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APasionArte: El Carnaval de los animales

El carnaval muestra una de las facetas más íntimas y arraigadas de nuestra personalidad: la necesidad que tenemos en algunos momentos de querer ser distintos a lo que somos, de mostrar un aspecto diferente de nuestro propio ser, de convertirnos por momentos en otra persona. El carnaval es un momento que va más allá de la fiesta, la crítica y la transgresión, ya que nos permite creernos por momentos hasta lo que en nuestro íntimo ser no queremos admitir que queremos o somos.
De origen ancestral, es una celebración que tomó carta de naturaleza como reacción a la entrada de la Cuaresma y las normas de recogimiento religioso que conllevaba.


Siguiendo el estilo clásico del programa APasionArte, en este episodio alrededor de los días en que se celebran estas fiestas, tan distintas y diversas a lo largo de todo el mundo, nos acercamos a una obra fundamental en el repertorio: El carnaval de los animales de Camile Saint-Saëns.



En el episodio muestro la génesis de esta obra tan particular, la interpretación para un grupo de amigos y las reticencias del compositor a que se interpretara en público, así como la estructura y composición de la orquesta que debía interpretarla.
También analizo las distintas piezas que forman este carnaval de animales, mostrando qué parodias, citas musicales, disfraces o cambios de personalidad muestran cada uno de los animales que transitan por la obra hasta llegar al apoteósico desfile final.



Aprovechando la celebración de los carnavales, en APasionArte: El carnaval de los animales, te propongo un paseo por esta obra de Saint-Saëns, descubriendo cómo cada uno de los animales se ha disfrazado con otra piel. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 



Como siempre, tienes distintas opciones para escuchar este episodio de APasionArte. En Radio Voz del Condado puedes hacerlo en el 105.40 de la FM o desde su página web radiovoz.lapalmadelcondado.org buscando la emisión en directo en el horario indicado.


Si deseas escucharlo en el momento que mejor te venga puedes hacerlo a través de la página web de la emisora, donde puedes oír los episodios que se están subiendo en el enlace: radiovoz.lapalmadelcondado.org/apasionarte-temporada-1. Son enlaces que puedes escuchar desde el propio navegador.

Además, si entras en la plataforma iVoox, puedes buscar el programa y escuchar, votar y comentar cada episodio. Buscándolo como Radio Voz del Condado APasionArte, puedes seguir el programa y recibir cada nuevo episodio.

Anna Pavlova interpretando La muerte del cisne en 1910.

Por último, si no deseas entrar en la plataforma o no la tienes, puedes escucharlo desde este enlace:


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APasionArte: Animalario

No se puede decir que los animales forman parte de nuestro mundo, como alguien podría afirmar. Nosotros formamos parte de un mundo en el que también hay animales. Y plantas. Y otros muchos seres vivos e inertes. Simplemente, somos parte de los habitantes, formamos parte del planeta.


Nuestra relación con los animales ha ido evolucionando desde el origen de nuestra historia: Desde los primeros que sirvieron como alimentos gracias a la caza, hasta los que comenzamos a domesticar como forma de obtener alimentos, vestido y fuerza para realizar trabajos. 


Con el transcurso de los siglos es nexo ha ido transformándose hasta llegar a un nuevo vínculo al pasar de animales domésticos a animales de compañía, e incluso, a formar parte de las relaciones familiares.


Este episodio de APasionArte encontraréis textos literarios que van de la prosa poética, al relato, la descripción y la autobiografía animal hasta la poesía. También hallaréis músicas que se mueven entre lo imitativo, la descripción mezclada con emociones y la parodia humorística. Toda una variedad de obras de distintos estilos y formatos.


Te propongo un recorrido por obras de autores de fama universal que nos invitan a reflexionar sobre las relaciones que tenemos con los animales y cómo han ido evolucionando. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Así, en este nuevo programa nos acompañan, no en este orden, animales de distinto pelaje, plumaje y condición gracias a escritores como Juan Ramón Jiménez, Cervantes, Pablo Neruda, Leopoldo Alas, Clarín, E.T.A. Hoffmann y músicas de Rossini (¿o quizás no?), Händel, Saint-Saëns y Gofré.


Este episodio de APasionArte puedes escucharlo en Radio Voz del Condado en el 105.40 do la FM o a través de su página web: radiovoz.lapalmadelcondado.org en el siguiente horario: Miércoles a las 13 y 19 horas, jueves a mediodía, a las 14 horas y en la noche del sábado a las 21 horas.


Como es habitual, este Episodio 4, Animalario también está disponible en IVoox como Radio Voz del Condado Apasionarte. Si te gusta, no dejes de suscribirte, marcar un like en la plataforma, compartirlo o recomendarlo entre quienes creas que le va a gustar.

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Una Danza Macabra

Dos tradiciones se cruzan y entremezclan en el paso de octubre a noviembre. Por una parte, la celebración de Todos los Santos, a la que sigue el día de los difuntos, unas celebraciones arraigadas en la cultura europea, especialmente en países como el nuestro. Por otra parte, la festividad de Halloween, una tradición de origen celta, más asociada a la cultura anglosajona de el Reino Unido y los Estados Unidos.

Si en la cultura hispana se recuerdan más figuras como don Juan Tenorio y la tradición de representar su obra por estas fechas, la influencia de la cultura americana va avanzando con toda la parafernalia que acompaña Halloween.

Pero hay un pequeño punto de intersección entre ambas manifestaciones, el homenaje a los difuntos, en la primera más seria en cuanto se recuerdan a aquellos que nos precedieron; en la segunda más festiva, con la finalidad de hacer perder la sensación de miedo a los pequeños.
Entroncados en tradiciones medievales, un poema, una canción para piano y voz y un poema sinfónico unen el cambio de mes entre octubre y noviembre.
Te propongo escuchar una de las obras que más nos acercan a las celebraciones de Todos los Santos y Halloween, la Danza Macabra de Cazalis y su versión musical de Saint Saëns. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Las danzas de la muerte o danzas macabras forman parte de una manifestación literaria y artística iniciada en el siglo XIV como reacción a las epidemias de peste y otras enfermedades e inmersas la cultura religiosa de la época.
Basadas en el canto del Dies Irae del oficio de difuntos católico sobre el que realizaban una serie de variaciones, suelen representar unos diálogos en verso para representar en escena de una alegoría de la muerte, habitualmente un esqueleto, se acerca a personajes de distinta posición social para bailar alrededor de su tumba. Estas figuras que representaban el poder social o religioso solían ser el Papa, el Emperador o el Rey, el Obispo e incluso el Sacristán y la muerte les venía a recordar que los placeres del mundo tienen su fin y que todos seremos igualados con la muerte. Así, 

"Riendo sarcásticamente, con el andar de un antiguo y tieso maestro de baile, la muerte invita al Papa, al emperador, al noble, al jornalero, al niño pequeño, al loco y a todas las personas de las demás condiciones, a que la sigan."
James Clark, The dance of death in the Middle Ages and the Renaissance.

Ilustraciones según obres de Guyot Marchant (1486)

Con el paso de los años, la tradición de estas danzas macabras cesó hasta que con el romanticismo volvió a tomar un nuevo protagonismo, adaptándose a temas tan propios del estilo como la muerte, la exaltación del yo a través de los sentimientos y las emociones y un gusto por los fenómenos naturales, 
tan arraigados en este periodo.
El siglo XIX francés es fecundo en autores y obras que reflejan los rasgos más significativos de este periodo y del que hemos tratado en algunas publicaciones.
No muy conocido en la actualidad, Henri Cazalis vivió durante los últimos sesenta años del decimonónico siglo, en el que alternó su trabajo como médico con el de poeta adscrito al simbolismo, publicando sus obras con los pseudónimos de Jean Lahor y Jean Caselli
Amigo de Prudhomme -el ganador del primer Premio Nobel de Literatura- y Mallarmé, muchos de sus poemas fueron musicalizados por compositores franceses de su época. En su ideario artístico, Cazalis concibe de la poesía como un medio de perfección ética en el que el poeta asume el dolor de los que sufren para contribuir a establecer la armonía universal. 
Entre sus obras destacan L'Art nouveau, L'illusion o Melancholia, aunque la que más se ha popularizado es el poema Danse macabre, basado en las danzas de la muerte medievales, publicado con el pseudónimo de Jean Lahor.


Tras dar su primer concierto público con apenas diez años, Charles Camile Saint-Saëns es uno de los grandes pianistas, organistas y compositores franceses del periodo que abarca el final del XIX y el comienzo del XX. Discípulo de Charles Gounod, compaginó su trabajo como organista de la Madeleine de París con la composición, además de su polifacética dedicación a la geología, la arqueología, la botánica y las matemáticas.
Su música sigue la tradición francesa de forma elegante y rigurosa en el detalle, destacando su ópera Sansón y Dalila, sus conciertos para piano que él mismo llegó a estrenar, los de violín, sus sinfonías, con la inigualable Sinfonía nº 3 con órgano, y los poemas sinfónicos como La rueca de Omfalia, el primero de los escritos por un compositor francés, o la Danza macabra. Quizás la obra más popular de las que compuso fue esa pequeña pieza que no quiso que se interpretara en público mientras vivió, El carnaval de los animales, una broma en que se reía de todos, incluso de él mismo.


Saint-Saëns se basó en el poema de Cazalis para ponerle música en una versión para piano y barítono. La versión que nos acompaña está interpretada por el barítono checo Jan Martinik acompañado al piano por Alexandr Starý en su participación en el concurso Cardiff Singer of the World de 2009 que ganó en esa ocasión.


Esta versión vocal de la Danse Macabre de Saint Saëns no es tan interpretada como el poema sinfónico que el propio autor compuso y catalogó como su Opus 40
Su estreno no tuvo el éxito que ha alcanzado con posterioridad, siendo recibido con muestras de desagrado en algunos sectores, fundamentalmente porque parte del público lo consideraba una grotesca modificación del Dies Irae y por otra, por el desgarrador sonido del solo de violín con que comienza. 
Este solo de violín, que viene a representar a la muerte, se inicia con el conocido Tritono, el llamado Diabolus in musica, una de las disonancias que, desde tiempos de Guido d'Arezzo aparecía como de mal gusto musical y debía ser evitada. Qué mejor sonido para representar a la muerte.
El día de los difuntos la muerte aparece a media noche y convoca a los muertos para que salgan de sus tumbas y bailen al son de su violín. Los esqueletos bailan hasta que se anuncia el amanecer, regresando a sus sepulturas hasta el próximo año.


El arpa inicia el poema sinfónico anunciando las doce campanadas con una única nota, mientras las cuerdas la acompañan. Entra el solo de violín, mientras la flauta lo acompaña. Un segundo tema le sigue con el acompañamiento de las cuerdas. Los dos temas pasan por las secciones de la orquesta mientras la pieza va ganando energía, cita la melodía del Dies Irae en los instrumentos de viento. De nuevo vuelven los dos primeros temas, mientras crece el volumen de la orquesta hasta llegar al momento del amanecer, en que el oboe representa el canto del gallo y los esqueletos regresan a sus tumbas.
Esta obra, la más conocida de Saint Saëns junto con El carnaval de los animales, ha adquirido un nuevo renacimiento con la popularización de fiestas como las de Halloween, llegando a ser conocida entre públicos poco habituales de este tipo de música.
La agrupación Les Siècles interpreta este poema sinfónico Danse Macabre de Camile Saint Saëns bajo la dirección de François Xavier Roth en una grabación que de llevó a cabo en el Festival de Pâques d'Aix-en-Provence en abril de 2021.

Feliz danza macabra.


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Burros, mulos y otros animales

Durante siglos los seres humanos hemos vivido inmersos en la naturaleza. Rodeados de animales y plantas, hemos sido sin pretenderlo los primeros seres ecológicos durante el tiempo que hemos vivido con una economía de subsistencia.
El abandono de las zonas rurales que comenzó con la Edad Moderna, los avances de la revolución industrial han ido apartándonos cada vez más de la naturaleza y el cuidado del medio ambiente.
La entrada en el Antropoceno, la nueva era en la que nos encontramos y que viene definida por el hecho de que las actuaciones del ser humano son definitivas en el entorno ecológico a nivel global en que nos movemos, están haciendo que la comunidad científica nos envíe mensajes sobre cómo debemos actuar para no deteriorar de forma definitiva nuestro planeta.
Este alejamiento de la naturaleza nos ha hecho olvidarnos de animales y plantas con los que hemos convivido durante milenios. Frente a animales que siempre han sido protagonistas en la naturaleza o en el ámbito doméstico, otros han ocupado siempre un lugar más modesto ocupando un segundo plano. Frente al protagonismo de animales como el caballo. los asnos han tenido siempre un papel más modesto, ofreciéndonos trabajo y servicio de forma humilde. 
Te propongo un paseo junto a los burros, esos animales modestos y humildes que han acompañado durante tanto tiempo al ser humano y han desaparecido de su vida. Nos acompañan obras literarias y musicales dedicados a ellos. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
El burro verde. Marc Chagall (1911)
Si pensamos en burros, ¿cuál es el primero que se nos viene a la mente?
Según algunas fuentes, después de La Biblia y El Quijote, Platero y yo es el tercer libro más traducido a distintos idiomas. La prosa poética de Juan Ramón Jiménez, es ya más que centenaria, pues se publicó en 1914. El premio Nobel nacido en la cercana Moguer cuenta que cuando lo escribió no pensó en un libro para niños. De hecho, según sus palabras, "nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se nos ocurren".
Pero los hechos son como son y los datos indican que se publicó en La Lectura, una colección de literatura infantil y que en el prólogo original el autor escribió: "Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito para...¡qué sé yo para quién!... para quien escribimos los poetas líricos... Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma." Esa edición contaba con 66 capítulos lejos de los 138 de la versión definitiva.


Ilustración de Ximena Maier para una edición de Platero y yo

Juan Ramón Jiménez (hay autores cuyo nombre se dice así de corrido siempre) contó que Platero existió, mas no uno, sino muchos. Platero es el nombre común con que se conocía a los burros de pelaje gris. El escritor recordaba: "Yo tuve de muchacho y de joven varios. Todos eran plateros. La suma de todos mis recuerdos con ellos me dio el ente y el libro."
El cariño y la ternura que muestra el poeta desde el comienzo que todos conocemos se desarrolla durante toda la obra:


Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera
que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. 
Sólo los espejos de azabache de sus ojos
son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Este tono lírico se quiebra con la indignación que le provoca la palabra asnografía encontrada en el diccionario. Afortunadamente ya no aparece en los diccionarios actuales.



La primera música proviene de una obra que fue escrita como un divertimento. Su autor, Camille Saint-Saëns la estrenó un martes de carnaval de 1886 en una representación privada, apareciendo un autor tan serio como él con nariz y barbas postizas. Un mes más tarde se interpretó en la casa de Pauline Viardot, la hija del sevillano Manuel García y hermana de la diva María Malibrán, para que un amigo común, Franz Liszt pudiera escucharla. 
Saint-Saëns ideó Le carnaval des animaux (El carnaval de los animales) como Fantasía zoológica para una agrupación de instrumentos particular en la que se incluyen flauta, clarinete, xilófonos, dos pianos, una armónica de cristal (que se puede sustituir por un glockenspiel) y los instrumentos de cuerda. 
Sabiendo que esta obra era un divertimento en que todas las piezas presentan animales disfrazados, como cualquier carnaval que se precie, y en que unos movimientos parodian otras obras, mientras otros ridiculizan amigablemente a compositores o intérpretes conocidos, Saint-Saëns no consintió en que se volviera a interpretar en vida, salvo el fragmento de El cisne. En su testamento dejó escrito que la obra podría interpretarse tras su fallecimiento. Hoy en día es la obra popularmente más conocida del compositor francés.
Nuestra primera interpretación musical se titula Personnages à longues oreilles (Personajes de largas orejas) y representa con unos de los instrumentos más delicados y virtuosos de la orquesta. los violines, dos de esos animales a base de rebuznos que se van alejando poco a poco. La humorada del autor y alguna interpretación nos hace pensar que quienes así van disfrazados son en realidad determinados críticos musicales.
Julia Park y Sergio Leiva junto con The LSU Symphony Orchestra nos acercan a ellos.


Animal modesto donde los haya, el burro ha tenido siempre una condición inferior al caballo, más humilde y sencillo que su pariente en la familia de los équidos.


Sancho y su rucio interpretados por Gustave Doré

En El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha Cervantes lo deja claro cuando presenta al incondicional Sancho Panza y deja la duda en la mente de don Quijote sobre la idoneidad del papel de un asno en las novelas de caballería. Curioso que también sea rucio (blanquecino, canoso) como Platero el acompañante de Sancho.




Pero el ser humano ha deseado tanto sentirse el rey de la creación que ha soñado con tener un dominio absoluto sobre todas las criaturas grandes y pequeñas. Tanto que hemos pensado en ello que poco a poco hemos conseguido el efecto contrario. Cada vez hay menos animales, desaparecen especies y muchas se encuentran en peligro de extinción.
En una de sus óperas Mozart tuvo en sus manos que el entendimiento entre los seres humanos y los animales se llevara a cabo a finales del siglo de la razón. ¿Cómo fue posible? Con la música y la ayuda de una flauta sin igual. 
En su singspiel Die Zauberfflöte (La flauta mágica), su última ópera en alemán, Mozart hace que el príncipe Tamino reciba una flauta con poderes sobrenaturales que debe utilizar para hacer el bien. En el aria Wie stark ist nich dein Zauberton (Qué poderoso es tu mágico sonido), cuando Tamino toca la flauta aparece un grupo de animales salvajes que, según él, hace que cuando escuchan su sonido todos los animales se alegran.



La flauta mágica es una obra maestra particular, ya que posee diversos lenguajes que en ocasiones son contrapuestos. Trata de un cuento que se desarrolla en un país lejano, pero también tiene implícito un sentido masónico con un canto a la razón. Prácticamente cada montaje es distinto, desde los que la sitúan como un cuento oriental hasta los que la ambientan en la esfera del siglo de la razón, pasando por el desenfadado y alegre cuento que es. De todos los enlaces que hay en la red con esta escena, los animales que aparecen aquí reflejan este último escenario de cuento inocente. Pertenece a un montaje del Metropolitan Opera House de Nueva York con Matthew Polenzani como el oriental príncipe Tamino y la dirección musical de Jame Levine. Un cuento es así.


Incansable conversador, se cuenta que estuvo más de veinticuatro horas en una interminable y amena charla con su hermano. Despistado por naturaleza, tendía a olvidar qué debía hacer y dónde tenía que ir, hasta el punto de escribir con frecuencia telegramas a su esposa para que le recordara hacia donde tenía que haberse dirigido. 
Prolífico escritor y periodista, Gerbert Keith Chesterton cultivó la novela, el ensayo, la crónica periodística, la poesía, el teatro, la biografía o los libros de viaje. 


Ilustración del propio Chesterton donde aparece él con un burro
Fue el creador de un personaje que fue llevado a la televisión como uno de esos investigadores de la literatura inglesa al estilo de Poirot, Sherlock Holmes o Miss Marple: El padre Brown, un sacerdote católico con una agudeza psicológica y analítica que lo convertía en un singular detective y que apareció en medio centenar de relatos distribuidos en varios volúmenes. También escribió El hombre que fue Jueves, El hombre que sabía demasiado o El retorno del Quijote, una novela por entregas en la que homenajea al gran personaje literario. 
En Lepanto y otros poemas introduce un poema, The donkey (El burro) que dedica a este animal dócil, perseverante y nada presuntuoso en el que deja caer un bíblico momento de gloria para este animal.



Ferdinand Rudolph von Grofé, más conocido como Ferde Gofré, neoyorkino de origen francés y alemán, desarrolló su vida entre la música clásica y las orquestas de baile y jazz. Comenzó tocando la viola en la Orquesta Sinfónica de Los Ángeles hasta que entró a formar parte de la orquesta de Paul Whiteman. Allí se dedicó a realizar arreglos de obras clásicas que acabaron consolidando los estilos de las Big Band, esas orquestas que adaptaban músicas de diversos estilos. 
Entre sus obras más conocidas destaca Gran Canyon Suite (Suite del Gran Cañón) de 1931, una obra que narra en cinco movimientos la impresión que le produjo una visita al gran cañón del Colorado.
Los movimientos de esta suite sinfónica son: Sunrise (Amanecer), Painted Desert (El desierto pintado), On the trail (En el camino), Sunset (Atardecer) y Cloudburst (Estallido de nubes).
De todas, finalizamos este recorrido con el cariño hacia los burros y sus congéneres con On the trail, un movimiento programático en el que describe el camino que se realiza con una recua de burros para bajar hasta la orilla mientras se disfruta del inigualable paisaje que alberga este Gran Cañón del Colorado.
La interpretación corre a cargo de la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional de México con la dirección de Enrique Arturo Diemecke.
En este movimiento Gofré no nos ofrece simplemente una música, sino la posibilidad de poder disfrutar de la experiencia de bajar a lo largo del sendero que nos lleva hasta el lecho del río Colorado.
Algunas indicaciones para poder disfrutar de esta pieza:
Comienza el movimiento con un sonoro rebuzno en los violines.
De este sonido surge la melodía que nos acompañará durante el camino mientras preparamos lo necesario para el paseo: ropa cómoda, un sombrero, agua...
Seguido a este sonido, comenzamos a caminar montado en una recua de estos animales por el estrecho sendero que nos bajará hasta la orilla del río.
Al momento se paran a pesar nuestro y, entre sus sonidos de queja, comenzamos a apreciar la belleza del paisaje.
Se reanuda de nuevo el camino.
Tras una progresiva aceleración, se paran otra vez los animales y permitiéndonos contemplar de nuevo el paisaje desde una mayor altura. Cada vez podemos apreciar mejor la grandeza y la majestuosidad del espacio.
Se vuelve a reanudar la marcha de forma más acelerada, intercalando las sensaciones que nos proporciona la visión del paisaje, la tranquilidad y el aire puro que dominan el panorama.
Entra en escena un solo que puede representar una caja de música que abrimos en pleno descenso hasta el río y que nos recuerda nuestra vida en la ciudad mezclada con las sensaciones del lugar.
No hay tiempo para ensoñaciones ni descansos. La recua acelera el paso, quizás por el olor del agua o por saber que el final del camino está cerca.


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Bibliografía consultada:

El lenguaje de los pájaros

La naturaleza posee de la capacidad de sorprendernos con sus poderosas imágenes, sus inigualables juegos de luces y colores, los solemnes, sutiles o potentes contrastes o los sonidos de todo tipo de fenómenos, desde la sobrecogedora tormenta al sutil susurro de las hojas de los árboles en una tranquila noche de verano. 
El sonido de los animales siempre ha producido sensaciones en nosotros. Desde la ancestral necesidad de conocer la posición de los animales para cazarlos como fuente de alimentos, pasando por el estremecedor rugido de animales que podían ponernos en peligro, hasta el placer que supone escuchar el canto de los pájaros o el singular cortejo de algunas especies en los periodos de celo.
Te propongo un paseo por las sensaciones que el canto de los pájaros y el deseo de conocer su lenguaje ha llevado a distintos autores a escribir, componer o crear obras en las que alcanzan un protagonismo que surge de nuestra curiosidad. Por el camino, desde tu misma casa, podrás sentir, oír y disfrutar de un viaje alrededor del mismo lenguaje de los pájaros. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


En una sociedad en la que cada vez estamos más aislados de la naturaleza y ésta la estamos limitando cada vez más, reduciendo sus espacios, haciendo que decrezca el número de especies o disminuyendo su capacidad de reproducción, poder tener la ocasión de escuchar el canto de los pájaros, ha pasado de ser algo frecuente a convertirse en una experiencia excepcional. 
Te propongo escuchar el sonido que produce un grupo de pájaros en una obra que Camille Saint-Saëns compuso en febrero de 1886 mientras descansaba en Austria. El Carnaval de los animales es una composición para un grupo de cámara formado por once instrumentos para un día de carnaval, cargada de buen humor, con músicas prestadas de otros compositores y deliberadamente trastocadas y que Saint-Saëns decidió que sólo se interpretaría en reuniones de amigos entre los que se encontraba Franz Liszt. Sólo en su testamento consintió que podría interpretarse tras su fallecimiento.
La pieza que abre nuestro paseo hacia el lenguaje de los pájaros es La pajarera o El aviario de este Carnaval de los animales. Observa la flauta y el grupo de cámara, oye y siente los pájaros que pueblan esta pajarera o, si te apetece más, cierra los ojos y trata de notar cuántos pájaros se mueven, revolotean o cantan por allí.
Se trata de una interpretación de la Gyegonggi Philharmonic Orchestra con Jae Lyoung a la flauta.


Catedrático de derecho civil y canónico, crítico literario y, más adelante, escritor, Leopoldo Alas, conocido como Clarín, zamorano de nacimiento, sentó su cátedra en Oviedo, de donde era oriunda su familia, para influir con enérgica disposición en el mundo literario de España e incluso la América hispánica y Europa. De su poco amplia producción destaca una de las novelas más importantes del siglo XIX español, La Regenta, una obra centrada en la imaginaria Vetusta por la que desfilan personajes retratados con una cierta hondura psicológica, en la que se critican los convencionalismos provincianos y donde se puede observar un remoto paralelismo entre las vidas del magistral de la catedral Fermín de Pas y Julien Sorel, el protagonista de Rojo y negro de Stendhal.
La curiosidad nos acerca a la segunda mirada al mundo de los pájaros como si de la misma pajarera de Saint-Saëns se tratara. La naturaleza, las luces, el rumor del arroyo acercan a Ana Ozores, la Regenta, a la quieta observación bajo los árboles en un inicial intento por captar el sentido y el pensamiento de los pájaros.



El universo creado por Richard Wagner bebe en muchos casos de las leyendas medievales germánicas a las que supo imprimirles su personal estilo para un conjunto de obras que avanzaron como nunca en el campo de la música. Wagner se cargó sobre sus espaldas una responsabilidad colosal: crear un arte total que aunara todas las artes desde la música a la poesía, de las artes plásticas a la danza, un arte que sustituyera a los poderes que veía decadentes de la política y en el que el artista, el creador, fuera el nuevo eje del poder que hiciera que la intrascendencia que el capitalismo generaba, el desencanto que se había instalado en las conciencias, se viera relanzado a través de las nuevas obras que aunaban todas estas dimensiones, frente a las óperas belcantistas que se centraban, en su opinión, en su propio exceso. 
Él mismo se convirtió en el alma mater de tan ingente tarea. El nuevo arte debía aunar todos los demás sin prevalencia de ninguno, para tener la misión de acercar a la humanidad a la verdad y a los valores inmutables, en el que él mismo escribía los libretos, componía la música, dirigía a los cantantes, sugería decorados y vestuarios, incluso reinventaba el teatro en Bayreuth, instalaba a los músicos en un inédito foso y marcaba hasta el detalle más nimio cómo debían ser las representaciones e incluso los descansos en sus óperas.



En su tetralogía El anillo de los Nibelungos crea una de las obras más ambiciosas que ningún autor haya realizado jamás. Basada en leyendas germánicas y escandinavas medievales, traza un retrato donde deambulan la avaricia, las ansias de poder y la soledad en cuatro obras: El oro del Ring, La Walquiria, Siegfried y El ocaso de los dioses que abarcan en su conjunto más de dieciséis horas de música y a los que dedicó más de veinticinco años de su vida en su composición. 
La tercera de las obras tiene a Siegfried por protagonista, el personaje central en una primera idea. Un aguerrido huérfano recogido por Mime que no conoce el miedo, un héroe valiente que representa el ideal del superhombre con la misión de redimir a la walquiria Brunilda de su castigo y devolver el anillo a las sirenas del Rhin.
Cuando en el segundo acto, Siegfried se queda sólo ante la cueva de Fafner, la música de odio se transforma en una melodía serena. En la escena llamada Wladweben (Murmullos del bosque), el protagonista medita bajo un tilo sobre su origen y piensa que las voces del bosque le están hablando e intenta entender qué le cuenta un pájaro cercano. Construye una rústica flauta para hacerse entender, pero sin resultado. No encuentra el sentido del lenguaje del pájaro.




La escena pertenece a una grabación del Festival de Bayreuth de 1976 interpretada por Manfred Jung bajo la dirección de Pierre Boulez.


El cine también ha tratado el acercamiento al mundo de las aves desde múltiples ópticas. En ocasiones como forma de producir estados de ánimo próximos al miedo como en Los pájaros, la novela de Daphne du Maurier (la autora de la inolvidable Rebeca) que Alfred Hitchcock llevó al cine en 1963
Pero en esta ocasión buscamos a los pájaros, no como fuente de temor, sino como acercamiento, de conocimiento, de búsqueda de cuanto podamos saber de ellos. Otra película de los años sesenta trata el tema del conocimiento que hacemos sobre las aves desde una óptica totalmente diferente. En Birdman of Alcatraz (El hombre de Alcatraz) de 1962, John Frankerheimer narra la historia real de Robert F. Stroud condenado a cadena perpetua en la conocida prisión estadounidense interpretada por Burt Lancaster, basado en una novela y guión de Thomas E. Gaddis. El protagonista, un asesino convicto cambia su vida cuando un gorrión entra por la ventana de su celda y entablan una singular amistad. Al caer enferma el ave, se preocupa en buscar libros donde conocer cómo cuidarlo, lo que origina un cambio en su vida, convirtiéndose en un estudioso del mundo de las aves que entabla correspondencia con autores de distintos países y llega a convertirse en una eminencia mundial, siempre desde la prisión, en la que fallece por causas naturales. La redención personal a través del conocimiento de las aves.


En la obra de Haruki Murakami, el autor japonés más occidental se conjugan las características del mundo actual con las tramas de sus obras. La soledad de quienes forman parte de las grandes urbes o el sentido iniciático y trascendente de la búsqueda de sí mismo conforman el universo del autor. En Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, el protagonista Toru Okada se fija e identifica con un ave vecina a su residencia y que se convierte en uno de los elementos que conforman la novela.




Pero el hombre que más se identifica con los pájaros en la historia de la ópera e incluso de la música es el singular pajarero, Papageno, el personaje de La flauta mágica de Mozart que acompaña a Tamino, como un singular escudero con las cualidades antagónicas del protagonista: mentiroso, cobarde y simple y llano. Su mente está puesta en la comida y la bebida y, sobre todo, en encontrar su alma gemela, una Papagena que le acompañe en su vida y con la que llenar el mundo de pequeños Papagenos.
Su aria de entrada, Der vogelfänger bin ich ja, stets lustig, heisa hopsasa! (Yo soy el pajarero y siempre estoy alegre, ¡viva!) es toda una declaración de intenciones que le hacen tener las simpatías de los amantes de la música de Mozart.


Pablo Neruda, el gran poeta chileno se fija en el vuelo de las aves. Más entiende y conoce de los pájaros por su vuelo que por su habla, posee más comunicación para él el desplazamiento aéreo que el canto de las aves. En ellos descubre viajeros errantes que disfrutan del momento vagando de un lugar a otro, libres de preocupaciones y también de compromisos. Este particular acercamiento al lenguaje de los pájaros como es el poema El vuelo pertenece a su libro Arte de pájaros, una sugerencia de Hugo Repetto para este blog.










Pero si hay quien llega a realmente a comprender el lenguaje de los pájaros y dialogar con ellos es Siegfried. Cuando Fafner, el dragón, oye la flauta y luego el cuerno de Siegfried se despierta y es abatido por la espada del joven. La sangre del muerto le quema como fuego y cuando se humedece con ella la lengua es capaz, de repente, de comprender la lengua del Pájaro del bosque, que le aconseja sacar de la cueva los tesoros que posee. 




La grabación está interpretada por Lance Ryan como Siegfried y Marina Zyatkova como el Pájaro del bosque en una producción del Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia de 2008.


Muchas referencias a textos y músicas quedan aún en nuestra cultura y nuestro imaginario colectivo. Ahí estarán para otra ocasión. ¿Cuáles recuerdas? ¿Propones alguna?

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