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(Otros) cuadros de una exposición

Esta no es una publicación sin más de un blog, sino que te ofrezco una experiencia sensorial y emocional que espero que pueda llegar a ser inolvidable para ti.
Como parte de las Bellas Artes, la pintura nos ofrece una de las expresiones artísticas más antiguas y universales que existen. La plasmación de imágenes en un soporte con cualesquiera de los pigmentos que se han utilizado a lo largo del tiempo, ha dejado obras inolvidables que permanecen en nuestra memoria y en la historia artística de la humanidad. Desde las primeras siluetas paleolíticas, las pinturas del Renacimiento, las obras maestras de Velázquez o los pintores barrocos hasta los cuadros de Goya, las vanguardias y los -Ismos que se movieron entre el XIX y el XX con gigantes como Picasso hasta llegar a nuestros días, la pintura ha dejado una marca indeleble en la historia del arte y ha dejado su huella en cada uno de nosotros según nuestros gustos y aficiones.
Muchos cuadros no se quedan sólo en la pintura, sino que se interrelacionan con otras artes en función de quienes los inspiran, los observan, se emocionan o los interpretan, generando obras obras de arte en otras disciplinas.
Hay muchos libros que han sido inspirados por cuadros, indagando sus autores en pinturas que les han impactado, investigando o fantaseando sobre su génesis, sus protagonistas o el momento histórico en el que se crearon. También encontramos composiciones musicales que se inspiran en cuadros, como traté en Desde La isla de los muertos, con músicas creadas a partir del cuadro de Böcklin. En cuestión de retratos, no podemos olvidar la cantidad de pinturas que muestran a artistas de todo tipo de disciplinas, cuyas imágenes han llegado a nosotros gracias a los pintores.
Te propongo una experiencia única y confío que inolvidable: una interacción entre tú, los cuadros de un museo, la música, literatura inspirada en esos cuadros y el cine. Nos acompañan cuadros de Botticelli, Breughel el viejo, Fabritius, música de Mussorgski, Ravel, Respighi y Emerson, Lake & Palmer, textos de Donna Tartt, W. H. Auden y Marcel Proust y una película de Kurosawa. ¿No te parece una mezcla de artes magnífica para crear una experiencia única? Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
¡Comienza la experiencia!


Entramos en un museo virtual y como en cualquiera de estos lugares damos un paseo para acercarnos al primero de los cuadros que están expuestos. Y la experiencia que te propongo comienza con música.
Quizás el menos técnico, pero posiblemente uno de los más expresivos y creativos de los compositores del Grupo de los Cinco (con Balàkirev, Cui, Borodin y Rimsky-Korsakov), Modest Mussorgsky nos ha dejado algunas obras maestras del movimiento nacionalista ruso que impulsó el grupo.
El repentino fallecimiento del arquitecto y pintor Viktor Hartmann en 1873 a los 39 años propició que sus amigos organizaran una exposición homenaje con alrededor de cuatrocientas obras suyas. A partir de esta exhibición , Mussorgsky compuso Cuadros de una exposición una obra para piano en la que describía algunos cuadros de su amigo al que le unían su amor por los relatos del folclore ruso y el interés por que el arte reflejara la vida real de los habitantes de su país.
Dividido en 15 movimientos, la obra muestra 11 cuadros en 10 movimientos -dos cuadros los une en una pieza- a los que añade cinco paseos entre los primeros cuadros. De todas las pinturas que aparecen en esta obra, actualmente quedan seis.
El paseo entre los cuadros lo denominó Promenade y es en realidad un motivo musical con cuatro variaciones en los casos siguientes. Este Promenade es un reflejo del propio compositor, una persona grande y voluminosa que avanza con ritmo irregular dando la sensación de pesadez. Está formado por una frase musical en 11 tiempos con una textura heterofónica en que se realizan diversas variaciones simultáneas, un tipo de composición habitual en la música folclórica y litúrgica rusa.
Acércate al primer cuadro paseando con el primer Promenade de Cuadros de una exposición con Byron Janis al piano en una versión con sonido, sin vídeo, que te permita oírla mientras te encaminas a la primera obra.
 

La primera pintura es una obra sencilla y desconcertante. Se trata de un cuadro al óleo sobre lienzo de dimensiones reducidas (33'5 x 22'8 cm.), Het puttertje (El jilguero) pintado por Carel Fabritius en 1654, posiblemente su última obra, ya que el artista falleció ese mismo año por una explosión que se produjo en Delft y que redujo a escombros su taller del  que se pudieron salvar unas pocas obras, esta entre ellas. Tras pasar por diversos propietarios, actualmente la podemos encontrar en el Museo Mauritshuis de La Haya (Países Bajos). 

Carel Fabritius, Het puttertje (El jilguero) (1654), Museo Mauritshuis, La Haya
A partir de este cuadro Donna Tartt publicó en 2013 la novela homónima The Goldfinch con la que ganó el Premio Pulitzer el año siguiente y que fue adaptada para el cine con el mismo título por John Crowley en 2019.


Te dejo con un extracto de la novela El jilguero en que el protagonista Theo Decker reflexiona sobre el cuadro a partir de un comentario de su amigo Boris.


El siguiente cuadro de esta exposición es una de las obras maestras del Renacimiento italiano. Se trata de una de las obras cumbres del Quattrocento y de la historia de la pintura creada por Alessandro di Mariano di Vanni Filiepi, más conocido como Sandro Botticelli. Pintada al temple sobre tabla, posiblemente en 1478, la Allegoria della Primavera la conocemos todos simplemente como La Primavera y se encuentra en la Galería Uffizzi de Florencia.
Botticelli nos muestra un grupo de figuras de la mitología griega y romana. El suave viento del oeste, Céfiro, aparece en la derecha con tonos azulados haciendo brotar las flores, soplando y con semblante serio que contrastan con la calidez de los demás personajes, mientras agarra agresivamente a una asustada ninfa Cloris. Más adelante convertirá a esta ninfa en Flora, la diosa de la primavera. 
En la parte central aparece Venus, casi saludando a los curiosos espectadores con un cupido sobrevolando su cabeza. A la izquierda hallamos a las Tres Gracias junto a Mercurio, el dios asociado al mes de mayo.

Sandro Botticelli, Allegoria della Primavera (1478), Galería Uffizzi, Florencia
A comienzos del siglo XX un músico italiano se instaló en San Petersburgo como viola de la Orquesta Imperial donde estudió composición con Nikolai Rimsky-Korsakov de quien aprendió el exquisito dominio de los colores orquestales y el gusto por las melodías orientales rusas que le animó a interesarse por la música medieval y renacentista italiana. 
Con el paso del tiempo, Ottorino Respighi fue centrándose en dos tipos de composiciones: Las creadas para grandes orquestas donde encontramos obras como la Trilogía Romana formada por Fuentes de Roma, Pinos de Roma y Festivales Romanos; por otra parte sus deliciosos arreglos para pequeñas orquestas inspirados en melodías del XVII y XVIII, mostrando en todas ellas su excepcional dominio de los colores orquestales.
Tras una gira por Estados Unidos en 1927 patrocinada en parte por Elizabeth Sprague Coolidge, Respighi prometió dedicarle su próxima obra. Varias semanas más tarde, tras una visita a la Galería Uffizzi encontró la inspiración para su obra Trittico Botticelliano formado por La Primavera, La adoración de los Magos y El nacimiento de Venus, una obra de arte en la que saca todo el partido a una pequeña orquesta. A finales de ese mismo año se estrenó en Viena patrocinado por la señora Coolidge y con la presencia del compositor.

Nos quedamos en el primer movimiento, La primavera, que Respighi la muestra en un despliegue de color y brillo con vertiginosas escalas a cargo de las flautas y los violines, con un protagonismo a cargo del piano, la celesta y el arpa, sobre los que resplandecen las trompas y trompetas, instrumentos asociados a la naturaleza, haciendo brillar a todo el conjunto. Este ambiente natural y bucólico se entremezcla con danzas campesinas del renacimiento. 
Continúa la obra con un amago de oscuridad que cambia rápidamente hacia una música alegre, de nuevo a cargo de piano, celesta y arpa, hasta que interviene el clarinete dejando en suspenso el motivo musical. El compositor acude a Monteverdi para citar uno de sus madrigales más conocidos, Zefiro torna que encaja tanto en el cuadro como en la composición tanto por su aire antiguo como por su motivo mitológico. Respighi finaliza la pieza con convirtiendo este motivo musical en una catarata de sonidos a la que incorpora la flauta, el flautín, la celesta y los violines para dar a esta obra el encanto y colorido que transmiten el cuadro de Botticelli.

La interpretación de La Primavera del Trittico Botticelliano corre a cargo de la Orchestra della Fundacion Prometheus de Argentina dirigida por Giovanni Panella y grabada en directo en diciembre de 2022 en el Teatro Avenida de Buenos Aires.


Los cuadros de una exposición de Mussorgsky han inspirado distintas obras, la mayor parte de las cuales han sido versiones para orquesta. De todas, la más conocida, quizás más incluso que la original para piano, es la orquestación que realizó otro de los grandes especialistas del siglo XX, Maurice Ravel.


Siguiendo con el paseo entre un cuadro y otro, nos acercamos al Promenade segundo, en este caso en la versión orquestal del elegante autor francés. El tema musical es el mismo que el primero aunque con unas variaciones.
Se trata de una grabación, también sólo de audio para permitirse seguir avanzando hacia el próximo cuadro a cargo de la Berliner Philharmoniker dirigida por Herbert von Karajan grabada en 1966 para Deutsche Grammophon GmbH.


El tercer cuadro de esta experiencia pertenece también al periodo renacentista, aunque en esta ocasión no es de la escuela italiana.
Pintado alrededor de 1560, se atribuye con dudas recientes a Peter Breughel el viejo y se encuentra en el Musée des Beaux-Arts de Bruselas
Paisaje con la caída de Ícaro es un óleo sobre lienzo que se basa en la versión que Ovidio muestra en Las metamorfosis cuando el hijo de Dédalo se construyó unas alas con plumas pegadas con cera que se derritió con el calor del sol precipitando su caída.

Peter Breughel el viejo, Paisaje con la caída de Ícaro (1554-1555), Museo de Bellas Artes, Bruselas
Obra inscrita también en ese regreso a las artes antiguas que es el Renacimiento, en este cuadro encontramos una serie de personajes que nos muestran su importancia según su cercanía. En primer término hallamos a un campesino que maneja su arado concentrado en su trabajo. En un segundo plano, un pastor observa el cielo mientras su ganado pace a su lado, mientras más allá un barco extiende sus velas para zarpar. Entre ellos, un pescador se concentra en conseguir su alimento, mientras unas piernas se agitan en el agua sin que nadie las advierta.
Brueghel elige el tema y muestra al protagonista que aparece en el título como el personaje menos trascendente. Ícaro escapó del laberinto de Minos y acabó cayendo al mar, mientras el pintor nos envía un mensaje que aún tiene cabida hoy en día: En nuestro tiempo, la sobresaturación de información, estímulos o exigencias nos puede llevara perder la atención de lo trascendente o importante y mirar hacia nosotros mismos sin advertir cuanto ocurre a nuestro alrededor cercano o lejano. 


Para este cuadro la experiencia que te propongo, además de la visualización y la reflexión anterior, nos llega de la mano -mejor, de la pluma- de Wystan Hugh Auden (1907-1973). El poeta y ensayista británico nacionalizado estadounidense tras la II Guerra Mundial publicó más de cuatrocientos poemas. En Another Time (1940) se recoge el poema que nos acompaña, surgido después de visitar en el Musée des Beaux-Arts el cuadro atribuido a Peter Breughel el viejo.
¿Qué nos ofrece texto después de la reflexión sobre la obra de Fabritius? Acércate a la experiencia de un poema inspirado por la visión de este cuadro.



En este museo virtual no abandonamos a los autores que nos acompañan. Botticelli  nos muestra otra de sus obras maestras, La Nascita di Venere (El Nacimiento de Venus) que podemos admirar también en la Galería Uffizzi florentina.
Pintada al óleo sobre lienzo entre 1482 y 1485, también con grandes dimensiones (278 x 172 cm), la obra fue también un encargo de la familia Medicci con la que pretendían mostrar su importancia e influencia: Gracias a ellos, a sus dotes diplomáticas, económicas y culturales, el reino del amor llega a la ciudad.
Dentro del Renacimiento, la obra se inscribe dentro del Neoplatonismo, la corriente filosófica que pugnaba por conciliar el legado greco romano con el cristiano, de forma que el nacimiento de Venus y la belleza espiritual se configuran como la fuerza que mueve la vida.
El tema surge también de Las Metamorfosis de Ovidio: Venus, símbolo del Amor, es retratada desnuda sobre una concha en la orilla del mar, mientras a la izquierda los vientos acarician su cabello y envían una lluvia de rosas, y a la derecha, Ora espera a la diosa para vestirla.
En uno de los primeros desnudos de la pintura renacentista encontramos a Venus con las caderas levemente giradas para reafirmar una feminidad casi de marfil, la soltura de sus cabellos dorados, casi encendidos, que contrastan con su expresión de una pasividad que desconcierta, con una sonrisa que apenas despunta y una mirada que no sabemos si se fija en el espectador o hace que el espectador se fije en ella.

Sandro Botticelli, La Nascita di Venere (1582-1585), Galería Uffizi, Florencia
Tampoco abandonamos a Ottorino Respighi y su Trittico Botticelliano. Salvando La adoración de los magos, nos acercamos al último movimiento dedicado a este cuadro. 
El compositor nos presenta la música más extraña de la obra: meditativa y estática, pero con una belleza que nos muestra a Venus acercándose a la orilla empujada por las suaves olas. La pieza comienza con un motivo oscilante en el que encontramos tres grupos de tres notas, dos ascendentes y uno descendente que no llegan a ser una frase melódica, al que sigue un adorno a cargo de la flauta y el clarinete y después un motivo que avanza casi como a saltos.
Con estos elementos forma la pieza, incrementando la intensidad y la riqueza orquestal en el clímax de la obra, cuando Venus pone los pies en la orilla: La música asciende con los mismos instrumentos que el primer movimiento: piano, celesta y arpa, para culminar con un acorde brillante, musicalmente puro. Tras un silencio comienza la música tranquila y reposada hasta perderse poco a poco.

La interpretación de La Nascita di Venere está a cargo de la Secession Orchestra dirigida por Clément Mao-Takacs en una sesión que se grabó en directo en el Auritorium du Louvre, dentro del museo parisino, en diciembre de 2020


El tercer y último paseo que nos acompaña pertenece a una versión muy particular y menos habitual. El grupo de rock progresivo Emerson, Lake & Palmer realizó una adaptación de Los cuadros de una exposición de Mussorgsky que tuvo cierto éxito en la década de los setenta del pasado siglo.
Cambiamos de registro para asistir al Promenade tercero recogido en un disco que se grabó en el Newcastle City Hall en marzo de 1971. Como es habitual, he buscado una versión de audio para que te puedas acercar al siguiente cuadro.


¿Qué tal la experiencia? Es una de esas preguntas retóricas que no esperan respuesta, sino que simplemente te la plantees.
Después de pasear hacia los cuadros, asistir a reflexiones sobre El jilguero en una novela, sobre la caída de Ícaro en un poema y dos descripciones y reflexiones musicales sobre sendos cuadros de Botticelli en el siguiente paso quiero acercarte a una nueva reflexión: Cuando has visitado un museo con obras que te gustan, ¿sales y lo echas en el olvido? ¿Cómo recuerdas, extraes vivencias o haces formar parte de ti las obras que has visto?

Sandro Botticelli, Prove di Mosé (Las pruebas de Moisés) (1481-1482), Capilla Sixtina, El Vaticano
El último texto nos da una respuesta que no tiene por qué coincidir con la tuya, pero seguro que a partir de ahora te puede influir. El cuadro con el que está relacionado, casualmente también es obra de Botticelli, aunque menos conocido. Se trata de Prove di Mosé (Las pruebas o tentaciones de Moisés) un fresco de la Capilla Sixtina de grandes dimensiones (558 x 348 cm).
Representa escenas de la juventud de Moisés según el relato del Éxodo en el que este personaje aparece con túnica amarilla y manto verde y se muestran desde la derecha del espectador. Pero lo que nos interesa de este fresco es uno de los personajes femeninos, Séfora, que se haya junto al pozo, la hija de Jetró con la que se casará Moisés.


En una de las novelas más extensas de la literatura, A la recherche du temps perdu, (En busca del tiempo perdido), escrita en siete partes entre 1908 y 1922, aunque las tres últimas se publicaron póstumamente, Marcel Proust utiliza un recurso particular con el personaje de Charles Swann.
En el segundo de los volúmenes, Por la parte de Swann, Proust utiliza y detalla un recurso que hemos utilizado en alguna ocasión: la comparación entre un personaje real de nuestra vida con el de un cuadro que nos haya impactado.
Es el caso de Swann con Odette, que le recuerda a la Séfora de Botticelli, además de otros personajes pictóricos a los que dedica su atención.



Para la última música de esta experiencia donde se mezclan diversas expresiones artísticas, regreso al origen, a Los cuadros de una exposición, en esta ocasión en la versión orquestada por Maurice Ravel. Y la mejor forma de terminar es hacerlo con la última pieza.
Se trata de La gran puerta de Kiev, inspirada en un diseño arquitectónico de Hartmann en el más puro estilo ruso, para honrar al zar Alexander II no llegó a realizarse. Ravel comienza con el sonido festivo de las campanas para ir subiendo en majestuosidad e intensidad hasta terminar en un clímax grandioso.

Viktor Artmann, proyecto para la Puerta de la ciudad de Kiev (1869)
La interpretación corre a cargo de The Chicago Symphony Orchestra dirigida por Riccardo Muti en una grabación que se levó a cabo en la ciudad americana en octubre de 2022


¿Qué mas te queda para que esta experiencia sea completa después de pasear por los textos, las músicas y las pinturas de un museo y quedarnos con aquello que más nos gusta? Si no lo has pensado, te propongo un último reto: entrar dentro de un cuadro, la forma más perfecta de apreciar el arte. No entrar de forma simbólica o artística, sino literalmente.
En 1990, ya octogenario, Akira Kurosawa estrenó una de sus últimas películas, Dreams, también conocida como Los sueños de Akira Kurosawa, una película coproducida entre Estados Unidos y Japón y dividida en ocho historias basadas en sueños del cineasta.

Vicent van Gogh, Campo de trigo con cuervos (1890), Museo van Gogh, Amsterdam
Termino con Cuervos, uno de esos sueños, en el que un estudiante de pintura se adentra tanto en un cuadro de Van Gogh que encuentra al propio pintor en el campo, conversa con él y viaja a través de sus obras. Aunque no se introduzca en este cuadro, el título se basa en la pintura Campos de trigo con cuervos. Kurosawa utilizó como música el Preludio nº 15 en Re bemol mayor de Chopin y contó con el director Martin Scorsese como el pintor Van Gogh.

¿Qué tal la experiencia? Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Tartt, Donna. El jilguero, traducción de Aurora Echevarría Pérez, Editorial Debolsillo, colección Best Seller, ISBN: 9788766338837.
  • Proust, Marcel, En busca del tiempo perdido, traducción de Mauro Armiño, Editorial Valdemar, colección Clásicos. ISBN: 9788777023203.

Homenaje a Van Gogh

El 29 de julio de 1890 murió Vincent Van Gogh, uno de los pintores que más han influido en el público y otros artistas, desde pintores a músicos, escritores o cineastas durante todos estos años.
Pese a no vender más que un cuadro a lo largo de su vida, sus innovaciones respecto al uso del color, las pinceladas o las sensaciones que logra transmitir con sus obras, sus problemas de salud mental o su muerte violenta y prematura lo han convertido en un icono del arte.
En esta publicación queremos rendir homenaje a Van Gogh a partir de una biografía y algunas de las muchas cartas que escribió a lo largo de su vida. También nos acercaremos a algunas óperas que se han compuesto sobre él, una muestra de las muchas canciones que sobre él se han escrito y una ensoñación cinematográfica que nos sirva como último recuerdo a tan icónico pintor. Te propongo un homenaje a Van Gogh con motivo de la celebración del aniversario de su muerte. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Van Gogh. La noche estrellada. 1889
Vicent Willem van Gogh murió con 37 años de edad el 29 de julio de 1890 tras herirse con un arma de fuego dos días antes. Su turbulenta y desdichada vida cargada de depresiones y problemas mentales finalizó en ese momento. Su obra, un camino de búsqueda de la luz y el color, la música que se encuentra dentro de la pintura, la pincelada rápida y precisa y la constante experimentación, comenzó a crecer y a popularizarse desde entonces. Un pintor que sólo había vendido una sola obra en su vida y cuyos cuadros se amontonaban arrinconados entre su habitación y las de sus familiares y amigos que no sabían qué hacer con ellas, pasó a convertirse en uno de los más seguidos y cotizados desde ese momento.
Tras ganar el premio Pulitzer por una biografía del pintor Jackson Pollock, Steven Naifeh y Gregory White Smith lograron el acceso a documentación inédita del Museo Van Gogh de Amsterdam junto a otras fuentes de información para publicar una interesante biografía del pintor holandés: Van Gogh. La vida.
En esta densa, rigurosa, vívida y precisa biografía, Naifeh y White Smith reflejan la psicología del artista y su constante lucha para encontrar su lugar en el mundo, su especial relación con su hermano Theo, su errabunda y turbulenta vida sentimental, la relación con el pintor Paul Gauguin, la pérdida de su oreja y sus problemas depresivos y mentales.
Tras una serie de grabados y láminas con su obra, la biografía comienza, como en una suerte de flashback, con el momento en que Theo recibe el mensaje de que Vincent está herido.



Antes de acercarnos a obras operísticas centradas en la figura de Van Gogh, no queremos dejar de recordar que han sido muchos los cantantes que han dedicado canciones al pintor holandés.
En 1971, Don McLean escribió una canción tras leer una biografía del pintor. Su certero y sentido homenaje queda recogido en esta emotiva canción Vincent.

 

"Quizás veas este croquis del jardín de Daubigny - es una de mis telas más queridas-. El jardín de Daubigny tiene el primer plano de hierba verde y rosa. A la izquierda, un macizo verde y lila y un tronco de planta con follaje blanquecino. En medio de un cantero de rosas a la derecha, un conjunto de cañas, una pared y sobre la pared un avellano de follaje violeta. Después, una hilera de lilas, una fila de tilos redondeados, amarillos; la casas misma en el fondo, rosa, con techo de tejas azuladas. Un banco y tres sillas, una figura negra con sombrero amarillo y en primer plano un gato negro. Cielo, verde pálido"
Van Gogh. El jardín de Daubigny. Julio de 1890
Una personalidad tan peculiar como la de Van Gogh no se sintió indiferente frente a la música. Además de sus primeras experiencias con las músicas que oían en la iglesia de pequeño, los hermanos Van Gogh asistieron a las primeras representaciones de las ópera de Richard Wagner en París.
Aún así, aunque Vincent amaba la música, su carácter le impedía asistir a los conciertos ya que los ruidos, crujidos y susurros del público lo inquietaban e impedían que su sensibilidad apreciara la textura musical.
Aún antes de oír la música de Wagner, Vincent recordó a su hermano que había estudiado la relación ente el color y la música mientras recibía clases de piano en Nuenen y le había escrito cómo el pintor Jules Dupré había plasmado "una gran cantidad de estados de ánimo" utilizando lo que llamaba "sinfonías de color". De esta forma, el pintor holandés buscaba acercarse cada vez más a un estilo que fuera más parecido a la música. Así, comenzó a utilizar el término "abstracciones" para sus obras, un término en el que fundía la música con la pintura y el arte de forma general.
Pero no sólo él estuvo influido por la música. ¿Ha habido compositores que se han sentido influidos por él, que han visto la necesidad de componer como Van Gogh o sobre Van Gogh?
En 1990, con motivo del centenario de su fallecimiento, el finlandés Einojuhani Rautavaara estrenó su ópera Vincent con libreto propio basado en las cartas que se cruzaron Theo y Vincent, además de algunos datos biográficos. En esta ópera Rautavaara desarrolla más que sucesos de su vida la evocación de las visiones del pintor, al que el compositor finés definió como "un cazador de luz".
Dividida en tres actos, la ópera utiliza en varios momentos el llamado "Cuarteto grotesco", un recurso de la ópera finlandesa que presenta una perspectiva subjetiva, siempre con la misma formación de voces, con una función narrativa en que los personajes pertenecen a diversas capas sociales. Así, Rautavaaraa logra presentar en escena las voces que no comprenden la obra y la personalidad del protagonista y sirven de contrapunto a él.




Estrenada el 17 de mayo de 1990 en el Soumen Kansallisoopperan de Helsinki, cada acto comienza con un preludio dedicado a alguna obra del pintor. Así, en el Acto I se refiere a La noche estrellada en una escena que se desarrolla en  en el manicomio de Saint-Remy. El preludio del Acto II a Cuervos en el trigal en una escena que transcurrirá en una exposición de arte. Por último, el preludio del Acto III a la Iglesia de Auvers, para continuar la acción de nuevo en el sanatorio mental de Saint-Remy.
Para su obra, Rautavaara se basó en tres series de doce tonos que mezcló y varió junto con una serie de intervalos (Intervallreihe) de Olivier Messiaen que, junto con un sintetizador DX7 generan un efecto tímbrico de gran intensidad. 
No hay grabaciones en las redes con esta ópera en vídeo, aunque hay una grabación de audio con el disco que se grabó el día del estreno: Rautavaara: Vincent.
En el siguiente enlace podemos escuchar los tres preludios de Vincent, acompañados por los cuadros que le dan nombres: Tahtiyo (Noche estrellada), Variksia vehnapellon paalla (Cuervos en el trigal) y Auvers'in kirkko (Iglesia de Auvers), extraídos del disco mencionado anteriormente a cargo de la Finnish National Opera Orchestra and Chorus dirigidos por Fuat Manchurov.



Tras esta recopilación basada en los preludios de Vincent, nos acercamos a la correspondencia del pintor.
Cartas desde la locura: Vincent Van Gogh recoge gran parte de la correspondencia del pintor holandés, especialmente con su hermano Theo, aunque también con otros conocidos suyos como Gauguin durante los dos últimos años de su vida.
El libro se haya dividido en tres partes, correspondientes a los lugares en los que residió durante estos meses:
Arlés, de octubre de 1888 a mayo de 1889.
Saint-Remy, del 3 de mayo de 1889 al 16 de mayo de 1890.
Auvers-sur-Oise, del 20 de mayo al 29 de julio de 1890.
En la traducción de Claudia Schvartz se recogen las frecuentes misivas que el pintor intercambiaba de manera especial con su hermano Theo, que a lo largo de su vida llegó a ser alrededor de un millar de cartas. 
Fue en esa época cuando ocurrió el incidente en el que se seccionó la oreja mientras vivía con Gauguin en Arlés en diciembre de 1888. 
La carta que traemos en primer lugar fue escrita en Saint-Remy. Allí estuvo prácticamente durante un año en el hospital de enfermos mentales Saint-Paul de Mausole donde ingresó de forma voluntaria. Disponía de dos habitaciones, su dormitorio y otra que utilizaba para guardar sus pinturas y como taller. Disponía de libertad para entrar y salir y fue un año fecundo en su producción pictórica, salvo algunos momentos puntales en que las crisis le impedían hacerlo.
Esta primera carta fue escrita a su hermano Theo el 25 de junio de 1889 y su contenido se centra especialmente en el estudio y tratamiento que hace para pintar los cipreses del lugar.
Para no hacerla más extensa, se han suprimido las reflexiones que realiza sobre la lectura de Zadig o el destino de Voltaire, novela que compara con el Cándido y que le resulta parecida en su contenido. También se han suprimido las referencias a las obras de Shakespeare que está leyendo en inglés y su intención de terminar de leer todas las que tienen como protagonistas a reyes. Además, de algunos comentarios sobre la forma que tiene Rembrandt de reflejar en sus pinturas la mirada.
Así, el resto del contenido de la carta está dedicado al estudio de los cipreses, comentando a su hermano la importancia que para él tienen estos árboles y la escasa atención que le han otorgado otros pintores, las formas que él encuentra en ellos, qué tipo de verde utiliza y cómo lo hace, además de algunos detalles sobre su forma de pintarlos. 



Además del Vincent de Rautavaara, Rainer Kunad había estrenado en 1979 la ópera Van Gogh en Alemania.
Compuesta por Bernard Rands a partir de un libreto de J. D. McClatchy, en abril de 2011 se estrenó hace pocos años otra ópera títulada también Vincent y dedicada, lógicamente, a Van Gogh en la Escuela de Música Jacobs de la Universidad de Indiana.
Escrita en dos actos divididos en 13 escenas, la obra requiere además una compañía de ballet para la primera escena del segundo acto que lleva al escenario un baile en Arlés.
El enlace que nos acompaña se centra en la escena final con el intento de suicidio que casi fracasa por su torpeza y su muerte con Theo junto a él. Una escena que representa las ideas que tenemos de cómo fue su muerte. David Adam Moore representa al protagonista de la ópera.



Seguimos con Cartas desde la locura: Vincent Van Gogh, aunque en esta ocasión nos centramos en una dirigida a Paul Gauguin, quien fuera su compañero en Arlés, el lugar donde vivieron y en el que tuvo lugar el conocido incidente que finalizó con la mutilación de su oreja.
Esta carta se escribió el 17 de junio de 1890 en la última localidad de residencia de Vincent, en Auvers-sur-Oise, el mes anterior a su muerte. Como decía, la carta está dirigida a Gauguin, aunque es posible que fuera incluida en otra para Theo quien debía dirigirla a su destinatario.


Van Gogh. Camino con ciprés y estrella. 12-15 de mayo de 1890
Nuevamente habla Van Gogh de uno de los cuadros en los que está trabajando y que está protagonizado de nuevo por un ciprés.
Después de los saludos y de hablar de una versión que ha realizado de un cuadro de su amigo Paul, se centra en los detalles del cuadro: el ciprés, la luna casi menguada en su totalidad, los tonos de una estrella que protagoniza el cielo, un camino con viandantes o un carruaje entran en los comentarios que el pintor realiza a su amigo.



Rautavaara no quiso terminar su Vincent con la muerte del pintor. Según el compositor, "el último acto debía ser una apoteosis". Así la obra finaliza con un trigal inundado de luz y un Van Gogh que manifiesta que "no hay que temer a la muerte. Pues ella va por la luz como el segador".
Basada en esta ópera, Rautavaara tituló su Sinfonía nº 6, Vicentiana, utilizando material de la misma y la incorporación de nuevo del sintetizador DX7 que le daba la posibilidad de representar los delirios paranoicos del pintor, siempre en los comienzos o finales de los movimientos. Estos movimientos surgen de los preludios con la incorporación de la apoteosis: Noche estrellada para el movimiento 1º, Los cuervos para el 2º, Saint-Remy, la población en que se hallaba el sanatorio mental para el 3º movimiento y Apotheosis para denominar la muerte y el triunfo final del artista a través de su obra.
Apotheosis (en cuyo término se incluye el nombre de Theo) se inicia nostálgico, aunque, al tratarse de un suicidio, van creciendo el volumen y la tensión sonoros, derivando en un sentimiento triunfal. Poco a poco regresan los cuervos, el lejano sonar de cencerros y un silencio casi fantasmal va haciendo desaparecer la música hasta finalizar con el sonido de una flauta.
La interpretación de Apotheosis, último movimiento de la 6ª Sinfonía, Vicentiana de Einojuhani Rautavaara corre a cargo de The New Zealand Orchestra dirigida por Pietari Inkinen.



Nos movemos con los tópicos. Convertimos lo que es posible en lo que pensamos que es cierto. De esta forma, nuestra mente cree lo que quiere creer, aquello que encaja en nuestras ideas y nuestras convicciones.
Con más o menos detalles, tenemos una idea de cómo pudo ser la muerte de Van Gogh. El domingo 27 de julio de 1890, Vincent salió tras el almuerzo por los campos de Auvers a pintar. Llevaba consigo sus pinturas, lienzo y caballete como hacía cada día. Varias horas más tarde, al atardecer, volvió a la pensión en que se alojaba sin sus pinturas ni el caballete. Los Ravoux, dueños de la pensión y sus huéspedes, que cenaban fuera en la terraza, le vieron venir con la chaqueta abrochada, sujetándose el vientre y cojeando. Pasó junto a ellos sin saludar y subió a su habitación. Gustave Ravoux, el posadero, extrañado, se acercó al pie de la escalera y al oír un gemido subió a la habitación que Vincent ocupaba en el último piso. Lo encontró acostado, revolcándose de dolor y le preguntó qué le ocurría. Su respuesta fue: "Je me suis blessé" (Me he herido), mientras levantaba su camisa y ensañaba un pequeño agujero del tamaño de un guisante bajo sus costillas. Llamaron a un médico. Dos días más tarde, el martes 29 de julio, sobre la una, falleció en presencia de su hermano Theo


Ante la creencia común del suicidio, la biografía de Naifeh y White Smith aporta información bastante convincente sobre las circunstancias de la muerte del pintor que da un giro a las teorías que se han utilizado hasta ahora.
Dos relatos confluyen en esta teoría sobre el final de pintor. En primer lugar, el reato conocido de Adeline Ravoux, hija del posadero que contaba 13 años en el momento y que fue dando información a lo largo de los años, prácticamente casi toda salida de la boca de su padre, ya que ella no tenía información propia. Una información que se dirigía más a consolidar la figura de su padre como conocido de Van Gogh y que va desvelando algunas incongruencias.
Fundamental en esta teoría de la muerte de Van Gogh es la información aportada por René Secrétan, quien ya octogenario, habló sobre la relación que siendo adolescentes él y su hermano Gaston entablaron con Van Gogh. Esta última información hace que, para Naifeh y White Smith, la versión habitual del suicidio de Van Gogh no sea la que solemos dar por hecho. 
Quien la lea que saque sus conclusiones.


Van Gogh. El puente de Langlois en Arlés con lavanderas. 1888
No sólo la pintura del siglo XX ni la música siguen el legado de Vincent Van Gogh. El cine también se ha fijado en su persona y su obra, siendo representado habitualmente como el genio incomprendido que muere joven, de forma cuando menos extraña. 
Posiblemente la más conocida sea Lust for life (1956) de Vincent Minelli con un inolvidable Kirk Douglas como Van Gogh y Anthony Quinn en el rol de Gauguin, basado en la novela del mismo título y con música de Miklós Rózsa. Aquí la conocimos como El loco del pelo rojo.
También están Van Gogh (1991) de Maurice Pialat con Jacques Dutronc como protagonista. O el sorprendente documental Loving Vincent (2017) de Dorota Kobiela y Hugh Weichman, una obra de animación que nos logra meter en la obra pictórica del artista. Así hasta al menos una docena de películas que nos acercan a la obra y vida del pintor holandés.
Pero de todas ellas, no me resisto a dejar de compartir uno de los entrañables sueños de Akira Kurosawa. Dreams (Sueños) es una película que recoge una serie de relatos basados en algunos sueños del director japonés y que muestran la relación del hombre con su entorno, el cuidado del planeta, el arte, la espiritualidad o la muerte.
De una belleza plástica inigualable, Dreams cuenta ocho sueños, el quinto de los cuales, Crows (Cuervos) muestra la singular relación que se establece entre el espectador y la obra de Van Gogh cuando es observada detenidamente. En este sueño el pintor holandés está interpretado por Martin Scorsese.
Una maravilla.



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CONTENIDO EXTRA:
Una vez finalizado este homenaje a Van Gogh con motivo del 120 aniversario de su muerte, si lo deseas, puedes ver el making off que muestra cómo se grabaron las imágenes Los sueños de Akira Kurosawa.



Bibliografía consultada:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)
  • Naifeh, Steven y White Smith, Gregory. Van Gogh. La vida. Ed. Taurus. 2012. Traducción de Sandra Chaparro Martínez.
  • Cartas desde la locura: Vincent van Gogh. Traducción de Claudia Schvart