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Sobre la estupidez humana

Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos.
Rafael Alberti

Los seres humanos nos hemos considerado durante siglos el centro de cuanto existe y las criaturas más inteligentes del universo conocido. Hemos mejorado mucho en cuanto a avances científicos, descubrimientos e inventos que nos han ayudado a mejorar nuestras condiciones de vida y entrar en una nueva forma de vivir muy alejada de nuestros primitivos ancestros.
Pero esta visión no quita que haya problemas enormes a los que nos enfrentamos y a los que no somos capaces de dar soluciones. El estado de nuestro planeta es cada vez más desastroso en cuanto a contaminación o desforestación que nos acerca cada vez más a un escenario que se antoja apocalíptico. Aunque en determinados lugares se viva en unas condiciones dignas, hay aún muchas personas que no tienen las mismas condiciones de vida, por no hablar de países en los que sus condiciones vitales se semejan, como mucho, a las del medievo europeo. Nuestra acción ante problemas globales es ineficaz por la cantidad de intereses particulares o nacionales que están en juego y que no permiten que se desarrollen acciones conjuntas. Por último, cada vez es mayor la sensación de que las clases políticas que gobiernan en determinados lugares no están a la altura de las circunstancias y la acción política es un mercadeo incesante, cortoplacista e ineficaz ante grandes cambios y problemas que nos afectan a nivel global.
En estas circunstancias podemos mantener que hay mucho de estúpido en el ser humano, tanto individual como colectivamente.
Te propongo un acercamiento a las leyes básicas de la estupidez humana, un conjunto de axiomas que estudian por qué razón esta estupidez humana nos lleva a más problemas que soluciones. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!  
Antes de comenzar esta publicación debe quedar claro que las músicas que lo acompañan presentan personajes que pueden parecer estúpidos, pero que son admirados y tratado con un especial cariño y reconocimiento. Además, quien lee esto debe saber -indudablemente- que no se encuentra en el grupo de las personas que podemos considerar estúpidas. 



Escrito más como pasatiempo para distribuir y comentar entre amigos, Las leyes básicas de la estupidez humana tuvieron su primer recorrido por la Universidad de Berkeley en California, mientras su autor impartía clases de Historia de la Economía allá por 1977. Este estado de la costa oeste americana con su fábricas de sueños y sus industrias del ocio y la banalidad están con seguridad tras la inspiración que la originó.
Así, el texto, que no llega a la veintena de paginas, circulaba entre profesores y estudiantes hasta que fue impreso en 1988 junto con Allegro ma non troppo, otra obra de pequeñas dimensiones, una especie de divertimento que se mueve entre el absurdo, la paradoja y el humor para crear un monumento a lo ridículo en que la línea que separa lo serio y profundo de lo sarcástico e irónico son difíciles de separar.
Este sarcástico y bienhumorado estudio contenido en Las leyes básicas de la estupidez humana desarrolla un pensamiento sobre este aspecto que, como veremos, no deja libre a ningún estamento social, ni ambiente, ni cultura, ni lugar de origen.



Una vez que la ópera comenzó su vida tras la consolidación de su estructura con las primeras obras de Monteverdi, pasó de representarse en los palacios de la nobleza para crearse los primeros teatros de ópera. Este cambio significativo abría el espectáculo a cualquier tipo de público frente a los invitados de la nobleza en la etapa anterior y el consiguiente pago de sus entradas por parte de los espectadores. 
Con la construcción de estos primeros teatros, de forma especial en Venecia, se creó una nueva escuela operística, la Escuela Veneciana, con algunas características fundamentales: Se redujo la orquesta debido al menor interés del público por la parte instrumental. Se dio cada vez menos importancia al coro, lo que suponía para el empresario un ahorro en costes de producción. Se potenciaron las melodías de las voces agudas, especialmente los castrati, seguidos por sopranos, mezzosopranos y tenores en un papel más modesto, con poca importancia para barítonos y bajos. 
En lo que nos atañe en esta publicación, se mantienen los argumentos de tipo clásico grecolatinos, aunque cada vez aparecen más personajes cómicos ajenos al argumento principal. Se trata de una clara concesión a las exigencias de un nuevo tipo de público más modesto que ocupaba los pisos altos de los teatros, más baratos, y que demandaban que los argumentos se animaran con la presencia de personajes divertidos. Así aparecen los criados astutos, las criadas ambiciosas y lascivas que gobiernan las casas y las voluntades de los amos, los médicos estúpidos o los soldados fanfarrones que pueblan las óperas durante varios siglos. 
Así, la ópera buffa o cómica que surge como un subgénero se puebla de estos personajes. Quizás uno de los más simples de todos los protagonistas, un estúpido que llega directo al corazón de todos los espectadores sea Nemorino, el campesino enamorado de Adina en L'elisir d'amore de Donizetti.
Si ya en la obra hay personajes de este tipo como el militar fanfarrón Belcore o el Dottore Dulcamara, un charlatán de feria que se gana la vida embaucando a los habitantes de los pueblos que visita con su caravana médica, el pobre Nemorino, no es que se deje engañar por él. Su caso es lamentablemente peor, él mismo intenta lo que ni se la ha ocurrido a Dulcamara: Embaucar al embaucador para tomar un elixir de amor que haga que bebiéndolo él, quien él mismo desee, caiga enamorada de su persona. Un caso de estupidez manifiesta, pero que a todos nos gana el corazón, especialmente cuando más adelante entona Una furtiva lacrima.
La interpretación corresponde al tenor Rolando Villazón como Nemorino y el barítono Ildebrando D'Arcangelo como Dulcamara, en una extraordinaria producción de la StaatsOper de Viena que hemos traído a este blog en diversas ocasiones.




Las Leyes Fundamentales de la estupidez humana fue escrita por Carlo Maria Cipolla, uno de los grandes historiadores de la economía que ha dado el siglo XX. Tras estudiar en La Sorbona y la London School of Economics, trabajó en las universidades de Catania, Venecia, Turín, Florencia y Pisa, hasta ser Catedrático de Historia de la Economía en las universidades de su Pavía natal y de Berkeley, esta última desde 1959 hasta 1991.
En su campo de estudios publicó Entre la historia y la economía. Introducción a la historia económica, La odisea de la plata española, Las máquinas del tiempo y de la guerra o Historia económica de la población mundial, obras de una indudable solidez y profundidad que contrastan con la obra que nos ocupa.
Como podemos leer a continuación en la primera de sus leyes, siempre estamos dispuestos a subestimar el número de estúpidos que habitan en nuestro mundo.



También el mismo Donizetti llevó a cabo la que se puede considerar la última gran ópera cómica del repertorio, Don Pasquale, otra obra de la que hemos tratado en alguna ocasión. 
El argumento muestra a un anciano protagonista que cae en la trama que organizan la joven Norina y su amado Ernesto, sobrino de Don Pasquale, para que este abandone su sueño de casarse. Entre Norina y el doctor Malatesta lograrán el objetivo. 
El papel del anciano es doloroso, rozando el algunos momentos lo ridículo, en una época en que se mantenía que en ciertas edades no se podía disfrutar del amor. 



El ensayo A la italiana es uno de los ensayos que se realizan para coordinar las voces con la orquesta, en el que se prescinde de decorados, vestuario o movimientos por la escena. En ellos, lo importante es la coordinación de las voces y la orquesta, las réplicas entre los cantantes, la sonoridad del conjunto y el equilibrio de las voces.
La música que nos acompaña corresponde a un ensayo A la italiana del dúo del Acto III de Don Pasquale Cheti, cheti (calladitos, calladitos) entre Malatesta y Don Pasquale interpretados por Javier Franco y Carlos Chausson perteneciente a la temporada 2017 de la ABAO, la Ópera de Bilbao con la dirección musical de Roberto Abbado.
En él, Don Pasquale intenta convencer a Malatesta para vengarse de su esposa que ha concertado una cita en el jardín con Ernesto, aunque lo que desea en el fondo es desembarazarse de la que cree que es su esposa.
Aunque sea un ensayo, en el que se escuchan comentarios o se ve a los músicos realizando anotaciones en la partitura, en el momento en que los cantantes realizan el canto silabato, esa modalidad propia de las voces graves en que se acelera hasta límites inverosímiles la vocalización de la frase, es curioso observar a los miembros del coro y su admiración por lo que realizan los solistas.



La intención de la obra sobre la estupidez de Cipolla tiene probablemente sus orígenes en la Filosofía utilitarista de Jeremy Bentham y su axioma "Todo acto humano, normas o institución han de ser juzgados a partir de la utilizad que tienen, es decir, según el placer o sufrimiento que producen entre las personas".
Este indicio original lo desarrolla Cipolla con un tono desenfadado, pretendidamente cientifista, pleno de razonamientos generalizadores.
En la Segunda Ley Fundamental de la estupidez humana defiende que se es estúpido independientemente del origen o cualquier otra característica de la persona.



Si hay una ópera que trate sobre la estupidez de los gobernantes, esta es sin lugar a dudas Zolotói Petushok (El gallo de oro) de Nikolai Rimsky-Korsakof, una obra que el autor no pudo ver en escena por la censura, ya que criticaba claramente al zar Nicolás II y el desastre estratégico y militar que supuso para el país la guerra entre Rusia y Japón, además de la Revolución de 1905 para erradicar las condiciones quasi feudales en que vivía el pueblo ruso y que fueron seguidas por una inmensa mayoría de la población, incluidos los estudiantes del conservatorio de San Petersburgo y el propio compositor. La obra fue estrenada varios años después del fallecimiento del compositor.
Basada en un poema de Aleksandr Pushkin, El gallo de oro comienza con un astrólogo que se presenta como director de escena y actor que adelanta la historia que va a narrar. 
Boceto escenográfico para El Gallo de Oro para el Teatro Alemán de Riga (1928)

El Zar Dodon (Pushkin lo llamó Dadon buscando mayor sonoridad), un anciano que fue pendenciero solo desea ya la tranquilidad y ni la Duma ni sus dos hijos saben cómo proteger el país de los enemigos. El astrólogo le regala un gallo de oro que cantará para avisarle cuando haya peligro. 
La música que representa al Zar es deliberadamente simple e ingenua, mientras que el personaje del Astrólogo es representado como un sabio oriental y misterioso con una tesitura vocal de eunuco, un tenor de los denominados altino por lo agudo de los registros en los que canta, además de ser acompañado por instrumentos como la celesta.
El enlace pertenece a una producción de la New Opera NYC de New York City de 2017 con Dmitry Gishpling como el Astrólogo y Mikhail Svetlov como el Zar Dodon con la presencia del Gallo de Oro y la zarina Shemacha.




El hecho de que Carlo Maria Cipolla escribiera este opúsculo sin intereses económicos surge del hecho de que siempre permitió la reproducción gratuita de esta publicación y que se ha enlazado al final de esta publicación.
En otros libros Cipolla fue un autor creativo, bastante prolífico y, aunque centrado en la historia de la economía, mostraba diversos intereses que giraban alrededor del estudio de la historia del dinero o de la población, aunque sin dejar de tratar temas como la historia de los sistemas sanitarios en las diversas sociedades, de la tecnología o de la alfabetización.
Su tercer postulado nos acerca a la naturaleza de las actuaciones de las personas estúpidas como aquellas que causan daño a otras sin obtener un beneficio propio y, lo que es peor, obteniendo en ocasiones un perjuicio con la inclusión de formulaciones y gráficos relacionadas con la sociología.


Ya en el inicio del siglo XX, Giacomo Puccini volvió a recurrir al tipo de personajes ridículos o estúpidos que surgieron con la Escuela de Venecia. En ópera póstuma Turandot son tres en uno, tres personajes que se mueven y desarrollan como uno solo, que se solapan, hablan a la vez y completan las frases de sus compañeros. Puccini los utiliza como contrapunto humorístico de la acción dramática que se desarrolla entre los personajes principales de la obra para descargar la tensión argumental.



Sus sonoros nombres indican este estado. Ping es el Gran Canciller, Pang el Mariscal y Pong el Cocinero Mayor del Emperador y siempre aparecen en escena juntos, en la primera ocasión para advertir, en otra para añorar los tiempos anteriores a la búsqueda de pretendientes para Turandot.
La interpretación corresponde a una producción de la Opera de Pensacola, en el estado norteamericano de Florida. Ping está interpretado por el barítono Dennis Jess, mientras los tenores Thomas Rowell realiza el rol de Pang y Eric Bowden el de Pong. Se trata de la primera de sus apariciones en la que los tres personajes intentan persuadir a Calaf de la inutilidad de su esfuerzo por conquistar la mano y el corazón de la fría Turandot.



Con todo su prestigio como historiador de la economía, Cipolla pasó copias de las dos obras citadas entre sus conocidos que fueron pasando fotocopiadas hasta que decidió su publicación con el título Allegro ma non troppo, un libro que incluía dos escritos: El papel de las especias (y de la pimienta en particular) en el desarrollo económico de la Edad Media -que con el tiempo quedaría titulado como el libro- y Las Leyes Fundamentales de la estupidez humana.
Cipolla utiliza en este último un lenguaje matemático con gráficos como el de la Tercera Ley que se sirven como argumento para enunciar sus razonamientos. Así, su argumento le hace llegar a la Cuarta Ley en que demuestra con el uso de estos gráficos y formulaciones que las personas no estúpidas -como tú, que lees este escrito- subestiman la fuerza destructiva que desarrollan las personas estúpidas.


Siguiendo con la ópera El gallo de oro, cuanto este cante, el Zar Dodon enviará  tras los avisos de este animal a cada uno de sus hijos a repeler al enemigo logrando, sin pretenderlo, que se maten el uno al otro. Después él mismo se encamina hacia el frente donde conocerá a la bella Zarina Shemacha, hija de la Reina del Aire que lo seducirá. Así, la voluntad de este inepto zar quedará entregada al astrólogo y la zarina. Finalmente, el zar muere tras un picotazo del Gallo de Oro.
El astrólogo volverá al final de la obra a aparecer como maestro de ceremonias y se erige junto con Shemacha como los dos únicos personajes reales de la historia. Al resto, los destierra al reino de las sombras.
El personaje de esta Zarina Shemacha está representado como una especie de mujer fatal rusa, mostrando una seducción y una voluptuosidad que lleva a quienes la siguen hasta la muerte, siendo el personaje más interesante de la obra. El propio libretista, Belski la describió "como la tentación diabólica de la belleza carnal." Su papel está cargado de poesía y una música que mezcla elementos orientales y rusos, exigiendo la voz de soprano de coloratura. por momentos dramática, en otros lírica. 
La siguiente escena muestra el momento en que Shemacha intenta enseñar a un ridículo Zar a bailar.
La grabación pertenece a una producción de 2014 de la Bergen National Opera con Laura Claycomb como la Zarina y Andrew Shoe como Dodon.



Saber reírse de uno mismo y de quienes le acompañan de una forma sana es una actividad inteligente que hace que el humor se tome, tal como hace Cipolla, como un deber para la sociedad: "El humor es el mejor remedio para disipar tensiones, resolver situaciones difíciles y facilitar el trato y las relaciones entre personas."
Así, con el talante con que Cipolla escribió, para sí y para sus amigos, y luego nos regaló a quienes deseemos leerlo, nos acercamos a la quinta y más conocida de sus Leyes Fundamentales, reconociendo que la persona estúpida -esa que no somos nosotros, ¿o sí?- es la más peligrosa que existe.



Quizás en estos momentos tengamos despejadas las dudas y hayamos comprobado que somos estúpidos y que el número de personas estúpidas es aún mayor del que el propio Carlo Maria Cipolla había calculado. Nuestra acción como conjunto de seres humanos frente a pandemias deja mucho que desear y problemas mayores como el de la conservación del planeta que es nuestra casa, no son capaces de hacernos que demos una respuesta conjunta; así como la desigualdad que existe entre grupos sociales o entre distintos países hace que una serie de problemas que podrían haber tenido solución hace tiempo sean cada vez más complicados de solucionar por nuestra propia acción.
Nos ocurre como a la última de las músicas que nos acompañan. En su Carmina Burana, la cantata basada en poemas medievales goliardos, Karl Orff agrupó algunos de ellos bajo el epígrafe In taberna. En Olim lacus colueram (En otro tiempo yo vivía en el lago), uno de los bebidos participantes se mete en el papel de un cisne asado que canta su propia desdicha, como si beber lo llevara a tan ilusionante y esperanzador final. Una lúcida metáfora de lo que somos.



El tenor ruso Anton Kuzenok interpreta Olim lacus colueram dentro de la Gran Final de la 51st International Vocal Competition celebrada en el Muziekgebouw Firts Philips de Eindhoven en septiembre de 2017 con Kenneth Montgomery dirigiendo la South Nehterlands Philharmonic. Los aplausos finales son, sin ninguna duda, para nosotros.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Cipolla, Carlo Maria, Las leyes fundamentales de la estupidez humana. Texto íntegro.
  • www.kareoo.es. Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)
  • Alier, Roger. Guía universal de la Ópera. Ediciones Robinbook, S. L. 2007, Barcelona. Ma non troppo.

Ópera en Zapatillas: L'elisir d'amore (El elixir de amor)

La ópera tiene el gran poder de despertar las emociones.
Luciano Pavarotti

En otras ocasiones hemos comentado que la ópera es una obra de arte en la que confluyen diversas artes y que, como todo aquello en lo que interviene la música, es efímera, ya que se construye y desarrolla en un momento determinado.
Pero para apreciar una ópera es conveniente acercarse previamente a ella, saber qué nos quiere decir a nosotros (no sólo a los que la oyeron en el tiempo en que se estrenó) y conocerla. Es el valor de las grabaciones, tanto en discos como en vídeos. Ahora, en estos tiempos, con la ventaja de poder escucharlas desde la red en el momento que deseemos.
En el blog hemos dedicado varias publicaciones al ejercicio de disfrutar desde la comodidad de nuestra casa grabaciones de algunas de las óperas fundamentales en una sección que titulamos #OperaEnZapatillas y en las que, además de información sobre las mismas, algunos momentos destacados, se hace una propuesta para ver una versión concreta de esa ópera que se pueda seguir tanto para quienes lo hacen con frecuencia, como para los que aún no están acostumbrados.
Por la sección nos hemos acercado ya a las siguientes obras en lo que se pretende que sea una publicación en la primera semana de cada dos meses y que puedes ver clicando en los enlaces en verde:
-Ópera en zapatillas: La traviata.
-Ópera en zapatillas: L'opera imaginaire.
-Ópera en zapatillas: Las bodas de Fígaro.
En esta nueva entrega de #OperaEnZapatillas te propongo un acercamiento a una de las óperas más divertidas y populares de todos los tiempos: L'elisir d'amore de Donizetti, una obra con una de las arias más conocidas de la historia de la música, Una furtiva lagrima. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Tras la retirada de Rossini aún joven y en plenas facultades y el precipitado fallecimiento de Bellini, el mundo de la ópera se rindió al tercero de los grandes compositores italianos de la primera parte del siglo XIX: Donizetti.
Gaetano Donizetti nació y murió en Bérgamo relativamente joven, pero con una gran producción en su haber. De familia muy humilde pudo estudiar música gracias a la ayuda de Johann Simon Mayr, un alemán que dirigía la escuela de música de la ciudad además de ser párroco en la iglesia local y que lo apoyó a lo largo de sus estudios. Su formación fue lenta y cuidadosa a partir del conocimiento de los clásicos de Viena y Gluck, la música religiosa, sinfónica y de cámara. Pero el público italiano de la época exigía dedicación casi exclusiva a la ópera y Donizetti se entregó con todas sus fuerzas y energías a ella. Compuso entre sus más de setenta obras para la escena, Zoraida di Granata, Alahor in Granata, Anna Bolena, Ugo conte di Parigi que supuso un verdadero fracaso, L'elisir d'amore, Lucrecia Borgia, Lucia di Lammermoor, Maria Stuarda, Roberto Devereux, La fille du regiment, La favorita, Linda di Chamonix o Don Pasquale (la próxima ópera que podré presenciar en directo).
Su vida personal fue degenerando tras la muerte de sus tres hijos en plena infancia a las que siguió su esposa Virginia. La soledad, junto con una enfermedad contagiada terminó en la locura y su fallecimiento con apenas cincuenta años después de haber viajado y triunfado por toda Italia, Francia y Viena.
De su frenética vida compositiva, su capacidad para alternar obras serias e históricas con otras comedias intrascendentes pero divertidas da cuenta la soprano Laia Falcón en su interesante La ópera. Voz, emoción y personaje, un libro que nos ha acompañado en diversas ocasiones.

La ilustración muestra la caricatura aludida en la que Donizetti escribe con la mano derecha una ópera bufa, mientras con la izquierda compone una ópera seria. Corresponde a una publicación en Le Charicari en 1840.


Caricatura de Donizetti escribiendo a dos manos
La pieza más conocida de esta ópera y una de las más famosas de toda la historia musical es Una furtiva lagrima, el aria de Nemorino del segundo acto de L'elisir d'amore, una romanza para tenor.
El fagot introduce la pieza como solista acompañado del arpa y la cuerda en pizzicato. Poco a poco van entrando instrumentos de viento (clarinete, corno inglés, oboe y flauta) doblando la melodía o haciéndole eco hasta el final. Donizetti quería se propuso hacer en este aria un pequeño ejemplo de música de cámara en plena ópera. 
La interpretación corresponde al tenor Roberto Alagna en un recital del que no tenemos datos sobre quienes lo acompañan. La versión que canta no es que se suele realizar de forma habitual con algunos cambios en la segunda parte y corresponde a una versión alternativa que Donizetti realizó en 1840. En ella, Alagna, en un momento vocal excelente, con una voz bella, brillante y potente nos deja una de sus mejores interpretaciones.





La historia de la creación de esta ópera es curiosa, en unos tiempos en los que componer no tenía el sentido trascendente e histórico que posee en nuestros tiempos. Simplemente se componía para cubrir las expectativas de los teatros y la gran demanda de obras que se exigían. 
Donizetti tenía fama de escribir de forma rápida, tanto que entre 1816 y 1832 había estrenado 33 óperas. El caso es que Lanari, gerente del Teatro della Cannobiana de Milán, una ciudad en la que aún no había triunfado el compositor, se encontró con que le había fallado una obra que tenía apalabrada con un compositor y dos semanas antes de comenzar la temporada de primavera de 1832 se dirigió desesperado al compositor para suplicarle que le proporcionara una nueva ópera. Donizetti aceptó el desafío con la condición de que Felice Romani, con quien había colaborado en Anna Bolena, debería ser el libretista.


Ensayo de L'elisir d'amore con los cantantes dirigidos por Donizetti

El barítono francés Henry-Bernard Dabadie formaba parte del elenco della Cannobiana y sugirió una adaptación de Le filtre (El filtro) de Auber que él mismo había estrenado en París el año anterior, y que se basaba en otra anterior, Il filtro de Malaperta. Donizetti se negó a arreglar esta ópera ante la propuesta del barítono y Lanari. "¿Está usted bromeando?" -les dijo- "No es mi costumbre remendar mis obras ni las de nadie, pero aguarde y verá si tengo o no el coraje de crear una ópera completamente nueva en quince días. Le doy mi palabra con la ayuda de Romani."
Así, Donizetti se encontró con dos semanas para hacer una obra nueva, el compromiso de Romani de entregarle un libreto en siete días y un elenco ya cerrado al que debería adaptar la ópera. En la publicación que el Teatro Real de Madrid editó para las representaciones de L'elisir d'amore de la temporada 2005/2006 recogemos un texto de Gonzalo Badenes que nos lo especifica.



En L'elisir d'amore, Donizetti utiliza los cuatro personajes que representaría el elenco establecido, y en el que el propio Dabadie interpretaría al sargento Belcore, de la misma manera que hizo en el estreno de Le filtre con Jolicoeur (el mismo nombre en fráncés). Lo interpreta un barítono lírico con ironía y una insoportable petulancia que canta con escalas y florituras recargadas y propias de otros tiempos. Es un personaje que podíamos considerar de relleno y que sirve para dar pie a las idas y venidas que marcan en la historia la relación entre Nemorino y Adina.
La aparición en escena no puede reflejar mejor al personaje. Llega al pueblo como jefe de una guarnición cantando Come Paride vezzoso (Como el seductor Paris) y haciéndose creer un gran seductor. 
La interpretación corresponde a Joan Pons que cree seducir a una Adina interpretada por Kathleen Battle en presencia del Nemorino Luciano Pavarotti en una producción de 1991 del Metropolitan Opera House de Nueva York bajo la dirección de James Levine.



Los protagonistas son Adina y Nemorino. Él está interpretado por un tenor preferentemente lírico, aunque es un personaje deseado por todo tipo de tenores. Es un pueblerino simple, algo tontorrón y excesivamente crédulo, tanto que a veces podemos pensar cómo Adina acaba enamorándose de él. Pero Donizetti logra que le tengamos una simpatía especial desde que comienza la obra y culmina nuestra admiración con la genial Una furtiva lagrima.

Adina es una de las heroínas donizettianas interpretada por una soprano lírica o ligera con algo de coloratura. Es una campesina espabilada, lista, un punto maliciosa y emotiva que va pasando poco a poco desde la ignorancia y desprecio a Nemorino a darle celos y acabar, como no podría ser en un melodramma giocoso, enamorados ambos.
El otro personaje que falta para el cuarteto protagonista, además del sargento Belcore, es Dulcamara, un charlatán de pueblo, simpático embaucador, en el fondo un desgraciado que sólo puede ir de pueblo en pueblo vendiendo sus milagrosos brebajes a unos campesinos inocentes que lo recuerdan de una y otra venida. Está interpretado por un bajo bufo y tiene un papel del tipo deus ex machina que se relaciona con todos los personajes, interviene en sus voluntades y en los cambios de la historia y acaba, incluso de consejero sentimental de Adina. Es un personaje que debe ser interpretado con ironía y gracia, con desparpajo y un tono burlón.
Seguimos acompañados del texto de Gonzalo Badenes que nos recuerda, en palabras de la que fuera esposa de Romani, la composición de uno de los dúos de la ópera.



El primero de los dúos entre Adina y Nemorino es este que corresponde a la tercera escena del primer acto. Después de que Belcore se ha insinuado a Adina, Nemorino intenta llamar su atención y conquistarla sin ningún éxito y un desprecio poco amable de la campesina.
El enlace está interpretado por el tenor mexicano Rolando Villazón y la soprano navarra María Bayo en una producción del Gran Teatre del Liceu de Barcelona de 2005 con la dirección musical de Daniele Callegari.






Hay momentos que se vuelven inolvidables en L'elisir d'amore, una obra ideal para los que quieren iniciarse en el mundo de la ópera. La llegada del embaucador Dulcamara con la retórica de vendedor ambulante y la retahíla de beneficios de sus pócimas curalotodo que se han vivido por los pueblos y ciudades de nuestra geografía hasta mediados del siglo pasado. El papel del engreído sargento Belcore y su convencimiento de que es irresistible a todas las mujeres, circunstancia que aprovecha Adina para darle celos a Nemorino concertando su boda con el militar. El momento en que el inocente campesino convence a Dulcamara de que le venda un elixir como el de Tristán e Isolda en el que este nunca había pensado, vendiéndole una simple botella de vino.
Aún nos recuerda Gonzalo Badenes a partir de la memoria de Emilia Branca dos momentos de la ópera.

Que Una furtiva lagrima haya tenido el éxito tan contundente y que sea la pieza más esperada de la ópera, siendo un aria tan seria en medio de una obra cómica es mérito indiscutible de Donizetti al conseguir que sus contrastes y paradojas sean aceptados tan bien por todos los públicos desde que se estrenó la obra.
El otro de los casos citados, Io son rico, tu sei bella se interpreta como un dúo que acaba de escribir Dulcamara y le ofrece la letra a Adina para que lo cante con él. Es una poesía que en estos tiempos sería casi impensable que se escribiera para una obra en la que un viejo senador Tridenti (Tres Dientes) no deja de insinuarse a una bella gondolera pidiendo que deje el amor de su novio por su dinero.
La interpretación de esta Barcarola a due voci (Barcarola a dos voces) corre a cargo de Enzo Capuano como Dulcamara y el senador y Erika Miklósa como Adina y la gondolera con la dirección de Marco Balderi y se grabó en el Müvészetek Palotája de Budapest en 2010.




De todas las versiones que hay en la red, te propongo ver una que se grabó en Viena en 2005 con un éxito abrumador.
Según las indicaciones originales de Donizetti, la obra se desarrolla en una aldea del País Vasco, aunque se suele ambientar en cualquier entorno rural u otro cualquiera.
El vídeo está subtitulado en castellano y comento algunos detalles de la producción.
El elenco es uno de los mejores que se podía utilizar en aquel momento. 
El rol de Adina está representado por Anna Netrebko en un momento excelente, cuando su voz aún tenía el brillo de soprano ligera. 
Nemorino lo interpreta Rolando Villazón, también en uno de sus mejores momentos vocales, antes de las complicaciones canoras que lo sacaron de los escenarios por un tiempo. Hay un sutil homenaje en su papel a su paisano Cantinflas que se deja traslucir a lo largo de la obra, pero de manera especial en la escena en que prueba el milagroso elixir.
Belcore lo encarna uno de los más expertos barítonos, Leo Nucci, que borda el personaje con la dosis de petulancia y manierismo que necesita. 
Dulcamara es Ildebrando d'Arcangelo, un barítono italiano que comenzaba a despuntar y también aporta el matiz de embaucador resabiado, pero que se deja sorprender por la inocencia de Nemorino, aportando las nuevas propiedades de sus medicinas a su repertorio.
La dirección musical corre a cargo de Alfred Eschwé.
Atención especial merecen las entradas en escena de estos dos últimos personajes (Come Paride vezzoso y Udite, udite, o rustici), la narración de Adina de la historia de Tristán e Isolda (Della crudele Isotta il bel Tristano ardea), el dúo que hemos enlazado antes (Una parola, o Adina).
El segundo acto comienza con la boda entre Belcore y Adina a la espera del consabido notario y en cuyo banquete se interpreta la barcarolla Io son rico e tu sei bella, mientras en la mitad del acto se canta el aria Una furtiva lagrima. Como acontecimiento excepcional, Villazón realiza un bis, algo que dejó de hacerse en los teatros durante muchos años. Es interesante ver la emoción que se deja traslucir en el intérprete entre los aplausos de un público entregado antes de volver a cantar el aria.



Caricatura realizada por el propio Donizetti
Es posible que a estas alturas estés ya cansado o cansada y no sea el momento de abusar de tu paciencia para continuar leyendo y escuchando sobre una obra tan genial como esta. Es posible que desees regresar en otro momento a seguir la obra completa y para ello es conveniente recordar unos consejos:

-Elige el momento en que tengas tiempo suficiente para verla entera o, al menos en dos partes, una para cada acto.

-Antes de cada acto, lee y conoce su argumento. En el siguiente enlace que a la página Operamanía puedes seguir el argumento de la obra con las piezas más señaladas de la misma: Operamanía: L'elisir d'amore.

-Sigue los subtítulos en nuestro idioma y aíslate del mundo por un rato.

-Si tienes la opción utiliza una pantalla grande. Recuerda que al estar los enlaces en YouTube, puedes verlos tanto en un ordenador como en una SmartTV.

Esta ópera es una excelente ocasión para deleitarse con de un argumento simpático y una música realmente encantadora. Busca el momento adecuado para disfrutarla. 


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Bibliografía consultada:
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)
  • Alier, Roger. Guía universal de la Ópera. Ediciones Robinbook, S. L. 2007, Barcelona. Ma non troppo.

Dónde encontrar la felicidad

¿Cuándo, cómo y dónde podemos encontrar la felicidad? 
¿Quién no se ha hecho estas preguntas? Una de las constantes en la vida es la búsqueda de la felicidad, una felicidad que la deseamos para nosotros mismos y para aquellos que nos rodean. ¿Qué padre no plantea como objetivo vital que sus hijos sean felices? Esta felicidad la anteponemos incluso al crecimiento, a la maduración, la búsqueda de la sabiduría, el equilibro personal o el hecho de dotar de un sentido y una finalidad a nuestra existencia.
Y el hecho de situar esa meta en la felicidad acarrea más problemas y frustraciones en cuanto que el camino a seguir, los obstáculos a superar o la no consecución de unas condiciones de tipo material, sentimental o emocional, hace que, cuando no alcanzamos esa buscada felicidad, los sentimientos nos acerquen más a la desdicha en nuestras vidas. 
Un talante abierto, la capacidad para luchar por nuestros propósitos y sueños, desear lo mejor para quienes nos acompañan y conocemos o, simplemente, disfrutar de determinados momentos nos acercan a este deseado estado de ánimo.
Te propongo una reflexión sobre la felicidad, dónde buscar para poder encontrarla. Nos acompañan un texto de José Luis López Aranguren y un festivo coro de I Puritani de Bellini que terminan junto a una advertencia final.


El estreno de I Puritani de Scozia (Los Puritanos de Escocia), más conocida simplemente como I Puritani sumió a Bellini en la felicidad más absoluta incluso antes del estreno. Primero, porque fue un encargo que el Téâthre Italien de París le hizo, lo que significaba que el compositor italiano entraba en la pléyade de autores extranjeros consagrados que estrenaba en la capital francesa, junto a Rossini, que ejercía aún su influencia desde su retiro parisino, Donizetti y el joven Verdi. En segundo lugar, porque ya antes del estreno, e incluso de componer la música, se había garantizado el éxito con la elección de los mejores cantantes del momento: El gran tenor Rubini sería Arturo; una de las divas del momento, Giulia Grissi sería Elvira; Tamburini haría el papel de Riccardo, un rival de Arturo cargado de sentimientos nobles y Lablache el rol de Giorgio, tío y defensor de Elvira. En tercer lugar, porque mientras componía, preparaba una versión para la otra gran diva del momento, María Malibrán, una voz más sombría y ágil a la vez con tesitura que iba de soprano hasta contralto para la que arregló y añadió alguna pieza para estrenar en los grandes teatros italianos de Milán, Venecia o Nápoles. Este estado de felicidad le duraría poco tiempo, ya que poco más de medio año más tarde, mientras preparaba otro encargo en París, falleció a los treinta y cuatro años tras una rápida enfermedad digestiva en menos de una semana.




Vincenzo Bellini se basó en el texto teatral Têtes rondes y cavaliers en el que se cuenta el dramático amor de Elvira y Arturo durante la guerra civil que los Puritanos, partidarios de Oliver Cronwell mantuvieron contra los realistas que apoyaban a los EstuardoWalter Scott trató también el tema en Old Mortality que en Italia se tituló precisamente I Puritani di Scozia, título que gustó a compositor y libretista, aunque el argumento no tiene que ver con el de esta ópera. El libreto corrió a cargo de Carlo Pepoli y aprovechó el interés que el público tenía por este tipo de temas históricos. 



Bellini desarrolla en I Puritani una amplia gama de melodías, primando la voz sobre la orquestación, que pone al servicio de los cantantes, lo que le supuso en su momento ácidas críticas. De esta obra hermosa, apasionante y subyugante, en la que el argumento no es lo más importante, hemos tratado en varias ocasiones en este blog en algunas entradas que recogen algunas de las piezas más conocidas y que puedes leer clicando en cada enlace:
John Huston, Joyce y Bellini se encuentran en Dublín
Un efecto mariposa de hace siglos
Encuentros, amores y complicidades con Bellini y Marái y 
La fuerza de la pasión y del amor con Tolstói y Bellini.

De todas las melodías que componen I Puritani, en este post traigo una de las menos habituales, un pequeño coro que aparece al inicio de la ópera, en la segunda escena. Un coro alegre y festivo, que muestra cómo nuestra felicidad también puede basarse en buscar y desear la felicidad de aquellos que nos rodean. 



El enlace presenta una interpretación de A festa! de I Puritani por el Coro Premier Ensemble de la Asociación Gayarre Amigos de la Ópera (AGAO) de Navarra bajo la dirección musical de Miguel Ortega celebrado en el Teatro Gayarre en noviembre de 2008.


José Luis López Aranguren desarrolló una peripecia vital tan particular como su propia y longeva vida. De sus inicios familiares mantuvo toda su vida un catolicismo profundo, hetorodoxo y arraigado, pero mientras muchos van perdiendo los sueños de juventud y terminan aceptando los condicionamientos de la sociedad, Aranguren evoluciona de un conservadurismo juvenil a convertirse en un referente de la izquierda intelectual de la década de los ochenta.
Profesor de Ética y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, fue despojado de su cátedra en 1965 por asistir a una manifestación a favor de los derechos de los estudiantes, ejerciendo como profesor en la Universidad de Berkeley en California hasta su regreso mediado los setenta. Autor de libros que ilustraban su pensamiento como Filosofía y religión, Ética, Catolicismo y protestantismo como formas de existencia, Ética y sociedad, Moral, sociología y política o Estudios literarios y autobiográficos, fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1995.



Pero no son las ideas o los pensamientos filosóficos, éticos o religiosos de Aranguren los que nos acompañan, sino su reflexión sobre los peligros que una sociedad de carácter técnico, científico, cibernético y consumista nos trae frente a la falta de humanismo y solidaridad. 




La felicidad no la encontramos en los bienes externos ni el consumismo, especialmente el que se sirve de la felicidad ajena para vendernos la propia como parlanchines de feria. En el final de L'Elisir d'amore (El elixir de amor) Donizetti nos hace un guiño con el embaucador Doctor Dulcamara, quien viendo la felicidad del amor de Adina y Nemorino decide vender su mágico elixir que, además de toda la suerte de males físicos, espirituales o sentimentales con que va buscando incautos por todos los lugares, añade el nuevo beneficio: un excitante para el amor. 
La interpretación de Dulcamara corresponde al barítono buffo Enzo Dara con la presencia en el escenario de Luciano Pararotti y Kathleen Batlle.


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