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Miremos a los océanos

#DiaMundialdelosOceanos

Nuestro planeta azul debe su color a las aguas de los mares y océanos que lo cubren en las tres cuartas partes de su superficie, por lo que sería más exacto llamarla planeta Agua.
Se calcula que en sus aguas habitan más de 700.000 especies, de las cuales muchas aún las desconocemos. Además, los científicos calculan que aproximadamente el la mitad el oxígeno de nuestro planeta proviene del fitoplancton marino.
Como muchos de los Días Internacionales que celebramos, su mera existencia es en muchas ocasiones una llamada de atención a una situación sobre la que necesitamos reflexionar.
Así, cada año celebramos el 8 de junio el #DiaMundialdelosOceanos con múltiple objetivo de hacernos conscientes de que:
El cambio climático está haciendo aumentar las temperaturas marinas, lo que supone un riesgo para la vida de los océanos por el calentamiento de los polos y el aumento del nivel del mar que, poco a poco va invadiendo zonas costeras de baja altura con la consiguiente pérdida de hábitats humanos.
La sobrepesca que comienza a afectar al equilibrio de los ecosistemas marinos.
Además de que el uso abusivo de los plásticos ha llegado a amenazar a muchas especies marinas y, a través de las corrientes marinas, ha llegado a generar algunas de las islas más grandes de nuestros mares.
Te propongo unas reflexiones, textos y músicas relacionados con los océanos y mares para celebrar el #DiaMundialdelosOceanos y su importancia en la vida de nuestro planeta. Nos acompañan Walt Whitman, Herman Melville, José Luis Sampedro, Vaughan Williams, Britten y Vivaldi. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


En la relación de los mares y, de modo especial los océanos, podemos distinguir diversos momentos a lo largo de la historia. En un periodo mítico inicial, el océano poseía el estigma de los misterioso y lo peligroso, transitando con el paso de los siglos de lo infinito e inabarcable a la condición de lo conocido y limitado, pese a que aún hoy en día hay mucho desconocimiento de los océanos, sus fondos y habitantes. En el momento histórico en que nos encontramos, podemos añadir a esas condiciones el estado de peligro en que se encuentra debido a la acción de los seres humanos en plena era del Antropoceno.
También los océanos han sido en un primer momento de las civilizaciones una frontera que ha servido como elemento de desconocimiento y separación. Pensemos que hasta finales del siglo XV no se comenzaron a encontrarse las viejas y antiguas Eurasia y África con el continente americano. Poco a poco, con el paso del tiempo, mares y océanos han ido cambiando este rol de frontera por el de puntos de encuentro, lugar de intercambio de cultura, comercio y civilización, como ha ocurrido desde hace milenios con el Mediterráneo, el Índico o los mares del sudeste asiático.
Los mares y océanos han transmutado también su relación con nosotros desde ser considerados fuentes inagotable de alimentos para el ser humano -son la mayor fuente de proteínas que utilizamos-, hasta convertirse en la fuente limitada que debemos cuidar y proteger debido a la pesca a gran escala y usos antiguos como la captura de ballenas y grandes cetáceos.
El vergonzoso vertedero global en que estamos convirtiendo los ríos, mares y océanos es otro de los grandes problemas que estamos creando con una invasión de plásticos y microplásticos que deambulan por todo el planeta, nuestros propios cuerpos incluidos.

Albert Bierstadt. Orilla de mar esmeralda (1878)
Considerado el sucesor de Edward Elgar, Ralph Vaughan Williams creó un lenguaje musical muy personal gracias a la incorporación de influencias folclóricas y la diferenciación del modelo alemán imperante. Pariente lejano de Charles Darwin y compañero de estudios del filósofo Bertrand Russell, este le introdujo en la lectura de la poesía de Walt Whitman, algunos de cuyos poemas utilizó como fuente de inspiración para ponerles música.
Así, su primera sinfonía, titulada A Sea Symphony (Una sinfonía marina), compuesta entre 1903 y 1909 se basa en poemas el poeta norteamericano incluidos todos en su antología fundamental (Leaves of grass) Hojas de hierba.
Vaughan Williams comenzó su composición por el tercer y segundo movimientos con la intención de titular su sinfonía Song of the Sea, cambiándolo por Ocean Sympony al componer un cuarto movimiento que acabó descartando. Al incluir textos de Whitman, la obra está escrita para orquesta, soprano, barítono y coro, utilizando poemas de los citados Los restos del naufragio en los tres primeros movimientos y Viaje (o Pasaje) a la India en el cuarto. Finalmente, y con el título indicado, se estrenó en el Festival de Leeds en octubre de 1910. 
El primer movimiento tiene por título A sonf for all seas, all ships (Una canción para todos los mares, todos los barcos), comienza con una fanfarria a la que sigue el coro cantando unos versos de Canto de la Exposición como introducción, con dos temas melódicos que aparecerán en los siguientes movimientos. A continuación, el barítono inicia un recitativo correspondiente a los versos que dan título al movimiento, el coro hace hincapié en sus palabras apoyado por la orquesta y la percusión. A partir de este momento se establece un diálogo entre el barítono y el coro con diversas estructuras que se desarrolla en la primera parte de este movimiento.

El enlace nos ofrece una versión de la parte inicial del primer movimiento de A Sea Symphony de Vaughan Williams con subtítulos en castellano, en una interpretación de la Orquesta y Coro de RTVE y el barítono Rodrigo Esteves dirigidos por Adrian Leaper que se interpretó en el Teatro Monumental de Madrid en noviembre de 2010 y que está presentado por la soprano Raquel Lojendio. 


El primero de los textos que nos acompaña es, en realidad, el poema de Walt Whitman que Vaughan Williams utilizó para el primer movimiento de su sinfonía.
En Hojas de hierba & selección de textos se recogen todos los textos que utilizó el compositor, especialmente de sus poemarios Los restos del naufragio, Viaje o Pasaje a la India y Canto de la Exposición, que sirve a modo de introducción.
Estos poemas, como la mayoría de los suyos, reflejan la visión particular de Whitman, con la creación de un nuevo lenguaje épico alejado de la narración lineal y la visión jerárquica de la sociedad. Así, nos presenta una visión social abierta, dinámica, sin privilegios, una suerte de puzle en la que cada individuo es una pieza única que se relaciona con las demás, una odisea circular que conforma un conjunto vertiginoso, que mira en todas direcciones, en una visión de lo pequeño y personal a lo cósmico y universal, que abraza todo lo que es y se conoce.  
El texto recoge los breves versos que sirven de grandiosa introducción a los que siguen el Canto para todos los mares y todos los barcos, la primera de cuyas dos partes ha cantado el barítono en el inicio del primer movimiento de la sinfonía.


Si deseas finalizar la audición del primer movimiento de A Sea Symphony, continúa en el enlace siguiente. 
La soprano comienza la segunda parte de este movimiento que desarrolla la continuación del poema whitmaniano. Entra acompañada por el metal en la parte más dramática, al que sigue un coral que nos acerca al clímax del movimiento, para continuar con la intervención del barítono, una nueva intervención del coro y la soprano, hasta finalizar con una sosegada coda.

La interpretación es continuación de la anterior, con los mismos intérpretes y la participación de la soprano Raquel Lojendio que lo presentaba.


La vida de millones de seres humanos depende de alguna actividad relacionada con los océanos y mares, fundamentalmente de la pesca y las profesiones relacionadas con el turismo y el comercio, además de aquellos que habitan en las inmediaciones de las costas.
El cambio climático no sólo influye en el deshielo de los polos y el consiguiente aumento del nivel del mar, también genera una variación en los regímenes de las precipitaciones y un aumento de la desertización. La velocidad a la que se produce el deshielo es significativamente superior al aumento de temperatura, lo que conlleva un aumento del nivel del mar, con la invasión de zonas costeras bajas, una disminución de la salinidad marina que acarrearía un cambio en los ecosistemas y en las corrientes marinas.

Katsushika Hokusai. Ocean waves (1833) Gimet Museum, París
En ese periodo de tiempo en que la relación entre el ser humano y los mares se movía ente lo misterioso y lo mítico, nuestra actitud se acercaba a lo épico. Profesiones como la de pescadores, recolectores de perlas u otros animales del fondo marino tenía asumido la peligrosidad y el riesgo que conllevaban sus trabajos. Las condiciones del mar, las súbitas y peligrosas tempestades o los accidentes eran difíciles de asumir por trabajadores y familiares que, ineludiblemente veían inevitables dejar de ejercer esas profesiones tradicionales.
A esa épica de los trabajos del mar se añadían algunas que tenían un añadido en su peligrosidad, la pesca de grandes cetáceos, una práctica que cada día está desapareciendo más, afortunadamente, aunque aún se desarrolle en algunos países, pese a la opinión pública que tiene en su contra.
En esa época y esos usos ya remotos de finales del XIX, un libro agigantó esta leyenda, una obra que planteaba una lucha mítica.
Publicada en 1851 por Herman Melville, Moby Dick está centrada en la industria de la pesca ballenera en la que los recién nacidos Estados Unidos iba a la cabeza. Se trataba en aquellos años de una actividad tan peligrosa, escabrosa y sanguinaria como rentable que a Melville le proporcionaba una metáfora sin igual. Los desesperados marineros podían representar a los guerreros griegos de Homero que luchan de forma épica y heroica. El puerto de partida, Nantucket, junto a la costa de Massachussets, un lugar que había caído en decadencia tras unas décadas de florecimiento pesquero. Con estos elementos, Melville crea una novela que busca crear la cultura de una nueva nación que aún carece de expresión propia. En esta arriesgada novela lo consiguió, más con el paso del tiempo que en un primer momento.
En una novela complicada de leer, extensa y con un tema que hay en día sólo leemos desde el el punto de vista del mito, el propio escritor escribía a una amiga al publicar la novela, desanimándola de su lectura:

«No lo compre, no lo lea, pues en modo alguno es el tipo de libro apropiado para usted. Nos es un pedazo de seda fina de Spitaffields, es, por el contrario, de la horrible textura de un lienzo que ha de tejerse con cables y calabrotes de barco, un viento polar lo atraviesa, pájaros de presa se ciernen sobre él».

Pero nos sirve su propósito para esta publicación sobre los océanos y mares el inicio de Moby Dick. Tras su inolvidable frase inicial, «Llamadme Ismael», este narrador dedica el primer capítulo a hacer ver al lector por qué razón decidió embarcarse en el Pequod, qué motivo le llevan a elegir el mar periódicamente.


Uno de los más grandes compositores del siglo XX, Benjamin Britten estrenó en 1945 su ópera Peter Grimes en la que introdujo una serie de interludios que situaba a los espectadores en los cambios de escena con una maestría inigualable que evoca los paisajes costeros de Aldeburgh, la ciudad donde transcurre la historia a la vez que ayuda a mostrar la confusión que los personajes tienen en sus mentes.
Extraídos de la ópera original, Britten creó una suite sinfónica, su Op. 33a con el simple título de Cuatro interludios marinos de Peter Grimes. Los títulos de los distintos interludios son: Amanecer, Mañana de domingo en la playa, Claro de luna y el que nos acompaña a continuación, La Tormenta.
Situado en la escena segunda del Acto I de Peter Grimes, Storm (La tormenta) se interpreta en último lugar, evocando el viento y la lluvia de la tempestad la cólera que siente el protagonista.
Comienza con Grimes al aire libre mientras se aproxima una tormenta y finaliza en un pub donde los habitantes de Aldeburgh esperan que pase la misma. La melodía que se oye al finalizar la tormenta sigue a las palabras que Grimes acaba de entonar: «¿Qué puerto acoge la paz, lejos de los maremotos y las tormentas?», la misma melodía que se oirá cuando Peter se esté hundiendo con su barco.

La American Youth Symphony dirigida por Juan Felipe Molano interpreta este cuarto y último de los Interludios marinos de Peter Grimes en un concierto que se celebró en febrero de 2017 en la UCLA's Royce Hall californiana.


Proteger y cuidar los océanos y mares para conservar su fauna y flora supone no sólo salvaguardar una fuente de alimentación, sino preservar una parte importante del oxígeno de nuestro planeta. Algunos de los consejos que se nos proponen para conservarlos en las mejores condiciones son:
Reducir nuestro consumo de pescado procedente dela sobrepesca, evitando que se esquilmen poblaciones que no se puedan recuperar.
Evitar el uso de los plásticos, de modo especial los de un solo uso, puesto que la inmensa mayoría acabará, casi inevitablemente e inconscientemente, en cualquiera de las aguas de nuestro planeta.
Tomar conciencia de la importancia de realizar batidas de limpieza en las playas, como manera de evitar que los residuos terminen en el mar
Reducir nuestro consumo de CO2 y energía para minimizar los efectos del cambio climático que están produciendo el derretimiento de los polos y la subida del nivel del mar.

Ivan Aivazovsky. La novena ola (1850) Museo Ruso, San Petersburgo
Funcionario de Aduanas, economista, Catedrático de Estructura Económica en la Universidad Complutense, asesor económico en la Subdirección General de Aduanas, profesor en la Escuela Diplomática, el Instituto de Estudios Fiscales y Subdirector del Banco Exterior, José Luis Sampedro publicó obras de carácter económico en las que destacó su lucha por una economía más humana y solidaria que contribuyera a desarrollar la dignidad de los pueblos. Esta faceta humanista también la desarrolló en sus obras literarias de carácter narrativo como El río que nos lleva, Octubre, octubre, La sonrisa etrusca o El amante lesbiano, entre otras novelas.
Con Mar al fondo, Sampedro crea una colección de relatos que evocan el espíritu y la personalidad de diversos mares desde la perspectiva de quienes lo habitan. El Ártico y el Antártico, los Mares del Sur, el Amarillo, el Mediterráneo, el Báltico, el Índico, el Caribe o el Egeo desfilan por este libro mostrando sus almas y las emociones de sus habitantes. Según las propias palabras del escritor, «mi actitud al escribir estas líneas es la del niñito que, jugando en la playa, encuentra sobre la arena una concha nacarada, o un guijarro pulido por las olas, o un corcho desprendido de las redes y, conquistador de semejante maravilla, corre hacia la madre a ofrecerle el humilde tesoro y la hazaña de haberlo hallado».
Con esta idea, el último de los textos que nos acompaña en esta publicación sobre los mares y océanos está sacado de su narración dedicada al Caribe, en cuyo extracto podemos observar uno de los peligros que azotan la pesca en nuestros días.


Para finalizar esta mirada hacia los océanos y mares nos despedimos con una obra musical del barroco. Compuesta y publicadapor Antonio Vivaldi en la década de 1720, La tempesta di mare es un concierto para flauta incluido en sus Seis conciertos para flauta, Op. 10, y del que existen diversas versiones del mismo compositor.
Breve, dentro del estilo concertante que Vivaldi desarrolló, La tempesta di mare está dividido en los tres movimientos habituales: Alegro, Largo (desde 2'45'') y Presto (a partir de 4'33'') que refleja ese gusto que se tenía en la época por evocar y representar los fenómenos de la naturaleza.
Con la mirada y el oído puestos en el océano, nos acompaña este concierto de Vivaldi con Il Giardino Armonico y el incansable Giovanni Antonini como solista y director, en una interpretación que se realizó en la Residence Wurzburg en el verano de 2010 para celebrar el 25 aniversario de esta prestigiosa agrupación italiana.


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Bibliografía consultada:

El sueño de una noche de verano. De Shakespeare a Britten

Vivimos condicionados por cuanto nos rodea. Desde las circunstancias sociales, familiares y nuestras relaciones personales hasta lo que la naturaleza nos determina. 
Si las primeras varían en cada uno de nosotros y nuestras propias situaciones, la naturaleza, el planeta o el propio sistema solar nos condicionan con algunas de sus manifestaciones. Los cambios estacionales que podemos apreciar en la naturaleza, los fenómenos meteorológicos, como la lluvia, nieve o el calor estival, los ciclos anuales, nos afectan en mayor o menor grado, tanto en lo que nos ofrece como en lo que cada uno de nosotros queramos percibir.
Dentro de los ciclos estacionales, el momento del solsticio de verano marca un momento crítico, la máxima duración del día que se completa con la noche más corta del año, un momento que, desde la antigüedad más remota se ha apreciado, considerado y celebrado. Desde los más antiguos monumentos megalíticos con su orientación solar, las celebraciones célticas o las de las culturas mediterráneas con las hogueras de San Juan, el momento del solsticio supone un momento que tiene algo de magia, de acercamiento a la naturaleza y de celebración de la noche. El permanecer en la noche al aire libre con un mayor margen de tiempo, entablar conversaciones serenas, observar el titilar de las estrellas en el firmamento, oír el rumor de las olas, apreciar el aroma de algunas plantas son sensaciones que nos acercan a la magia de la noche.
Una de las obras más universales que celebran este momento, uniendo la llegada del verano con la ilusión y la magia de la noche es El sueño de una noche de verano de William Shakespeare, una obra que ha tenido una gran difusión e influencia desde hace más de medio milenio y que aún sigue llevándose a los escenarios e inspirando a los creadores.
Entre los compositores podemos destacar la versión de Félix Mendelssohn Ein Sommernachstraum que trajimos a este blog con el mismo título de El sueño de una noche de verano y la de Benjamin Britten también del mismo título.
Te propongo acercarnos en estas noches cercanas al solsticio a la obra El sueño de una noche de verano de Shakespeare y la ópera del mismo título que compuso Britten. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Las obras de William Shakespeare continúan ofreciéndonos cinco siglos después de ser escritas las grandes dosis de tragedia y comedia, ternura y crudeza, amor y odio, piedad y horror o realismo y magia que encandilaron a quienes las presenciaron en el escenario.
Dueño de un lenguaje rico y prolífico, sus recursos lingüísticos son tan variados y complejos que contribuyen a presentar como ningún otro escritor lo mejor y lo peor de las pasiones humanas, de elevar a las alturas y sumir en el abismo a los personajes que transitan por los escenarios o, lo que es lo mismo en el escritor inglés, la vida. La ambición, la crueldad o el amor más apasionado se cruzan en sus obras con la duda o la fantasía.
Contrastando con sus grandes dramas y tragedias, A midsummer night's dream (El sueño de una noche de verano) es una obra que nos hace partícipes del halo de magia e irrealidad que la nocturnidad del estío traen consigo.
Escrita, y posiblemente estrenada en 1595, este sueño nos envuelve en cinco tramas entrelazadas con la celebración de la boda entre el duque Teseo de Atenas e Hipólita, reina amazona, que transcurren de forma simultánea en el bosque y en el reino de hadas de Fairyland bajo la iridiscente luz de la luna. Mientras, una compañía de actores aficionados ensaya una obra que llevarán a cabo antes de la boda y ambos grupos acabarán encontrándose en un bosque habitado por hadas que manipulan a los humanos y se involucran y entrometen en sus intrigas.
El inicio de la obra presenta a Hermia, enamorada de Lisandro, que se resiste a la petición de su padre Egeo de que se case con Demetrius, con quien su progenitor ha acordado el enlace, mientras Helena, su mejor amiga, suspira por el amor de este. Egeo invoca una antigua ley ateniense, según la cual, una hija debe casarse con quien su padre elija o enfrentarse a la muerte, mientras Teseo le ofrece la opción de la castidad como vestal de la diosa Diana.
Así, de esta forma, comienza El sueño de una noche de verano de Shakespeare.


A partir del original shakespeariano, Benjamin Britten se embarcó a finales de los años cincuenta del siglo pasado en la elaboración de un libreto en colaboración con su compañero, el tenor Peter Pears, en el que consideraron la fidelidad al texto original, aunque adaptando el argumento a la duración estándar de una ópera, por lo que se vieron en la tesitura de reducir partes de las tramas originales.
La obra fue estrenada en el festival de Aldeburgh en junio de 1960 con la dirección del propio Britten y Pears en el rol secundario de Flute.
En la ópera, el comienzo difiere del de la obra teatral. Comienza con un grupo de hadas que se mueven en la noche por un bosque cercano a Atenas. Allí comienzan a mostrarnos su intenciones:

Por los montes y los valles,
cruzando cercas y verjas,
por las olas, entre el fuego,
a por todas partes, ligera,
más veloz que la luna,
voy a servir a mi reina,
poniendo sus esferillas 
de cristal entre las hierbas.

A las que se responden unas y otras. A la entrada de Puck, uno de los personajes más singulares de los creados por Shakespeare, le interpelan, mientras nos lo describen al público:
O confundo mucho
tu forma y tu figura, 
o eres ese espíritu
astuto y maligno
llamado Robin Goodfellow.
¿No eres tú el que asusta
a las muchachas de la aldea,
descrema la leche,
y a veces,
trabaja en la muela,
haciendo inútil 
que el ama de casa,
sin aliento,
bata la mantequillera
y, a menudo, no deja 
fermentar la cerveza,
extravía a los caminantes
y se ríe de su daño?
¿No eres ese?

Tras ellos entran en escena Oberón y Titania, reyes de las hadas, que entablan un diálogo de desamor con el que concluye la escena.


El enlace pertenece a una representación de la Deutsche Oper Berlin llevada a escena en enero de 2020 con el Coro de niños y jóvenes de la citada organización con dirección musical de Sir Donald Runnicles y dirigida por Christian Lindhorst


En El sueño de una noche de verano, Shakespeare nos abre a esas ensoñaciones de las noches de verano que él traduce en un prodigio de fantasía, ternura e idealismo. Las tramas se cruzan entre las parejas de enamorados que padecen y gozan a causa de las astucias y argucias de los enamorados, mientras se preparan y celebran las nupcias entre Teseo e Hipólita, antiguos enemigos en lides amorosas. Como hemos observado, personajes míticos como Oberón y Titania o el duende Puck se cruzan con las parejas formadas por Hermia y Lisandro y Demetrio y Helena, de tal manera que la obra sigue unas de las máximas de las comedias de Shakespeare«Todo lo que acaba bien, es bueno.»

Procedente de diversas leyendas inglesas, Puck, denominado en ocasiones Robin Goodfellow, es el arquetipo de duendecillo burlón shakespeariano, un personaje bromista, guasón y mentiroso, que ejerce de bufón en la corte de Oberón y tiene la capacidad de crear los más grandes enredos.
Oberón le encarga encontrar una flor cuyos jugo y aroma provoca a quien llegue a olerla o probarla en sueños que, al despertarse se enamore del primer ser que vea. El desconcierto que organiza Puck al no hechizar a quien debía hacerlo se traslada a las tramas que se desarrollan en la corte de las hadas como a las del cercano pueblo donde habitan los humanos.
Shakespeare nos muestra cómo Oberón encarga al travieso duendecillo que ponga en marcha su plan.


Para su ópera, Britten compuso la música a partir de las características de los personajes. A los amantes les rodeó de un mundo sonoro romántico, a las hadas las representa con música etérea, mientras que a los personajes rústicos les escribió una música más sencilla con carácter folclórico. Inusualmente al que se podría considerar el protagonista principal, Oberón, lo creó para voz de contratenor, pensando en el cantante Alfred Deller, cuya voz, eminentemente lírica no alcanzaba notas especialmente altas. 
Titania, en cambio, está pensada para una voz de soprano de coloratura, mientras Puck no canta, es un personaje hablado al que acompañan siempre la trompeta y la caja rítmica.
Inspirada, con la fidelidad que hemos comentado, en la obra de Shakespeare, Britten también hace en su ópera un homenaje a Purcell en el aria de Oberón I know a bank (Sé de una loma) al inspirarse en su obra Sweeter than roses (Más dulce que las rosas).
¿Cómo lleva a la ópera Britten esta escena? En esta ocasión es de una enorme fidelidad con respecto a la obra original.
 

La grabación nos ofrece el aria I know a bank interpretada por el contratenor Christopher Lowrey en una representación llevada a cabo en el Grande Theatre de Géneve con la Orquesta de la Suisse Romande dirigida por Stephen Sloane.


Escrita antes de cumplir los treinta años, parece que Shakespeare conocía distintas fuentes que le inspiraron para esta comedia singular. Por una lado, El descubrimiento de la hechicería de Reginald Scott pudo servir para inspirar el personaje de Puck en Robin Goodfellow (apelativo cuyo significado será algo parecido a Buen compañero), mientras la conocida escena de la transformación en asno se pueden remontar a El asno de oro de Apuleyo o de obras de Plutarco o Chaucer.
¿Qué pudo llevar a un joven Shakespeare a escribir esta comedia? Por un lado hay una parodia sobre los nobles de la corte de Oberón, que se puede considerar una crítica a la nobleza que rodeaba a Isabel I, cuyos matrimonios, organizados como formas de poder entre familias dejaban fuera de lugar el que debe ser su motor y motivo: el amor. Así, el dramaturgo inglés crea una trama en la que tanto los personajes fantásticos, como los mitológicos se alían con la vida, las pasiones y el amor, luchando y venciendo contra lo que en la primera escena de la obra plantea el personaje de Egeo: que en el matrimonio se deba seguir únicamente el deseo e interés familiar de los padres.


Una vez resueltas todas las tramas, la obra de Shakespeare finaliza con un alegato de Puck a los espectadores, al que siguen un canto de Oberón y cae el telón después de otro del propio Puck.


También la ópera de Britten ofrece una gran fidelidad al desenlace del texto shakespeariano, finalizando con intervenciones con textos similares.
Finalizamos este paseo por El sueño de una noche de verano en las versiones de Shakespeare y Britten con el deseo de que el misterio, la magia y la emoción de estos autores nos hayan acompañado en una noche, esta noche, tan especial por ser la noche que vivimos hoy, ahora.


El enlace está interpretado por Tail Ketzef como Titania, Yaniv Elijah Deor en el rol de Oberón y Yossi Zabari como Puck, acompañados por The Moran Choir y The Israel Symphony Orchestra Rishon LeZion perteneciente a The Israeli Opera, todos dirigidos por Daniel Cohen, en una representación de enero de 2018.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

En la orilla del mar. 9 interludios marinos

Las playas se han convertido en un destino y un refugio en los meses más calurosos del año.
Temperaturas más suaves que en el interior, el hecho de poder alternar los baños de sol con los del agua del mar, los aspectos lúdicos, recreativos y sociales que nos aportan, hacen que las playas se hayan popularizado hasta erigirse en puntos de destino, descanso y encuentro.
Pero las playas y el mar del que forman parte han sido desde hace milenios un punto de encuentro entre civilizaciones. El Mediterráneo, los mares que comunican los innumerables archipiélagos del sudeste asiático o los atolones del pacífico han sido lugares donde el comercio o la pesca han propiciado el intercambio entre civilizaciones.
Más adelante, los pueblos costeros se dedicaron casi en exclusividad a las labores de pesca, siendo el turismo de playa un descubrimiento relativamente reciente.
Pero... ¿Quién conoce todos los secretos del mar? ¿Hay alguien a quién se les haya desvelado? El continuo movimiento, el ir y venir de las olas, las desconocidas profundidades, los cambios de humor que lo llevan de una placidez exquisita a los más violentos y repentinos movimientos
Te propongo un paseo por la orilla del mar en compañía de nueve interludios marinos, unos musicales y otros literarios. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Joaquín Sorolla. El balandrito (1909)
¿Quién conoce los secretos del mar? Muchos autores han dedicado libros y composiciones a mostrarnos qué recuerdos les evoca, qué experiencias sacaron, qué les transmite el mar.
En una carta dirigida a su editor y amigo Jacques Durand, Debussy le confesaba poco antes del estreno de La mer (El mar): "El mar ha sido muy bueno para mí. Me ha desvelado todos sus caprichos".
Compuesta entre lugares costeros como Bechain, Jersey y Dieppe, Claude Debussy estrenó en 1905 La mer, una obra que tuvo críticas adversas, y que el paso del tiempo ha colocado en su lugar como una de las obras fundamentales del autor y de los primeros años del siglo XX. 
La mer es subtitulada por su autor como Tres bosquejos sinfónicos para orquesta y su estructura continúa en la línea de Debussy y sus innovaciones compositivas sobre la armonía frente al sistema tonal que aún predominaba, el uso de escalas poco habituales, la mayoría de ellas provenientes de culturas orientales y el tratamiento de la textura o la dinámica, buscando distintas atmósferas y sensaciones. Así, su obra fue catalogada en su tiempo como impresionista, un adjetivo que el compositor negó en diversas ocasiones.


Claude Debussy en la playa
La mer se divide en tres movimientos: De l'aube à midi sur la mer (Del alba al mediodía sobre el mar), Jeux de vagues (juego de olas) y Dialogue du vent et de la mer (Diálgos del viento y el mar).
Juego de olas posee una sonoridad de fondo inamovible que se desarrolla en una superficie dinámica. El acorde inicial se va desarrollado con sutilidad con efectos tímbricos y gradaciones dinámicas (intervalos de quintas ascendentes y descendentes, arpegios de arpa y carillón) de la misma forma que el mar, continuamente cambiando, pero siempre el mismo. No hay melodías, sino pequeñas partículas que se yuxtaponen y generan esa sensación de movimiento continuo de las ondas del mar.
Nos acompaña en este Jeux de vagues de La mer de Debussy una interpretación del Ensemble Lucerne Festival Orchestra grabada durante el festival de verano de la citada ciudad suiza en 2003 a las órdenes de uno de los grandes directores de la última mitad del XX, Claudio Abbado. Las olas van, vienen, se cruzan hasta casi desaparecer.

¿Qué es el mar? 
Bajo las palabras Qual è lincarnato dell'onda? de Valerio Magrelli, Mario Benedetti se pregunta qué es el mar, buscando no sólo su presencia, sino también su esencia.
El escritor uruguayo no sólo se siente atraído como tantos otros por el mar, sino que es consciente de que poco conocemos de él. Nos atrae hasta su orilla, lo sentimos por su olor, nos salpica la piel y entramos en su juego refrescante, mientras pensamos qué podríamos encontrar en la orilla que se opone a la que estamos. Pero a la vez llega a ser terrible y destructor, oculta secretos y misterios. Cuando creemos que lo vamos conociendo nos hacemos conscientes de que más lo desconocemos, más nos atrae desentrañarlo y desvelarlo.


Muy alejado de la estética de Debussy, Benjamin Britten se acercó en diversas ocasiones al mar que tan cerca tuvo desde su infancia.
Su ópera Peter Grimes, que nos ha visitado en el blog en Manipulación e incomprensión con Eco y Britten presenta una dura historia dentro de un ambiente marino. Basada en el poema The borough (La aldea) de George Crabbe, la ópera se centra en Peter Grimes, un pescador solitario repudiado por sus convecinos sufre por ser como es, consciente de que ama y lastima a la vez.
En esta ópera el mar se presenta como un protagonista de fondo. No es el mar de Debussy, sino un elemento amenazante, cargado de bruma con el que los habitantes de Aldeburgh, en la costa del este de Inglaterra de alrededor de 1880, no quieren tener nada que ver. Lo rechazan en su violencia, en su dureza que se ha llevado a tantos marineros, en lo sórdido, las mismas cualidades por la que repudian al protagonista.
Dentro de esta obra Britten incluyó seis interludios que logran transmitir sólo con la música de la orquesta el desarrollo de la trama y la caracterización de los personajes de una manera inquietante. Posteriormente los convirtió en Cuatro Interludios Marinos y Pasacalles para llevarlos a las salas de conciertos. Estos interludios son: Dawn (Amanecer), Sunday morning (Mañana de domingo), Moonlight (Claro de luna) y Strom (Tormenta) a los que se une Passacaglia.
Con el primero de los interludios, Dawn, Britten abre la ópera. En escena, una calle de Aldeburgh, la aldea de pescadores, que da al mar. Una suave melodía en los violines es contestada por el arpa que se mueve sobre las cuerdas y el metal. Britten evoca la quietud del mar en una mañana de niebla con dos temas que serán los que utilice en la escena que le sigue. Comienza un nuevo día de pesca. 
La interpretación corresponde a la Boston Symphony Orchestra dirigida por otro de los grandes del siglo XX, Leonard Berstein en una grabación de 1989 recogida en el álbum The final concert.



La llamada del mar es tan antigua como las primeras civilizaciones que lo cruzaban para las relaciones comerciales. Pueblos que atravesaban los mares como el Mediterráneo o los del sudeste asiático, que necesitaron aprender los rudimentos de la navegación marítima para comerciar y que fueron realizando los primeros intercambios culturales forman parte de la historia.
Más durante siglos, las pequeñas localidades costeras dedicaron sus esfuerzos y sus trabajos a los relacionados con lo que el mar les podían ofrecer: la pesca. Desde las que se dedicaban a la pesca de bajura, con pequeñas embarcaciones que iban y venían con una pesca diaria que respetaba la continuidad de la profesión, hasta la de aquellas que se especializaron en la captura de peces o cetáceos en lugares lejanos.
Este trabajo originó una profesión de hombres duros, aguerridos y valerosos que dedicaron su vida y, en algunos casos la perdieron, a su medio de trabajo.


Joaquín Sorolla. Cap Martí (1905)
Amante de la aventura, la caza, la pesca y los toros, Ernest Hemingway se presentó como un gran narrador con algunos libros de relatos cortos como Men without women (Hombres sin mujeres, 1927), The fifth column and the first forty-nine stories (La quinta columna y los primeros cuarenta y nueve cuentos) en el que se incluye Las nieves del Kilimanjaro. Con For whom the bell tolls (Por quien doblan las campanas), ambientada durante la guerra civil española entra en la novela con gran éxito, a la que siguió años más tarde The old man and the sea (El viejo y el mar), que terminó de consolidar su fama hasta conseguir el Premio Nobel de Literatura. A moveable Feast (París era una fiesta) o To have and have not (Tener o no tener) son otras de sus novelas más conocidas.
El viejo y el mar es una narración épica, la historia de un anciano pescador, Santiago, que lleva 84 días sin pescar nada, a quien los padres han retirado a su ayudante y que se enfrenta solo a una jornada de pesca en los mares de Cuba.
Hemingway describe el momento en que Santiago se echa solo a la mar, la oscuridad que aún le acompaña, las sensaciones que le transmiten los peces voladores y las aves, su medido esfuerzo de avezado pescador y, sobre todo, el nombre que le da. La mar en lugar de el mar, una expresión tan de nuestro idioma que acerca afectivamente a quien la utiliza. Son pueblos de pescadores.




Basada en la novela corta de Thomas Mann, Tod in Venedig (Muerte en Venecia), de la que Lucino Visconti realizó una inolvidable versión cinematográfica (Morte a Venezia, 1971), también Benjamin Britten la adoptó para convertirla en una ópera que se estrenó en 1973.
Tratando el tema de una historia en que el escritor Gustav von Aschenbach, que presiente su propia muerte, se enamora del joven Tadzio, Britten desarrolla un significado más profundo: el conflicto entre la belleza y la pasión, entre Apolo y Dionisio. Para ello, Britten muestra toda la obra desde el punto de vista de Aschenbach, el papel de Tadzio lo encarna un bailarín para aludir al poder de atracción dionisíaco, mientras varias figuras se interpretan por el mismo cantante e intérprete en una muestra de los diversos pensamientos que se cruzan en el protagonista.
Aquí, la ciudad de Venecia y sus playas alrededor de 1910 muestran los inicios de esos veraneos que llevaban a la orilla del mar a personas de una determinada clase social. Ese encuentro de cuerpos en la orilla, recordemos la mirada de Aschenbach, el diálogo que se produce entre Apolo y Dionisio, los coros de personajes que deambulan por la playa, los aprovecha Britten para entablar un diálogo en la Escena Séptima que titula The feasts of the sun. The games of Apollo (Las fiestas del sol. Los juegos de Apolo). Aquí los cuerpos de los mortales se transmutan en los cuerpos de los dioses.
En la playa de El Lido, con un Aschenbach durmiente, la ensoñación se apodera de él. Tadzio se mueve sobre la melodía que canta el coro.
Voces de hombres y mujeres entonan prácticamente un verso cada voz, hasta detenerse y recrearse en la palabra inicial del último verso, Reflections, que se convierte en un motivo repetitivo, una suerte de arabesco. Merece la pena seguir la letra.


El enlace de Death in Venice de Britten pertenece a una producción de Deborah Warner con la Orquesta y Coros de la English National Opera llevada a cabo en The London Coliseum en junio de 2013 con John Graham-Hall como Aschenbach y Sam Zaldivar como Tadzio, todos dirigidos por Edward Gardner.



Apenas termina este coro, la voz de Apolo lo reafirma:


En las fiestas del sol,
los cuerpos de mis devotos
compiten en fuerza,
agilidad y habilidad.

Es el momento en que esos jóvenes de la playa, interpretados por bailarines, comienzan bajo las palabras del coro a realizar las pruebas de los deportes clásicos griegos: carrera, salto de longitud, lanzamiento primero de disco, después de jabalina y, por último, lucha. Lo cotidiano se ha transmutado en clásico, los juegos juveniles en ejercicios olímpicos. 


Katsushika Hokusai. La gran ola (1830-1833)
Con el paso del tiempo, la estancia en la playa, el hecho de pasar el verano o unos días de él, se ha convertido en una costumbre. Se huye de la residencia habitual, se buscan temperaturas más agradables junto a la costa, se establecen nuevas relaciones o se retoman las de años anteriores.
La playa se ha convertido en un destino deseado y las zonas antaño despobladas se encuentran atestadas de turistas y veraneantes.
Pero hubo un tiempo en que los primeros que se acercaron, como decíamos antes, eran familias provenientes de un determinado estatus social que, con el paso del tiempo, se ha ido generalizando a prácticamente todas las capas sociales, frente a aquellas que comenzaron a pasar la época estival en ellas.
John Banville supo que quería ser escritor desde pequeño. Tras sus estudios secundarios comenzó a trabajar en una compañía aérea con el fin de viajar por todo el mundo. Años mas tarde, regresó a su Irlanda natal donde trabajó como periodista en The Irish Press hasta que publicó su primer libro, Long Lankin. Con El mar, que recibió el Iris Book Awards como mejor novela del año, Banville narra una historia en la costa irlandesa en la que un hombre se refugia tras perder a su esposa víctima de un cáncer, regresando al pueblo donde pasaba los veranos en su infancia. Esta huida se vuelve en evocación del pasado, trayendo a su memoria un misterio que le hace volver a recordar qué ocurrió en aquel verano.
Esta evocación lo lleva, en un primer momento, a recordar cómo era la vivienda, los baños en la playa y sus padres en aquellos años en que aún había pocas familias que fueran, no a veranear, sino a pasar los veranos.



Y una vez en la playa, la música nos atrae.
Original de Cuba, datada la primera de ellas a mitad del XIX, la habanera es un tipo de canción de tempo lento en compás binario, con un ritmo a base de corcheas con puntillo y semicorcheas que suele ser interpretada de forma individual o por agrupaciones vocales, aunque no dejan de existir versiones puramente instrumentales.
Considerada un cante de ida y vuelta, las habaneras se han popularizado a lo largo del siglo XX especialmente por la zona de Cataluña y Levante para grupos corales o bandas de música, aunque tuvieron un reflejo en la música francesa, como la famosa L'amour est un oiseau rebelle de la Carmen de Bizet o composiciones instrumentales de Debussy o Ravel.
Ese origen en la otra orilla del Atlántico y su sentido como cante de ida y vuelta se manifiesta en una composición como Habanera salada de Ricardo Lafuente Aguado, una obra en la que muestra un contraste entre el salobre sabor de las salinas de su Torrevieja natal y el dulzor de la caña de azúcar cubana. 
La agrupación vocal Kromatika de Guadalajara nos acompaña con su interpretación de Habanera salada en el 33º Certamen Coral Fira de Tots Sants de Cocentaina en Alicante.

También la playa, su estancia en ella durante el verano, es una época diferente de la habitual. El encuentro con otras personas distintas de las que solemos tratar, la vida al aire libre en que se conjugan el agua, el sol y la refrescante vida nocturna, hacen que la playa sea en ocasiones un momento que marca el paso de la infancia a la adolescencia, un momento de iniciación donde se rompe, se difumina una edad, una experiencia, mientras surge otra diferente.


Boceto escenográfico de Ruodi Barth para Peter Grimes. Ópera Municipal de Wiesbaden (1959)

Ese paso de la niñez a la vida adulta lo refleja Erri de Luca en Los peces no cierran los ojos, una novela poco extensa en la que el protagonista recuerda uno de sus veranos, el de sus diez años, en una playa cercana a Nápoles donde se enamora por primera vez, en esa lucha que se mueve entre querer seguir siendo un niño y desear ser un adulto. 
En compañía de un pescador poco comunicador y escueto en palabras, el chico va observando el mundo junto a los libros de su padre, cruzando su historia con una muchacha también lectora con la que traba amistad. Los recuerdos,  las heridas que dejan los desafíos y las cicatrices que quedan se muestran en Los peces no cierran los ojos.




El último interludio marino nos lleva de regreso a la música de Britten para su Peter Grimes
El comienzo del acto III viene marcado por un nuevo interludio, Moonlight (Claro de luna) que evoca el escenario de la noche de verano en que se va a desarrollar la primera escena. Las cuerdas evocan la calidez y serenidad de la noche, los reflejos de la luna en el agua, añadiéndose más adelante las trompetas y un xilófono, creciendo la atmósfera musical en intensidad y sugiriendo una violencia que sólo aparecerá a lo largo de la escena siguiente. Poco a poco, la música va desapareciendo.
De nuevo, la interpretación corresponde a la Boston Symphony Orchestra bajo la dirección de Leonard Berstein en la grabación en directo que se recogió en el álbum The final concert.



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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania).
  • Hemingway, Ernes, El viejo y el mar. Ed. Debolsillo (Punto de lectura), 2018.
  • Banville, John, El mar. Ed. Alfaguara, 2019.
  • De Luca, Erri, Los peces no cierran los ojos. Ed. Seix Barral. Barcelona 2012.