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Letras Prestadas - Club Pickwick

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Seudónimos con historia & historias bajo seudónimos

Durante mucho tiempo algunos artistas, sobre todo escritores, han utilizado dos formas de dar a conocer sus obras sin que estas fueran asociadas a sus nombres: algunas se publicaron con un nombre falso y otras sin hacer referencias a su autor. De esta forma, el uso de seudónimos y el anonimato  se convirtieron en las formas de ocultar o silenciar el nombre de sus autores.
En esta publicación nos acercaremos a algunas razones que motivaron que sus autores no utilizaran sus nombres verdaderos para dar a conocer sus obras. 
En primer lugar, nos acercamos a la definición que el Diccionario de la R. A. E. nos da sobre esta palabra.  

Seudónimo, ma: 

Tb. pseudónimo.

Del griego ψευδώνυμος (pseudónymos, falso nombre).

1. adj. Dicho de un autor: Que oculta con un nombre falso el suyo verdadero.

2. adj. Dicho de una obra: Firmada con seudónimo.

3. m. Nombre utilizado por un artista en sus actividades, en vez del suyo propio.

Como sinónimos, es diccionario nos indica: apodo, sobrenombre, alias, mote y remoquete.

Nos quedaremos con las acepciones primera y tercera para tratar sobre esta palabra y a algunos de los creadores que las han utilizado.
Te propongo reflexionar sobre las razones que han llevado a diversos autores a presentar sus obras con seudónimos. Nos acompañan algunos conocidos por distintas razones como Voltaire, Stendhal, Clarín, Offenbach, E.T.A. Hoffmann y Pilar Lorengar. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Los pseudónimos se han utilizado desde hace mucho tiempo y los motivos para utilizarlos son diversos, llegando a desconocer o hacernos olvidar en muchos casos el nombre auténtico del artista. La primera de las acepciones del diccionario nos remite al seudónimo como forma de ocultar con un nombre falso el verdadero del autor o autora.
En estos casos los motivos son variados, en algunas ocasiones por el temor a distintas consecuencias como las políticas, sociales, laborales o familiares. Enfrentarse al poder establecido, crear obras que suponen una ruptura con la tradición, poner en cuestión una posición social al crear una obra o acceder a las indicaciones familiares son algunos de los motivos más frecuentes.
-Es el caso de Ricardo Eliécer Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, el poeta chileno que cambió su nombre para evitar que su padre se avergonzara por tener un hijo poeta. Aunque nunca llegó a decir por qué publicaba como Pablo Neruda, la teoría más aceptada es su admiración por la obra del novelista, poeta y dramaturgo checo Jan Neruda, algo mayor que él y que escribía sobre personajes populares de su Praga natal.

-En otras ocasiones, la razón para utilizar un seudónimo no la conocemos. El autor inventa un nombre que tenga cierta sonoridad y lo utiliza. A veces más de uno, como es el caso de Marie-Henry Beyle, que publicó diversos libros con varios seudónimos hasta que en 1817 publicó su obra Roma, Nápoles y Florencia bajo el nombre de Stendhal, y a partir de ese momento fue el nombre que utilizó en sus escritos. Aunque tampoco reveló el origen de este remoquete, las dos principales hipótesis apuntan a la ciudad alemana de Stendal, donde nació su admirado Winckelmann, el fundador de la arqueología tras sus trabajos en Herculano y Pompeya, o la del anagrama de las islas Shetland al norte de Gran Bretaña.

Olof Johan Södermark, Marie-Henri Beyle, llamado Stendhal (1840), Palacio de Versalles
Sea cual sea el origen, Stendhal marcó la primera parte del siglo XIX con sus obras. Tras dejar el ejército trabajó como funcionario imperial en Alemania, Austria y Rusia, llegó a ser embajador en Trieste y viajó por diversos países y ciudades. Su obra refleja la compleja situación política de su época, muestra un individualismo naciente, sus ideas anticlericales y su exquisito gusto hacia el arte, habiéndose acuñado el término Síndrome de Stendhal ante el trastorno producido por la contemplación y admiración de obras de arte.
Del autor de Rojo y negro o La cartuja de Parma nos acompaña el inicio de una de sus obras cortas, Vittoria Accoramboni, Duquesa de Bracciano, un relato recogido en diversos libros antológicos suyos como Los Cenci y otras crónicas italianas que nos evoca en cierto sentido los que hará un siglo más tarde Borges, aunque en esta ocasión no es obra del escritor francés sino que, como bien nos indica en el texto, es la traducción literal, con algunas expresiones adaptadas al tiempo en que la publicó, de un manuscrito del siglo XVI. El texto original se encuentra actualmente en las oficinas de la Revue de Deux Mondes.
 

En otros casos, más que un seudónimo, el nombre adoptado tiene que ver con otras circunstancias como la adaptación del nombre o apellido a un nuevo lugar o país con la finalidad de hacerlo más asequible a esa cultura o idioma. 

-Es el caso de intérpretes como Maria Anna Cecilia Sophia Kalogeropoulos, la famosa cantante neoyorquina de origen griego que adaptó su nombre a la sonoridad anglosajona dada la dificultad de pronunciar su apellido. Tras su regreso en su infancia a Grecia y el comienzo de su carrera en Italia, su nombre como María Callas la encumbraría como la voz de soprano más completa y versátil del siglo XX.  

-También es el caso de Jakob Eberst Offenbach, el músico nacido en Colonia y que haría toda su carrera y triunfaría en París (1819-1880) fundamentalmente con sus operetas. Su padre,  Isaac Juda Eberst, era un encuadernador de origen judío que acabó como jazán (quien lleva los cantos litúrgicos) itinerante en las sinagogas y tocando el violín por los cafés. Al recalar en Colona y ser conocido como Der Offenbacher (gentilicio de Offenbach del Meno, su ciudad de origen) acabó tomando el apellido de su localidad natal en 1808, quizás aprovechando un decreto napoleónico para regularizar apellidos judíos.
Así, su hijo Jakob Eberst Offenbach, que mostró pronto sus aptitudes para la música, ingresó con 14 años en el Conservatorio de París donde sólo estuvo un año. Durante veinte años se ganó la vida como violonchelista adquiriendo fama en toda Europa para continuar como director de orquesta y compositor asociado al teatro musical. Al entrar en el ambiente parisino adaptó su nombre al francés, desapareciendo Erbest y siendo conocido como Jacques Offenbach.
Al no poder hacerse cargo de la compañía de la Opéra Comique alquiló un pequeño teatro en los Campos Elíseos donde comenzó a estrenar unas operetas que alcanzaron gran éxito y que criticaban de forma despiadada a la sociedad de su tiempo como Orfeo en los infiernos o La bella Elena. Este tipo de obras influyeron en compositores como Johann Strauss o el dúo inglés Gilbert & Sullivan. Su ópera Los cuentos de Hoffman quedó como su última gran obra, en fase de revisión cuando falleció.

André Gill Caricatura de Offenbach (1875), Bibliothèque nationale de France
Nos acompaña una obra para violonchelo y orquesta, Les larmes de Jackeline (Las lágrimas de Jacqueline), una pieza de 1846, la segunda de las tres que forman Les harmonies des bois (Las armonías de los bosques, Op. 76), una obra escrita para él mismo y con la que viajó por gran parte de Europa como solita virtuoso.
La interpretación corre a cargo de la cellista franco-belga Camille Thomas con el Stradivarius Feuermann de 1730 cedido por la Nippon Music Foundation, acompañada por la Orchestre National Bordeaux Aquitaine bajo la dirección de Diego Matheuz y que fue grabado en el Auditorium de l'Ópéra de Bordeaux por la Deutsche Grammophon para el disco Saint-Saëns & Offenbach.


En otros casos, el uso de pseudónimos tiene orígenes variados, acompañando a los autores durante toda su vida o siendo abandonados más adelante por el nombre original. Veamos algunos casos concretos.

-Los primeros escritos de Charles Dickens en la prensa aparecieron entre 1833 y 1836 una serie de publicaciones tituladas Ilustrative of Every-day life and every-day people. Aunque comenzaron a publicarse sin firma, acabaron siendo firmadas con seudónimos y se conocieron como Sketches by Boz (Bocetos de Boz). ¿Por qué este nombre? Al parecer era el apodo que le daba a su hermano menor Augustus, a quien él llamaba Moses (Moisés) por un personaje literario. Su hermano lo pronunciaba de forma muy nasal, Moses acabó sonando Boses y acortándose a Boz. Con el paso del tiempo, Dickens dejó de publicar estos bocetos y comenzó a ser reconocido con su nombre.

-Cuando Charles Lutwidge Dodgson comenzó a publicar relatos cortos y poemas en la revista Comic Times, el director le propuso que utilizar un seudónimo al tener pocas habilidades sociales. Así, este profesor de matemáticas tímido y epiléptico buscó un nombre para firmar sus publicaciones. Latinizó Charles como Carolus y Lutwidge como Ludovicus, para volver a convertirlos al inglés invirtiéndolos como Lewis Carroll. Sus obras, entre las que destacan Alicia en el país de las maravillas o A través del espejo, así como multitud de relatos breves fueron publicados con su seudónimos, mientras algunos trabajos matemáticos lo fueron por su nombre original. 

-Hijo de notario, el nombre de François-Marie Arouet es poco conocido, pese a ser uno de los grandes pensadores y escritores de la Ilustración, un filósofo que pasó toda su vida huyendo de un lugar a otro a consecuencia de la franqueza de su pensamiento y de sus escritos, así como por su consciente poca diplomacia. Así Voltaire hubo de cambiar varias veces de país al ser perseguido por sus ideas y publicaciones hasta el extremo de adquirir unas tierras en la frontera con Suiza por si debía salir huyendo de nuevo de su país. 

Taller de Nicolas de Largillière, detalle de Retrato de Voltaire (1725), Musée Carnavalet
Aunque tampoco explicó su seudónimo Voltaire se han desarrollado varias hipótesis. La más aceptada es que es una contracción del apelativo con que lo conocían en casa, Petit Volontaire (el pequeño voluntario), aunque otra de las distintas versiones se inclina por el anagrama de AROUET Le Jeune (el joven Arouet) utilizando sólo las mayúsculas del alfabeto latino con la u como v y la j como i. El caso es que sus escritos, incisivos, agudos y críticos fueron publicados con este seudónimo que le ha dado fama universal.
Incluido en Cuentos completos en prosa y verso nos acompaña Una aventura india, un pequeño relato de apenas dos páginas que nos muestran el genio y la capacidad reflexiva de Voltaire.



En las últimas décadas se ha generalizado el uso de seudónimos entre los actores, modificando la mayoría de ellos, especialmente en el ambiente de Hollywood, sus nombres originales por otros más sonoros e inéditos. 
En otros casos, el seudónimo es una suerte de homenaje o un modo de inspiración hacia personas, lugares u otra circunstancia, o una forma de tener un nombre más sonoro que el propio. 
-Quizás el primero de los seudónimos conocidos es el que utilizó Jean-Baptiste Poquelín, el dramaturgo más representado en Francia. Con poco más de veinte años adoptó ese nombre tomado de François-Hugues Forget de Molière d'Essertines, un escritor en cuyas obras se basó para crear algunos de sus personajes como el protagonista de El misántropo. ¿Qué razón motivó a Molière para adoptar este nombre? Posiblemente lo hiciera para evitar el aún no muy considerado oficio de actor, ya que su padre, aunque era tapicero, trabajaba para la corte.
-Samuel Langhome Clemens trabajó en los empleos más dispares desde muy joven, llegando a ser impresor, buscador de oro, navegante o periodista antes de convertirse en uno de los escritores más populares de Estados Unidos. Al comenzar a trabajar en estas publicaciones periódicas comenzó a utilizar un seudónimo relacionado con su época de navegante por el Mississippi, donde debía anotar la profundidad del lecho fluvial para ver si era navegable (to mark), utilizando la palabra «wain» si alcanzaba las dos brazas necesarias, surgiendo así su alias de Mark Twain con el que conocemos al autor de Las aventuras de Tom Sawyer y de Huckleberry Finn, El príncipe y el mendigo o Un yanqui en la corte del rey Arturo. 

-El homenaje también está detrás del nombre con el que es conocido uno de los más polifacéticos autores de la primera mitad del XIX, Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann, que cambión el tercero de sus nombres por el de Amadeus en honor de Wolfgang Amadeus Mozart, siendo conocido como Ernst Theodor Amadeus (E.T.A.) Hoffmann. Nacido en Königsberg, la ciudad de Kant, en la Prusia Oriental, fue jurista, una profesión que alternó con la crítica musical, dibujante, caricaturista, cantante como tenor, pintor, escritor -su faceta más conocida- y compositor, siendo uno de los principales nombres de la literatura romántica alemana.  

Autocaricatura de E. T. A. Hoffmann (1850)
Dentro de su producción musical, nos acompaña una pieza perteneciente a su ballet Arlequín de 1808, AV 41, el número XX, Alegretto, interpretado por la German Chamber Academy Neuss dirigida por Johannes Goritki perteneciente al álbum Arlequin ballet & Overtures publicado en 1999 por la discográfica CPO.


Aunque hay ocasiones en que la razón del uso de seudónimos es simplemente desconocido o caprichoso por parte de quienes los usan, es indudable que deben utilizar la imaginación, las emociones y unos motivos que les ayuden a buscarlo, puesto que este nombre les acompañará durante su vida creativa e incluso después de ella.

-Aunque quizás el nombre de Eric Arthur Blair (1903-1950) no nos diga mucho, sus obras de marcado cariz político y social influyeron en los lectores a partir de la mitad del siglo pasado. Periodista, ensayista, crítico literario y novelista, este inglés nacido en la India y que recorrió medio mundo entre conflictos bélicos incluidas la guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial. Comenzó a utilizar el alias de George Orwell desde 1933 para no molestar a sus padres con la publicación de Sin blanca en París y Londres. Tras barajar nombres como Kenneth Miles o H. Lewis Allway se decidió por el que unía el nombre del patrón de Inglaterra, George con el de Orwell, un río de Suffolk, un lugar emblemático para él y muchos ingleses. Nos dejó novelas distópicas como Rebelión en la granja o 1984 donde muestra su visión de una sociedad totalitaria en la que estamos vigilados por el omnipresente Gran Hermano. 

Para acercarnos a los últimos seudónimos que vamos a tratar nos quedamos en nuestro país o idioma. 
-José Augusto Trinidad Martínez Ruiz utilizó múltiples nombres aunque a partir de su trilogía formada por La voluntad, Antonio Azorín y Las confesiones de un pequeño filósofo comenzó a publicar como Azorín, sobrenombre por el que se le conoce desde entonces.
-En 2021 Carmen Mola ganó el Premio Planeta con la novela La bestia. Al entregarse el galardón, que se presenta siempre bajo seudónimo, se desveló el nombre de los ganadores: Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez lo escribieron al alimón y publicaron este y otros libros con ese alias. Al parecer, el nombre lo eligieron en un par de minutos. Propusieron que fuera un nombre femenino, uno de ellos dijo Carmen y comentaron «mola» y así surgió Carmen Mola.

-Quizás el más conocido de todos fue el que tomó Leopoldo García-Alas y Ureña, que comenzó a utilizarlo en 1875 cuando empezó a publicar artículos críticos titulados Azotacalles de Madrid en el periódico El solfeo. Para aprovechar el título de la publicación, el director de la publicación instaba a sus periodistas a utilizar nombres de instrumentos musicales, por lo que Leopoldo Alas tomó el de Clarín, un alias que aprovechaba la coincidencia entre el nombre del instrumento y el de un personaje secundario de La vida es sueño de Calderón de la Barca. Salvo su tesis doctoral que publicó con su nombre, todas sus obras, entre las que destaca La regenta, aparecieron editadas con su nombre.
Nos acompaña unos de muchos relatos cortos que escribió y recogido en diversas antología como ¡Adiós, Cordera! y otros cuentos. Se trata de Benedictino, un cuento de varias páginas que recrea la relación entre Joaquín (Caín) y Abel.


Si te has quedado con curiosidad y deseas leer el cuento completo, sigue el siguiente enlace a Benedictino de Clarín. 

Un caso frecuente en el uso de sinónimos es el femenino. Desde los primeros tiempos en que se comenzaron a editar y publicar libros tras la invención de la imprenta, la escritura por parte de las mujeres se encontraba cuestionada, especialmente entre los siglos XVIII y XIX, por lo que muchas de ellas hubieron de recurrir al uso de seudónimos masculinos, el uso del nombre de sus esposos e incluso el anonimato para poder publicar. Pero estos casos dan para una publicación independiente que realizaré en otra ocasión.

Ramón Cilla, caricatura de Leopoldo Alas dentro de la serie "Los hombres del día. Nuestros críticos", revista Blanco y Negro (4 de marzo de 1893)
-No fue para poder publicar lo que le hizo cambiar su nombre a Lucila María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga. La diplomática y poeta chilena creó su nombre para homenajear a dos de sus escritores favoritos: el italiano Gabriele D'Annunzio y el francés Frédéric Mistral, publicando desde 1917 todas sus obras como Gabriela Mistral.
-Cecilia Böhl de Faber, hija de un alemán hispanófilo vivió durante muchos años en España donde su padre era cónsul y de la escritora gaditana Frasquita Larrea que firmaba sus escritos como Corina. Tras el fallecimiento de su esposo el Marqués de Arco Hermoso volvió a casarse y, debido a la precaria situación económica comenzó a publicar escritos por entregas como La gaviota, una obra que evocaba el estilo de Walter Scott. Sus obras indagan en las virtudes tradicionales, el regeneracionismo católico y sus obras fueron publicadas bajo el seudónimo de Fernán Caballero, nombre que tomó de la localidad homónima de Ciudad Real para evitar ser criticada por ser mujer.

-El último de los casos en que el nombre real se ha cambiado por un seudónimo obedece al simple hecho de buscar un nombre más sonoro, con evocaciones de apellido internacional. La soprano zaragozana Pilar Lorenza García Seta cambió su nombre artístico uniendo las primeras sílabas de su segundo nombre y primer apellido para llamarse Pilar Lorengar, un nombre que le ayudó a consolidar su deliciosa y poderosa voz en el panorama internacional. Tras nacionalizarse alemana, realizó la mayor parte de su carrera en Berlín uniendo al repertorio de Mozart, Puccini, Verdi y Wagner con el dedicado a la zarzuela.

Finalizo esta publicación sobre los seudónimos con una interpretación del aria de la Tosca de Puccini Visi d'arte interpretada por Pilar Lorengar y la San Francisco Opera Orchestra dirigida por K. H. Adler en una sesión de Opera in the park celebrada en la ciudad californiana en 1986. 

Un saludo desde esta página desde las Letras Prestadas del Club Pickwick.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Stendhal. Los Cenci y otras crónicas italianas, Editorial Impedimenta, traducción de Silvia Acierno y Julio Baquero. ISBN: 9788493592790.
  • Voltaire. Cuentos completos en prosa y verso, Editorial Siruela, traducción de Mauro Armiño, Madrid (2015), ISBN: 9788416280995.
  • Thomas, Camille. Saint-Saëns & Offenbach, Deutsche Grammophon (2017). ASIN: B074MZ9L1Y.
  • Hoffmann, E. T. A. Arlequin ballet & Overtures, CPO (1999), número de catálogo 999606-2.
  • Clarín, Leopoldo Alas. ¡Adiós, Cordera! y otros cuentos. Editorial Gaviota ilustraciones de Irenel Areal (2005). ISBN: 9788439216261.
Una publicación de Miguelángel Díaz at 8/30/2024 01:15:00 p. m. 6 comentarios:
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Labels: Clarín, E.T.A. Hoffmann, Offenbach, Pilar Lorengar, seudónimos, Stendhal, Voltaire

Más ópera en el cine

 Las distintas disciplinas artísticas utilizan los mismos temas para mostrarnos la universalidad y la condición humana en sus producciones y, en muchas ocasiones realizan un trasvase de motivos entre unas y otras. Así, no es extraño que temas de la poesía o la novela sean tratados en la pintura, la música o la escultura, ni que temas filosóficos o relacionados con el pensamiento acaben en la música o la pintura. También es frecuente que argumentos de libros acaben en libretos de ópera o guiones de series o cinematográficos, que cómics acaben también en versiones de cine, ya sea con personajes de animación o actores reales.
En varias ocasiones hemos tratado en el blog sobre el uso de música de ópera en la gran pantalla en en La ópera en el cine y en La ópera en el cine 2 y en los anuncios comerciales, especialmente los de la televisiva en La ópera en la publicidad y en Publicidad, ópera y música.
Siguiendo la primera de las dos series nos acercamos en esta publicación a otro grupo de películas que han utilizado números de ópera en algunas de sus  escenas, ya sea como mera referencia estética, como una forma de enriquecer la banda sonora o formando parte del argumento.
Te propongo una serie de producciones cinematográficas que utilizaron música de ópera con un reto: ¿Sabrías decir a qué película pertenecen una vez que escuches la música? ¿Recuerdas estas películas? Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


La primera pieza que nos acompaña pertenece al grupo de aquellas que han tomado vida independientemente de la obra a la que pertenece. Nombrar Los cuentos de Hoffmann de Jacques Offenbach nos hace evocar, casi sin pensarlo y aunque no seamos aficionados a la ópera, a su famosa Barcarolla. Se trata de un dúo para soprano y mezzosoprano que corresponden a los personajes de Giulietta y Nicklausse del Acto III dedicada a la primera de ellas, aunque en ocasiones se lleva al acto siguiente, pues Offenbach no dejó fijada la estructura definitiva de la ópera y se suele montar según versiones distintas.
Ante un grupo de asistentes en un salón de Venecia, interpretan esta barcarolla Belle nuit, ô nuit d'amour (Bella noche, oh noche de amor) que no aparecía en la ópera original de Offenbach, aunque sí es de su autoría.


La versión que nos acompaña pertenece a un recital en concierto interpretado por la mezzosoprano Mariana Rewerski y el contratenor Damián Ramírez dirigidos por Patricia Pouchulu dentro de la producción Esplendor veneciano de la Asociación La Bella Música y grabado en el Teatro Avenida de Buenos Aires en noviembre de 2015.

¿Sabes en qué conocida película aparece?


Aunque esta música se llega a sacar del repertorio operístico y se suele interpretar en conciertos líricos como el que acabamos de presenciar, también es habitual encontrarla en su versión instrumental. También se ha llevado en diversas ocasiones a la gran y a la pequeña pantalla, además de aparecer en anuncios publicitarios, llegando a convertirse en una de esas piezas que solemos reconocer aún en el caso de que no sepamos ni su título ni la obra a la que pertenece.


De entre las veces que ha sido llevada a algún tipo de pantalla, nos quedamos con esa película tan particular, La vita è bella (La vida es bella, 1997), escrita, dirigida y protagonizada por el excesivo e histriónico cómico italiano Roberto Benigni y que nos narra cómo un padre protege a su hijo de los horrores de un campo de concentración haciéndole creer que cuanto sucede a su alrededor forma parte de un juego. De las varias ocasiones en que esta Barcarolla de Los cuentos de Hoffman aparece en la película, de cuya banda sonora forma ya parte, nos quedamos con la primera vez que el protagonista oye, casi de forma casual, esta pieza.
 

Junto con Cavalleria rusticana de Mascagni, Pagliacci (Payasos) de Ruggero Leoncavallo son las dos óperas más conocidas y representativas del Verismo italiano.
Compuesta con libreto del propio Leoncavallo, éste fue acusado de plagiar el libreto de La femme de Tabarin de Catulle Mendès, lo que retrasó su estreno hasta 1892 en que el gran Arturo Toscanini dirigió la prémiere de la ópera en el Teatro dal Verme de Milán.
Obra de teatro dentro del teatro, en el que el protagonista Tonio comienza confiando al público su filosofía de la vida y del arte y la paradoja entre el ser y la apariencia, entre la vida y el teatro, entre el hombre y la máscara que lleva. Así, la función que anuncia, una representación sobre el amor y los celos concluirá en un cruel asesinato por los celos en el amor.
La pieza más conocida de esta ópera es Vesti la giubba (Ponte el vestido), el aria desesperada en que Canio muestra esa dicotomía entre ambos mundos, el alegre de la representación y el trágico de la vida real. 
El tenor francés de origen italiano Roberto Alagna interpreta este aria en una versión con subtítulos en castellano perteneciente al DVD Pagliacci con puesta en escena de David y Frédérico Alagna que se grabó en el Théâtre Philharmonique de Vérone en Febrero de 2002 para Deutsche Grammophon.

¿Recuerdas una película en la que aparezca este aria?


Una de las películas que utiliza este aria Vesti la giubba es The Untouchables (Los intocables de Eliot Ness, 1987) de Brian de Palma. 


La escena nos muestra a Jim Malone interpretado por Sean Conery quien descubre a un ratero en su casa, lo que no es sino una trampa en la que acabará cayendo y de la que no escapará. La escena, con música de Ennio Morricone, acaba mezclándose con una representación en paralelo de Pagliacci en la que Al Capone, interpretado por Robert de Niro, recibe la noticia del éxito del encargo que ha realizado.


Si hablamos de El barbero de Sevilla y del personaje de Lindoro (nombre con el que el Conde de Alamaviva se hace pasar para conquistar a Rosina), nuestra mente piensa inmediatamente en la obra de Rossini. Pero antes que esta, hubo otra que triunfó en los escenarios, Il barbiere di Siviglia, ovvero La precauzione inutile (El barbero de Sevilla o la precaución inútil), ópera de Giovanni Paisiello con libreto de Giuseppe Petroselli que se estrenó en 1782 en el Teatro Imperial de la Corte de San Petersburgo. Las críticas que recibió Rossini en el estreno de El barbero de Rossini provenían del enorme éxito alcanzado por la obra de Paisiello, cuyos seguidores boicotearon la nueva versión basada en la obra teatral de Beaumarchais.
Eclipsada por la versión de Rossini, la obra de Paisiello es poco representada en la actualidad. En esta ocasión traigo al blog una de las piezas que más se interpretan en recitales, la cavatina de Lindoro Saper bramate, bella, il mio nome (Si anhelas saber, bella, mi nombre).


Tras una introducción entre el Conde y su sirviente, este le acompaña en la cavatina que es contestada desde el balcón por Rosina, hasta que esta es interrumpida abruptamente por su estricto tutor.
La interpretación corre a cargo de Mirko Guadagnini en el rol del Conde de Almaviva / Lindoro a quien dan réplica Donato di Goia como Figaro y Stefania Donzelli como Rosina en un registro con la Orchestra da Camera Paisiello Festival dirigida por Giovanni di Stefano y realizada por Rosetta Guchhi para el DVD Giovanni Paisiello: Il barbiere di Siviglia de Naxos Digital Services.

En esta ocasión hay algo de trampa. ¿Sabes de qué película se trata?


Fue el genial Stanley Kubrick , quien utilizó en muchas ocasiones música de autores clásicos en sus obras, quien utilizó esta cavatina en una obra cinematográfica, concretamente en su película Barry Lyndon (1975), adaptación de la novela homónima de William Tackeray, que narra la historia del joven irlandés en el siglo XVIII ambicioso y sin escrúpulos que se ve abocado a salir de su tierra por un duelo y que centra su vida en ascender socialmente, consiguiéndolo gracias a un matrimonio que le hace entroncar con la nobleza inglesa.


El papel protagonista fue magistralmente interpretado por Ryan O'Neal quien daba vida al ambicioso joven, a quien vemos en esta escena interpretando un sobreactuado y afectado papel entre los nobles jugadores a cuyo grupo desea pertenecer.
En esta escena, Kubrick emplea la cavatina de Lindoro en una versión instrumental, utilizando por primera vez un recurso inédito en el cine: iluminar una escena nocturna de juego de salón utilizando solo velas y prescindiendo de focos.


La última pieza de ópera que nos acompaña en esta tercera entrega que recoge préstamos operísticos en el cine pertenece a Wolfgang Amadeus Mozart, concretamente a La nozze di Figaro (Las bodas de Fígaro). Se trata del dúo del Acto III, Canzonetta sull'aria... che soave zeffiretto (Cancioncilla sobre la brisa... qué suave vientecillo) que ha aparecido en varias ocasiones en el blog.
En esta ocasión se trata de una versión extraída de una grabación en formato cinematográfico y que no alcanzaron el éxito que pretendían por centrarse en exceso en el lenguaje cinematográfico. En la actualidad han caído en desuso y se prefieren las grabaciones que se hacen de representaciones en directo en distintos teatros de ópera.
La versión que enlazo cuenta con dos grandes voces, las sopranos neozelandesa Kiri Te Kanawa e italiana Mirella Freni para la comentada versión cinematográfica que dirigió Jean Pierre Ponelle en 1976, con subtítulos en castellano.

¿Recuerdas la música? ¿Y la película?


Este duetto apareció en The Shawshank redemption (Cadena perpetua, 1994), película de Frank Darabont, con un guion suyo a partir de un relato de Stephen King y que contaba con las actuaciones protagonistas de Tim Robbins y Morgan Freeman.


La película narraba la historia de Andrew Dufresne, interpretado por el primero de ellos, quien, acusado del asesinato de su esposa es condenado a cadena perpetua y enviado a la prisión de Shawshank donde, con el transcurrir de los años consigue ganarse tanto la confianza del director del centro penitenciario y los vigilantes, como de sus compañeros de prisión, especialmente de Red (Morgan Freeman), cabecilla de los grupos mafiosos del recinto.
La pieza que sirve de despedida representa, casi como su nombre, una bocanada de aire fresco en la prisión y el deseo de moverse en libertad que expresa el condenado Dufresne.

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  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)
  • DVD Pagliacci, puesta en escena de David y Frédérico Alagna, Deutsche Grammophon, 2002, grabado en el Théâtre Philharmonique de Vérone.
  • DVD Giovanni Paisiello: Il barbiere di Siviglia de Naxos Digital Services.
Una publicación de Miguelángel Díaz at 4/07/2023 07:57:00 p. m. 6 comentarios:
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Labels: barcarolla, Barry Lyndon, Cadena perpetua, Cine, La vida es bella, Leoncavallo, Los intocables, Mozart, Offenbach, ópera, Paisiello

Novelas epistolares

Vivimos en la era de la comunicación. Nunca a lo largo de toda la historia hemos estado mejor y más rápidamente comunicados que en la actualidad.
Cualquier hecho que acontezca en no importa qué rincón de nuestro planeta llega a nosotros en un tiempo récord, en ocasiones en el mismo instante en que sucede. Los medios de comunicación han ido mejorando su presencia, su eficacia y rapidez sustituyendo a lo que venían utilizándose desde siglos o años antes. Así, la prensa escrita ha ido cediendo su presencia predominante y fundamental frente a la radio, la televisión y, en los últimos años, internet, debiendo reinventarse en su labor tanto informativa como de creación de opinión. Pero no es este el tema de esta publicación.
De la misma forma que han cambiado los medios de comunicación masivos, sus formas y medios, también ha cambiado sustancialmente la forma de comunicación entre personas de forma individual. En un tiempo en que las distancias tardaban más en cubrirse, la comunicación personal no se podía realizar de forma directa y presencial en determinados momentos, una situación que comenzó a solventarse con la escritura de notas y cartas. Las primeras consistían en mensajes breves, en ocasiones para citarse de forma presencial en momentos determinados o en indicaciones, comentarios o avisos, mientras que las segundas intentaban solventar la distancia física que separaba a los interlocutores con una comunicación más personal y profunda.
En El arte de escribir cartas tratamos este tema con unas reflexiones en las que se nos acercábamos a libros que consistían en la publicación de intercambios epistolares entre grandes escritores y algunas de sus amistades. Así, nos acompañaron cartas de Cortázar, Rilke o Kafka, junto a escenas de óperas en las que las cartas entre los personajes tenían protagonismo.
En esta ocasión nos acercamos a libros y novelas epistolares, aquellos en los que la presencia de las cartas tiene un protagonismo fundamental en el desarrollo de la trama, algunos de ellos simplemente están escritos a base de cartas que desvelan los pensamientos y los acontecimientos por los que atraviesan los protagonistas, mientras en otras ocasiones, el narrador convencional ha sido sustituido por el autor por distintos recursos y elementos: diarios, cartas, noticias o anuncios de periódicos.
Te propongo un paseo por algunas novelas en las que la acción dramática está narrada a base de cartas que los protagonistas se envían y reciben, acompañados con algunas reflexiones sobre la escritura de cartas y música en la que estas forman parte esencial de la acción. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


La comunicación interpersonal mediante carta, posiblemente el tipo de comunicación más intensa durante mucho tiempo, se ha visto mejorada por la tecnología en distintos ámbitos. Por una parte, los medios de transporte han acercado las distancias mejorando los encuentros personales. Por otra parte, los avances en la comunicación que comenzaron con la generalización del uso del teléfono fijo en un primer momento, pasando a los móviles en las últimas décadas hasta llegar a las videollamadas actuales, han ido mejorando la facilidad en la comunicación y el acercamiento en las relaciones personales. También algunas aplicaciones de las que utilizamos de forma generalizada han contribuido a la cercanía en las relaciones con el uso de mensajes de texto o de voz.
De esta forma, nos encontramos en un tiempo en el que escribir cartas es una actividad que ha perdido su vigencia, una situación en la que podemos afirmar que tenemos las herramientas y la posibilidad de entablar unas comunicaciones más fluidas e intensas. Pero no siempre es así.
El hecho de escribir cartas, especialmente esas cartas personales que se escriben a mano, tiene una serie de características y ventajas. Por una parte, muestra la importancia que esa persona tiene para nosotros al dedicarle nuestro tiempo, interés y esfuerzo. También nos sirve para desarrollar nuestra motricidad fina y el área visual de nuestro cerebro. Además, nos ayuda en nuestra concentración y memoria al estar un tiempo concreto con el pensamiento en las ideas que queremos transmitir, nos ayuda a estructurar nuestras ideas y a gestionar nuestras emociones. En un tiempo en el que no disponemos, precisamente, de tiempo, el hecho de escribir cartas nos aporta una serie de ventajas. 


Considerado un autor tan escandaloso como el Marqués de Sade durante mucho tiempo, Pierre Ambroise Choderlos de Laclos (1741-1803) fue un militar francés y escritor aficionado cuya idea consistía en escribir una obra fuera de lo normal, que hiciera mucho ruido y que siguiera haciéndolo una vez que él hubiera muerto. Es lo que ocurrió con su obra más conocidas que podríamos catalogar dentro de la llamada Literatura galante del XVIII, Les liasons dangereuses (Las relaciones peligrosas o, como es más conocidas, Las amistades peligrosas), una obra publicada en 1782, pocos años antes de la Revolución Francesa y la caída del Antiguo Régimen, y de la que posiblemente recordemos la versión cinematográfica que dirigiera en 1988 Stephen Frears con Glenn Close, John Malkovick, Michelle Pfeiffer, Keanu Reeves y Uma Thurman en sus papeles principales.
Escrita estrictamente en modo epistolar, esta novela reúne el afán por las relaciones carnales y una meticulosa, perversa, libertina y refinada crueldad entre dos antiguos amantes, el Vizconde de Valmont y la Marquesa de Merteuil, que se muestran como amigos, aliados o rivales según las circunstancias. 
Estos depravados personajes entablan una relación epistolar a modo de partida de ajedrez en la que aprovechan todas las ventajas que pueden de la sociedad en la que viven. Pese a su estrecha relación, no se hallan en igualdad, puesto que Valmont, en su condición de hombre puede alardear de su libertinaje para acrecentar su reputación, mientras que la Marquesa de Merteuil ha de ocultar sus relaciones en su triple condición de marquesa, viuda y mujer, lo que la obliga a actuar de un modo más discreto y maquiavélico.
Escrita a través de ciento setenta y cinco cartas, el propio Choderlos de Laclos justifica la inclusión de estas misivas como una selección de las cartas entre estos dos y otros personajes con estas palabras escritas en la introducción:

Esta colección que el público hallará quizás aún demasiado voluminosa, no contiene, sin embarco, sino el más pequeño número de las cartas que componían la totalidad de la correspondencia de que está sacada. Encargado de ponerla en orden por las personas que la habían adquirido, y que sabía yo tenían intención de publicarla, no he pedido por recompensa de mi trabajo sino permiso de separar lo que me pareciese inútil, y he cuidado conservar efectivamente solo aquellas que he considerado necesario para mostrar los caracteres y hacer más comprensibles los sucesos.

Nos quedamos con las primeras cartas que conforman Las amistades peligrosas, la primera de ellas de Cecila Volanges a Sofía Garnay, la segunda de la Marquesa de Merteuil al Vizconde de Valmont y la tercera, como respuesta a la primera. 




De todos los tipos de correspondencia, sin duda las cartas de amor son las más conocidas y deseadas. Ya sean de amor intenso, apasionado y correspondido, ya sean de amor contrariado y no correspondido, este tipo de cartas tienen un poder y una fascinación que, en muchos casos van más allá de los remitentes y destinatarios, para formar parte de obras literarias y musicales.  
En la ópera Eugene Onegin Piotr Ilich Tchaikovsky nos cuenta la historia de este personaje y su relación con la soñadora Tatjiana. Esta última, distinta de su alegre y exultante hermana Olga reciben la visita en su finca de su vecino Lensk, un poeta que ama apasionadamente a esta última y que viene acompañado de Onegin, un aristócrata racionalista. Tras salir a pasear juntos Tatjana y Onegin, ella se siente extrañamente atraída por su frío y distante acompañante.
Al no poder conciliar el sueño se da cuenta de que se ha enamorado de Onegin, se sienta en su escritorio y le escribe una apasionada carta de amor que le hace enviar esa misma noche.
Esta escena de la carta supone uno de los grandes monólogos de la ópera en la que Tatjana atraviesa por una serie de emociones, desde la euforia a la desesperación, en una escena que podría dividirse en cuatro apartados, y que comienza con un trémolo vibrante en las cuerdas que muestran la inquietud y encuentro de emociones que siente la joven protagonista.
Al avanzar la ópera comprobaremos que la carta no tendrá efecto y Onegin le agradecerá la misiva, pero la rechazará, pues en lugar del esperado amor, sólo le podrá ofrecer su amistad.

La soprano Anna Netrebko se introduce en el rol de Tatjana para interpretar el aria-monólogo Puskai pogibnu ya, no preezhde (Que perezca, pero antes, con ciega esperanza) acompañada por The Metropolitan Opera Orchestra dirigida por Valery Gergiev en una producción del teatro neoyorkino de 2013 en la que el texto aparece con subtítulos en español.


Pese a la cada vez más escasa costumbre de escribir cartas, su consideración como una actividad útil y necesaria en las relaciones ha hecho que cada día 7 de febrero se celebre el Día de mandar una carta a un amigo. 
Así, se lleva a cabo una efeméride que nos ayuda a revisar y reconocer el valor de entablar un diálogo asincrónico con otra persona que contribuye a afianzar, mantener y consolidad la relación que tenemos con ella desde la distancia, ya se trate de recordar algún acontecimiento o experiencia juntos, contar una (buena) noticia o expresar sentimientos profundos, entre otras muchas posibilidades.


Otra de las novelas en las que el autor prescinde del omnipresente narrador para dar agilidad, verosimilitud y ofrecer diversos puntos de vista es la obra más conocida de Bram Stoker, Drácula. Bebiendo en las fuentes de las leyendas centroeuropeas, Stoker crea uno de esos personajes que han pasado a formar parte del imaginario popular con variantes, adaptaciones y secuelas que se basan tanto en el personaje como en el mito del vampiro que éste representa.
Aquí Stoker confiere ese grado de nerviosismo, miedo o inquietud al lector con la utilización de diarios, cartas, recortes, anuncios y noticias de periódicos, diarios de navegación o telegramas que ofrecen distintos puntos de vista para crear una novela original con un personaje del que se ha adueñado la gran pantalla en sus mil variantes, eclipsando la calidad y originalidad de novela de Bram Stoker.
El propio autor justifica también la forma de narrar la historia.

El modo en que estos papeles han sido ordenados en secuencia se pondrá de manifiesto durante su lectura. Se han eliminado todos los elementos superfluos de manera que una historia prácticamente en desacuerdo con todas las creencias recientes pueda sostenerse por sí misa como un hecho factual. No hay en ella referencias al pasado en los que la memoria pudiera equivocarse, ya que todos los documentos seleccionados son estrictamente contemporáneos, y reflejan el punto de vista y el grado de conocimiento de aquellos que los redactaron.

El viaje que Jonathan Harker realiza a Transilvania para cerrar la compra de unas posesiones en Londres del misterioso conde Drácula y que conocemos a partir de su diario, crea uno de los más inquietantes inicios de novela.
Buscando la correspondencia, obviamos los cuatro primeros capítulos para acercarnos a las primeras cartas que aparecen en la novela, la que Mina Murray, novia de Jonathan Harker escribe a su íntima amiga Lucy y la respuesta de esta. En ambas cartas se dejan ver algunos de los detalles que servirán para dar entidad a la novela: el deseo de iniciar un diario, los estudios de mecanografía y taquigrafía/estenografía, el conocimiento del director de un manicomio o la insistencia en mirarse al espejo, algo que no pueden realizar los vampiros.



En ocasiones las cartas de amor suponen una ruptura, no por falta de amor, cansancio o aburrimiento vital, sino por simples razones de supervivencia.
Basada en un personaje real, Micaela Villegas, conocida como La Perricholi, una actriz que fue amante de Manuel de Amat y Juniet, virrey de Perú entre 1761 y 1776, Jacques Offenbach estrenó su opereta Le Périchole en 1868 con gran éxito.
La acción se inicia en un cabaret de Lima el día del cumpleaños del virrey don Andrés de Ribiera, que suele salir ese día a la calle disfrazado para conocer qué piensa el pueblo de su gobierno. Allí descubre a dos pobres artistas ambulantes, La Périchole y Piquillo que interpretan una canción a la que el público apenas presta atención, salvo el virrey que se enamora de la cantante. Tras desvelar su deseo de que se convierta en su amante, La Périchole escribe una carta a su amante Piquillo, Ô mon cher amant (Oh, amado mío) en que desvela su renuncia a él por motivos de supervivencia.

Oh, amado mío, te lo juro,
te amo con todo mi corazón,
pero la miseria es ciertamente demasiado dura...

Nos quedamos con este Aria de la Carta de la opereta La Périchole de Offenbach con la interpretación de la soprano Maria Ewing en una producción del Gran Teatro de Ginebra de un ya lejano 1982.


Escribir una carta nos aporta unos beneficios puesto que nos ayuda a estructurar nuestras ideas, dándoles forma, organizándolas y exponiéndolas mucho más allá de lo que supone un simple intercambio de frases e ideas como los que se producen en los cotidianos mensajes de texto. Esta profundización de nuestro pensamiento conlleva un reconocimiento y gestión de nuestras emociones que tiene una doble vertiente, hacia el destinatario, que percibirá de forma clara y nítida nuestros sentimientos, y hacia nosotros mismos, aportando un rol terapéutico, puesto que nos ayudará a reconocer y liberar unas emociones que pueden encontrarse latentes o reprimidas y nos ayudará a liberar y aliviar las posibles tensiones que nos acompañan.


A caballo entre el siglo XVIII y XIX, Jane Austen es una de las grandes escritoras inglesas que retrató como nadie el ambiente social de la burguesía acomodada de la época georgiana, a la que describe con ironía y cierta dosis de comicidad, mostrando los distintos matices psicológicos de sus personajes a la par que una crítica de sus hábitos.
Novelas como Orgullo y Prejucicio, Sentido y Sensibilidad, Mansfield Park, Emma o Persuasión han traspasado la barrera del tiempo para formar parte de las lecturas actuales, además de servir para distintas adaptaciones cinematográficas.
La obra que nos acompaña es otra novela exclusivamente epistolar que no fue publicada en vida de la autora.
Escrita posiblemente entre 1793 y 1794, Lady Susan pertenece a sus obras de juventud y se publicó póstumamente en 1871, décadas después del fallecimiento de su autora.
Conformada por algo más de una cuarentena de cartas escritas o dirigidas a los protagonistas, narra los planes de la protagonista, Lady Susan Vernon, una reciente viuda en busca de marido que pretende casar también a su hija. Aquí la protagonista, una anti-heroína egoísta que mantiene relaciones con un hombre casado mientras busca esposo, hace que Austen revierta las claves de la novela romántica con este personaje joven, de apenas treinta años, inteligente e ingeniosa cuyos pretendientes son siempre más jóvenes que ella, cuya historia concluye con un final indulgente por parte de la autora.
Nos acompaña una sucesión de cartas en la parte cumbre de la novela en la que Reginal de Courcy escribe a la viuda para romper las relaciones que habían comenzado, las misivas que se intercambian sobre este tema y que concluye con la que la señora Johnson escribe para intentar aclarar qué intervención tiene su esposo en todo el asunto.




Tras el entuerto que los personajes de Lady Susan intentan solventar en sus cartas, nos despedimos de esta publicación sobre las novelas epistolares con un nuevo equívoco, en este caso extraído de la última ópera de Giuseppe Verdi.
Con Falstaff Verdi decide volver a la ópera con ochenta años para estrenar en 1893 en el Teatro Alla Scala de Milán la que sería su segunda comedia y su última obra, a partir del personaje creado por Shakespeare en Las Alegres comadres de Windsor y algunas escenas de Enrique IV.
En esta obra, el personaje de Falstaff escribe cartas de amor idénticas a Meg y Alice quienes descubren lo ocurrido y se burlan del anciano proponiéndose gastarle una broma. Así, Verdi crea el Cuarteto de las cartas, en el que en los jardines de los Ford, Meg, Alice, su hija Nannetta y Mrs. Quickly descubren y comentan la situación y deciden que esta última irá a la taberna para fijar una cita de Alice con el anciano pretendiente. El compositor italiano utiliza unos pasajes orquestales y vocales muy ágiles y vivos que concluyen con un cuarteto de voces femeninas. A este, le sigue otro de los hombres que aparecen por el jardín, entre ellos el esposo de Alice y el Dr. Cajus, quienes avisados por los criados de las intenciones de Falstaff, preparan otro plan para evitarlo, que incluye una broma que desconocen las mujeres.
La interpretación corresponde a la grabación de una producción desde el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria con Cristina del Barrio,  Isabel Rey, Ana Ibarra y Sofía Esparza con la dirección musical de Roberto Gianola.

No dejemos de escribir cartas.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Chordelos de Laclos, Pierre Ambroise. Las amistades peligrosas, Alianza Editorial, 2004.
  • Stoker, Bram. Drácula, Biblok, 2015.
  • Austen, Jane. Lady SusAn / Los Watson, Alba Editorial, 2015.
Una publicación de Miguelángel Díaz at 2/25/2023 07:00:00 a. m. 4 comentarios:
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Labels: bram stoker, choderlos de laclos, Drácula, Eugen Onegin, Falstaff, Jane Austen, La Périchole, Lady Susan, las amistades peligrosas, libros epistolares, Offenbach, Tchaikovsky, Verdi
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