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El lenguaje de las campanas

Es cosa que maravilla ver cómo se ha hallado un medio seguro de producir en un mismo instante, merced a un golpe de martillo, un mismo sentimiento en mil corazones diferentes, obligando a los vientos y a las nubes a hacerse intérpretes de los pensamientos humanos.
Chateaubriand, De las campanas

Las campanas nos han acompañado desde hace milenios con su sonido vibrante y potente capaz de comunicar y transmitir mensajes a multitud de personas de forma simultánea.
Humildes y cercanas en la antigüedad, tomaron importancia y protagonismo desde el medievo hasta quedar eclipsadas en nuestra ruidosa y poliédrica sociedad actual.
Las campanas se han utilizado para comunicar, con un lenguaje propio, una serie de mensajes desde los religiosos a los meramente civiles acompañándonos a lo largo de nuestra vida en diversos acontecimientos y situaciones.
Te propongo un paseo entre campanas que nos acercan a distintos momentos de nuestra vida con obras de Edgar Allan Poe y Rachmaninoff. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Campanario de la parroquia de San Juan Bautista, La Palma del Condado

Hijo de unos cómicos ambulantes, Edgar Allan Poe nació en Boston en 1809 quedando huérfano a los dos años y siendo adoptado por John Allan de quien tomó su segundo nombre, un rico terrateniente de Richmond que lo educó entre Estados Unidos e Inglaterra. Tras ser expulsado de la universidad de Virginia por su afición al juego, regresó a su ciudad natal, donde llegó a publicar su primer poemario, Tamerlán. Tras un fugaz paso por el ejército, Poe se centró en su carrera literaria mientras trabajaba como periodista y crítico literario, alternando su obra poética como El Aaraaf o El cuervo y otros poemas, con cuentos y novelas, como sus Narraciones extraordinarias o Las aventuras de Arthur Gordon Pym.
Reconocido como uno de los grandes autores del relato corto, Poe renovó la novela gótica, inventó el relato de misterio y detectives y se adentró en el género de la ciencia-ficción que comenzaba a ponerse de moda. Con su incursión en todos estos géneros logró ser el primer escritor de su país en vivir de su labor literaria, lo que tuvo para él, por su poca estabilidad emocional y económica, consecuencias lamentables. Pese a sus solo cuarenta años de vida, Poe ha pasado a la historia de la literatura como uno de los más originales y prodigiosos creadores de mundos y estilos literarios.
Nos acompaña uno de sus poemas, The bells (Las campanas) que dedica a estos instrumentos como alegoría de la vida, pasando en sus diversos poemas por distintos metales según sus significados, desde las campanas de oro, a las de plata, para continuar con las de bronce y terminar con las de hierro.
El primero de los poemas no nos acerca, como podríamos suponer, al repiqueteo desde una torre, sino al alegre e infantil acompañamiento de las pequeñas campanas de los trineos, símbolo del nacimiento y la infancia, en una traducción de Carlos Arturo Torres.


Muchas composiciones nos acercan a las campanas desde distintos estilos, autores y épocas, tanto desde su protagonismo como simple acompañamiento que denota desde la más jubilosa alegría a la más desolada tristeza.
Sergéi Vasilievich Rachmaninov, uno entre los grandes intérpretes de piano, compositores y directores de orquesta rusos y uno de los últimos representantes del posromanticismo musical también se sintió atraído por este tema y el poema de Poe. En 1913 compuso su Sinfonía Coral Колокола (Las campanas), Op. 35 para orquesta, coro y voces solistas.
Basado en una traducción libre al ruso del texto inglés por el poeta simbolista Konstantin Dmitrievich Balmont, Rachmaninoff crea una composición dividida en cuatro movimientos, según los parámetros clásicos de las sinfonías, con evidentes similitudes a la obra de su admirado mentor Peter Ilich Tchaikovsky, alterando el último movimiento como este hizo en su Sinfonía nº 6, Patética, introduciendo en diversos momentos el canto del Dies Irae y logrando trasladar el texto original inglés y creando un sonido que fascina y lleva a un contexto eminentemente ruso.
Nos acompaña el primer movimiento de Las campanas catalogado como Allegro ma non troppo, un movimiento que cuenta con la participación del coro y la voz de tenor para referirse al primero de los poemas de Poe. El ritmo animado de la orquesta junto con el tintineo de las campanillas nos sugieren el deslizar del trineo. En la parte central del movimiento tenor y coro entonan una melodía inspirada en el folclore ruso que se eleva hacia un clímax cargado de euforia para terminar con una breve coda a cargo de la orquesta.


La Russian National Orchestra con el Moscow State Chamber Choir y el tenor Sergei Larin, todos ellos dirigidos por Mikhail Pletnev interpretan este primer movimiento de la Sinfonía Coral Las campanas de Sergei Rachmaninov en una grabación de la Deutsch Grammophon de 2001.


En Las campanas Poe realiza un recorrido alegórico por distintas etapas de la vida, desde las alegres campanas de plata del primer poema que representan el nacimiento y la infancia hasta finalizar con el lúgubre y doliente doblar a duelo por el entierro, configurando un panorama que se va volviendo más inquietante, temeroso y oscuro conforme se avanza desde la infancia a la vejez y la muerte.
Este poema gótico fue  escrito en 1848, saliendo a la luz póstumamente en diciembre de 1849, meses después del fallecimiento del escritor en la revista Sartain's Union Magazine.
Durante la enfermedad de Virginia Clemm, la joven esposa de Poe, este fue ayudado por Marie Louise Shew en su cuidado, cayendo el escritor en una depresión tras su fallecimiento. Al parecer fue Marie Louise quien le sugirió que compusiera un texto sobre las campanas y sus distintas llamadas, colaborando en los primeros versos con el poeta. 
El segundo poema nos acerca a las campanas de plata de las bodas manteniendo aún el aire jovial y festivo del primero de los poemas


La composición de la Sinfonía Coral Las campanas surgió tras un momento en que Rachmaninoff buscaba ideas para nuevas obras. Tras preguntar a algunos amigos por temas para nuevas composiciones, recibió en su estancia en Roma una carta anónima con la traducción al ruso del mencionado Konstantin Balmont del texto de Poe y una invitación para componer una obra sobre él.
La fascinación que siempre había sentido por hacia el lenguaje de estos instrumentos le llevó a escribir: «El sonido de las campanas se escucha en todas las ciudades que conozco. Nos acompañan desde la cuna hasta la tumba, y un compositor no puede escapar a su influencia. A lo largo de mi vida he escuchado con placer los toques de las más variadas melodías y personajes, desde el alegre tintineo hasta el funesto carrillón funerario. Cada ruso lleva consigo un amor por las campanas. Si alguna vez conseguí hacer vibrar las campanas de las emociones humanas con mis composiciones se debe al hecho de haber pasado la mayor parte de mi vida entre las vibraciones de las campanas en Moscú».
Una vez decidida la composición, Rachmaninoff la realizó en la ciudad romana, en el mismo escritorio del apartamento de la Plaza de España en que estuvo alojado su admirado Tchaikovsky
Una vez finalizada la obra, el compositor la dedicó al director holandés Willem Mengelberg y la orquesta del Concertgebouw de Amsterdam, aunque no se tiene la certeza de que la hayan interpretado en alguna ocasión. El estreno se produjo el 30 de noviembre de 1913 en San Petersburgo y se repitió el 8 de febrero del año siguiente en Moscú con un gran éxito de publico.
Años más tarde, después de fallecer el compositor, se supo que la carta anónima había sido enviada por Marija Danilova, amiga suya y por entonces estudiante de violonchelo en el conservatorio de Moscú.
El segundo movimiento, indicado como Lento lleva el subtítulo Campana de oro, la boda y se evoca la boda con un tema melancólico a cargo de la orquesta, interviniendo más adelante el coro hasta que entra la voz de la soprano con otro tema melancólico ruso, a la que sigue un tutti de la orquesta y coro. La soprano continúa hasta los registros más agudos, mientras las voces graves del coro replican y la orquesta va concluyendo lentamente el movimiento.
La audición de este segundo movimiento corresponde a los mismos intérpretes que el enlace anterior con la inclusión de la soprano Marina Mescheriakova.


En algunas sociedades de la antigüedad como las de Asia y Egipto, las campanas de mano tenían una función religiosa y civil importante para invitar y llamar la atención hacia la población, especialmente durante las ceremonias y ritos. Más adelante las utilizaron los vendedores callejeros para llamar la atención de los posibles clientes, los vigilantes nocturnos para anunciar sus rondas o para convocar al duelo en las procesiones fúnebres.
En la antigua Grecia sirvieron para anunciar la apertura del mercado de marisco, mientas en Roma avisaban del inicio de los mercados o la hora de los baños, además de llamar la atención sobre otros acontecimientos como el paso de los condenados o la presencia de un eclipse.

Campanas de la Iglesia de San Juan Bautista en La Palma del Condado

La tercera parte del poema cambia el tono que llevaba hasta el momento para centrase en las campanas de alarma que avisan de un incendio. El sonido armonioso y acompasado de los dos primeros apartados se sustituye por el griterío de terror, sonando y chocando desesperadamente en su lugar consiguiendo un crear un sentimiento de dolor, caos y terror ante la situación que anuncian estas campanas de bronce.


Pese a lo que se puede creer, no se generalizó el uso de las campanas en las iglesias durante los primeros siglos, realizándose los avisos para los cultos de viva voz a través de los cursores, que avisaban casa por casa, utilizándose más adelante otros instrumentos como bocinas, trompetas o láminas de madera o metal para golpear. Fue en el año 604 cuando una disposición canónica dispuso que se colocaran campanas en todas las iglesias para convocar a los fieles al culto, inicialmente con una campana hasta que las nuevas construcciones albergaron torres más altas capaces de expandir el sonido a mayor distancia y con campanas de distintos volúmenes. Esta disposición indicaba que las catedrales podían tener cinco o más campanas, las parroquias dos o tres y las iglesias pertenecientes a algún señorío una sola. Así se comenzó a desarrollar un lenguaje que comunicaba a toda la comunidad distintos mensajes.

Edición estadounidense de The bells de Poe de 1881 por Porter & Coates

Aunque Rachmaninoff catalogó su obra inicialmente como Tercera Sinfonía, más adelante denominó con esta numeración a su Sinfonía en la menor, Opus 44 de 1939, refiriéndose a Las campanas como su Sinfonía Coral
El tercero de los movimientos tiene indicación de Presto y el subtítulo de Campanas de bronce, La alarma, y está escrito a modo de scherzo como una alegoría de la guerra. Comienza con una tercera que se repite insistentemente cada vez más rápida para crear un clima tenso y expectante. El coro inicia su canto desesperado con evocaciones al Dies Irae en un especie de danza infernal con aire medieval que lleva a un intenso clímax al coro y la orquesta, para finalizar con fuerte violencia.
La interpretación corre a cargo de nuevo de la Russian National Orchestra y el Moscow State Chamber Choir dirigidos por Mikhail Pletnev en la grabación de la Deutsch Grammophon de 2001.


Aunque la función principal de las campanas era transmitir desde lo alto de las torres los mensajes religiosos, también se utilizaron para otros usos, aunque en el siglo XVI llegaron a prohibirse estos hasta en tres concilios. Años más tarde se revocó esta prohibición en los casos de utilidad pública.
Así, nos encontramos con toques para la oración, la convocatoria a los cultos, para los días festivos o a difuntos, junto con otros de carácter civil que eran responsabilidad de los concejos. Se avisaban a fuego, a personas perdidas, a reunión de los ganados, como toque de queda antes de cerrar las puertas de las ciudades, cuando se acercaba el enemigo o como aviso y  protección ante las tormentas, además de marcar la hora. No sólo avisaban con sus toques, sino que también se indicaban periodos en que no debían sonar, especialmente entre la noche del Jueves Santo y el Domingo de Resurrección.

En el último de los poemas dedicado a las campanas Poe se refiera a las campanas de hierro que repican dolientes, sollozando y gimiendo como las campanas de un cementerio durante un funeral y haciendo referencia a los ghouls, a los que denomina los Reyes de los espectros, esas criaturas del folclore árabe, entre demonios y seres necrófagos


En la actualidad las campanas tienen menos protagonismo en una sociedad tan caleidoscópica como la actual, con tanta diversidad de creencias y no creencias, y con un nivel de ruido que no había en otros tiempos, pasando desapercibido entre el tráfico y otras fuentes de sonidos que nos acompañan cada día.
Quizás sea el momento de pararnos cuando las escuchemos y recordar todas las ocasiones en que estos instrumentos han tocado para avisar de tantas situaciones, convocar a tantas personas, evitar o avisar de multitud de catástrofes y evocar las obras que se les han dedicado, desde los poemas de Poe a la Sinfonía Coral que nos acompaña, pasando por tantas obras de otros creadores.

Daguerrotipo de E. A. Poe realizado por W. S. Hartshorn en Rhode Island el 9 de noviembre de 1848

El hecho de ser discípulo y admirador de Tchaikovsky, componer en la misma habitación y el mismo escritorio que utilizó éste en Roma y disponer de un poema con un final tan marcadamente triste, llevó a Rachmaninoff a realizar la misma acción que el maestro en su Sinfonía nº 6Patética: alterar el orden de los movimientos y concluir con un final melancólico y desolado.
De tal forma, al último movimiento de Las campanas, catalogado como Lento lúgubre, el compositor ruso le otorga el explícito título de Campanas de hierro, La muerte. Comienza con el corno inglés presentando una triste melodía elegíaca con acordes de los metales. El barítono canta una tenebrosa melodía con esporádicas intervenciones del coro, entonando de nuevo el corno su melodía, llegando más tarde a un desolado ambiente orquestal. El canto del coro se vuelve más intenso y violento, el barítono alcanza su tesitura más baja antes de que la orquesta intervenga de nuevo melancólica y finalice en una coda que se va alejando como los asistentes a un funeral cuando de marchan del cementerio.
La Russian National Orchestra con el Moscow State Chamber Choir y el barítono Vladimir Chernov, todos ellos dirigidos por Mikhail Pletnev interpretan este primer movimiento de la Sinfonía Coral Las campanas de Sergei Rachmaninov en una grabación de la Deutsch Grammophon de 2001.

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Bibliografía consultada:
  • Poe, Edgar Allan. Poesía completa. Editorial Hiperión, traducción de Gustavo María Falaquera Cóndor, 2000.

La verdadera historia de los viajes a la Luna (II): Ahora sí

Hace unas semanas comenzábamos a narrar en este blog la auténtica historia de los viajes a la luna a partir de datos poco habituales que no suelen aparecer en los tratados y noticias científicos. En esta ocasión finalizamos esta singular historia en la que recogemos, siguiendo un camino inusual, desenfadado, divertido y delirante en ocasiones la historiade la llegada del hombre a la luna.
Antes, o si lo prefieres después, puedes acudir a la primera parte clicando en el siguiente enlace: La verdadera historia de los viajes a la Luna: Los precursores.
De la misma forma que en la primera parte de esta historia se narraba de forma cronológica, en esta ocasión se presenta de la misma manera pero utilizando dos listados, uno para el apartado relacionado con la literatura y el cine y otro para el que referido al musical.
Aprovechando que se han cumplido cincuenta años de la primera ocasión en que, de forma oficial, el hombre pisó la Luna, te propongo seguir la verdadera historia de los viajes, no como nos la han contado hasta ahora, sino con datos poco conocidos que muestran que la primera ocasión en que el hombre pisó la Luna no fue en 1969, sino antes. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



19 de abril de ...: Un tal Hans Pfaal pisa a la luna
Edgar Allan Poe intentó crear una historia para hacerla pasar por verdadera sobre un holandés que consiguió llegar a la luna en un globo aerostático lleno de un gas, conseguido a partir de una mezcla secreta, en la que es fundamental el ázoe y que posee una densidad 37'4 veces menor que el hidrógeno. La idea original era publicar el relato en la revista Southern Literary Messenger y añadir posteriormente una serie de publicaciones con las aventuras de Pfaall en la luna. Pero el New York Sun se había adelantado con una broma similar, conocida como de The Great Moon Hoax en que se realizaron varias entregas sobre una supuesta civilización selenita. Así, Poe publicó su historia dejando sin finalizar las peripecias del protagonista en nuestro satélite.
El relato narra la llegada de un globo aerostático a la ciudad de Rotterdam donde su pasajero hace llegar una carta al burgomaestre explicando sus peripecias. En ella está recogido en forma de diario la génesis y el viaje hasta que alunizó. Una vez leída la carta, el burgomaestre y algunos expertos consultado la dan por real.



Para que no haya lugar a la duda y evitando la tentación de continuar la historia, Poe finalizó el relato explicando que la carta fue publicada en la prensa local dándola, como decimos, por verídica, pero la maledicencia popular renegó de su certeza alegando ciertos argumentos:
-Que ciertos bromistas de Rotterdam tenían especial antipatía por los burgomaestres y astrónomos.
-Que un enano de aspecto similar al que pilotaba el globo, malabarista de profesión y al que le habían cortado las orejas por algún delito había desaparecido de su casa en Brujas hacía varios días.
-Que Hans Pfaal había sido visto borracho con tres compañeros pocos días antes en una taberna de los suburbios tras un viaje de ultramar.



1966: Tomás Marco se embarca hacia la Luna.
Nacido en 1942, Tomás Marco se licenció en derecho, trabajó en Radio Nacional de España obteniendo un premio Ondas, fue director gerente de la Orquesta y Coro Nacionales de España y del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea. Lo nombraron Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid, es miembro de la Real Academia de San Fernando y lo galardonaron con el Premio Nacional de Música en dos ocasiones, en 1969 y 2002. 
Fue discípulo de Stockhausen, Pierre Boulez, Ligeti o Theodor W. Adorno y, además de ser un prestigioso ensayista, es fundamentalmente compositor. Es autor de varias óperas, ballets y sinfonías, así como diversas obras de tipo coral y de cámara.
Con poco más de veinte años, en 1966 la Fundación Juan March le concedió una beca para componer una ópera con motivo de la inminente llegada de los seres humanos a nuestro satélite. En 1971 adoptó el título de Luna.

La ópera es una reflexión sobre la luna, un satélite que desde milenios la sentimos inmutable, bella y mágica. Tomás Marco reflexiona desde un punto de vista humanístico sobre una luna que se siente herida por la decisión de los seres humanos de interrumpir su soledad, en unos años en que se disputaban el honor de saber qué país sería el primero en llegar a nuestro satélite. 


6 de diciembre de 186...: El Columbiad entra en la órbita lunar
Nadie que esté leyendo esta verdadera historia de los viajes a la luna habrá dejado de pensar en un nombre: Julio Verne.
El escritor francés es uno de los grandes escritores de novelas a los que hemos leído por sus historias cargadas de visiones científicas o adelantos en materia como la física o la geografía.
De todos es conocido que anticipó cómo dar La vuelta al mundo en 80 días, navegar en un sumergible en 20.000 leguas de viaje submarino o cómo llegar a la luna.
Verne escribió una novela El viaje a la Luna en la que proponía un viaje a nuestro satélite. Ya sus planteamientos son diferentes a los de sus antecesores. No es un viaje fantástico que pretende criticar nuestras costumbres terrícolas, ni ofrecernos imaginativas civilizaciones que nos ayuden a reflexionar sobre nosotros mismos o, simplemente, que nos sirva para entretenernos y divertirnos. 
En El viaje a la Luna, Verne nos plantea la realización del primer viaje en que la física tendría cabida con sus cálculos, los últimos conocimientos científicos o sus conocimientos de la geografía lunar. Todo ello, como siempre suele hacer el escritor francés cargado de un espíritu didáctico y unos personajes que cumplen el papel de explicárnoslos y representar al común de los lectores escuchando y recibiendo la información científica.
El planteamiento inicial de la novela era el lanzamiento de un cohete no tripulado hacia nuestro planeta pero, en un momento determinado aparece un osado francés dispuesto a ir en el aparato, lo que mueve la historia en una nueva dirección. 
Después de unos cálculos muy exactos por parte de Barbican, miembro del Gun Club, se lanza el dispositivo aunque con cierta desviación por unos impensados datos. Tras narrar las peripecia de los tres protagonistas en la nave espacial, Verne decidió concluir la novela y escribir una segunda parte, Alrededor de la Luna, que completaba la anterior.
Es importante conocer el afán de Verne de adelantarse a su época y mostrarnos posibilidades aún sin desarrollar. Casi cien años pasarán hasta que el ser humano pise la luna y hay mucha información en la obra del escritor francés que se aplicará en los lanzamientos espaciales. Como simple curiosidad, el lanzamiento del Columbiad se realizará en Florida y finalizará con un amerizaje.
En esta continuación acompañamos a los pasajeros de la nave en su viaje alrededor de la luna que se llega a completar con la información de la que se disponía en la época, orbitando a su alrededor sin llegar a alunizar. Una vez iniciado el viaje, el bólido entra en la órbita lunar, algo que nos es familiar, pero que en la época hubo de sorprender a más de un lector. En esa órbita admiran la superficie lunar mientras giran alrededor de ella. Una vez que terminan de transitar la cara iluminada de la luna, en el momento que acceden al polo del satélite y pasan a la cara oscura, Verne nos describe el fenómeno, como si de una puesta de sol de nuestro planeta se tratara. Estas últimas podemos observarlas cuando deseemos, pero la ocasión de sentir cómo es la de la luna es única.



14 de junio de 1974: Se estrena Selene de Tomás Marco.
Definitivamente Marco dejó el título de Luna para denominar a su ópera Selene y estrenarse en el Teatro de la Zarzuela de Madrid con Odón Alonso en la dirección, varios años después del encargo y después de haber llegado los primeros hombres a la luna.
La obra tiene una duración de aproximadamente una hora lo que hizo que en su estreno compartiera cartel con Pagliacci de Leoncavallo, mientras en alguna ocasión ha sido acompañada por obras como La vida breve de Falla.
Selene tiene una estructura musical cerrada con un libreto abierto que se puede adaptar en cada montaje. Dos cantantes femeninas dan voz a los papeles de Tierra y Luna como Gea y Selene, mientras dos voces masculinas representan a los astronautas o a otras ideas o conceptos humanos. 
La particularidad de la obra se basa en cuatro aspectos: Los sintetizadores, que aportan las grabaciones y modificaciones de textos por diversos actores; la percusión que tiene un papel fundamental; la orquesta en la que predominan metales y vientos; y las voces de los cuatro cantantes.
Los textos pueden ser recitados por actores o ir grabados a base de partes inconexas entre sí pero que indican la atracción que el ser humano ha tenido siempre hacia la luna, reflexiones sobre nuestro satélite aportando puntos de vista diversos que van desde el científico al sentimental, desde lo poético a lo histórico, de los descubrimientos a los inventos o desde los mitos a las ilusiones y proyectos. Tomás Marco suple la deliberada falta de estructura dramática por estas reflexiones.
Los cantantes no articulan palabra alguna. Su canto se basa en la emisión de sonidos, fundamentalmente con la vocal "a" y algunos melismas, participando más como instrumentos que como protagonistas de la obra.
Un diálogo entre Gea y Selene donde se interpelan y recriminan con esa mezcla de acritud y dulzura que supone la relación entre miembros de una familia, entre vecinos y conocidos se recoge en la Escena IV de Selene.



1901: Llegan los primeros hombres a la luna en una nave espacial.
Autor de obras fundamentalmente de ciencia ficción, Herbert George Wells es conocido por novelas como La máquina del tiempo, La guerra de los mundos, El hombre invisible o Los primeros hombres en la luna.
The first men in the Moon fue publicada en 1901 y parte del descubrimiento del señor Cavor de la Cavorita, un combustible obtenido a partir de la mezcla de diversos componentes y que es capaz de proporcionar una fuerza suficiente para propulsar un cohete hacia la luna y poder regresar.
Escrita varias décadas después de la obra de Verne, el interés de H. G. Wells se centra por igual tanto en los avances científicos como en la recreación de una civilización en el universo de la ciencia ficción, tan propio de su estilo. Así, una vez que Cavor y sus acompañantes llegan a la luna podemos ver la descripción que realiza de la civilización selenita tanto como una utopía como una distopía, siempre bajo el punto de vista de la época.
Según H. G. Wellsla luna tiene una tenue atmósfera proporcional a su tamaño respecto a la Tierra, lo que la hace relativamente respirable. De las dos partes de la novela nos centramos en el momento en que los protagonistas alunizan y, tras unas comprobaciones sobre la capacidad de la atmósfera para respirar, emprenden el descenso tras abrir la escotilla de la nave. ¿Nos recuerda la llegada de Armstrong y Collins a la luna?  



1902: George Méliès nos lleva en el cine a la luna
Un año después de la publicación de Los primeros hombres en la luna y basándose en esta novela además de El viaje a la luna y la continuación de Verne, Georges Méliès realiza una película titulada Le voyage dans la Lune (El viaje a la Luna) en la que sorprende a todos los espectadores que se acercan a ver su obra. Su desmesurada inventiva, la utilización de trucos cinematográficos inéditos hasta entonces hacen que esta obra de cine mudo en blanco y negro sea de las primeras obras maestras del séptimo arte.
Desgraciadamente el mensaje que traslada la obra era el del momento socio político, donde la luna se veía como un territorio propio de potencias que iban a colonizarla como ocurría con tantos países en África, Asia e incluso América y Europa. Quizás ese hecho ha provocado que la obra no se haya considerado una obra de arte sino desde el punto de vista cinematográfico y no socio cultural.
En el enlace podemos apreciar unos momentos de la cinta para poder disfrutar la desbordante inventiva de Méliès.


Si deseas ver la película completa puedes hacerlo desde el siguiente enlace: Le voyage dans la Lune

1996: Reposición de Selene.
En el mismo Teatro de la Zarzuela se volvió a reponer esta ópera con la dirección musical de Cristóbal Haffter y escénica de José Carlos Plaza
Al carecer de un libreto en el sentido habitual del término, Tomás Marco ofrece una partitura para un posible libreto en el que, en cada producción se puede complementar con otro diferente según el montaje. Al presentar textos grabados o recitados por actores puede ser traducido al idioma que se desee, siendo éste el concepto de lo aleatorio, tan frecuente en la música actual, pero llevado al apartado dramático.
Los cantantes aportan el carácter indicado a cada una de sus intervenciones: lírico, dulce, enfadado, agitado, nostálgico. De la misma manera, el coro interviene, aunque puede ser sustituido por los sintetizadores.
La Escena V es sintomática del valor que ofrece Selene, la carga humanista que nos aporta, la reflexión sobre nosotros, nuestra forma de ser y estar en nuestra civilización. Paralelamente a los años en que se preparó la llegada del hombre a la luna, fundamentalmente la década de los años sesenta y setenta del siglo pasado, se confrontaron voces a favor del esfuerzo científico para lograrlo, junto con otras más críticas que señalaban que había problemas más importantes que resolver en nuestro planeta antes de acercarse al satélite. Tomás Marco no es ajeno a este dilema confronta ambas ideas sin posicionarse a favor de una u otra.



30 de marzo de 1950: Tintín inicia su viaje a la luna.
Anticipándose casi dos décadas a la NASA, Hergé publicó la llegada de Tintín a la luna por entregas entre marzo de 1950 y diciembre de 1953. El intrépido periodista viajó en el inconfundible cohete rojo y blanco X-FLR6. Como en toda su obra, Hergé buscó ser realista y convincente, buscando fuentes solventes, documentándose sobre experimentos científicos. 



Conoció que durante la Segunda Guerra Mundial los nazis lanzaron los cohetes V2 y en 1949 se había lanzado un cohete desde Estados Unidos. Trabó amistad con ingenieros que le dieron información a medio camino entre la ciencia y la utopía y se documentó sobre aspectos técnicos relacionados con las energía nuclear y las máquinas. Así Hergé evitó que en su historia aparecieran selenitas, civilizaciones ocultas o algunos de los elementos que estaban de moda en esos años en las historias de ciencia ficción.
En el enlace puedes ver, si te apetece el capítulo completo.



12 de marzo de 2016: Representación en versión concierto y posterior grabación de Selene.
La orquesta Musikene Sinfonietta de San Sebastián con la dirección de José Luis Temes presentó la obra en concierto público y fue grabada posteriormente incluyendo las obras Selene y Pulsar. Todos los enlaces pertenecen a esta grabación. En ella la soprano Ana Otxoa y la mezzo Lucía Gómez interpretan los papeles protagonistas de Selene y Gea respectivamente, acompañados por el tenor Íñigo Vilas y el barítono Jagoba Fadrique como los astronautas o esos conceptos que se presentan. El coro ha sido sustituido por dos sintetizadores, uno para las voces femeninas y otro para las masculinas, algo impensable en el momento en que comenzó a gestarse esta ópera.



Las últimas décadas de siglo XX vieron el surgimiento de distintas obras que hoy llamamos "música experimental", y que quedaron en el camino para estudiosos y expertos. El carácter de Selene la desmarca de este concepto para acercarla a las obras que nos ofrecen un lirismo y un humanismo, una visión de la luna bajo la óptica de la ciencia y la humanidad que dejará, sin duda, huella en la música.


20 de julio de 1969. El Apolo XI llega a la luna siendo Armstrong y Collins los primeros seres humanos en pisarla. Pero eso ya lo sabemos.
Aunque, ¿podemos estar seguros que fueron ellos los primeros después de haber leído estos textos?

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Bibliografía y webgrafía consultadas: