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Esta obra es un... ¡escándalo!

A lo largo del tiempo algunas obras de arte han tenido dificultades para ver la luz del público, siendo perseguidas o prohibidas por diversas razones. Los primeros casos de censura de obras literarias se remontan a las antiguas Grecia y Roma donde el poder, sobre todo de algunos emperadores, controlaba la difusión de ideas que pudieran oponerse a las dominantes. Más adelante se creó el Índice de libros prohibidos, un mecanismo creado por la Inquisición en el que se incluían obras que iban contra la doctrina. A partir de esta situación, se han multiplicado en distintos regímenes y sistemas de gobierno las instituciones que determinaban la censura de libros y otros tipos de obras de arte como películas.
Temas como la ideología, la identidad racial, la religión o la sexualidad han sido los más señalados como censurables en estos distintos gobiernos. 
Pero en otras ocasiones no ha sido solo esta censura, cada vez más extendida en la actualidad en muchos países, la que ha suscitado el rechazo. Leer, ver una película, escuchar una obra musical o apreciar un cuadro o una escultura nos sirven para afirmar nuestros juicios o a confrontar puntos de vista e ideas diferentes a los nuestros que nos ayudan a desarrollar nuestro pensamiento crítico.
De esta forma, hay una serie de obras de arte que causaron grandes escándalos en su momento, no por las razones de censura antedichas, sino porque supusieron la aparición de un pensamiento muy avanzado para su época, por una estructura formal divergente con las predominantes o porque no se amoldaban a las ideas y gustos sociales convencionales en el momento de su aparición.
Muchas de las obras que causaron algún tipo de escándalo en su momento no han pasado el filtro del tiempo y han quedado relegados al olvido, por lo que su fuerza consistió más en el escándalo que provocaron que por su valor intrínseco. 
En esta publicación no voy a tratar de obras que fueron prohibidas por razones de sexualidad, ideología o religión, sino de libros y músicas que en su tiempo causaron escándalos en sus estrenos y actualmente son reconocidas como obras importantes y admitidas en los circulitos literarios y musicales gracias a su valor. Son muchas las obras que cumplen estas condiciones, por lo que en esta publicación me centraré en cuatro de ellas. Quizás en otro momento vengan algunas más.
Te propongo acercarte a libros y obras musicales que en su momento causaron algún tipo de escándalo y hoy tienen una aceptación como obras maestras. Nos acompañan obras de Zweig, Stravinsky, Flaubert, Schönberg, Joyce, Fernando Argenta y Alex Ross. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!  


Antes de comenzar con la primera obra que causó escándalo te invito a fijar la mirada en un tiempo convulso, tanto quizás como el momento en que vivimos, los primeros años del pasado siglo XX. Dos de las obras que causaron escándalo vieron la luz en 1913, mientras que otra lo hizo unos años más tarde y la primera de ellas en el tiempo fue una suerte de precursora de lo que ocurriría con las siguientes años más tardes.
Este ambiente de cambio del tiempo de los grandes imperios europeos con sus colonias que se resistían a desaparecer, iba en paralelo con la cultura. Algunos jóvenes buscaban autores y obras nuevos que mostraran el tiempo del presente y del futuro, alejado de las obras que perpetuaban el mundo que estaba tocando a su fin y que pertenecían a sus antecesores.
En este sentido, uno de los autores más importantes de aquella época -y quizás demasiado olvidado actualmente- nos dejó uno de los más grandes retratos de su tiempo. En Die Welt von Gestern (El mundo de ayer), Stefan Zweig echa su mirada atrás para ofrecernos uno de los más certeros y conmovedores testimonios de ese tiempo.
Desarraigado, exiliado en Petrópolis (Brasil), donde acabaría con su vida en ese mismo 1942, Zweig nos muestra el inmenso caleidoscopio de un imperio y un mundo que estaban llegando, irremisiblemente, a su fin en el que propia vida corre en paralelo con la de ese mundo.

Edificio de la Secesión de Viena en una postal de 1901
El texto que he seleccionado se refiere a esa búsqueda constante que su generación hacía del pensamiento y las obras nuevos que reflejaran un mundo distinto del de sus padres, en el que ellos se sintieran protagonistas. Centra su reflexión en ese olfato y el instinto que les hacían buscar autores que rompían los moldes establecidos con unas obras nuevas y frescas.


El año 1913 está repleto de escándalos musicales y refleja ese tiempo que nos acaba de mostrar Zweig, estando el propio escritor presente como acabas de leer en alguno de ellos como el primero que nos acompaña.
El último día de marzo se celebró en la sala del Musikverein de Viena un concierto que acabó en un escándalo tal que hubo peleas entre el público, no pudo finalizar y algunos de sus protagonistas acabaron en pleitos ante el juez.
En esa velada se interpretaban algunas piezas relacionadas con el incipiente dodecafonismo y atonalismo de Arnold Schönberg y algunos de sus discípulos, combinadas con obras de diversos autores de comienzos del siglo. La mezcla de piezas que se basaba en el estilo que promovía esa escala musical a cargo de Schönberg, Berg o Webern provocó el alboroto entre adeptos y adversarios tan furibundos en ambos bandos.


En su monumental obra El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música, Alex Ross nos recrea cómo se desarrolló aquella sesión que fue conocida como Skandalkonzert (Concierto escándalo) por, entre otros, el diario Die Zelt. ¿Piensas que tiene alguna relación con nuestro tiempo?

Antes de que llegaran los altercados del público con la canción de Alban Berg, se había interpretado la Kammersymphonie (Sinfonía de cámara), nº 1, Op. 9 de Arnold Schönberg, el creador y aglutinador del dodecafonismo. 

Caricatura del Skandalkonzert publicada el 6 de abril de 1913 en el diario Die Zelt
Te acompaña el quinto y último movimiento, Recapitulación y Final en una versión de la Berlin Philharmonic Orchestra dirigida por Giuseppe Sinopoli para un disco de la Deutsche Grammophon GmbH, editado en 1982 en Berlín.


En el fondo, estos movimientos que provocaban escándalos con nuevas obras tanto musicales como literarias o de cualquier otro tipo de artes había tenido su inicio medio siglo antes. 
Entre el 1 de octubre y el 15 de diciembre de 1856 aparecieron en La Revue de Paris los fascículos de Madame Bovary: Moeurs de province (Costumbres de provincias). Alejada de la capital y sus costumbres cosmopolitas, el desarrollo en una localidad de provincias provocó que en enero el fiscal Ernest Picard citara a su autor para que rebajara el contenido de las escenas sexuales antes de editar el libro, ya que publicar era un ejercicio que debía favorecer los buenos usos y la moral. Gustave Flaubert se negó a que la ley marcara el comportamiento de su personaje y fue llevado a juicio por ofender las costumbres morales y religiosas de la sociedad.


Su abogado, Jules Senard arguyó que la novela no ensalzaba el adulterio, sino que lo ponía en escena para sacar a relucir qué mostraba y qué decía de la sociedad. También planteaba si se puede juzgar al arte y a los personajes de una novela. El fiscal esgrimió la idea del crimen ideológico y del daño que las letras podían hacer a la moral.
Finalmente, los jueces desestimaron el caso y aceptaron la publicación del libro, consideran que, si bien algunas escenas podían provocar escándalos, la novela no era obscena ni corrupta. Algunos estudios apuntan que fueron las presiones de Napoleón III las que inclinaron la balanza a favor de la novela, ya que no quería arriesgar que tuviera problemas en las siguientes elecciones.

Portada de la primera edición de Madame Bovary (1857)
De todas formas, lo que escandalizó al fiscal, una mujer que luchaba por su pasión, sus anhelos y deseos frente a la insatisfacción y la rutina de la vida de provincias, fue lo que ha convertido esta obra en un clásico: Sacar a la luz la realidad en la que vivían las mujeres a las que se les otorgaban menos capacidad a sus deseos, sueños y ambiciones que a los hombres, para lograr que esta obra fuese uno de los primeros pasos para su liberación.


De nuevo te invito a volver a 1913, en esta ocasión dos meses más tarde, el 29 de mayo en el Théatre des Champs - Élysées de París durante el estreno del ballet La Consagración de la Primavera de Igor Stravinsky con coreografía de Nijinsky y los Ballets Rusos de Diaghilev. El escándalo fue aún mayor que el del Musikverein de Viena y ha pasado a formar parte de la historia de la música.
Te sugiero que busques un momento para acercarte a conocer cómo se desarrolló con todo lujo de detalles en la publicación que realicé con motivo del cincuentenario del fallecimiento del compositor en 50 años de la muerte de Stravinsky: La consagración.

Vestuario original de Nicolás Roerich para La consagración de la primavera (1913)
Uno de los divulgadores que nos ayudó a muchos a acercarnos a este fascinante mundo de la música clásica, Fernando Argenta, nos acerca a la figura de Igor Stravinsky y el papel que desarrolló en la música del siglo XX con su libro Pequeña historia de la música.


Para mostrar el escándalo que supuso este ballet sirvan estos dos argumentos: La consagración de la primavera es una obra que ha pasado a formar parte del repertorio habitual en los grandes escenarios sin que suponga ningún tipo de escándalo. Además, se suele interpretar también en versión orquestal, por lo que no se aprecia la fuerza violenta y el primitivismo que el autor mostraba en su obra.

Decorado de Nicolás Roerich para el estreno de La consagración de la primavera 
El vídeo que te acompaña es una recreación del Joffrey Ballet de la coreografía original de Vaslav Nijinsky. Se trata de la última escena, la del sacrificio de la joven, la Danse sacrale, en que la muchacha elegida baila hasta caer muerta. La estructura de la música y los movimientos primitivos, brutales y tan alejados de los ballets de su época nos acercan al tiempo en que se estrenó la obra.  


El último texto que viene en esta publicación sobre obras que causaron escándalos en su estreno corresponde a unos años más tarde. 
En 1920, dos años antes de publicarse como novela, The Little Review, una revista estadounidense publicó algunos pasajes del Ulysses de James Joyce. Algunos lectores se ofendieron por algunos pasajes que consideraban obscenos, por lo que acabaron llevando la obra a un juicio que finalizó con una multa a la editorial, la orden de no publicar el libro en Estados Unidos ni el Reino Unido. La propietaria de Shakespeare and Co. en París, Sylvia Beach se hizo cargo de publicar la novela en 1922, pero ésta no fue distribuida en el país norteamericano hasta 1934, tras un nuevo juicio que anuló la sentencia anterior. Hasta entonces, todas las copias que detectaban entrando en el país era requisadas y quemadas por el Servicio Postal norteamericano.
El Ulysses es un libro complejo, plagado de símbolos en el que Joyce no deja indemne a las instituciones de su país como la Iglesia y el Estado a través de una recomposición y reformulación de la Odisea. El libro relata la vida de Leopold Blomm, su esposa Molly y el joven Stephen Dedalus en Dublín durante un día, el jueves 4 de junio de 1904.


La complejidad de la novela proviene de su extensión, de la enorme cantidad de referencias, símbolos, elementos y recursos literarios que transitan por el libro. El propio autor llegó a escribir a uno de sus amigos: 

«En vista del enorme volumen y de la más que enorme complejidad de mi maldita novela-monstruo es mejor mandar... una especie de resumen-clave-esqueleto-esquema (para uso doméstico solamente)...»

Cada capítulo hace referencia a una hora, un color, personajes de la Odisea, un tipo de técnica de escritura, una ciencia o arte, un sentido, un órgano y un símbolo. Con estos elementos, tanto la complejidad como la belleza e interés del texto están garantizados. Hace muchos años lo leí -con una perspectiva diferente a cómo lo haría ahora- en la versión  traducida y comentada de José María Valverde.
Para finalizar esta publicación sobre obras que causaron escándalo en su estreno o publicación te acerco a algunos extractos del capítulo 7, que transcurre de 12 a 1 del mediodía. Se desarrolla en el edificio del periódico Freeman's Journal and National Press y desarrolla el relato en forma de epígrafes que imitan titulares de prensa, algunos de ellos tomados de números de la época de la citada revista. 


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Todo comenzó con un sueño

La inspiración y la creatividad no tienen límites. Muchas obras de arte de todo tipo han surgido inspiradas por multitud de motivos: Un suceso o un acontecimiento histórico, un viaje, la naturaleza, experiencias propias o ajenas e incluso la contemplación de una obra de arte, pueden servir como fuentes de inspiración para la creación de nuevas obras.
A esta inspiración le suele seguir un trabajo arduo y duro que desarrolla esa idea inicial, basado en el conocimiento de técnicas o métodos relacionados con la disciplina artística de la que se trate. Sin ese trabajo y ese conocimiento del oficio es difícil desarrollar las obras o, al menos, realizarlas siguiendo unas pautas para su desarrollo. Otro tema es romper esas guías establecidas para abrir nuevos caminos a la creación.
Quizás los sueños sean una de las más antiguas manifestaciones relacionadas con la literatura. La realidad nos ofrece diversos puntos de vista, pero los sueños nos acercan de una forma más visceral y enigmática, asociada a nuestro subconsciente, a nuestros sentimientos, miedos y deseos.
En su prólogo a Libro de sueños, Jorge Luis Borges asocia y relaciona los sueños con la noche y, en cierto modo, la creación con el día. De la penumbra de la oscuridad asciende la obra a la luz del día. «El arte de la noche ha ido penetrando en el arte del día».
Podemos afirmar que son cientos las obras que han sido inspiradas por un sueño a lo largo del tiempo. Bien porque quien las creó simplemente las soñó; bien porque su subconsciente las fue madurando hasta hacerlas aflorar, o bien porque un trauma, una emergencia o una necesidad creativa las hizo salir a la luz a través de un sueño.
En esta publicación nos centraremos en algunas obras que surgieron gracias a un sueño que tuvieron sus autores. No nos centraremos en las obras en sí mismas, sino en cómo los propios autores o quienes los conocieron hablaron de las manera en las que surgieron en un sueño que les sirvió de inspiración.
Te propongo acercarte a algunas de las muchas obras que surgieron gracias a un sueño. Nos acompañan obras de Robert L. Stevenson, Coleridge, Mary Shelley, Stravinsky y Héctor Berlioz. Si te gusta...¡Comparte comenta, sugiere!


«La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando» es una frase que se atribuye a Picasso. Todo ese trabajo posterior al momento en que se tiene una idea es fundamental, pero en esta publicación nos centraremos en ese momento en que se produce la inspiración dictada por un sueño.
Publicada en 1886, The strange case of Dr. Jekyll and Mr, Hyde (El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde) fue el libro de Robert Louis Stevenson con el que consiguió alcanzar el éxito entre el público general, tras sus primeros triunfos obtenidos entre el público más joven varios años antes con La isla del tesoro.
Durante gran parte de su vida Stevenson estuvo interesado en temas relacionados con el subconsciente y con la dualidad o la existencia de dos caracteres diferentes dentro de una misma personalidad. Según su esposa, fue un artículo que leyó en una revista francesa lo que le había impresionado por aquella fecha y sirvió de motivación para buscar el tema para su novela. El sueño sirvió como desencadenante.




En El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, con traducción y prólogo de Juan Antonio Molina Foix, éste dedica parte del mismo a relatar cómo fue el sueño y el trabajo posterior a partir de palabras del propio escritor, su esposa Fanny y algunos allegados.
La pesadilla de la que lo despertó ésta, el escrito que realizó de forma inmediata, su destrucción, así como la nueva redacción que realizó más adelante son narrados en el prólogo de esta edición.


La obra que sirvió para consagrar la figura de Igor Stravinsky como uno de los grandes transgresores y genios musicales del siglo XX fue La sacré du printemps (La consagración de la primavera), una obra que supuso uno de los grandes escándalos de la música de comienzos del pasado siglo en su estreno en París el 29 de mayo de 1913.
Cuando se estrenó La Consagración Stravinsky ya había triunfado en el mundo occidental gracias a los Ballets Rusos de Serguéi Diágilev con obras como El pájaro de fuego o Petrushka.
Este ballet surgió también de un sueño al que el compositor ruso supo darle la entidad a partir de sus ideas y la utilización totalmente transgresora de aspectos como el ritmo, la melodía y su superposición en armonías que se apartan de las tonalidades clásicas utilizadas hasta entonces y una orquestación totalmente inusual. 
En el artículo Stravinsky y Carpentier: «La consagración de la primavera», Paco Tovar analiza las obras homónimas de ambos autores, centrándonos en el extracto que nos acompaña en el sueño que originó la obra musical durante la estancia de Stravinsky en San Petersburgo, la búsqueda de la complicidad del polifacético pintor Nikolái Roerich -quien sería el autor de los decorados para el estreno del ballet-, además de centrarnos en el sacrificio de la segunda parte de la obra que comienza con el baile de las muchachas con las indicaciones de tempo que se incluyen en la partitura.


La consagración de la primavera se divide en dos partes: En la primera, titulada Adoración de la tierra, Stravinsky presenta tras la introducción con el fagot en falsete y las melodías que se entretejen a modo de vegetación en una disonancia cada vez más acentuada, la danza de las adolescentes (Augurios primaverales) a la que siguen el juego del rapto, las rondas primaverales, el juego entre las tribus rivales y el cortejo del sabio, para finalizar con la adoración y la danza de la tierra.


Es en la segunda parte, El sacrificio, donde tuvo el sueño Stravinsky. Tras una introducción se suceden diversas secciones: los círculos misteriosos de las adolescentes, la glorificación de la elegida, una evocación a los antepasados, para llegar al clímax con la acción ritual de los antepasados y la danza sagrada que baila la elegida hasta la extenuación en un rito tan ancestral como salvaje.
El enlace nos muestra una recreación de la coreografía original de Nijinsky que se estrenó en mayo de 1913 en el Théâtre des Champs Elysées realizada por el Joffrey Ballet.


Muchas son las obras que han sido inspiradas por un sueño como Los mitos de Cthulhu de H. P. Lovecraft, el cuento Ragnarök de Borges que incluye en su recopilación de relatos Libro de sueños, Casa tomada de Cortázar o algunas obras de Edgar Allan Poe como Un sueño dentro de un sueño o El país de los sueños.
Mucho menos conocido que Stevenson, una de las obras de Samuel Taylor Coleridge también participa de su nacimiento dentro de un sueño.
Coleridge (1772-1834), uno de las voces más intensas y breves del primer romanticismo inglés, muestra en su obra las tensiones éticas y filosóficas del finales del XVIII.


Autor de poemas cargados de una musicalidad particular, entre sus obras destaca Lyrical Balads (Baladas líricas) entre las que se encuentra su poema más representativo, Balada del viejo marinero.
Kubla Khan es un poema inconcluso comenzado en 1798 a raíz de un sueño y que se ambienta en un oriente lejano cargado de ritos mágicos y el palacio de Xanadu del emperador de China.
El propio Coleridge lo narra, con un lenguaje enrevesado que no muestra en ocasiones si habla de sí mismo o de una tercera persona lo vívido e intenso que fue el sueño y las consecuencias que le produjeron al despertarse y ponerse a trabajar.


Hay un momento en el sueño, especialmente cuando este es intenso y vívido en que se diluye la sensación de si se está ante un sueño o la realidad. 
Estos términos los reflejó con una imagen casi filosófica y muy especial el filósofo taoísta Chuang Tzu en el siglo V antes de nuestra era.


Esos sueños o ensoñaciones vienen también reflejados en obras musicales como la Sinfonía fantástica de Héctor Berlioz.
Subtitulada Episodio de la vida de un artista (Op.14), la Sinfonía fantástica está considerada la primera obra de música programática cuyos cinco movimientos -algo inusual en la época, ya que solían tener cuatro- tienen títulos explícitamente descriptivos: Sueños y pasiones, Un baile, Escena en el campo, Marcha al suplicio y Sueño de una noche de aquelarre.
La sinfonía se estrenó en el Conservatorio de París en diciembre de 1830 con una orquesta contratada por el propio autor. Para su composición se basó en las obras literarias de Chateaubriand, especialmente en René, una obra autobiográfica que describe a un artista enamorado como el propio Berlioz. También se basó en su historia personal con la actriz inglesa Harriet Smithson de quien se había enamorado de forma compulsiva en un amor no correspondido.


Aunque no se trata estrictamente de una obra basada en un sueño, el juego en el que el protagonista sueña con su enamorada y cómo este amor se va transformando con el paso del tiempo hasta concluir en un aquelarre en la noche de San Juan participa de esta mirada a los sueños como fuentes de inspiración que nos acompañan en esta publicación.
El texto que viene a continuación está extraído de la página web de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil) y recoge, en un primer momento, las palabras con que el propio compositor se refiere al propósito de su obra y, en un segundo momento describe el momento en que el protagonista sueña en el último movimiento (Sueño de una noche o sábado de aquelarre con brujas) en cómo su apasionado y romántico amor se ha ido transformando hasta encontrarse en la situación en que se haya.
 

La interpretación de este quinto y último movimiento de la Sinfonía Fantástica de Berlioz es una versión que podemos considerar histórica con un ya maduro pero siempre eficaz Leonard Bernstein dirigiendo a la Orchestre National de France en una grabación en directo que se realizó en París en 1976.


El último de los sueños inspiradores que nos acompaña es quizás el más famoso y conocido de todos.
Frankenstein o el moderno Prometeo marcó un hito y un nuevo rumbo dentro del relato de terror y la ciencia ficción, además de crear un personaje y un mito reconocible en la cultura occidental. Escrita como un reto entre un grupo de amigos en la casa Villa Diodati en Suiza de la que tratamos en 1816, el año sin verano. Allí, con la compañía de su pareja Percy Shelley, con quien se había fugado, Lord Byron y el médico de este, Polidori, Mary Shelley contribuyó más que nadie a su parte del reto, con tan solo 18 años la que sería su obra más conocida.
En este caso es la propia autora la que escribió en el prólogo de la edición de 1831 la génesis de su aterrador relato.



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Bibliografía y webgrafía consultadas:

50 años de la muerte de Stravinsky: La Consagración

Hay ocasiones en que nos cuesta situar en el tiempo algún acontecimiento o algún personaje que han marcado un cambio en la historia. A comienzos del siglo XX un compositor ruso, Igor Stravinsky revolucionaba el mundo de la música, en la misma época en que Picasso, Braque o Kandinsky lo hacían con la pintura o Debussy o Schönberg hacían lo propio con el arte de emocionarnos al combinar los sonidos.
Después de esos años en que Stravinsky cambió el rumbo de la música, aún siguió casi sesenta años más buscando, componiendo y evolucionando, pero sobre todo, luchando contra esa etiqueta que lo había señalado y marcado de por vida. Casi es difícil de hacernos a la idea de que en 2021 se cumplen solo cincuenta años del fallecimiento de uno de los compositores que más aportaron al nuevo camino que la música siguió en el siglo XX. 
El 6 de abril de 1971 fallecía Igor Stravinsky en Nueva York con ochenta y ocho años de edad, siendo enterrado en Venecia, cerca de la tumba de uno de sus antiguos colaboradores, el alma mater de los Ballets Rusos, Diaghilev.
En esta publicación te propongo un viaje al momento en que Stravinsky se convirtió en un símbolo del cambio que la música -y las artes, en general- buscaba al comienzo del siglo XX con el estreno de La Consagración de la primavera, uno de los más agitados y que más escándalos provocó a lo largo de todo el siglo. 

Dibujo de Stravinsky por Picasso (1920)

Nacido en 1882, Igor Fiódorovich Stravinsky es una de las figuras claves de la música del siglo XX, de la misma forma que Picasso, James Joyce o Rodin fueron determinantes en sus especialidades.
Con apenas treinta años había dejado una serie de obras maestras que revolucionaron el panorama musical en unos años convulsos donde el público se mostraba activo y beligerante ante las obras que eran tanto de su aprobación como de su reprobación. Con los avances de los medios de comunicación y de transporte, su figura se hizo grande, conocida y reconocida en todo el mundo, su rostro se hizo popular, sus obras llegaron a todos los lugares importantes y el compositor se convirtió en un personaje, una suerte de icono de la modernidad. El pájaro de fuego, Petruska y La Consagración de la primavera le habían dado un nombre y habían puesto el listón muy alto para seguir componiendo y revolucionando el panorama artístico.
Mas Stravinsky no tenía intención de repetir la fórmula hasta que se le agotara el crédito que había alcanzado, así que optó por centrarse en obras con miradas menos ambiciosas. Es posible que de la enorme repercusión de La Consagración le quedara algún resquemor, pese al enorme éxito y popularidad que le aportó. 
Su siguiente gran proyecto, Les noces (Las bodas) estuvo aparcado varios años, en un proceso que lo llenó de dudas e incertidumbres en cuanto a la forma o el tipo de agrupación para la que compondría. La obra acabó como un ballet aunque es también una pieza de concierto, con coros que entraban repentinamente, solos vocales que hablaban como invocaciones, personajes que están todo el tiempo en escena aunque se desentiendan de lo que allí ocurre como si no estuviesen, con ese halo primigenio que atraviesa medularmente La Consagración.
Después vinieron La historia de un soldado, una metáfora sobre un soldado, un violín y el diablo, Pulcinella, con la que comienza su periodo neoclásico o La Sinfonía de los Salmos, una de las obras religiosas más impresionantes de todo el siglo.
También se adentró en el mundo de la ópera con obras como Le rosignol (El ruiseñor) un cuento lírico ruso según el relato de Hans Christian Andersen, Edipus Rex (Edipo rey), una ópera-oratorio sobre la obra de Sófocles, Perséphone, una ópera-ballet-oratorio en colaboración con André Guide o The rake's progress (La carrera del libertino) basada en la serie de grabados y pinturas homónimas que William Hogarth realizó en 1735.

Dibujos y pentagramas para la Danza sagrada de La consagración de la primavera

El estreno de La Consagración de la primavera significó la confirmación definitiva de Stravinsky como uno de los grandes genios que iba a revolucionar el mundo artístico. Esta obra y otras como Pierrot Lunaire de Schöenberg protagonizaron los estrenos más escandalosos y tumultuosos de los primeros años del siglo. 
En El ruido eterno, Alex Ross, crítico musical de The New Yorker, reconstruye y recrea cómo fue el estreno de La Consagración de la primavera y lo que supuso para la historia de la música.


La Sacré, como se conoce en francés desde su estreno, comienza la introducción con esa melodía inquietante del fagot, uno de los temas folclóricos que Stravinsky nos deja sonar completo, creando un ambiente que nos evoca el despertar de un bosque al amanecer. Los instrumentos van incorporándose poco a poco con melodías que se entrecruzan y superponen como animales que despiertan de la noche y el letargo invernal. Los violines entran con una nueva idea musical dando entrada a las maderas hasta que la orquesta entra en juego. 
El fagot reexpone su tema y un pizzicato de las cuerdas indica el momento de levantar el telón.
La Orquesta y Ballet del Teatro Mariinski de San Petesburgo nos acerca a la introducción de esta obra con la dirección musical de Valery Gergiev.


Stravinsky nació en Oranienbaum, una localidad cercana a San Petersburgo, procedente de una familia de aristócratas terratenientes e hijo de un famoso barítono del teatro Mariinski, una persona fría y estricta. Estudió piano, aunque sin mostrar una inclinación hacia la música hasta el fallecimiento de su padre. Se licenció en Derecho y Filosofía mientras estudiaba composición con Rimsky-Korsakov, con quien logró desarrollar su enorme imaginación para el color instrumental, que más tarde afianzaría con Debussy y Ravel
Tras algunas primeras obras como Scherzo fantastique o Feu d'artifice (Fuegos artificiales), un golpe de suerte determinó su carrera. El empresario de los Ballets Rusos, Diaghilev se fijó en sus obras mientas buscaba compositores jóvenes con talento. En 1910 buscaba sorprender al público francés con una obra sobre la leyenda rusa de El Pájaro de Fuego. Cuando varios reputados compositores rechazaron la propuesta, Diaghilev acudió al inexperto. 
El Pájaro de Fuego tenía todos los ingredientes para triunfar: fantasía y folclore rusos, efectos de sonido franceses y referencias a Rimsky-Korsakov y sus escalas tonales.

Fotografía coloreada de Diaghilev, Nijinsky y Stravinsky

Pero su verdadera consagración comenzó con un sueño. En 1910 Stravinsky soñó con una muchacha que bailaba hasta la muerte y se decidió a componer Vesna svyachchennaya (Primavera sagrada) que acabaría estrenándose como Le sacré du printemps (La consagración de la primavera). Para dar forma al argumento, Stravinsky pidió ayuda al pintor y gurú eslavo Nicholas Roerich que le proporcionó una secuencia de rituales primaverales históricamente rigurosos. Investigó en el legado folclórico sobre canciones lituanas de bodas, algunos arreglos de canciones populares de Rimsky y sus propios recuerdos de canciones de campesinos y cantantes de la infancia.
A partir de este trabajo sobre las melodías, Stravinsky las troceó y dividió en pequeños motivos, las unió en distintos grupos y formó con ellas collages y montajes cubistas, conformando una mezcla de sonidos nacionales y modernos en los que los aspectos folclóricos y vanguardistas se apoyan y refuerzan continuamente. 
Aquí, además de algunos de los conceptos que aparecen en El Pájaro de Fuego, se deja ver sobre todo, el genio del compositor que se muestra de modo especial en el uso del ritmo con unos acentos que restallan como latigazos, alternando en las partes débiles y fuertes de los compases sin poder predecir donde caerán los acentos en cada momento, con síncopas continuas y un uso muy personal del ostinato.
Continuamos con la recreación que Alex Ross realiza en su libro El ruido eterno de ese momento tan especial para la historia de la música como fue el estreno de La Sacré, dejándonos la referencia y la memoria de algunos personajes ilustres que estuvieron en el mismo. 


La Consagración de la primavera comienza con varios ritos y danzas de la primavera de una ancestral aldea rusa, para elegir posteriormente a una virgen para su sacrificio: Debe danzar sin pausa hasta la muerte. Se trata de un argumento ideal para el ballet, perfecto para la época en que se estrena, también para Diaghilev y los Ballets Rusos, siempre en la vanguardia y la innovación. 
Es el momento histórico en que se revolucionan las artes con la arquitectura de Le Corbusier, Loos o Gropius, la pintura de Picasso, Duchamps, Brake o Kandisnky, la escultura de Rodin, la literatura de Joyce y la música con Debussy, Schönberg, Ravel, Richard Strauss o el propio Stravinsky.
La música, como decía, se inicia con el inquietante lamento del fagot que da paso a los instrumentos de viento que entrecruzan sus sonidos, las cuerdas que imitan a la percusión o las trompas que aúllan y comienzan a sonar con un pulso salvaje, inflexible, delirante por momentos. La coreografía no era del habitual Fokine, sino de un Vaslav Nijinsky que también quería revolucionar la danza. 
Stravinsky mostró sus recelos antes un bailarín que apenas había realizado coreografías -la primera de ellas para Preludio a la siesta de un fauno de Debussy supuso un escándalo-, que no sabía leer música, cuyas ideas y opiniones se basaban en las que había escuchado a otros y a quien había que estar explicando cómo era la música en cada momento. Nijinsky acabó cantando a los bailarines los números para que siguieran el compás.
Su coreografía rompía con todas las formas del ballet, con los bailarines realizando movimientos espasmódicos, torpes se dirían, encorvados, con saltos antinaturales, las manos y las caras rígidas e inexpresivas, los pies con las puntas hacia dentro, pero con una fuerza primitiva, en un arrebato y un éxtasis que rompían con muchos años, siglos se podría decir, de tradición musical y civilización.
Este estreno supuso, además, un cambio en la tendencia del dominio musical que en las décadas anteriores provenía de la tradición alemana (con Beethoven, Schubert, Brahms o Wagner), pasando a estar en la vanguardia musical las obras de origen francés y ruso.

Vestuario original de Nicholas Roerich. La segunda bailarina por la izquierda es Marie Rambert, asistente de Nijinsky durante los ensayos.

La Sacré está dividida en dos partes con la siguiente estructura:
Primera parte: La adoración de la tierra.
Introducción.
Los augurios primaverales. Danzas de las adolescentes.
Juego del rapto.
Rondas primaverales.
Juego de las tribus rivales.
Danza de la tierra.

Segunda parte: El sacrificio.
Introducción
Círculos misteriosos de las adolescentes.
Glorificación de la elegida.
Acción ritual de los ancestros.
Danza sagrada (La elegida).

Cartel del Théâtre des Champs-Élysées con el programa de los Ballets Rusos

La coreografía de Nijinsky dejó de realizarse durante años donde se interpretaba más la versión de concierto que la de ballet, pero recientemente se ha podido reconstruir casi en su totalidad, así como el vestuario y los escenarios originales de Nicholas RoerichEl enlace nos permite asistir a una recreación de La Consagración de la primavera más de cien años después de su estreno. Pese al tiempo transcurrido, la conmoción al verla es brutal.
La producción de 2008 del Teatro Mariinski de San Petesburgo reproduce la coreografía original de Vaslav Nijinsky reconstruida y puesta en escena por Millicent Hodson con el vestuario y decorado de Roerich recreados por Kennet Archer con la Orquesta y Ballet del citado teatro, todos bajo la dirección musical de Valery Gergiev.


Para los ensayos Stravinsky realizó una versión para piano a cuatro manos. Cuando él mismo y Debussy la interpretaron uno de los presentes llegó a decir: "Nos quedamos anonadados, sobrepasados por ese huracán que surgía de lo más profundo de las edades, y que habría agarrado a la vida por las raíces." El propio compositor llegó a escribir: "Parece que he penetrado en el ritmo secreto de la primavera."
Stravinsky sabía que La Consagración de la primavera no sólo era su obra más importante hasta ese momento, sino que también era una obra crucial en la historia de la música, como lo fueron La Quinta Sinfonía de Beethoven, El Tristán e Isolda wagneriano o el Orfeo de Monteverdi. "Yo soy el recipiente a través del cual pasó La Consagración", llegó a decir en diversas ocasiones.
Con esta obra se rompe definitivamente el concepto de lo bello que venía imperando desde el clasicismo y el romanticismo, dando la importancia suprema a una sonoridad que rompe los esquemas imperantes, tanto melódicos como rítmicos para deformarlos, diseccionarlos y reconstruirlos, para hacer surgir otros nuevos que conformarán una visión auténtica de las cosas, una visión más propia del siglo XX que de la tradición musical decimonónica.

Decorado original de Nicholas Roerich para la versión de 1913.

Con el siguiente texto finaliza el recorrido que Alex Ross realiza de la mítica velada del 29 de mayo de 1913 en que se estrenó La Consagración de la primavera.


Para culminar esta aproximación a La Consagración de la primavera, finalizamos con el enlace a una película donde se da cuenta del estreno de esta obra.
Dirigida en 2005 para la BBC británica por Andy Wilson a partir de un guion de Kevin Elyot, Riot at the Rite (Disturbios en el Rito) recrea el estreno de la obra desde el momento en que Stravinsky presenta su obra a Diaghilev, pasando por los rechazos y problemas que tuvieron los ensayos con los bailarines y la orquesta hasta el momento del estreno.
Personalidades como Picasso, Marcel Proust, Jean Cocteau, Gertrude Stein, Ravel o Debussy asistieron al estreno en el Théâtre des Champs-Élysées, siendo testigos directos de los sucesos que se desarrollaron durante el evento.
Quizás de todos ellos, fue de Ravel, que no cesaba de gritar: "¡Genio!¡Genio!" durante la representación de quien el propio Stravinsky pensaba que mejor hubo entendido su obra.

Dibujo de Stravinsky de perfil realizado en Roma en 1920 por Picasso

Aunque la película se puede encontrar en alguna plataforma, el enlace nos muestra la versión original con subtítulos en inglés. Casi con eso basta para los no iniciados en el idioma, aunque se pueden elegir en los ajustes (rueda dentada) la opción de traducción simultánea a nuestro idioma, donde saldrá una traducción bastante fiable, aunque con algunos resultados extraños, debido al uso de algunas expresiones singulares. 
Si ahora no dispones de tiempo suficiente, no dejes de volver para participar en una experiencia interesante que te ayude a poder sentir cómo fue aquella histórica representación.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Ross, Alex. El ruido eterno. Traducción de Luis Gago. Ed. Seix Barral. Barcelona 2009.
  • Swafford, Jan. Por amor a la música. Traducción de Ana Herrera Ferrer. Ed. Antoni Bosch. Barcelona, 2018.