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Los planetas y Gustav Holst

Observar lo que nos rodea es signo de curiosidad que nos muestra nuestra capacidad de aprender. Nos permite conocer lo que tenemos al alcance de nuestros sentidos y posibilita que muestra mente e inteligencia crezcan al relacionar e intentar comprender lo observado, vivido y sentido.
Desde los tiempos más remotos hemos tenido la curiosidad de observar lo que nos rodea, en primer lugar como mecanismo de defensa ante depredadores y diversos peligros, más adelante para poder construir un entorno más seguro, protector, avanzado y cómodo. 
Esa observación que hemos completado con el aprendizaje que se ha implantado en nuestras sociedades, nos ha llevado a desarrollar la vida que tenemos en la actualidad, una vida llena simultáneamente de grandes avances en el desarrollo y calidad de vida y de contradicciones en su distribución, equidad y respeto al medio ambiente y al planeta.
Observar el entorno urbano en el que vivimos para desenvolvernos en él y, en función de nuestras posibilidades mejorarlo es fundamental en nuestras vidas. Pasear por la naturaleza observando los paisajes, sus plantas y animales, además de despejar nuestros problemas y el estrés diario, es una forma de sentirnos parte de ella, de encontrarnos en contacto y en armonía con nuestro planeta.
Pero hay una observación, como mirar por encima de nuestras cabezas en la profundidad del cielo nocturno, que cada vez nos cuesta más trabajo por distintas razones: la contaminación lumínica que inunda nuestros pueblos y ciudades, la falta de tiempo y el tener que desplazarnos buscando lugares adecuados para realizarla, que limitan una actividad que nos acerca a nuestra propia esencia.
Este mirar al cielo sirve de argumento para celebrar años del nacimiento de un compositor que dedicó una de sus obras, quizás la más conocidas de todas, a los vecinos que nos acompañan en nuestro viaje alrededor del sol, los planetas.
Aprovechando que se cumplen años del nacimiento el 21 de septiembre de 1874 de Gustav Holst, te propongo un paseo por su obra más conocida, Los planetas. Nos acompañan en el viaje textos de Voltaire y Carl Sagan. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 


Gustav Theodore von Holst nació en Cheltenham, como decía, el 21 de septiembre de 1874, por lo que en 2024 se celebra el sesquicentenario de su nacimiento. Hijo del organista y director del coro de la iglesia de la localidad y de una cantante y pianista, desde pequeño comenzó a tocar piano, violín y trombón, hasta estudiar composición en el Royal College of Music de Londres.
Aunque llegó a tocar de modo profesional el trombón, prefirió centrar su vida en la enseñanza musical en las escuelas a partir de 1903 y, poco a poco, se fue abriendo el camino como compositor.
Su fama comenzó a crecer a partir de 1920 con la publicación de dos obras, El himno de Jesús para orquesta y coro y Los planetas, estrenada un par de años antes.
Aunque podamos pensar que esta suite orquestal que nos acompaña tiene relación con la ciencia y la astronomía, en realidad nada la une a esta ciencia que vivía un momento interesante en los años en los que Holst la compuso.

Gustav Holst, fotografía de Herbert Lambert (1921), National Protrait Gallery
En 1913, Holst viajó con unos amigos artistas a Mallorca donde le iniciaron en el estudio de la astrología. A su regreso, quedó fascinado por la lectura de What is a Horoscope and How is it cast? del astrólogo Alan Leo, por lo que se interesó aun más en esta materia y decidió componer una suite para orquesta en ese mismo año. 
Su intención era escoger un aspecto de cada planeta y componer una obra a partir de él, sin otro motivo más que entretener eliminando significados astronómicos o de cualquier otro tipo. Se propuso analizar las características de la personalidad de quienes conocía a partir del signo del planeta bajo el que habían nacido, llegando a dejar de lado más adelante, en cierta medida, los aspectos astrológicos para centrarse en su propia creatividad.
Así, ese mismo año comenzó a preparar la primera pieza planetaria, Mars, the bringer or war (Marte, el portador de la guerra). Este planeta se asocia en astrología con la confianza y autoafirmación, además de la energía, la fuerza, la impulsividad o la ambición. Para Alan Leo, los nacidos bajo el dominio de Marte son aficionados a la libertad y la independencia, son fiables en su coraje y aficionados a la aventura y el progreso, relacionándose con el dios mitológico que da nombre al planeta, el antiguo dios de la guerra y que se refleja en el color rojo con el que lo vemos.
Con estos mimbres, Holst parte de una quietud para alcanzar en segundos el augurio de una confrontación bélica. Es conveniente recordar que cuando comenzó a escribir este movimiento no había comenzado la Primera Guerra Mundial, pero cuando se estrenó ya había finalizado. En este movimiento bélico podemos intuir instrumentos de destrucción como ametralladoras, tanques o bombas, así como música que nos evoca fanfarrias guerreras. A lo largo del movimiento, una repentina calma es el preludio de un ataque aún más violento hasta finalizar abruptamente. Se trata de una pieza hipnótica, horrible en su concepto, pero bella en su forma, que se acerca más al dios de la guerra que a los conocimientos que se tenían en aquel tiempo del planeta rojo.

Nos acompaña Los Angeles Philharmonic Orchestra dirigida por su titular, el venezolano Gustavo Dudamel en una interpretación que se grabó en agosto de 2017 en The Hollywood Bowl.


Pese a la relación que establece Holst en su obra, me parece interesante compartir el punto de vista astrológico con otros distintos, como el relacionado con el pensamiento filosófico y el meramente astronómico.
Los planetas se conocen desde la antigüedad clásica hasta el punto de que su nombre proviene del griego πλανήτες (planétés) cuyo significado es «errante», diferenciándolos así de las estrella que permanecen fijas en el cielo y que cambian paulatinamente sus posiciones con el transcurso del año, las constelaciones y la época del zodiaco en que nos encontremos.

Ilustración del sistema solar de Juan d'Olivar para la novela "Entretiens sur la Pluralité des Mondes" (1686), grabado a buril
Entre sus muchos escritos, Voltaire nos remite a cuentos, historias y razonamientos de tipo filosóficos. En Cartas filosóficas y otros escritos se recogen algunos textos que tratan sobre la evolución del pensamiento, varios de ellos relacionados con nuestras observaciones celestes a lo largo del tiempo.
En otro de esos escritos, Cielo de los antiguos, utiliza la metáfora del gusano de seda en los siguientes términos:

Si el gusano de seda diera el nombre de cielo a la pelusilla que forma su capullo, razonaría igual que razonaron los antiguos, dando a la atmósfera el nombre de cielo, que es, como dice Fontenelle, la seda de nuestro capullo. Creyeron los antiguos que los vapores que exhalan los mares y la tierra y que forman las nubes, los meteros y los truenos eran la morada de los dioses. Los dioses descienden siempre de nubes de oro en  las obras de Homero, y por eso todavía hoy los pintores los representan sentados en una nube.

En el escrito que nos acompaña, Cielo material, Voltaire razona sobre cómo ha ido evolucionando esta idea a través del tiempo y cómo en determinados momentos ha avanzado el conocimiento de los planetas y cómo en otros han ido retrocediendo estos razonamientos científicos. Al hablar de los planetas, es interesante también comprobar que en el tiempo en que escribió este texto sólo se conocían cinco planetas principales.


Una vez compuesto Mars, Holst terminó de diseñar su obra a la que llamó inicialmente Seven pieces for Orchestra y que más adelante titularía definitivamente The planets.
Aunque los planetas de nuestro sistema solar son -eran- nueve, en esta obra solo aparecen siete. Plutón, que la comunidad científica ha descatalogado como planeta en los últimos años, aún no había sido descubierto cuando se compuso la obra y Holst decidió prescindir de nuestro planeta en su trabajo, considerando que la inmensa mayoría de las obras compuestas hasta entonces ya hablaban de nuestro planeta.
Además, decidió que el orden de las piezas no sería el habitual por proximidad hacia el sol, sino que comenzaría por la primera compuesta, Marte, una obra que posee la fuerza y la atracción suficiente para iniciar una obra.
Pocos días antes del estreno Holst indicaba que no era necesario un programa que explicara las piezas y que bastaba solo con el título de cada una para guiar la imaginación del oyente y que pudiera apreciar la riqueza y brillantez de esta música original, dramática y, en cierto modo, exótica y extraterrestre.


Te propongo dar un salto en la obra y dirigirnos al penúltimo planeta y movimiento. Uranus, the magician (Urano, el mago) comienza con un grupo de cuatro notas que van a aparecer de forma recurrente en todo el movimiento, en ocasiones como parte de la melodía principal, en otros casos, como parte contrastante de la misma. La pieza, con esas cuatro notas iniciales, recuerda de forma nítida a El aprendiz de brujo de Paul Dukas, que muchos tenemos asociado a Mickey Mouse en la película Fantasía. Holst presenta a este planeta como un mago cuya música sugiere la ejecución de trucos de magia de los que el propio mago se vanagloria hasta desembocar en una marcha grandiosa y algo ufana y fanfarrona que finaliza con un silencio. Tras este, comenzando por el arpa, la música se vuelve etérea e ingrávida como el espacio exterior para recordarnos dónde se encuentra el planeta. 

La música que nos acompaña corre a cargo de la BBC Symphony Orchestra dirigida por Susanna Mälkki en una interpretación que se llevó a cabo en el Royal Albert Hall londinense en junio de 2015 dentro de los Proms de esa temporada. 


Del texto de Voltaire, más relacionado con la historia del pensamiento nos acercamos a otro del que quizás sea el mayor divulgador de la astronomía del siglo pasado.
Carl Sagan (1934-1996) estudió en la Radway High School de New Jersey y se graduó como físico a los veinte años, doctorándose años después en Astronomía y Astrofísica. Compaginó sus clases en la universidad de Harvard con su participación en la NASA en el proyecto Mariner 4 que llevó a Marte la primera sonda espacial en 1965. Más adelante ingresó en la Universidad de Cornell, en Ithaca, New York, donde se convirtió en el director del Laboratorio de Ciencias Espaciales. Fue cofundador y presidente de la Sociedad Planetaria, la mayor organización sobre estudios e intereses espaciales. Volvió a participar en la NASA en la misión Apolo 11 hacia la Luna y en la Mariner 9, de nuevo a marte.
Su fama entre el gran público le llegó cuando decidió utilizar la televisión para divulgar la astronomía, la historia y la cosmología con su serie de programas Cosmos, la serie científica de mayor éxito en la historia de la televisión. 


Como consecuencia de esta serie publicó su libro Cosmos, en el que logra que las ideas científicas sean comprensibles y apasionen a los lectores desde la hipótesis del Big-bang hasta el conocimiento del espacio, el surgimiento de la vida en nuestro planeta o la posibilidad de que pueda existir en otros remotos lugares.
Nos acompaña un texto del capítulo inicial de Cosmos, En la orilla del océano cósmico en el que Sagan realiza un viaje por el espacio sideral que finaliza acercándose a lo que denomina «el patio de casa», nuestro sistema solar, el lugar donde desarrollamos nuestra vida y del que tan poco conocemos.


Para crear una obra que sugiriera música extraterrestre, en el sentido literal de la palabra, Holst tomó una serie de decisiones. Entre ellas se encontraba dar a cada movimiento una personalidad diferente, crear una suerte de estado de ánimo, lo que alejaba a la obra del modo sinfónico que el compositor no deseaba utilizar. 
Por otra parte, creyó necesario utilizar una gran orquesta con algunos instrumentos poco usuales que le ayudaran a crear esas atmósferas y estados de ánimo, incorporando el oboe bajo, la tuba tenor, la flauta contralto, el órgano y pasando a seis en lugar de cuatro el número de trompas, así como el uso de dos juegos de timbales.
Se inspiró en compositores como su amigo Ralph Vaughan Williams o Stravinsky, especialmente en El pájaro de fuego o Petrushka, cuya orquestación, los ritmos reiterativos y sus cambios súbitos llevó a su obra.

Portada de Los planetas (1921), una de las doscientas copias que se hicieron
En otro giro por el sistema solar, te acerco ahora al segundo, tanto de nuestro planetario como de la obra. Venus, el portador de la paz representa todo un contraste con el Marte que abre la obra. Evitando, o quizás no, el significado y el nombre de la diosa del amor, Holst transforma ese amor en armonía y crea una atmósfera que más parece interpretada por una orquesta de cámara que por una de más de cien instrumentos, proporcionando un sonido íntimo y sereno. Aquí aparecen en primer plano dos arpas, el carrillón y la celesta -un instrumento apenas conocido en aquel momento-. El compositor crea un movimiento hacia adelante y atrás con dos acordes que se van alternando, las arpas se van adornando con la música de las flautas y los cornos, enriqueciendo la armonía la presencia de un escueto violín solista. Una sugerente sensualidad va evolucionando hacia un sereno desvanecimiento. 
La música está interpretada por The Royal Liverpool Philharmonic Orchestra dirigida por Sir Charles Mackerras en una versión meramente orquestal que nos permitirá seguir adentrarnos en el texto siguiente sobre este planeta.


Contrastando con la visión cosmológica y el estado de ánimo que nos propone Gustav Holst, nos acercamos a otro texto de Carl Sagan.
En Un punto azul pálido: Una visión del futuro humano en el espacio, un libro que nos acompañó en el blog en Un punto azul pálido y lejano, el científico nos ofrece una apasionante visión del universo, mostrando cómo la ciencia a cambiado la comprensión de nuestra situación y nos alienta a valorar cómo vamos a utilizar esos conocimientos.

En el texto que nos acompaña, Sagan dirige nuestra mirada, en primer lugar hacia el Venus que observamos en el cielo, para acercarnos, poco a poco, al conocimiento que vamos adquiriendo a través de la ciencia. 


Los planetas se preestrenó en el Queen's Hall de Londres el 29 de septiembre de 1918, durante las últimas semanas de la Primera Guerra Mundial gracias a la insistencia de Adrian Boult, que dirigió la obra desde el pódium. Los músicos tuvieron las partituras apenas dos horas antes de interpretarla y buscaron a un grupo de miembros del coro de Holst y otros cercanos para interpretar Neptuno, la única página vocal de la obra, aunque sin texto. Aunque fue una suerte de concierto privado al que solo asistieron algo más de doscientos socios, Holst lo consideró como el estreno de la obra.
Meses más tarde se volvieron a interpretar algunos de los movimientos, dirigidos por Boult o el propio compositor, aunque el estreno completo se llevó a cabo en un concierto público el 15 de noviembre de 1920 con la Simphony Orchestra of London bajo la dirección de Albert Coates.


La música de Los planetas se ha utilizado en diversos medios, desde la televisión a la publicidad y ha tenido influencia en compositores posteriores. Si hay estudios que muestran la influencia en John Williams de la música de Wagner para para la composición de Star Wars (La guerra de las galaxias), también es conocido que se inspiró en la obra de Holst por haber escrito música sobre el espacio exterior cargada de un sentido dramático que se adaptaba a la idea de lo que se pretendía representar en la pantalla.
La última visita planetaria la realizamos a nuestros vecinos nos acerca a la que quizás es la pieza más conocida y utilizada en otros medios. La palabra jovial deriva del latín ioviâlis referido a Jove o Júpiter con la acepción, según el Diccionario de la R. A. E., de «alegre, festivo y apacible». En este sentido lo presenta Holst: Júpiter, el portador de la alegría. El planeta más grande de nuestro sistema, para los astrólogos un símbolo del poder, la riqueza o la posición queda aquí representado como el que transmite la alegría. Es la pieza de estilo más inglés de toda la obra, con una variedad de melodías joviales que se cruzan y transitan por todo el movimiento. Una enérgica melodía inicial es seguida por un tema más serio digno y majestuoso como una suerte de desfile, para finalizar con la melodía del comienzo. Seguro que la música te suena.

La interpretación corre de nuevo a cargo de la BBC Symphony Orchestra dirigida en los Proms de 2015 por Susanna Mäkki y grabada en el Royal Albert Hall de Londres el 27 de julio ese año.


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CONTENIDO EXTRA: Si deseas hacerlo ahora o volver más adelante para escuchar la obra completa puedes seguirla en el siguiente enlace en el que se va mostrando en la parte inferior de pantalla el movimiento que se está interpretando. 
La Sinfonierorchester - Frankfurt Radio Symphony acompañada por el coro  Vokalensemble de la organización para el movimiento de Neptuno está dirigida por Hugh Wolff en una interpretación que se llevó a cabo en Alte Oper Frankfurt el 10 de febrero de 2023.


Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Voltaire. Cartas filosóficas y otros escritos, Biblioteca EDAF de bolsillo, 116 (libro de segunda mano). mkt0006466175.
  • Sagan, Carl. Cosmos, Editorial Planeta (Barcelona, 2024). ISBN: 9788408053040.
  • Sagan, Carl. Un punto azul pálido: Una visión del futuro humano en el espacio, Editorial Planeta (Barcelona, 2006). ISBN: 9788408059073.
  • Bernstein, Leonard, Young people's concerts: Holst: The planets. Vídeo en YouTube.
Una publicación de Miguelángel Díaz at 9/20/2024 04:35:00 p. m. 8 comentarios:
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Labels: Carl Sagan, Holst, Planetas, Voltaire

Seudónimos con historia & historias bajo seudónimos

Durante mucho tiempo algunos artistas, sobre todo escritores, han utilizado dos formas de dar a conocer sus obras sin que estas fueran asociadas a sus nombres: algunas se publicaron con un nombre falso y otras sin hacer referencias a su autor. De esta forma, el uso de seudónimos y el anonimato  se convirtieron en las formas de ocultar o silenciar el nombre de sus autores.
En esta publicación nos acercaremos a algunas razones que motivaron que sus autores no utilizaran sus nombres verdaderos para dar a conocer sus obras. 
En primer lugar, nos acercamos a la definición que el Diccionario de la R. A. E. nos da sobre esta palabra.  

Seudónimo, ma: 

Tb. pseudónimo.

Del griego ψευδώνυμος (pseudónymos, falso nombre).

1. adj. Dicho de un autor: Que oculta con un nombre falso el suyo verdadero.

2. adj. Dicho de una obra: Firmada con seudónimo.

3. m. Nombre utilizado por un artista en sus actividades, en vez del suyo propio.

Como sinónimos, es diccionario nos indica: apodo, sobrenombre, alias, mote y remoquete.

Nos quedaremos con las acepciones primera y tercera para tratar sobre esta palabra y a algunos de los creadores que las han utilizado.
Te propongo reflexionar sobre las razones que han llevado a diversos autores a presentar sus obras con seudónimos. Nos acompañan algunos conocidos por distintas razones como Voltaire, Stendhal, Clarín, Offenbach, E.T.A. Hoffmann y Pilar Lorengar. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Los pseudónimos se han utilizado desde hace mucho tiempo y los motivos para utilizarlos son diversos, llegando a desconocer o hacernos olvidar en muchos casos el nombre auténtico del artista. La primera de las acepciones del diccionario nos remite al seudónimo como forma de ocultar con un nombre falso el verdadero del autor o autora.
En estos casos los motivos son variados, en algunas ocasiones por el temor a distintas consecuencias como las políticas, sociales, laborales o familiares. Enfrentarse al poder establecido, crear obras que suponen una ruptura con la tradición, poner en cuestión una posición social al crear una obra o acceder a las indicaciones familiares son algunos de los motivos más frecuentes.
-Es el caso de Ricardo Eliécer Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, el poeta chileno que cambió su nombre para evitar que su padre se avergonzara por tener un hijo poeta. Aunque nunca llegó a decir por qué publicaba como Pablo Neruda, la teoría más aceptada es su admiración por la obra del novelista, poeta y dramaturgo checo Jan Neruda, algo mayor que él y que escribía sobre personajes populares de su Praga natal.

-En otras ocasiones, la razón para utilizar un seudónimo no la conocemos. El autor inventa un nombre que tenga cierta sonoridad y lo utiliza. A veces más de uno, como es el caso de Marie-Henry Beyle, que publicó diversos libros con varios seudónimos hasta que en 1817 publicó su obra Roma, Nápoles y Florencia bajo el nombre de Stendhal, y a partir de ese momento fue el nombre que utilizó en sus escritos. Aunque tampoco reveló el origen de este remoquete, las dos principales hipótesis apuntan a la ciudad alemana de Stendal, donde nació su admirado Winckelmann, el fundador de la arqueología tras sus trabajos en Herculano y Pompeya, o la del anagrama de las islas Shetland al norte de Gran Bretaña.

Olof Johan Södermark, Marie-Henri Beyle, llamado Stendhal (1840), Palacio de Versalles
Sea cual sea el origen, Stendhal marcó la primera parte del siglo XIX con sus obras. Tras dejar el ejército trabajó como funcionario imperial en Alemania, Austria y Rusia, llegó a ser embajador en Trieste y viajó por diversos países y ciudades. Su obra refleja la compleja situación política de su época, muestra un individualismo naciente, sus ideas anticlericales y su exquisito gusto hacia el arte, habiéndose acuñado el término Síndrome de Stendhal ante el trastorno producido por la contemplación y admiración de obras de arte.
Del autor de Rojo y negro o La cartuja de Parma nos acompaña el inicio de una de sus obras cortas, Vittoria Accoramboni, Duquesa de Bracciano, un relato recogido en diversos libros antológicos suyos como Los Cenci y otras crónicas italianas que nos evoca en cierto sentido los que hará un siglo más tarde Borges, aunque en esta ocasión no es obra del escritor francés sino que, como bien nos indica en el texto, es la traducción literal, con algunas expresiones adaptadas al tiempo en que la publicó, de un manuscrito del siglo XVI. El texto original se encuentra actualmente en las oficinas de la Revue de Deux Mondes.
 

En otros casos, más que un seudónimo, el nombre adoptado tiene que ver con otras circunstancias como la adaptación del nombre o apellido a un nuevo lugar o país con la finalidad de hacerlo más asequible a esa cultura o idioma. 

-Es el caso de intérpretes como Maria Anna Cecilia Sophia Kalogeropoulos, la famosa cantante neoyorquina de origen griego que adaptó su nombre a la sonoridad anglosajona dada la dificultad de pronunciar su apellido. Tras su regreso en su infancia a Grecia y el comienzo de su carrera en Italia, su nombre como María Callas la encumbraría como la voz de soprano más completa y versátil del siglo XX.  

-También es el caso de Jakob Eberst Offenbach, el músico nacido en Colonia y que haría toda su carrera y triunfaría en París (1819-1880) fundamentalmente con sus operetas. Su padre,  Isaac Juda Eberst, era un encuadernador de origen judío que acabó como jazán (quien lleva los cantos litúrgicos) itinerante en las sinagogas y tocando el violín por los cafés. Al recalar en Colona y ser conocido como Der Offenbacher (gentilicio de Offenbach del Meno, su ciudad de origen) acabó tomando el apellido de su localidad natal en 1808, quizás aprovechando un decreto napoleónico para regularizar apellidos judíos.
Así, su hijo Jakob Eberst Offenbach, que mostró pronto sus aptitudes para la música, ingresó con 14 años en el Conservatorio de París donde sólo estuvo un año. Durante veinte años se ganó la vida como violonchelista adquiriendo fama en toda Europa para continuar como director de orquesta y compositor asociado al teatro musical. Al entrar en el ambiente parisino adaptó su nombre al francés, desapareciendo Erbest y siendo conocido como Jacques Offenbach.
Al no poder hacerse cargo de la compañía de la Opéra Comique alquiló un pequeño teatro en los Campos Elíseos donde comenzó a estrenar unas operetas que alcanzaron gran éxito y que criticaban de forma despiadada a la sociedad de su tiempo como Orfeo en los infiernos o La bella Elena. Este tipo de obras influyeron en compositores como Johann Strauss o el dúo inglés Gilbert & Sullivan. Su ópera Los cuentos de Hoffman quedó como su última gran obra, en fase de revisión cuando falleció.

André Gill Caricatura de Offenbach (1875), Bibliothèque nationale de France
Nos acompaña una obra para violonchelo y orquesta, Les larmes de Jackeline (Las lágrimas de Jacqueline), una pieza de 1846, la segunda de las tres que forman Les harmonies des bois (Las armonías de los bosques, Op. 76), una obra escrita para él mismo y con la que viajó por gran parte de Europa como solita virtuoso.
La interpretación corre a cargo de la cellista franco-belga Camille Thomas con el Stradivarius Feuermann de 1730 cedido por la Nippon Music Foundation, acompañada por la Orchestre National Bordeaux Aquitaine bajo la dirección de Diego Matheuz y que fue grabado en el Auditorium de l'Ópéra de Bordeaux por la Deutsche Grammophon para el disco Saint-Saëns & Offenbach.


En otros casos, el uso de pseudónimos tiene orígenes variados, acompañando a los autores durante toda su vida o siendo abandonados más adelante por el nombre original. Veamos algunos casos concretos.

-Los primeros escritos de Charles Dickens en la prensa aparecieron entre 1833 y 1836 una serie de publicaciones tituladas Ilustrative of Every-day life and every-day people. Aunque comenzaron a publicarse sin firma, acabaron siendo firmadas con seudónimos y se conocieron como Sketches by Boz (Bocetos de Boz). ¿Por qué este nombre? Al parecer era el apodo que le daba a su hermano menor Augustus, a quien él llamaba Moses (Moisés) por un personaje literario. Su hermano lo pronunciaba de forma muy nasal, Moses acabó sonando Boses y acortándose a Boz. Con el paso del tiempo, Dickens dejó de publicar estos bocetos y comenzó a ser reconocido con su nombre.

-Cuando Charles Lutwidge Dodgson comenzó a publicar relatos cortos y poemas en la revista Comic Times, el director le propuso que utilizar un seudónimo al tener pocas habilidades sociales. Así, este profesor de matemáticas tímido y epiléptico buscó un nombre para firmar sus publicaciones. Latinizó Charles como Carolus y Lutwidge como Ludovicus, para volver a convertirlos al inglés invirtiéndolos como Lewis Carroll. Sus obras, entre las que destacan Alicia en el país de las maravillas o A través del espejo, así como multitud de relatos breves fueron publicados con su seudónimos, mientras algunos trabajos matemáticos lo fueron por su nombre original. 

-Hijo de notario, el nombre de François-Marie Arouet es poco conocido, pese a ser uno de los grandes pensadores y escritores de la Ilustración, un filósofo que pasó toda su vida huyendo de un lugar a otro a consecuencia de la franqueza de su pensamiento y de sus escritos, así como por su consciente poca diplomacia. Así Voltaire hubo de cambiar varias veces de país al ser perseguido por sus ideas y publicaciones hasta el extremo de adquirir unas tierras en la frontera con Suiza por si debía salir huyendo de nuevo de su país. 

Taller de Nicolas de Largillière, detalle de Retrato de Voltaire (1725), Musée Carnavalet
Aunque tampoco explicó su seudónimo Voltaire se han desarrollado varias hipótesis. La más aceptada es que es una contracción del apelativo con que lo conocían en casa, Petit Volontaire (el pequeño voluntario), aunque otra de las distintas versiones se inclina por el anagrama de AROUET Le Jeune (el joven Arouet) utilizando sólo las mayúsculas del alfabeto latino con la u como v y la j como i. El caso es que sus escritos, incisivos, agudos y críticos fueron publicados con este seudónimo que le ha dado fama universal.
Incluido en Cuentos completos en prosa y verso nos acompaña Una aventura india, un pequeño relato de apenas dos páginas que nos muestran el genio y la capacidad reflexiva de Voltaire.



En las últimas décadas se ha generalizado el uso de seudónimos entre los actores, modificando la mayoría de ellos, especialmente en el ambiente de Hollywood, sus nombres originales por otros más sonoros e inéditos. 
En otros casos, el seudónimo es una suerte de homenaje o un modo de inspiración hacia personas, lugares u otra circunstancia, o una forma de tener un nombre más sonoro que el propio. 
-Quizás el primero de los seudónimos conocidos es el que utilizó Jean-Baptiste Poquelín, el dramaturgo más representado en Francia. Con poco más de veinte años adoptó ese nombre tomado de François-Hugues Forget de Molière d'Essertines, un escritor en cuyas obras se basó para crear algunos de sus personajes como el protagonista de El misántropo. ¿Qué razón motivó a Molière para adoptar este nombre? Posiblemente lo hiciera para evitar el aún no muy considerado oficio de actor, ya que su padre, aunque era tapicero, trabajaba para la corte.
-Samuel Langhome Clemens trabajó en los empleos más dispares desde muy joven, llegando a ser impresor, buscador de oro, navegante o periodista antes de convertirse en uno de los escritores más populares de Estados Unidos. Al comenzar a trabajar en estas publicaciones periódicas comenzó a utilizar un seudónimo relacionado con su época de navegante por el Mississippi, donde debía anotar la profundidad del lecho fluvial para ver si era navegable (to mark), utilizando la palabra «wain» si alcanzaba las dos brazas necesarias, surgiendo así su alias de Mark Twain con el que conocemos al autor de Las aventuras de Tom Sawyer y de Huckleberry Finn, El príncipe y el mendigo o Un yanqui en la corte del rey Arturo. 

-El homenaje también está detrás del nombre con el que es conocido uno de los más polifacéticos autores de la primera mitad del XIX, Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann, que cambión el tercero de sus nombres por el de Amadeus en honor de Wolfgang Amadeus Mozart, siendo conocido como Ernst Theodor Amadeus (E.T.A.) Hoffmann. Nacido en Königsberg, la ciudad de Kant, en la Prusia Oriental, fue jurista, una profesión que alternó con la crítica musical, dibujante, caricaturista, cantante como tenor, pintor, escritor -su faceta más conocida- y compositor, siendo uno de los principales nombres de la literatura romántica alemana.  

Autocaricatura de E. T. A. Hoffmann (1850)
Dentro de su producción musical, nos acompaña una pieza perteneciente a su ballet Arlequín de 1808, AV 41, el número XX, Alegretto, interpretado por la German Chamber Academy Neuss dirigida por Johannes Goritki perteneciente al álbum Arlequin ballet & Overtures publicado en 1999 por la discográfica CPO.


Aunque hay ocasiones en que la razón del uso de seudónimos es simplemente desconocido o caprichoso por parte de quienes los usan, es indudable que deben utilizar la imaginación, las emociones y unos motivos que les ayuden a buscarlo, puesto que este nombre les acompañará durante su vida creativa e incluso después de ella.

-Aunque quizás el nombre de Eric Arthur Blair (1903-1950) no nos diga mucho, sus obras de marcado cariz político y social influyeron en los lectores a partir de la mitad del siglo pasado. Periodista, ensayista, crítico literario y novelista, este inglés nacido en la India y que recorrió medio mundo entre conflictos bélicos incluidas la guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial. Comenzó a utilizar el alias de George Orwell desde 1933 para no molestar a sus padres con la publicación de Sin blanca en París y Londres. Tras barajar nombres como Kenneth Miles o H. Lewis Allway se decidió por el que unía el nombre del patrón de Inglaterra, George con el de Orwell, un río de Suffolk, un lugar emblemático para él y muchos ingleses. Nos dejó novelas distópicas como Rebelión en la granja o 1984 donde muestra su visión de una sociedad totalitaria en la que estamos vigilados por el omnipresente Gran Hermano. 

Para acercarnos a los últimos seudónimos que vamos a tratar nos quedamos en nuestro país o idioma. 
-José Augusto Trinidad Martínez Ruiz utilizó múltiples nombres aunque a partir de su trilogía formada por La voluntad, Antonio Azorín y Las confesiones de un pequeño filósofo comenzó a publicar como Azorín, sobrenombre por el que se le conoce desde entonces.
-En 2021 Carmen Mola ganó el Premio Planeta con la novela La bestia. Al entregarse el galardón, que se presenta siempre bajo seudónimo, se desveló el nombre de los ganadores: Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez lo escribieron al alimón y publicaron este y otros libros con ese alias. Al parecer, el nombre lo eligieron en un par de minutos. Propusieron que fuera un nombre femenino, uno de ellos dijo Carmen y comentaron «mola» y así surgió Carmen Mola.

-Quizás el más conocido de todos fue el que tomó Leopoldo García-Alas y Ureña, que comenzó a utilizarlo en 1875 cuando empezó a publicar artículos críticos titulados Azotacalles de Madrid en el periódico El solfeo. Para aprovechar el título de la publicación, el director de la publicación instaba a sus periodistas a utilizar nombres de instrumentos musicales, por lo que Leopoldo Alas tomó el de Clarín, un alias que aprovechaba la coincidencia entre el nombre del instrumento y el de un personaje secundario de La vida es sueño de Calderón de la Barca. Salvo su tesis doctoral que publicó con su nombre, todas sus obras, entre las que destaca La regenta, aparecieron editadas con su nombre.
Nos acompaña unos de muchos relatos cortos que escribió y recogido en diversas antología como ¡Adiós, Cordera! y otros cuentos. Se trata de Benedictino, un cuento de varias páginas que recrea la relación entre Joaquín (Caín) y Abel.


Si te has quedado con curiosidad y deseas leer el cuento completo, sigue el siguiente enlace a Benedictino de Clarín. 

Un caso frecuente en el uso de sinónimos es el femenino. Desde los primeros tiempos en que se comenzaron a editar y publicar libros tras la invención de la imprenta, la escritura por parte de las mujeres se encontraba cuestionada, especialmente entre los siglos XVIII y XIX, por lo que muchas de ellas hubieron de recurrir al uso de seudónimos masculinos, el uso del nombre de sus esposos e incluso el anonimato para poder publicar. Pero estos casos dan para una publicación independiente que realizaré en otra ocasión.

Ramón Cilla, caricatura de Leopoldo Alas dentro de la serie "Los hombres del día. Nuestros críticos", revista Blanco y Negro (4 de marzo de 1893)
-No fue para poder publicar lo que le hizo cambiar su nombre a Lucila María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga. La diplomática y poeta chilena creó su nombre para homenajear a dos de sus escritores favoritos: el italiano Gabriele D'Annunzio y el francés Frédéric Mistral, publicando desde 1917 todas sus obras como Gabriela Mistral.
-Cecilia Böhl de Faber, hija de un alemán hispanófilo vivió durante muchos años en España donde su padre era cónsul y de la escritora gaditana Frasquita Larrea que firmaba sus escritos como Corina. Tras el fallecimiento de su esposo el Marqués de Arco Hermoso volvió a casarse y, debido a la precaria situación económica comenzó a publicar escritos por entregas como La gaviota, una obra que evocaba el estilo de Walter Scott. Sus obras indagan en las virtudes tradicionales, el regeneracionismo católico y sus obras fueron publicadas bajo el seudónimo de Fernán Caballero, nombre que tomó de la localidad homónima de Ciudad Real para evitar ser criticada por ser mujer.

-El último de los casos en que el nombre real se ha cambiado por un seudónimo obedece al simple hecho de buscar un nombre más sonoro, con evocaciones de apellido internacional. La soprano zaragozana Pilar Lorenza García Seta cambió su nombre artístico uniendo las primeras sílabas de su segundo nombre y primer apellido para llamarse Pilar Lorengar, un nombre que le ayudó a consolidar su deliciosa y poderosa voz en el panorama internacional. Tras nacionalizarse alemana, realizó la mayor parte de su carrera en Berlín uniendo al repertorio de Mozart, Puccini, Verdi y Wagner con el dedicado a la zarzuela.

Finalizo esta publicación sobre los seudónimos con una interpretación del aria de la Tosca de Puccini Visi d'arte interpretada por Pilar Lorengar y la San Francisco Opera Orchestra dirigida por K. H. Adler en una sesión de Opera in the park celebrada en la ciudad californiana en 1986. 

Un saludo desde esta página desde las Letras Prestadas del Club Pickwick.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Stendhal. Los Cenci y otras crónicas italianas, Editorial Impedimenta, traducción de Silvia Acierno y Julio Baquero. ISBN: 9788493592790.
  • Voltaire. Cuentos completos en prosa y verso, Editorial Siruela, traducción de Mauro Armiño, Madrid (2015), ISBN: 9788416280995.
  • Thomas, Camille. Saint-Saëns & Offenbach, Deutsche Grammophon (2017). ASIN: B074MZ9L1Y.
  • Hoffmann, E. T. A. Arlequin ballet & Overtures, CPO (1999), número de catálogo 999606-2.
  • Clarín, Leopoldo Alas. ¡Adiós, Cordera! y otros cuentos. Editorial Gaviota ilustraciones de Irenel Areal (2005). ISBN: 9788439216261.
Una publicación de Miguelángel Díaz at 8/30/2024 01:15:00 p. m. 6 comentarios:
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Labels: Clarín, E.T.A. Hoffmann, Offenbach, Pilar Lorengar, seudónimos, Stendhal, Voltaire

Sobre la tolerancia

Vivimos en un mundo complejo, con grandes desequilibrios, lleno de contradicciones, injusto y, en muchos sentidos, cruel para una parte enorme de la población.
Nuestro planeta es un inmenso organismo vivo, un ente que se regula a sí mismo, pero al que estamos llevando a límites extremos por nuestra actividad, por los intereses industriales, de consumo y económicos. La desforestación, el agotamiento de los recursos naturales o el cambio climático son pruebas de esta dinámica a la que estamos abocando a nuestro hogar común.
Desde la más remota antigüedad, los seres humanos hemos ido avanzando, dominando nuestro planeta, pero también con un constante, despiadado en ocasiones y agresivo dominio sobre otros grupos de personas. Así, los imperios se fueron  construyendo sobre territorios a los que dominaban y sometían, hasta caer bajo el dominio de otros. Las distintas creencias tuvieron en determinados o constantes momentos una posición de no reconocimiento a otras que diferían en sus principios. En los últimos siglos, hasta dentro de una misma sociedad se han producido ese dominio de unos sobre otros, especialmente en lo referente a los factores económicos y de poder, en lo que grupos dominantes crecían en detrimento de otros menos favorecidos.
Todos estos factores sociales, religiosos, económicos o políticos, han generado un clima de intolerancia que cada vez está más arraigado en las sociedades, agudizándose desde instancias superiores hasta el uso más personal con el aumento de las redes sociales y el aumento de interacciones que en ocasiones, se destinan más a ofender ideas ajenas que a defender las propias.

Frente a este cúmulo de situaciones y siguiendo los fines que se propusieron en su carta fundacional, la Organización de las Naciones Unidas, buscando la cooperación de las naciones en la solución de problemas de tipo económico, cultural, social y humanitario, además de avanzar en el desarrollo de los derechos humanos y las libertades fundamentales, estableció en 1995 dedicar el día 16 de noviembre de cada año a celebrar el Día Internacional para la Tolerancia. Así, invitó a todos los estados y organismos a reflexionar en esta fecha para no hacer distinciones por motivos de raza, sexo, idioma o religión. Una tarea que, como podemos reflexionar, se nos antoja cada día es más ardua y necesaria.
Te propongo reflexionar sobre  el #DíaInternacionalparalaTolerancia que se celebra el 16 de noviembre con textos literarios y músicas. Nos acompañan obras de Voltaire, Amos Oz, Muñoz Molina, Beethoven y Verdi. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


En este tiempo en que nos ha tocado vivir nos encontramos con términos que aluden a esa falta de tolerancia. Así, forman parte del vocabulario que oímos con frecuencia el término general de discriminación y otros más concretos como xenofobia, homofobia, marginación, violencia, intolerancia o aquellos que aluden a personas con otras creencias o ideas políticas, además de otros relacionados con las redes sociales  como haters que incitan al odio en sus comentarios.
La tolerancia no pretende la indulgencia o la indiferencia hacia los demás, sino el respeto y la aceptación a las creencias, opiniones, el idioma o la cultura de los otros. el hecho de que apreciar la diversidad y riqueza que se encuentra en ellos es una mejor forma de sentirnos más humanos.
Si luchamos contra la pérdida de la biodiversidad en el entorno natural, por qué razón vamos a caminar en sentido contrario con el resto de seres humanos que son diferentes a nosotros en cualesquiera de estos aspectos.


Escrito a partir de la muerte de un comerciante acusado y ajusticiado por un delito que no cometió, pero juzgado sobre todo por ser jansenista cuando Luis XIV había  revocado el edicto de Nantes que permitía la libertad de culto en Francia, Voltaire escribió su Tratado sobre la tolerancia con ocasión de la muerte de Jean Calas.
Se trata, como indica el título de un escrito en que razona sobre este término con tal capacidad de generalización que cuando se refiere a religión, en nuestros días podemos aplicarlo a planteamiento político, ideario personal o de grupo.
De esta forma, nos acercamos al capítulo en el que Voltaire razona sobre si la tolerancia es un derecho natural y un derecho humano con todas las ramificaciones y generalizaciones comentadas anteriormente.

Entre episodios de intolerancia que tuvieron sus máximos exponentes en las guerras que se desarrollaron en el continente europeo entre las grandes potencias, hubo algunos momentos de encuentro que sirvieron para comenzar a crear un clima de colaboración, cooperación y encuentros entre naciones, culturas y economías.
Una muestra de ello fueron las distintas exposiciones que desde la primera Exposición Industrial celebrada en 1791 en Praga con motivo de la coronación de Leopoldo II como rey de Bohemia. A estas siguieron nuevas exposiciones con diversos nombres, hasta la celebración en París de la Exposición Universal de 1855, la primera de las que se han ido celebrando en distintas ciudades de todo el mundo.
Para la Exposición Universal de Londres de 1862 quisieron incluir actividades musicales, por lo que un comité invitó a diversos compositores para que crearan obras que pudieran estrenarse en el evento internacional. Así, fueron invitados Daniel Auber en representación de Francia, William Sterndale Bennett por el Reino Unido y Rossini por Italia. Ante la negativa de este último, el encargo pasó a Giuseppe Verdi. 


Pese a que la propuesta estaba abierta a diversos formatos, como un himno, una coral o una marcha tanto para instrumentos de viento como para orquesta sinfónica, el compositor italiano aplazó la decisión al encontrarse inmerso en la composición de La forza del destino.
Finalmente Verdi optó por componer una cantata, una obra con texto de quien fuera su colaborador con los libretos de Otelo y Falstaff. el poeta y después compositor Arrigo Boito.
La cantata, titulada Inno delle nazioni (Himno de las naciones) en la que se incluían alusiones a God save the King, La Marsellesa e Il canto deglli taliani fue estrenada en el Her Majesty's Theatre londinense el 24 de mayo de 1862. Curiosamente ninguna de estas piezas eran el himno nacional de su país en el momento del estreno.
El texto de Arrigo Boito está escrito para coro y tenor con las indicaciones de Coro del Pueblo y Bardo, en alusión a los antiguos recitadores y muestra un primer intento de música que uniera en una composición a distintos países.

La versión que nos acompaña está interpretada por la George Enescu Philharmonic Orchestra and Choir con el tenor Calin Bratescu y la dirección de Koicki Inoue en una grabación en directo en el Romanian Athenaeun de Bucarest realizada en marzo de 2007.
Pese a no ser una obra conocida de Verdi, su estilo y personalidad aparecen reflejados en esta cantata Inno delle Nazioni.


Novelista, periodista y escritor, Amos Oz ha sido uno de los intelectuales más destacados de Israel. Firme activista por la paz, Oz ha publicado multitud de artículos  y ensayos sobre el conflicto árabe-israelí, defendiendo el reconocimiento mutuo y la coexistencia entre Palestina e Israel en Cisjordania y Gaza. Hasta su fallecimiento en diciembre de 2018 fue uno de los impulsores y líderes del movimiento Peace now, lo que le llevó a recibir diversos galardones y reconocimientos como Caballero de la Legión de Honor en Francia (1997), el Premio Libertad de Expresión en Noruega, la Medalla Internacional de la Tolerancia en Polonia, ambos en 2002 o el Príncipe de Asturias de las Letras (2007).
Esta dedicación la compaginó con la docencia como profesor de Literatura Hebrea en la Ben-Gurion University of the Negev en Beersheba o el hecho de ser profesor invitado en diversas universidades de Estados Unidos, Inglaterra y Alemania.
Entre su veintena de novelas destacan Mi querido Mijael (1968), Tocar el agua, tocar el viento (1973), La tercera condición (1991), Una pantera en el sótano (1995) o Una historia de amor y oscuridad (2002), en la que nos muestra su faceta más biográfica.


Su vertiente tolerante aparece continuamente en su obra, tanto novelística como periodística o ensayista, además de su actitud y compromiso vital. Nos acercamos a este valor con un extracto de su ensayo Contra el fanatismo.
Partiendo de sus reflexiones, Amos Oz desarrolla su pensamiento que no achaca a ninguna religión, sino a una lucha que es anterior a cualesquiera de ellas: la dicotomía entre fanatismo y pragmatismo, entre fanatismo y pluralismo o entre fanatismo y tolerancia
En el texto que nos acompaña, Oz confiesa, con un extracto de otro de sus libros cómo de pequeño se consideraba un fanático y cómo comenzó a cambiar ese concepto a partir de su experiencia, que le llevó a cambios en sus ideas, mezclado con un acercamiento a posiciones divergentes no exentas de valentía.

Si pensamos en música, entre todas las obras musicales que conocemos podemos encontrar muchas que traten de la tolerancia. Pero dentro de las características de este blog, nos acercamos a un tipo concreto de obras y compositores. Pensando en ellos, seguro que uno de los primero que se nos viene a la mente es Beethoven y su capacidad de abrir nuevos mundos sonoros que enlazan con el ideal de hombre nuevo que surge tras los cambios de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.
Así, en una de sus obras más universalmente conocida, la Novena Sinfonía, de la que hemos tratado en diversas ocasiones en este blog, Beethoven introduce el texto de Schiller para crear la conocidísima Oda a la Alegría.
En La Novena Sinfonía de Beethoven, Patrimonio de la Humanidad tratamos sobre la idea de que Schiller pensó, según los estudios sobre el autor, titular a su conocida obra Ode an die Freiheit (Oda a la Libertad), una composición que finalmente tituló Ode an die Freude (Oda a la Alegría) para evitar problemas con la censura. Beethoven, conocedor al parecer de esta situación, busca en su obra más el término y la idea original que la que fue publicada finalmente.
Aún así, expresiones como «Todos los hombres son hermanos» u «¡Os abrazo, millones de seres!» nos sitúan en esta idea elevada tanto de libertad como de igualdad y tolerancia.


El enlace pertenece al cuarto movimiento de esta Novena Sinfonía de Beethoven en el que se desarrolla por los solistas y el coro la oda de Schiller. La interpretación, subtitulada para poder seguir la letra, corresponde a la Orquesta Sinfónica del IPN (Instituto Politécnico Nacional) de México D.F. y los coros del Teatro de Bellas Artes y Alpha Nova dirigidos por Enrique Arturo Diemecke en un concierto celebrado en el Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana.


Movernos entre las ideas, los dogmas políticos, las creencias o el poder puede llevarnos en muchas ocasiones a olvidar que detrás de ellos no hay masas o grupos anónimos, personas sin caras ni nombres. Olvidar que cada personas es única y diferente, piense lo que piense, tenga la religión, ideas políticas, poder económico o nacionalidad que tenga es una forma simplista de ver a los demás y vernos a nosotros mismos. 
En este sentido nos acercamos a un texto de Antonio Muñoz Molina.

Miembro de la Real Academia Española donde ocupa el sillón “u” desde 1995, Muñoz Molina es uno de los referentes de las letras españolas de nuestro tiempo. Natural de Úbeda, cursó estudios de Historia del Arte y Periodismo en las universidades de Granada y Madrid, respectivamente, antes de comenzar a publicar en distintos periódicos y publicar su primera novela Beatus Ille (1986) en la que ya aparece Mágina, la ciudad imaginaria en la que transcurren algunas de sus obras. Con El invierno en Lisboa (1987) recibió el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa, mientras que en 1992 ganó el Premio Planeta por El jinete polaco. Beltenebros (1989), Plenilunio (1997), Sefarad (2001), La noche de los tiempos (2009) o Como la sombra que se va (2014) forman parte de su prestigiosa obra.


Sus novelas se mueven en el mundo de la memoria entre la que busca la reconstrucción de la historia de nuestro país en las últimas décadas con una mirada que muestra su gusto por el cine negro y la novela policiaca.
Con su estilo personal, Sefarad es un conjunto de relatos que tratan de perseguidos y perseguidores, de personas que en un momento de su existencia se vieron convertidos no en lo que eran, sino en lo que otros contaban de ellos. Perseguidos por la infamia y la maledicencia se ven alejados de su hogar y de su país, obligados a abandonar la vida que llevaban hasta ese momento. Por Sefarad pasan personajes reales como Kafka, Milena Jesenska, Primo Levi o Walter Benjamin junto con personajes anónimos y ficticios.
El texto con el finaliza esta publicación sobre la tolerancia no trata de ideas o conceptos, sino sobre una persona. Quizás nos ayude a ser más tolerantes buscar a la persona concreta que hay detrás de los clichés y de los estereotipos. Simplemente escuchar, sentir, compadecer nos hace ser tolerantes.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Voltaire. Tratado sobre la tolerancia, Espasa Libros, traducción de Mauro Armiño, 2013.
  • Oz, Amos. Contra el fanatismo, Editorial Siruela, traducción de Daniel Sarasola, 2019.
  • Muñoz Molina, Antonio. Sefarad. Editorial Seix Barral, 2009.
  • La Novena Sinfonía de Beethoven, Patrimonio de la Humanidad
Una publicación de Miguelángel Díaz at 11/11/2023 12:38:00 a. m. 6 comentarios:
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Labels: amos oz, Beethoven, Muñoz Molina, Tolerancia, Verdi, Voltaire
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