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Lope de Vega y el Siglo de Oro

¡Oh, siglo de oro,
de nuestra humana vida desengaño,
si vieras tanto engaño,
tan poca fe, tan bárbaro decoro!
Lope de Vega
Silva El Siglo de Oro

Estos versos de Lope de Vega junto a unas frases de El Quijote inspiraron la denominación de uno de los periodos más brillantes de la cultura en EspañaEl Siglo de Oro supone un momento álgido en las artes de nuestro país, la consolidación de un idioma que había nacido pocos siglos antes, el desarrollo de diversas artes y, de modo especial, el florecimiento de la literatura. Así, en las letras surgieron nuevos géneros, se desarrollaron nuevas temáticas y estilos y nacieron o se generalizaron muchos de los recursos literarios de nuestro idioma.
Este periodo, que los estudiosos sitúan entre la aparición de la Gramática Castellana de Elio Antonio de Nebrija publicada el año del primer viaje de Colón al nuevo continente y la muerte de Calderón de la Barca en 1681, abarca en realidad casi dos centurias que podemos desglosar en el renacimiento y el barroco hispanos, situándose con más propiedad en este último periodo.
Así en el Siglo de Oro nos encontramos con gigantes de nuestras letras como San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Cervantes, Góngora, Quevedo y la trilogía de los grandes dramaturgos: Tirso de Molina, Calderón de la Barca y Lope de Vega. Novela, poesía y teatro confluyen en estos años creando grandes obras que tuvieron gran respaldo de público y que siguen teniendo su vigencia por sus argumentos, la calidad de las obras, la forma en que supieron reflejar la sociedad de su época y la universalidad de los temas que tratan.
En esta publicación nos centramos en la figura de uno de estos genios de la literatura, el escritor que más fama alcanzó en vida, gracias a sus obras de teatro y a su poesía.
Te invito a recordar la figura de Lope de Vega y algunas de sus obras al cumplirse en estos días años de su nacimiento. Nos acompañan, obras de Ángeles Caso, Mary Shelley, una obra desaparecida del autor y música inspirada en sus poemas. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


A finales de 1562, el 25 de noviembre, según Juan Pérez de Montalbán, discípulo y biógrafo suyo, o el 2 de diciembre onomástica de San Lope, obispo de Veronanació en Madrid Félix Lope de Vega Carpio, hijo de Félix de Vega y Francisca Fernández, oriundos del Valle de Carriedo en las montañas de Santander.
De familia de hidalgos, aunque pobres, su padre era bordador, además de un hombre piadoso que acudía al hospital de la corte donde realizaba pequeños trabajos, además de ayudar a los enfermos y convalecientes, acompañado con frecuencia por sus hijos Lope e Isabel
Huérfano desde pequeño, el joven Lope mostró cierta facilidad para las letras, especialmente la poesía, además de aprender baile, esgrima y canto.
Sus primeros estudios los realizó en el escuela de Madrid que dirigía Vicente Espinel, el creador de las décimas o espinelas, a quien siempre trató con adoración y respeto. Más adelante lo haría con la Compañía de Jesús hasta ingresar en la Universidad de Alcalá de Henares, donde no terminó los estudios. Durante este tiempo entró al servicio de don Jerónimo Manrique, obispo de Cartagena e inquisidor general.


De vida ajetreada, inmerso en continuos amoríos y pleitos hasta alcanzar fama gracias a sus obras de teatro, nos acercamos a un texto recogido en Las casas de los poetas muertos de Ángeles Caso, un libro en el que la escritora gijonesa nos acerca a las casas en las que vivieron diversos escritores como Cervantes, Jovellanos, Rosalía de Castro, Antonio Machado, García Lorca o el propio Lope.
En este texto trata de la que es actualmente casa museo del escritor, además de acercarnos a los que fueron sus inicios alistado en la armada hasta que se fue centrando en la escritura de obras teatrales y poemas.

A este texto le sigue otro de la autora en el que muestra una de las facetas más terrena del escritor, los amoríos constantes a lo largo de su vida.
 

La obra de Lope de Vega se agrupa fundamentalmente entre sus producciones para escena, las que le dieron fama en su tiempo, y su obra poética. 
La primera de las músicas que nos acompaña está basada en uno de sus poemas, Romances a Belisa, un grupo de varias composiciones del que se extrajeron varias estrofas para componer una obra musical que apareció con carácter anónimo en el Cancionero de 1628 con el título de Lamento de Belisa: De pechos como una torre.


La desaparecida soprano Montserrat Figueras interpreta este Lamento de Belisa con el grupo Hespèrion XXI dirigido por quien fuera su esposo, Jordi Savall, en una grabación recogida en el disco Entremeses del Siglo de Oro: Lope de Vega y su tiempo: 1550-1650.


Con una vida intensa, Lope de Vega fue ganando el favor del público con su facilidad para la versificación que utilizaba en obras teatrales que triunfaban en los corrales de comedias. Las obras poéticas que publicó en diversos libros llegaron más tarde, pese a que algunas estaban escritas años antes de pasar por la imprenta.
Su obra se presta a entrever en ella algunos momentos de su intensa vida, dejando intuir de algún modo su vida amorosa, su huida a Valencia después de unos oscuros incidentes.


Mary Shelley es universalmente conocida por ser la autora de Frankenstein o el moderno Prometeo, pero su obra abarca mucho más que esta novela gótica. Hija de dos filósofos y esposa del poeta Percy Shelley, de quien tomó el apellido, dedicó su esfuerzo a investigar y escribir biografías, novelas históricas y libros de viaje, además de ser una de las iniciadoras del movimiento feminista.
Entre sus obras biográficas encontramos Cervantes y Lope. Vidas paralelas, una obra en la que, a partir del estudio de textos, elabora una biografía de dos personajes tan importantes para la literatura española y mundial y que convivieron en el Madrid de finales del XVI y comienzos del XVII.
En la biografía de Lope de Vega, Shelley se adentra en seguir la interrelación entre la obra y la vida del poeta y dramaturgo, buscando las conexiones existentes entre ambas.

 
Las últimas décadas del Siglo de Oro trajeron consigo disputas entre los escritores, algunas de las cuales hemos tratado en este blog.
Si Cervantes y Lope de Vega comenzaron mostrando admiración el uno por el otro, con alabanzas hacia sus obras, el hecho es que, con el paso del tiempo, la historia acabó en una rivalidad que llegó a las invectivas personales en palabras impresas. Quizás Cervantes pensaba que era mejor dramaturgo de lo que en realidad fue, acaso Lope menospreció la obra novelística del Manco de Lepanto.
Mas el tiempo acabó poniendo a cada uno en su lugar y fue Cervantes quien acabó zanjando las disputas al calificar a Lope como Monstruo de la naturaleza y Fénix de los ingenios, dos apelativos que hacían referencia a la enorme cantidad de obras de las que era autor, y con los que se le conoce todavía.


Nos acercamos de nuevo a una interpretación musical de uno de sus poemas a cargo de Hespèrion XXI con Jordi Savall y Montserrrat Figueras. Se trata de Cómo retumban los remos, con música también de autor desconocido, perteneciente al disco Lope de Vega: Intermedios del barroco Hispánico de Alia Vox de 2008.


Autor con un gran éxito entre el público que acudía a presenciar sus obras teatrales, a las que se hará referencia en un nuevo texto más adelante, Lope de Vega posee un rico universo de obras escénicas en las que describió el carácter hispano, mostró las características de su época y lo esencial de la condición humana.
Entre ellas se encuentran algunas obras que aún siguen representándose: Fuente Ovejuna, El perro del hortelano, Peribáñez y el comendador de Ocaña, La Dama bobs, El caballero de Olmedo o La Dorotea, obras de gran inspiración con rima y declamación que mostraban su facilidad para la versificación.


Sabiendo el número de obras que el propio Lope se atribuía, en la que posiblemente incluyera distintas representaciones o adaptaciones como obras distintas, además de la tendencia a la exageración que se comentaba en uno de los textos precedentes, es infrecuente en nuestros días encontrar obras desaparecidas del escritor.
Es el caso de una obra teatral, Mujeres y criados, de la que se tenía referencias y que fue encontrada en 2014. 
Un hecho que, en una primera impresión, no tendría más que fijar la atención y leerlo para acceder a la obra. En la práctica, supone un proceso de investigación y descifrado bastante más complejo hasta llevar la obra a la luz del público.
Escrita entre 1613 y 1614, Mujeres y criados desarrolla su argumento en Madrid con Violante y Luciana como las hermanas protagonistas, acompañadas por sus enamorados Teodoro y Claridán, parejas que han mantenido en secreto sus amores hasta que aparecen dos nuevos pretendientes, lo que provoca un juego de enredos, escondites y confusiones.
En la versión de Epublibre realizada por ebookofilo, SergioS y ultrarregistro el prefacio nos acerca al descubrimiento de esta obra perdida y al proceso de traducción desde el lenguaje manuscrito en que se encontraba hasta que pudo llegar entendida y posteriormente publicada.
En el texto se reflejan la emoción y el trabajo que supuso el descubrimiento.


La última audición de un poema de Lope de Vega nos ofrece un giro radical. No se trata de una composición de la época como las dos anteriores, sino de una obra musical actual. 
Basada en el Soneto LXI de Rimas, un poemario publicado en 1602, el cantautor vasco Imanol Larzabal compuso la canción Ausencia. En ella, el cantante utilizó estas letras para denunciar su condición de exiliado de su amada Euskadi, unos versos que parece que están hechos exprofeso para la ocasión. En Ausencia, Imanol deshace las estrofas del soneto para acomodarlas a la canción y hacerla sentir más propia. Se trata de una canción tan bella, con unos versos tan densos y cargados de significado que no importa repetirla para degustarla más.


La interpretación de Imanol está acompañada por la Orquesta de Cuerda Et Incarnatus con la dirección de Miguel Zeberio en una producción de Promociones Musicales de 2000. 


Pese a triunfar con su obra escénica, por donde le llegó la fama y el reconocimiento del público, la obra poética de Lope de Vega no se queda a la zaga. Con obras como Los romances, Rimas, Rimas sacras, La Filomena, La Circe, La vega del Parnaso, La hermosura de Angélica o Jerusalén conquistada muestra su capacidad para la versificación y el estilo lírico.


Finalizamos esta publicación alrededor de la figura del Fénix de los ingenios volviendo a la doble biografía de Cervantes y Lope de Mary Shelley.
En primer lugar, la autora de Frankenstein nos acerca a conocer el éxito que tuvo el escritor, la fama que llegó a alcanzar en su tiempo y cómo esta le granjeó la animadversión de algunos contemporáneos. Finaliza el texto con un extraño y arriesgado experimento como fue el publicar unos poemas de forma anónima para esperar la reacción del público.


Pese a que algunas obras del Fénix de los ingenios se ha llevado a la televisión y a la gran pantalla, no había obras que trataran sobre su vida. En 2010, Andrucha Waddington dirigió Lope, una película basada en la juventud de Lope de Vega que fue protagonizada por Alberto Ammann, por lo que tenemos la oportunidad de acercarnos a ella para recordar una figura de tanta importancia en nuestras letras.



Para despedirnos de la figura de este Monstruo de la naturaleza, recordamos que en sus últimos años realizó un giro diametral a su vida tras sufrir una crisis existencial, motivado en parte por un intento de asesinato, en parte por el fallecimiento de familiares cercanos, ordenándose sacerdote en 1614. De estos años son sus Rimas sacras, además de otras obras de carácter religioso.
El último texto de Mary Shelley nos acerca al momento de su fallecimiento. En él, detalla sus últimos días, deteniéndose de modo especial en el de su muerte el 25 de agosto de 1635, así como en sus funerales.

Ignacio Suárez Llanos. Sor Marcela de San Félix, monja de las Trinitarias Descalzas de Madrid, viendo el entierro de su padre, Lope de Vega (1862). Museo del Prado


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Amores barrocos

Pocos sentimientos hay tan universales como el amor.
El amor y todas sus variantes -correspondido o no, ideal o real, físico o platónico, apasionado o sosegado- es un sentimiento fundamental para los seres humanos y como tal, una fuente de inspiración en todas las artes.
Pero no sólo ha sido objeto en todas sus facetas, como el caso de Ibn Hazm de Córdoba y su libro El collar de la paloma (del que se trató en este blog en Caro nome. Nombre querido) en que el escritor medieval andalusí enumera y desglosa las mil variantes que encuentra en el amor. También ha ido evolucionando el tema amoroso con el paso del tiempo y las distintas concepciones e ideas que hemos ido desarrollando a lo largo del tiempo. 
Así, en las ideas de orden y equilibrio propias del Renacimiento, el amor en que la figura de la amada -no tenemos escritoras que hablen del amado, salvo en la literatura religiosa- está idealizada, casi divinizada, sin mostrar esperanzas de culminación de la relación. El Barroco renunció a esos postulados para continuar con esa idealización del amor, ahondando en sus contrastes, sus luces y sombras, antes de que surgiera una variedad que aún conservamos en nuestro tiempo, el amor romántico.
Te propongo un viaje por el Barroco con obras de Lope de Vega, Quevedo, Vivaldi o Händel en las que reconocer algunos aspectos del amor que podemos encontrar en nuestros días. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


En la obra barroca surge con fuerza el contraste de elementos en los temas o los protagonistas (Quijote y Sancho, luces y sombras, cíclopes y ninfas...), sin perder la temática renacentista de los amores lejanos, imposibles, frecuentemente no correspondidos, la idealización de la persona amada y el deseo, casi imposible, de la relación física. 
Los poetas de nuestro Siglo de Oro son conscientes de que amar y sufrir son un destino inevitable en que conceptos tan antagónicos como deseo y renuncia, gloria e infierno, muerte y vida o placer y dolor conviven de forma indisoluble. Frente a una sociedad como la actual en la que la búsqueda del placer -y su alcance- es un objetivo primordial, la literatura barroca ahonda en esta dicotomía y hay una cierta complacencia en el sufrimiento como signo de engrandecimiento y ennoblecimiento de las personas.
Francisco de Quevedo, se convirtió en uno de los escritores más particulares del Siglo de Oro por su enorme versatilidad, su facilidad para la utilización de los términos con dobles significados, además de poseer un ingenio con el que dejó aflorar gran cantidad de juegos tanto verbales como mentales.


En El Parnaso Español (1648) recoge una variada gama de poesía de los diversos estilos que cultivó y que posteriormente se organizaron en diversas obras recopilatorias. En Antología poética se recoge parte de las casi novecientas obras en verso del escritor.
Clasificado dentro de los Poemas amorosos, el Soneto 48, Definiendo el amor no alude a la persona amada, ya sea idealizada o real, sino al mismo concepto del Amor, así con mayúsculas en el terceto final. Siguiendo la estructura clásica de los sonetos, Quevedo aplica los recursos semánticos que hicieron que fuera el momento más brillante de las letras en castellano: Continuas metáforas (el amor es hielo, fuego, herida...), antítesis (hielo abrasador, fuego helado, libertad encarcelada...), personificaciones (enfermedad que crece), eufemismos (la muerte nombrada como el postrero paroxismo) y el hipérbaton que se produce en las dos últimas estrofas.


No sólo en las letras se trata el tema amoroso de forma directa en el período barroco. También la música, especialmente la naciente ópera, un arte aún con pocos años de vida, bebe en las fuentes literarias para llevar sus historias, al principio con personajes mitológicos y, más adelante, con héroes provenientes del mundo histórico antiguo, legendario o literario.
Así personajes mitológicos como Orfeo, Euridice, Cástor y Pólux dieron paso a héroes legendarios tales como Ulises, Dido, Eneas, Amadís de Gaula, Orlando, Popea o Nerón entre muchos otros. 
Estos personajes dieron vida a las óperas durante varios siglos antes de pasar a ser protagonizadas por personas más reales y cercanas a los espectadores, aunque los temas, la forma de tratarlos y las características musicales vinieran condicionados por el estilo artístico de aquellos años.
Así, Antonio Vivaldi, tan conocido entre nosotros por obras como las Cuatro Estaciones y una gran cantidad de conciertos que escribió para los distintos instrumentos con que contaba el Ospedale della Piettá para el que solía componer sus obras, llegó a estrenar alrededor de una cincuentena de óperas, generalmente catalogadas por el compositor como Dramma per musica y que mostraban un estilo más avanzado e innovador que sus obras instrumentales y las de algunos de sus contemporáneos.


Para disfrutar de su música nos acercamos a Orlando furioso, uno de sus dramma per musica en tres actos, estrenado en el Teatro Sant'Angelo de Venecia en 1727 y que, como solía realizar Il prete rosso (El padre rojo) -llamado así por ser un sacerdote pelirrojo-, alternaba arias y recitativos sin mucha acción escénica. El libreto de Grazio Braccioli está basado en el poema homónimo de Ludovico Ariosto y combina distintos argumentos del poeta, desde las famosas hazañas de Orlando hasta la historia de la hechicera Alcina en tiempos de Carlomagno.
Nos acompaña el aria de Ruggiero Sol da te mio dolce amore, una pieza que recuerda la estructura de un concierto vivaldiano al ser un aria con flauta obligada, convirtiéndose la pieza en un verdadero duelo entre cantante e instrumento y que deja espacio suficiente para que ambos pudieran improvisar a su placer. De texto corto, la repetición en el Da capo señala la singularidad propia de este tipo de arias.


La interpretación corre a cargo de Philippe Jaroussky, quizás el mejor contratenor al que podemos escuchar en la actualidad, un verdadero especialista en este tipo de música, con una voz y dicción claras y un timbre bello y perfectamente reconocible. Este tipo de arias da capo, verdaderas obras de arte, tienen en la repetición del primer tema un momento de improvisación sobre el tema original que Jaroussky sabe llevar a la emoción más grande, haciéndonos sentir que el tiempo se detiene. 
La grabación pertenece a una representación que se llevó a cabo en el Théâtre des Champs-Elyséss de París en 2011 con el Ensemble Matheus y la dirección de Jean-Cristophe Spinosi.


Desde el renacentista hasta el amor romántico, pasando por el barroco que nos ocupa, todos reproducen las leyes establecidas por la sociedad, con mayor o menor grado de opresión en las costumbres, aunque en la relación entre los amantes éstos no dejan de sentir cuanto definen y delimitan sus sentimientos, en esa relación de entrega y dominio que se establece en la intimidad de toda relación. 
Así, el barroco no sólo se centra en la voluntad de la relación, sino que la mente del amante busca símbolos, indicios o modelos en los que fijarse para reseñar y establecer su amor. La amada es, simultáneamente, el fin del amor y su justificación, un cristal a través del cuál se vive el mundo, una suerte de condena que el amante encuentra y acepta consigo mismo. 


De tal forma ese contraste, ese claroscuro, tan habitual en la estética del barroco, convive en cada obra acompañado de los recursos de cada arte, centrándose en la literatura en el enriquecimiento con cultismos, recursos fonéticos, semánticos y sintácticos.
Publicado en 1602, La hermosura de Angélica recoge doscientos sonetos de Lope de Vega que fueron publicados dos años más tarde en Rimas acompañados de más poemas que no tuvieron cabida en la obra primera. Allí, el Soneto 126, conocido por su primer verso, Desmayarse, atreverse, estar furioso nos muestra una de las más grandes reflexiones sobre el amor centradas, no como suele ser habitual en las ideas, sino en las sensaciones que el hecho amoroso produce en quien lo escribe, ya que, como reza el último verso, quien lo probó lo sabe.
De nuevo el poema está cargado de recursos estilísticos propios del Siglo de Oro de nuestra literatura.


Georg Friedrich Händel también busca, como Vivaldi, argumentos para sus óperas en fuentes similares a los compositores de su época. En esta ocasión nos despedimos del amor en el Barroco con un aria de su ópera Amadigi de Gaula sobre el personaje de la literatura caballeresca española, con libreto de Hermann Jakob Heidegger y Nicola Francesco Haym que fue estrenado en mayo de 1715 en el King's Theatre en el Haymarket
 londinense.
En esta ocasión se trata del aria Pena tiranna de Dardano, príncipe de Tracia, el antagonista que, junto a la hechicera Melissa intenta derribar el amor de la princesa Oriana y Amadís para ser ellos quienes queden como parejas de cada uno de los protagonistas.
De nuevo, Pena tiranna es un Aria da capo en que esa vuelta a la parte inicial que le da el carácter tripartito está sustentado en la repetición con variación del primer tema. 


De nuevo es un contratenor el intérprete de este aria. Se trata del polaco Jakub Józef Orlinski, un valor emergente y en formación del que oiremos hablar en los próximos años. El enlace corresponde a una grabación en formato videoclip con el propio Orlinski como Dardano, los papeles presenciales de Kunchok Palmo como Oriana, Dominika Pasternak como Melissa y Nikodem Rozbicki como Amadigi, realizaada por Julia Bui-Ngoc y con la agrupación Il Pomo d'Oro dirigida por Maxim Emelyanychev.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Ver, sentir y evocar los planetas

Nos hemos acostumbrado a mirar lo que ocurre a nuestro alrededor viendo sólo aquello que deseamos o, aún peor, cuanto nos indican o sugieren que veamos.
Lo artificial, aquello que está humanizado más para bien que para mal; lo virtual, cuanto aparece en la multitud de pantallas que se erigen en el centro de nuestras miradas, pasan a convertirse en el centro de nuestro interés, tanto visual como reflexivo.
En una gran medida nuestros pensamientos están dirigidos y enfocados a una serie de ideas que vienen de fuera de nosotros desde distintos grupos de presión. De la misma manera, nuestras miradas han dejado de observar cuanto ocurre a nuestro alrededor en la naturaleza, como sobre nuestras cabezas, en un cielo que cada vez vemos y podemos ver menos. La contaminación lumínica, las capas de aire contaminado que cubren nuestras ciudades o, simplemente, la falta de interés por mirar hacia el cielo, antes un signo de elevación, espiritualidad y religiosidad, hacen que dejemos de observar fenómenos celestes y reconocer la belleza y los cambios que lo acompañan.
Durante unas semanas, entre enero y el 20 de febrero y más adelante entre el 13 y el 19 de agosto de 2020 tenemos la oportunidad de observar en el cielo cinco planetas alineados, una situación que se produce en pocas ocasiones y que puedes conocer en el enlace anterior.
Te propongo una mirada sobre los cinco planetas que podemos observar en estas semanas desde el punto de vista literario y musical. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Venus, el segundo planeta de nuestro sistema solar, se sitúa entre la órbita de Mercurio y la nuestra y el brillo con que lo percibimos es el de mayor intensidad tras el Sol y la Luna. Desde la antigüedad se le conoce como el Lucero de la mañana.
Planeta similar a la Tierra en su tamaño, masa y composición, Venus recibe su nombre de la diosa romana del amor, la fertilidad y la belleza, quien tomó a su vez sus atributos de la Afrodita griega.
Aunque de ascendencia escandinava, Gustav Theodore von Holst es uno de los grandes compositores que llevaron al Reino Unido a recuperar un peso en la música que había dejado de tener durante siglos. Cuando algunos músicos alemanes denominaron a Inglaterra Das Land ohne Musik (El país sin música), una serie de compositores como Elgar, Vaughan Williams y el propio Holst al que siguieron en nuevas generaciones Britten, comenzaron a dar al país un peso musical que aún persiste.



Posiblemente la obra más popular de Holst sea The Planets (Los Planetas), una suite sinfónica dividida en siete movimientos dedicados cada uno a uno de nuestros vecinos del sistema solar a excepción del nuestro y Plutón, aún sin descubrir en aquella época y que, como sabemos, ha sido eliminado de la lista hace unos años.
Escrita entre 1912 y 1916, Los Planetas se estrenó dos años después, una vez finalizada la Gran Guerra que asoló el continente.
Holst no se basó en ideas o razonamientos astronómicos, sino astrológicos, una disciplina a la que se aficionó durante un viaje a nuestro país. Sus piezas no son descriptivas o programáticas, sino que se acercan más a la indagación de la significación astrológica que puede aportar cada planeta al autor. 
Así, en el segundo movimiento, Venus se nos presenta como The bringer of peace (el/la que nos trae la paz) y nos lo muestra con una música tranquila, afable gracias al uso de los violines, la flauta o el corno inglés que sirven para construir un movimiento aéreo y tranquilo.
La interpretación corresponde a la BBC Symphony Orchestra dirigida por Susanna Mälkki en el Royal Albert Hall de Londres en ese gran festival anual que es The Proms de 2015.



El planeta más cercano al Sol es, como sabemos, Mercurio. Su nombre proviene del dios romano del comercio, hijo de Júpiter, y que se relaciona con la palabra latina merx (mercancía). Por su rápido giro sobre el Sol, su cálida superficie etérea, el adjetivo mercurial se relaciona con el planeta más pequeño de nuestro sistema astronómico. 
Conocido en la antigüedad como Apolo cuando aparecía por la noche y Hermes cuando se le veía al amanecer, fue Pitágoras quien sugirió que se trataba del mismo objeto celeste. 
Actualmente sabemos que cuatro días antes del perihelio, momento en que el planeta está más cerca del Sol, se produce un fenómeno curioso: los amaneceres dobles, en los que el Sol sale, se detiene, se esconde por el lugar desde donde salió y vuelve a aparecer para seguir su recorrido.
Al tratarse de uno de los cuerpos celestes más visibles y presentar fases como la Luna, Mercurio ha sigo durante siglos objetos de la observación, apareciendo en distintas representaciones artísticas.



Félix Lope de Vega y Carpio, uno de los grandes escritores de nuestro Siglo de Oro dedicó uno de sus poemas bucólicos a un o de esos pastores que pasaban la noche al raso.
La soledad de quien vigila los rebaños frente al abandono del campo con que todos buscan donde resguardarse y descansar, están presentes en este soneto clásico que sigue las normas de este tipo de composiciones, tanto en su métrica de versos endecasílabos, como en la rima (ABBA, ABBA, CDC, CDC).
¿Quién ahora se encontraría en esta situación?



Júpiter recibe, como sabemos, su nombre del dios romano, equivalente del soberano del Olimpo griego: Zeus, hijo de Saturno a quien derrocó. Creador de las nubes a las que manipulaba con su rayo, dirigía y controlaba cuanto sucedía desde su trono dorado, siendo adorado como dios de la lluvia, el rayo y el trueno. Como dios protector de Roma era denominado Iuppiter Optimus Maximus (Jupiter, el mejor y más alto).
El mayor de nuestros compañeros de viaje alrededor del Sol posee un tamaño tan grande que dobla al de todos los demás planetas juntos, lo que hizo que se le adjudicara el nombre del más grande de los dioses de la mitología.
Rodeado por cuatro satélites, Io, Europa, Gamínedes y Calisto, recientemente se le ha descubierto rodeado de anillos como Saturno, aunque no son visibles desde nuestro planeta.


Nacido en 1975, Michael Ostrzyga es un director de orquesta y compositor alemán que destaca por sus obras especializadas en música coral y galardonado en diversos certámenes dentro de este tipo de música. 
Actualmente es director musical de la Universidad de Colonia donde también dirige el Collegium Musicum que acoge las principales agrupaciones musicales de la citada universidad, además de ser el director de la Orquesta Sinfónica, el Coro y el Coro de Cámara de la citada universidad.
Escrita a ocho voces para doble coro, Iuppiter se estrenó en 2007 recibiendo el Premio Carl-Orff del Concurso Internacional de Coro de Cámara Marktoberdorf
Esta obra se centra en los distintos nombres que recibe el dios Júpiter en los cultos latinos, en pasajes de la misa católica romana y en algunos conceptos relacionados con la etimología de otras lenguas antiguas. Tras el sonido inicial en que se canta en el texto palabras como Iuppiter, Optimus, Maximus, Majestatis, le sigue una parte central misteriosa y ornamental, plena de efectos sonoros entre los que destacan los murmullos, el canto a bocca chiusa (a boca cerrada) o silbidos que se entremezclan con el canto, para concluir con un final grandioso, casi megalómano, y eruptivo, como reflejando truenos y trombas de agua. 
La interpretación corresponde al Collegium Musicum Berlin dentro del Internationaler Kammerchor-Wettbewerb Marktoberdorf de 2017 con Donka Miteva a la dirección.


Quien quizás sea el mayor representante del Modernismo en nuestro idioma, Rubén Darío publicó Azul, una obra que marca el comienzo de este estilo literario en 1888. Un año más tarde vio a la luz en la revista Repertorio Salvadoreño el poema Venus, una obra que marca un cambio en el paradigma compositivo del escritor en cuanto lo encamina hacia una idea visionaria de sí mismo y su obra.
Tres términos, palanquín, crisálida y sideral unen en este soneto tres planos: El palanquín, ese vehículo para transportar a hombros a personajes importantes en las culturas orientales, muestra la divinidad, la realeza, aquello que se sitúa sobre el común de los mortales. La crisálida, la oruga que acaba transformándose en mariposa alude al desdoblamiento, el paso de un estado a otro, de una sensación o sentimiento a otro diferente. Por último el concepto de sideral lo relaciona de modo directo con lo cósmico. Los tres símbolos marcan la doble presencia de lo mágico y lo cotidiano, lo exótico y lo real. 
Venus se nos presenta como el amor del poeta hacia una mujer a la que considera lejana, casi inaccesible, pero a la que anhela amar y ser correspondido, de la misma forma en que siente la belleza de una noche estrellada.


Nuestro vecino más próximo, Marte, debe indudablemente su nombre a su color rojizo.
El Mars romano, era hijo de Júpiter, quien, según las leyendas mitológicas se apareció en forma de flor a Juno. Poseía un gran número de atributos, siendo sobre todo el dios de la guerra, la violencia, la pasión, la masculinidad, la valentía y la sexualidad. En sus representaciones siempre figuraba con armadura y un yelmo en los que aparecía el color rojo que lo identificaba. Amante de Venus, tuvo dos hijos con ella, Deimos y Fobos, nombre con que se denomina a los dos satélites que lo orbitan.


En The Planets, Holst comienza su Op. 32 con Mars, the Bringer of War (Marte, el portador de la guerra), título que confronta diametralmente con el que será el segundo movimiento dedicado a Venus
Compuesto el primero en 1914, Mars es una pieza marcial, con reminiscencia militar, en la que utiliza los metales y el viento como representación del dios de la guerra. Muchos compositores de películas y series se han inspirado en este movimiento para sus obras.  
Más que en la astronomía, podemos interpretar que Holst alude en esta pieza a la capacidad de luchar, a aquellos que son constantes en la vida, a quienes utilizan su inteligencia para combatir y luchar contra las adversidades. La música de Marte comienza fría y lejana y va creciendo poco a poco hasta invadir nuestros sentidos, no sólo el oído, para convertirse en algo arrebatador y, ahí sí, aparece y se siente la fuerza mitológica del dios de la guerra.
De nuevo, la interpretación corresponde a la BBC Symphony Orchestra con la dirección de Susanna Mälkki en el Royal Albert Hall de Londres correspondiente a los Proms de 2015.


Situado orbitalmente tras Júpiter, Saturno recibió el nombre del progenitor de éste. El sexto planeta del sistema solar es el segundo en tamaño, posee una densidad menor que el agua y es el único cuyos anillos son visibles desde nuestro planeta. Su luminosidad se debe a una extraña situación, ya que es el único planeta de nuestro sistema que irradia más energía que la que recibe. Además de los anillos, una observación atenta de Saturno permite apreciar el achatamiento de sus polos, debido a la rápida rotación de algo más de 10 horas y media pese a su tamaño, además de la existencia de alrededor de doscientos satélites que lo orbitan.



Tras el éxito de Iuppiter, Michael Ostrzyga dedicó dos nuevas obras a los planetas: Mercurius en 2010 en y Saturn.
Compuesta para doble coro con las voces habituales de sopranos, altos, tenores y bajos, Saturn gira alrededor del planeta de los anillos y fue compuesta para el Via Nova Chor de Munich para el concierto inaugural de Deutscher Chorwettbewerb de Weimar de la temporada 2013/2014. Ostrzyga refleja en su partitura las característica de este enorme planeta reflejando sus tormentas, mostrando figuras que se entrecruzan y giran vertiginosa y rápidamente y recreando una atmósfera cósmica.
Texto, expresiones, sonidos inarticulados, onomatopeyas sirven de nuevo a Ostrzyga para recrear a nuestro gigantesco acompañante.
La interpretación corresponde a la propia agrupación Via Nova de Munich dirigida por Florian Helgath en una grabación que se realizó en la Himmelfahrtskirche München-Sendling de la capital bávara en el verano de 2016.


No dejes de pasar la oportunidad de mirar hacia arriba, siempre más allá de lo que puedas observar.

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Rivalidades artísticas: El Siglo de Oro

El diccionario de la Real Academia Española define el dualismo como "la creencia religiosa de pueblos antiguos, que consistía en considerar el universo como formado y mantenido por el concurso de dos principios igualmente necesarios y eternos, y por consiguiente independientes uno de otro". Esta creencia que se remonta a Zoroastro en la Persia del siglo VI a. de C. con Omuz, principio divino del bien y Ahrimán, del mal, continúa más adelante con el orfismo, el gnosticismo o el maniqueísmo e incluso alcanza hasta tiempos más cercanos con los conceptos taoístas del Yin y Yang.
La dualidad entre lo espiritual y lo material, entre la luz y la oscuridad o simplemente entre el bien y el mal son, en el fondo, reflejos de nuestra propia concepción de las ideas y reflejo del vocabulario que nos ayuda, por un lado a dar forma al mundo al imaginarlo y expandirlo cuando lo verbalizamos y, por otro lado, a reducirlo en cuanto que ese mismo lenguaje, en nuestras limitaciones, nos impide llegar a conocerlo mejor.
Consustancial a nosotros es ese dualismo con que nos enfrentamos a la existencia. La constante variedad de antónimos con que configuramos el mundo nos limita en cierto sentido: frío y calor, natural y artificial, luz y tinieblas, amigo y enemigo, lo mío como lo acertado y lo tuyo como lo erróneo determinan nuestra mirada en los extremos de ciertos conceptos que, con frecuencia nos llevan a posicionarnos en uno u otro lugar. 




Tomar partido en una discusión, optar por un participante en una competición deportiva, ante determinadas ideas políticas o sociales son opciones interesantes si utilizamos nuestras capacidades para argüir, aunque podemos encontrarnos en la opción opuesta: el haber tomado partido no nos permite buscar e imaginar nuevos argumentos, sino seguir el dictado de la opción a la que seguimos sin abrir nuestra mente a nuevos razonamientos que se salgan de la línea marcada.
Este acercamiento a una postura, a una ideología no se escapa al terreno de las artes. Siguiendo el lema del movimiento de la Secesión de Viena (Sezessionsstil) "Der Zeit ihre Kunst, der Kunst ihre Freiheit" (A cada tiempo su arte y a cada arte su libertad), cada periodo histórico, cada cultura e incluso cada país, han tenido movimientos artísticos que han sucedido a otros anteriores adaptándose a las sensibilidades del momento, las emergentes condiciones sociales y políticas o la aparición de alguna personalidad que abrió nuevos caminos de expresión.
Mas en determinadas circunstancias esta situación de cambio o preeminencia en el ámbito de las artes no se ha producido sólo por esos tipos de movimientos, sino que distintas personalidades han llevado sus ideas y principios artísticos, su forma de ver e interpretar el mundo más allá, llegándose a convertir en rivalidades personales.



No sólo en nuestro momento presente se llevan a cabo algunos extremismos en cuanto a gustos y aficiones con argumentos a favor de las descalificaciones, el improperio y la búsqueda de la humillación del rival más que en la defensa de los argumentos y valores propios. En otras épocas el carácter humano, las costumbres y, posiblemente el apasionamiento, el querer ver y que otros vean las cosas en forma de dicotomía, lo blanco y lo negro, lo amigo y lo enemigo o lo bueno y lo malo, sin apreciar el valor de los matices y las distintas gamas que toda posición o argumento poseen, ha llevado a límites la enemistad en conceptos sociales, políticos y artísticos.
En Rivalidades artísticas: Mozart y Salieri traía un acercamiento a la ¿supuesta? rivalidad entre los dos compositores y la tradición a través de la cual una historia sin mucho fundamento ha llegado a nuestro conocimiento, más por entrar en lo que para nuestra mente es posible que por serlo en realidad.
En esta entrada te acerco a una de las rivalidades artísticas más enconadas, la que tuvo lugar entre los escritores del Siglo de Oro de nuestra literatura. Escritores tan consagrados como Góngora, Quevedo o Lope de Vega entre otros se enzarzaron en disputas que comenzaron por lo estilístico entre cultistas y conceptistas y llegaron, en algunas ocasiones, a lo personal, junto con canciones de la época interpretadas por Raquel Andueza y La Galanía.
Aunque los mayores protagonistas de estos enfrentamientos fueron los poetas citados, Miguel de Cervantes también terció en la disputa posicionándose en el bando de Góngora. Quizás su afán de ser reconocido como poeta y cierta animadversión hacia la figura de Lope de Vega le hizo tomar partido.



Luís de Góngora, el mayor en edad, comenzó a escribir en lo que se llamó "la manera antigua", en un movimiento que tomaba su nombre de un término pictórico como el manierismo, aunque era, con mayor exactitud, petrarquista en un estilo que busca la brillantez y cierta imitación de los postulados de la poesía renacentista. Dedicaba mucho tiempo a la concepción y la métrica de sus poemas, llegando a estar horas hasta que algún verso quedaba a su gusto. Esta dedicación, el lujo del tiempo, condicionó su actitud ante la poesía, una de las bellezas de la vida, no comparable a ningún otro arte.



En su recorrido por España, la estancia en Valladolid donde se había instalado la corte tuvo como consecuencia, entre otras, que comenzara la relación con Lope de Vega, en la que quedó claro desde un primer momento la dificultad para entenderse. Góngora, una persona poco dada a la popularidad fácil, concentrado en su forma de trabajar chocaba con la fama y el carácter abierto y fácil de Lope, así como la facilidad con que componía.
La aparición en escena de un joven Quevedo, que bajo el pseudónimo de Miguel de Musa, parodiaba el estilo culto del poeta cordobés encendió los ánimos. No están muy claras las causas por la que comenzó este enfrentamiento entre Quevedo y Góngora, pero pudieron ser las ganas de hacerse un nombre atacando a un poeta ya consagrado. 


Tenemos un momento interesante en cuanto a la investigación e interpretación de músicas de entre el Renacimiento y el Siglo de Oro. Agrupaciones como La Galanía con la presencia de la soprano Raquel Andueza han hecho que la música del siglo XVII tanto de autores españoles como italianos, comience a sonar entre nosotros y sea alabada por los críticos y expertos de distintos países.
La personal voz de Raquel Andueza, el timbre, la intención con que interpreta, el estilo con que canta esas composiciones con su particular recitativo airoso que ayuda a transmitir los diversos estados de ánimo, los afetti musicali,, hacen que oírla sea una experiencia cercana y enriquecedora.



Buena parte de la música del siglo XVII se supeditaba al texto poético al que acompañaban. A Calderón de la Barca se atribuyen las primeras composiciones escénicas para ser cantadas que se realizaron en nuestro país. De su obra Fortunas de Andrómeda y Perseo y con música atribuida a Juan Hidalgo es esta Ya no le puedo pedir que la voz de Raquel Andueza interpreta con su particular e inconfundible estilo acompañada por La Galanía, con Jesús Fernández Baena a la tiorba, Alfredo Barrales en la viola da gamba y Manuel Vilas al arpa.


Los tres escritores coincidieron viviendo en el Barrio de las Letras de Madrid, donde se cuenta que solían decirse versos hirientes por la calle. El más lamentable de los incidentes ocurrió cuando Quevedo compró la casa que Góngora tenía en la calle Cantarranas por las deudas que el cordobés acumulaba. En pleno invierno de 1625 lo desahució al no poderle pagar el alquiler que le correspondía. 




Previo a este acontecimiento, ambos escritores se enzarzaron en una serie de poemas en que se iban atacando utilizando el ingenio, adornando los insultos con ingenio, en algunas ocasiones poco entendibles, especialmente para los lectores de nuestro tiempo. 
Góngora consideraba en estos escritos a Quevedo como un simplón ignorante que desconocía el griego que quería traducir y un empedernido bebedor de vino en antros y tabernas, llegando a referirse a él como "Francisco de Quebebo"



Figuras retóricas como las metáforas rebuscadas, el hipérbaton desbordado o los latinismos continuos hicieron que la poesía de Góngora se convirtiera en un campo enrevesado al alcance de lectores elitistas. Con el tiempo se reconocerá el valor de la obra por poetas de la talla de Baudelaire.
Mas la relación entre Lope y Góngora, como se ha citado antes, no resultaba fácil. El primero veía cómo la obra del poeta cordobés le producía irritación por lo enrevesado de los contenidos y textos, a la vez que respeto, por lo que no se atrevía a indisponerse contra su persona, sino que lo hacía de forma indirecta contra sus seguidores.






Góngora, por su parte, achacaba al dramaturgo su excesiva popularidad y una poesía fácil, ligera, simple en algunos momentos.



Una parte fundamental de la interpretación de los temas que lleva en su repertorio La Galanía se basa en la preponderancia del texto, la historia que muestra los sentimientos sobre la música. En palabras de Raquel Andueza, "cuando tienes una letra en español debe entenderse lo que cantas, aunque eso suponga hipotecar un poco la belleza de la voz".
Con discos como Miracolo d'amore, Yo soy la locura (1 y 2), Pegaso, Alma mía, In Paradiso o Dàmore e tormenti, La Galanía se ha creado un nombre en el panorama nacional e internacional de la música especializada en el siglo XVII con algunas incursiones en repertorios anteriores.
Anónimo del siglo XVII, Vuestros ojos tienen d'amor no sé qué representa una muestra de la música del Barroco y este estilo interpretativo de La Galanía con la inconfundible voz de Raquel Andueza.



Quevedo
atacó a Góngora como clérigo huraño, amigo de los juegos de azar (con los que llegó a contraer las citadas deudas) y, lo que en aquella época era la peor de las acusaciones: de judío. Prueba de ello es el famoso soneto que dedicó a la característica más caricaturesca por la que eran conocidos, la nariz prominente, así como las alusiones al personaje bíblico de Anás, el sumo sacerdote judío que condenó a Jesús, además de las vertidas en otros poemas anteriores como el huir del tocino, producto obtenido del cerdo.

Finalizamos este acercamiento a la rivalidad artística entre los grandes poetas de nuestro Siglo de Oro de las letras con el que es posiblemente el más conocido de los poemas.



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