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La muerte de Verdi

En enero de 2021 se cumplieron ciento veinte años de la muerte en Milán uno de los más grandes compositores de ópera de toda la historia, Giuseppe Verdi
Su fallecimiento se produjo el 27 de enero de 1901 y en esta publicación vamos a recordar cómo se desarrolló a partir de una de las biografías del compositor, además de tratar la forma de componer algunos momentos de sus obras más conocidas.
No hay duda de que Verdi es uno de los compositores más oídos y sus óperas figuran entre las más conocidas de toda la historia de la música. Con bastante diferencia, la ópera más representada en la última década es La Traviata, con aproximadamente 7.552 representaciones en los últimos diez años, un número que, estadísticamente, viene a decirnos que en algún lugar del mundo se representa una versión de la Traviata cada doce horas, es decir, dos veces al día. Además, Rigoletto, Aida o Nabucco aparecen siempre entre las 15 obras más representadas cada año, según datos de Operabase.
En estos días finales de enero se cumplen años del fallecimiento de Giuseppe Verdi, te invito a recordar algunos momentos de sus obras más importantes y cómo fue su muerte. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Ángeles Caso (Gijón, 1959) publicó Giuseppe Verdi. La intensa vida de un genio (2001) tras una carrera en los medios de comunicación, donde fue presentadora de los Telediarios de Televisión Española, además de trabajar en otros medios como la Cadena Ser o Radio Nacional. Licenciada en Geografía e Historia, su carrera literaria comenzó con Elizabeth, emperatriz de Austria-Hungría, a la que siguieron El peso de las sombras, Las olvidadas, una historia de mujeres creadoras, Todo ese fuego (sobre las hermanas Brontë) o Grandes Maestras. Mujeres en el Arte Occidental. Renacimiento. Siglo XIX.
En su biografía verdiana, Caso nos recuerda el último cumpleaños del compositor, una visita que recibió de unos músicos que se acercaron a saludarlo tras un concierto en Busseto y cómo se deshizo de algunas de sus primeras composiciones. 


Verdi es uno de estos músicos que lo son de nacimiento, con unas facultades innatas que se cultivan con el estudio y se desarrollan con el paso del tiempo. Procedente de una familia de taberneros de Roncole, sus facultades hicieron que Antonio Barezzi se preocupara por buscarle los medios para que recibiera una formación musical.
Pero no fue fácil. Tras unos primeros estudios en Busseto, con diecinueve años suspendió su examen de ingreso en el Conservatorio de Milán. Con veintiséis años estrenó su primera ópera, Oberto, conte di San Bonifacio con relativo éxito en La Scala milanesa. Pocos meses después fallecía su esposa, Margherita Barezzi -hija de su protector-, después de que hubieran desaparecido también sus hijos Virginia e Icilio. En poco más de un año, Verdi había visto cómo su familia desaparecía y renunciaba a seguir componiendo.


Pero tenía un contrato que le obligaba a estrenar dos óperas más y hubo de regresar a Milán donde dejó el libreto que tenía entre manos y compuso su primer gran éxito, Nabucco, una ópera que marcaría un antes y un después en su vida y en la historia de la ópera.
En alguna ocasión hemos tratado de la gestación de esta ópera en este blog, enlazando con el que quizás sea el coro más conocido del mundo de la ópera, Va pensiero.
En esta oportunidad traemos otra pieza correspondiente a Nabucco, el concertante del final del acto II, S'apressan gl'istanti, una pieza a cuatro voces en el que intervienen Nabucco, Abigaille, Ismaele y Fenena en ese orden y concluye con el tutti del coro. Se trata de cuarteto en el que cada uno de los personajes canta el texto y van entrando en forma de canon concluyendo con la intervención del coro. Dramáticamente no presenta avance en la trama. Nabucco ha recuperado el trono que le arrebataron y anuncia su venganza, mientras que el resto de personajes va repitiendo sus palabras, como en eco y meditación. Aunque es estilo es excesivamente estático musical y literariamente, marca un punto de inflexión entre la ópera que se hacía hasta el momento y el nuevo estilo que encarnará Verdi en los años siguientes. 


La interpretación corre a cargo del bajo Renato Bruson como Nabucco, la soprano Ghena Dimirova en el rol de Abigaille, el tenor Bruno Beccaria como Ismaele y la soprano Raquel Pierotti como Fenena, acompañados por el Coro y la Orquesta del Teatro alla Scala de Milán y dirigidos por Riccardo Muti en 1987.


"Para mí, el cine son cuatrocientas butacas que llenar." Esta frase atribuida a Alfred Hitchcock está en la línea del pensamiento con que Verdi veía el mundo de la ópera.
Crítico musical de The New Yorker, Alex Ross pasea su mirada lúcida, comprensiva y omnipresente sobre toda la música que el siglo XX ha aportado en todas sus vertientes y estilos en dos libros caleidoscópicos, enciclopédicos y amenos en los que desglosa el seguimiento a la tradición, la ruptura, las nuevas voces y estilos, los múltiples caminos y las enorme variedad que la música ha aportado en la centuria pasada a los melómanos: The rest is noise (El ruido eterno) y Listen to this (Escucha esto).  
Apasionado de cualquier tipo de música, Ross deja posar su mirada en Escucha esto por la obra de Verdi. La comparación entre el compositor italiano y Hitchcock toma aquí un sentido diáfano al que se une la reflexión -casi de imagen cinematográfica- en que Verdi presenta el tema de una de sus más conocidas melodías, La donna é mobile para representar el tremendo dolor con el que Rigoletto caerá al final de la obra en la cuenta de la desdicha que acontece a su hija.


Tras unos momentos en que el Duque de Mantua parece ser fiel y leal a Gilda, hija de Rigoletto aunque desconoce el parentesco, La donna è mobile vuelve a destacar su lado libertino que ha mostrado a lo largo de la ópera. 
Es de noche, en una hostería el Duque tiene una cita amorosa con Magdalena que ha urdido el propio Rigoletto con el sicario Sparafucile. Allí, escondidos, Gilda y Rigoletto, desde un rincón canta La donna è mobile, un aria con un ritmo vals algo ostinado, con varias repeticiones de la melodía y un fanfarrón alarde que muestra el carácter del personaje y finaliza con el famoso do de pecho. Curiosamente, este final no interrumpe el desarrollo de la acción y hasta hace pocos años no se solía interrumpir con aplausos, dando continuación a la escena. 


La versión que nos acompaña está magníficamente interpretada por el incombustible Plácido Domingo en una grabación en directo en el Metropolitan Opera House de New York celebrada en 1977 bajo la dirección del entonces director musical James Levine.


Siguiendo a Alex Ross en Escucha esto, el crítico musical dedica unas reflexiones a la forma de plantear y desarrollar las situaciones dramáticas con ese peculiar estilo con que Verdi mezcla y funde el texto, la música, la emoción y la información que desea transmitir a los espectadores. El análisis de su forma de desarrollarla, el incansable y demoledor ruego hacia sus libretistas y la pasión y el dominio emotivo-vocal con que la gran María Callas interpretaba el Amami, Alfredo en La traviata, marcan la reflexión de Ross.


No hay registros de vídeo de María Callas interpretando Amami, Alfredo en esa excepcional representación en el Teatro alla Scala en 1955, pero sí una grabación en disco de La traviata con la dirección de Carlo Maria Giulini y Giuseppe di Stefano en el rol de Alfredo.



Al cumplirse el centésimo vigésimo aniversario del fallecimiento del compositor, volvemos a la biografía de Ángeles Caso, Giuseppe Verdi. La intensa vida de un genio. Allí detalla cómo ante su fallecimiento, el compositor de Busseto continuó pensando en aquellos a los que había apoyado durante su vida: músicos jubilados que no tenían en aquella época pensión que les ayudara en su retiro, hospitales para enfermos con pocas posibilidades económicas, niños cuyas familias no pudieran costearles estudios ni elementales ni musicales o agricultores que no pudieran invertir como él en modernizar los cultivos. Esa labor social que con tanto interés y dedicación había promovido a lo largo de su vida no acabaría con su muerte. 

¿Quién no se deja seducir por la música de Verdi?

Verdi fue muy generoso tanto en su vida como cuando sabía que esta estaba finalizando con todos cuanto veía que necesitaban ayuda. En mayo de 1900 dejó escrito su testamento en Milán. Su fortuna era enorme para la época y los beneficios de sus derechos de autor, inversiones y las varias granjas que tenía le suponían la enorme cantidad de ingresos anualmente. 
Sus dos grandes obras fueron beneficiadas en sus últimas voluntades. Por un lado, el hospital de Villanova sull'Arda recibiría sus propiedades de Castelazzo en las que se incluían varias granjas que obtenían abundantes beneficios que irían a dejar una renta anual para una escuela y cien ayudas económicas para los alquileres de los más pobres de la zona. La Casa di Riposo para músicos retirados, uno de sus grandes proyectos y cuyos terrenos había comprado en octubre del año anterior, recibiría los beneficios de los derechos de autor de todas sus óperas, además de algunos recuerdos personales como su piano. Al Monte de Piedad le legaba tres granjas para algunas becas de estudio sobre agricultura y la obligación de colaborar con el hospital y el parvulario del Busseto de su infancia. También entregaba cantidades para parvularios y hospitales de Génova, dinero para sus criados y familiares. A María Carrara Verdi, su hija adoptiva, le entregaba el resto de su fortuna y sus posesiones en Sant'Agata.


Después de haber decidido retirarse de la creación de nuevas óperas tras el estreno de Aida (1871) -aún compondría Otello y Falsftaff-, la muerte de su amigo y admirado Alessandro Manzoni, al autor de una novela tan fundamental en Italia como Los novios, hizo que se planteara la escritura de un réquiem en su honor. La Misa de Requiem de Verdi, una persona que se consideraba agnóstica, muestra la relación que la sociedad tenía con lo religioso, alejándose de los rituales de la liturgia tradicional y mostrando la rabia por la muerte, sustituyendo la certeza por el dolor. 
Verdi compuso una de las grandes obras religiosas del siglo XIX en las que aplicó todo su conocimiento musical instrumental y vocal, utilizando estilos antiguos como el contrapunto y la fuga de forma renovada hasta alcanzar una obra que transmite de forma única el miedo y el dolor que nos desgarran ante la presencia de la muerte.
Así, esos sentimientos universales se presentan de un modo furioso y desgarrador en los primeros versos del Dies irae, contrastando con los tres últimos y que podemos escuchar en la interpretación del Coro y la Orquesta del Teatro alla Scala de Milán dirigidos en agosto de 2013 por Daniel Barenboim.  


Pocas veces un compositor fue capaz de introducir tantos cambios en la forma de entender y crear la ópera, en la lucha por los derechos de que las obras se respetaran y representaran como el autor las había creado, sin ser adaptadas a los caprichos de la mayoría de solistas acostumbrados a intercalar interpretaciones que buscaban su propio lucimiento en mitad de las obras, o a luchar por el derecho a un retiro digno de los intérpretes musicales.
Ante tan abrumadora personalidad, el tramo final del último capítulo de la biografía lo dedica Caso a detallar cómo se produjo la muerte del compositor.


Verdi en su lecho de muerte. Foto Giugoni e Bossi de L'Illustrazione Italiana, 3 de febrero de 1901
Del entierro de Verdi, que se celebró el 30 de enero, existen unas imágenes cinematográficas que muestran algunos detalles de cómo se desarrollaron. El valor histórico del documento nos acerca a la emoción del acontecimiento que se desarrolló nada más comenzar el siglo XX.


Despedimos este homenaje a la figura de Verdi publicada en el momento en que se cumplían los ciento veinte años del fallecimiento del compositor.
La última pieza que nos acompaña corresponde al final del Réquiem, la última parte del Libera me, cuya dulzura y recogimiento contrasta profundamente con el Dies Irae.


Mientras el coro entona los primeros versos, la soprano prácticamente no se mueve de los tres últimos estableciendo Verdi un delicado juego entre ambos que oscila entre el contrapunto y un mínimo canon. 

Entierro de Verdi, 30 de enero de 1901, Milán
De nuevo Daniel Barenboim dirige al Coro y la Orquesta del Teatro alla Scala de Milán con la delicada y sentida interpretación de la soprano Anja Harteros.
Con este sutil final de la Messa da Requiem de Verdi nos despedimos en esta publicación. Como decían su contemporáneos...

¡Viva VERDI!

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Caso, Ángeles. Giuseppe Verdi. La intensa vida de un genio. Temas de hoy. Barcelona, 2013.
  • Ross, Alex. Escucha esto. Traducción de Luis Gago. Seix Barral. 2012
  • Verdi, Giuseppe, La traviata. Ópera completa en directo, con María Callas, Giuseppe di Stefano. Dirección Carlo Maria Giulini. Orquesta y coro del Teatro alla Scala. EMI Classics, 1955.
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.

Erase una vez... un nuevo principio

Cada mes de septiembre supone el retorno tras la parada del verano. Las altas temperaturas marcan uno de los ciclos naturales más largos de cada año, haciendo que la vuelta a la rutina, a la normalidad se realice como si de un segundo comienzo del año se tratara. Los cursos escolares, entre otros, se denominan con los dos años que duran desde su inicio en el noveno mes del año hasta su finalización al término de junio.
En esta entrada te propongo dos reflexiones sobre los inicios de las temporadas o cursos con una sugerencia de reflexión con obras de Frank McCourt y Verdi. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Frank McCourt sorprendió al mundo literario con una narración biográfica en la que relataba los primeros años de su vida. Encontrar el tono del relato fue, según sus palabras, una prueba también difícil y complicada que le llevó mucho tiempo. Su dolorosa y cruda infancia está narrada con sus ojos de niño, con una mezcla inédita de dureza y humor, dejando ver sucesos tremendos o insoportables para un adulto con la mirada inocente que acoge con la naturalidad de lo que se vive a diario.
McCourt narra la vida de una familia sumida en la pobreza en la Irlanda de comienzos del XX en la húmeda Limerick. Mientras su padre, en los pocos momentos que trabaja, se bebe el sueldo antes de llegar a casa, su madre ve la única esperanza para sacar adelante a sus cinco hijos en la educación. En Las cenizas de Ángela, Frank McCourt nos mostró su desgarrada infancia marcada por el hambre y el dolor con una mirada repleta de dignidad y humor.
Pese a ser su libro más conocido, por el que recibió multitud de distinciones y reconocimientos como el Premio Pulitzer, McCourt siguió publicando libros sobre su biografía. En Lo es, continúa el relato con sus experiencias a la llegada a Nueva York tras salir de Irlanda hasta que se prepara para su futuro trabajo en la enseñanza.



En El profesor, el tercero de sus libros biográficos, McCourt relata su años de docencia en un instituto de secundaria neoyorkino. Tres décadas en los que la realidad social de un entorno duro y complejo es difícil de asimilar. Basándose más en su intuición y lo que le sugiere su conciencia que en la ortodoxia, las convecciones y la normativa académicas, Frank McCourt consigue despertar la motivación y el interés de sus alumnos. Se dedica más a escucharlos, conocer sus inquietudes y aprender de ellos, conociendo sus gustos y su forma de ver el mundo.
Aunque el texto que nos acompaña comienza con una referencia al final del curso, es una reflexión válida para plantearla al comienzo del mismo.



Vivir en la vorágine de la rutina y el trabajo puede llegar a convertirse en una experiencia asfixiante si no llegamos a tener claros unos principios que nos ayuden a encontrar nuestra propia esencia.
Antes de llegar a ser considerado uno de los grandes autores de la ópera de todos los tiempos, Verdi vivió lo que él llamó "los años de galera", un tiempo en que se sintió encadenado a la condena de tener que componer una obra tras otra para cumplir contratos y compromisos con distintos empresarios, teatros y cantantes hasta que logró hacerse un nombre y ser él quien impusiera los tiempos, temas y lugares de estreno y representación. Desde que estrenó el Nabucco en 1842 hasta La Traviata de 1853, Verdi trabajó sin parar, cayendo enfermo por agotamiento en varias ocasiones y asegurando que quería dejarlo todo. En esos once años compuso nada menos que dieciséis óperas, sus "anni di galera" como escribió en una carta a Clarina Maffei, recorriendo una ciudad tras otra, exigiendo modificaciones a sus libretistas, componiendo, eligiendo cantantes para sus obras en cada teatro donde se representaron, negociando -casi peleando- con los empresarios, ensayando sin descanso, luchando para que sus obras se representasen como él las ideó. Aún así, sus obras tienen una creatividad y una calidad excepcionales que no dejan traslucir los duros momentos por los que pasó.
Comenzar un año, una temporada, un curso o como queramos llamarle tiene unas connotaciones que pueden mostrar un paralelismo con el inicio de una ópera. Los compositores utilizaron la obertura como una forma de situar al espectador. Es el momento en que se hace el silencio, se cierran las conversaciones y comienza la relación entre la obra que se representa y el público, entre la historia y el espectador. El autor propone desde sus partituras, los intérpretes las convierten en sonidos repletos de emociones y el público comienza a entrar en la historia que se les va a contar.
Muchos autores, entre ellos Mozart o el joven Verdi, se sirvieron de las oberturas como una forma de presentar algunos de los temas que se iban a desarrollar durante la ópera, convirtiendo éstas en una especie de declaración de intenciones o anticipo de lo que se iba a escuchar, una técnica que se utiliza en la actualidad en con las bandas sonoras de las películas durante la presentación de las mismas.



El primer gran éxito de Verdi, la ópera que lo comenzó a llevar al lugar de entre los elegidos de la música, fue Nabucco, una obra que plantea el tema de la liberación con el pueblo de Israel esclavo en la Babilonia de Nabucodonosor. Su parte más conocida es uno de esos coros que han llegado a formar parte del imaginario colectivo, el Va pensiero, un momento que recoge el lamento que entona el pueblo de Israel al añorar su tierra natal. En Babilonia, un viaje de cuatro milenios nos hemos referido a este número en el blog. Verdi utiliza su melodía, entre otras de Nabucco, para la obertura de la ópera.
El enlace pertenece a una interpretación de la Symfonický Orchestr de Brno dirigida por Vladimir Válek.
Como sugerencia, te propongo que, de la misma manera que Verdi utiliza varios de los temas que va a desarrollar a lo largo de la obra, rememores, evoques alguno de los momentos o situaciones que sabes que van a suceder a lo largo del año, temporada, curso escolar o como quieras llamarlo. ¿Te animas a anotarlos mientras los oyes o, incluso, compartirlo en los comentarios?


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Bibliografía consultada:
  • Caso, Ángeles. Giuseppe Verdi. La intensa vida de un genio.
Páginas web visitadas:
  • https://www.fiorellaspadone.com.ar/operas/argumentos/nabucco.html

#ViajedeOtoño: Babilonia, un recorrido de cuatro milenios

El otoño es una época que nos lleva desde el intenso y deseado verano al recogimiento interior del invierno. Nos transporta desde nuestra vida disfrutada en el exterior, las calles, plazas y playas, las noches al fresco, hasta el interior de nuestras viviendas con el muro del frío y el mal tiempo.
En muchas ocasiones es un momento en que el ritmo y la rutina de nuestros trabajos y quehaceres diarios junto con la menor duración de las horas del día nos ayudan a disfrutar más de actividades como la lectura, la audición de música, nuestras relaciones personales, incluso en ocasiones, a recordar los lugares y experiencias que hemos podido disfrutar en otros momentos.

Te propongo un recorrido a lo largo de varias semanas en un Viaje de Otoño por distintas ciudades, países, civilizaciones acompañados, como siempre, por textos de distintos libros y músicas que evoquen esos lugares. Desde tu sofá, tu casa o tu habitación te propongo un viaje literario musical. ¿Partimos? 



El primero de nuestro Viaje de Otoño es un recorrido que va a cubrir nada menos que cuatro milenios, desde Babilonia, en la lejana Mesopotamia, hasta nuestros días.
Tras varios siglos de tradición oral, el Poema de Gilgamesh comenzó a escribirse en tablillas de arcilla por distintos escribas, llegando a contarse hasta cinco versiones que, con el tiempo, quedaron fijadas en una sola de la que nos han llegado restos en doce tablillas de arcilla incompletas, cada una de las cuales tiene varias columnas de escritura. Se trata de la primera de las grandes epopeyas de la literatura universal y en ella el personaje protagonista, Gilgamesh, se siente poseído por un ansia de inmortalidad. 



En el relato, el mítico rey de la ciudad de Uruk es en sus dos terceras partes un ser divino y el tercio restante es humano. El relato pertenece a las columnas III y V de la X tablilla en la que el protagonista, en un lugar indeterminado, posiblemente ante un mar que antecede a la muerte, es aconsejado para que se aferre a los dones que la vida aún puede ofrecerle. En la V columna, Gilgamesh responde relatando alguno de sus viajes y acciones.




 
Un segundo texto nos evoca a Babilonia desde Milán en la segunda mitad del siglo XIX, cuando Giuseppe Verdi, viudo reciente, con sus dos hijos fallecidos también, desanimado por el fracaso de sus primeras obras, recibió sin ningún interés, el encargo de Merelli, el empresario de La Scala de Milán



En sus esbozos biográficos narra cómo recibió el libreto y el encargo de escribir una ópera sobre el rey de Babilonia Nabucodonosor, basado en el libro bíblico de Danielcómo el texto de Temistocle Solera se le convertía en música. El texto está extraído del libro Giuseppe Verdi. La intensa vida de un genio, de la periodista y escritora Ángeles Casouna interesante biografía bien documentada y rigurosa, imprescindible para los amantes de este género literario y de la música.


Un coro de esclavos hebreos en Babilonia, a orillas del Eúfrates llora su perdida libertad y su añorada patria. Se trata de uno de los coros más conocidos de la historia de la ópera, todo majestuoso, del que la Italia del Risorgimiento hizo su himno de libertad y que llevó el nombre de Verdi a la inmortalidad.




 En 2002 se interpretó en el Metropolitan Opera House de New York, en una versión memorable, protagonizada por María Guleghina y el español Joan Pons en el papel protagonista y al que pertenecen estas imágenes, con una enorme y admirable concentración por parte de los cantantes. Viéndolos, es difícil pensar que estos componentes del coro son coetáneos nuestros que salen a la calle, montan en coche o visten como nosotros. El perfecto trabajo de vestuario está magníficamente realzado por una escenografía que nos recuerda los grabados decorativos de la época mesopotámica en su estilo, su forma y el colorido con que se han realizado. La interpretación culminó con un bis, algo infrecuente en el Met de New York.


El recorrido por Babilonia termina en Berlín en el Pergamonmuseum. Situado en la Isla de los museos, el Museo de Pérgamo fue construido a comienzos del siglo XX con un procedimiento inusual: En lugar de construirse y albergar obras de arte, primero se decidió la colocación de estas obras y sobre esa visión se diseñó y edificó el museo. Se encentra dividido en tres alas cada una de las cuales representa un museo individual: la Colección de antigüedades clásicas, el Museo del Antiguo Oriente Próximo y el Museo del Arte Islámico.
La razón de la forma de su construcción es que alberga edificios rescatados de la antigüedad como el Altar de Zeus de la ciudad griega de Pérgamo, que da nombre al museo, un impresionante edificio restaurado casi en su totalidad, la Puerta del Mercado de Mileto y la obra que nos ocupa, la Puerta de Babilonia.
Se trata de una de las dieciocho que había y que permitían la entrada y salida de la ciudad mesopotámica, la Puerta de Ishtar, una descomunal construcción de 14 metros de altura y 10 metros de ancho recubierta con ladrillos de lapislázuli y figuras de animales con que se buscaba impresionar a los visitantes y que fueron descubiertos en las campañas arqueológicas entre 1902 y 1914 y trasladados y reconstruidos en Berlín.






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El dinero, el poder y el poder del dinero

Dicen que el dinero lo da todo. No es verdad. Se pueden comprar conocimientos, pero no la inteligencia.
 Arne Garborg

Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero. ¡Pero cuestan tanto!
Groucho Marx


Nada hay tan imprescindible en la vida y a la vez causa tantos problemas y desigualdades como el dinero. Dinero y el poder, que en muchos casos es consecuencia del mismo, de su acumulación, son los ejes en los que se mueven el texto y la música de esta nueva nueva del blog

El texto de esta entrada pertenece al periodista y escritor nórdico Arne Garborg, uno de los impulsores del idioma noruego a caballo entre el siglo XIX y XX. Suyas son estas reflexiones sobre el dinero.



Después del fallecimiento de su esposa y de sus dos hijos y tras el fracaso de su ópera Un Giorno di Regno, Giuseppe Verdi dejó la composición. Fue Merelli, el empresario de la Scala, quien le animó a componer Nabucco a partir de un libreto de Temistocle Solera. Después de haber traído a este blog su conocidísimo Va Pensiero, que puedes recordar en El desgarro del exilio y el derecho del retorno y Entre mis mejores deseos y Va pensiero,  esta vez toca turno de S'appressan gl'istanti.



La escena transcurre en el II acto. El sacerdote judío Zacaría y su hermana buscan el apoyo de Fenena, la hija de Nabucodonosor para convertirla a la fe de Israel. La hijastra del rey Abigaille busca destronar a su padre y los israelitas han sido condenados al exterminio colectivo por Nabucco que se ha proclamado dios. En este momento se produce el número que nos ocupa. La octava escena comienza con la melodía que entona Nabucco, y que va pasando de una voz a otra por los protagonistas hasta finalizar en un tutti con el coro. La simplicidad de la pieza le da una belleza que contribuyó al éxito de la ópera en su estreno en marzo de 1842 en el Teatro Alla Scala de Milán



La versión pertenece a una representación llevada a cabo en 2001 en el Metropolitan de New York bajo la dirección de James Levine, actualmente en entredicho, no por su incuestionable capacidad musical, sino por sus problemas de salud. El barítono español Joan Pons y Maria Guleghina interpretaron los roles protagonistas.



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El desgarro del exilio y el derecho del retorno

No tendrían sentido música y literatura si se quedaran en lo superfluo y no indagaran y penetraran en todos los aspectos de la condición humana, las fugaces alegrías, el insoportable sufrimiento  o el profundo posicionamiento ante la vida.
Estos meses pasados, una imagen nos ha herido con desgarradora fuerza, tan descomunal, que nos va a acompañar toda nuestra vida, de la misma forma que otras fueron símbolos de otros momentos y están en la memoria colectiva de toda la cultura occidental.
Un texto, salido de un dolor insondable, insomne, insoportable, acabó sacando del tremendo corazón de una maestra de niños poco mayores que el de la imagen, una poesía, casi salida de un libro de sus alumnos. Este poema Ay! el niño de la playa! ha dado la vuelta a nuestro país y una gran parte de la América de lengua hispana para convertirse en un fenómeno viral que aún sigue mezclando la imagen con las palabras para quedar por siempre unidos.
Estas palabras nos muestran el enorme y comprometido corazón de esta gran compañera del colegio, amiga, enorme persona Teresa Guerra. Gracias, Tere.




Desde distintos lugares sigue evolucionando para persistir en nuestra memoria, como en esta versión a ritmo de tango.


El siguiente texto y la música nos conectan no con la forzada salida de la tierra natal, sino con el pensamiento en el retorno, en la memoria de lo que se quedó atrás y donde se quiere volver.








El escritor israelí David Grossman nos trae este texto sobre lo que en Oriente Medio se llama El derecho del retorno.




Pocas piezas para coro del mundo de la ópera rivalizan en emotividad y popularidad con el Va pensiero, el coro de esclavos hebreos del Nabucco de Verdi. Una versión, rozando la estética arquitectónica y escultórica pasó por este blog en la entrada Entre mis mejores deseos y Va pensiero



En esta ocasión, la grabación comienza con el final del coro. El prestigioso Riccardo Muti, tantos años director musical del Teatro Alla Scala de Milán, tras unas palabras en contra de la política cultural que llevaba en Italia Berlusconi, inicia un bis de la pieza. 











Algunas muestras de que la ópera no es algo sólo para iniciados: La inusual participación de los espectadores a iniciativa del director, muy bien integrada por el realizador de la filmación que nos muestra en algunos planos a quienes asisten a la representación como participantes dentro de la escena. La intensa concentración de los integrantes del coro, que en ningún momento dejan de ser esos esclavos judíos que lamentan la lejanía y la añoranza que tienen por su patria. Finalmente, al concluir la pieza, el desgarro emocional de los cantantes. Desde el momento de su estreno, Va pensiero ha tenido y sigue teniendo un profundo significado como canto de unión, memoria y significado de la patria común.



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Entre Mis mejores deseos y Va pensiero

Dos textos de signo muy distinto nos acompañan. 
Por un lado, uno de una la poetisa Amalia Bautista, por cuyos versos transitan el amor y el desamor, los objetos y seres queridos, la tristeza de la desazón y los sueños inciertos e imprevistos.



El segundo de los textos pertenece a Nabucco, una de las primeras óperas de Giuseppe Verdi, con la que consiguió uno de los mayores entusiasmos que jamás haya demostrado el público de ópera. 
Viudo reciente, con sus dos hijos fallecidos, desanimado por el fracaso de sus primeras obras, recibió el encargo sin ningún interés del empresario de La Scala de Milán. En sus Esbozos biográficos narra cómo recibió el libreto y el encargo de Nabuccocómo el texto de Temistocle Solera se le convertía en música:
“De camino sentí una especie de desazón inexplicable, una tristeza intensa, un dolor que casi me hacía estallar el corazón. Una vez llegué a casa, lancé el manuscrito a la mesa con un movimiento brusco y me quedé ahí, delante de él, hundido en pensamientos. Al chocar con la mesa, el libro se había abierto; mis ojos fueron a parar, no sé bien cómo, a una página abierta ante mí. Y leí:  
“Va, pensiero sull'ali dorate(...)”. Sobrevolé también los siguientes versos y me quedé impresionado, sobro todo al comprobar que éstos procedían casi literalmente de la Biblia, libro que siempre leía gustoso. Leo un párrafo, leo dos. Pero entonces, con el renovado propósito de no componer más, cierro el texto y me voy a la cama. 
¡Pero Nabucco no para de darme vueltas en la cabeza! El sueño no quiere acudir, me levanto, leo el libreto no sólo una vez, sino dos, tres, muchas veces; a la mañana siguiente puedo decir que me lo sé de memoria”.
Un coro de esclavos hebreos, a orillas del Eúfrates llora su perdida libertad y su añorada patria. Se trata de uno de los coros más conocidos, todo majestuoso, del que la Italia del Risorgimiento hizo su himno de libertad y que llevó el nombre de Verdi a la inmortalidad.


En 2002 se interpretó en el Metropolitan de New York, en una versión memorable, protagonizada por María Guleghina y el español Joan Pons y al que pertenecen estas imágenes, con una enorme y admirable concentración por parte de los cantantes del coro.


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