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Cuando tres no son multitud

Hay conceptos, ideas o expresiones que están asociados a números. El bien y el mal, el yin y el yang, el día y la noche los asociamos con la dualidad y el número dos. Expresiones como A vivir que son dos días, Es un arma de dos filos o Decir dos palabras las tenemos asociadas a este número.
En un dos por tres podemos pasar al siguiente número donde podemos encontrarnos con los tres reyes magos (o Las tres reinas magas de Gloria Fuertes), los tres tenores, los tres mosqueteros, los tres cerditos y obras como Tres sombreros de copa de Miguel MihuraTres ratones ciegos de Agatha Christie o los Tres tristes tigres de Cabrera InfanteAsí, el número tres lo asociamos a distintos títulos y expresiones. 
No voy a tratar sobre las tres uvas que el Lazarillo cogía cuando comía con el ciego cuando habían quedado en tomarlas de dos en dos, sino sobre obras en las que aparecen tres personajes como protagonistas o personajes secundarios.
Es habitual que en distintas obras -literarias, musicales o de otro tipo- aparezcan los personajes de dos en dos. Como tradicionalmente ocurre en la sociedad, estos personajes aparecen en libros y óperas como parejas de enamorados: Romeo y Julieta, Julio César y Cleopatra, Dante y Beatriz o Tristán e Isolda. También como cómplices o compañeros: los insurgentes hispanos Indíbil y Mandonio, Quijote y Sancho o Sherlock y Watson. También entra aquí la categoría de protagonistas y antagonistas como Otelo y Yago, el propio Sherlock Holmes y el profesor Moriarty, Harry Potter y Lord Voldemort o Luke Skywalker y Darth VaderHay multitud de obras en las que se desarrollan historias con estos tipos de personajes. 
En esta ocasión nos acercarnos a novelas y músicas en las que aparecen, a veces como protagonistas, otras como secundarios, tres personajes. Son también muchas las obras en las que encontramos estos tríos sentimentales en las que se tratan las relaciones que se establecen entre ellos. Los triángulos amorosos tienen su lugar en la historia de la literatura, el teatro, la ópera y el cine. Este tipo de historias surgen de la condición del ser humano y parten en muchas ocasiones de historias inspiradas en hechos reales. Pero esa es otra historia y tendrá cabida en otro momento.
En esta publicación te propongo acercarnos a grupos de tres personajes que protagonizan historias literarias y musicales. Nos acompañan obras de Rowling, Mozart, Jane Austen, Puccini, Dumas y un trío de grandes cantantes. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Así, prescindiendo de los triángulos amorosos que no tienen lugar en esta publicación, nos encontramos con que esos tríos no siempre lo fueron así. Los tres hermanos Marx eran cinco al principio, pero Zeppo y Gummo dejaron de aparecer para y se consolidaron los geniales Groucho, Harpo y Chico. A la inversa ocurre con los tres mosqueteros que, con el paso del tiempo serían cuatro al incluirse en ellos el protagonista D'Artagnan. En otras ocasiones, el número es invariable y parte del encanto de la obra como ocurre con las teatrales tres hermanas de Chejov o las televisivas Ángeles de Charlie.

El primero de los tríos de personajes nos lleva a una obra entre infantil y juvenil, en ese momento en el que se establecen lazos de amistad que perdurarán toda la vida o desaparecerán con la llegada de las relaciones amorosas. Reflejan los vínculos de amistad que crecen por primera vez fuera de los familiares, surgidos con los compañeros de colegio o del entorno cercano y suelen ser un momento en el que se crean relaciones intensas en las que se van asentando distintos roles según la personalidad de cada uno de los miembros y el desarrollo de la relación.
Uno de los ejemplos más brillantes y conocidos es el de un fenómeno literario y cinematográfico que arrasó desde los últimos años del pasado siglo y que llevó a la lectura a muchos niños, jóvenes e inclusos sus padres gracias a la obra de J. K. Rowling. Se trata de la serie de Harry Potter en el que se encuentra uno de los tríos de personajes más reconocibles, el formado por el protagonista, Ron Weasley y Hermione Ranger.


Con ese aire todavía infantil que tiene el primero de los libros,  Harry Potter y el cáliz de fuego, te invito a leer el primer encuentro entre los tres protagonistas que se produce en el tren que les lleva por primera vez al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Después de haberse encontrado Harry y Ron antes de montar en el tren y sentarse en el mismo compartimento, aparece la tercera protagonista, en una escena en la que no se crea una buena relación entre ellos.


Aunque la relación entre ellos es tolerada por los tres, no es has más adelante, con motivo de la aparición de un troll en los servicios cuando esta relación se muestra sólida e inquebrantable. Hay momentos en los que se sabe con certeza cuando y por qué se consolida una relación.


Estrenada algo más de dos meses antes de su muerte, Die Zauberflöte (La flauta mágica) es una de las óperas más deslumbrantes y enigmáticas del repertorio. La obra de Wolfgang Amadeus Mozart admite muchas lecturas donde se cruzan la lucha ente el bien y el mal, el cuento infantil, el rito masón con el camino hacia la iluminación, la opera bufa, el oratorio y piezas vocales de una brillantez exquisitas. 
Con un libreto de Emanuel Schikaneder, amigo, compañero masón de Mozart, empresario, intérprete de Shakespeare y el primer Papageno, se encuentra entre las óperas más representadas cada año en lo que va de siglo. Además de los protagonistas Tamino y Pamina, Papageno y su anhelada Papagena, cuenta con los antagonistas Sarastro y la malvada Reina de la Noche. Pero lo que la trae a esta publicación es dos tríos de personajes: Las tres mujeres, al servicio de esta última y los tres muchachos.


Se señala que Mozart incluyó en varias ocasiones el número tres en esta obra como parte de la simbología masónica. Además de estos personajes, la obertura se inicia con tres acordes que suponen la llamada de atención para iniciar la ceremonia.
Después de avisar a Tamino y Papageno que serán guiados por tres muchachos sabios, estos aparecen al final del primer acto para pedirles paciencia, silencio y perseverancia. En la siguiente presencia de los tres muchachos en el Acto II descienden de las alturas para interpretar Seid uns zum zweiternmala willkommen (Por segunda vez os damos la bienvenida) preparándolos para la prueba que se les avecina, mientras les devuelven la flauta mágica a Tamino y el carillón a Papageno. Curiosamente, además de su carga simbólica, son tres niños los que aconsejan a los adultos sobre cómo deben actuar y comportarse.


La interpretación corre a cargo de Ludwig M., Philip M. y Matthias H., pequeños grandes cantantes de los que se preserva el apellido con L'Orchestre de l'Opera National de Paris, la presencia silente de Piotr Beczala como Tamino y Detlef Roth como Papageno y la dirección de Ivan Fischer en una representación que se grabó en la Opéra National parisina en 2001. 


Después de personajes amigos y cercanos a la infancia, te presento otro grupo de tres tipos de personajes: los hermanos. Entre ellos se establecen relaciones desde el nacimiento en las que se muestran tanto pautas comunes procedentes de la educación en el entorno familiar como las diferencias en el carácter individual. A esto, se suman los roces y afinidades consecuentes con la convivencia.
Un ejemplo de estas relaciones entre hermanas lo podemos encontrar en una de las obras más conocidas de Jane Austen, Sense & Sensibility (Sentido y sensibilidad). La escritora inglesa dibuja con delicadeza e ironía las rígida sociedad inglesa de su época en las que la elección de marido es prácticamente la única opción para la mujer. La historia nos acerca a una viuda y sus tres hijas, las hermanas Dashwood, Margaret, Elinor y Marianne, centrándose en estas dos últimas, de carácter diferente y antagónico por momentos, que muestran las opciones ante la sociedad y el camino que anhelan tomar: el sentido común y la sensibilidad que suponen las dos formas de afrontar el futuro.
El texto que nos acompaña nos acerca a una de las veladas que se realizaban en la época en la que las Dashwood, madre e hijas, reciben a Edward Ferrars, uno de sus vecinos relacionado con Elinor. En la escena, Jane Austen muestra el carácter de las hermanas, sus relaciones entre ellas y sus diversos puntos de vista.




Además de los dobles tríos de La flauta mágica con las mujeres y los muchachos, hay otro trío aún más particular en la ópera póstuma de Giacomo Puccini, Turandot. Esta obra, que también ha tenido su lugar en varias ocasiones en este blog, es lo que vulgarmente podríamos llamar un cuento chino. Se trata en efecto de una obra en forma de cuento oriental a partir del drama de Carlo Gozzi y la versión que realizó Friedrich von Schiller del que escribieron el libreto Giuseppe Adami y Renato Simoni. 
En la historia de Turandot, la Principesa di gelo y su pretendiente de nombre desconocido aparecen tres ministros, Ping, Pang y Pong. En sus cartas, Puccini los nombraba como maschere (máscaras), como si fueran personajes de la commedia dell'arte. Aunque en los primeros esbozos de la ópera aparecían como los marginados de la leyenda china, acabaron convertidos en chinos sin perder el carácter de la tradición italiana, moviéndose siempre de tres en tres, como payasos o marionetas, interrumpiéndose unos a otros, completando sus pensamientos y frases y apareciendo siempre como un elemento grotesco que hace de contrapunto al drama.
De entre las varias apariciones que tienen a lo largo de la ópera te acompaña parte de la intervención que tienen al comienzo del Acto II. En el trío Ho una casa nell'Honan (Tengo una casa en Honán) los tres ministros añoran cada uno su lugar de origen y muestran su deseo de dejar su cargo y volver allá. Se trata de un terceto con tintes melancólicos en el que se reflejan las características que les acompañan durante la obra. 
La interpretación de este trío de Ping, Pang, Pong está a cargo del barítono Vinicius Atique y los tenores Geilson Santos y Giovanni Tristacci en una representación que se llevó a cabo en octubre de 2018 en el Theatro Municipal de São Paulo. Los subtítulos están en portugués, por lo que puedes seguir el argumento de este trío con facilidad.


Aparte de esas relaciones que se establecen entre niños y jóvenes antes de entrar en otra etapa y las que se producen entre hermanos o hermanas, hay otras que se crean a partir de relaciones en la edad adulta por motivos de trabajo o aficiones comunes. En algunos casos suele ocurrir que tras un tiempo de estrecha amistad, cada uno de los componentes tome un camino diferente en su vida.


Basado en un personaje histórico, Gatien de Courztilz, señor de Sandras, un antiguo mosquetero, publicó Memorias de Monsieru d'Artagnan en 1700. A partir de esta obra, Alexandre Dumas escribió una de esas obras que mezclan personajes históricos con algunos anacronismos y personajes ficticios provistos de un gran carisma  para crear una de las novelas de capa y espada que se ganó a los lectores desde su publicación, que se realizó por entregas en el periódico Le Siècle entre marzo y julio de 1844.
Los tres mosqueteros y sus continuaciones Veinte años después y El vizconde de Bragelonne muestran las aventuras del gastón D'Artagnan y los tres mosqueteros Athos, Porthos y Aramis durante el reinado de Luis XIII con el cardenal Richelieu como primer ministro antagonista y el señor de Tréville como jefe de los mosqueteros.
Estos tres mosqueteros a los que se une el joven D'Artagnan desarrollarán sus aventuras hasta que cada uno tome un camino diferente según sus ideas y aspiraciones.
Tras haber conocido el protagonista a cada uno de sus próximos compañeros y quedar citado para un duelo con cada uno de ellos el mismo día, en el mismo lugar y con una hora de diferencia, llegan a resolver sus diferencias y formar un grupo con uno de los lemas más famosos de la historia.
El texto que te acompaña recoge el momento en el que entregan al casero de D'Artagnan a las autoridades y  el grupo exclama por primera vez este lema.


Si el trío anterior desarrolla su amistad durante sus años de trabajo en el cuerpo armado del señor de Treville antes de encaminarse cada uno de ellos a un destino diferente, el último trío que nos acompaña surgió de forma casi inversa.
Triunfadores profesionales cada uno en su carrera, llenaron los teatros de ópera de todo el mundo antes de unirse para una serie de conciertos que acabaron prolongando debido al éxito que obtuvieron. Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y Josep Carreras se unieron como Los tres tenores cuando eran leyendas de la ópera y no tenían nada que demostrar. Tras varias temporadas llenando auditorios y espacios diferentes a los teatros de ópera habituales, cada uno de ellos siguió su camino.

Grabado de Juan Serra y Pausas para Los tres mosqueteros
Finaliza esta publicación sobre tríos de personajes con la interpretación de una de las canciones más emblemáticas de la música de Nápoles. Se trata de O sole mio, una canción compuesta en 1898 por Eduardo di Capua a partir de un texto de Giovanni Capurro, una canción que se difundió por los emigrantes italianos que llegaron a América y que popularizó Enrico Caruso a comienzos del pasado siglo.
La interpretación de Los tres tenores que te acompaña se grabó en Los Ángeles en 1994 y tiene dos curiosidades: No está recogida en el DVD que se grabó de este concierto y Domingo y Carreras hacen el paripé de que no van a poder llegar a los agudos de Pavarotti en el clímax de la canción.

Y a ti, ¿qué otros tríos te han gustado? ¿Cuáles propondrías?
 
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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Rowling, J. K. Harry Potter y el cáliz de fuego, traducción de Nieves Martín Azofra, Muñoz García, Salamandra Infantil y Juvenil. ISBN: 978849836349.
  • Austen, Jane. Sentido y sensibilidad, traducción de Ana María Rodríguez, Editorial Penguin Clásicos (2015), ISBN: 9788491050001.
  • Dumas, Alexandre. Los tres mosqueteros, traducción de Jofr Homedes Bautnagel, Penguin clásicos (2016). ISBN: 978849105240
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.

Cien años con Puccini

Hay autores que triunfan con sus obras en su vida y permanecen más allá en el tiempo. Son creadores que trascienden a su época y sus circunstancias para dejar un legado que se mantiene y disfruta con el paso de los años.
Cuando escribo esta publicación se cumplen cien años del fallecimiento de Giacomo Puccini en 1924, el compositor italiano que nos dejó obras como La bohème, Tosca, Madama Butterfly o Turandot, entre otras muchas.
Aunque algunos lo consideran el último compositor del siglo XIX, pese a haber estrenado obras durante el primer cuarto del XX, su vigencia en la actualidad trasciende al ámbito de sus obras para influir en otros ámbitos como la concepción de la creación cinematográfica.
Te invito a acercarte a la figura de Giacomo Puccini al cumplirse cien años de su fallecimiento el 29 de noviembre de 1924. Nos acompañan algunas de sus obras y textos de Mauricio Wiesenthal y Adriano Lualdi. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
 

Con un nombre tan sonoramente italiano como Giacomo Antonio Domenico Michele Secondo Maria Puccini era fácil suponer que su vida tendría ecos musicales. 
Nacido en Lucca el 22 de diciembre de 1858, dentro de una familia de tradición musical y tras perder a su padre a los cinco años, recibió clases de su tío Fortunato Magi y del director del Instituto Musicale PaciniAunque en estas primeras clases no le vieron especiales aptitudes para la música, con 14 años se convirtió en organista de San Martino y San Michele y otras iglesias de Lucca, demostrando en este tiempo su falta de disciplina hacia el estudio musical y una gran afición al tabaco desde muy joven.
Se cuenta que su decisión de dedicarse a la ópera proviene del impacto que le causó asistir a una representación de Aida en Pisa cuando contaba dieciocho años y a la que llegó caminando después de averiarse el tren en el iba a la ciudad.


Puccini representa un punto de inflexión en la historia de la ópera, un arte que comenzó en Florencia a finales del siglo XVI y que él concluiría con una mezcla entre el romanticismo tardío y la intuición e implantación de las normas que tendría la música escénica del futuro, nuestro presente actual. Óperas como Tosca, La bohème, Madama Butterfly, Manon Lescaut o Turandot adelantan -como las obras de Wagner- lo que serán la música del cine o las óperas del siglo XX.

Puccini al piano. Película realizada en el verano de 1915 por Forzano, uno de sus libretistas. La melodía fue reconstruida y grabada con posterioridad.

En el centenario del nacimiento del compositor, celebrado en 1958, la revista Piazza delle Bella Arti de la Accademia Nazionale publicó en su Volumen V el artículo Giacomo Puccini i suoi detrattori (Puccini y sus detractores) escrito por Adriano Lualdi. En él desarrolla una serie de argumentos para luchar contra el olvido que la obra de Puccini había tenido en Italia desde su fallecimiento hasta entonces. 
El extracto que nos acompaña trata la determinación del compositor de dedicarse a la música escénica, el trabajo con sus libretistas Illica y Giacosa y su editor Gulio Ricordi y cómo trabajaban a través de cartas para dar forma a los personajes, las escenas o reducir los textos para llegar con mayor eficacia a los espectadores. Trata, además, del uso de la estructura convencional en base al uso de recitativo y aria, insistiendo en el uso de la melodía cuyas leyes deben llevar a transmitir emoción.

La ayuda económica de un tío de Puccini y una beca facilitaron su ingreso en el Conservatorio de Milán donde estuvo tres cursos. Mientras estudiaba se presentó a un concurso con Le Villi, una ópera en un acto con la que no ganó, pero que llamó la atención del editor musical Gulio Ricordi que organizó una producción en el Teatro del Verme milanés y le encargó una nueva ópera, Edgar, con un libreto que no se adaptaba a sus características y no tuvo ningún éxito, pero que afianzó la unión de Puccini y la casa Ricordi para toda su vida.
Tras las citadas dos primeras óperas, la siguiente obra le proporcionó el mayor éxito en un estreno en toda su carrera. Manon Lescaut se estrenó en Turín en 1893 y lo hizo famoso en Italia y el resto de países que seguían las óperas. En el libreto colaboraron Luigi Illica y Giuseppe Giacosa quienes serían su guionistas en las siguientes obras.


La importancia de Puccini en la música contemporánea se circunscribe a la forma en que sigue transmitiendo cuando utiliza los pasajes musicales reemplazando al texto. El uso de la tonalidad o atonalidad, los pasajes modales o los recursos politonales los emplea en función de la necesidad dramática de la escena. En determinados momentos de Tosca, La bohème o Madame Butterfly la música anticipa la acción, lo que lo sitúa como un compositor que crea una serie de ideas y conceptos que serán utilizados en el cine.

Como he comentado, su primer gran éxito fue la adaptación de la novela Historia del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut, de la que Jules Massenet había estrenado en 1884 una ópera denominada Manon y Puccini llevó la suya a los escenarios en 1893 con el título de Manon Lescaut.
Para evitar la comparación con la obra de Massenet que había triunfado una década antes, Puccini elimina pasajes de la novela original haciéndola menos comprensible, pero más intensa dramáticamente. Así, el enamoramiento impetuoso con Des Grieux, su huida a Paris para pasar de pronto a la casa del adinerado Geronte no nos deja conocer qué había pasado con ellos.
De la obra que lo dio a conocer en todo el mundo nos acompaña una de sus arias más conocidas, Sola, perduta, abbandonata situada en el Acto IV de esta ópera. En ella, Manon se desespera en el desierto mientras Des Grieux ha ido en busca de agua, mostrándonos su carácter pasional, caprichoso e intenso.
La interpretación corresponde a la gran Renata Scotto en una representación que se realizó en el Met de Nueva York en 1980. La versión tiene subtítulos en castellano.


A esta ópera le siguieron La bohème (1896) que no alcanzó en su estreno el éxito que ha tenido hasta nuestros días, Tosca (1900), su primera obra en el estilo del Verismo, que se estrenó en el Teatro Constanzi romano.
Tras estas obras que se interpretan con éxito en la actualidad Puccini visitó Londres donde vio una obra de teatro de David Belasco a la que pondría música: Madama Butterfly, otra obra con libreto de Illica y Giacosa que también resultó un fiasco en su estreno en 1904 en La Scala de Milán y que hubo de revisar para volver a estrenar en Brescia en una nueva versión diferente a la que conocemos actualmente.
Varios años tardó en estrenar su siguiente obra -en esta ocasión por un problema de infidelidad-, basada también en un drama de Belasco y ambientada en Estado UnidosLa fanciulla del west (La muchacha del oeste), estrenada en el Metropolitan Opera House de Nueva York en 1910. 
Su siguiente obra fue una exigencia del nuevo director de la editorial musical Tito Ricordi para un encargo del Karltheater de VienaLa rondine (La golondrina) se estrenó en Montecarlo en 1917 con gran éxito, aunque no ha llegado a afianzarse en el repertorio con su oscilación entre ópera y opereta. 
Mayor éxito tuvieron un grupo de obras breves que agrupó bajo el nombre de Il trittico (El tríptico). Il tabarro (El tabardo), una ópera en un acto según la tradición del gran guiñol francés: Suor Angelica (Sor Angélica) una tragedia sentimental y Gianni Schicchi, una farsa basada en unos versos de la Divina Comedia y a la que pertenece una de sus arias más conocidas: O mio babbino caro (Mi querido papaíto). Aunque se suelen representar juntas en una sesión, esta última suele hacerlo independientemente en programas dobles con otra obra corta.

Representación de Turandot en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, 16/11/2024 días antes del centenario del compositor.
Una de las grandes aficiones de Puccini influyó en la demora que el compositor tuvo para la gestación de Madama Butterfly. Aficionado a la velocidad, coches y motos le proporcionaban una gran pasión. La noche del 23 de febrero de 1903 su chófer lo llevaba a su residencia de Torre del Lago para continuar componiendo su ópera pese al mal tiempo. En una de las curvas, el coche derrapó por el camino helado y cayó varios metros por un terraplén hasta que un árbol frenó el coche que quedó sobre su cabeza. Pese a lo aparatoso del accidente salió con una complicada fractura de fémur que le dejó una leve cojera permanente y le tuvo más de ocho meses apartado de la composición por prohibición médica, aunque él no dejaba de dar vueltas a su personaje japonés.

"Un giorno con Puccini" imágenes en su residencia y alrededores de Torre del Lago. La música, añadida posteriormente, pertenece a Turandot.

Retomo de nuevo el texto de Adriano Lualdi en el que narra cómo transcurrió la velada en su casa de Torre del Lago en la que podíamos decir que presentó a sus amigos el comienzo del tercer acto de Tosca de una forma peculiar.




El siguiente enlace nos muestra ese comienzo del Acto III de Tosca, con una introducción a la que sigue el aria Io de sospiri te ne rimanno tanti. Se trata del amanecer romano junto al Castel Sant'Angelo la mañana en que Cavaradossi va a se fusilado. Un joven pastor lleva su rebaño por las calles aledañas mientras canta esta cancioncilla.


Aunque el canto del pastor sucede fuera de escena y se escucha desde la celda del prisionero al amanecer, en esta producción del Festiwalu Bregenz de 2007, el pastorcillo lo hace desde el escenario. La interpretación corre a cargo de la soprano Katia Velletaz. En la parte final, mezcladas con la música se oyen las campanas que interpretaron los amigos de Puccini en aquella singular velada.


Donde más cómodo se sentía Puccini era componiendo, especialmente en su casa de Torre del Lago. Las cartas que se cruzaba con Illica, Giacosa o Ricordi le servían para moldear y modelar escenas y personajes. En cambio, hablar en público e incluso aceptar una invitación a una cena por compromiso lo ponían nervioso. Tras la presentación de La Bohème, por ejemplo escribió a su editor: «Una invitación a una cena me tiene nerviosos una semana, así soy y no puedo cambiar ya. No he nacido para vivir entre salones y fiestas».
Cumplidos los sesenta años, Puccini se lanzó a abrir nuevos caminos con Turandot, una fábula oriental basada en una obra de Carlo Gozzi que cumplía sus anhelos y expectativas: un tema de ambiente fantástico, casi de cuento, pero con personajes de carne y hueso. Durante su composición, a este fumador empedernido se le diagnosticó un cáncer de garganta que fue tratado en una clínica de Bruselas. Aunque el tratamiento parecía avanzar adecuadamente, su corazón no pudo soportarlo y falleció el 29 de noviembre de 1924. Solo una de sus hijas estaba informada de la gravedad de la enfermedad, sorprendiendo a todos el fatal desenlace.
En la concepción de esta obra vuelve a mostrar esa relación entre la ópera y el cine: la creación de un espectáculo de masas, la unión de distintas especiales artísticas -decorado, vestuario, escenografía...- y la preponderancia de las emociones que lleguen a los espectadores. También en ambas se pueden crear escenas de transición que lleven al público de una a otra e incluso la música puede llegar a anticiparlo que va a suceder. Por último, ambas artes tienen la facultad de mostrar en una escena a multitudes de participantes que muestran distintas emociones, a veces contradictorias.
Turandot quedó inconclusa y le encargaron a Franco Alfano que la finalizara. Se estrenó en el Teatro Alla Scala de Milán el 25 de abril de 1926 con la dirección de Arturo Toscanini, quien al llegar a la antepenúltima escena (aquella en la al morir Liù el coro canta ¡Liù, bontá, perdona!, Liù docezza dormi!, Liù, Poesía!) paró la orquesta, se volvió hacia el público y dijo mientras descendía el telón: «Aquí termina la obra, porque en este lugar murió el Maestro». A partir de la siguiente representación se interpretaron las dos escenas que había añadido Alfano.

El Castell Sant'Angelo donde se desarrolla el Acto III de Tosca
El último texto que te traigo está escrito por Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943), un humanista, viajero, enólogo y polifacético profesor que ha cultivado multitud de géneros literarios. De una gran cultura y facundia, entre sus obras podemos disfrutar la novela El testamento de Nobel, la poesía en Chandala Sutra o Escucha Israel, los libros de viaje en Yucatán y los mayas, Perú o Memorias de México. También cultiva el ensayo en La hispanibundia Memorias del Orient Express.
En Libro de Réquiems (2004), Wiesenthal reúne una multitud de artistas que han marcado su trayectoria vital. Personajes a los que conoció, los objetos que poseyeron, esos hoteles que visitaron o las casas en que vivieron.
Unos extractos de su capítulo dedicado a Puccini, La bohemia en un cristal (Recordando a Mimí) nos evoca con un lenguaje lírico algunos momentos de su existencia, principalmente en su residencia de Torre del Lago, alguno de los cuales has podido conocer en esta publicación.
Su personalidad solitaria y depresiva, la gente sencilla con la que se relacionaba, sus costumbres, la elegancia en su vestimenta, sus amantes desfilan por estas líneas hasta acercarse hasta el momento de su muerte.

Si en sus obras Wagner se centró en los temas y personajes míticos recreando el universo de las leyendas medievales germánicas, Puccini optó por un camino diametralmente diferente. Inmerso en el verismo como Mascagni o Leoncavallo, sus obras están atravesadas de melodías populares mezcladas con una orquestación de tipo melodramático por el que transitan personajes contemporáneos, tremendamente humanos y vulnerables, especialmente los femeninos, que son las grandes protagonistas de sus obras.

Torre del Lago, en la Toscana.
Pese a que sus obras no están creadas en base a arias, dúos, cuartetos o coros que se puedan separar de las óperas a las que pertenecen, Puccini nos ha legado también un gran número de piezas que se reconocen por sí mismas independientemente de esas obras aunque no conozcamos las óperas a las que pertenecen.
Así, arias como Vissi d’arte, Recóndita armonía o E lucevan le estelle de Tosca, Me llamo Mimí, Che gelida manina o el Vals de Mussetta de La Bohème, Un bel di, vedremo de Madama Butterfly, Nessun dorma de Turandot y O mio babbino Caro de Gianni Schichi forman parte de nuestra cultura musical.

Funeral de estado de Puccini en Bruselas antes de que su cuerpo fuera trasladado a Italia. Para visualizarlo debes acceder a YouTube

Finalizo este recuerdo a Puccini al cumplirse años de su fallecimiento con lo último que dejó escrito, el final de la primera escena del Acto III en el que, al pedir Turandot el nombre de quien la ha vencido, es Liù quien manifiesta conocer el nombre, aunque se niega a pronunciarlo. Justo en el momento en que finaliza el enlace se pronuncian las palabras que escribió el Maestro¡Liù, bontá, perdona!, Liù docezza dormi!, Liù, Poesía!

Cartel para el estreno de Turandot el 25 de abril de 1926
El personaje de Liù lo interpreta Leona Mitchell, Plácido Domingo es Calaf, Eva Marton es la princesa de hielo Turandot y Paul Plishka es Timur en una producción del Metropolitan Opera de Nueva York de 1987 producida por Franco Zefirelli y la dirección musical del otrora director del coliseo neoyorkino James Levine. Pese a la poca calidad de la imagen la enlazo al estar la escena subtitulada en castellano.

Parafraseando al propio compositor en Turandot: Diecimila anni al nostro Maestro! Inmortal Puccini.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Lualdi, Adriano. Giacomo Puccini i suoi detrattori (en italiano) Volumen V de Piazza delle Bella Arti de la Accademia Nazionale (1957-1958). Página web.
  • Wiesenthal, Mauricio. Libro de Réquiems, Editora y Distribuidora Hispano Americana, S. A. (2009). ISBN: 978843518241.
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.

La Ópera en el Cine 2

La calidad de una pieza musical puede estar en letargo durante mucho tiempo hasta que adquiere una popularidad proveniente de otro ámbito. Es el caso de la música de ópera que se vuelve viral cuando se utiliza en el cine, la televisión o la publicidad.
En este blog hemos dedicado a tratar de estas apariciones en diversas publicaciones como en La Ópera en el Cine, La Ópera en la publicidad o en Publicidad, Ópera y Música en las que se relacionaban las obras originales con su utilización en estos ámbitos.
Así, piezas que pertenecen a unas obras que son conocidas por un público determinado, los aficionados a la ópera y la música en general, adquieren de pronto una vida en un medio distinto que transforma su popularidad en un fenómeno viral. Este resurgimiento no suele tener nada que ver con el sentido original de la pieza, ni su duración -a la que frecuentemente se la adapta al nuevo formato- o la instrumentación con que fue escrita. Así, si hay que escuchar un aria de Mozart con la voz distorsionada en el estudio o una obertura de Rossini con instrumentos electrónicos, por necesidades del nuevo formato, se acepta sin más.
Y lo curioso es que, en el fondo, no importa mucho. Este trasvase sirve como una suerte de escaparate cultural que logra que un público que nunca conocería la obra llegue a tenerla en consideración, aunque nunca llegue a escucharla en su formato original. En el tránsito, se habrá dado a conocer al autor o a la obra, algún espectador la incorporará sin conocerla a su impronta cultural o desarrollará una curiosidad que le hará acercarse a ella.
De esta forma, el cine sigue llevando la ópera a la gran pantalla, señal de la calidad y la importancia de las obras musicales, aunque no siempre con el mismo sentido que tenía en su contexto. Si tiene algo que decir con el argumento y el desarrollo de la película, será bienvenida; si encaja en el desarrollo de la escena potenciando su fuerza como simple banda sonora, también lo será.
Te invito a acercarte a algunas escenas de películas de cine en que aparece música de ópera. Nos acompañan El padrino III, Hannibal, Mar adentro y Apocalypse now. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Prácticamente conocemos a Pietro Mascagni por la primera ópera que estrenó y poco más, pese a que llegara a estrenar una docena de óperas más.
Tras estudiar un par de años en el conservatorio de Milán, siguiendo, entre otros, la docencia de Ponchielli, Mascagni abandonó los estudios para enrolarse como contrabajista en el teatro y como director en varias compañías ambulantes. Al conocer que el editor musical Sozogno -rival de los afamados editores Ricordi- convocaba un concurso sobre ópera en un acto, compuso en poco tiempo Cavalleria rusticana (algo así como Caballerosidad rural), con la que ganó el concurso, pese a que hubo de compartirlo con dos obras más.
Tras su estreno en el Teatro Constanzi de Roma, en mayo de 1890 se hizo famoso en todo el mundo con esta única obra. Más adelante, siguió componiendo y dirigiendo, aunque ninguna de sus obras llegó a obtener la fuerza dramática, la originalidad y los niveles de popularidad de esta ópera. Pese a su intensa labor como director durante toda su vida, el hecho de haberse dejado ensalzar por el gobierno de Mussolini dificultó su reconocimiento y trabajo más allá de las fronteras italianas.
Se instauraba así el movimiento del Verismo, entroncado con el Naturalismo literario que se desarrollaba desde la narrativa francesa de Zola y otros autores y sustituía a las formas musicales con raíz en la aristocracia y la burguesía propias de la ópera de la primera parte del XIX para acercarse a ese naturalismo enraizado en las clases populares y la violencia de algunos entornos sociales.

La historia de Cavalleria rustica transcurre, como exigía la convocatoria, en un solo acto en una aldea de Sicilia en un domingo de Pascua de la década de 1880. Turiddu, que ama a Lola, regresa a la aldea tras el servicio militar, encontrándola casada con Alfio. Huyendo de su desengaño se refugia en Santuzza, que lo ama apasionadamente y con quien se compromete. Lola, que envidia la suerte de esta, busca recuperar a Turiddu, quien cae en sus redes. Así, Mascagni propone un argumento que presagia el triste final que se desencadenará en una festiva mañana de Pascua.
Varias son las piezas conocidas que se destacan de esta ópera (Regina coeli laetare, Inneggiamo, il Signore noe è morto o Viva il vion spumeggiante!), pero nos quedamos con el Intermezzo, una composición cuya melodía principal ha pasado a tener un carácter casi folclórico dentro de la música italiana.
El Intermezzo se produce en el momento en que Alfio proclama su venganza contra Turiddu, un momento en el que todo el pueblo está en iglesia para la celebración y la plaza está solitaria. Poco a poco, esta pieza fue tomando protagonismos e interpretándose en conciertos sinfónicos independientes de la ópera, alcanzando gran renombre en el repertorio orquestal.
La Orchestre National de France dirigida por Georges Prêtre nos trae este Intermezzo de Cavaleria rusticana de Mascagni en una grabación que se realizó en la Chorégies d'Orange en agosto de 2009.


En varias ocasiones ha sido llevado a la gran o pequeña pantalla este Intermezzo de Mascagni. En los títulos de crédito y el arranque de Toro Salvaje de Martin Scorsese nos muestra a Robert de Niro boxeando con su propia sombra mientras suena esta música. También en la serie Los Soprano, en la que se prodigan las apariciones de música desde Vivaldi a piezas de rock del siglo XX, hay una escena en un restaurante en la que se oye esta misma música que evoca en los protagonistas distintas sensaciones.


¡Cuidado hay spoilers! Si aún no la has visto y deseas hacerlo, salta después del enlace.
Pero la que nos acerca al cine en esta ocasión es The Godfather Part III (1990), la tercera parte de El Padrino de Francis Ford Coppola. Quizás no haya una ópera que encaje mejor en el mundo de los Corleone, las venganzas, el ambiente cultural y la tierra que Cavalleria rusticana. Más cuando el final de la película -y la saga- se centra en esta obra en la que Anthony Corleone, el primogénito tenor de Michael es quien protagoniza el papel de Turiddu con todos los miembros de su familia presentes en el teatro. Aquí Coppola vuelve a mezclar ese tipo de argumentos que tanto prodiga en la saga: escenas paralelas en las que se cruzan las muertes y los ajustes de cuentas. Aquí, la trama para asesinar a Michael fracasa y quien muere es su hija Mary en las escalinatas a la salida de la ópera.
La música de Mascagni adquiere toda la fuerza dramática que Coppola imprime a la saga de los Corleone.


Nacido en la ciudad alemana de Halle, a Georg Friedrich Händel podemos considerarlo como uno de los más prolíficos y reconocidos compositores ingleses, puesto que después de formarse en su país natal y en Italia -en Roma con Arcangelo Corelli y Alessandro y Domenico Scarlatti-, terminó su vida en Inglaterra, después de que, siendo maestro de capilla del príncipe elector de Hannover, este fuera nombrado rey con el título de Georg I de Gran Bretaña, pasando en las islas británicas más de cuarenta años. Allí estrenó alrededor de treinta óperas, además de diversos oratorios, entre ellos su celebérrimo Messiah, llenando con creces el vacío que había dejado la muerte de Henry Purcell.
En 1724 estrenó en el King's Theatre londinense la ópera en tres actos Giulio Cesare in Egitto con libreto en italiano de Nicola Francesco Haym. El libreto, como podemos imaginar, se centra en la estancia de César en Egipto tras vencer a Pompeyo y sus relaciones amorosas con Cleopatra.
En la tercera escena del tercer acto nos encontramos con el sobrecogedor lamento de la reina egipcia Piangèrò la sorte mia (Lloraré mi suerte) cuando cae prisionera de su hermano Ptolomeo y se imagina el final que le espera y en el que las intérpretes pueden mostrar su coloratura y su capacidad para los ornamentos y el fiato.

La soprano francesa Natalie Dessay interpreta el aria Piangèrò la sorte mia con la Orchestre du Concert D'Astree y la dirección de Enmanuelle Haim en una grabación registrada en 2011.


En esta ocasión no recurrimos a una película para traer la pieza anterior, sino a una serie de televisión basada en el cine. En The silence of the lambs (El silencio de los corderos, Jonathan Demme, 1991) se nos presentaba uno de esos personajes que traspasan la pantalla, Hannibal Lecter, a las que siguieron Hannibal (2001) y Dragón Rojo (2002), secuela y precuela respectivamente de la película original, todas ellas protagonizadas por Anthony Hopkins.


El éxito de las películas y el personaje llevaron a la creación de la serie Hannibal, en uno de cuyos capítulos -el séptimo de la primera temporada, concretamente- se interprete este aria Piangèrò la mia sorte a cargo de la actriz y soprano canadiense Emily Klassen.


Desde pequeño Puccini tuvo relación con la música, puesto que su padre le dio clases de órgano desde los cinco años y, tras su fallecimiento, continuó cantando también en coros de iglesia. Más adelante entró en el conservatorio de Milán donde también fue discípulo de Ponchielli, unos años antes de Mascagni.
Su decena de óperas marcaron el cambio de siglo, siendo el último autor de una tradición que surgió en Italia y llegó a su apogeo en el siglo XIX. Obras como Manon Lescaut, La Bohème, Tosca, Madame Butterfly, las que componen Il Trittico (El tríptico) o Turandot continúan representándose en la actualidad y han puesto a Puccini en el lugar que le corresponde en la historia de la música.
Su última ópera, Turandot, quedó inacabada al fallecer el compositor tras una operación relacionada con un tumor en la garganta, por lo que fue terminada por su colaborador Franco Alfano.
Profundo conocedor del alma humana, la música de Puccini está impregnada de una melancolía que recorre todas sus obras. Aún así, la temática de Turandot se aleja de sus obras anteriores, evitando los dramas realistas y centrándose en un cuento oriental cargado de símbolos en el sentido de las leyendas populares.
El personaje del príncipe Calaf es el gran rol de tenor heroico de Puccini, tanto por la intensidad que debe transmitir, en un estado de apasionada fuerza, como por su registro vocal que alcanza los registros más agudos. Así, su segunda aria situada al comienzo del Acto III, Nessun dorma! (¡Que nadie duerma!) se ha consolidado como una de las arias para tenor más conocidas y populares de la historia de la ópera de todos los tiempos.

Pese a que la hemos traído al blog en otras ocasiones, no está mal volver a disfrutar de la interpretación de Nessun dorma! a cargo del grandísimo tenor Luciano Pavarotti en una grabación que recrea una puesta en escena a comienzos del siglo XX.


En su película Mar adentro (2004) sobre la historia de Ramón Sampedro, Alejandro Amenábar utiliza este aria con un sentido de ensoñación y libertad absoluta. Aquí muestra el sueño de quien no puede moverse al estar tetrapléjico, pero que se siente momentáneamente con la capacidad, no sólo de caminar, sino de desplazarse libre y emocionadamente hasta donde su mente le lleva.


La frase que pronuncia cuando se encuentra con Julia (Belén Rueda), «me dijeron que estabas aquí y vine volando» encierra toda la grandeza de esta pieza, en un sentido que nada tiene que ver con el que posee en la obra original de Puccini.


Pocos creadores han buscado con tanto ahínco como Richard Wagner tener un control mayor sobre su producción artística y crear un tipo de obras que abarcara y uniera en una sola todas las demás artes: La música, el teatro, la poesía, el vestuario o los decorados, todo debía confluir en la Gesamtkunstwerk, la obra de arte total.
En la evolución de sus obras se aprecia cómo Wagner va adueñándose y tomando el control de los aspectos creativos, desde la elaboración del guion que él mismo escribe, hasta la música en la que dota a cada personaje, símbolo o elemento de unos temas musicales, leitmotivs, que suponen una concepción de la armonía, la melodía e incluso el contrapunto con el que se delimitan sus emociones o características y que aparecen a lo largo de toda la obra.
De entre toda su producción nos acercamos a la tetralogía más famosa y ambiciosa de la historia de la ópera: El anillo del Nibelungo. Dividida en un prólogo (El oro del Rhin) al que siguen La Walkyria, Sigfrido y El ocaso de los dioses, es la segunda de estas la que nos acompaña para despedir esta publicación sobre la ópera en el cine.
El comienzo del Acto III recoge una de las músicas más reconocibles del compositor alemán, en la que las walkyrias, las nueve hijas de Wotan y Erda, con Brunilda a la cabeza, recogen los cuerpos de los guerreros caídos en combate para acercarlos al Walhala.
Esta Cabalgada de las walkyrias (no cabalgata, que hace referencia a un desfile de carrozas o jinetes por las calles) sugiere un espacio infinito, un mundo cósmico más allá de lo terrenal en el que Wagner incluyó un grupo inusual de diversos tipos de viento metal a base de trompas, tubas y trombones que le imprimen una grandiosidad escalofriante.

Nos acompaña una versión icónica, la correspondiente a la producción de la tetralogía que se representó en el Festival de Bayreuth de 1980 dirigida por Pierre Boulez.


Posiblemente todos los aficionados al cine hayamos pensado en la misma escena con la música de esta Cabaldada de las walkyrias.
Así, cerramos el ciclo con el cineasta que lo abrió, Francis Ford Coppola y su película situada en la guerra de Vietnam, Apocalypse now, inspirada en la novela El corazón de las tinieblas de Josep Conrad, con Marlon Brando, Martin Sheen y Robert Duvall en sus papeles principales.


Tampoco en esta ocasión la música tiene que ver con su sentido original de acercar a los caídos a su paraíso particular, sino que se utiliza con toda su grandiosidad para magnificar lo terrible de un conflicto bélico. Es la horrible fascinación de lo repulsivo.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)
  • Alier, Roger. Guía universal de la Ópera. Ediciones Robinbook, S. L. 2007, Barcelona. Ma non troppo