de radio estatal y TVE, además del programa El mundo de la fonografía que dirigía para la emisora radiofónica en la tarde de los fines de semana desde 1985, en ambos casos hasta su fallecimiento.
Experto en temas musicales de toda índole, su pasión y conocimiento sobre la figura de su admirado Gustav Mahler tomó forma en varios libros biográficos sobre el director bohemio, el primero de ellos publicado en 1987 y el último con el escueto título de Mahler, publicado en 2007.
En las primeras páginas del libro, Pérez de Arteaga se refiere a la situación familiar del compositor a través de los recuerdos que Natalie, una de sus primeras amigas, y Alma, su esposa, confirmaron a partir de las revelaciones que el propio compositor les realizó. También hace referencia a la visita y consulta que éste realizó a Freud y una de las contradictorias situaciones que vivió y, de qué forma, esta experiencia queda reflejada en multitud de ocasiones en su música de un modo particularmente enigmático y equívoco para quienes no lo conocen.


Para Mahler, la música y, de modo especial la composición, era la forma de expresar sus anhelos y sentimientos más íntimos y profundos, la manera de expresar su gusto estético, siempre entre la innovación y la modernidad, su forma de mostrar al mundo su capacidad para transgredir las normas establecidas y mostrar su dedicación única y exclusiva hacia la música, además de mostrar al mundo que sus composiciones merecían ocupar un lugar en la historia.
Sus primeras composiciones surgieron como una actividad que realizaba en el poco tiempo libre de que disponía. Años más adelante construiría un refugio junto a su casa de verano en las cercanías de Toblach, una pequeña cabaña en la que sólo él podía entrar para componer. Aunque sus obras tuvieron escaso éxito en los primeros años, era consciente de que tenían un gran valor y que el tiempo las pondría en su lugar hasta el punto de llegar a decir en alguna ocasión: "Meine Zeit wird noch kommen" (Mi tiempo está por llegar).
En su estancia en Liubliana Olomuc, sus primeros destinos como director, puso música a diversos poemas, mientras en Kassel compuso su primer ciclo de canciones, Lieder eines fahrenden Gesellen (traducidas como Canciones de un camarada errante) a partir de textos suyos y dedicados, según confiesa a uno de sus amigos, a una soprano de la que se enamoró. En este ciclo, Mahler se refiere a un amor perdido, aunque más se antoja que trata sobre la postura ante la vida, la existencia. Formado por cuatro canciones, la segunda de ellas, Ging heut morgen übers Feld (Esta mañana caminé por el campo) muestra cómo el protagonista, desdeñado como amante se consuela momentáneamente con la admiración en la naturaleza, una idea que muestra el panteísmo, ese sentido cosmológico propio de Mahler en el que los hechos y elementos concretos, en este caso el campo, las flores o los pájaros hacen referencia, no sólo a ellos mismos, sino a la totalidad de la existencia, al universo entero.  
La interpretación corresponde al más grande de los intérpretes de lieder del siglo XX, el barítono alemán Dietrich Fischer-Dieskau acompañado por la Philharmonia Orchestra y la dirección del legendario Wilhelim Furtwängler en una grabación de audio de 1952.


Poseedor de una gran y brillante inteligencia y una capacidad de trabajo descomunal, Mahler fue haciéndose un nombre a través de su trabajo como director en distintos teatros de ópera donde comenzó pronto a dejar huella de su forma de trabajar en las producciones que presentaba al público. Tras pasar varios años por distintos teatros haciéndose un nombre en la ciudad balneario de Bad Hall, Liubliana, Olomuc, Kassel, Leipzig y Praga, terminó de afianzar su buen hacer recalando en el Teatro Real de Budapest y posteriormente en el Teatro de Ópera de Hamburgo, desde donde dio el paso fundamental en su carrera para saltar al Hofoper de Viena.
Llegar a dirigir en Viena fue un camino repleto de dificultades, con personalidades que lo apoyaban por el nombre que se había creado con sus trabajos o se oponían de forma contumaz, en una ciudad que se movía entre la vieja tradición y las reformas que proponían instituciones como la Secesión, con su edificio coronado con el popularmente conocido como Repollo dorado

De nuevo son las palabras de Pérez de Arteaga en su interesante y amena biografía las que nos acercan a conocer las dificultades que hubo de sortear para acceder a un cargo que todos veían estaba destinado para el director bohemio, mostrando especial énfasis en su doble condición de judío y una, que se nos antoja casi incomprensible hoy en día, ser excesivamente joven a sus treinta y seis años. 
 

Mahler no sólo centró su actividad en estos teatros por los que pasó realizando las labores de dirección, sino que fue requerido en muchos lugares musicalmente importantes de toda Europa y América para realizar colaboraciones por periodos de tiempo que él siempre buscó que fueran intensos para ser más cortos y continuar su cargada agenda, además de evitar al máximo su enorme dificultad para los idiomas. En ocasiones llevó algunas obras concretas del repertorio, en otras, como en sus estancias en Londres o Nueva York, para realizar lo que llamaron la Temporada alemana, una serie de óperas de autores germanos que se incrustaban en periodos concretos dentro de la temporada anual de esos teatros.
Como compositor, y aquí podemos encontrar sus reminiscencias judías, Mahler sentía una vocación musical que quizás podríamos calificar como mesiánica y que aplicaba a toda su actividad. Además, el Destino, así con mayúsculas, en su acepción griega y beethoveniana le hacía cuestionarse cuáles serían sus metas: la integración con la naturaleza, la fuerza moral, la creación artística, la gloria y el triunfo, el amor eterno o, en fin, la trascendencia. Esa búsqueda acabaría convertida en la música de Mahler.

Gustav Mahler fotografiado en 1882

El lied que nos acompañó al inicio, Ging heut morgen übers Feld (Esta mañana caminé por el campo) sirvió al compositor para transcribirlo, casi de forma idéntica, en el primer movimiento de su Sinfonía nº 1, Titán, un subtítulo que también encajaba dentro del pensamiento mahleriano, aunque esté inspirado en la novela homónima de Jean Paul publicada a comienzos del siglo XIX. 
Este primer movimiento lleva la indicación de "Lento, arrastrado, como un canto en la naturaleza", comenzando con una introducción que evoca el despertar de la naturaleza a la que siguen fanfarrias, el motivo del cuco en el clarinete y un tema en las trompas, hasta llegar a la exposición en que se presenta el tema del lied indicado. En su totalidad, el movimiento relaciona el canto de la primavera con el nacimiento del Titán, el héroe que da nombre a la sinfonía.
El enlace que nos acompaña recoge una interpretación de la Pittsburgh Symphony Orchestra dirigida por Manfred Honeck con indicaciones sobre su estructura recogida en el canal de Pablo Moro.


Mahler se instaló en una intensa y estresante vida como director en la que controlaba todos los detalles relacionados con su trabajo, desde los ensayos, la elección de los cantantes y la obligación de que todos los intérpretes, incluidos los grandes divos, acudieran a todos ellos en contra de la costumbre imperante, la minuciosa remodelación de los miembros de la orquesta o la revisión de las particellas que no siempre estaban rigurosamente copiadas. 
En 1902, en su segunda etapa como director del Hofoper de Viena se casó con Alma, hija del pintor Emil Jakob Schindler, una joven con la que se llevaba diecinueve años de edad. El matrimonio sorprendió  a la sociedad vienesa, así como a las familias de ambos conyugues, quienes dejaron claro desde el primer momento que no había espacio más que para un compositor y una agenda laboral en la familia. Pese a todo, hubo momentos de pasión, felicidad y entrega entre ambos. Gustav y Alma tuvieron dos hijas, una de las cuales falleció muy joven, dejándolo sumidos en un profundo dolor, dando la cara en esos meses una afección cardiaca en el compositor que acabaría en pocos años con su vida.

La llegada de Mahler a la ópera de Viena supuso un cambio en la institución que alcanzaría los niveles de calidad más altos de toda su historia. Siguiendo el relato de Pérez de Arteaga, podemos alcanzar a comprender cómo se desarrollaron los primeros meses de trabajo de Mahler en este prestigioso teatro de ópera, las inquietudes, el esfuerzo y ansiedad que supusieron estos meses para un director que hubo de cambiar el judaísmo por el cristianismo para poder acceder de forma definitiva a su cargo. También nos recuerda algunos de los cambios más significativos que introdujo en la forma en que se asiste a las representaciones de ópera o las interpretaciones musicales y que hoy en día aún se mantienen gracias a su esfuerzo, costumbres que nos ayudan a apreciar y disfrutar mejor de la música.


Tras una profunda crisis matrimonial, Alma -de la que hablaremos en otra ocasión- y Gustav retomaron con más energía y valor su matrimonio. Pero el final estaba cerca...
A finales de 1910 viajó a Nueva York donde se involucró en dos nuevas giras americanas en las que, en un agotador esfuerzo de cuatro meses, interpretó obras de los grandes compositores contemporáneos. En Navidad cubrió a su esposa de regalos, la animó y la ayudó a completar algunos de los lieder que ella tenía sin concluir.
El 27 de enero de 1911 estrenó en el Carnegie Hall de Nueva York la Canción de cuna junto a la tumba de mi madre de Ferruccio Busoni. En el intermedio tenía una fiebre alta y se desvaneció. A duras penas terminó el concierto, su último concierto. Con grandes dificultades lo embarcaron hacia Francia donde intentarían un tratamiento novedoso en el Instituto Pasteur. Tras unos primeros momentos en que su cuerpo reaccionó, cada día empeoraba más, por lo que se decidió su regreso a Viena. En cada estación de tren los periodistas esperaban noticias, los periódicos publicaban los partes médicos diarios, hasta que fue ingresado en un hospital vienés. Allí, el 18 de mayo de 1911 fallecía, envejecido, con cincuenta y un años de edad, Gustav Mahler.

Caricatura de Mahler dirigiendo su Sinfonía nº 1 (alrededor de 1898)

Las ideas y el pensamiento de Mahler no se circunscriben estrictamente al contorno de la vida humana, sino que la existencia se desarrolla en el universo en que se encuentra inmersa, encontrándose lo universal en todo lo particular y todo lo particular en lo universal. Como en la escena infantil en que se unen indisolublemente la explosiva dureza de su padre y la música banal, su obra está repleta de una crueldad y dureza desoladoras a la que el propio autor no es capaz de enfrentarse y se limita a intuir y transcribir. Según sus palabras, "una sinfonía debe ser como el mundo. Debe abarcar todo."
Paralelamente, sus obras buscan y alcanzan esa visión cósmica, ese universo envolvente, ese encuentro con el destino.
Finalizamos acercándonos de nuevo a José Luis Pérez de Arteaga y su libro Mahler, en el que Leonard Bernstein se refiere a que, tal como vaticinaba el músico bohemio, ya ha llegado el momento de entender la obra de un compositor que se había adelantado a su tiempo.

En 1967, Leonard Bernstein proclamó: "Su tiempo ha llegado ya. Sólo después de cincuenta, sesenta, setenta años de holocaustos mundiales, de simultáneo avance de la democracia unido a nuestra creciente impotencia para eliminar las guerras, de magnificación de los nacionalismos y de intensiva resistencia a la igualdad social; sólo después de haber experimentado todo esto, podemos, finalmente, escuchar la música y entender lo que él había soñado ya. A través de los vapores de Auschwitz, de las junglas asoladas de Vietnam, de Hungría, de Suez, del asesinato de Dallas, de los procesos a Sinyavsky y Daniel, de la plaga del macarthysmo, de la carrera de armamentos, (...) sólo después de todo esto".

En el fondo, Bernstein intentó, sin conseguirlo, retomar el ritmo frenético de Mahler: dirigir durante la temporada y dedicar los veranos a componer. Su intensa vida social se lo impidió.
Finalizamos esta memoria de Mahler con el final -siempre nos acompañan las músicas con textos- de su Segunda Sinfonía, Resurrección con la London Philharmonic Orchestra dirigida por un extasiado Leonard Bernstein. Aquí está, concentrado, el pensamiento de Mahler.

Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Pérez de Arteaga, José Luis. Mahler. Ed. Antonio Machado, 2007.

#ViajedeOtoño: Una góndola en Venecia

Hay ciudades únicas, irrepetibles en su situación, su espacio, su concepto tanto arquitectónico como vital. Son ciudades a las que deseamos visitar, conocer y, a nuestra propia manera, poseer, cuando menos una vez en la vida.
De estas ciudades, Venecia emerge, como ella misma en su laguna, entre las primeras que nos vienen a la mente. Una ciudad de la que todos hemos oído hablar, con sus canales, su Plaza y Basílica de San Marcos, el Palacio Ducal o el Teatro La Fenice



En este #ViajedeOtoño te propongo seguir nuestro recorrido por ciudades y lugares adentrándonos en Venecia. Un viaje que nos acerca a la antigua Serenísima República desde distintas vistas, como si se tratara de postales encadenadas a nuestros sentimientos, nuestra razón y nuestros conocimientos de la mano de dos escritores Thomas Mann y Alejo Carpentier y los compositores Vivaldi y Offenbach.



Nos acercamos a Venecia con un libro, una pequeña novela de poco más de un cien páginas del autor alemán Thomas Mann. El escritor, que llenó la vida literaria alemana de la primera mitad del siglo XX con la influencia capital de obras como Los Buddenbrook, una narración que publicó a los 25 años sobre varias generaciones de una familia de comerciantes burgueses del norte del país, La montaña mágica o Doctor Faustus.





Con La muerte en Venecia, que se publicó en 1912, Mann se adentra en la vida del escritor Gustav Von Aschenbach quien, en busca de la inspiración perdida, viaja a Venecia. La peste que invade la ciudad sirve como un símbolo de la decadencia y el ocaso del escritor e, incluso, del desvanecimiento de todo un mundo y un orden internacional a pocos años del comienzo de la Gran Guerra.
En el primero de los textos de La muerte en Venecia Mann nos dibuja la llegada de Aschenbach a la ciudad.



Unas líneas más adelante, una vez desembarcado, nuestro protagonista se traslada al hotel en una góndola, pasaje en que el escritor alemán nos hace sentir por momentos que viajamos en la misma embarcación.


 La novela vivió un nuevo reconocimiento cuando Luchino Visconti la llevó al cine en 1971 en una película en la que modificó algunos datos. El protagonista de Muerte en Venecia, Aschenbach pasa de ser escritor a compositor, buscando el parecido físico entre el actor que lo encarnó, Dick Bogarde, y el compositor Gustav Mahler. También se hicieron coincidir datos biográficos como la muerte de una hija del protagonista y del músico. Una de las señas inconfundibles de esta película es la banda sonora, entre la que destaca el adagietto de la 5ª sinfonía de Mahler. En el siguiente enlace, una versión del movimiento con la dirección de Herbert von Karajan acompaña, no las imágenes del film, sino una visita por la ciudad de Venecia. Si lo deseas, puedes seguir esta pieza en la música de Muerte en Venecia en este enlace: Escena final.
Como anécdota sobre la película se cuenta que cuando oyeron la banda sonora de Muerte en Venecia, un productor de Hollywood propuso que buscaran al músico que la había compuesto y le hicieran un contrato para trabajar con ellos, sin saber que Mahler había fallecido bastantes años antes y no se había dedicado a componer música para el cine.



Otro texto nos acompaña en nuestro viaje por Venecia extraído de una obra del escritor Alejo Carpentier, cubano de adopción y filiación. Entre obras grandes y ambiciosas como El siglo de las luces o El recurso del método, Carpentier alterna con obras como Concierto Barroco, una novela exuberante, una especie de divertimento del autor en la que mezcla algunas de sus pasiones como el conocimiento de la historia y su afición por la música y su indudable gusto por el mestizaje. Narrada como signo de lo real-maravilloso, paralelo al realismo mágico latinoamericano, Concierto Barroco es una obrita que no llega al centenar de páginas con una estructura musical en la que, con la excusa del viaje para asistir en Venecia al estreno de la ópera Moctezuma de Vivaldi, aparecen por la novela el propio compositor y otros coetáneos como Haëndel o Scarlatti. En el texto siguiente, los protagonistas asisten al concierto que tan singulares músicos improvisan en el Ospedale della Pietá del que era compositor de cámara Antonio Vivaldi. El texto está escrito en forma de un tiempo de allegro que, por momentos, llega a ser delirante.



A pesar de ser universalmente conocido como autor de Las cuatro estaciones, una de las obras más representativas de la música barroca, Antonio Vivaldi (el "cura pelirrojo" con que nos amenizaba e introducía en el mundo de la música clásica el carismático Fernando Argenta), llegó a componer varias decenas de óperas de las que actualmente se tienen registradas más de cincuenta de ellas. Son obras que impulsaron el desarrollo de este género musical y al que le dieron un impulso para pasar de los escenarios dominados por la burguesía y los focos del poder económico al gusto popular y a todas las clases sociales, aumentando así el grupo de aficionados a tan completo espectáculo.
Aunque estrenada en Roma, Il Giustino es una ópera de argumento pretendidamente histórico que comienza con la coronación de Anastasio como emperador de Bizancio y su matrimonio con la emperatriz Arianna. Si te interesa, puedes seguir su argumento en el siguiente enlace: Il Giustino.
Bajo el argumento histórico palpitan las pasiones humanas como el amor, la lucha por el poder, el campesino que acaba ascendiendo gracias a su valor y llega a terminar poseyendo la mitad del reino.





De esta ópera que, aunque se estrenó en Roma, posee el más puro estilo veneciano de Vivaldi te enlazo con el aria Vedró con mio diletto interpretada por Philippe Jaroussky, un contratenor que triunfa en el mundo vocal y que se está convirtiendo en embajador de la música del barroco, por ser esta la época en que más obras se compusieron pensando en la voz de castrati. Su interpretación sorprende por su vocalización, su técnica y el gusto con que canta, lo que hace que en la actualidad, Jaroussky sea uno de los cantantes con mayor proyección y prestigio del panorama mundial.


Para terminar nuestro recorrido veneciano, te invito a oír una pieza que ya es un clásico en este blog. En Los cuentos de Hoffmann de Offenbach, el tercer acto (o segundo en algunas versiones), transcurre en un palacio de Venecia con la siguiente indicación del compositor: "En Venecia. Galería de fiestas en un palacio junto al gran Canal. Agua practicable al fondo para las góndolas. Balaustrada, escaleras, columnas lampadarios, arañas, cojines, flores. Puertas laterales en primer término; má lejos, puertas amplias o arcadas en chaflán, que conducen a otras galerías. Los invitados de Giulietta están agrupados de pie o tendidos sobre cojines. Cuadro brillante y animado".




Puedes seguir unas deliciosas versiones en el enlace de este blog en Perspectivas y sensaciones con Offenbach y Savattini.
La versión con la que finalizamos nuestro #ViajedeOtoño a Venecia pertenece a una puesta en escena llevada a cabo en el Royal Opera House del Covent Garden en 1980 en la que Agnes Baltsa interpretaba el papel de Giulietta y Claire Powell el de Niklausse.


Si te gusta... ¡Comparte!