No se puede decir que los animales forman parte de nuestro mundo, como alguien podría afirmar. Nosotros formamos parte de un mundo en el que también hay animales. Y plantas. Y otros muchos seres vivos e inertes. Simplemente, somos parte de los habitantes, formamos parte del planeta.
Nuestra relación con los animales ha ido evolucionando desde el origen de nuestra historia: Desde los primeros que sirvieron como alimentos gracias a la caza, hasta los que comenzamos a domesticar como forma de obtener alimentos, vestido y fuerza para realizar trabajos.
Con el transcurso de los siglos es nexo ha ido transformándose hasta llegar a un nuevo vínculo al pasar de animales domésticos a animales de compañía, e incluso, a formar parte de las relaciones familiares.
Este episodio de APasionArte encontraréis textos literarios que van de la prosa poética, al relato, la descripción y la autobiografía animal hasta la poesía. También hallaréis músicas que se mueven entre lo imitativo, la descripción mezclada con emociones y la parodia humorística. Toda una variedad de obras de distintos estilos y formatos.
Te propongo un recorrido por obras de autores de fama universal que nos invitan a reflexionar sobre las relaciones que tenemos con los animales y cómo han ido evolucionando. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
Así, en este nuevo programa nos acompañan, no en este orden, animales de distinto pelaje, plumaje y condición gracias a escritores como Juan Ramón Jiménez, Cervantes, Pablo Neruda, Leopoldo Alas, Clarín, E.T.A. Hoffmann y músicas de Rossini (¿o quizás no?), Händel, Saint-Saëns y Gofré.
Este episodio de APasionArte puedes escucharlo en Radio Voz del Condado en el 105.40 do la FM o a través de su página web: radiovoz.lapalmadelcondado.org en el siguiente horario: Miércoles a las 13 y 19 horas, jueves a mediodía, a las 14 horas y en la noche del sábado a las 21 horas.
Como es habitual, este Episodio 4, Animalario también está disponible en IVoox como Radio Voz del Condado Apasionarte. Si te gusta, no dejes de suscribirte, marcar un like en la plataforma, compartirlo o recomendarlo entre quienes creas que le va a gustar.
Durante mucho tiempo algunos artistas, sobre todo escritores, han utilizado dos formas de dar a conocer sus obras sin que estas fueran asociadas a sus nombres: algunas se publicaron con un nombre falso y otras sin hacer referencias a su autor. De esta forma, el uso de seudónimos y el anonimato se convirtieron en las formas de ocultar o silenciar el nombre de sus autores.
En esta publicación nos acercaremos a algunas razones que motivaron que sus autores no utilizaran sus nombres verdaderos para dar a conocer sus obras.
En primer lugar, nos acercamos a la definición que el Diccionario de la R. A. E. nos da sobre esta palabra.
Seudónimo, ma:
Tb. pseudónimo.
Del griego ψευδώνυμος (pseudónymos, falso nombre).
1. adj. Dicho de un autor: Que oculta con un nombre falso el suyo verdadero.
2. adj. Dicho de una obra: Firmada con seudónimo.
3. m. Nombre utilizado por un artista en sus actividades, en vez del suyo propio.
Como sinónimos, es diccionario nos indica: apodo, sobrenombre, alias, mote y remoquete.
Nos quedaremos con las acepciones primera y tercera para tratar sobre esta palabra y a algunos de los creadores que las han utilizado.
Te propongo reflexionar sobre las razones que han llevado a diversos autores a presentar sus obras con seudónimos. Nos acompañan algunos conocidos por distintas razones como Voltaire, Stendhal, Clarín, Offenbach, E.T.A. Hoffmann y Pilar Lorengar. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
Los pseudónimos se han utilizado desde hace mucho tiempo y los motivos para utilizarlos son diversos, llegando a desconocer o hacernos olvidar en muchos casos el nombre auténtico del artista. La primera de las acepciones del diccionario nos remite al seudónimo como forma de ocultar con un nombre falso el verdadero del autor o autora.
En estos casos los motivos son variados, en algunas ocasiones por el temor a distintas consecuencias como las políticas, sociales, laborales o familiares. Enfrentarse al poder establecido, crear obras que suponen una ruptura con la tradición, poner en cuestión una posición social al crear una obra o acceder a las indicaciones familiares son algunos de los motivos más frecuentes.
-Es el caso de Ricardo Eliécer Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, el poeta chileno que cambió su nombre para evitar que su padre se avergonzara por tener un hijo poeta. Aunque nunca llegó a decir por qué publicaba como Pablo Neruda, la teoría más aceptada es su admiración por la obra del novelista, poeta y dramaturgo checo Jan Neruda, algo mayor que él y que escribía sobre personajes populares de su Praga natal.
-En otras ocasiones, la razón para utilizar un seudónimo no la conocemos. El autor inventa un nombre que tenga cierta sonoridad y lo utiliza. A veces más de uno, como es el caso de Marie-Henry Beyle, que publicó diversos libros con varios seudónimos hasta que en 1817 publicó su obra Roma, Nápoles y Florencia bajo el nombre de Stendhal, y a partir de ese momento fue el nombre que utilizó en sus escritos. Aunque tampoco reveló el origen de este remoquete, las dos principales hipótesis apuntan a la ciudad alemana de Stendal, donde nació su admirado Winckelmann, el fundador de la arqueología tras sus trabajos en Herculano y Pompeya, o la del anagrama de las islas Shetland al norte de Gran Bretaña.
Olof Johan Södermark, Marie-Henri Beyle, llamado Stendhal (1840), Palacio de Versalles
Sea cual sea el origen, Stendhal marcó la primera parte del siglo XIX con sus obras. Tras dejar el ejército trabajó como funcionario imperial en Alemania, Austria y Rusia, llegó a ser embajador en Trieste y viajó por diversos países y ciudades. Su obra refleja la compleja situación política de su época, muestra un individualismo naciente, sus ideas anticlericales y su exquisito gusto hacia el arte, habiéndose acuñado el término Síndrome de Stendhal ante el trastorno producido por la contemplación y admiración de obras de arte.
Del autor de Rojo y negro o La cartuja de Parma nos acompaña el inicio de una de sus obras cortas, Vittoria Accoramboni, Duquesa de Bracciano, un relato recogido en diversos libros antológicos suyos como Los Cenci y otras crónicas italianas que nos evoca en cierto sentido los que hará un siglo más tarde Borges, aunque en esta ocasión no es obra del escritor francés sino que, como bien nos indica en el texto, es la traducción literal, con algunas expresiones adaptadas al tiempo en que la publicó, de un manuscrito del siglo XVI. El texto original se encuentra actualmente en las oficinas de la Revue de Deux Mondes.
En otros casos, más que un seudónimo, el nombre adoptado tiene que ver con otras circunstancias como la adaptación del nombre o apellido a un nuevo lugar o país con la finalidad de hacerlo más asequible a esa cultura o idioma.
-Es el caso de intérpretes como Maria Anna Cecilia Sophia Kalogeropoulos, la famosa cantante neoyorquina de origen griego que adaptó su nombre a la sonoridad anglosajona dada la dificultad de pronunciar su apellido. Tras su regreso en su infancia a Grecia y el comienzo de su carrera en Italia, su nombre como María Callas la encumbraría como la voz de soprano más completa y versátil del siglo XX.
-También es el caso de Jakob Eberst Offenbach, el músico nacido en Colonia y que haría toda su carrera y triunfaría en París (1819-1880) fundamentalmente con sus operetas. Su padre, Isaac Juda Eberst, era un encuadernador de origen judío que acabó como jazán (quien lleva los cantos litúrgicos) itinerante en las sinagogas y tocando el violín por los cafés. Al recalar en Colona y ser conocido como Der Offenbacher (gentilicio de Offenbach del Meno, su ciudad de origen) acabó tomando el apellido de su localidad natal en 1808, quizás aprovechando un decreto napoleónico para regularizar apellidos judíos.
Así, su hijo Jakob Eberst Offenbach, que mostró pronto sus aptitudes para la música, ingresó con 14 años en el Conservatorio de París donde sólo estuvo un año. Durante veinte años se ganó la vida como violonchelista adquiriendo fama en toda Europa para continuar como director de orquesta y compositor asociado al teatro musical. Al entrar en el ambiente parisino adaptó su nombre al francés, desapareciendo Erbest y siendo conocido como Jacques Offenbach.
Al no poder hacerse cargo de la compañía de la Opéra Comique alquiló un pequeño teatro en los Campos Elíseos donde comenzó a estrenar unas operetas que alcanzaron gran éxito y que criticaban de forma despiadada a la sociedad de su tiempo como Orfeo en los infiernos o La bella Elena. Este tipo de obras influyeron en compositores como Johann Strauss o el dúo inglés Gilbert & Sullivan. Su ópera Los cuentos de Hoffman quedó como su última gran obra, en fase de revisión cuando falleció.
André Gill Caricatura de Offenbach (1875), Bibliothèque nationale de France
Nos acompaña una obra para violonchelo y orquesta, Les larmes de Jackeline (Las lágrimas de Jacqueline), una pieza de 1846, la segunda de las tres que forman Les harmonies des bois (Las armonías de los bosques, Op. 76), una obra escrita para él mismo y con la que viajó por gran parte de Europa como solita virtuoso.
La interpretación corre a cargo de la cellista franco-belga Camille Thomas con el Stradivarius Feuermann de 1730 cedido por la Nippon Music Foundation, acompañada por la Orchestre National Bordeaux Aquitaine bajo la dirección de Diego Matheuz y que fue grabado en el Auditorium de l'Ópéra de Bordeaux por la Deutsche Grammophon para el disco Saint-Saëns & Offenbach.
En otros casos, el uso de pseudónimos tiene orígenes variados, acompañando a los autores durante toda su vida o siendo abandonados más adelante por el nombre original. Veamos algunos casos concretos.
-Los primeros escritos de Charles Dickens en la prensa aparecieron entre 1833 y 1836 una serie de publicaciones tituladas Ilustrative of Every-day life and every-day people. Aunque comenzaron a publicarse sin firma, acabaron siendo firmadas con seudónimos y se conocieron como Sketches by Boz (Bocetos de Boz). ¿Por qué este nombre? Al parecer era el apodo que le daba a su hermano menor Augustus, a quien él llamaba Moses (Moisés) por un personaje literario. Su hermano lo pronunciaba de forma muy nasal, Moses acabó sonando Boses y acortándose a Boz. Con el paso del tiempo, Dickens dejó de publicar estos bocetos y comenzó a ser reconocido con su nombre.
-Cuando Charles Lutwidge Dodgson comenzó a publicar relatos cortos y poemas en la revista Comic Times, el director le propuso que utilizar un seudónimo al tener pocas habilidades sociales. Así, este profesor de matemáticas tímido y epiléptico buscó un nombre para firmar sus publicaciones. Latinizó Charles como Carolus y Lutwidge como Ludovicus, para volver a convertirlos al inglés invirtiéndolos como Lewis Carroll. Sus obras, entre las que destacan Alicia en el país de las maravillas o A través del espejo, así como multitud de relatos breves fueron publicados con su seudónimos, mientras algunos trabajos matemáticos lo fueron por su nombre original.
-Hijo de notario, el nombre de François-Marie Arouet es poco conocido, pese a ser uno de los grandes pensadores y escritores de la Ilustración, un filósofo que pasó toda su vida huyendo de un lugar a otro a consecuencia de la franqueza de su pensamiento y de sus escritos, así como por su consciente poca diplomacia. Así Voltaire hubo de cambiar varias veces de país al ser perseguido por sus ideas y publicaciones hasta el extremo de adquirir unas tierras en la frontera con Suiza por si debía salir huyendo de nuevo de su país.
Taller de Nicolas de Largillière, detalle de Retrato de Voltaire (1725), Musée Carnavalet
Aunque tampoco explicó su seudónimo Voltaire se han desarrollado varias hipótesis. La más aceptada es que es una contracción del apelativo con que lo conocían en casa, Petit Volontaire (el pequeño voluntario), aunque otra de las distintas versiones se inclina por el anagrama de AROUET Le Jeune (el joven Arouet) utilizando sólo las mayúsculas del alfabeto latino con la u como v y la j como i. El caso es que sus escritos, incisivos, agudos y críticos fueron publicados con este seudónimo que le ha dado fama universal.
Incluido en Cuentos completos en prosa y verso nos acompaña Una aventura india, un pequeño relato de apenas dos páginas que nos muestran el genio y la capacidad reflexiva de Voltaire.
En las últimas décadas se ha generalizado el uso de seudónimos entre los actores, modificando la mayoría de ellos, especialmente en el ambiente de Hollywood, sus nombres originales por otros más sonoros e inéditos.
En otros casos, el seudónimo es una suerte de homenaje o un modo de inspiración hacia personas, lugares u otra circunstancia, o una forma de tener un nombre más sonoro que el propio.
-Quizás el primero de los seudónimos conocidos es el que utilizó Jean-Baptiste Poquelín, el dramaturgo más representado en Francia. Con poco más de veinte años adoptó ese nombre tomado de François-Hugues Forget de Molière d'Essertines, un escritor en cuyas obras se basó para crear algunos de sus personajes como el protagonista de El misántropo. ¿Qué razón motivó a Molière para adoptar este nombre? Posiblemente lo hiciera para evitar el aún no muy considerado oficio de actor, ya que su padre, aunque era tapicero, trabajaba para la corte.
-Samuel Langhome Clemens trabajó en los empleos más dispares desde muy joven, llegando a ser impresor, buscador de oro, navegante o periodista antes de convertirse en uno de los escritores más populares de Estados Unidos. Al comenzar a trabajar en estas publicaciones periódicas comenzó a utilizar un seudónimo relacionado con su época de navegante por el Mississippi, donde debía anotar la profundidad del lecho fluvial para ver si era navegable (to mark), utilizando la palabra «wain» si alcanzaba las dos brazas necesarias, surgiendo así su alias de Mark Twain con el que conocemos al autor de Las aventuras de Tom Sawyer y de Huckleberry Finn, El príncipe y el mendigo o Un yanqui en la corte del rey Arturo.
-El homenaje también está detrás del nombre con el que es conocido uno de los más polifacéticos autores de la primera mitad del XIX, Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann, que cambión el tercero de sus nombres por el de Amadeus en honor de Wolfgang Amadeus Mozart, siendo conocido como Ernst Theodor Amadeus (E.T.A.) Hoffmann. Nacido en Königsberg, la ciudad de Kant, en la Prusia Oriental, fue jurista, una profesión que alternó con la crítica musical, dibujante, caricaturista, cantante como tenor, pintor, escritor -su faceta más conocida- y compositor, siendo uno de los principales nombres de la literatura romántica alemana.
Autocaricatura de E. T. A. Hoffmann (1850)
Dentro de su producción musical, nos acompaña una pieza perteneciente a su ballet Arlequín de 1808, AV 41, el número XX, Alegretto, interpretado por la German Chamber Academy Neuss dirigida por Johannes Goritki perteneciente al álbum Arlequin ballet & Overtures publicado en 1999 por la discográfica CPO.
Aunque hay ocasiones en que la razón del uso de seudónimos es simplemente desconocido o caprichoso por parte de quienes los usan, es indudable que deben utilizar la imaginación, las emociones y unos motivos que les ayuden a buscarlo, puesto que este nombre les acompañará durante su vida creativa e incluso después de ella.
-Aunque quizás el nombre de Eric Arthur Blair (1903-1950) no nos diga mucho, sus obras de marcado cariz político y social influyeron en los lectores a partir de la mitad del siglo pasado. Periodista, ensayista, crítico literario y novelista, este inglés nacido en la India y que recorrió medio mundo entre conflictos bélicos incluidas la guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial. Comenzó a utilizar el alias de George Orwelldesde 1933 para no molestar a sus padres con la publicación de Sin blanca en París y Londres. Tras barajar nombres como Kenneth Miles o H. Lewis Allway se decidió por el que unía el nombre del patrón de Inglaterra, George con el de Orwell, un río de Suffolk, un lugar emblemático para él y muchos ingleses. Nos dejó novelas distópicas como Rebelión en la granja o 1984 donde muestra su visión de una sociedad totalitaria en la que estamos vigilados por el omnipresente Gran Hermano.
Para acercarnos a los últimos seudónimos que vamos a tratar nos quedamos en nuestro país o idioma.
-José Augusto Trinidad Martínez Ruiz utilizó múltiples nombres aunque a partir de su trilogía formada por La voluntad, Antonio Azorín y Las confesiones de un pequeño filósofo comenzó a publicar como Azorín, sobrenombre por el que se le conoce desde entonces.
-En 2021 Carmen Mola ganó el Premio Planeta con la novela La bestia. Al entregarse el galardón, que se presenta siempre bajo seudónimo, se desveló el nombre de los ganadores: Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez lo escribieron al alimón y publicaron este y otros libros con ese alias. Al parecer, el nombre lo eligieron en un par de minutos. Propusieron que fuera un nombre femenino, uno de ellos dijo Carmen y comentaron «mola» y así surgió Carmen Mola.
-Quizás el más conocido de todos fue el que tomó Leopoldo García-Alas y Ureña, que comenzó a utilizarlo en 1875 cuando empezó a publicar artículos críticos titulados Azotacalles de Madrid en el periódico El solfeo. Para aprovechar el título de la publicación, el director de la publicación instaba a sus periodistas a utilizar nombres de instrumentos musicales, por lo que Leopoldo Alas tomó el de Clarín, un alias que aprovechaba la coincidencia entre el nombre del instrumento y el de un personaje secundario de La vida es sueño de Calderón de la Barca. Salvo su tesis doctoral que publicó con su nombre, todas sus obras, entre las que destaca La regenta, aparecieron editadas con su nombre.
Nos acompaña unos de muchos relatos cortos que escribió y recogido en diversas antología como ¡Adiós, Cordera! y otros cuentos. Se trata de Benedictino, un cuento de varias páginas que recrea la relación entre Joaquín (Caín) y Abel.
Si te has quedado con curiosidad y deseas leer el cuento completo, sigue el siguiente enlace a Benedictino de Clarín.
Un caso frecuente en el uso de sinónimos es el femenino. Desde los primeros tiempos en que se comenzaron a editar y publicar libros tras la invención de la imprenta, la escritura por parte de las mujeres se encontraba cuestionada, especialmente entre los siglos XVIII y XIX, por lo que muchas de ellas hubieron de recurrir al uso de seudónimos masculinos, el uso del nombre de sus esposos e incluso el anonimato para poder publicar. Pero estos casos dan para una publicación independiente que realizaré en otra ocasión.
Ramón Cilla, caricatura de Leopoldo Alas dentro de la serie "Los hombres del día. Nuestros críticos", revista Blanco y Negro (4 de marzo de 1893)
-No fue para poder publicar lo que le hizo cambiar su nombre a Lucila María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga. La diplomática y poeta chilena creó su nombre para homenajear a dos de sus escritores favoritos: el italiano Gabriele D'Annunzio y el francés Frédéric Mistral, publicando desde 1917 todas sus obras como Gabriela Mistral.
-Cecilia Böhl de Faber, hija de un alemán hispanófilo vivió durante muchos años en España donde su padre era cónsul y de la escritora gaditana Frasquita Larrea que firmaba sus escritos como Corina. Tras el fallecimiento de su esposo el Marqués de Arco Hermoso volvió a casarse y, debido a la precaria situación económica comenzó a publicar escritos por entregas como La gaviota, una obra que evocaba el estilo de Walter Scott. Sus obras indagan en las virtudes tradicionales, el regeneracionismo católico y sus obras fueron publicadas bajo el seudónimo de Fernán Caballero, nombre que tomó de la localidad homónima de Ciudad Real para evitar ser criticada por ser mujer.
-El último de los casos en que el nombre real se ha cambiado por un seudónimo obedece al simple hecho de buscar un nombre más sonoro, con evocaciones de apellido internacional. La soprano zaragozana Pilar Lorenza García Seta cambió su nombre artístico uniendo las primeras sílabas de su segundo nombre y primer apellido para llamarse Pilar Lorengar, un nombre que le ayudó a consolidar su deliciosa y poderosa voz en el panorama internacional. Tras nacionalizarse alemana, realizó la mayor parte de su carrera en Berlín uniendo al repertorio de Mozart, Puccini, Verdi y Wagner con el dedicado a la zarzuela.
Finalizo esta publicación sobre los seudónimos con una interpretación del aria de la Tosca de Puccini Visi d'arte interpretada por Pilar Lorengar y la San Francisco Opera Orchestra dirigida por K. H. Adler en una sesión de Opera in the park celebrada en la ciudad californiana en 1986.
Un saludo desde esta página desde las Letras Prestadas del Club Pickwick.
Hubo un tiempo en que la investigación, los descubrimientos y los inventos prometían avances, pero a la vez se veían con miedo a sus desconocidas consecuencias. Quizás se parezcan a otros muchos.
A partir del siglo XIX algunos relatos e historias estaban poblados por el miedo y el terror hacia lo desconocido. La ciencia y los inventos que traían consigo, además de avances en la psicología, la medicina o en otros campos, abrieron una caja de pandora en la imaginación de la población que los autores encauzaron a nuevos géneros literarios como las novelas de ciencia ficción o de terror.
Algunos autores fueron abriendo caminos desconocidos hasta entonces y llevaron su influencia a sus contemporáneos y a nuevas generaciones como el caso que nos acompaña en esta publicación.
Te propongo un paseo sobre uno de los relatos de E.T.A. Hoffmannque sirvió como fuente de inspiración a distintas obras musicales. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
A Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann le apasionaba tanto la música que decidió cambiar el tercero de sus nombres por Wolfgang en homenaje a su idolatrado Mozart. Así que fue conocido artísticamente como Ernst Theodor Amadeus Hoffmann y, más brevemente, E.T.A. Hoffmann.
Nacido en 1776 en Königsberg, capital de la Prusia Oriental alemana hasta que pasó a formar parte de Rusia con el nombre de Kaliningrado desde 1945, Hoffmann sufrió las consecuencias de la separación de sus padres, siendo educado de forma estricta por su tío materno.
Aunque por tradición familiar su principal profesión fue la de jurista, su verdadera pasión lo llevó por todas las artes desde la música a la pintura, pasando por la literatura, la decoración o el diseño, siendo en su tiempo uno de estos creadores que en la cultura alemana se conoce como Totalkünstler (artista completo). E.T.A. Hoffmann vivió en varias ciudades donde alternó sus trabajos jurídicos -fue consejero de justicia del tribunal de Berlín- con otros como la dirección de algún teatro, la dirección de orquesta o el trabajo de arquitecto.
Pero lo que nos ha llegado con más fuerza hasta nuestros días es su obra literaria. Autor de varios libros -algunos como Las opiniones del gato Murr han pasado por este blog-, sus colecciones de relatos son las que han alcanzado más éxito y reconocimiento. Integrado en el segundo impulso del romanticismo alemán, la obra de E.T.A. Hoffmann se desarrolló en un corto periodo de tiempo, desde su primera publicación en 1814 hasta su fallecimiento en 1822 antes de cumplir los cincuenta años, desarrollando una visión innovadora que se adelanta a los movimientos artísticos, siendo una influencia notable para muchos autores posteriores.
En 1818 publicó Nachtstücke (Cuentos nocturnos), una colección de relatos en la que se incluye un cuento escrito el año anterior, Der Sandmann (El hombre de arena), un relato que podríamos clasificar como un precedente de los relatos de terror gótico en que lo psicológico tiene una presencia fundamental en el interior del protagonista.
El protagonista Nataniel perdió a su padre cuando era joven, un recuerdo que asocia a la historia del hombre de arena con que su progenitor hacía que él y sus hermanos se fueran a la cama antes de que llegara amenazador.
El profesor Copellius -o quizás el vendedor Coppola, quién sabe-, el profesor universitario Spalanzani y su peculiar y adorable hija Olimpia forman parte fundamental en el desarrollo del relato.
Así relata Nataniel en una carta a su amigo Lotario la primera visión que tuvo de Olimpia.
Este cuento ha sido fuente de inspiración para algunas obras musicales. Con seguridad, la primera de las ocasiones en que se utilizó el argumento de El hombre de arena fue para un conocido ballet del francés Léo Delibes. Con un libreto de Arthur Sain-Léon y Charles Nuitter y coreografía del primero. En mayo de 1870 se estrenó el ballet con el nombre de Coppélia en la Ópera de París con una prometedora protagonista, Giuseppina Bozzachi que solo contaba con 16 años de edad.
Coppélia es el nombre que dan en el ballet a la muñeca creada, en esta ocasión no por Spalanzani, sino por el misterioso Doctor Coppelius. La historia se desarrolla en un pueblo en el que el joven Franz -ya no es Nataniel- queda prendado de la autómata bailarina, olvidándose de su amada Swanhilda. Aquí, el color oscuro, casi tenebroso del cuento da paso a un color alegre, desenfadado, de comedia.
Con una música que casi con seguridad es conocida, aunque puede que no reconocida, por todos, este primer enlace nos muestra el vals lento conocido como Swanhilda's Waltz del Acto I con la gran bailarina Natalia Osipova en la llamada Variación Osipova, creada por ella misma. El baile de la muchacha se desarrolla ante la mirada de la estática joven en la ventana del doctor Coppelius a la que quiere llamar la atención con sus movimientos sin conseguirlo. La interpretación está acompañada por la Orquesta del Royal Opera House de Londres con la dirección de Mark Ermler.
Los relatos cortos se prestan a entrar en el terreno que más atrae a E.T.A. Hoffmann, el relato fantástico en el que entran aspectos tan diferentes e innovadores como la magia, la cábala, el magnetismo animal, la psicología o la psicopatía, además de la medicina, que indagan en los avances y descubrimientos o el miedo que algunos de ellos producían en los lectores por las desconocidas consecuencias que pudieran acarrear en un futuro. La desbordante imaginación, el domino del idioma y de los resortes que subyacen en el lenguaje literario hace que su obra haya trascendido a su época y haya tenido tantos seguidores.
Un año antes de escribir El hombre de arena, Hoffmann comienza a celebrar reuniones con amigos y compañeros sobre la literatura, las Serephinen-Abenden (Veladas seráficas) que en unos años se convierten en Die Serapions-Büder (La Confraternidad de Serapión).
En El hombre de arena, Hoffmann mezcla el recurso de las cartas que se cruzan los protagonistas con el relato de un narrador en tercera persona. Así, va presentando la historia de Natanieldesde la visión subjetiva de quienes escriben la correspondencia a sus amigos. No es hasta que conocemos algo sobre ellos cuando el omnisciente narrador se decide a plantear a los lectores el comienzo de su relato a media res -a la mitad de las cosas- como él mismo dirá, de una forma tan particular como esta.
Coppélia se desarrolla desde el lado amable de la historia: la muñeca del Doctor Coppelius que interrumpe la apacible vida del pueblo. Mientras Franz deja de fijar su atención en Swanhilda y centra su curiosidad en el extraño doctor y su corazón comienza a palpitar por la estática muchacha, la joven desdeñada toma la iniciativa y, con sus compañeras, irrumpe en el piso de Coppelius. Allí descubre que la muchacha es en realidad una muñeca y ante un Franz que ha sido dormido por el inventor, ella misma se hace pasar por la muñeca, haciendo creer a Coppelius que su creación es capaz de tomar vida propia.
Todo se presenta desde una óptica desenfadada, feliz y alegre, con un desenlace en consonancia con el desarrollo. Si obras como Frankenstein de Mary Shelley muestran el lado oscuro y sórdido del científico inventor que es capaz de crear vida, Coppelia presenta el lado liviano y ligero, como la otra cara de la moneda.
Quizás el lado más triste de esta historia venga con su primera protagonista. Cuando a sus dieciséis años Giuseppina Bozzacchi debutó con gran éxito en este papel se le auguraba una prometedora carrera. Una epidemia de cólera durante el asedio de París en el transcurso de la guerra Franco Prusiana truncó su carrera al acabar con su vida al cumplir los diecisiete años.
El enlace nos muestra el momento en que Swanhilda se hace pasar por la muñeca de Coppelius. La joven está interpretada por Marianela Núñez y el doctor por Gary Avis en una producción del Royal Opera House de Londres.
En un periodo de unos quince años se publicó toda la obra literaria de E.T.A. Hoffmann, desde su primer volumen de relatos Fantasiestücke in Callots Manier (Piezas fantásticas a la moda de Callots) aparecido entre 1814 y 1815, su primera novela Die Elixiere des Teufels: Nachgelassene Papieers der Bruders Medardus, einer Kapuziners (Los elixires del diablo. Papeles póstumos del hermano capucnino Medardus) cuyo título inspiraría a Dickens para Los papeles póstumos del Club Pickwick. A estas obras le siguió la citada Nachtstücke que incluye El hombre de arena en el bienio siguiente, hasta completar una veintena de obras entre colecciones de relatos cortos y novelas. No olvidemos que el ballet El cascanueces de Tchaikowsky parte de su relato Nussknacker und Mausekönig (El cascanueces y el príncipe de los ratones) y hay casi una decena de óperas y ballets que se basan en relatos suyos.
Una vez Nataniel ha conocido a través de su ventana a Olimpia, cuando el relato parece centrarse en lo idílico y tranquilo, la imprecisa figura de Coppola/Coppelius vuelve a entrar en escena de un modo inquietante.
La obra de E.T.A. Hoffmann ha servido como fuente de inspiración para muchos compositores. Además de la Coppélia de Delibes o El Cascanueces, podemos encontrar ideas suyas en Don Pasquale de Donizetti o en obras de Bellini e incluso algunas ideas en Wagner.
Pero la ópera más conocida basada en textos suyos es Les contes d'Hoffman (Los cuentos de Hoffmann) de Jacques Offenbach, en la que el propio creador es el protagonista sobre el que gira la obra.
Dividida en cuatro actos, la obra se basa en varios cuentos de E.T.A. Hoffmann: El hombre de arena, El consejero Krespel y El reflejo perdido. La ópera se desarrolla en una taberna de Luther en Nurenberg en un intermedio de Don Giovanni de Mozart a la espera de la gran cantante Stella. Qué menos que un homenaje a Mozart, ya que, si Hoffmann cambió su nombre por él, Offenbach era conocido como El Mozart de los Campos Eliseos). Instigado por Nicklause y los parroquianos, Hoffmann relata en cada uno de los actos restantes tres de sus fracasos amorosos con Olympia, Antonia y Giulietta, para terminar reconociendo ante su musa que su fracaso en el amor le lleva a su completa dedicación a la literatura.
El segundo acto se basa en la historia de Nataniel y su relación con la muñeca Olympia de El hombre de arena. Aunque no sigue el argumento del escritor alemán, el libreto de Jules Barbier recoge algunas ideas y escenas con una sugerente y sorprendente fidelidad al original.
No hay diferencia entre Coppelius y Copelio en la ópera y el personaje protagonista es el propio Hoffmann, apareciendo marginalmente Nataniel como un estudiante, mientras Spalanzani y su hija Olympia -aquí con y- desarrollan el mismo rol que en la novela.
C'est moi, Coppelius (Soy yo, Coppelius) muestra cómo Offenbach adapta el encuentro anterior entre Nataniel y el doctor al escenario con la intervención de Nicklause, un personaje que interactúa durante toda la obra sobre la conciencia del protagonista. El desarrollo de la escena, como comentaba anteriormente, es similar al del relato.
El enlace que nos acompaña pertenece a una representación celebrada en el Teatro Nacional de Ópera de Praga en 2010 con el terceto C'est moi, Coppelius interpretado por el barítono Tomasz Konieczny como Coppelius, el tenor Marc Laho como Hoffmann y la contralto Atala Schöck como Nicklause.
E.T.A. Hoffmann es uno de esos autores que han tenido una gran influencia tanto entre sus contemporáneos como en autores posteriores, tanto del mundo literario como de otras disciplinas artísticas.
Ese lado oscuro al que se dirigen sus obras, el punto en que ciencia y futuro, psicología y mente buscan lo que pueden ser avances que mejoren el mundo en que vivimos, aunque con el peligro de encontrar la destrucción, aparece en obras de escritores como Edgar Allan Poe, Theophile Gautier o Kafka. Su obra es la otra cara de la moneda de lo que serán los escritos de Julio Verne.
Siguiendo la historia de El hombre de arena, asistimos a un momento cumbre en el relato, el momento en que Spalanzani presenta a Olimpia -así con i latina- en sociedad y la fascinación con que Nataniel la observa, en primer lugar tal como la percibe, más adelante con los objetos de Coppelius.
Una personalidad tan polifacética como la de E.T.A. Hoffmann no dejó de moverse hacia donde le llevaban todas sus pasiones. Como músico compuso una treintena de obras que van desde la sinfonía hasta la misa o el miserere, pasando por canciones, oberturas o músicas incidentales para obras teatrales, además de algún singspiel -esa ópera en idioma alemán en que se combina lo cantado con el recitativo- y colaboraciones en libretos.
Además, esa pasión y el conocimiento que tenía sobre la música los puso al servicio de su actividad como crítico musical, especialmente en la revista Allgemeine Musikalische Zeitung, uno de los semanarios más veteranos de su especialidad y que aún continúa editándose.
Sus críticas sobre las obras de Beethoven, por ejemplo, demuestran el profundo conocimiento que Hoffmann tenía de la música, la estructura de las obras y los cambios y avances que el músico iba introduciendo en sus composiciones, hasta tal punto que, tras un tiempo sin conocer estos artículos, el propio Beethoven llegó a admirar la importancia e influencia de la crítica e incluso algunas obras de Hoffmann.
La escena en que el escritor muestra la presentación de la autómata fue recreada con el mismo espíritu e intención en Los cuentos de Hoffmann por Offenbach en la que, casi con seguridad, es el aria más conocida de esta parte de la obra, el aria de Olympia -aquí con y-.
Ante los invitados, Spalanzani muestra a Olympia a quien todos ven y reconocen como una autómata, salvo Hoffmann que la ve como el ideal de mujer que le corresponde en su amor. Olympia canta para todos el aria Les oiseaux dans la charmille, una canción que tiene la doble dificultad de tener una tesitura compleja y con algunos agudos complicados y el hecho de que debe ser interpretada como si de una autómata se tratara.
El enlace nos muestra una interpretación de la soprano Katheleen Kim grabada en el Metropolitan Opera House de New York en 2009 y dirigida por James Levine.
Todo el esfuerzo y el trabajo desarrollado por E.T.A. Hoffmann comienza a dar sus resultados a partir de sus primera publicaciones de 1814. A partir de entonces, su éxito y su reconocimiento crecen de forma progresiva. Su sensibilidad para todos los temas artísticos, la necesidad de seguir indagando en el lado más oscuro de la personalidad y una vida poco ordenada hacen que su salud se vea afectada por el alcoholismo y algunas enfermedades, una situación de la que no pueden sacarlo ni sus amigos ni su familia. Con cuarenta y seis años se encuentra paralítico, es incapaz de escribir por sí mismo y necesita quien le escriba al dictado. En marzo de 1822 dicta su testamento y muere tres días más tarde en Berlín sin ver terminados algunos de sus escritos.
El hombre de arena continúa más allá de la relación entre Nataniel y Olimpia para terminar centrándose en los desvaríos producidos en la mente del primero por la presencia del profesor Coppelius desde el fallecimiento de su padre cuando era un niño hasta las apariciones que va teniendo a lo largo de su vida.
Centrándonos en el paralelismo entre relato y ópera, después de la presentación, Nataniel y Olimpia bailan juntos, mientras el enamoradizo muchacho va apreciando las cualidades de la joven... a su manera.
Cuando Offenbach se propuso componer Los cuentos de Hoffmann era consciente de que sería su obra maestra, la gran obra seria que culminaría una serie de operetas que bebían y vivían de la actualidad de la sociedad francesa, unas obras que indagaban en los resortes sociales para indagarlos, reírse de ellos y criticarlos. Se le consideraba solo un fecundo creador, autor de un alto número de obras menores aunque muy populares como Orfeo en los infiernos o La bella Helena.
Los cuentos de Hoffmann era su oportunidad de entrar a formar parte del olimpo de los grandes compositores y lo consiguió, aunque el tiempo luchaba en su contra. Entrando en los sesenta años de edad, Offenbach notaba que el tiempo se le escapaba y no terminaría su obra. Como Hoffmann, la obra de Offenbach quedó incompleta. Falleció en octubre de 1880, quedando la obra inacabada y Ernest Giraud terminó de orquestarla y le añadió algunos recitativos, estrenándose en L'Opéra Comique de Paris en enero de 1881 sin el acto correspondiente a Giulietta. Tras un incendio en que se perdieron las partituras, se encontraron las originales en pleno siglo XX, montándose la obra tal como se representa en la actualidad.
Pero eso es otra historia.
El acto de Olympia, el primero de los que forman Los cuentos de Hoffmann, finaliza con el desengaño del protagonista. Será el primero de los fracasos amorosos de Hoffmann al que seguirán los de Antonia y Giulietta.
El desenlace de este acto comienza con Voici les valseurs... (Aquí están los bailarines...) en el punto en que dejamos el relato de El hombre de arena y que continúa hasta el final de la historia.
El enlace nos muestra una representación del Teatro Alla Scala de Milán de 1995 con Natalie Dessay como Olympia y Neil Shicoff como Hoffmann, acompañados por Samuel Ramey, Cristina Gallardo-Domas con la dirección de Ricardo Chailly.
Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! Bibliografía y webgrafía consultadas: