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Quevedo en nuestro tiempo

El mes de septiembre viene marcado por dos fechas que nos recuerdan a uno de los escritores más grandes, creativos, ingeniosos e irreverentes de la mejor época de nuestra literatura: El Siglo de Oro
Francisco de Quevedo y Villegas nació en Madrid el 14 de septiembre de 1580 y falleció en Villanueva de los Infantes el 8 del mismo mes de 1645.
Contemporáneo de otros grandes de nuestro idioma como Lope de Vega, Luis de Góngora, el propio Cervantes o Calderón de la Barca, su vida y obra habrían sido distintas sin ellos y la rivalidad que los acompañó, en mayor medida con los dos citados en primer lugar.
Pese a la distancia en el tiempo entre la época en que vivió Quevedo y la nuestra, su forma de escribir, la acidez de sus letras, su inconformismo, la heterodoxia de sus publicaciones y la agresividad con que trató a muchos de sus colegas, nos muestran un panorama literario y social con similitudes al momento que vivimos con las redes sociales y la forma en que se establecen las relaciones y las reacciones, la banalidad y la agresividad o la acusación y la imposición. 
De esta forma, muchas de sus obras, que rondan alrededor de quinientos años desde que fueron publicadas, bien podrían pasar por haberse escrito en nuestra época.
Aprovechando que en septiembre se cumplen años del nacimiento y muerte de Francisco de Quevedo te propongo un recorrido por algunas de sus obras para recordar la modernidad y actualidad de su legado y su pensamiento. Nos acompañan músicas basadas en sus obras de Paco Ibáñez y Raquel Andueza y La Galanía. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Un escritor como Francisco de Quevedo no podía quedar fuera de este blog, en el que hemos incluido algunas publicaciones suyas en diversas ocasiones. 
Así, en Rivalidades artísticas: El siglo de Oro nos acercamos a algunos de los poemas que autores tan sobresalientes como los mencionados Cervantes, Lope de Vega, Góngora y el propio Quevedo escribieron, con mayor o menor dosis de humor y mala idea, contra los que consideraban sus rivales literarios. Nada que envidiar a las relaciones que observamos en algunos casos en las redes sociales hoy en día.
En Pájaros barrocos confluían poemas de Quevedo y Lope de Vega con una anécdota ornitológica y musical y músicas de Händel y Vivaldi de una exquisita musicalidad.
Por último, en Amores barrocos pudimos apreciar el sentido poético más lírico de Quevedo con uno de sus sonetos dedicado al amor (Es hielo abrasador, es fuego helado) junto con otro de Lope de Vega (Desmayarse, atreverse, estar furioso) y música, de nuevo, de Händel y Vivaldi.

Monumento a Quevedo de Agustín Querol en la Glorieta del mismo nombre (Madrid)
Sin entrar en más detalles sobre su vida y obra, comenzamos con un texto que nos muestra la vertiente más ácida e inteligente de su carácter literario. Se trata de la introducción a Discurso de todos los diablos o infierno emendado, una obra publicada en 1627 y que fue retirada poco después, quizás porque el censor divisó a algún conocido o a sí mismo en alguna de las imágenes de la obra.
En este opúsculo, Quevedo muestra a una serie de personajes históricos a los que muestra en presencia del diablo quien tiene que actuar como mediador en sus disputas y diatribas. Este libro, conocido también con el título de El entretenido, la dueña y el soplón muestra las dotes de Quevedo para la narración, el ensayo y la narración, para crear una suerte de tratado de ética y filosofía muy en su particular estilo. En el fondo, Quevedo muestra un cuadro de lo que pensaba de la sociedad de su época, con sus pasiones y sus vicios, y que también nos refleja a nuestro tiempo. Este Chiste a los bellacos y pícaros con quien hablo con que se inicia la obra bien puede estar dirigido a ti o a mí, ¿o quizás a quienes nos rodean? Tú verás.

Hijo de nobles y cortesanos -su padre era secretario de la princesa María y su madre su dama de honor-, quedó huérfano del primero con pocos años. Estudió en el Colegio Imperial, donde los jesuitas educaban a los hijos de la nobleza hasta que ingresó en la Universidad de Alcalá de Henares donde compartió estudios con al futuro Duque de Osuna que tanto lo ayudó y protegió más adelante. Allí, con una deformidad en los pies que le hacía cojear y una vista corta continuó configurando su carácter y comenzó a escribir sus primeros poemas.
El traslado de la corte de Felipe III a Valladolid y la muerte de su madre hizo que marchara a estudiar a su universidad, poniéndose al servicio del Duque de Lerma, valido del rey.

Grabado de Quevedo incluido en laedición de M. Quiñones (Madrid, 1635) de Epicteto y Phocilides en español con consonantes.
En Valladolid comenzó a crecer su fama como poeta, que continuó como traductor y literato mientras compaginaba su trabajo como secretario del Duque de Osuna, primero en las posesiones españolas de Italia, pocos años después en Madrid.
Su novela más conocida, El buscón (titulada originalmente Historia de la vida del buscón llamado don Pablos, exemplo de Vagamundos y espejo de Tacaños) es una obra que culmina el estilo picaresco evitando reflexiones morales en la que crea un relato satírico escueto y fluido en el que consigue una creación por el mero gusto literario.
Publicada en 1626, posiblemente fue escrita muchos años antes, quizás en los primeros años del siglo, bajo la influencia de El lazarillo de Tormes y El pícaro Guzmán de Alfarache. Frente a estos, Quevedo muestra en su obra el entramado entre el protagonista y el mundo en que se desenvuelve, degradando al personaje frente a la sociedad en que se mueve y evolucionando y enriqueciéndose la narración conforme se van sucediendo los capítulos.
Dividida en tres libros, nos quedamos en la compañía del relato en que el protagonista se pone al servicio de don Diego Coronel, el Dómine Cabra y lo que pasaron con él quienes le acompañaban. El lenguaje de Quevedo se muestra cargado de una cantidad de imágenes, dobles sentidos, sarcasmos y juegos de palabras que acercan al lector a la sonrisa, mientras se desarrolla el perfil psicológico de los personajes.


Portada de la edición original de El buscón (1626)


Si una obra como esta ha quedado como símbolo y reflejo de un estilo y un tiempo, los poemas de Quevedo se mueven entre muchos ámbitos y formas, de lo amoroso a lo crítico, pasando por la sátira y multitud de poemas jocosos, alcanzando algunos de ellos el derecho a la actualidad.
Casi con toda seguridad, uno de los primeros en poner música a su obra en el siglo XX fue el cantautor Paco Ibáñez. Activo en la actualidad -en este otoño sigue realizando conciertos- su primer disco, Paco Ibáñez, editado en 1964 donde puso música a poemas de Federico García Lorca y Luis de Góngora supuso su primera incursión en el poemario español. Fue en su segundo disco, Paco Ibáñez 2, publicado en 1967 donde incluyó canciones sobre poemas de autores contemporáneos como Rafael Alberti, Gabriel Celaya, Blas de Otero y Miguel Hernández, a los que acompañan obras de Góngora y Quevedo. Es en este disco donde encontramos uno de los poemas más conocidos de Quevedo, la que el escritor del Siglo de Oro denominó Letrilla satírica y que, muestra toda su vigencia.


La interpretación corresponde a un programa de La 2 de Televisión Española emitido en julio de 1991 donde Paco Ibáñez está acompañado por un casi nonagenario Rafael Alberti, quien, consciente de su error, recita a continuación su poema A don Luis de Góngora y Lagartijo, una obra muy en el estilo de los que se lanzaban unos poetas a otros otrora.


Además de El buscón, obra cumbre de la picaresca, y de los poemas que Quevedo compuso con diversa intención y finalidad, también fue prolífico en textos en prosa en los que destacan su agudeza, sarcasmo, crítica y la originalidad de sus planteamientos y forma de escribirlos, así como una gran dosis de intención de atacar a sus enemigos, fueran estos literarios o no.
Entre estos escritos destaca el libro Obras jocosas que aunque fue publicado por primera vez en 1631, cuando Quevedo pasaba de los cincuenta años, recoge textos cortos, punzantes y atrevidos que circularon durante años entre sus conocidos. Publicado como Obras jocosas o bien Obras festivas, el escritor las título en su primera edición Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio.
Este grupo de pequeñas obras muestra el sentido del humor, la desfachatez y la desbordante y fecunda imaginación de Quevedo, ofreciendo una sensación similar al que tenemos al leer a algunos columnistas de prensa. Escritos probablemente durante su época universitaria para leer en voz alta en las tertulias con los amigos, casi podemos percibir hoy en día el hecho de estar escritos para ser enfatizados y gesticulados frente a un público ansioso de sentir por momentos el lado cómico de la cotidianidad. 
Así, desfilan por ellos una variopinta cantidad de personajes que reflejan el espectro social de su tiempo: rameras y escritores de tres al cuarto, adúlteros y engañados, monjas y alguaciles, inocentes y pícaros. 
En el fondo estos escritos son parodias, burlescas copias de documentos oficiales, epístolas aduladoras o imitaciones sarcásticas y demoledoras de sesudos informes. 
Nos acompaña el comienzo de su Libro de todas las cosas y otras muchas más, un texto que se inicia con una fastuosa tabla de proposiciones que nos ofrecen consejos infalibles para solucionar diversos problemas de índole. En el escrito original, se encuentran en primer lugar las proposiciones, para luego mostrar las formas de lograr alcanzarlas. Me he permitido el cambio de ofrecer el consejo junto a cada propuesta.
¿Y si, siguiendo el sentido original de la obra, pruebas a leerlo en voz alta ante quienes de acompañan?





El valor literario de las obras del Siglo de Oro en general, y las de Quevedo, de forma particular, se refleja en muchas composiciones que han llegado hasta nuestros días.
La música que nos acompaña está basada en un poema titulado Carta de Escarramán a la Méndez. Se trata de una obra inscrita en el más amplio estilo picaresco. La jácara es un tipo de poema en forma de romance escrito en germanía, la jerga propia del hampa. En las jácaras se trata de rufianes y busconas, maleantes y hampones con un lenguaje que remite a esos términos propios de las germanías.
Alrededor de dieciséis jácaras se conocen de Quevedo, siendo esta Carta de Escarramán a la Méndez la más conocida de ellas y parece que fue escrita alrededor de 1611-12, alcanzando un gran éxito entre el público.
La música que nos acompaña cambia el título a Jácara de la trena en la versión que interpreta el grupo La Galanía con la voz cantante de Raquel Andueza, quienes nos han deleitado con sus músicas en este blog en algunas ocasiones.
El enlace, con una evidente intención pedagógica está sacado del canal de Youtube de Jaime CL (Música, Texto e Imagen) y nos ayuda a desvelar los dobles sentidos, los significados ocultos y la situación que el chulo Escarramán le escribe a su protegida a la Méndez.


En este recuerdo y homenaje a la figura de un escritor como Quevedo, del que no nos hemos entretenido en detallar sus peripecias vitales y su obra, nos quedamos con unas palabras en el mismo tono de las proposiciones y soluciones anteriores. El texto que nos acompaña a continuación se inscribe en ese tipo de obras que el autor escribía para ser leído entre amigos, en tertulias y francachelas, en el más puro estilo de Groucho Marx: «Nunca sería socio de un club que admitiera a socios como yo.»  Los caminos, estilos e ideas se cruzan e influyen.
Perteneciente también a ese grupo de opúsculos y textos variados que forman las diversas ediciones de sus Obras jocosas, en esta memoria habla de sí mismo con todo el humor, la ironía y la acidez propios de su estilo. Cuando Quevedo se critica, arremete y se mete con otros autores, ya lo ha hecho también consigo mismo, algo que dice mucho a su favor y que lo diferencia de este nuestro tiempo de críticas virulentas. 


Nos despedimos de Francisco de Quevedo y Villegas, un personaje que podría haber encajado en nuestro días desenvolviéndose con toda naturalidad y soltura con otro de sus poemas musicados por el cantautor valenciano.
Romance satírico es un irónico y despiadado poema con que Quevedo aconseja a una joven que va a casarse con un médico, arremetiendo con sus métodos, su eficacia, sus artes y su buen nombre. Demoledor.

Retrato de Quevedo atribuido a Juan van der Hamen. En el pasado siglo se atribuyó a Diego Velázquez
Perteneciente también a su disco Paco Ibáñez 2, escuchamos el audio de este Romance satírico quevedesco del que puedes seguir la letra para poder seguir mejor los argumentos del escritor, con esos juegos de la ironía, los dobles sentidos y la intención que caracteriza a una gran parte de su obra.

 

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Quevedo y Villegas, Francisco de. El buscón, Penguin Clásicos, 2015.
  • Quevedo y Villegas, Francisco de. Obras jocosas, versión Kindle.
  • Ibáñez, Paco. Paco Ibáñez 2, Sello A flor de tiempo, 2002.

Ojos que me miráis

Raquel Andueza, La Galanía y los ojos en el Barroco

¿Que sería de nosotros sin los ojos? Como órganos del sentido de la vista tienen una importancia sin igual, siendo, casi con toda seguridad, el que más configura nuestra forma de aprehender el mundo en el que nos desenvolvemos, de la misma forma que animales como los perros utilizan fundamentalmente el olfato.
Pero no solo tienen la importancia de observar aquello que nos rodea, las formas, los colores e incluso las distancias, sino que nos hacen sentir la belleza de lo que vemos, las proporciones, las gamas de colores o las formas que apreciamos.
Los ojos tienen una importancia afectiva capital en cuando nos transmiten las emociones, la forma de ser o incluso, podríamos decir, el alma de la persona a quien observamos. Sucumbimos ante el poder de una mirada en muchas ocasiones antes que a otro aspecto de las personas como la sonrisa o el carácter. Los ojos son como la puerta de entrada al interior de la persona.
Mas también se nos presentan como reflejo. Si el poder de los ojos y de una mirada nos atrae, cuando hay correspondencia en ellos la dicha se multiplica, de la misma forma que cuando esa mirada no tiene la respuesta esperada puede hacernos llevar a la desdicha.
Por su importancia, los ojos se han utilizado con mucha frecuencia en la literatura, siendo inabarcable la cantidad de referencias que hay en ellos. ¿Quién no recuerda algún poema o novela en que no aparezcan?
En esta entrada nos vamos a fijar en el periodo del Barroco, que se corresponde con el Siglo de Oro de nuestra literatura, el periodo más brillante de nuestro idioma por la cantidad y calidad de los autores que lo forman, así por los estilos y recursos literarios que utilizan. 
En esta entrada te propongo una mirada al poder de los ojos, y su importancia en cuanto que nos corresponden o no. Nos acompañan la voz y el sonido inconfundibles de Raquel Andueza & La Galanía y uno de los poemas más conocidos del periodo barroco. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 



Una de las voces más bellas y personales del panorama actual es la de Raquel Andueza. La soprano pamplonesa ha colaborado con algunos de las mejores agrupaciones relacionadas con la música antigua, especialmente la barroca como L'Arpeggiata, Al ayre español, la Orquesta Barroca de Sevilla, Orphénica Lyra o Hippocampus entre otras muchas. También ha colaborado con la mayoría de los directores que se mueven en este tipo de repertorio a nivel mundial: William Christie, Fabio Biondi, Christina Pluhar, Ottavio Dantone, Sir Colin Davis, Jacques Ogg o algunos más cercanos a nosotros como Pablo Heras-Casado o José Ramón Encinar.
En 2010 fundó junto con el tiorbista de Estepa (Sevilla) Jesús Fernández Baena el grupo La Galanía con el que se especializaron tanto en música barroca española como en la italiana del siglo XVII, un tipo de composiciones en los que la tiorba y la voz conforman un empaste muy especial. 
Su trabajo discográfico, Yo soy la locura recopila canciones del siglo XVII en español, la mayoría de nuestro país y algunas de otros lugares europeos, lo que demuestra la importancia de nuestra música de la época y las versiones que se llegaron a realizar de las mismas, algunas de ellas inéditas en disco hasta su grabación. Cuenta con la voz de Raquel Andueza, con Jesús Fernández Baena a la tiorba y Pierre Pitzl a la guitarra barroca.

La Galanía en una actuación en la Fundación March
José Marín fue un tenor y compositor español que vivió en el siglo XVII. Tras cantar en la capilla real de Felipe IV marchó a Roma (donde se ordenó sacerdote) y a las Indias para regresar de nuevo a España. Compuso el Cancionero de Marín, una obra que recogía medio centenar de Ayres o tonos humanos. Estos tonos humanos son obras para distintos conjuntos de voces, desde cuartetos a tríos, de dúos a solistas con temática de tipo no religiosa y basados, en esta ocasión, en temas populares. De vida turbulenta fue detenido por robo y homicidio, encadenado tras varios intentos de fuga y secularizado de sus órdenes. Tras el arrepentimiento de su vida delictiva le devolvieron las licencias religiosas, llevando una vida respetable hasta su muerte. 
Ojos, pues me desdeñáis, es una de las piezas con las que la obra de José Marín participa en Yo soy la locura.
Para este montaje que recoge la interpretación de Raquel Andueza con Fernández Baena y Pitzl comparto un montaje basado en pinturas de autores de la época como VelázquezCarreño de MirandaMurilloZurbarán o Claudio Coello entre otros con el denominador común de los ojos y las miradas con que nos acogen o desdeñan.


Como muchos autores de su época no tenemos la certeza del año de nacimiento de Gutierre de Cetina dudándose entre 1510 y 1520, aunque sí de su fallecimiento que sucedió en 1557 por herida de arma blanca, según consta en el Archivo General de Indias de Sevilla.
Natural de la capital andaluza, Cetina fue hijo de Beltrán de Cetina y Francisca del Castillo, nobles ricos y acomodados que fueron padres ocho hijos más, aunque no todos utilizaron este apellido, algo usual en la época.
Tras una juventud vivida en Sevilla, embarcó con las tropas del virrey de Sicilia donde comenzó una carrera militar que le hizo recorrer diversos países europeos, hasta volver a su ciudad de nacimiento, dentro del más puro estilo del soldado poeta como Garcilaso de la Vega. En 1547 embarcó hacia México con un familiar, volviendo en alguna ocasión hasta su accidentado fallecimiento.
Con el pseudónimo de Vandalio -Andaluz, según la etimología árabe: Al-Ándalus (tierra de los vándalos)- escribió versos a distintas enamoradas a lo largo de su vida a las que llamó Dórida, Laura y Amarillida. Uno de estos enamoramientos, en esta ocasión con la condesa Laura Gonzaga le inspiró uno de los poemas más representativos y editados de la época que forma parte de su Cancionero petrarquista, una obra que dedica a la mujer, según el estilo del poeta italiano.



Ojos claros, serenos quizás el poema más conocido de Cetina. Se trata de un madrigal que se mueve entre la tradición del cuatrocientos español y la poesía cortesana italiana y en el que se alternan versos heptasílabos con endecasílabos. 
La primera palabra -ojos- nos introduce directamente en el tema, ponderando en el segundo verso su dulzura e introduciendo una interrogación en el tercero a partir de una consideración negativa ligada a la mirada con ira. El primer verso se reproduce idéntico en el noveno, mientras el tercero se trata, a modo de conclusión en el décimo. Una sencilla estructura que justifica su éxito.



Tras la fundación de Raquel Andueza & La Galanía, un año después, en 2011, sacaron su primer disco en el sello discográfico que crearon para la ocasión Anima e Corpo . Yo soy la locura se convirtió en un éxito de ventas y críticas, consiguiendo el Premio Festclásica que otorga la Asociación Española de Festivales de Música Clásica.
A esta grabación se añaden otros discos como D'amore e Tormenti o In Paradiso con obras de autores italianos del XVII,  Alma mía con arias y cantatas de Antonio Cesti, Pegaso con la música de Tarquinio Merula, Yo soy la locura 2 donde siguen recopilando obras españolas del XVII, Miracolo d'Amore con piezas de ópera de Francesco Cavalli y la colaboración del contratenor Xavier Sabata. Con estas publicaciones y la participación en conciertos tanto en nuestro país como en distintos lugares de Europa y del mundo, Raquel Andueza & La Galanía son uno de los grupos que más investigan y divulgan la música del barroco español, italiano y, en cierta medida europea, de los siglos XVII y XVIII.


Robert Dowland, hijo del famoso laudista y compositor inglés John Dowland, publicó en Londres en 1610 A musicall banquet (Un banquete musical), una colección de piezas en la que recopiló una veintena de canciones de diversos autores europeos. Entre ellas se encuentra Vuestros ojos tienen d'amor no sé qué uno de esos Tonos humanos de carácter anónimo.
La última interpretación corresponde al mismo disco Yo soy la locura, así como a un montaje que utiliza imágenes de los mismos pintores de la obra anterior con el lujo de poder disfrutar de la interpretación a la tiorba de Fernández Baena y la guitarra barroca de Pierre Pitzl con la inigualable voz de la soprano Raquel Andueza.


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Webgrafía consultada:

Rivalidades artísticas: El Siglo de Oro

El diccionario de la Real Academia Española define el dualismo como "la creencia religiosa de pueblos antiguos, que consistía en considerar el universo como formado y mantenido por el concurso de dos principios igualmente necesarios y eternos, y por consiguiente independientes uno de otro". Esta creencia que se remonta a Zoroastro en la Persia del siglo VI a. de C. con Omuz, principio divino del bien y Ahrimán, del mal, continúa más adelante con el orfismo, el gnosticismo o el maniqueísmo e incluso alcanza hasta tiempos más cercanos con los conceptos taoístas del Yin y Yang.
La dualidad entre lo espiritual y lo material, entre la luz y la oscuridad o simplemente entre el bien y el mal son, en el fondo, reflejos de nuestra propia concepción de las ideas y reflejo del vocabulario que nos ayuda, por un lado a dar forma al mundo al imaginarlo y expandirlo cuando lo verbalizamos y, por otro lado, a reducirlo en cuanto que ese mismo lenguaje, en nuestras limitaciones, nos impide llegar a conocerlo mejor.
Consustancial a nosotros es ese dualismo con que nos enfrentamos a la existencia. La constante variedad de antónimos con que configuramos el mundo nos limita en cierto sentido: frío y calor, natural y artificial, luz y tinieblas, amigo y enemigo, lo mío como lo acertado y lo tuyo como lo erróneo determinan nuestra mirada en los extremos de ciertos conceptos que, con frecuencia nos llevan a posicionarnos en uno u otro lugar. 




Tomar partido en una discusión, optar por un participante en una competición deportiva, ante determinadas ideas políticas o sociales son opciones interesantes si utilizamos nuestras capacidades para argüir, aunque podemos encontrarnos en la opción opuesta: el haber tomado partido no nos permite buscar e imaginar nuevos argumentos, sino seguir el dictado de la opción a la que seguimos sin abrir nuestra mente a nuevos razonamientos que se salgan de la línea marcada.
Este acercamiento a una postura, a una ideología no se escapa al terreno de las artes. Siguiendo el lema del movimiento de la Secesión de Viena (Sezessionsstil) "Der Zeit ihre Kunst, der Kunst ihre Freiheit" (A cada tiempo su arte y a cada arte su libertad), cada periodo histórico, cada cultura e incluso cada país, han tenido movimientos artísticos que han sucedido a otros anteriores adaptándose a las sensibilidades del momento, las emergentes condiciones sociales y políticas o la aparición de alguna personalidad que abrió nuevos caminos de expresión.
Mas en determinadas circunstancias esta situación de cambio o preeminencia en el ámbito de las artes no se ha producido sólo por esos tipos de movimientos, sino que distintas personalidades han llevado sus ideas y principios artísticos, su forma de ver e interpretar el mundo más allá, llegándose a convertir en rivalidades personales.



No sólo en nuestro momento presente se llevan a cabo algunos extremismos en cuanto a gustos y aficiones con argumentos a favor de las descalificaciones, el improperio y la búsqueda de la humillación del rival más que en la defensa de los argumentos y valores propios. En otras épocas el carácter humano, las costumbres y, posiblemente el apasionamiento, el querer ver y que otros vean las cosas en forma de dicotomía, lo blanco y lo negro, lo amigo y lo enemigo o lo bueno y lo malo, sin apreciar el valor de los matices y las distintas gamas que toda posición o argumento poseen, ha llevado a límites la enemistad en conceptos sociales, políticos y artísticos.
En Rivalidades artísticas: Mozart y Salieri traía un acercamiento a la ¿supuesta? rivalidad entre los dos compositores y la tradición a través de la cual una historia sin mucho fundamento ha llegado a nuestro conocimiento, más por entrar en lo que para nuestra mente es posible que por serlo en realidad.
En esta entrada te acerco a una de las rivalidades artísticas más enconadas, la que tuvo lugar entre los escritores del Siglo de Oro de nuestra literatura. Escritores tan consagrados como Góngora, Quevedo o Lope de Vega entre otros se enzarzaron en disputas que comenzaron por lo estilístico entre cultistas y conceptistas y llegaron, en algunas ocasiones, a lo personal, junto con canciones de la época interpretadas por Raquel Andueza y La Galanía.
Aunque los mayores protagonistas de estos enfrentamientos fueron los poetas citados, Miguel de Cervantes también terció en la disputa posicionándose en el bando de Góngora. Quizás su afán de ser reconocido como poeta y cierta animadversión hacia la figura de Lope de Vega le hizo tomar partido.



Luís de Góngora, el mayor en edad, comenzó a escribir en lo que se llamó "la manera antigua", en un movimiento que tomaba su nombre de un término pictórico como el manierismo, aunque era, con mayor exactitud, petrarquista en un estilo que busca la brillantez y cierta imitación de los postulados de la poesía renacentista. Dedicaba mucho tiempo a la concepción y la métrica de sus poemas, llegando a estar horas hasta que algún verso quedaba a su gusto. Esta dedicación, el lujo del tiempo, condicionó su actitud ante la poesía, una de las bellezas de la vida, no comparable a ningún otro arte.



En su recorrido por España, la estancia en Valladolid donde se había instalado la corte tuvo como consecuencia, entre otras, que comenzara la relación con Lope de Vega, en la que quedó claro desde un primer momento la dificultad para entenderse. Góngora, una persona poco dada a la popularidad fácil, concentrado en su forma de trabajar chocaba con la fama y el carácter abierto y fácil de Lope, así como la facilidad con que componía.
La aparición en escena de un joven Quevedo, que bajo el pseudónimo de Miguel de Musa, parodiaba el estilo culto del poeta cordobés encendió los ánimos. No están muy claras las causas por la que comenzó este enfrentamiento entre Quevedo y Góngora, pero pudieron ser las ganas de hacerse un nombre atacando a un poeta ya consagrado. 


Tenemos un momento interesante en cuanto a la investigación e interpretación de músicas de entre el Renacimiento y el Siglo de Oro. Agrupaciones como La Galanía con la presencia de la soprano Raquel Andueza han hecho que la música del siglo XVII tanto de autores españoles como italianos, comience a sonar entre nosotros y sea alabada por los críticos y expertos de distintos países.
La personal voz de Raquel Andueza, el timbre, la intención con que interpreta, el estilo con que canta esas composiciones con su particular recitativo airoso que ayuda a transmitir los diversos estados de ánimo, los afetti musicali,, hacen que oírla sea una experiencia cercana y enriquecedora.



Buena parte de la música del siglo XVII se supeditaba al texto poético al que acompañaban. A Calderón de la Barca se atribuyen las primeras composiciones escénicas para ser cantadas que se realizaron en nuestro país. De su obra Fortunas de Andrómeda y Perseo y con música atribuida a Juan Hidalgo es esta Ya no le puedo pedir que la voz de Raquel Andueza interpreta con su particular e inconfundible estilo acompañada por La Galanía, con Jesús Fernández Baena a la tiorba, Alfredo Barrales en la viola da gamba y Manuel Vilas al arpa.


Los tres escritores coincidieron viviendo en el Barrio de las Letras de Madrid, donde se cuenta que solían decirse versos hirientes por la calle. El más lamentable de los incidentes ocurrió cuando Quevedo compró la casa que Góngora tenía en la calle Cantarranas por las deudas que el cordobés acumulaba. En pleno invierno de 1625 lo desahució al no poderle pagar el alquiler que le correspondía. 




Previo a este acontecimiento, ambos escritores se enzarzaron en una serie de poemas en que se iban atacando utilizando el ingenio, adornando los insultos con ingenio, en algunas ocasiones poco entendibles, especialmente para los lectores de nuestro tiempo. 
Góngora consideraba en estos escritos a Quevedo como un simplón ignorante que desconocía el griego que quería traducir y un empedernido bebedor de vino en antros y tabernas, llegando a referirse a él como "Francisco de Quebebo"



Figuras retóricas como las metáforas rebuscadas, el hipérbaton desbordado o los latinismos continuos hicieron que la poesía de Góngora se convirtiera en un campo enrevesado al alcance de lectores elitistas. Con el tiempo se reconocerá el valor de la obra por poetas de la talla de Baudelaire.
Mas la relación entre Lope y Góngora, como se ha citado antes, no resultaba fácil. El primero veía cómo la obra del poeta cordobés le producía irritación por lo enrevesado de los contenidos y textos, a la vez que respeto, por lo que no se atrevía a indisponerse contra su persona, sino que lo hacía de forma indirecta contra sus seguidores.






Góngora, por su parte, achacaba al dramaturgo su excesiva popularidad y una poesía fácil, ligera, simple en algunos momentos.



Una parte fundamental de la interpretación de los temas que lleva en su repertorio La Galanía se basa en la preponderancia del texto, la historia que muestra los sentimientos sobre la música. En palabras de Raquel Andueza, "cuando tienes una letra en español debe entenderse lo que cantas, aunque eso suponga hipotecar un poco la belleza de la voz".
Con discos como Miracolo d'amore, Yo soy la locura (1 y 2), Pegaso, Alma mía, In Paradiso o Dàmore e tormenti, La Galanía se ha creado un nombre en el panorama nacional e internacional de la música especializada en el siglo XVII con algunas incursiones en repertorios anteriores.
Anónimo del siglo XVII, Vuestros ojos tienen d'amor no sé qué representa una muestra de la música del Barroco y este estilo interpretativo de La Galanía con la inconfundible voz de Raquel Andueza.



Quevedo
atacó a Góngora como clérigo huraño, amigo de los juegos de azar (con los que llegó a contraer las citadas deudas) y, lo que en aquella época era la peor de las acusaciones: de judío. Prueba de ello es el famoso soneto que dedicó a la característica más caricaturesca por la que eran conocidos, la nariz prominente, así como las alusiones al personaje bíblico de Anás, el sumo sacerdote judío que condenó a Jesús, además de las vertidas en otros poemas anteriores como el huir del tocino, producto obtenido del cerdo.

Finalizamos este acercamiento a la rivalidad artística entre los grandes poetas de nuestro Siglo de Oro de las letras con el que es posiblemente el más conocido de los poemas.



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