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Y tú, ¿cómo te llamas? Personajes sin nombre

El nombre es nuestra primera seña de identidad en cuanto que nos distingue y diferencia de los demás. 
Es determinante en nuestra personalidad, ya que nos da entidad, siendo el nombre la primera información que intercambiamos cuando conocemos a cualquier persona y, a partir del cual nos formamos una idea y una imagen de cómo esa persona.
Histórica y culturalmente ha habido distintas formas de dar identidad a las personas con su nombre: Desde tribus o clanes que decidían el nombre de los nacidos una vez que tenían indicios de su personalidad para denominarlos con el que mejor se adaptaba a su incipiente forma de ser, pasando por aquellos que se ponían en familias muy numerosas a partir de la coincidencia de la fecha de nacimiento con el santoral, o tradiciones familiares que suelen tener una serie de nombres que se repiten generación tras generación. También se han buscado los nombres entre distintas onomásticas por la importancia o influencia de algunos personajes, especialmente de tipo religioso durante muchos años, hasta generalizarse esta búsqueda en personajes de otros ámbitos, llegando en las últimas décadas a tomar como referentes a deportistas, cantantes o personajes más o menos famosos y populares.
No sólo es importante el nombre en las personas, sino que es fundamental para los seres humanos denominar cuanto conocemos. En los primeros textos sagrados el hecho de poner nombre es fundamental, como en La Biblia en la que, conforme se iba desarrollando la creación se iban poniendo nombres a todo lo creado.
Los animales y plantas, las enfermedades, los inventos o cualesquiera elemento, idea o sentimiento alcanzan a definir su entidad cuando son denominados y, posteriormente, nombrados. 
Los mitos surgieron como narraciones que acercan a las sociedades desde tiempos ancestrales a ideas de distinto tipo. Desde las explicativas que tratan de justificar o representar el origen de algún aspecto de la vida, hasta las de tipo pragmático que intentan reconstruir una genealogía o marcar las estructuras de la sociedad, generando una explicación o justificación que pretende servir de modelo en la sociedad. Así se han generado y utilizado mitos desde la antigüedad clásica asociados a nombres de persona que aún permanecen en nuestra cultura. 
De estas fuentes han bebido disciplinas como la literatura, la pintura, la escultura o la música para acercarnos, indagar o crear algunos de estos mitos. Así, personajes como Ícaro, Orfeo, Electra, el Quijote, Drácula, Frankenstein, Norma o Don Juan y su versión Don Giovanni.    
Los autores buscan y crean nombres que otorguen a sus personajes esa personalidad que les dé entidad y les hagan reconocibles entre tantos cientos de protagonistas. Elegir el nombre de los personajes, buscar la sonoridad, el significado o una intencionalidad es uno de los recursos que utilizan los creadores con sus personajes.
Mas en ocasiones, hay autores que utilizan la intención contraria con algunos de sus personajes, por tener poca importancia en la trama, o incluso con sus protagonistas, por diversos motivos. Así, hay obras en las que nos encontramos con personajes que carecen de nombre.
En esta publicación nos vamos a centrar en algunos personajes que sus autores creyeron conveniente que no tuvieran nombre por distintas razones. Nos acompañan Cormac McCarthy, Murakami, Daphne du Maurier, Margaret Aktwood, Puccini, Wagner y Ruders. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

René Magritte. Los amantes II (1928). Galería Nacional de Australia
En ocasiones, el nombre no es necesario ni para la narración ni para los personajes, ya que estos se encuentran solos y aislados en el escenario en que transcurre la historia.
Después de llevar una vida envuelta en un legendario misterio, con rumores sobre una etapa de vagabundeo en su juventud o de haber vivido bajo una torre de perforación petrolífera, alejado de cualquier tipo de entrevista, Cormac McCarthy revolucionó el mundo de la narrativa americana con Todos los hermosos caballos, En la frontera y Ciudades de la llanura que conforman su Trilogía de la frontera, un grupo de obras que nos hablan de un entorno cambiante y la enconada defensa que el escritor realiza del individuo que sobrevive en él.
Con La carretera, McCarthy ganó el prestigioso Premio Pulitzer en 2007, convirtiéndose en una publicación impactante desde el primer momento. La carretera presenta un paisaje desolado y apocalíptico, quemado por una hecatombe nuclear en el que deambulan un padre y su hijo, huyendo de bandas de caníbales y empujando un carrito de la compra con sus precarias pertenencias, sorteando un despiadado frío en busca de un lugar más soleado al sur, junto al mar.
En este dantesco escenario los dos protagonistas, padre e hijo son denominados por el narrador con estos términos o por lugares comunes como el hombre, el muchacho o el chico, mientras ellos se denominan papá e hijo, sin ninguna intención ni necesidad de que conozcamos sus nombres, solos y únicos en su universo.


En obras escénicas es más complicado aún preservar u omitir el nombre de los personajes, ya que en la publicación de los elencos se presenta el nombre del personaje junto al intérprete que le da vida. Sólo en personajes secundarios se utilizan denominaciones genéricas tales como hombre 1 o 2, soldado o criado, entre muchas otras.
En ocasiones es el propio autor quien decide que, dentro de la trama, alguno de los personajes no tengan nombre y de denominen a través de alguno de sus atributos. 
En la Tetralogía de Richard Wagner El anillo de los Nibelungos, Wotan, el dios supremo del Walhala, esposo de Fricka, es uno de los principales personajes. Padre de la walkiria Brunilda, es por lo tanto abuelo de Sigfrido. En esta ópera, la tercera de la serie, tras El oro del Rhin y La Walkiria y antes de El ocaso de los dioses, Wotan aparece con el nombre de Der Wanderer (El caminante), pasando así desapercibido para los distintos personajes.
En la segunda escena del primer acto de Siegfried, Wagner hace aparecer a este personaje con el sobrenombre que tendrá en la ópera ante Mime, el enano nibelungo padre adoptivo del protagonista.


Thomas Gazheli como El caminante y Matthias Wohlbrecht como Mime interpretan esta escena en una producción del Treatro Petruzzelli de Bari de 2010 bajo la dirección musical de Walter Pagliaro, con una toma de imagen y sonido que dejan mucho que desear.


Hay obras en que la fuerza omnipresente de algunos de sus protagonistas es tal que eclipsa a otros, reduciéndolos a un anonimato de cara a quienes aprecian la obra.
Así, la escritora inglesa Daphne du Maurier nos presenta a un personaje con una fuerza tan descomunal en el ánimo de quien nos cuenta la historia que se lleva todo el protagonismo del libro, aún sin aparecer físicamente en él. 


Escrito en primera persona por una narradora de la que desconocemos el nombre durante toda la obra, Rebeca, la inolvidable obra que Hitchcock llevó al cine en 1940 protagonizada por Joan Fontaine y Laurence Olivier, centra toda la narración en la figura de la difunta esposa de Maxim de Winter desde la perspectiva de su segunda esposa, una mujer joven, inocente y tímida que se siente apresada por el inquietante y obsesivo recuerdo de una brillante y adorada Rebeca que murió en un accidente en un velero durante una tormenta y la siniestra presencia de su antigua niñera, la señora Danvers.
Tras uno de los inicios de libros más conocidos, fundamentalmente gracias a la película de Hitchcock«Anoche soné que regresaba a Manderley», el texto que nos acompaña refleja esa situación en la que un solo nombre llega a anula a otro.


En otras ocasiones, el autor da a conocer el nombre del personaje a los lectores o espectadores, pero mantiene este fuera del alcance de alguno de los demás. Surge así uno de los recursos que se utilizan para manejar la situación por parte del creador de la obra. Un encuentro casual con una persona que impresiona al conocer pero del que se desconoce el nombre, los típicos príncipes o princesas de los cuentos infantiles o algún misterioso personaje que nos llama la atención y sobre quien se inicia una búsqueda para conocer en profundidad son muestras de estos casos. Habitualmente finalizan estas situaciones con el encuentro y profundización en la relación entre los personajes.
Uno de los casos más conocidos de esta situación es Turandot, la ópera inconclusa de Giacomo Puccini , un cuento oriental en el que la princesa que da título a la obra se niega a casarse antes de heredar el reino, para lo que idea someter a sus pretendientes a una prueba que consiste en resolver tres enigmas, esperándoles la muerte en caso de no resolverlos.


Centrándonos en el tema que nos ocupa,
Calaf, un príncipe extranjero logra resolver los enigmas ante la furiosa y desesperada reacción de Turandot. En un gesto de osado valor, Calaf le devuelve el desafío: Si la princesa de hielo logra adivinar su nombre antes del amanecer, él morirá como los anteriores pretendientes; de lo contrario ella deberá cumplir su compromiso.
Turandot ordena a sus heraldos que comuniquen a todos sus súbditos que nadie duerma esa noche hasta averiguar el nombre del príncipe extranjero. Ese grito Nessun doma! (Que nadie duerma) que comienzan a cantar los heraldos y continúa repitiendo en la lejanía el pueblo lo toma Calaf en una de las arias más conocidas del mundo de la ópera, una romanza que muestra su absoluta confianza en su victoria.
El gran tenor Luciano Pavarotti, uno de los mejores intérpretes del personaje, canta Nessun Dorma en una grabación teatralizada en la que, dentro de un escenario, interpreta el aria.


Sin duda, la peor de las situaciones respecto al nombre es cuando se priva a la persona del mismo, borrándoselo y desposeyéndole de su personalidad de forma intencionada.
Cuántas personas, a lo largo de la historia han sido despojados de sus nombres para pasar a ser un esclavo carente de personalidad propia o un número en un campo de concentración. La ausencia de nombre asociada a la desposesión de la personalidad y la entidad.
Comenzada a escribir en 1984 mientras vivía en Berlín y publicada al año siguiente por la escritora canadiense Margaret Atwood, The Handmaid's tale (El cuento de la criada) es una distopía que ha tenido una nueva vida hace unos años cuando ha sido llevada a la televisión en forma de serie.
Aunque desconocemos el nombre de la protagonista, en el libro de la conoce como Offred, un nombre compuesto por el prefijo O que indica posesión, algo similar al «de» en español o francés o el «von» alemán, seguido de Fred, el nombre del dueño de la casa en que trabaja. También, según explica la propia autora en el prólogo de la obra, se insinúa la interpretación de Offered (Ofrecida) que alude a ofrenda religiosa o víctima ofrecida en sacrificio. Atwood decidió no citar en la obra el nombre como recuerdo a tantas personas que han visto su nombre cambiado a lo largo de la historia. Aunque algunos lectores le han comentado que June es el único de los nombres que susurran las criadas que no vuelve a aparecer en ningún momento de la novela, la escritora lo acepta porque encaja dentro del razonamiento aunque justifica que no ha sido esa su intención en ningún momento.
También comenta la novelista que Offred era el título original de la obra y que, más tarde decidió cambiarlo por el actual como homenaje a los Cuentos de Canterbury de Chaucer y los cuentos de hadas y relatos folclóricos, puesto que la historia que narra el personaje forma parte, para quienes lo leen mucho más adelante en el tiempo, pueden creer que se trata de historias fantásticas o increíbles alejadas de cualquier relato real.
Nos acompaña uno de los primeros textos de la obra, en la que la narradora protagonista evoca sus primeros momentos en el antiguo gimnasio que las acogió y que finaliza con esa mención a los nombres susurrados en voz baja.


El cuento de la criada ha llegado también al mundo de la ópera gracias al compositor danés Paul Ruders, con libreto de Paul Bentley basado en la novela, que se estrenó en el Royal Danish Theatre de Copenhague en marzo de 2000. El texto, escrito originalmente en inglés y que fue traducido al danés para su estreno. El teatro Coliseum de Londres estrenó en 2003 la versión original en lengua inglesa.
La ópera consta de un prólogo, un preludio, dos actos y un epílogo con una estructura argumental simple que va acumulando escenas que finalizan con una gran escena final, sin piezas como arias y tan solo algunos tríos y cuartetos entre los protagonistas. Escrita en un estilo tonal libre, posee claras influencias de Alban Berg y del Minimalismo, alcanzándose la inquietante atmósfera que refleja la obra original con técnicas como los repetitivos cánticos de las criadas.


Nos acompaña una grabación del estreno en Australia de The Handmaid's tales en 2018 con la dirección de Patrick Burns que recoge algunos momentos de la ópera.


Por último, hay ocasiones en que el autor nos hace ignorar el nombre de alguno de sus personajes por un motivo relacionado con su función o labor. Desaparece, así, la denominación que nos identifica personalmente para sustituirla por una más genérica. Nos encontramos ante el caso similar al de algunas personas de las que desconocemos su nombre y las nombramos con un nombre común genérico como el fontanero, el policía o el carpintero.
En El fin del mundo y un despiadado país de las maravillasHaruki Murakami presenta dos historias paralelas que se desarrollan, una en una misteriosa ciudad amurallada a la que califica como «el fin del mundo», y la otra en un Tokio frío y despiadado del futuro al que denomina «país de las maravillas»
Es en esta primera historia en la que el anónimo narrador se ve privado de su nombre, más adelante de su sombra y, finalmente, de sus recuerdos tras ser encargado de hacerse con los sueños de sus extraños e inanimados personajes.
Con la certeza que nos deja la importancia del nombre para cada uno de nosotros, nos despedimos con un texto que nos remite precisamente al momento en que el protagonista recibe el encargo por parte del guardián al llegar a la ciudad.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Feliz Día de las Bibliotecas

#DiaInternacionaldelasBibliotecas
#DiadelasBibliotecas

Pocas invenciones son tan felices como el libro y pocos conceptos o lugares lo son tanto como las bibliotecas.
Situarnos ante una colección de libros es encontrarnos frente a una gran cantidad de posibilidades que nos abren un universo de sensaciones, historias y vidas que vivir, que enriquecen nuestra existencia aportándonos una disparidad de puntos de vista convergentes o divergentes con el nuestro.
Cada año, el día 24 de octubre una serie de países celebramos el Día Internacional de las Bibliotecas, una jornada que invita a acercarnos a alguna biblioteca pública, compartir alguna incursión por libros que nos han marcado, escribir sobre bibliotecas y libros o a compartir algunas publicaciones que nos hayan llamado la atención. Si lo haces, no olvides etiquetar #DiaInternacionaldelasBibliotecas.
Te invito a celebrar el Día Internacional de las Bibliotecas acercándonos al origen de la celebración y a compartir algunos textos sobre ellas. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Real Gabinete Portugués de Lectura. Río de Janerio (Brasil) (1887)

En un mundo tan globalizado es habitual encontrar en muchas ciudades y poblaciones más pequeñas bibliotecas públicas donde poder encontrar esos libros que estamos buscando o algunos con los que no contamos y se convierten en deliciosas sorpresas, además de otras actividades que se realizan en muchas de ellas con el fin de abrir a un público más amplio su oferta cultural.
La historia de cómo llegaron a crearse y desarrollarse parte de un momento cercano en el tiempo que, con sus saltos hacia adelante y hacia atrás, se remontan a un pasado lejano. Bibliotecas de Mesopotamia o las particulares que se encontraban a lo largo de las ciudades griegas convergen en la más mítica de todas, la Biblioteca de Alejandría, una institución que representó en su momento el punto más álgido de la sabiduría de todo el mundo antiguo y que se halla cargada de los misterios de su construcción, los pergaminos que atesoraba y su destrucción.
Pero, en lugar de esta biblioteca fabulosa -en todas sus acepciones-, vamos a centrarnos en las aquellas que la siguieron, despojadas ya de su pátina de misterio y leyenda.

Biblioteca del Trinity College en Dublín (Irlanda) (1592)


En El giro, Stephen Greenblatt centra su mirada en el descubrimiento de un libro, De rerun natura del escritor romano Lucrecio, un manuscrito que se consideraba perdido y cuyo inesperado hallazgo por Poggio Bracciolini contribuyó a la entrada con mayor fuerza de lo que se llamó el Renacimiento y el nacimiento del pensamiento moderno que sustituyó al medieval que dominaba al continente de comienzos del siglo XV. El giro es la historia de este descubrimiento y cómo se tambalearon los cimientos de un pensamiento medieval que estaba ya anclado en el pasado e irremediablemente condenado a la desaparición.
Además de los detalles que se conocen del descubrimiento del manuscrito de Lucrecio, El giro presenta un interesante fresco del mundo romano y su pensamiento a través de los libros, así como de Florencia, la ciudad más adelantada a su tiempo en el pensamiento renacentista, además de reseñar los movimientos culturales, filosóficos y literarios que se desarrollaban en su seno.
Stephen Greenblatt nos acerca a la creación de la primera biblioteca pública que se llevó a cabo en Roma por Asinio Polión, así como las que se fueron desarrollando más adelante a lo largo del imperio siguiendo su modelo tanto arquitectónico como funcional.

¿Por qué motivo se celebra el Día Internacional de las Bibliotecas en esta fecha concreta?
Fue en el año 1997 cuando comenzó a celebrarse esta efemérides que surgió como reacción a la destrucción y pérdida entre bombas y cenizas de una biblioteca, como una lucha contra la desaparición de miles de escritos que custodiaban la cultura, las creencias y la memoria de todo un pueblo.
En 1992, en plena guerra de los Balcanes, la Biblioteca Nacional de Sarajevo (Vijecnicaquedó asolada debido a los bombardeos sobre la ciudad. La imagen del centro cultural y la ciudad destruidos quedó grabada en la memoria de muchos cuando el músico de Bosnia-Herzegovina Vedran Smailovic estuvo interpretando entre las ruinas y escombros el Adagio en sol menor de Albinoni para llamar la atención sobre el bombardeo indiscriminado y el asesinato de veintidós personas que estaban esperando en la fila para recibir pan el 26 de mayo de ese mismo año.
La imagen de Vedran Smailovic, conocido desde entonces como el Chelista de Sarajevo, quedó como símbolo de aquel memoricidio, la palabra acuñada por el médico croata Mirko D. Grmek ante la Asamblea de las Naciones Unidas para manifestar la cruel práctica consistente en la destrucción de la memoria y acervo cultural de un pueblo.
A partir de esta actuación reivindicativa, el pianista y compositor David Wilde creó su Op. 12 The Cellist of Sarajevo, una obra para el citado instrumento que evoca la iniciativa de Smailovic. Nos acompaña una grabación realizada por Yo-Yo Ma, uno de los más grandes intérpretes de este instrumento, en un montaje que incluye fotografías históricas de la actuación en la asolada Biblioteca de Sarajevo.


Las bibliotecas evocan un universo que, como señalaría Borges en su obra La biblioteca de Babel, se nos antoja infinito en su capacidad de ofrecernos sensaciones, historias y conocimientos que nunca llegaremos a completar.
Cruzar el umbral de una biblioteca es adentrarnos en procesos misteriosos que cada lector -y cada escritor- siente, evoca y visualiza de una forma distinta.
Nos acercamos a La biblioteca secreta, del que podríamos considerar uno de los libros menores de Haruki Murakami, una publicación destinada al público juvenil cuyo protagonista es un muchacho que acude a la biblioteca de su barrio con la intención de curiosear entre los estantes y que se tropieza con un extraño y furibundo anciano bibliotecario que lo lleva por un laberinto de salas en lo que acabará convirtiéndose en una turbadora pesadilla kafkiana que, como suele ser habitual en el escritor japonés, acaba tratando sobre los temas de la pérdida y la soledad en la que nos encontramos en la sociedad actual. 


Una de las características de las bibliotecas es el silencio que reina en ellas para facilitar la concentración de los lectores, aunque en ocasiones este estado queda trastocado por alguna celebración con que se desea unir la afición a la lectura con alguna otra actividad artística como la música o la pintura, la creación de clubs de lectura para profundizar en algunos temas o autores o, simplemente, atraer a nuevos lectores como son los casos de los cuentacuentos con que algunas instituciones buscan fidelizar a un público más joven.

Biblioteca Pública de Stuttgart (Alemania) (2011)

Si el día 24 de octubre se celebra el Día Internacional de las Bibliotecas, el día siguiente se conmemora el Día Mundial de la Ópera, auspiciado por diversas instituciones operísticas que tomaron la iniciativa de dedicar una jornada actual a este arte desde el año 2019.
Nos acompaña una actuación llevada a cabo en la Biblioteca Clarà de Barcelona en 2011 con motivo del Día Internacional de la Ópera que se celebraba en aquellos años el día 8 de mayo. La soprano Elvira Sánchez interpreta ataviada como una empleada, en una suerte de flashmob, el aria Quel guardo il cavaliere de la ópera Don Pasquale de Donizetti, una de esas piezas que se interpretan mientras la protagonista está leyendo un libro, conformando una simbiosis perfecta entre literatura y ópera. La acompaña al piano Efrem García y dirige esta interpretación grabada en formato doméstico Edgar Villanueva.


Una actividad tan exclusivamente humana como es la lectura se beneficia sustancialmente con la existencia de las bibliotecas como herramientas que facilitan la lectura de aquellos libros que deseamos y que, poco a poco, irán conformando nuestra propia biblioteca emocional y sentimental. Si bien es cierto que hay libros que pasan por nosotros sin dejar apenas huella, otros dejan un poso profundo en nuestra vida, conformando nuestra personalidad literaria.
La biblioteca personal representa la colección de libros que hemos leído a lo largo de nuestra vida y que han dejado una huella en nosotros, ayudándonos a conformar nuestros gustos, aficiones y en gran medida nuestra personalidad.
Los libros que hemos adquirido y tenemos en la biblioteca de nuestro hogar, unidos a todos los que hemos ido leyendo a través de préstamos de las bibliotecas públicas o de nuestros familiares, amigos y conocidos van modelando nuestra biblioteca personal, una biblioteca que ha ido cambiando desde aquellos libros que leíamos en nuestros primeros años en que nos iniciábamos en la lectura hasta llegar a los que leemos, junto a aquellos que tenemos anotados en una lista mental y que, lo sabemos, leeremos más temprano que tarde.
Realizar el ejercicio de pasar esa biblioteca personal de nuestra mente a un documento escrito es una actividad enriquecedora que nos ayuda a ser más conscientes de nuestros gustos e influencias. Desgraciadamente, la continua prisa y la velocidad a la que nos movemos en el devenir diario nos impide llevar a cabo una actividad que redundaría en nuestro propio beneficio. Aún así, siempre podemos plantearnos unas preguntas claves: ¿Cómo sería mi biblioteca personal? ¿Qué libros y por qué razones estarían en ellas? ¿Cuáles serían los imprescindibles?

Biblioteca Central de Vancouver (Canadá) (1995)


En su lugar, nos acercaremos a uno de los más grandes lectores del siglo XX, Jorge Luis Borges. Cuanto falleció el escritor argentino había realizado los prólogos a los sesenta y cuatro libros de la colección de los cien que formarían la colección que él mismo había escogido con aquellos que más habían influido en su vida.
Así, al año siguiente se publicó póstumamente Biblioteca personal con la citada reseña de prólogos de libros que se caracterizan por mostrar un variopinto retablo que su insaciable curiosidad llegó a explorar en tan diversos estilos de libros.
No nos acercamos a ninguna de las reseñas que aparecen en la publicación, sino que nos quedamos con la declaración de intenciones que el escritor argentino desarrolla en su prólogo.


Finalizamos esta publicación sobre el Día Internacional de las Bibliotecas con otra incursión de la música en las mismas, de nuevo en forma de flashmob. Se trata de una interpretación en idioma swahili de la canción tradicional Wana Barake que el coro de gospel Good News dirigido por Mario del Campo realizó en la sala de lectura de la Biblioteca Pública de Valladolid en junio de 2012 la víspera de la celebración del Día Europeo de la Música ante la sorpresa de los asistentes.
Feliz Día de las Bibliotecas, feliz configuración de la biblioteca personal y, de camino, feliz Día Mundial de la Ópera.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Greenblatt, Stephen. El giro. Traducción de Joan Rabasseda y Teófilo de Lozoya. Editorial Crítica. Barcelona, 2014. 
  • Haruki Murakami. La biblioteca secreta, traducción de Lourdes Porta e ilustraciones de Kat Menschik. Editoral Libros del Zorro Rojo, Barcelona, 2014.
  • Borges, Jorge Luis. Biblioteca personal, Alianza Editorial, Madrid 2002.

Confundidos y estupefactos

Músicas y textos que nos hablan de la confusión en que nos encontramos.

Vivimos rodeados de situaciones que nos superan y se encuentran en continuo avance y transformación. Cuando llegamos a vislumbrarlas, casi a entenderlas, se modifican, surgen nuevas complicaciones o variantes que nos zarandean de nuevo. 
En ocasiones encontramos en obras artísticas una voz que nos habla de estas situaciones o los sentimientos que nos provocan y, cuando estas obras pertenecen a otros momentos históricos, a otras épocas anteriores reconocemos en ellas su valor como obras que tienen algo que aportarnos más allá del tiempo.
Te propongo acercarnos a algunas obras que nos hablan desde otro tiempo de las situaciones que vivimos en las últimas décadas y que nos mantienen confundidos y estupefactos. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Edvard Munch. Skrik (El grito) 1893

Poco podía pensar Joseph Haydn que después de toda una vida componiendo e interpretando para los Esterházy, finalizaría su estancia en el palacio de esta familia húngara, un lugar aislado de los lugares destacados de la música europea, y llegaría a encontrar el éxito que correspondía a sus méritos musicales. Tras fallecer Nicolás Esterházy, su mecenas principal, Haydn viajó hasta Londres antes de establecerse definitivamente en Viena.
En estos lugares comprobó que podría haber triunfado con el género operístico si no se hubiera adaptado a las condiciones que el teatro del palacio de la familia húngara le proporcionaba, si hubiera tenido más conocimiento de la música que triunfaba en las principales ciudades o no hubiera seguido los esquemas tradicionales que gustaban a sus patronos.
Según se cuenta, expresó a su primer biógrafo Georg A. Griesinger que "debería haber escrito, en vez de cuartetos de cuerda, sonata o sinfonías, más música vocal, para de este modo haber sido el mejor compositor de ópera entre sus contemporáneos". 
Cuando, ya sexagenario, vio representadas algunas de sus óperas, especialmente en Londres, esa sensación se acrecentó. Rechazó llevar a lugares como Praga algunas de las óperas que tenía compuestas aduciendo que fueron compuestas pensando en las características del teatro de ópera de los Esterházy y no resultarían efectivas en otros escenarios. 
De entre la veintena de óperas que han llegado a nosotros, la mayoría de ellas han desaparecido de los escenarios, siendo rescatadas algunas de ellas como Il mondo della Luna en los últimos años. También algunos de sus números más felices han pasado a formar parte del repertorio de algunos intérpretes.
Orlando Paladino (El Paladín o Caballero Orlando) fue estrenado en el citado palacio Esterháza en diciembre de 1782 con libreto de Nunziato Porta, a partir de otro anterior e inspirado en el Orlando furioso de Ludovico Ariosto. Se trataba de un Dramma eroico comico en tres actos y llegó a ser considerada su ópera más popular.
En una sociedad global y convulsa como la que vivimos desde hace años, el finalle de Orlando Paladino nos acerca con su primera frase a cuando nos sacude y nos rodea: Son comfusso e stupefacto, una frase que, como los titulares que nos acompañan cada día es solo eso, un título que se queda ahí. Si en lugar de quedarnos en el titular seguimos el desarrollo de este finalle asistiremos a un desenlace propio de un enredo amoroso.
El final de la obra que Haydn ideó para representar antes los cuatrocientos espectadores de aforo que tenía el teatro de los Esterházy entra dentro de los esquemas más clásicos: cada personaje interpreta una estrofa con si texto y métrica y música idénticas, seguida de un coro que también repite su letra y melodía. 


Grabado en La Cité de la Musique en 2015 podemos escuchar este delicioso final  Son comfusso e stupefacto con las entonces promesas Lucia Martín-Cartón, Léa Desandre, Carlo Vistoli, Nicholas Scott, Renato Dolcini y John-Taylor Ward, por orden de aparición, con la agrupación Les Arts Florissants y bajo la dirección de su alma mater William Christie perteneciente al disco Un jardin à L'Italienne
Por problemas de derecho de autor, solo se permite ver en Youtube, por lo que es necesario pulsar en la notificación emergente.


Pocos autores han representado con mayor nitidez y crudeza elementos propios del siglo XX e incluso del XXI como Franz Kafka. Su acercamiento a la ansiedad, al sentido de nuestra existencia, lo absurdo de las situaciones que nos rodean, la incomprensión, la brutalidad psicológica que se cierne sobre los personajes o los intrincados laberintos de la burocracia han mostrado un reflejo de cuanto supone la sociedad que nos zarandea.

Fotograma de The trial (El proceso) de Orson Welles

En El Proceso, Kafka narra la historia del procesamiento de Josef K. por motivos desconocidos y su desesperada lucha entre los laberínticos recovecos de la burocracia moderna. Sentimientos de culpa, vergüenza y humillación son algunos de los elementos que conforman esta novela que Kafka comenzó a escribir en el verano de 1914, justo al comienzo de la Gran Guerra. Terminado en el año siguiente, su publicación en 1925 supuso, como la mayor parte de su obra, el incumplimiento de la promesa de Max Brod de destruir toda los escritos del autor.
El absurdo de la situación a que se enfrenta Joseph K. surge inesperadamente una mañana al levantarse, de manera análoga a algunas situaciones que se han podido dar en nuestras sociedades en algunas circunstancias. ¿Nos hemos sentido como él confundidos y estupefactos?


Una de las óperas casi olvidadas de Antonio Vivaldi, Griselda se basa en una historia recogida en la Décima jornada de El Decamerón de Boccaccio con libreto de Carlo Goldoni -el inolvidable creador de La Commedia dell'Arte y personajes como Arlequín, Colombina o Polichinela- y estrenada en el Teatro San Samuele de Venecia en 1735.
Su argumento intricado se basa en la decisión de Gualterio, rey de Tesalia de justificar ante su pueblo su matrimonio con la pastora Griselda. Así, declara su intención de repudiarla para casarse con la princesa Constanza (en realidad una hija suya y de Griselda desaparecida al nacer), enamorada de Roberto, uno de los príncipes de Atenas, mientras la pastora es pretendida por Ottone, otro noble de Tesalia. Una historia tan enrevesada no podía sino terminar bien, con Gualterio declarando que toda la trama era ficticia para que el pueblo aceptara su matrimonio con Griselda. En aquella época este tipo de historias era del gusto de los espectadores.

Joseph Mallord William Turner. Bridgewater (1801) 

Como muchas obras de Vivaldi, Griselda fue compuesta pensando en su intérprete, la mezzosoprano Anna Giró que, sin tener al parecer una voz bella y sí una buena técnica vocal y grandes dotes escénicas, debutaba en un papel protagonista y un elenco que hizo triunfar la obra. 
Apenas representada en la actualidad, sí son conocidos algunos de sus números, como la pieza que nos acompaña. Se trata del aria di bravura del personaje de Constanza Agitata da due venti (Movida por el viento). Se trata de una espectacular aria de coloratura donde la intérprete es llevada al extremo de sus capacidades por su virtuosismo y su tempo acelerado que hace referencia a la decisión que debe afrontar entre uno y otro pretendientes, sintiendo que se ve forzada a elegir lo que no desea frente a su obligación. Una ópera de argumento poco real pero con unos sentimientos que pueden ser semejantes a los que nos envuelven ante algunas de nuestras decisiones.



Una de las mejores especialistas, si no la mejor, de este tipo de arias barrocas, la mezzosoprano romana Cecilia Bartoli interpreta Agitata da due venti de Griselde de Vivaldi. Se trata de una de las arias da capo que triunfaban en el barroco en la que podemos observar la primera parte brillante, una segunda más lenta y calmada y la vuelva al comienzo (da capo) para finalizar de una forma especialmente brillante y que la pasión, la voz y el completo dominio de los adornos de la Bartoli lleva al culmen de la perfección.


No solo las incertidumbres de la vida nos zarandean con sus afectos y desafectos, con las decisiones que debemos tomar en uno u otro sentido o lo que nos sobreviene inesperadamente como un hado, un destino en el sentido del término griego. Grandes problemas nos azotan también como consecuencias de nuestra actitud o nuestro comportamiento hacia el planeta en el que vivimos o, simplemente por microscópicas mutaciones.


Haruki Murakami refleja en sus personajes estas características. Sus personajes se desenvuelven entre el gozo y la desilusión, entre la soledad de la sociedad actual y el deseo y la necesidad de amor. Sus obras mezclan sutilmente lo humorístico con lo surreal, muestran un mundo que oscila continuamente entre lo real y lo onírico, en un viaje que siempre acerca a sus personajes al interior de sí mismos.
En Kafka en la orilla, Murakami nos acerca a la tempestad como símbolo y elemento transformador, como fuerza del Destino que nos acerca a lo que somos y del que podemos renacer.


Hermano mayor del famoso castrato Carlo Broschi, Farinelli, Riccardo se dedicó también al mundo de la música. Llegó a componer hasta seis óperas, cuatro de ellas serias entre las que destacó la última, Artaserse (Artajerjes) con libreto de Pietro Mesastasio y que se estrenó en el Teatro delle Dame de Roma en 1730.
Varios años después, junto a los compositores Johann Adolph Hasse y Nicola Porpora retomaron el libreto de la ópera y compusieron un pastiche con el mismo título que estrenaron en el Kings Theare in the Haymarket de Londres con las piezas cantadas en italiano y los recitativos en inglés.
La ópera original fue compuesta pensando su hermano en Farinelli, quien interpretó en el estreno el papel de Arbace.
A esta ópera corresponde nuestra última aproximación a la confusión que nos envuelve en los acontecimientos que nos rodean. De nuevo la metáfora de la tormenta o la tempestad nos acerca la ópera a nuestras vidas con Artaserse y el  aria Son cual nave


De nuevo se trata de un aria da capo de las catalogadas como de bravura y vuelve a estar interpretada por la mezzosoprano Cecilia Bartoli para su disco Sacrificium que grabó con Il Giardino armónico con la dirección de su fundador Giovanni Antonini.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Dos Lunas en nuestro cielo

La rutina nos limita la mirada, el asombro y el pensamiento.
Lo que vemos nos sorprende, nos maravilla y llega a nuestro corazón o nuestro cerebro. Desde pequeños, el asombro es una cualidad que nos ayuda a descubrir el mundo, a adentrarnos en el conocimiento y dirigir nuestros pensamientos y acciones en determinadas direcciones.
Admirar la belleza de la naturaleza que cada vez está más alejada de nosotros, recrearnos en las aguas de los mares que nos rodean en playas atestadas de desconocidos bañistas, mirar el cielo para admirar los astros que pueblan las noches en ciudades tan iluminadas que no nos dejan verlos, o si vemos la Luna que se nos vuelve invisible, disfrutar de los sutiles cambios que se producen al amanecer o al anochecer cuando el tiempo no nos da margen para la pausa, hablar con amigos y familiares cuando los sonidos y las imágenes de las pantallas nos llenan de palabrería y platós televisivos se nos antojan cada vez más complicados.
¿Y si la naturaleza se hiciera más presente en nuestras vidas? ¿Y si la conversación tuviera su tiempo y su espacio? ¿Y si aparecieran dos Lunas sobre nuestras noches? 
¿Qué ocurriría si dos Lunas estuvieran sobre nuestro cielo? ¿Y si pensamos qué podríamos sentir si giraran sobre nosotros? Acompáñanos en un paseo con dos lunas que surgen de la literatura y la ópera. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Pensemos por un momento en cómo podría a ser nuestro cielo si estuviera acompañado, no por una, sino por dos Lunas. En los comienzos del siglo XX se comenzaron y popularizaron de lo que fueron las primeras obras de ciencia ficción. Aunque con mucha más ficción que ciencia, Edgar Rice Burroughs, el autor de la saga novelas de Tarzán (que fueron una constante y agradable compañía en mi primera juventud), centró otro grupo de libros en su Serie marciana. Allí Burroughs inventó una serie de aventuras que en estos momentos se verían desfasadas en su concepción, ideas y no aguantaría ninguna mirada mínimamente científica. 
Aún así, en la primera de las novelas, Una princesa de Marte, el prolífico escritor nos describe el hecho de que el planeta rojo tenga dos lunas y cómo se podrían desencadenar las noches marcianas.
Independientemente de errores ahora conocidos, como que las dos lunas iluminarían brillantemente la superficie marciana, un hecho descartado por la ciencia, te propongo imaginar cómo serían en nuestro planeta unas noches dominadas por dos lunas como Deimos y Phobos, cómo nos acompañarían y qué sensaciones nos producirían.


Dos obras destacan sobre todas las demás en el mundo de la ópera cuando de la Luna se trata. La primera, la más emblemática y conocida de todas pertenece a la Norma de Belllini.
Norma es uno de los grandes personajes femeninos que forman el universo de la ópera, un personaje casi proveniente del mundo de los mitos, como Medea o Lady Macbeth. Basada en Norma, ou l'infanticide (Norma, o la infanticida) de Alexandre Soumet, el personaje creado por Bellini muestra un amor hacia Polione y hacia sus hijos, a los que no asesina como ocurría en la obra original. Compuesta en colaboración con el libretista Felice Romani, Noma posee muchas facetas y sentimientos: Es la suma sacerdotisa de los galos, amante abandonada de un procónsul romano, virgen y madre secreta y una dura y enérgica rival cuando se trata de venganza.


En su aparición en escena, tras la cavatina Sediziose voci (Voces sediciosas), Norma entona la más famosa de las melodías de Bellini en que implora a la Luna que reine la paz. Es una melodía de una duración infinita en que el compositor hace que la melodía se vaya elevando en cada uno de sus segmentos a registros cada vez más alto. 


Estrenada en el Teatro Alla Scala de Milán a finales de 1831, casi doscientos años más tarde, Casta diva nos hace elevar nuestros ojos hacia la Luna con una mirada que se siente eterna e intemporal y no nos cansamos de escuchar.
La soprano norteamericana Renée Fleming la interpreta en una versión en concierto en el Yusupov Palace de San Petersburgo celebrada en 2010 y en la que no interviene el coro.


No hay duda de que Haruki Murakami es uno de los escritores más conocidos de los primeros años del siglo XXI, con algunos detractores y muchos adeptos seguidores, y que ha tenido cabida en este blog en diferentes ocasiones.
Si Orwell imaginó una sociedad distópica con 1984, Murakami homenajea el título con su novela 1Q84, sustituyendo el número 9 por la letra Q cuyos sonidos son homófonos en japonés. Ese pequeño detalle acabará derivando en un sutil cambio en el Japón de 1984 en que se desarrolla la acción entre la instructora de gimnasio Aomame y el profesor de matemática Tengo


El inicio de esta sutil alteración del mundo en que viven estos dos personajes solitarios e independientes comienza simplemente observando el cielo en una noche tranquila.
La emoción y lo insólito se cruzan en una mirada asombrada, un descubrimiento que nos vuelve la mirada al cielo.


Si Murakami nos hace imaginar dos lunas en la noche, el firmamento de la ópera también tiene otra luna similar a la que Bellini cantó y que puede ocupar con ella el espacio en nuestra mirada.
Antonin Dvorak es junto con Smetana uno de los grandes compositores nacionalistas checos, indudablemente el más internacional, tras su paso por los grandes escenarios europeos y americanos, tras su aventura como director del Conservatorio Nacional de Música con sede en Nueva York. Sus últimos años los dedicó a ejercer la dirección del Conservatorio de Praga, actividad que compaginó con la composición, entre otras, de su ópera más universal.
Rusalka es una palabra de origen ruso que viene a significar "mujer encantada" y hace referencia a las náyades, ondinas, nereidas y sirenas. Con un libreto basado en La sirenita de Andersen, Dvorak desarrolla en Rusalka una auténtica tesis sobre las interacciones entre el hombre y la naturaleza, unas relaciones cada vez menos armónicas y equilibradas, en las que destacan los temas relacionados con el bosque y el agua con una evidente influencia wagneriana.


Rusalka, una ninfa de los ríos se enamora de un príncipe humano, una relación imposible por ser él una criatura mortal, al contrario que ella. Antes de que la historia concluya trágicamente, en el Acto I, a solas, Rusalka canta un mensaje amoroso mientras que pide a la Luna que la acerque hacia su amado.
Este aria Mesicku na nebi hlubokém (Luna, que desde el cielo), también conocida como la Canción de la Luna, es equiparable a Casta diva y juntas ocupan dignamente la imagen quasi duplicada que Murakami nos presenta en 1Q84
La interpretación corresponde de nuevo a la soprano americana Renée Fleming en una producción operística con subtítulos en castellano. El hecho de que la Fleming interprete esta ópera escrita en checo, un idioma poco habitual en la ópera, se debe a su ascendencia de este país centroeuropeo y el dominio del idioma.

No dejes de sorprenderte, no dejes de mirar al cielo.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Murakami, Haruki. 1Q84. Tusquets Editores, Barcelona 2012.
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)