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La denuncia social en la ópera

La conozcamos con mayor o menor profundidad, forme parte de nuestros gustos y aficiones o no, la sintamos próxima a nosotros o nos resulte indiferente, todos tenemos unas mínimas referencias y nociones de qué es la ópera.
Aparte de conocer algunos de sus títulos, de sus músicas, o aquellas arias o coros que forman parte de nuestro ámbito cultural, la ópera nos aporta mucho más que música. Nos presenta historias que recorren todo el ámbito de las pasiones humanas y toda la gama de sentimientos que podemos sentir y expresar, logrando que podemos sentir reflejados en ella nuestra vida y las experiencias que tenemos de ella. 
Además, la ópera representa una sutil y delicada unión de textos dramáticos (o cómicos en algunas obras), música instrumental y vocal, decorados, vestuario y acción escénica alcanzando lo que Wagner denominaría Gesamtkunstwerk, la obra de arte total en la que se engloban todas las demás. 
Si en sus comienzos, con las nuevas ideas de la Camerata Fiorentina, las primeras obras de Jacopo Peri -que no conservamos- y Claudio Monteverdi trataban sobre dioses y personajes de la mitología grecorromana, no fue hasta que los autores comenzaron a buscar protagonistas más cercanos, se aproximaron al realismo social y se adentraron en la psicología de los personajes de las obras, cuando aparecieron las primeras obras en que se incluían denuncias relativas a la sociedad y sus distintos problemas e incongruencias.
Aunque se tenga la idea de que la ópera es elitista para las clases altas y la burguesía, la dirección de un escenario tan prestigioso como el Gran Teatre del Liceu de Barcelona se preguntaba hace unos años si eran elitistas espectáculos vistos por 33.000 espectadores como Turandot, 24.000 como Cavallería rusticana y Pagliacci o los 30.000 que asistieron a las funciones de Aida.
Es más, compositores como Mozart o Beethoven trataron en sus obras temas universales en los que todos los espectadores pueden identificarse incluso en nuestros días. Además, muchas obras están basadas en textos de escritores tan leídos y populares como Shakespeare, Goethe, Victor Hugo o Cervantes. De hecho, muchos compositores han elaborado sus obras pensando en el gran público, con ejemplos tan evidentes como Rossini, el propio Mozart, Bellini o Verdi, cuyas obras contenían melodías que se hicieron enormemente populares en su tiempo y se cantaban por las calles.
En este contexto comenzaron a surgir críticas y denuncias sociales más o menos explícitas que fueron ahondando en los espectadores y que, en nuestro tiempo son acentuadas en algunas producciones que se llevan a cabo en los distintos escenarios. Desde las vertidas por Mozart en La nozze di Figaro en relación a las relaciones entre señores y criados hasta las que Alban Berg expresa en Wozzeck donde denunciaba los abusos del poder hacia el proletariado, además de alienar a los miembros más frágiles de la sociedad, pasando por la negación de las relaciones entre familias enemistadas como en las distintas versiones de Romeo y Julieta.
En esta publicación nos centraremos en varias escenas de ópera en las que se presentan, en unas de forma más velada y en otras más evidente la denuncia que sus autores realizaron con sus obras. Como estos, hay muchos más casos en este arte tan rico y espectacular.
Te propongo acercarte a tres escenas de ópera en las que se realizan denuncias a la sociedad. Nos acompañan textos de Ángeles Caso y Arturo Reverter y obras de Verdi, Puccini y Bellini. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!




La primera escena pertenece a La Traviata de Verdi, una de sus óperas más conocidas y que, junto con Rigoletto y El trovador se estrenó en un plazo de apenas un año.
La traviata tiene un trasfondo que afectaba personalmente al compositor italiano, que en aquel momento, viudo desde hacía bastante tiempo, vivía con la cantante Giuseppina Strepponi que no era aceptada en los círculos sociales de Verdi. En gran parte, La traviata es una obra en que criticaba la doble moral y la murmuración y el derecho de la soprano a ser respetada junto a él en sus decisiones personales y en sus relaciones.

Ermonela Jaho y Plácido Domingo en La traviata, Royal Opera House (20199
Nos acompaña un texto de la biografía escrita por Ángeles Caso Giuseppe Verdi. La intensa vida de un genio en que trata de la novela en que se basó, La dama de las camelias de Alexandre Dumas hijo, su elección de la historia y la contemporaneidad de la misma como forma de reafirmar su relación con la Strepponi.



Dentro de esta obra nos acercamos a una de las escenas en que la denuncia social es más evidente, el duetto entre la protagonista Violeta Valery y Giorgio Germont, el padre de su amado Alfredo. Se trata de la quinta escena del segundo acto en la que el padre, representante de la sociedad que Verdi critica, le pide a la Violeta que realice el sacrificio de abandonar a su hijo para salvaguardar el buen nombre familiar.


Nos acompaña el final de la cuarta y el comienzo de la quinta escena en la que Cristina Ortega interpreta el rol de la protagonista y Rufino Montero el del anciano Germont en una representación grabada en 1989 el Teatro Ciudad de México llevada a cabo por la Compañía Lírica de Cristina Ortega bajo la dirección musical de José Luis González. Aunque la calidad de la imagen y del sonido no son óptimos, los subtítulos nos ayudan a seguir con más intensidad la acción dramática. 


La escena continúa con una de las arias más conocidas de la ópera, Pura siccome un angelo (Pura como un ángel), con la que Germont pretende forzar a la amada de su hijo a que lo deje. Tras el aria, asistimos a la conclusión del dúo en el que se consuma la intención.
Buscando un enlace con subtítulos en nuestro idioma para seguir apreciando la intensidad y fuerza dramática de la acción, tanto la imagen como el sonido tienen aún menos calidad que el anterior, pero ayudan a entender la situación. Siempre puedes buscar en las redes una versión con mayor calidad aunque no esté subtitulada. 
Milagros Poblador en el rol de Violeta y Víctor Brown como Giorgio interpretan esta producción que se grabó en el Teatro Calderón de Madrid en la temporada lírica de 196 con la dirección musical de José A. Irastroza.


La denuncia de la segunda escena hace referencia a un tema tan delicado como las costumbres y tradiciones y el hecho de renegar de ellas para abrazar otras distintas. En el fondo, si se permite la expresión, contra la cultura, la raza o la civilización.


En Madama Butterfly, Giaccomo Puccini nos presenta la historia de Cio-Cio-San, una joven geisha que se enamora de Pinkerton, teniente de la marina de los Estados Unidos con quien se va a casar. Así, reniega de sus costumbres y religión para convertirse al cristianismo, lo que la lleva a ser acusada por sus familiares, quienes también acaban renegando de ella. 
Basada en una historia real que sucedió en Nagasaki en la década de 1890 y de la que traté en Òpera en zapatillas: Madama Butterfly, nos quedamos con la escena del primer acto en la que el tío Bonzo aparece antes de la ceremonia matrimonial para maldecir a la joven Cio-Cio-San frente a Pinkerton, el embajador y todos sus familiares.

Cartel de Leopoldo Metlicovitz para la representación de Madama Butterfly (1904)
El texto que nos acompaña está extraído de Opera Collection de Ediciones Orbis, S. A. dedicado a Madama Butterfly y describe al detalle la citada escena. 

La escena, que también pertenece a un enlace con escasa calidad nos muestra a un joven Plácido Domingo en el papel del teniente Pinkerton, Mirella Freni como Cio-Cio-San y Marius Rintzler en el rol del Tío Bonzo en una producción para vídeo dirigida por Herbert von Karajan. La sola presencia escénica del bonzo impresiona e intimida sin abrir la boca. 


La última escena en que se critica o denuncia una situación pertenece a una de las obras cumbres de Vincenzo Bellini, Norma, la obra que contiene Casta diva, una de las arias más conocidas del repertorio.
En la historia de la sacerdotisa gala se nos muestra una historia en la que el amor, la traición y los celos se unen de nuevo a dos culturas diferentes, la de los galos y los invasores romanos, marcada por la imposición de la religión.
La suma sacerdotisa de los druidas, Norma, mantiene una relación prohibida con Polione el procónsul romano con quien tiene dos hijos. Este a su vez mantiene otra relación con Adalgisa, joven sacerdotisa y amiga de Norma. La suma sacerdotisa intenta asesinar a sus hijos por despecho -la obra original en la que se inspira se titula Norma o la infanticida-, pero es incapaz de llevarlo a cabo. Decide declarar una guerra que antes ha desestimado a los romanos. Al hacer prisionero a Polione este debe ser sacrificado para acabar la guerra satisfactoriamente. Norma intenta buscar una solución prometiéndole que si renuncia a su nuevo amor ella conseguirá que lo perdonen. Al negarse, ella se ofrece a ser sacrificada anunciando ante su padre Oroveso, jefe de los druidas y toda la comunidad que ha roto sus votos de castidad y ha mantenido relaciones con el enemigo, ha traicionado a su pueblo y manda preparar la hoguera para ella. Ante este gesto, el amor de Polione vuelve a renacer y juntos se dirigirán al suplicio, ante los ruegos de Oroveso.

Ilustración del elenco del estreno de Norma en 1831 con Giudita Pasta, Giulia Grisi y Domenico Donzelli
Este final de la ópera muestra la maestría de Bellini para construir el desenlace de la obra en un crescendo que va aumentando hasta el tremendo final.
Nos acompaña un texto del crítico musical y director del programa Ars Canendi de Radio Clásica de RNE publicado con motivo de la representación de Norma en el Teatro Maestranza de Sevilla en la temporada 1999-2000.


El enlace con que termino esta publicación sobre algunas denuncias que se realizan en la ópera nos muestra el final de Norma en ese crescendo trágico sobrecogedor que compuso Bellini, en el que los subtítulos en castellano nos ayudan a apreciar la intensidad del drama que se desarrolla. 
La interpretación corre a cargo de la soprano June Anderson como Norma, Shin Younh Hoon como Polione, Ildar Abdrazakov como Oroveso y Daniela Barcelona como Adalgisa con la Orquesta Europa Galante y el Coro del Festival Verdi dirigidos por Fabio Biondi y que se rpresentó en el Teatro Regio di Parma.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Madama Butterfly. Opera Collection, Ediciones Orbis, S. A., coordinadora de la publicación Anna Angrill, ISBN 84-402-1722-6.
  • Ediciones Orbis, S. A. Madame Butterfly de la colección Opera Collection
  • Publicación para la ópera Norma de Vincenzo Bellini. Teatro de la Maestranza y Salas del Arenal, S. A. Temporada 1999-2000. Depósito legal: SE 2196-97.

#OperaEnZapatillas: Madama Butterfly

Hay obras que entran a formar parte de nuestra cultura y terminan siendo parte de nosotros cuando la conocemos, apreciamos y descubrimos una serie de factores que la hacen próximas a nuestra condición.
¿Quién de nosotros no ha sufrido los momentos de espera? ¿Quién no ha experimentado en algún momento la sensación de abandono? ¿Acaso no forma parte de nuestras vidas la ilusión sobre los proyectos que tenemos en mente? ¿No nos hemos enfrentado todos a momentos de decepción respecto a personas o a situaciones? Estas sensaciones y sentimientos los podemos encontrar en algunas obras que nos hacen que nos sintamos identificados cuando las apreciamos.
La ópera Madama Butterfly refleja todas estas sensaciones de una manera singular que hace que cuando la conozcamos la sintamos cercana a nosotros, como si fuera una obra que estuviera compuesta pensando en situaciones y problemas que, aunque llevados al extremo, forman parte de nuestra forma de ser y sentir.
En esta nueva publicación de la serie Ópera En Zapatillas nos acercaremos a Madama Butterfly con la idea de disfrutarla y poder asistir a una representación en directo si se te presenta la ocasión en algún momento. Si no lo has hecho nunca, es una ocasión inolvidable. 
Te propongo un acercamiento a la ópera Madama Butterfly de Puccini con textos relacionados con la creación de la obra a partir de la correspondencia que se cruzó entre el compositor y sus colaboradores y algunos de los momentos musicales más destacados. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


En las estadísticas de los últimos años, Madama Buttefly aparece siempre en los primeros lugares en cuanto al número de producciones y representaciones que se han llevado a cabo. En los últimos cinco años se ha llevado al escenario en una media de unas cuatrocientas setenta representaciones en más de un centenar de producciones en cada uno de esos años, situándose entre el quinto y séptimo lugar en cuanto al número de representaciones que se han llevado a cabo a lo largo de nuestro planeta.
La historia de la joven japonesa Cio-Cio-San y el teniente americano B. F. Pinkerton no ha cesado de representarse desde su malogrado estreno en el Teatro Alla Scala de Milán en 1904.
Tras el exitoso estreno de Tosca en 1900, Giacomo Puccini se planteó realizar una ópera que rompiera con las que había compuesto anteriormente. A partir de ahí, comenzó una búsqueda errática para hallar un tema, un estilo y ese lugar tan difícil de encontrar en que la música llega donde no llegan las palabras.
Finalmente encontró un argumento a partir de un texto que había sufrido diversas transformaciones. En 1887, el escritor y oficial de la marina francés Pierre Loti publicó una obra semiautobiográfica con sucesos acaecidos en Nagasaki, Madame Chrysanthème cuya protagonista femenina era Ki-Hou-San. Basado en ese texto y en los recuerdos de su hermana, que estaba casada con un misionero metodista en Japón, el autor abogado y escritor John Luther Long escribió el cuento Madame Butterfly, publicado en 1898. Fue a partir de esta obra que uno de los dramaturgos más innovadores de Broadway, David Belasco escribió y llevó al escenario del Teatro Herald Square neoyorquino la obra homónima en 1900.
Meses después la llevó al Duke of York's Theatre de Londres, donde Puccini fue a presenciarla, quedando impresionado por la historia.

Reparto de la obra de David Belasco para el estreno en Nueva York y Londres

Cruce de miradas, relaciones e intercambios. Zaragoza 2010 es un libro presentado y coordinado por el profesor especializado en pensamiento chino de la Universidad de Granada y editado por esta institución en el que se recogen en cincuenta y cinco capítulos elaborados por distintos profesores universitarios que tratan temas relacionados con los países del lejano oriente que abarcan la antropología, arquitectura, el arte, las ciencias de la salud, los estudios de género, la historia, la lengua y la literatura, el pensamiento, la política y la traducción. 
En tan vasto y detallado estudio, el Capítulo 15 tiene un título que describe a la perfección su contenido: Madama Butterfly, una aproximación a la ópera a través de las fuentes epistolares y está escrito por la profesora de la Universidad de Zaragoza Luisa María Gutiérrez Machó
Para conocer más sobre la génesis de Madama Butterfly nos acercamos al siguiente texto por el que transitan el propio Puccini y Giulio Ricordi, el más importante de los editores musicales italianos -o mundiales- de la época.


Cio-Cio-San, la Butterfly de Puccini, es uno de esos personajes que transitan entre un crecimiento y una maduración dignos de admiración durante el transcurso de la obra y una vulnerabilidad tremenda.
En alguna ocasión, Puccini llegó a manifestar que él no estaba hecho para realizar acciones heroicas: «Me gustan los seres que tienen un corazón lleno de ilusiones y esperanzas, como el nuestro, con sus momentos de melancolía y alegría, que lloran sin sollozar, que sufren con una amargura interna». Estas palabras se adaptan de manera singular a protagonista de esta ópera, a la dignidad con la que se enfrenta a su situación, a las ilusiones que muestra y a la fortaleza y debilidad con que, simultáneamente, afronta las situaciones.
Cio-Cio-San es una de las protagonistas mas jóvenes del repertorio operístico, pues en el primer acto tiene quince años, mientras en el segundo y tercero cuenta ya con dieciocho. Con esta edad vive un auténtico drama, una debacle personal que oscila entre el ostracismo al que la somete su familia por casarse con un occidental, la soledad al que la ausencia de su esposo la condena y el engaño amoroso que su inocencia no le hace advertir, dolorosa y cruelmente, hasta el final de la obra.
El Acto I finaliza con un gran dúo de amor entre la protagonista y su esposo Pinkerton antes de partir y que es una de las piezas más bellas de esta obra. Una Madama Butterfly enamorada, pide su amor, casi suplicante, como si, de alguna forma intuyera el abandono y la traición que va a padecer, pero que, bajo ningún concepto, puede dejar de sentir una pasión que lo llena todo. Puccini logra transportar a los espectadores con su música en un carrusel de emociones del que es imposible evadirse.
La soprano Ermonela Jaho, una de las voces más consolidadas del momento actual, interpreta el dúo final del primer acto Vogliatemi bene (Ámame, por favor) con el tenor Marcelo Puente como Pinkerton en una representación que se llevó a cabo en el Royal Opera House de Londres.



La composición de Madama Butterfly no estuvo exenta de dificultades. Tras el éxito de Tosca, Puccini volvió a contar con los libretistas Luigi Illica y Giuseppe Giacosa con los que había colaborado en La Bohème y que se volverían habituales en las siguientes producciones. 
Más de un año se demoró el acuerdo económico en que Belasco cedía los derechos al compositor nacido en Luca y que se amplió cuando este último tuvo un accidente con uno de los primeros automóviles que llegaron a Italia y hubo de permanecer varios meses convaleciente, aunque no dejó de trabajar en la nueva producción.
Alrededor de tres años duró la composición de una obra que, en un primer momento, iba a desarrollar el primer acto en Estados Unidos, el segundo entre la casita de Cio-Cio-San y la casa del embajador y el tercero, de nuevo en la residencia de Butterfly.
Se van perfilando los personajes principales que acompañan a la geisha: Benjamin Franklin Pinkerton, teniente de la marina, el esposo americano que la abandona para casarse en su país tras el primer acto. Un personaje que adquiere una casa a perpetuidad con la opción de anular la compra cada mes o que promete a su joven esposa regresar con una mentira dolorosa ("volveré cuando haga el nido el petirrojo").
Sharpless, el cónsul de Estados Unidos en Nagasaki, un personaje que no tiene una intervención vocal importante, pero cuyo valor estriba en que, en cierto modo, actúa sobre la conciencia de cada personaje: aconseja a Pinkerton que no rompa el corazón de Butterfly, o se duele y conmueve cuando acude a leerle a ella la carta de su desaparecido esposo tres años más adelante.
Goro, el casamentero del que hablarán los protagonistas en el texto siguiente, o Suzuki, la abnegada criada de Cio-Cio-San van tomando forma y personalidad.
Continuando con el relato de Luisa María Gutiérrez, asistimos a algunos momentos en que relata cómo se llevó a cabo la creación de esta ópera que quedó reducida para su estreno en Milán en dos actos en lugar de los tres inicialmente pensados.


Durante gran parte de la ópera, Puccini desarrolla la técnica del parlato en la que los personajes van interviniendo en diálogos que se acercan más al habla habitual que al canto melódico y virtuosístico del periodo belcantista y en el que van dando a conocer su personalidad y su forma de ser en momentos cargados de languidez y lirismo.
Esta técnica no impide que se desarrollen momentos tan intensos como el dúo final del acto I que nos acompañó anteriormente o el que quizás sea el más reconocido de Madama Butterfly.
Un bel di vedremo (Un hermoso día veremos) es uno de los momentos más emocionantes, sobrecogedores e inolvidables de la música operística. El aria se desarrolla en una dicotomía extrema en la que, por una parte, Butterfly sostiene una actitud optimista e ilusionada mientras busca en el horizonte marino el barco que traerá a su amado esposo, idealizado después de tres años de ausencia, mientras, por otra, el espectador sabe que Pinkerton ha abandonado a Cio-Cio-San por la que él considera una auténtica esposa americana.
Puccini comienza la melodía con un pianissimo, algo inusual para la pieza sobre la que girará la obra. Poco a poco crea un crescendo que culminará con un forte en la parte final, un grito desgarrador que muestra la esperanza sin límites de la protagonista. Esta confianza desaparece poco a poco, cambiando la armonía a fa menor y con la presencia de las trompetas con sordina que anuncian la tragedia que se avecina inmediatamente.



La versión que nos acompaña de Un bel di vedremo está interpretada por la soprano Ying Huang perteneciente a la adaptación cinematográfica de la ópera dirigida por Frédéric Mitterrand en 1995 y coproducida entre Francia, Alemania y el Reino Unido.


Tras unos ensayos memorables y en contra de lo que los autores pensaban, el estreno de Madama Butterfly fue el mayor fracaso en la carrera de Puccini. Aún así, el compositor, sus libretistas y el editor Ricordi estaban convencidos de la calidad de la obra y se aprestaron a realizar algunas modificaciones. El segundo acto que tenía una duración de más de noventa minutos fue dividido en dos actos y se llegaron a realizar modificaciones que no cambiaron la obra en lo esencial.
De todas formas, Puccini solía realizar algunos cambios cada vez que la obra se estrenaba en un nuevo escenario para adaptarla al lugar y los intérpretes. Finalmente llegó a realizar hasta cuatro nuevas versiones para llegar a la que se consideró la definitiva, consiguiendo que la obra quedara como una de las más queridas del maestro de Luca y que ha recorrido todos los grandes escenarios operísticos del planeta.
La creencia en la ópera, la lucha del compositor y sus libretistas Giacosa e Illica -La Santísima Trinidad les llamaban- junto con el editor lograron llevar hacia el triunfo una obra que sabían tenía una calidad insuperable.
Continuamos con el trabajo de Luisa María Gutiérrez Machó en el que relata el fiasco del estreno y la lucha por llevar al triunfo la obra. Finaliza su trabajo con una reflexión a partir de una conversación de un comentarista de la obra con un japonés al que le pregunta si considera válida la obra para representar la cultura japonesa.
Una anécdota nos acerca a su complicidad con quienes asisten a presenciarla. Tras el ataque japonés sobre Pearl Harbour durante la Segunda Guerra Mundial, el Metropolitan Opera House de Nueva York decidió no programar esta ópera al considerar que el público no empatizaría con una joven japonesa despreciada por un militar americano. Sin embargo, a pesar del conflicto continuó programando las óperas de Wagner durante ese periodo bélico.




Para poder apreciar y disfrutar más esta ópera, te presento algunos consejos para tener en consideración:
-Conoce la obra, su creación y argumento. Saber de qué trata la obra, cuál es su desarrollo ayuda siempre a disfrutarla. En los teatros de ópera siempre se entregan folletos con el argumento y se conoce el desarrollo de la obra completa antes de comenzar. Aquí no hay spoilers.
-Elige el momento adecuado para verla en casa. Sabiendo la duración, siempre es interesante planificar cuándo verla, dedicándole una tarde o una noche en que podamos seguirla completa.
-Elige el dispositivo que mejor te venga. Los enlaces de este blog están en Youtube, por lo que puedes verlos siempre en el que desees, incluso en la pantalla de una SmartTV.
-En cuanto a los idiomas, habitualmente están subtituladas en nuestro idioma o pueden elegirse desde la función de ajustes y en los teatros, suelen estar subtituladas para los espectadores.


Aunque se puede encontrar en la red en multitud de páginas web, te enlazo un argumento de Madama Butterfly en una publicación del Teatro Real de Madrid.
Busca ese momento que mejor te dé la oportunidad de disfrutar de esta ópera con la tranquilidad y comodidad de estar en casa, en zapatillas y, si tienes la oportunidad, asiste a una representación conociéndola. Será una experiencia inolvidable.

El enlace con la obra completa, con subtítulos en castellano pertenece a una representación que se llevó a cabo en el Teatro Bellas Artes de México con Maribel Salazar como Cio-Cio-San, José Ortega en el rol de B. F. Pinkerton, Encarnación Váquez como Suzuki y Jesús Suaste en el papel el embajador Sharpless entre los intérpretes principales, con la dirección musical de Ivan Anguélov

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Aleteo de mariposas

Admiramos las mariposas. Nos permiten seguirlas con nuestra mirada mientras las observamos y nos recreamos en su vuelo. De cuantos insectos existen es, con toda seguridad, el más aclamado por su belleza y singularidad, hasta tal punto que ha servido de inspiración y modelo para distintos autores.
Pertenecientes al grupo de los insectos lepidópteros, las mariposas siempre han sido objeto de nuestra admiración. Su colorido, su vuelo, su ciclo vital con la metamorfosis que la hace pasar de oruga a mariposa, estos seres pasan por nuestras vidas cumpliendo su función polinizadora, a la vez que nos sirven como modelo y como metáfora. 
Su aleteo se ha comparado en muchas ocasiones con el parpadeo de los ojos amados, su vuelo con la gracilidad de lo leve y etéreo, sus rítmicos y erráticos movimientos con la libertad de quien deambula por donde desea; su metamorfosis con un canto a la belleza o a la transformación que realizamos en nosotros mismos, y su colorido con las gamas más atrevidas que nos ofrece la naturaleza.
Te propongo un paseo alrededor de las mariposas, su mundo, sus características y la inspiración en el arte. Nos acompañan, como siempre, obras literarias y musicales. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
Salvador Dalí. Paisaje con Mariposas, 1956
Comenzamos nuestro paseo entre vuelos de mariposas con la consideración del insecto que naciendo de un huevo, surge como oruga para pasar a crisálida y terminar como mariposa. ¿Sienten en qué estado están? ¿Son el mismo ser, o seres distintos?
Un microrrelato de Chuang Tzu (literalmente El maestro Chuang), filósofo taoísta chino del siglo IV antes de Cristo, se acercaba ya a estas oníricas sensaciones. 


Como desconociendo aún en qué fase de su metamorfosis vital se encuentra, si como oruga, crisálida o ya mariposa, Elisey Mysin, un niño prodigio ruso que apenas cuenta nueve años interpreta The Butterfly (La mariposa), un estudio de concierto para piano de Calixa Lavallee.
Oiremos hablar de Elisey Mysin, un talento que debutó con 6 años en el Royal Festival Hall de Londres y que no sólo toca el piano, sino que con esa edad interpretó uno de los conciertos de Mozart con una cadencia creada por él mismo.

La ligereza, la suavidad y la ligereza son condiciones que reconocemos a las mariposas y que vienen asociadas a una evocación que permanece fresca en nuestra memoria y nuestras ensoñaciones. 
Ryunosuke Akutagawa, un escritor que desarrolló su obra tras la primera guerra mundial y que está considerado como el creador del relato corto japonés, nos ofrece su mirada breve, sutil y persistente.



Dentro de sus Mélodies de Jeunesse (Melodías de juventud), Claude Debussy incluyó una canción a partir de uno de los poemas de Théophile Gautier titulada Les papillons.
La soprano Sandrine Piau acompañada por Jos van Immerseet con un piano Erard de 1897 interpreta una versión de Les papillons, una obra compuesta por el autor francés en 1881.



Poco a poco, en nuestra infatigable y suicida labor de destrucción de nuestro planeta, vamos eliminando bosques, suprimiendo terrenos no útiles para la agricultura, aprovechando todo cuanto la naturaleza nos ofrece para darle, según nuestro criterio una utilidad, arrinconando la naturaleza en espacios limitados, como se hizo con los indios de Norteamérica, limitándolos a la vida en las reservas. 
Así, el hábitat de las mariposas va reduciéndose, alejándose también de nuestra visión. Pero la naturaleza, con su fuerza, regresa cuando puede a lo que eran sus lugares y, con ella, las mariposas se dejan ver en determinados momentos en las ciudades.



En el libro Cortázar para principiantes, Carlos Polimeni y Miguel Rep relatan que el día que murió en París el escritor argentino, el 12 de febrero de 1984, en Buenos Aires se produjo un acontecimiento extraño, una invasión de mariposas. Los científicos adujeron que una oleada de calor procedente de una zona rural cercana las llevó allá en busca de fresco. El fenómeno no ha vuelto a verse de nuevo pese a la repetición de las circunstancias meteorológicas, por lo que los autores del libro escribieron: "Era un domingo y fue un hecho excepcional que nunca se repitió. Es algo simbólico pero no a cualquier autor le cae esa analogía, que el día de su muerte, las mariposas invadan Buenos Aires." 
Así, entre su migraciones y movimientos, ocasionalmente vemos alguna mariposa que nos sorprende con presencia en las ciudades. De tal manera, entre edificios, automóviles, cemento y contaminación, ocasionalmente surge alguna mariposa que nos hace dirigir por unos momentos la mirada lejos de nuestra ajetreada vida.
La nonagenaria poetisa uruguaya Ida Vitale nos las evoca en uno de los varios poemas que dedicó a las mariposas.


Robert Schumann dedicó una obra tan temprana como su Opus 2 a las mariposas con el título Papillons. Se trata de una obra formada por una introducción y doce piezas: nueves valses, dos polonesas y un final. Meses más tarde, se inspiró en esta obra para parafrasearla en su Opus 9, la conocida obra Carnaval.
La ligereza y la fragilidad se dejan oír y se ven en la partitura a base de corcheas y semicorcheas. con que el compositor alemán representa su vuelo.


Alfonsina Storni, la poetisa argentina inscrita en el movimiento del Modernismo, protagonista de la emotiva Alfonsina y el mar en que la reconocemos en su final, nos introduce en un nuevo acercamiento a las mariposas. En esta ocasión, estos elegantes insectos sirven como elementos de metáforas e imágenes literarias más que como animales en sí mismos.
El amor, cuya imagen más recurrente es la del aleteo de las mariposas en nuestro interior, sirve a escritores y, de manera especial, a poetas como recurso literario. Aquí, Storni en el octubre de la primavera austral siente la llegada del amor como mariposas unidas a soles, ríos, lunas y montañas. La fuerza frente a la delicadeza, el arrebato ante el sosiego, la pequeñez ante la enormidad aparecen y transitan por este poema. La mariposa se convierte, como en una nueva metamorfosis, en imagen.



La primera obra compuesta por Gabriel Fauré fueron dos canciones para voz y piano a partir de poemas de Victor Hugo. Le papillon y la fleur (La mariposa y la flor) y Mai (Mayo) fueron las dos primeras obras que, entre 1861 y 1862, sirvieron para dar a conocer la figura de uno de los grandes compositores del siglo XIX francés.
La interpretación corresponde a un audio de la maravillosa soprano Elly Ameling con acompañamiento al piano de Dalton Baldwin grabado entre 1970 y 1974 para la compañía discográfica WMG.





Pero si hay un escritor que sienta no sólo admiración por las mariposas como imagen o como recurso literario, sino como pasión, ese autor es Vladimir Nabokov.
El escritor ruso, que para el gran público ha pasado a la historia por ser el controvertido autor de Lolita, fue uno de los grandes intelectuales de la literatura de mediados del siglo XX. Según él mismo confesaba, si no hubiera existido la Revolución Rusa, él habría seguido siendo un apasionado entomólogo especializado en lepidópteros, grupo al que pertenecen las mariposas.
Ferviente buscador de mariposas desde su infancia, él mismo lo reconocía. "He cazado mariposas en diversos climas y con diversos disfraces: como guapo niño con pantalones cortos y gorra de marinero; como larguirucho expatriado cosmopolita con pantalones anchos de franela y boina; como gordo anciano de calzón corto y cabeza descubierta." Tanta fue su pasión que dedicó su tiempo libre a recorrer lugares donde poder encontrar mariposas en todas las latitudes de nuestro planeta, hasta tal punto que hoy siete variedades de mariposas llevan su nombre por haber sido descubiertas por él, Nabokovia
Vicent Van Gogh. Jardín con mariposas, 1888
Esta pasión no podía quedar fuera de sus escritos, apareciendo en multitud de ellos. En uno de sus relatos, Aureliana, Nabokov muestra esos sueños apasionados de entomólogo alrededor de todo el mundo.
Aunque los científicos sean los mayores ecologistas y defensores de la biodiversidad, la mariposa nos muestra aquí una nueva imagen, la de un ser vivo que se transforma en objetivo de coleccionista.
Dimitri Nabokov, hijo del escritor, recuerda que su padre, en el lecho de muerte lloró al ver una mariposa volando tras la ventana. Fueron sus últimas lágrimas.


Si Nabokov es el escritor más apasionado por las mariposas, la obra que no podía faltar en este recorrido por los lepidópteros es la ópera de Giacomo Puccini.
Madama Butterfly fue el mayor fracaso en un estreno de Puccini. Tanto que decidió modificar el segundo y último acto y transformar la ópera en tres actos, con una escena de tensa espera que uniera los dos últimos.
Pablo Picasso. Le papillon
En el final del primer acto de esta ópera, Puccini ofrece un dúo de amor entre Butterfly y Pinkerton. Conocemos que Cio-Cio-San, la joven novia está enamorada y que el teniente está por momentos entregado, pero no nos engañemos. Él es un desalmado como ha demostrado desde el comienzo de la obra y quedará manifiestamente claro en el segundo acto. Aún así, por momentos se muestra elegante y tierno en su seducción. Ahí duele aún más al espectador que duda si entrar o no entrar en un juego de palabras, músicas y miradas tan seductoras. Si entrar creerle o no. Continuamos, pues, este paseo entre aleteos de mariposas con el dúo final del primer acto de Madama Butterfly Vogliatemi bene (Amadme, por favor) con la interpretación en estudio de Angela Gheorghiu como Butterfly y Jonas Kaufmann como Pinkerton dirigidos en Roma en 2008 para una grabación de EMI por Antonio Pappano

 

Precursor del modernismo en Colombia en los años finales del XIX, José Asunción Silva nos sigue adentrando en la imagen de las colecciones de mariposas, la prisión de lujo de tantos insectos, la belleza que debe pagar con su vida el lugar que ocupa, aunque las intenciones sean científicas y busquen la conservación de la especie.
La mirada de Silva observa con afecto y cariño, como en el tiempo en que fue escrito, la visión de una colección, sus reflejos, las emociones que provoca.


Quizás uno de los momentos más intensos de Madama Butterfly sea Un bel di vedremo (Un bello día veremos), el aria con que Cio-Cio-San se niega a reconocer que Pinkerton, su esposo americano, la ha abandonado y regresará un día con ella.
Nos despedimos con esta intensa aria del Acto II de Madama Butterfly. En las óperas no existen los spoilers. Los argumentos se saben, se conocen desde antes de comenzar. De hecho, es una costumbre entregar unas notas de mano con el argumento de cada obra al entrar en el teatro. Aquí se sabe cómo comienza y cómo finaliza cada obra. 
La interpretación de Un bel di vedremo corresponde a la película de animación L'Opera imaginaire (La ópera imaginaria) que hemos puesto en otra ocasión, pero que viene a reforzar esta última imagen de las mariposas cazadas y expuestas en colecciones. 
La producción está dirigida por Jonathan Hills y la interpretación corresponde a la soprano Felicia Weathers.


Con seguridad, cuando veas una mariposa no dejarás de acordarte estas obras.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania).