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Mostrando entradas con la etiqueta Elvis Presley. Mostrar todas las entradas
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Otras Navidades

Las fechas de Navidad son un tiempo en el que se rompen el ritmo y las rutinas habituales con todas las connotaciones que tienen asociadas: reencuentros, reuniones familiares, ausencias o recuerdos de la infancia, entre otras muchas.
Es ese tiempo al que los griegos denominaban Kairós, el momento oportuno, el tiempo justo, ese momento cualitativo e importante, frente al Chrónos, el tiempo lineal, el que se mide con el reloj y el calendario, que avanza inexorablemente y nos marca las rutinas.
En este blog suelo dedicar cada año una publicación a un tema relacionado con la Navidad y que puedes leer desde el Archivo del blog situado en la columna derecha.
Son entradas que tratan de los aspectos, temas y autores más habituales en estos tiempos y que van desde los cuentos tradicionales a las figuras que han contribuido con sus obras a darle la imagen que han tenido o que aún tienen en nuestros días. 
En esta ocasión el título Otras Navidades nos remite por un lado a unas nuevas festividades, y por otro, a unas celebraciones -o no- diferentes. Nos acompañan extractos de cuentos de Navidad y músicas de distintas épocas realizados por autores en Estados Unidos con una gran personalidad literaria y que no suelen escribir sobre este tipo de temas, por lo que el enfoque que les dan es totalmente inusual y original dentro de su estilo narrativo característico.
Te propongo acercarte a cuentos de Navidad de Paul Auster y Truman Capote acompañados de música navideña que se escuchaba en el país de ambos en diversas décadas con las voces de Elvis Presley y John Lennon. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Edward Hopper, Nighthawks (Noctámbulos) (1942), Art Institute of Chicago
Grabado en septiembre de 1957 por RCA Victor, la más clásica de las canciones navideñas, Silent Night apareció en octubre de ese año en Elvis' Christmas Album, un sencillo en el que se encontraban White Christmas de Irving Berlin en la cara A y esta compuesta originalmente por Franz Gruber en la cara B. Eran tiempos de discos de vinilo y este era un single con estas dos canciones grabadas en mono. Te dejo con esta popular canción navideña en la inconfundible voz de Elvis mientras nos acercamos a la narración de Truman Capote.


Este año que termina he celebrado el centenario de su nacimiento recordando la figura del escritor con Soy Truman Capote. Soy un genio, una publicación que hacía un recorrido por algunas de sus obras más importantes y conocidas por el público.


La primera de las narraciones que nos acompaña está escrita por él, siendo publicada en la revista Ladies' Home Journal en la edición de diciembre de 1982. Una Navidad es una narración que aparece recopilada en Cuentos completos, la última obra que Capote publicó en vida. La narración nos lleva a su infancia en un ambiente nostálgico que vive aquella Navidad en un ambiente inicialmente extraño y que va alterando la decepción que tiene sobre las ilusiones de ese tiempo.


Acércate al inicio de la obra en el que el escritor nos sitúa en sus pocos años y la situación a la que se enfrenta en ese momento crucial.


La siguiente canción ambientada en el tiempo de Navidad tiene a un autor poco pródigo en este tipo de músicas, John Lennon.
La primera intención de Happy Christmas era más lanzar una protesta contra la guerra de Vietnam que acababa de concluir. Durante 1969 Lennon y Yoko Ono participaron en una campaña contra esta guerra en la que alquilaron vayas publicitarias y espacios en revistas para lanzar el lema War Is Over (If you want it) -La guerra ha terminado (Si tú quieres)- en las ciudades de Nueva York, Tokio, Londres, Roma y Atenas con el que ayudaron a que la opinión pública norteamericana se posicionara contra este conflicto bélico.


Pronto, Happy Christmas se convirtió en una suerte de himno navideño que apareció en múltiples álbumes recopilatorios y participativos.
En esos meses, Lennon y Ono habían oficializado su relación divorciándose de sus parejas anteriores. Cuando grabaron la canción en 1971, ésta comienza con unos saludos navideños hablados por Ono y Lennon a los hijos de sus matrimonios anteriores. Yoko susurra «Feliz Navidad, Kioko» y John «Feliz Navidad, Julian».
Nos acompaña la versión original de la canción con un montaje realizado alrededor de 2020 con imágenes de los protagonistas en las que muestran los mensajes que utilizaron durante su campaña contra la guerra. La mezcla entre los mensajes de Navidad y del final de la guerra -si tú quieres- nos llevan irremediablemente al presente.


Fallecido este mismo año, Paul Auster (Nueva Jersey, 1947) es uno de los grandes escritores contemporáneos, un narrador que nos mostró en sus escritos que cualquier cosa le puede ocurrir a cualquiera en cualquier momento. 
De esta forma, las coincidencias y el azar están presentes en obras como El palacio de la luna, la Trilogía de Nueva York, Leviatán, 4, 3, 2, 1, El libro de las Ilusiones o Baumgartner
En Auggie Wren's Christmas Story (El cuento de Navidad de Auggie Wren), Auster nos narra una historia relacionada con la Navidad que escribió por encargo del New York Times y se publicó el 25 de diciembre de 1990. La fuerza del relato llevó al cineasta Wayne Wang a convencerlo para que escribiera un guion para cine sobre ella, de donde surgió la película Smoke que alcanzó el Premio Especial del Jurado y el Oso de Plata de del Festival de Berlín en 1995.
Además de novelista, Paul Auster ha desarrollado su creatividad como autor de cuentos, ensayos y poesía, además de escribir guiones para la citada Smoke, la que sería su continuación, Blue in the face, o Lulu en el puente y La vida interior de Martin Frost en las que participó en la dirección.
Recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, el Premio Médicis por Leviatán, el Independent Spirit Award por el guion de Smoke y fue nombrado miembro de la American Academy of Arts and Letters, Comandante de la Orden de las Letras Francesas y Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Madrid, entre otras distinciones.


El cuento de Navidad de Auggie Wren narra una historia contada por el citado personaje, un tendero que cuenta al propio escritor lo que le sucedió en unas Navidades a partir de un robo en su local. La narración se divide en tres partes diferenciadas. La primera, en la que se narra cómo Auggie -nombre ficticio- conoce al escritor y cómo le enseña su colección de fotografías. En la segunda se ofrece a contarle la historia que le ocurrió con el fin de ayudarle en el encargo que le había hecho el New York Times, mientras que la tercera finaliza la historia con un desenlace singular.
De este cuento de pocas páginas se publicó una edición con ilustraciones de la artista argentina Marisol Misenta, conocida artísticamente como Isol.
Este último relato que nos muestra una mirada distinta a Otras Navidades nos sumerge en la segunda parte del relato

Que tengas una feliz y dichosa Navidad.
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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Capote, Truman. Cuentos completos, Editorial Anagrama S. A. U., traducción de J. Mo Álvarez Flórez y Paula Brines, Barcelona (2004). ISBN: 9788433970534.
  • Auster, Paul. El cuento de Navidad de Auggie Wren, Editorial Booket, Islustraciones de Isol, traducción de Ana Nuño López, Biblioteca Paul Auster, Barcelona (2013). ISBN. 978842214714.

El Sol que nos acompaña

Sin el Sol no podríamos vivir. Se trata de un argumento que nadie puede discutir. La estrella alrededor de la cual giramos y la distancia a la que nos encontramos respecto a ella hacen que nuestra vida sea posible. Incluso los astrónomos buscan por el espacio otras estrellas con planetas que tengan características parecidas a las que tiene La Tierra para estudiar la posibilidad de que exista algún tipo de vida con las condiciones semejantes a las que aquí tenemos. Concebimos la vida con estas condiciones concretas.
Pero nuestra concepción del Sol y la relación con la vida ha ido cambiando con el paso del tiempo. Desde la adoración a nuestro astro en las primeras culturas, pasando por las diversas teorías desde la geocéntrica a la heliocéntrica para llegar a la idea del Big Bang, la mente humana ha ido adaptando la relación del Sol y La Tierra, junto con los demás planetas, a los conocimientos que se tenían en los determinados momentos de nuestra historia.
Pero con el auge del humanismo, el Sol, la experiencia del Sol ha servido para utilizar y convertir nuestra estrella en un poderoso condicionante, un activo personaje, un determinante elemento o un factor comparativo en las obras que reflejan o transmiten nuestro pensamiento a través de las distintas artes. 
Todos, seamos de la condición que sea, tengamos las creencias que tengamos o la opinión que queramos, todos vivimos bajo el mismo sol.
Te propongo un recorrido alrededor de la experiencia que el Sol nos ofrece a través de un texto del mexicano Alfonso Reyes y la canción más conocida sobre el sol, una canción napolitana que se ha hecho universal y todos la hemos oído cantar en múltiples ocasiones con diversos intérpretes.

Impression, soleil levant, de Claude Monet




Alfonso Reyes Ochoa, diplomático, escritor, difusor cultural, amigo y colaborador de la mayoría de escritores hispanos de su época, es una de las figuras de la cultura y las letras hispanoamericanas más influyentes en su momento y hoy una personalidad algo olvidada, limitada al conocimiento de los expertos y estudiosos.
Natural de la ciudad mexicana de Monterrey, desarrolló su vida entre los últimos años del siglo XIX y la mitad del XX. Tras estudiar entre su ciudad natal y la capital del país, fundó junto a otros escritores el Ateneo de la Juventud donde se dedicaron a dar a conocer obras literarias, especialmente las griegas clásicas.
Desarrolló su labor diplomática en las embajadas de Argentina, España, Francia o Brasil, lugares donde no dejó de entablar relaciones con los escritores de su época como Menéndez Pidal, con quien trabajó en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset o Gómez de la Serna en su estancia en España. Autores americanos como Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Gabriela Mistral -que lo propuso como candidato al Nobel- o el joven Jorge Luis Borges, quien le envió el manuscrito de El Aleph para pedirle opinión y que consideraba a Reyes "el mejor prosista de lengua española en cualquier época".
Mal avenido en la época de la Revolución Mexicana -mataron a su padre, un general partidario de Porfirio Díaz-, se estableció en Europa y durante la Gran Guerra se trasladó a España. Años más tarde regresó a su país donde llegó a hacer una labor didáctica y cultural, siendo miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y del Colegio Nacional, fundó el Instituto Francés de América Latina y el Colegio de México, una de las instituciones académicas más prestigiosas del país. 



El escritor regiomontano abarcó desde la teoría literaria hasta la historia de Grecia, pasando por la novela policíaca o las raíces históricas de sus país. Esta última con su obra Visión de Anáhuac (1519), publicada en 1915, una de las obras más lúcidas y poéticas sobre el México prehispánico, en la que despliega su estilo caracterizado por la riqueza de vocablos y giros expresivos, las construcciones gramaticales poco frecuentes o el uso de arcaísmos. Se trata de una obra que presenta un sincretismo de las culturas occidental e indígena, bajo el estilo de la tríada platónica: la verdad, la bondad y la belleza. Su influencia es grande en los escritores mexicanos, especialmente en Octavio Paz y Carlos Fuentes.
Autor de una ingente obra dominada sobre todo por el ensayo, escribió también poesía, relatos, teatro y traducciones de obras clásicas del griego. 
La obra que te propongo en esta ocasión es una poesía, de tono menor, con raíces en un hallazgo infantil por el que todos hemos pasado, en mi caso personal no con el Sol, sino con la Luna, un descubrimiento que recuerdo en traslados veraniegos nocturnos hacia mi casa.
 
La Canzone napoletana o Canción Napolitana suele ser una composición para voz masculina y acompañamiento instrumental con un aire sentimental con un texto de tipo amoroso o que alaba las maravillas de la zona de Nápoles. Hay canciones napolitanas que han trascendido a una popularidad más allá de las fronteras italianas debido a la migración napolitana a Europa y América, además de la incorporación de las mismas al repertorio de cantantes de ópera en sus recitales, especialmente los de origen italiano. Títulos como O sole mio, Torna a Surriento, Funiculì, funiculà, Santa Lucìa o Cuore'ngrato han dado la vuelta al mundo y, en distintas versiones las hemos oído en la voz de los más variados cantantes y versiones.
Con más de cien años de edad, O sole mio es una canción conocida en todos los rincones del mundo, desde Japón -en la olimpiada de Tokio de 1964 sonó en lugar del himno italiano- a Inglaterra -donde se utiliza para promocionar helados del país transalpino- pasando por casi cualquier país. Su mérito para triunfar está, como en muchas otras composiciones, en su simplicidad.


Amanecer en la bahía de Nápoles, al fondo el Vesubio


Giovanni Capurro compuso una de esas poesías que se vendían por las esquinas en copielle (pequeñas copias) para que los enamorados las recitaran a sus amadas. Fernando Bideri, editor amigo de escritores como d'Anunzzio o Pirandello, compró los derechos de la letra y la música que varios años después Eduardo di Capua escribiría en Moscú preso de la nostalgia del sol napolitano. Los Bideri, herederos aún de los derechos de autor, cuentan que di Capua vendió los derechos a Fernando para poder gastar las dos liras en la lotería. Dedicada a la noble señora Nina Arcoleo, di Capua compuso primero el andantino, más tarde la estrofa cantada para terminar con el ritornello (estribillo). 



El primer impulso a la canción vino de parte del gran Enrico Caruso, quien aprovechando que era el tenor de referencia en el Metropolitan Opera House la incorporó a su repertorio de recitales para alegría de los italianos que vivían en Nueva York. El tenor napolitano grabó O sole mio en 1916 con The Victor Orchestra bajo la dirección de Walter B. Rogers, en un acompañamiento que, oído hoy, se nos antoja anticuado por folklórico y tradicional, pero con un exquisito y delicado sabor histórico.


Además de ser interpretada por todos los grandes cantantes de ópera italianos del siglo XX, recibió un nuevo impulso hacia la popularidad con las diversas interpretaciones que Los tres tenores, Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti, realizaron de diversos temas operísticos entre los que incluyeron O sole mio y que hizo que de nuevo volviera al gran público. El segundo enlace pertenece a una actuación que llevaron a cabo en Los Ángeles en 1994 bajo la dirección de Zubin Mehta. La sobreactuada interpretación era parte del espectáculo que se llevaba a un público no acostumbrado al repertorio, igual que los subtítulos que se han añadido al vídeo.


La tentación de utilizar la melodía hizo que cantantes del pop y el rock como Elvis Presley, Bryan Adams, Al Bano, Il Volo o Andy Bell llegaran a realizar versiones propias. Elvis realizó una versión que tituló It's now or never (Ahora o nunca), modificando sustancialmente la letra y adaptando la música a su personal estilo. En su último concierto es una de las piezas que quedaron recogida y la versión que enlazo, con subtítulos pertenece a una grabación en disco de 1960.



Finalizamos con una interpretación de Luciano Pavarotti en los BBC Proms de Londres 1991 grabada en Hyde Park. En ella podemos ver la grandeza de una de las canciones más conocidas del repertorio mundial junto con una de las más grandes e inimitables voces y la facilidad que Pavarotti tenía para las notas de la tesitura alta de la voz. La melodía es reconocida por el público nada más comenzar los primeros compases.



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