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Los héroes de Lord Byron

Hay escritores que crean obras y personajes que representan sus vidas, sus acciones y sus ideales. Son autores que parten de una vida en constante actividad, expuesta a las vicisitudes, las aventuras de la existencia, una veces a remolque de ellas, en otras ocasiones en una búsqueda desenfrenada de las mismas.
Entre estos autores encontramos a Lord Byron, el noble inglés que vivió una vida intensa rodeada de obras literarias, experiencias intensas y escándalos que lo persiguieron continuamente.
Byron murió el 19 de abril de 1824, hace dos siglos y su obra, influencia y los detalles de su intensa y alborotada vida aún continúan en el imaginario colectivo.
Te propongo acercarte a la figura de Lord Byron cuando se cumplen 200 años de su fallecimiento el 19 de abril de 1824. Nos acompañan algunos de los personajes que creó y que lo representaban y música de Verdi, Tchaikovsky, Berlioz y Adam. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere!


George Gordon Byron nació en Londres en enero de 1788, hijo del capitán John Byron y su segunda esposa, Catherine Gordon, de familia noble aunque arruinada. Vino al mundo con el pie derecho deforme, lo que le obligó a llevar calzado ortopédico toda la vida, un hecho que intentó minimizar practicando ejercicios físicos como la natación o la carrera.
Su padre falleció en Francia cuando tenía apenas tres años, después de huir de los acreedores y abandonar a su esposa. Allí mantuvo a varias amantes y dilapidó la poca fortuna que le quedaba, dejando en la ruina a su esposa e hijo.
Vivieron con dificultades económicas hasta que el fallecimiento de su tío abuelo Lord William Byron, quinto barón Byron of Rochdale le hizo heredar el título y sus posesiones, entre ellas la abadía de Newstead en el bosque de Sherwood
Su protectora madre apenas se preocupó por su educación formal, mientras tenían una relación de amor y odio en que igual llamaba al joven «cojo bribón» o «pequeño diablo», mientras él trataba a su madre como la «viuda» o la «vieja». Aún así, el escritor siempre manifestó que su madre fue quien mejor le entendió. Cuando fue enviado al colegio, según su nuevo estatus llamaba continuamente la atención tanto por su indisciplina como por una inteligencia despierta, hasta el punto que con quince años se negó a volver al colegio.
A regañadientes ingresó en el Trinity College de Cambridge donde más que tomarse en serio los estudios, tuvo una vida alegre y disipada, estableciendo amistades intensas y duraderas. Como no estaba permitido tener perros o gatos domésticos, logró que admitieran un oso amaestrado como compañía. Allí comenzó a publicar poemas, muchos de ellos satíricos, que no encajan bien en su entorno. De esta época es su primera obra publicada, Hours of Idleness (Horas de ocio) de 1807.
En 1809 entró a formar parte de la Cámara de los Lores, mientras volvía a llevar una vida desenfadada hasta que decide emprender un viaje a Grecia.

Byron terminó de escribir El Corsario a mitad de enero de 1814 mientras estaba en casa de su hermanastra Augusta Leigh y en febrero había vendido más de 25.000 ejemplares. El éxito de público se debió a que veían en el héroe al propio Byron, además de sus propios sueños y emociones.
Este corsario y otros personajes románticos como El pirata de Walter Scott o La canción del pirata de Espronceda aparecen como seres marginados, oscuros, rebeldes y misteriosos que muestran sus emociones. Conrado es Byron, un ser solitario, de pasado oscuro, introvertido y distante con todos que muestra una existencia vacía, salvo el amor que tiene por Medora. Al leer el poema, sólo los lectores y ella conocen sus sentimientos sobre el amor y el honor, pese a su oscuro pasado.
El texto que nos acompaña, perteneciente al Canto XIV de la primera parte de la obra muestra la sensibilidad del sexto Lord Byron.


Emprendió el viaje a Grecia evitando los territorios del dominio francés acompañado de su paje John Rushton -con quien mantenía una relación sentimental- y su secretario Fletcher. Pasaron por Portugal y España -donde llegó a escribir el poema La chica de Cádiz, sobre la belleza de las españolas, para pasar por mar a Malta y después a Albania. De allí llegó a Grecia, atravesando a nado el Helesponto y llegando a Constantinopla, donde comenzó a escribir una de sus obras más populares, La peregrinación de Childe Harold.
Regresó a Inglaterra donde se inmiscuyó en la política de la mano de los liberales. Poco a poco va haciéndose famoso por sus publicaciones en las que el público ve a un joven Lord, de aspecto apolíneo, con un genio inquieto y anhelante de vivir su existencia intensa y ávidamente.
Es el tiempo en que en Alemania nace el Romanticismo de la mano de Schlégel y Novalis, un movimiento que miraba a la sociedad de la Edad Media, unos tiempos felices según ellos, que parten de la herencia latina enriquecida con las lenguas romances -de aquí el nombre- a los que añaden los elementos propios de su cultura germánica. 
Aunque Byron no se acomoda a esta etiqueta de romántico, sí lo hace al ideal del caballero que busca los ideales de la belleza, el amor o la justicia.

Robert B. McGregor, ilustración para El Corsario
El éxito de El Corsario llevó a Giuseppe Verdi a componer una ópera basada en el texto de Byron. Pero Il Corsaro acabó convirtiéndose en el mayor fracaso en la carrera del compositor italiano. Estrenada en el Teatro Grande de Trieste el 25 de octubre de 1848, la obra sólo estuvo tres días en cartel, pese a que los cantantes que la llevaron a escena eran los predilectos del autor en aquel momento.
Aún así, la ópera tiene un libreto condensado en el que el público percibe los acontecimientos que se desarrollan en distintos escenarios como si estuvieran cercanos. Verdi, consciente del valor de su obra llegó a decir: «Se debe ver Il Corsaro en perspectiva. Es una ópera de transición en la que hay ideas que más tarde desarrollaría en otras óperas.»
El argumento recoge lo principal de la obra de Byron, mostrando una ópera que es en cierto modo una de las últimas belcantistas para iniciar el periodo en que Verdi desarrolla plenamente su estilo.
El enlace que nos acompaña muestra la segunda parte de la primera escena de la ópera con Ah! Si, ben ditte, seguida del aria de Corrado Tutto parea sorridere.


La interpretación corre a cargo del tenor José Simerilla Romero como Corrado y Frank de Vincentis como Giovanni en una producción del Opera Festival Chicago en una representación que se llevó a cabo el 22 de julio de 2022. 


Persistente en su obra literaria, también era un asiduo escritor en sus diarios en los que reflejó sus pensamientos y sentimientos. Antes de darles esta continuidad, un texto escrito a bordo de la fragata Volage nos desvela estos pensamientos escritos el 22 de mayo de 1811 al regresar a su país tras su peregrinaje por el Mediterráneo oriental:

     1º. A los veintitrés lo mejor de la vida ha pasado y sus amarguras se recrudecen.
     2º. He visto a la humanidad en diferentes países y en todos ellos la encuentro igual de despreciable, en todo caso la balanza se inclina a favor de los turcos. 
     3º. Estoy asqueado.
En cuanto a mí, ni mujer...
ni esperanza crédula de un corazón que me corresponda,
ni muchacho, me agradan (cita de Horacio, Odas, IV, I)
    4º. Un hombre cojo de una pierna se encuentra en un estado de inferioridad corporal que crece con el tiempo y tendrá que hacer su vejez más desagradable e insoportable. En cualquier caso, en otra existencia espero tener dos o cuatro piernas para compensar.
     5º. Me estoy volviendo cada vez más egoísta y misántropo, algo así como «nadie me importa, no a mí, y a nadie le importo yo».
     6º. Mis asuntos en casa y en el extranjero son lo bastante deprimentes.
     7º. He saciado todos mis apetitos y muchas de mis vanidades, ay, incluso la vanidad de ser escritor.

Otra de las grandes obras de Byron es Manfred, un poema dramático que el autor calificó como drama metafísico y que escribió entre 1816 y 1817 tras el fracaso de su matrimonio con Annabella Millbanke que concluyó con un escándalo de acusaciones y un romance con su hermanastra Augusta Leigh que le obligaron a huir a Suiza.
También Manfred es también un alter ego de Byron, un ser diferente a los demás, desengañado por la inutilidad del conocimiento y atormentado por la culpabilidad, que se desarrolla en un entorno situado en un castillo en las elevadas cumbres montañosas, lejos de cualquier aspiración mundana. El previsible desenlace trágico romántico se cambia cuando un cazador lo salva cuando va a arrojarse por un precipicio y nos muestra en la siguiente escena los encantos de una vida sencilla en la cabaña del cazador.

Ilustración de Lord Byron durante su estancia en Cambridge
Manfred ha sido llevado al pentagrama en varias ocasiones. La primera de ellas por Robert Schumann en 1852 con el título de Manfred: Poema dramático con música en tres partes. Una segunda, quizás la más conocida es la Sinfonía Manfred en si menor, Op. 58 de Tchaikovsky, una obra sinfónica sin numerar, escrita entre la cuarta y quinta sinfonía del compositor ruso, que algunos intérpretes consideran su mejor obra.
Nos acompaña el Primer movimiento, catalogado como Lento lúgubre de la Sinfonía Manfred de Tchaikovsky con la Nederlands Philharmonisch Orkest dirigida por Marc Albrecht en una interpretación que se grabó en el Concertgebouw de Amsterdam el 17 de octubre de 2016. Puedes oírla mientras lees el texto del poema dramático e Byron.


El texto nos muestra la escena II del poema dramático en la que Manfred invoca a la Encantadora de los Alpes y el monólogo que sigue a la conversación entre ambos, en la que Byron muestra ese espíritu indómito, extraño y romántico.


Thomas Phillips, Lord Byron con vestido albanés (1813)

Byron fue un personaje extremo en su actitud hacia la vida. A su imagen de héroe sexual, al que inició su institutriz con nueve años y que mantuvo durante su agitada vida, hay que añadirle su ineludible pasión por la libertad y su perfil literario de inconformista y reflexivo.
Su figura y sus obras, en tanto que lord y escritor, escandalizaron y admiraron a la sociedad inglesa y, más adelante, a la europea por la fascinación romántica que generaba su vida, la ironía de algunos de sus textos y cómo en ellos reflejaba su existencia.
Más adelante volvió al exilio voluntario. Tras su primer viaje, Bruselas y Suiza acogieron sus viajes en los que intentaba olvidar a su ex-mujer Annabella Milbanke, a su medio hermana Augusta -con quien se dice que tuvo uno de sus hijos, y no de su esposo- o uno de sus amores, Caroline Lamb que hablaba de él como «mad, bad and dangerous to know» (malo, loco y peligroso de conocer).
Poco a poco su obra se torna más reflexiva, vitalista y madura, alejándose del fresco fulgor de sus primeros poemas.
En Suiza se produjo un encuentro de los más citados en la historia de la literatura del siglo XIX entre Byron, el médico John Polidori, el poeta Percy Shelley y su amante Mary Wollstonecraft, más adelante Shelley, donde surgieron obras como Frankenstein y del que se trató en el blog en 1816: El año sin verano.

Además de la ópera Il Corsaro de Verdi, hay una versión de este poema de Byron que fue llevado a los escenarios en su versión para ballet. Se trata de Le Corsaire, una obra en tres actos, cinco cuadros y un epílogo con libreto de Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges con coreografía de Joseph Mazilier y música de Adolphe Adam que fue estrenado en 1856 en la Ópera de París.
Dos años más tarde, Marius Petipa y Jules Perrot renovaron la coreografía para su estreno en el Teatro Bolshói de Moscú, siendo esta versión la más representada.
Le Corsaire es un ballet que refleja la historia del grupo de piratas capitaneado por Conrad repleto de escenas cargadas de acción y emoción que muestran desde las luchas en los barcos hasta la danza de las esclavas, mostrando la pasión que une al protagonista y Medora con una música que evoca esa mezcla de aventura y romance.
El enlace nos muestra una escena del ballet con Ethan Stiefel como Conrad, Julie Kent como Medora y Ángel Corella como Alí en una producción del American Ballet Theater puesta en escena en Nueva York en 1999.


Byron gozó una gran popularidad en su vida, más que otros poetas contemporáneos como Wordsworth, Keats o Shelley, hasta el punto que otros poetas como de Musset, Heine, Leopardi o Espronceda, entre otros, quisieron seguir sus pasos. 
Pero esa fama también provenía de su opción por la acción frente a la escritura: «Un hombre debe hacer algo más por la humanidad que escribir versos.» Así, se involucró en luchas en las que creía profundamente, como la independencia de Grecia, a la que se sumó desde sus escritos y con su involucración en la misma, lo que le llevó a su prematura muerte con treinta y seis años. 
George Gordon Byron se unió a la lucha de un país al que consideraba un honor el mero hecho de haberlo visitado, igual que antes hizo lo propio al luchar por la liberación de Italia. Pese a sus simpatías por los turcos, optó por estar al lado de los helenos.
Tras unas fiebres a las que tres médicos no fueron capaces de curar con las sangrías y sanguijuelas que le recetaron, falleció desangrado en la ciudad griega de Missolonghi el 19 de abril de 1824.
Su muerte provocó una gran conmoción en la nación griega, hasta el punto de abandonar las celebraciones de la Pascua, pendientes de las noticias de la evolución del paciente. Una gran tormenta -no podía haber un elemento más romántico- acompañó su fallecimiento. Ese mismo día, el jefe del gobierno provisional de Grecia Occidental firmó un edicto en el que recordaba a Lord Byron como un gran benefactor y ordenaba que las oficinas públicas, los tribunales y las tiendas cerraran duran tres días en señal de duelo, suspendía las manifestaciones de diversión pública y las festividades de Pascua. Tras disparar treinta y siete salvas de cañón, se abrió un periodo de veintiún días de luto nacional. Durante años se recordó en canciones, poemas, calles y plazas su figura y en la iglesia de San Spiridone de Missolonghi se han conservado hasta hace poco reliquias, versos originales y hasta un jarro de cristal con los pulmones del escritor inglés.  

Joseph Dionysius Odevaere, Lord Byron en su lecho de muerte(1826), Groeningemuseum, Brugge, Bélgica
En cierto modo el primer gran éxito de Byron fue Childe Harold’s pilgrimage (La peregrinación de Childe Harold), un extenso poema narrativo dividido en cuatro cantos que comenzó a publicar en 1812 y lo concluyó de hacer en 1818, aunque inició una quinta parte que quedó inconclusa. 
El término Childe hacía referencia en la Edad Media en Inglaterra a los jóvenes aspirantes a caballero. Así, esta obra se presenta como una suerte de autoficción en la que el protagonista es más el propio Byron que nunca y que supuso el inicio de su controvertida leyenda. Esta épica obra romántica narra los viajes y las reflexiones que el desencantado y desilusionado protagonista realiza por distintos países. Los cantos primero y segundo narran su caminar por Portugal, España, Albania y Grecia, el tercero lo sitúa en Bélgica, la víspera de la batalla de Waterloo, Renania y los Alpes suizos, mientras el cuarto canto narra las vicisitudes y emociones que experimenta en un viaje de Venecia a Roma. En esta obra, el protagonista es más el alter ego de Byron que en ninguna otra de sus obras.
El texto que sigue a continuación pertenece al cuarto canto y nos muestra sus reflexiones al deambular desde los Alpes hasta que se acerca a la tumba de Petrarca.


Así, pese a su ajetreada vida, su capacidad para tomar decisiones trascendentales, en ocasiones altivo, en otras irónico, la figura de Byron, más que al periodo medieval al que miraba el romanticismo, semeja un ser de la mitología griega, un gigante marcado por el pathos trágico, pero trufado de exageración, altanería y sarcasmo. Cuando escribe, es simultáneamente el escritor y el protagonista, un héroe que se vuelve melancólico y escéptico.
En el paso entre el clasicismo y el romanticismo, Byron aportó a las letras inglesas, y también a las europeas, una forma de expresar la agitación interna de la personalidad que preconizará el romanticismo. Así, leer a Byron hoy en día supone acostumbrarse a los extremismos y lo original que son de tipo estilístico, satírico, erótico o épico, moviéndose entre los escenarios orientales y exóticos y la sociedad inglesa, entre la farsa y la ironía y la melancolía y la desesperación.

Ilustración de Percival Skelton para La peregrinación de Childe Harold
El famoso virtuoso violinista Nicolò Paganini poseía una viola Stradivarius y deseaba darla a conocer al público, por lo que pidió a Hector Berlioz que le compusiera un concierto en el que mostrar su habilidad con este instrumento. 
Berlioz aceptó, componiendo una obra a medias entre el concierto para viola y orquesta y la sinfonía basándose en La peregrinación de Childe Harold. Los cuatro movimientos eran lo suficientemente descriptivos: Harold en las montañas. Escenas de melancolía, de felicidad y de alegría era el título el primero; Marcha de peregrinos que cantan la plegaria de la tarde, el segundo; el tercero se denominaba Serenata de un montañés de los abruzzos para su amada, mientras que el último lo describió y tituló como Orgía de bandidos. Recuerdos de las escenas precedentes.
Pese a haber utilizado su idée fixe o leit motiv como en la Sinfonía fantástica, a Paganini no le gustó el resultado, ya que la viola no tenía el papel predominante que él deseaba. Aún así, en su estreno en 1837 tuvo un gran éxito que se fue diluyendo con el paso del tiempo.
Finaliza esta publicación sobre George Gordon, sexto Barón de Byron y los héroes en los que él mismo se representó, con un extracto de Harold en Italia de Berlioz en una grabación de octubre de 2018 con la Orchestre Revolutionnaire et Romantique dirigida por Sir John Eliot Gardiner.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Todo comenzó con un sueño

La inspiración y la creatividad no tienen límites. Muchas obras de arte de todo tipo han surgido inspiradas por multitud de motivos: Un suceso o un acontecimiento histórico, un viaje, la naturaleza, experiencias propias o ajenas e incluso la contemplación de una obra de arte, pueden servir como fuentes de inspiración para la creación de nuevas obras.
A esta inspiración le suele seguir un trabajo arduo y duro que desarrolla esa idea inicial, basado en el conocimiento de técnicas o métodos relacionados con la disciplina artística de la que se trate. Sin ese trabajo y ese conocimiento del oficio es difícil desarrollar las obras o, al menos, realizarlas siguiendo unas pautas para su desarrollo. Otro tema es romper esas guías establecidas para abrir nuevos caminos a la creación.
Quizás los sueños sean una de las más antiguas manifestaciones relacionadas con la literatura. La realidad nos ofrece diversos puntos de vista, pero los sueños nos acercan de una forma más visceral y enigmática, asociada a nuestro subconsciente, a nuestros sentimientos, miedos y deseos.
En su prólogo a Libro de sueños, Jorge Luis Borges asocia y relaciona los sueños con la noche y, en cierto modo, la creación con el día. De la penumbra de la oscuridad asciende la obra a la luz del día. «El arte de la noche ha ido penetrando en el arte del día».
Podemos afirmar que son cientos las obras que han sido inspiradas por un sueño a lo largo del tiempo. Bien porque quien las creó simplemente las soñó; bien porque su subconsciente las fue madurando hasta hacerlas aflorar, o bien porque un trauma, una emergencia o una necesidad creativa las hizo salir a la luz a través de un sueño.
En esta publicación nos centraremos en algunas obras que surgieron gracias a un sueño que tuvieron sus autores. No nos centraremos en las obras en sí mismas, sino en cómo los propios autores o quienes los conocieron hablaron de las manera en las que surgieron en un sueño que les sirvió de inspiración.
Te propongo acercarte a algunas de las muchas obras que surgieron gracias a un sueño. Nos acompañan obras de Robert L. Stevenson, Coleridge, Mary Shelley, Stravinsky y Héctor Berlioz. Si te gusta...¡Comparte comenta, sugiere!


«La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando» es una frase que se atribuye a Picasso. Todo ese trabajo posterior al momento en que se tiene una idea es fundamental, pero en esta publicación nos centraremos en ese momento en que se produce la inspiración dictada por un sueño.
Publicada en 1886, The strange case of Dr. Jekyll and Mr, Hyde (El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde) fue el libro de Robert Louis Stevenson con el que consiguió alcanzar el éxito entre el público general, tras sus primeros triunfos obtenidos entre el público más joven varios años antes con La isla del tesoro.
Durante gran parte de su vida Stevenson estuvo interesado en temas relacionados con el subconsciente y con la dualidad o la existencia de dos caracteres diferentes dentro de una misma personalidad. Según su esposa, fue un artículo que leyó en una revista francesa lo que le había impresionado por aquella fecha y sirvió de motivación para buscar el tema para su novela. El sueño sirvió como desencadenante.




En El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, con traducción y prólogo de Juan Antonio Molina Foix, éste dedica parte del mismo a relatar cómo fue el sueño y el trabajo posterior a partir de palabras del propio escritor, su esposa Fanny y algunos allegados.
La pesadilla de la que lo despertó ésta, el escrito que realizó de forma inmediata, su destrucción, así como la nueva redacción que realizó más adelante son narrados en el prólogo de esta edición.


La obra que sirvió para consagrar la figura de Igor Stravinsky como uno de los grandes transgresores y genios musicales del siglo XX fue La sacré du printemps (La consagración de la primavera), una obra que supuso uno de los grandes escándalos de la música de comienzos del pasado siglo en su estreno en París el 29 de mayo de 1913.
Cuando se estrenó La Consagración Stravinsky ya había triunfado en el mundo occidental gracias a los Ballets Rusos de Serguéi Diágilev con obras como El pájaro de fuego o Petrushka.
Este ballet surgió también de un sueño al que el compositor ruso supo darle la entidad a partir de sus ideas y la utilización totalmente transgresora de aspectos como el ritmo, la melodía y su superposición en armonías que se apartan de las tonalidades clásicas utilizadas hasta entonces y una orquestación totalmente inusual. 
En el artículo Stravinsky y Carpentier: «La consagración de la primavera», Paco Tovar analiza las obras homónimas de ambos autores, centrándonos en el extracto que nos acompaña en el sueño que originó la obra musical durante la estancia de Stravinsky en San Petersburgo, la búsqueda de la complicidad del polifacético pintor Nikolái Roerich -quien sería el autor de los decorados para el estreno del ballet-, además de centrarnos en el sacrificio de la segunda parte de la obra que comienza con el baile de las muchachas con las indicaciones de tempo que se incluyen en la partitura.


La consagración de la primavera se divide en dos partes: En la primera, titulada Adoración de la tierra, Stravinsky presenta tras la introducción con el fagot en falsete y las melodías que se entretejen a modo de vegetación en una disonancia cada vez más acentuada, la danza de las adolescentes (Augurios primaverales) a la que siguen el juego del rapto, las rondas primaverales, el juego entre las tribus rivales y el cortejo del sabio, para finalizar con la adoración y la danza de la tierra.


Es en la segunda parte, El sacrificio, donde tuvo el sueño Stravinsky. Tras una introducción se suceden diversas secciones: los círculos misteriosos de las adolescentes, la glorificación de la elegida, una evocación a los antepasados, para llegar al clímax con la acción ritual de los antepasados y la danza sagrada que baila la elegida hasta la extenuación en un rito tan ancestral como salvaje.
El enlace nos muestra una recreación de la coreografía original de Nijinsky que se estrenó en mayo de 1913 en el Théâtre des Champs Elysées realizada por el Joffrey Ballet.


Muchas son las obras que han sido inspiradas por un sueño como Los mitos de Cthulhu de H. P. Lovecraft, el cuento Ragnarök de Borges que incluye en su recopilación de relatos Libro de sueños, Casa tomada de Cortázar o algunas obras de Edgar Allan Poe como Un sueño dentro de un sueño o El país de los sueños.
Mucho menos conocido que Stevenson, una de las obras de Samuel Taylor Coleridge también participa de su nacimiento dentro de un sueño.
Coleridge (1772-1834), uno de las voces más intensas y breves del primer romanticismo inglés, muestra en su obra las tensiones éticas y filosóficas del finales del XVIII.


Autor de poemas cargados de una musicalidad particular, entre sus obras destaca Lyrical Balads (Baladas líricas) entre las que se encuentra su poema más representativo, Balada del viejo marinero.
Kubla Khan es un poema inconcluso comenzado en 1798 a raíz de un sueño y que se ambienta en un oriente lejano cargado de ritos mágicos y el palacio de Xanadu del emperador de China.
El propio Coleridge lo narra, con un lenguaje enrevesado que no muestra en ocasiones si habla de sí mismo o de una tercera persona lo vívido e intenso que fue el sueño y las consecuencias que le produjeron al despertarse y ponerse a trabajar.


Hay un momento en el sueño, especialmente cuando este es intenso y vívido en que se diluye la sensación de si se está ante un sueño o la realidad. 
Estos términos los reflejó con una imagen casi filosófica y muy especial el filósofo taoísta Chuang Tzu en el siglo V antes de nuestra era.


Esos sueños o ensoñaciones vienen también reflejados en obras musicales como la Sinfonía fantástica de Héctor Berlioz.
Subtitulada Episodio de la vida de un artista (Op.14), la Sinfonía fantástica está considerada la primera obra de música programática cuyos cinco movimientos -algo inusual en la época, ya que solían tener cuatro- tienen títulos explícitamente descriptivos: Sueños y pasiones, Un baile, Escena en el campo, Marcha al suplicio y Sueño de una noche de aquelarre.
La sinfonía se estrenó en el Conservatorio de París en diciembre de 1830 con una orquesta contratada por el propio autor. Para su composición se basó en las obras literarias de Chateaubriand, especialmente en René, una obra autobiográfica que describe a un artista enamorado como el propio Berlioz. También se basó en su historia personal con la actriz inglesa Harriet Smithson de quien se había enamorado de forma compulsiva en un amor no correspondido.


Aunque no se trata estrictamente de una obra basada en un sueño, el juego en el que el protagonista sueña con su enamorada y cómo este amor se va transformando con el paso del tiempo hasta concluir en un aquelarre en la noche de San Juan participa de esta mirada a los sueños como fuentes de inspiración que nos acompañan en esta publicación.
El texto que viene a continuación está extraído de la página web de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil) y recoge, en un primer momento, las palabras con que el propio compositor se refiere al propósito de su obra y, en un segundo momento describe el momento en que el protagonista sueña en el último movimiento (Sueño de una noche o sábado de aquelarre con brujas) en cómo su apasionado y romántico amor se ha ido transformando hasta encontrarse en la situación en que se haya.
 

La interpretación de este quinto y último movimiento de la Sinfonía Fantástica de Berlioz es una versión que podemos considerar histórica con un ya maduro pero siempre eficaz Leonard Bernstein dirigiendo a la Orchestre National de France en una grabación en directo que se realizó en París en 1976.


El último de los sueños inspiradores que nos acompaña es quizás el más famoso y conocido de todos.
Frankenstein o el moderno Prometeo marcó un hito y un nuevo rumbo dentro del relato de terror y la ciencia ficción, además de crear un personaje y un mito reconocible en la cultura occidental. Escrita como un reto entre un grupo de amigos en la casa Villa Diodati en Suiza de la que tratamos en 1816, el año sin verano. Allí, con la compañía de su pareja Percy Shelley, con quien se había fugado, Lord Byron y el médico de este, Polidori, Mary Shelley contribuyó más que nadie a su parte del reto, con tan solo 18 años la que sería su obra más conocida.
En este caso es la propia autora la que escribió en el prólogo de la edición de 1831 la génesis de su aterrador relato.



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Bibliografía y webgrafía consultadas:

El espectro de la rosa

Las noches de estío - Les nuits d'eté

La inspiración, una idea, una metáfora, lo que nos sugiere una flor, un baile, un recuerdo, una noche de verano... Todo nos evoca y hace emerger nuestros sentimientos más profundos.
Hay ocasiones en que una obra literaria, o de cualquier tipo, recorre un camino más amplio del que se le imaginaba, avanza hacia un lugar, tiene una inesperada respuesta por otro, confluye en determinados momentos, pasa del libro al pentagrama, de la voz al ballet. Es el caso de la obra que nos acompaña: El espectro de la rosa.
Te sugiero un paseo alrededor de dos ideas que nacieron de artes y autores distintos, tienen un punto en común, se unen y toman de nuevo caminos diversos. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Carl Maria von Weber es uno de esos compositores que vivió una vida breve. Nacido en 1786, murió antes de cumplir los cuarenta años. Autor romántico, quizás su obra más conocida sea Der Freischütz (El cazador furtivo), una ópera estrenada en 1820 que allanaba el camino a la obra de Wagner, al reafirmar la ópera cantada en alemán, que se inició con algunos singspiel de Mozart como La flauta mágica, frente a las predominantes en italiano. Como curiosidad, Weber era primo de Constanze, la esposa de Mozart.
Weber tomó la dirección de la Ópera de Praga en 1813 y años más tarde se le encomendó la de la Ópera de Dresde para que fuera abriendo el camino a la ópera en alemán, que culminaría con el estreno en Berlín de la citada El cazador furtivo.
En 1819 compuso una obra para piano a cuatro manos, Aufforderung zum Tanz (Invitación a la danza), su Opus 65, una obra en ritmo de vals de 3/4, que es considerada la primera obra de vals de concierto en el sentido de que no está compuesta para ser bailada, sino escuchada.
Se trata de una historia programática en la que un joven invita a bailar el vals a una muchacha, esta acepta, ambos danzan por el salón y se despiden para no volverse a ver.
La versión de esta obra, en esta ocasión interpretada para pianos a 8 manos, pertenece a una actuación que se llevó a cabo en el Christmas Concert (Concierto de Navidad) celebrado en Seul en el IBK Chamber Hall en diciembre de 2013 con la interpretación de Hye Seung Lee, Jo-Hye Lee, Hyun Joo Kim y Jiyeon Sung.


El siglo XIX es realmente fecundo para las letras francesas. Autores como Victor Hugo, Alejandro Dumas, los hermanos Goncourt, Gautier, Mérimée, Balzac, Zola o Stendhal dan muestra de la vitalidad, la importancia, la fuerza y la influencia de la literatura del país galo, en un período de comienza con el romanticismo y avanza hacia el parnasianismo, los poetas malditos, el simbolismo o un realismo que acabó desembocando en el naturalismo. 
En pleno romanticismo comenzó su andadura literaria Théophile Gautier, un poeta, novelista, autor dramático, crítico literario y un influyente artista de la vida literaria parisina que vivió entre 1811 y 1872, conoció y se relacionó con la mayoría de los autores citados. Poco a poco fue alejándose de los postulados románticos para incorporarse a las ideas de l'art pour l'art (el arte por el arte) en que promovía el culto exclusivo de la belleza, la negación de la intencionalidad política o moral del arte y la independencia del autor reflejados en obras como Albertus o Esmaltes y camafeos. De sus novelas podemos destacar Mademoiselle de Maupin, una obra en la que expresa su filosofía del hedonismo, además de ser un reconocido autor de narraciones cortas tanto de carácter francés como de ambiente exótico, además de libros de viaje por distintos lugares (Viaje a España, Viaje a Rusia o Venecia).
En 1838 publica La comedie de la mort (La comedia de la muerte), una antología de poemas ente los que se encuentra el que protagoniza esta entrada: Le spectre de la rose.
La rosa aparece en él como símbolo a la vez del amor ardiente y de la muerte representados por su flor y sus espinas, por su aroma y la delicadeza y fragilidad de sus pétalos. 



En 1841 Hector Berlioz aprovechó este y otros poemas de Gautier para componer su ciclo Les nuits d'eté (Las noches de verano), una obra que rememora el título de su admirada obra de Shakespeare El sueño de una noche de verano. Berlioz toma seis poemas del escritor para ponerles música: Villanelle, Le spectre de la rose, Sur les lagunes, Absence, Au cimentière y L'île inconnue. Inicialmente fue compuesta para piano y voz de mezzosoprano o tenor. 
En esta ocasión, la versión está interpretada por L'Oiseleur des Longchamps formado por Patrick Loiseleur como arreglista y cantante, Aya Okuyama al piano, Hugues Borsarello al violín y Pejman Memarzadeh al chelo, en una grabación que se realizó en el Estudio 105 de Radio France en mayo de 2011.


Hector Berlioz realizó en 1841 una orquestación de Invitación a la danza para incluirla en el intermedio de una representación de El cazador furtivo de Weber. Esta versión orquestal comienza con una especie de llamada del violonchelo y los instrumentos de viento para que comience el baile, al que suceden una serie de pequeños valses que se vuelven a oír, hasta finalizar con la repetición de la introducción con los mismos instrumentos.



Rosas en un vaso. Pierre-Auguste Renoir (1910)
Con la inspiración en Invitación a la danza y Le spectre de la rose, y a partir de una idea del poeta Jean-Louis Vaudoyer, Les ballets ruses de Diaghilev estrenaron en abril de 1911 en el Théâtre de Montecarlo El espectro de la rosa, a partir de una coreografía de Mijail Fokine y con la interpretación de Vaslav Nijinsky como el espectro de la rosa y Tamara Karsávina en el rol de la joven.
El argumento presenta a una joven que regresa a su habitación tras un baile con una rosa en la mano y queda dormida recordando los momentos felices de la velada. Por la ventana entra el Espectro de la rosa que emprende un baile a su alrededor, llevándola consigo en sus vertiginosa danza hasta dejarla en su sillón y desaparecer de nuevo. Al despertarse la joven con la rosa en la mano, se acerca, evocadora, a la ventana.
Este ballet está asociado a la memoria de Nijinsky, a su virtuosismo como intérprete, y ha sido rescatado en diversas ocasiones por Nureyev o Baryshnikov
El enlace muestra una interpretación dirigida por Vladimir Skpvakov y bailarines de los Ballets Russes.


No está claro la intención ni las ideas que Berlioz tenía cuando musicó estos poemas de Gautier, ni hay algo tan frecuente en la época como la correspondencia entre ambos. Quizás el hecho de que ambos vivieran en el mismo barrio, fueran críticos musicales y, sobre todo, se vieran y hablaran con frecuencia, sea el motivo de la falta de documentación escrita sobre esta obra. 
Es posible que el título Les nuits d'eté no fuera más que un pretexto para que estos poemas estuvieran juntos, pues ni tienen una intención de formar un todo, ni se interpretaron juntos. Aún así, forman un ciclo equilibrado al tratar del amor y del deseo, se mueven entre sentimientos de pérdida y culpabilidad, frívola galantería y pasión frenética, dando un conjunto con un aire sentimental.
Tras el estreno, Berlioz orquestó Absence y, tras su éxito decidió orquestar el resto de los poemas, aunque no fue has quince años más tarde que lo finalizó. Cada uno de los poemas orquestado fue dedicado en su tiempo a una cantante diferente, la mayoría alemanas, ya que en ese país tenían más eco las composiciones de Berlioz.


Rosas en un vaso de cristal. Jean-Baptiste-Camille Corot (1874)
Una rosa ha muerto y su espíritu adorna el vestido de una muchacha que asiste a su primer baile. La flauta y el clarinete nos introducen en una pesada y fragante atmósfera. Berlioz escribe una melodía sensual, en que las arpas representan la sutil fragancia de la rosa mientras en la frase J'arrive du Paradis, la rosa se resigna a su destino.
Terminamos esta visita a El espectro de la rosa en sus distintas versiones con la delicada y emocionante interpretación de la mezzosoprano sueca Anne Sophie von Otter.


Que tengas y goces de unas buenas noches de estío.

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Bibliografía consultada: