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El abandono de Mozart

No me interesa la alabanza o crítica, me basta con seguir mis propios sentimientos.
Wolfgang Amadeus Mozart

Mozart es un personaje que asociamos en nuestro imaginario colectivo con la brillantez del niño prodigio, la increíble capacidad de componer obras sin esfuerzo aparente, el haberse convertido en un compositor de éxito y, además, con la leyenda de la pérdida inesperada de su temprano fallecimiento, dejando quién sabe qué obras sin componer.
Esta imagen del compositor de Salzburgo la tenemos por algunas de sus obras y, de manera especial, por Amadeus de Milos Forman, una de las películas que han ayudado a popularizar su figura, pese a ser una fabulación literaria a partir de obras anteriores, como la pieza de teatro homónima de Peter Shaffer, inspirada a su vez en Mozart y Salieri, un relato en verso incluido en Las pequeñas tragedias de Alexandr Pushkin y del que tratamos en este blog en Rivalidades artísticas: Mozart y Saieri.
Esta imagen que se tiene de Mozart difiere de la realidad de su vida y su trabajo. Las obras del compositor no tuvieron el éxito que tienen en la actualidad y ni en su vida ni en el siglo XIX gozaron de mucha popularidad.
Hay demasiados datos que difieren respecto a esta imagen que la cultura popular tiene del compositor de Salzburgo, entre ellos, algunos matices que vamos a tratar en esta publicación.
Te propongo una mirada desde la sociología y la música sobre los últimos meses de un creador único, Mozart. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Norbert Elias (1897-1990) fue un sociólogo judío alemán relativamente ignorado en sus trabajos hasta la parte final de su vida, alrededor de los años setenta del siglo pasado. Su labor se centró de modo especial en desarrollar una sociología figuracional que se basa en procesos frente a la tradicional basada en el individuo o la sociedad. Elias propugnó desde el concepto figuración una interpretación de la construcción de la sociedad desde los individuos haciendo notar que éstos sólo son relativamente autónomos y libres.
Entre sus ensayos y publicaciones podemos encontrar El proceso de la civilización, La soledad de los moribundos, La sociedad cortesana, Humana conditio, Sociología fundamental o Deporte y ocio en el proceso de la civilización.
Publicado póstumamente por su editor Michael Schöter a partir de una serie de anotaciones y escritos, Mozart. Sociología de un genio es una obra que indaga en los procesos sociológicos citados para profundizar en la personalidad de Mozart y su proceso de creación en la sociedad vienesa en que vivió.



El libro está construido a partir de cuatro textos mecanografiados, dos cintas magnetofónicas con la grabación de sendas conferencias y diversas anotaciones tanto manuscritas como mecanografiadas. A partir de este material, que en determinados momentos es repetitivo por tratarse de distintos documentos del autor cuya finalidad no era pertenecer a una misma obra, Schöter publica una obra que presenta una doble mirada. Por una lado, a la construcción y desarrollo de la personalidad, el sentido del deber como autor y la felicidad que construyó Mozart y, por otro lado, sobre el desarrollo de un artista en una sociedad poco favorable al desarrollo de su arte.
En el primero de los documentos mecanografiados, Elias desarrolla la teoría del abandono de Mozart a su suerte que desencadenó su fallecimiento. 



La última obra de Mozart fue su conocido Requiem en Re menor, una obra que realizó gracias a un extraño encargo y de la que hemos tratado en este blog en Un Réquiem para Mozart
Se trata de una obra que tiene un halo de misterio, dramatismo y leyenda por sus características y la muerte del compositor en pleno proceso de composición y en lo que podríamos denominar la mitad de su vida.
Al haber dedicado algunas piezas de este Réquiem en otros escritos de este blog, nos vamos a fijar en esta ocasión en el Recordare. Se trata de un cuarteto interpretado por los cuatro solistas, siendo una de las piezas más tranquilas y subyugantes de la obra. Tras una introducción instrumental a cargo de chelos, contrabajos, órgano y clarinetes con la incorporación posterior de los violines, los cuatro solistas realizan una entonación de frases melódicas que muestran el dominio del compositor del contrapunto. Comienza una pequeña fuga de la contralto a quien sigue el bajo, incorporándose posteriormente la soprano y el tenor. Unos compases instrumentales dan paso a una melodía que comienza el bajo seguido por el tenor, la contralto y la soprano. Un nuevo interludio instrumental da paso de nuevo a los solistas comenzando en esta ocasión la soprano. En esta ocasión son las cuerdas las encargadas de dar paso a una nueva intervención de los solistas que realizan un puente modulante que es reforzado por trombones y maderas. De nuevo la contralto comienza la melodía seguida por el tenor y más adelante por el cuarteto finalizando por una breve cadencia a cargo de la orquesta.


El enlace nos ofrece la interpretación del Recordare del Réquiem de Mozart con la soprano Marie MaKaughlin, la mezzosoprano Maria Ewing, el tenor Jerry Hadley y el bajo Cornelius Haumtmann con la Symphonierorchester des Bayerischen Rundfunks y la dirección de Leonard Bernstein celebrado en la iglesia Marie Himmelfahrt de Diessen an Ammersee en 1988.
La personalidad de Bernstein, uno de los grandes de la música del siglo XX se deja entrever en la dirección y cómo transmite a los intérpretes para que la música suene de una forma tan sublime.


Norbert Elias traza un retrato de la situación de la figura del artista creador en la sociedad vienesa, y por generalización en la europea, del siglo XVIII. En algunas artes como la escritura, ya sea en su faceta literaria como de desarrollo del pensamiento o la ciencia, el artista podía vivir con una libertad más relativa en cuanto el público que compraba sus obras pertenecía a un espectro más amplio de la sociedad. En otras, como la música, el artista se encontraba en una situación menos dotada de libertad. Si encajaba en los gustos de la aristocracia y la naciente burguesía, si lograba atraerlos con sus obras, tenía asegurado cierto éxito, aún faltando algunas capas sociales que no tendrían acceso a su música. Si, como era el caso de Mozart, su capacidad de creación aumentaba y se salía de los gustos de ese público, éste le abandonaba por otros autores más acordes con los estilos demandados.



Aún así, Mozart poseía una enorme capacidad para la creación, sin duda gracias a la exigente formación de su padre, pero comenzó a aflorar en él el sentimiento de abandono de su público por otros artistas más frívolos.
El estudio de Elias modifica, en cierto sentido, el conocimiento que tenemos de la figura y la personalidad de Mozart.


La última pieza que Mozart completó antes de su fallecimiento, aparte de las indicaciones y el diseño de todo el Réquiem que, al parecer, dejó bosquejado, es Lacrimosa. Con total certeza fueron los ocho primeros compases de esta pieza los últimos que compuso el genio de Salzburgo. El resto de este Lacrimosa fue terminado por su discípulo Franz Xaver Süssmayr. El resto de la obra (Ofertorium, Sanctus, Agnus Dei y Comunio) fueron terminados por este último.
Lacrimosa comienza con una introducción de las cuerdas que utilizan la melodía del Introito. El coro entra cantando el primer verso, Lacrimose dies illa (¡Oh, día lleno de lágrimas!), siendo dobladas sus melodías por clarinetes y fagots mientras van realizando un tímido crescendo. El coro realiza una variación del fragmento inicial sotto voce y, tras una modulación mantiene el clima sobrecogedor de la pieza. Una melodía del clarinete vuelve a introducir al coro el tema principal con nuevas variaciones hasta finalizar con un Amen final.


La interpretación de este Lacrimosa con la emoción de ser la última pieza escrita por Mozart corresponde a Arsys Bourgogne y Camerata Salzburg bajo la dirección de Pierre Cao.



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Bibliografía y webgrafía consultadas e interesantes:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Más sobre el Réquiem:
https://lineassobrearte.com/2015/06/28/requiem-en-re-menor-wolfgang-amadeus-mozart-1791/ 

Réquiem para vivir

Hay obras cuyos títulos indican inequívocamente su contenido y nos hacen acercarnos o mantener las distancias con ellas.
La palabra Réquiem nos evoca una ceremonia fúnebre con la que queremos mantener las distancias. Máxime en este tiempo en que las personas mueren y desaparecen sin más frente al excesivo respeto o culto a los familiares fallecidos que existía en nuestra cultura en otras épocas.
Hay obras de este tipo que han trascendido a este significado y forman parte de nuestra cultura, al menos de oídas: Los Réquiems de Mozart, de Verdi o Berlioz nos suenan consciente o inconscientemente, ya que sus músicas han aparecido en diversas películas o bandas sonoras.
También en la literatura hay novelas que introducen en su título este concepto como el Réquiem por un campesino español de Ramón J. Sénder, el Libro de Réquiems de Mauricio Wiesenthal o Réquiem por el sueño americano de Noam Chomsky.
El azar ha querido que en estas últimas semana haya alternado dos obras con esta palabra en su título, lo que me ha animado a unirlas en esta entrada del blog. 
Por un lado, los componentes de la Coral Polifónica Municipal de La Palma del Condado participaremos el domingo 3 de marzo en el Réquiem de Fauré que se interpretará en el Auditorio Manuel de Falla de Granada. Por otra parte, un libro que se ha hecho entrañable e imprescindible y me ha acompañado durante los últimos meses.
Te propongo un recorrido por dos obras que nos acercan a la idea del réquiem desde dos perspectivas culturales distintas y celebrando la vida. Nos acompañan obras de Fauré y Wiesenthal. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



No conocía ni las obras ni la existencia de Mauricio Wiesenthal, un escritor ante el que caí rendido en el único libro -hasta ahora- que he le leído. Ha sido profesor de Historia de la Cultura en la Escuela Superior de Comercio de Cádiz, se nos aparece como un impenitente viajero, conferenciante invitado en multitud de universidades, políglota consumado, una persona de una cultura densa y un prolífico escritor.
En sus obras predomina lo diverso, la variedad de estilos que van desde los libros de historia a los ensayos, de la novela a la poesía, de los libros de viaje a los de enología, publicados tanto en español como en inglés, francés, italiano o el alemán de sus orígenes familiares. Obras como La hispabundia (su última publicación, en 2018), Rainer María Rilke: El vidente y lo oculto, Perdido en poesía, El viejo León Tolstoi: un retrato literario, El esnobismo de las golodrinas, Libro de Réquiems, Diccionario de Ingenio, Marraquech, fantasía en el palmeral o Siguiendo mi camino acompañan sus escritos sobre el vino, del que es un prolífico escritor, junto a obras sobre las culturas precolombinas americanas.


Libro de Réquiems es una obra que parte de la memoria, recoge los seguimientos e investigaciones que Wiesenthal ha realizado durante años tras las figuras europeas que lo impresionaron por su cultura y su contribución a la creación de un espacio cultural único en el mundo, fruto de la unión en un gran mosaico de las teselas que forman la multiculturalidad de las regiones, los países y las metrópolis europeas.
La historia, la génesis de este Libro de Réquiems, está narrada por el mismo autor en el prólogo.



Nacido en Pamiers (Francia) a mediados del siglo XIX, Gabriel Urbain Fauré es el único con aptitudes y talento musical de sus hermanos. Educado en l'École Niedermeyer una vez que sus padres comprobaron el talento de su hijo, fue discípulo de Camile Saint-Saëns con quien le unió una amistad que mantuvo a lo largo de toda su vida.
Entre los veinte y los sesenta años fue organista en varias iglesias, entre ellas las de Saint-Sauveur en Bretaña y St. Sulpice y La Madeleine en París. Con treinta años realizó un viaje a Alemania donde quedó entusiasmado con algunas obras de Wagner, aunque no llegó a influir en su estilo compositivo.
En 1896 accedió a la Cátedra de Composición del Conservatorio de París, donde llegó a ocupar su dirección entre 1905 y 1920, además de fundar la Societé Nationale de Musique con Saint-Saëns. En estos años inició un cambio en su estilo musical a partir del Premier quintette pour piano et cordes (Primer quinteto para piano y cuerda, 1906). En su labor docente invitaba a sus alumnos a encontrar sus propios estilos, llegando a contar entre sus discípulos a personalidades como Maurice Ravel, Jacques Aubert, la influyente Nadia Boulanger o el rumano Georges Enesco.



Su obra abarca más de una centena de composiciones que oscilan entre las partituras para piano y órgano solistas, música instrumental, así como canciones para voz solista y piano y otras de tipo coral. De sus primeros años es el Cantique de Jean Racine, una composición a partir de la obra del dramaturgo francés, su Pavana para coro y orquesta y el Réquiem para orquesta, soprano y barítono solistas y coro. De entre sus canciones, en este blog le dedicamos una entrada a Au bord de l'eau con la interpretación de la personal voz de Elly Ameling.
El Réquiem de Fauré comienza con el Intröit et Kyrie (Introducción y Kyrie), piezas en las que se ruega el perdón de forma solemne y una tonalidad oscura (re menor, la misma que el Requiem de Mozart) que se refuerza con la rotundidad expresiva de los metales de la orquesta. La voz del coro se superpone a este sonido grave orquestal con el que Fauré casi se diría que arrulla a la muerte.
La interpretación que nos acompaña cuenta con la Orchestre de Paris y el Choeur de la misma con Stephen Betteridge como director del coro con la dirección de Paavo Järvi.
En el siguiente enlace puedes seguir las letras de las piezas y sus traducciones: Réquiem.


Por el Libro de Réquiems desfilan personajes  como Dostoievski, Coco Chanel, Tolstoi, Zweig, Chopin, Mozart, Isadora Duncan, Oscar Wilde, Nieztche, Alfonsina Storni, Lord Byron, Verdi o Beethoven entre otros muchos, cuyas vidas se cruzan y entrelazan en los lugares por los que transitaron y vivieron, las ideas por las que coincidieron o divergieron o las miradas con las que se encontraron o esquivaron.
Wiesenthal continúa en su prólogo sobre las condiciones en que pensó editar su libro, fuera de los cauces habituales de publicación y las respuestas que obtuvo una vez que la obra vio la luz.


El compositor americano Aaron Copland analiza la obra de Fauré señalando que, como en todos los autores, en el francés se pueden observar tres etapas: temprana, media y tardía pero "Los temas, las armonías, la forma, todo ha permanecido esencialmente igual, aunque en cada nueva obra se vuelven más frescos, más personales, más profundos".
La vida adulta de Fauré comenzó con un momento esencialmente feliz. Hasta que su matrimonio comenzó a hacer aguas y el músico pasó por una etapa poco creativa y algunos fracasos como la frustrada composición de una ópera (el poeta Paul Verlaine, el libretista, era incapaz de proporcionarle un argumento por su continuo estado de embriaguez), lo llevó a un estado depresivo que preocupó a sus amigos. Tras una estancia en Venecia y la iniciación de una nueva relación sentimental fue saliendo de este estado.
Junto con su maestro Saint-Saëns, Fauré defendió los valores de la música francesa frente a la tendencia de seguir en Europa los postulados y la técnica de la música alemana de la época. Su música, como se puede apreciar en esta obra, es elegante, íntima y sublime.



En su Réquiem, Fauré rompe la estructura litúrgica habitual, saltándose el Tracto y la Sequentia, donde se encuentran el Dies Irae y el Rex Tremendae, las piezas que con más fuerza trataron autores como Verdi o Mozart. Directamente decide omitirlos y pasar al Ofertorio, una pieza clave con la intervención del barítono solista. Finaliza este ofertorio con el Sanctus, una pieza tranquila con una melodía cantada por las sopranos y contestada por las voces masculinas con un clímax que se haya en la palabra Hosanna y con un delicado acompañamiento en las cuerdas. 
El Sanctus pertenece a una grabación que se realizó bajo la dirección del estadounidense de origen estonio Paavo Järvi.


Una vez que el Libro de Réquiems salió a la luz en los contados ejemplares, la editorial Edhasa le propuso publicarlo, provocando en el autor la duda de traicionar su sueño de clandestinidad. Esta ocasión consiguió que una obra de este tipo esté disponible para todos los aficionados a la cultura y los autores europeos, siguiendo los entresijos y el deambular de Wiesenthal en pos de los artistas que siguió por los lugares en los que transcurrieron sus existencias.



Los padres de Fauré murieron poco antes de la composición de esta obra. Quizás a ello se deba la inclusión del último movimiento, In Paradisum, una pieza que proviene del rito del entierro anterior a la misa de difuntos, el lugar que el compositor anhelaba para ellos, un espacio atemporal y tranquilo.
In Paradisum está repleto de corcheas que contribuyen a generar un espacio místico y etéreo en el que las voces de las sopranos, y ocasionalmente niños, desarrollan su melodía. El Réquiem termina como comienza: Una nota sostenida (Re menor) por el órgano, en esta ocasión cantada de forma más dulce, que se va perdiendo y fundiendo con el silencio.
La interpretación corre a cargo de la Orquesta Sinfónica y Coro de Radiotelevisión Española bajo la dirección de Petri Saraki.


Fauré escribió sobre su obra: "Se ha dicho que mi Réquiem no expresa el miedo a la muerte y ha habido quien lo ha llamado "un arrullo de la muerte". Pues bien, es que así es como veo yo la muerte: como una feliz liberación, una aspiración a una felicidad superior, antes que una penosa experiencia."
En 1924 fue la música que despidió al autor en su funeral.
La obra completa contiene siete piezas:
I - Intröit et Kyrie
II - Offertoire
III - Sanctus
IV - Pie Jesu (para soprano solita)
V - Libera Me
VI - Agnus Dei et Lux Aeterna
VII - In Paradisum

Si tienes tiempo y ganas de escucharlo completo te propongo esta grabación de la Danmarks Radio Symfoniorkestret y el Koncerkoret con la participación del barítono Roderick Williams y la soprano Sylvia Schwartz, todos bajo la dirección de Ivor Bolton. Una interpretación que se llevó a cabo en la Danmarks Radios Largue Concert Hall de Copenhague en mayo de 2012.


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Mozart y Jorge Manrique: Requiem y coplas

Todos tenemos marcados momentos de ausencias definitivas en nuestra vida. Familiares íntimamente cercanos -quizás primero abuelos, más adelante padres-, algún otro muy cercano a nosotros, amigos, parejas que han sido verdaderos compañeros de vida.
El dolor de la ausencia nos lleva a un duelo interior que debemos superar para seguir nuestro camino, aunque hay ocasiones en que esta ausencia marca definitivamente y no deja continuar.
La forma en que pasamos este duelo ha cambiado con el paso del tiempo, así como el concepto de la vida. Desde la edad media, por ejemplo, en que la vida era un "valle de lágrimas", hasta nuestros días en que todo se oculta como si haciendo desaparecer la ausencia, se llenase nuestro vacío.
En 1991 se conmemoraron los doscientos años del fallecimiento de Mozart con una interpretación de su Requiem en la catedral de Viena. Después de mucho tiempo disfrutando de su música, ese día me hice definitiva e irremisiblemente mozartiano. Fue para mí una afortunada celebración luctuosa. Desde entonces, nunca he faltado a la cita con el Requiem ese día. Sólo una vez falté. Quiso la vida, la casualidad que, después de varios años luchando contra su memoria, perdiéndose en los vericuetos de sus recuerdos, mi padre falleciera tal día como ese. El Requiem adquirió desde entonces otro significado más profundo, doloroso e intenso.
Te propongo un recorrido por dos obras dedicadas al dolor que produce la muerte como reflexión de los límites de la vida. Son dos obras históricamente reconocidas en sus artes: Las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique y el Requiem de Mozart. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Hans Holbein el joven. Danzas de la muerte
El fallecimiento de don Rodrigo Manrique en 1476 llevó a su hijo Jorge a componer una de las obras capitales del medievo español, Las coplas a la muerte de su padre. Se trata de una elegía funeraria, un tipo de obra en la que la muerte recibe el sentido que la sociedad medieval le otorgaba.
Está compuesta por 40 coplas en que se alternan dos versos octosílabos y uno tetrasílabo en dos estrofas de 6 versos con rima A-B-C, formando las Coplas manriqueñas o de pie quebrado.
Manrique trata en su poema temas como el paso del tiempo; la vida como metáfora de camino, de río; la vanidad que tenemos sobre las cosas; los tipos de vida -la terrenal, la de la fama o la eterna- o la muerte que iguala a todos sean de la condición que sean.
El comienzo del poema, uno de los más conocidos por quienes lo hemos visto, leído y trabajado, e incluso aprendido, en la época de estudiantes, nos sitúa de entrada en el tema principal.



El 5 de diciembre de 1991 se cumplieron 200 años del fallecimiento de Wolfgang Amadeus Mozart, uno de los compositores e intérpretes más grandes de la historia de la música. La ciudad de Viena organizó, con todos los fastos, la efemérides y se interpretó para tan especial ocasión su Requiem, una obra que el compositor dejó inconclusa.
Mucho se ha hablado del Requiem de Mozart: su misterioso encargo, la composición mientras el autor agonizaba, su fallecimiento, el trabajo para concluirla que hizo uno de sus discípulos, Süsmayr y el estreno, dos años más tarde a cargo del conde Walsegg.
Niemetschek, uno de los primeros biógrafos de Mozart y el primero que trata de la composición del Requiem fue también quien comenzó a fabricar el mito: "El día de su muerte, Mozart pidió que le acercaran las partituras a la cama. "¿No predije que estaba escribiendo este réquiem para mí?", dijo, y volvió a repasar la partitura con ojos lacrimosos. Fue la última y dolorosa mirada de despedida a su música, a su amado arte... ¡una premonición de su inmortalidad!". Aunque Mozart no finalizó la obra, había planteado la obra y la instrumentación y su discípulo Süsmayr la finalizó en un intento de que su aportación no se notara, añadiendo detalles de la instrumentación y la intervención de los solistas según el esquema mozartiano.



El siguiente enlace presenta una reconstrucción de la leyenda de la composición del Requiem de Mozart con el siguiente título: The (true) Story of the Mozart's Requiem, La (verdadera) historia del Requiem de Mozart. True está entre paréntesis, como advertencia de que, en realidad no se dice de forma escrita que es cierta. Como toda leyenda, es apetecible que así sea. El texto, aunque fácil de seguir, está en inglés.



Las Coplas a la muerte de su padre están divididas en tres partes. En la primera, Manrique reflexiona sobre la fugacidad de la vida y la muerte en unos versos cargados de metáforas. De todas ellas, la más conocida es la que recoge en el poema III (Nuestra vida son los ríos que van a dar a la mar...). En esta primera parte también refleja el autor el pensamiento cristiano y la idea de sacrificio, junto con la idea de que la muerte iguala a ricos y pobres. 



La popularidad de estos versos comenzó apenas se publicaron y tuvieron una gran difusión e influencia durante el Siglo de Oro de nuestras letras, llegando incluso a la pasada centuria, en la que llegaron a realizarse adaptaciones y grabaciones con músicos como Paco Ibáñez.
El enlace pertenece a un recital que el cantautor dio en Íllora (Granada) en agosto de 2008


Mozart hace que el Requiem comience con un tiempo de adagio, lento y solemne. A la cuerda se unen fagots y clarinetes que realizan una fuga a cuatro voces, llevando la melodía de unos a otros. Tras unos acordes de trombones se da paso al coro que canta, mezclando las voces en distintos contrapuntos hasta la entrada de la soprano solista que lo hace con el acompañamiento de la cuerda. Vuelve el coro y la música, que comenzó sosegadamente, va ganando en volumen y rapidez hasta casi desaparecer y dar paso al Kyrie, con su letra Kyrie eleison, Christe eleison, Kyrie eleison (Señor ten piedad, Cristo ten piedad, Señor ten piedad).



El enlace pertenece la histórica interpretación del Requiem ese histórico 5 de diciembre de 1991 en la catedral de Viena con motivo de la celebración del 200 aniversario del fallecimiento del compositor, bajo la dirección de Sir Georg Solti y muestra el comienzo del Requiem y el Kyrie.



En la segunda parte de Las coplas a la muerte de su padre, Jorge Manrique trata de la vida eterna, mencionando difuntos conocidos y personajes históricos y planteándose el tópico Ubi sunt (¿Dónde están?) interpelando directamente a la muerte.



La última parte es la elegía funeraria sobre su padre propiamente dicha, ya que las anteriores tienen un carácter más general. Manrique exalta las virtudes y gestas de su padre, lo compara con prohombres como César y acude a su noble comportamiento para justificar el merecimiento de la vida eterna. 



En las últimas estrofas cede la palabra a la muerte para que alabe a don Rodrigo, exhortándolo a que abandone la vida para entrar en la eternidad. Finalmente, éste responde a la muerte y acepta con estas palabras.








Según parece, la historia de la composición del Requiem es más prosaica. Poco después del fallecimiento del compositor algunos entendidos estaban al corriente del mecenas que en agosto de ese año había encargado la composición, aunque aún faltaban meses para que su anonimato fuese desenmascarado para el público. Se trataba del conde Walsegg, compañero masón de Mozart, quien había comenzado a tener una abundante obra musical al encargar a diversos compositores, siempre en secreto, obras que copiaba e interpretaba como suyas propias en conciertos privados. Este encargo fue el más atrevido de todos, ya que deseaba "componer" una misa de Réquiem a su recientemente fallecida esposa.
Tras la finalización de la obra por Süsmayr, se estrenaron algunas piezas en enero de 1793 a beneficio de la viuda de Mozart y en diciembre de ese mismo año, el Requiem completo en un concierto que dio en su palacio el conde Walsegg a la memoria de su esposa. 
El siguiente enlace muestra una de las piezas más conocidas de la obra, Dies Irae. Se trata de una composición dramática en la que el coro refleja la ira de Dios, mientras suenan las trompetas, reflejando Mozart la grandeza del creador ante la angustia de los mortales que se enfatiza con las cuerdas, trombones y el timbal. Tras un pequeño descanso vocal a cargo de los violines se vuelve a la atmósfera inicial reexponiéndose el tema.




La interpretación corresponde a un concierto en directo celebrado en la Concertebouw de Amsterdam bajo la dirección de Pieter Janleusink.



En otra ocasión se dedicó otra entrada a esta obra con más detalles de la composición y los últimos días de Mozart en Un réquiem para Mozart

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Un Réquiem para Mozart

El 5 de diciembre de 1791 fallecía W. A. Mozart uno de los más prolíficos y brillantes compositores e intérpretes de toda la historia. Su prematura muerte con apenas 35 años y la capacidad para hacer populares sus composiciones han hecho de él uno de los más reconocidos músicos. En esta entrada te propongo un recorrido por su última composición.


La Misa de Réquiem en Re menor es la última obra compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart. El misterio que lo ha rodeado desde la muerte de su autor ha recobrado actualidad hace unos años gracias a la obra de teatro, luego convertida en película Amadeushistóricamente incorrecta como nos suele acostumbrar el cine, en cuanto a la relación que existió entre dos músicos como Salieri y Mozart.
De la biografía del músico salzburgués escrita por Peter Gay son estas líneas que tratan sobre el encargo y la composición de su Misa de Réquiem.



El Réquiem fue encargado por el Conde Walsegg-Stuppach, un compositor aficionado que pretendía que se creyera que era él quien lo había escrito en memoria de su esposa. Mozart mantuvo el secreto. Según una confesión de sus últimos días, el compositor creía que estaba componiendo la obra para sí mismo. En cualquier caso, murió antes de poder concluirlo, y su viuda Constanze, por razones económicas, debía entregarlo completo al Conde. De ahí que confiara la obra a un alumno de su esposo, Süssmayr, que posteriormente declaró que era el autor del Sanctus, el Benedictus y el Agnus DeiNadie ha sido capaz de corroborar esta afirmación, pero sí se sabe que Süssmayr se valió de la música de Mozart en Lux Aeterna y Cum sanctis Tuis, y que fue el encargado de orquestar todas las secciones entre el Dies Irae y el Hostias.
El propio Conde dirigió la primera interpretación del Réquiem, que aún intentaba hacer pasar por suyo, en la Iglesia Neukloster el 14 de diciembre de 1793, dos años después de la muerte de Mozart.



La primera pieza que nos acompaña es el Lacrimosa. Una introducción de las cuerdas con el tema del Introito da pie al coro que entona Lacrimosa dies illa. Se trata de una de las piezas más sentidas de Mozart en la que expresa su sentimiento religioso, dando paso a las frases melódicas del texto del Requiem que dan paso al carácter de súplica y resignación que nos llega a conmover. Es la última pieza que comenzó a componer, ya que los últimos compases, según estudios, es obra de Süssmayr. ¿Sabía o presentía que este era su final?



La segunda pieza es el Rex Tremendæ. Un acorde de todas las cuerdas es respondido por los instrumentos de viento y retomado por las primeras en una progresión descendente. El coro, en fortíssimo, exclama “Rex” por tres veces antes de comenzar el desarrollo del texto. El contraste se hace total con el pianissimo con que se canta “salva me”tornándose el ambiente casi sobrenatural mientras un aroma de oración sustituye al violento comienzo. Leonard Bernstein dirige a la orquesta sinfónica de Bayerischen Rundfunks y su coro titular.






El 5 de diciembre de 1991, fecha en que se cumplían los doscientos años del fallecimiento del autor, tuvo lugar una misa de Réquiem por su alma en la Catedral de Viena oficiada por el Arzobispo titular, bajo la dirección musical de Sir Georg Solti y con la participación de la soprano Arleen Augér, la mezzo-soprano Cecilia Bartoli, el tenor Vinson Cole y el bajo René Pape del que existe una emotiva grabación. 


Firma autógrafa del compositor
Desde entonces, todos los años he buscado tiempo cada 5 de diciembre para escucharlo. Sólo una vez falté a la cita. Ese mismo día, y tras varios años de lucha contra sus perdidos recuerdos fallecía mi padre. Mientras persista mi memoria no dudo que acudiré a esta cita anual.
Te dejo con la transcripción de tan excepcional y emotivo momento. Recuerda, 5 de diciembre de 1991, doscientos años después del fallecimiento de Mozart.



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Un concierto de Pasión con el Réquiem de Fauré

La música va unida a las emociones, las recrea, las provoca y las transmite. ¿Qué emoción no se puede relacionar de una u otra forma por la música?
El diccionario de la Real Academia Española define la música como el "arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de ambos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente".
La alegría espontánea del pueblo, nuestra felicidad y la de los que nos rodean, los momentos en los que el recuerdo nos hace aflorar la melancolía por lo que perdimos o dejamos atrás... Todas las emociones humanas están en la música.
Los días 13 y 14 de marzo, en Almonte y La Palma del Condado, se cantará el Concierto de Pasión a cargo de la Coral Municipal de La Palma del Condado y la Coral de Paterna con la Orquesta Joven de Huelva, todas bajo la dirección de Jesús Becerra. En la segunda parte se interpretará en su integridad el Réquiem de Fauré.



En esta entrada te traigo un acercamiento al momento trascendental de la muerte, pero las dos miradas, la literaria y la musical, no nos transmiten el dolor irreparable que la acompaña.
El texto, una pequeña e intrascendente mirada, casi una anécdota, pertenece al escritor impresionista francés Pierre Loti (1850-1923).

La música pertenece al también francés Gabriel Fauré (1845-1923), un estricto contemporáneo suyo, y del que traemos su Réquiem.
Dentro de mi repertorio de audiciones musicales hay tres misas de Réquiem que escucho con cierta frecuencia. A la primera de ellas le dediqué un entrada, el Réquiem de Mozart. Otro es el de Verdi, una obra en la que el sexagenario autor italiano se rebela ante la idea de la muerte.
El de Fauré es una obra notablemente diferente e innovadora. Al escribirla ajustó el tradicional orden litúrgico omitiendo la Sequence (que incluye el Dies irae y el Rex tremendae) y añadiendo In Paradisum. Hace desaparecer el apocalíptico horror de la ira de Dios, e introduce a cambio una serena y definitiva visión confortable del cielo. 
El mismo autor escribió sobre su obra: "Se ha dicho que mi Réquiem no expresa el miedo a la muerte y ha habido quien lo ha llamado el arrullo de la muerte. Pues bien, es que así es como veo yo la muerte: como una feliz liberación, una aspiración a una felicidad superior, antes que una penosa experiencia". 
Esta pieza con la que concluye la obra y que marca la diferencia con otras obras de este género, es la que te propongo oír en esta entrada. Se trata de una interpretación de mayo de 2012 de la sinfónica de la radio danesa, Danmarks Radio Symfoniorkestret, bajo la dirección de Ivor Bolton. Si deseas escuchar la versión completa, sólo tienes que poner el enlace desde el comienzo. In paradisum la puedes oír en el minuto 32.


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Un Réquiem para Mozart

La Misa de Réquiem en Re menor es la última obra compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart. El misterio que lo ha rodeado desde la muerte de su autor ha recobrado actualidad hace unos años gracias a la obra de teatro, luego convertida en película Amadeushistóricamente incorrecta como nos suele acostumbrar el cine, en cuanto a la relación entre Salieri y Mozart.
De la biografía del músico salzburgués escrita por Peter Gay son estas líneas que tratan de su misterioso final.





El Réquiem fue encargado por el Conde Walsegg-Stuppach, un compositor aficionado que pretendía que se creyera que era él quien lo había escrito en memoria de su esposa. Mozart mantuvo el secreto. Según una confesión de sus últimos días, el compositor creía que estaba componiendo la obra para sí mismo. En cualquier caso, murió antes de poder concluirlo, y su viuda Constanze, por razones económicas, debía entregarlo completo al Conde. De ahí que confiara la obra a un alumno de su esposo, Süssmayr, que posteriormente declaró que era el autor del Sanctus, el Benedictus y el Agnus DeiNadie ha sido capaz de corroborar esta afirmación, pero sí se sabe que Süssmayr se valió de la música de Mozart en Lux Aeterna y Cum sanctis Tuis, y que fue el encargado de orquestar todas las secciones entre el Dies Irae y el Hostias.
El propio Conde dirigió la primera interpretación del Réquiem, que aún intentaba hacer pasar por suyo, en la Iglesia Neukloster el 14 de diciembre de 1793, dos años después de la muerte de Mozart.
La primera pieza que nos acompaña es el Rex Tremendæ. Un acorde de todas las cuerdas es respondido por los instrumentos de viento y retomado por las primeras en una progresión descendente. El coro, en fortíssimo, exclama “Rex” por tres veces antes de comenzar el desarrollo del texto. El contraste se hace total con el pianissimo con que se canta “salva me”tornándose el ambiente casi sobrenatural mientras un aroma de oración sustituye al violento comienzo.

El 5 de diciembre de 1991, fecha en que se cumplían los doscientos años del fallecimiento del autor, tuvo lugar una misa de Réquiem por su alma en la Catedral de Viena oficiada por el Arzobispo titular, bajo la dirección musical de Sir Georg Solti y con la participación de la soprano Arleen Augér, la mezzo-soprano Cecilia Bartoli, el tenor Vinson Cole y el bajo René Pape del que existe una emotiva grabación. 
Desde entonces, todos los años he buscado tiempo cada 5 de diciembre para escucharlo. Sólo una vez falté a la cita. Ese mismo día, y tras varios años de lucha contra sus perdidos recuerdos fallecía mi padre. Mientras persista mi memoria no dudo que acudiré a esta cita anual.
Te dejo con la transcripción de tan excepcional y emotivo momento. Recuerda, 5 de diciembre de 1991, doscientos años después del fallecimiento de Mozart.